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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Una vida rota pero no perdida
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                <![CDATA[Monseñor Jorge Eduardo Lozano]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/axVv9KjntZWp8tp90itC1yWIYls=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/11_Lozano2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La infancia y adolescencia le resultaron etapas difíciles. La primaria la cursó en una escuela parroquial a pocas cuadras de la casa. Le costaba la integración con sus compañeros con quienes se peleaba con mucha frecuencia; y varias veces le llamaron la atención por faltas al respeto a docentes y directivos.En la familia era moneda corriente presenciar discusiones, agresiones físicas y verbales. Hacinamiento, alcoholismo y promiscuidad generaban un clima insufrible. Poco se ocupaban de Ezequiel, que arrastraba esos años como una carga pesada. Estuvo a punto de repetir el año un par de veces, pero lo hicieron pasar para que no abandonara.En la secundaria fue a otra escuela, esta vez de gestión estatal. La historia se repitió con más crudeza todavía. No sé quién abandonó primero; si Ezequiel decidió dejar o la escuela le soltó la mano. Fue algo mutuo y sin intentos por buscar soluciones alternativas.En casa las cosas iban de mal en peor. Él sentía que estaba de más y trataba de quedarse lo menos posible.La esquina, la pandilla, el consumo de alcohol y drogas, el delito. Un tobogán preanunciado. En un momento también dijo chau a “su” casa.Expulsado de la Escuela y de la familia, su grupo de pertenencia era tóxico por donde se lo mirara. Se acostumbró a dormir en estaciones de trenes o de ómnibus, comer mal, sentir frío. Se iban vislumbrando como destino “las 3 C”: calle, cárcel, cementerio. La muerte rondaba a su alrededor.Cuando tenía 20 años se cruzó en la calle con Jeremías, ex compañero de consumo de los primeros tiempos. Recordaba que en una noche de frío Jeremías le había dado su campera como abrigo y ese gesto a Ezequiel le había quedado grabado. Se saludaron con mucho afecto.A Ezequiel le llamó la atención la sonrisa de Jeremías, que hacía dos años había dejado el consumo de drogas. A la vez retomó los estudios y consiguió unas changas de jardinería. Lo invitó a conocer su “nueva familia” como le llamaba a la comunidad que le había acompañado en su camino. Ese día Eze llegó con la vida rota. Sucio, con la salud frágil, sin expectativas, sin presente ni futuro.Lo recibió Mariela, trabajadora social y miembro del equipo del Hogar, que enseguida lo presentó a otros cinco jóvenes que estaban dando la misma pelea.Le ofrecieron quedarse aquel día si quería y le dieron unas pocas pautas de convivencia para esa jornada. Al caer la tarde estaba bañado y con ropa limpia. Compartió la cena con ellos y se fue. “Mañana te esperamos de nuevo, depende de vos.” Le había llamado la atención sobre una pared un cuadro de Jesús Buen Pastor cargando la oveja en sus hombros.Al concluir su testimonio contó que llevaba seis años en este camino. Me atrajo su relato y al terminar me acerqué a conversar un rato a solas. Me contó que su experiencia era como haber conocido el infierno. Lo marcó mucho su historia familiar de violencia y exclusión.En la comunidad aprendió el valor del abrazo, la caricia en la cabeza, la mano en el hombro, la sonrisa. Experimentó la ternura de Jesús Buen Pastor que te carga en sus hombros sin reproches.En un momento del diálogo le pregunté si no se había acercado antes a la fe o a alguna parroquia. Me respondió “yo pensé que Dios a los malos no nos quería”.</p><p>Me dolió mucho esa respuesta, expresión clara de una vivencia concreta. Él se dio cuenta de mi cara de desagrado, me tomó la mano y me dijo “pero ahora no tengo dudas de su amor por nosotros; se jugó la vida”.Muchos jóvenes como Ezequiel y Jeremías salen adelante. Otros cuantos, no. Pero vale la pena el intento que tantas personas realizan con cariño.Aun después de varios años de aquel encuentro hay imágenes o expresiones que me quedan dando vueltas. Hay gente —demasiada gente— que siente tocar el infierno o estar allí. Un amigo te puede salvar la vida. Ninguna vida está tan rota para que el amor fracase. Dios envió a Jesús para buenos y malos, justos e injustos. Hay que recibir la vida como viene. Vos podés hacer algo por los demás.En esta semana previa a la Jornada Mundial de los Pobres me vino evocar esta historia.Como escribe Francisco en su nueva Encíclica, “Su corazón abierto nos precede y nos espera sin condiciones, sin exigir un requisito previo para poder amarnos y proponernos su amistad: «nos amó primero» (1 Jn 4,10). Gracias a Jesús «nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído» en ese amor (1 Jn 4,16)” (DN 1).De lunes a viernes tendremos la Asamblea de los Obispos de la Argentina. Acompañanos con tu oración.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/axVv9KjntZWp8tp90itC1yWIYls=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/11_Lozano2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando nos conocimos con Ezequiel él tenía 26 años de edad, y yo aún no había cumplido los 60. Estábamos en una reunión con unas 200 personas, y él nos compartió un relato acerca de su vida y cómo había luchado para llegar a este momento.]]>
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                <published>2024-11-11T04:00:00+00:00</published>
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            Si se margina a los pobres se pone en crisis la democracia
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                <![CDATA[El Heraldo ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/a5U0fkCuVCWKTrToD69zoXDh7ng=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2021/11/14_lozano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Solemos acudir en ocasiones a mencionar la actitud del avestruz, que escondiendo la cabeza en la tierra supone que no existe lo que no ve. También nos puede suceder a los seres humanos el ocultar o �Sdibujar⬝ lo que nos duele o cuestiona.</p><p>Tal vez ante algunas dificultades personales (falta de salud, problemas familiares, laborales...) nos cueste asumir la verdad, y corremos el riesgo de mirar para otro lado.
</p><p>Pero a los pobres no debemos invisibilizarlos.
</p><p>El Papa nos recuerda que �SEl Evangelio de Cristo impulsa a estar especialmente atentos a los pobres y pide reconocer las múltiples y demasiadas formas de desorden moral y social que generan siempre nuevas formas de pobreza. Parece que se está imponiendo la idea de que los pobres no sólo son responsables de su condición, sino que constituyen una carga intolerable para un sistema económico que pone en el centro los intereses de algunas categorías privilegiadas. Un mercado que ignora o selecciona los principios éticos crea condiciones inhumanas que se abaten sobre las personas que ya viven en condiciones precarias. Se asiste así a la creación de trampas siempre nuevas de indigencia y exclusión, producidas por actores económicos y financieros sin escrúpulos, carentes de sentido humanitario y de responsabilidad social⬝.
</p><p>Cada año, el domingo anterior a la Solemnidad de Cristo Rey, somos convocados a una �SJornada Mundial de los Pobres⬝. No se trata de hacer una colecta, sino de solidarizarnos con su dolor y comprometernos con gestos de cercanía. En su Mensaje, Francisco nos dice �Sque su presencia en medio de nosotros es constante, pero que no debe conducirnos a un acostumbramiento que se convierta en indiferencia, sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones⬝. No se trata de procurar que otros se hagan cargo (el Estado, Caritas, alguna ONG⬦) y derivarles la búsqueda de soluciones.
</p><p>Es muy importante explicitar la convicción que �Slos pobres no son personas ��externas�" a la comunidad, sino hermanos y hermanas con los cuales compartir el sufrimiento para aliviar su malestar y marginación, para devolverles la dignidad perdida y asegurarles la necesaria inclusión social. Por otra parte, se sabe que una obra de beneficencia presupone un benefactor y un beneficiado, mientras que el compartir genera fraternidad. La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad y sienta las bases necesarias para alcanzar la justicia. En definitiva, los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres son sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él⬝.
</p><p>�SToda la obra de Jesús afirma que la pobreza no es fruto de la fatalidad, sino un signo concreto de su presencia entre nosotros. No lo encontramos cuando y donde quisiéramos, sino que lo reconocemos en la vida de los pobres, en su sufrimiento e indigencia, en las condiciones a veces inhumanas en las que se ven obligados a vivir. No me canso de repetir que los pobres son verdaderos evangelizadores porque fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino (cf. Mt 5,3).⬝
</p><p>Hace falta un cambio de mentalidad y actitud. �SNecesitamos, pues, adherirnos con plena convicción a la invitación del Señor: «Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,15). Esta conversión consiste, en primer lugar, en abrir nuestro corazón para reconocer las múltiples expresiones de la pobreza y en manifestar el Reino de Dios mediante un estilo de vida coherente con la fe que profesamos. A menudo los pobres son considerados como personas separadas, como una categoría que requiere un particular servicio caritativo. Seguir a Jesús implica, en este sentido, un cambio de mentalidad, es decir, acoger el reto de compartir y participar. Convertirnos en sus discípulos implica la opción de no acumular tesoros en la tierra, que dan la ilusión de una seguridad en realidad frágil y efímera. Por el contrario, requiere la disponibilidad para liberarse de todo vínculo que impida alcanzar la verdadera felicidad y bienaventuranza, para reconocer lo que es duradero y que no puede ser destruido por nada ni por nadie (cf. Mt 6,19-20).⬝
</p><p>�SSin embargo, permanece abierto el interrogante, que no es obvio en absoluto: ¿cómo es posible dar una solución tangible a los millones de pobres que a menudo sólo encuentran indiferencia, o incluso fastidio, como respuesta? ¿Qué camino de justicia es necesario recorrer para que se superen las desigualdades sociales y se restablezca la dignidad humana, tantas veces pisoteada? Un estilo de vida individualista es cómplice en la generación de pobreza, y a menudo descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición. Sin embargo, la pobreza no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo.⬝
</p><p>Este domingo se votan representantes legislativos. �SSi se margina a los pobres, como si fueran los culpables de su condición, entonces el concepto mismo de democracia se pone en crisis y toda política social se vuelve un fracaso. Con gran humildad deberíamos confesar que en lo referente a los pobres somos a menudo incompetentes. Se habla de ellos en abstracto, nos detenemos en las estadísticas y se piensa en provocar conmoción con algún documental.⬝
</p><p>Salgamos de paradigmas teóricos y estereotipos remanidos. Entremos en abrazo concreto con nuestros hermanos para compartir la vida.
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/a5U0fkCuVCWKTrToD69zoXDh7ng=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2021/11/14_lozano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2021-11-14T17:55:00+00:00</updated>
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