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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2024-01-06T01:19:49+00:00</updated>
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            ‘‘Nos preocupa que este sea otro año epidémico’’
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KIL8DlZx5pseUKN2NfFzxbEdMcQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/06_doctor_diego_G.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Respecto a la enfermedad transmitida a las personas por el mosquito intradomiciliario, Aedes aegypti, Garcilazo indicó que hay un alerta en relación al dengue debido a que, durante el invierno en la zona norte del país no se cortó la circulación del virus porque no disminuyó la población del mosquito.</p><p>“Nos preocupa que ante una mayor cantidad de lluvias, y como consecuencia de las inundaciones, este sea otro año epidémico respecto al dengue”, afirmó Garcilazo.</p><p>El dengue ocasiona, por lo general, casos leves pero con sintomatología muy intensa como ser fiebre alta y dolores de cabeza o musculares de importancia. </p><p>No obstante, también puede requerir internación para su tratamiento y, ante eventuales complicaciones por dengue hemorrágico, llegar a ocasionar la muerte.</p><p>En este sentido, lo primordial es la consulta al hospital o centro de salud más cercano al domicilio y, bajo ningún aspecto, tomar analgésicos o antitérmicos sin indicación médica. </p><p>Además, hay que estar atentos a las primeras 48 horas desde el momento del descenso de la temperatura corporal.</p><p>Garcilazo refirió que lo más importante es evitar que el mosquito nos pique porque no sólo transmite dengue, sino otras enfermedades como zika y chikungunya; incluso fiebre amarilla en el norte del país y en Brasil.</p><p>En lo que respecta a la nueva vacuna contra los cuatro serotipos de dengue, señaló que se aplican dos dosis con un intervalo de tres meses. </p><p>La medida no evita los brotes pero sí disminuye la probabilidad de casos graves. </p><p>Por otra parte, no forma parte del calendario oficial de vacunación y requiere indicación médica.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KIL8DlZx5pseUKN2NfFzxbEdMcQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/06_doctor_diego_G.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El director general de Epidemiología de la Provincia, Diego Garcilazo, informó que en Entre Ríos se están registrando muchos casos importados y advirtió que a nivel nacional los casos se triplicaron en las últimas semanas.
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                <published>2024-01-06T03:00:32+00:00</published>
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            Deforestación, epidemias y pandemias
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pKzVEbF_XvtKnj7iqMpWS3qNdYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2020/04/07_deforestacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hasta no hace tantos siglos, los bosques nativos del mundo abarcaban un gran porcentaje de la superficie en nuestro planeta. El crecimiento de las poblaciones urbanas, la revolución industrial, la industria maderera, la ganadería y los cambios sustantivos que introdujeron la agricultura industrial y el monocultivo -entre otras actividades extractivas- fueron reduciendo esa cobertura boscosa hasta límites altamente peligrosos.  En la actualidad, el 80 por ciento de los bosques primarios, o nativos, �Sya ha sido destruido o alterado⬝; pero además, �Sel 20% restante está amenazado⬝. 
</p><p>En el caso de Argentina, en 1810 tenía la mitad de su superficie continental cubierta con masa boscosa, según señala Carlos Merenson, ex titular de la Dirección Nacional de Bosques y actual técnico del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Hablamos de  140 millones de hectáreas de bosque nativo que cubrían nuestro país. Casi un siglo después, en 1998 �unos años después de que ingrese al país la soja transgénica-, un inventario forestal que se realizó a nivel nacional  señalaba que había solamente 31 millones hectáreas de bosque.  
</p><p>El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, por su parte, publicaba en un informe que a fines de 2015 habían inventariadas 54 millones de hectáreas de bosque nativo en el país, con distintos niveles de degradación. Más allá de las diferencias en las cifras, lo cierto es que la tasa de deforestación de bosque nativo continuó creciendo año tras año durante toda nuestra historia nacional, incluso luego de sancionarse la Ley   N°  26.331   de   Presupuestos   Mínimos   de   Protección  Ambiental  de  los  Bosques  Nativos. Un dato que ejemplifica esto último es el informe que Greenpeace publicó en enero de este año, donde señala que desde la sanción de la Ley de Bosques, en diciembre de 2007, y hasta fines de 2018, se perdieron en Argentina casi tres millones de hectáreas de bosque nativo.  El 80% de ese desmonte se produjo en la región chaqueña.
</p><p>Los seres humanos fuimos haciendo desaparecer hábitats naturales, con mayor o menor intensidad, en los últimos siglos. No todos tenemos la misma responsabilidad ni produjimos el mismo daño. Toda intervención humana en un hábitat natural genera un impacto ambiental; sin embargo, numerosas comunidades pudieron vincularse armoniosamente con dichos hábitats. Familias, comunidades y pueblos cuyas concepciones y prácticas de manejo de monte preservan su entorno. No fue el caso de los sectores más dinámicos y poderosos del capitalismo agroindustrial, primero, y luego del financiero (que tiene en el acaparamiento de tierras, como especulación inmobiliaria, una de sus bases de sustentación); siempre mantuvieron una relación conflictiva con el ambiente, considerándolo un recurso, una mercancía, un capital, o un estorbo. Pero esto tiene sus consecuencias.
</p><p>Los investigadores Matías Mastrangelo y María Guillermina Ruiz, en un artículo publicado recientemente en lavaca.org, señalan que una de las formas en que afectamos el ambiente, y que propician la ��emergencia�" de ��epidemias�" y  ��pandemias�" es �Sla destrucción de ecosistemas naturales⬝, entre las cuales incluyen a la deforestación. 
</p><p>Explican que los animales silvestres tienen �Scada vez menos hábitat donde vivir, porque las personas hemos avanzado con nuestros campos de cultivos y urbanizaciones, empujándolos hacia ecosistemas intensamente transformados como las fronteras agropecuarias y zonas urbanas⬝. Y señalan que �Sla deforestación está asociada a la propagación recurrente de enfermedades transmitidas por animales silvestres, como el mal de Chagas por vinchucas en la América tropical y subtropical, y el ébola por murciélagos en África Sub-Sahariana⬝.                                                                                              Regiones que, junto con el sudeste asiático, sufrieron los �Smayores niveles de de-forestación (cercanos al 30%) en los últimos 40 años⬝, explican los autores.
</p><p>Por otro lado, la periodista Marina Aizen recuerda que en la comunidad científica desde hace una década vienen estudiando y relacionando a  �Sla explosión de las enfermedades virales y la deforestación⬝. En un artículo publicado en la revista Anfibia, Aizen opina que  esta relación no se puede apreciar �Smientras una topadora avanza contra un monte cargado de vida, sino que se revela recién cuando empiezan a aparecer síntomas extraños en las personas, malestares que antes no se conocían⬝.  Ejemplifica con un estudio publicado en la revista científica Journal of Emerging Infectious Diseases, donde se concluye que en la Amazonía, �Sla destrucción del 4 por ciento de la selva resultó en un aumento del 50 por ciento de los casos de la paludismo.⬝ Y sentencia que �Snuestra visión extractiva del mundo vivo⬝ genera la zozobra que vive actualmente la humanidad, �Salgo que no se arregla con alcohol en gel⬝.
</p><p>El periodista John Vidal da cuenta de cómo �Sla destrucción de bosques intactos, la construcción de carreteras en lugares remotos y el crecimiento de la población provoca que las personas tengan un contacto más directo con especies a las que nunca se habían aproximado⬝. Además, rescata una reflexión del ecólogo francés Thomas Gillespie refiriéndose a cómo la vida salvaje del planeta tiene que soportar cada vez mayor presión: �Slos roedores y algunos murciélagos prosperan cuando alteramos los hábitats naturales. Ellos son los que a menudo promueven la transmisión [de patógenos]. Cuanto más desequilibremos el bosque y los entornos, a más peligros nos exponemos«.
</p><p>La migración masiva de poblaciones campesinas e indígenas a las ciudades, buscando mejores oportunidades de trabajo, o directamente expulsadas, dejó el camino libre al florecimiento de los latifundios, los grandes criaderos de animales y luego la agricultura industrial (monocultivos de por medio). Esto propició, en gran parte, el surgimiento de las cada vez más recurrentes pandemias, ya que las zonas rurales fueron perdiendo vertiginosamente biodiversidad, y esto hizo caer las barreras naturales de defensa contra enfermedades zoonóticas, especialmente las generadas por virus. ¿Cuánta biodiversidad se pierde diariamente en la provincia del Chaco y en Santiago del Estero con el desmonte? ¿Cuántas plantas medicinales desaparecen cuando deforestamos cientos o miles de hectáreas de bosque nativo en Salta y Formosa? En el resto del mundo pasa lo mismo.
</p><p>Un problema que tenemos como seres humanos es una lógica o razón de compartimentos estancos. Nos volvemos especialistas en determinados campos de la ciencia, e ignoramos o desconocemos gran parte de todo lo demás. El filósofo y sociólogo francés, Edgar Morin, entiende que esta pandemia vino a develar lo que el sistema educativo hegemónico intentó siempre ocultar: �Sla complejidad de nuestro mundo humano en la interdependencia e intersolidaridad de la salud, lo económico, lo social y todo lo humano y planetario⬝.  Y reclama no sólo medidas sanitarias o económicas para combatir la pandemia, sino también �Sotra relación con la naturaleza y la Tierra⬝.
</p><p>Cuando realizamos cambios en el uso del suelo original, cuando modificamos el ambiente, sobre todo en sistemas altamente complejos y con mucha biodiversidad, eso trae consecuencias para los seres humanos. Una de las más visibles, en estos momentos, es la de un aumento de las enfermedades. Tal como revela un documento recientemente publicado por el Centro Latinoamericano de Investigaciones Agroecológicas (CELIA), �Scomo nunca antes, la pandemia de coronavirus nos revela la naturaleza sistémica de nuestro mundo: la salud humana, animal y ecológica están estrechamente vinculadas⬝.
</p><p>En definitiva, no somos algo separado de la naturaleza. La suerte que corren nuestros bosques nativos -y los hábitats naturales que allí se fueron constituyendo luego de millones de años de evolución- es la suerte que corremos como especie humana. 
</p><p>Por ello, tal como enfatizaba el entrañable Beto Larrea, ex presidente de Redaf, en el prólogo de una publicación de la red denominada Experiencias de Ordenamiento y Manejo Sostenible del Bosque Nativo de la Región Chaqueña Argentina, hace falta �Screar una verdadera cultura forestal⬝. 
</p><p>Y la misma debe ser nutrida en gran parte �Sde aquellos habitantes que viven en estrecho contacto con el medio natural⬝, ya que es en la interacción de saberes  donde surge la diversidad.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Diversidad de saberes y de miradas son, hoy, más que nunca, necesarias para proteger y regenerar la biodiversidad de nuestro planeta.
</p><p>Fuente: Red Agroforestal Chaco Argentina, biodiversidadla.org
</p><p></p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pKzVEbF_XvtKnj7iqMpWS3qNdYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2020/04/07_deforestacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>�SLos seres humanos fuimos haciendo desaparecer hábitats naturales, con mayor o menor intensidad, en los últimos siglos. No todos tenemos la misma responsabilidad ni produjimos el mismo daño. Toda intervención humana en un hábitat natural genera un impacto ambiental; sin embargo, numerosas comunidades pudieron vincularse armoniosamente con dichos hábitats. Familias, comunidades y pueblos cuyas concepciones y prácticas de manejo de monte preservan su entorno. No fue el caso de los sectores más dinámicos y poderosos del capitalismo agroindustrial, primero, y luego del financiero; siempre mantuvieron una relación conflictiva con el ambiente, considerándolo un recurso, una mercancía, un capital, o un estorbo. Pero esto tiene sus consecuencias⬝.]]>
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                <updated>2020-04-07T08:28:00+00:00</updated>
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