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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Los que pintaron al General San Martín
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DNTIhBZqgznAhy1hhSxHPm0OhiU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/general_san_martin.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Recorriendo mis apuntes, encontré otro episodio relacionado con don Francisco de Goya que escribí hace algunos años. En realidad el mismo se refiere al Gral. San Martín y la poca fortuna que tuvo con quienes lo pintaron, como para que tengamos al menos una idea aproximada de su verdadera fisonomía, En realidad la más fiel por supuesto es el daguerrotipo realizado en Paris, cuando San Martín tenía 70 años.&nbsp;Si tenemos que referirnos al retrato de Gil de Castro realizado en Lima en 1818, cuando San Martín tenía 40 años. Hay una pintura realizada por Jean-Baptiste Madou en 1824 de civil, con capa. A San Martín no le gustó y le hizo hacer correcciones, hasta que quedó satisfecho. Luego Madou, que era pintor y litógrafo belga le añadió uniforme militar. Fue pintado también de frente en 1825 por Jean-Joseph Navez en traje de civil, donde sus rasgos son identificables con los demás retratos. Otro pintado por la profesora de pintura de su hija Merceditas cuyo nombre se ignora, en Bruselas en 1827, a los 49 años. Es en el que San Martín sostiene el asta de la bandera que lo envuelve. Finalmente el daguerrotipo realizado en Paris en 1848, como decía antes, cuanto tenía 70 años, lo que para ese tiempo era un hombre viejísimo es la única imagen fiel que tenemos de él.El cuadro del moreno Gil de Castro está compuesto por dos elementos: el prócer y la inscripción gráfica que figura al pie de la obra. Esto tiene una explicación: no es casual esta unión, por un lado el retrato físico y por el otro el moral. Reciamente definido el modelo a pintar y técnicamente vacilante la habilidad del pintor.El resultado: una obra de mediocridad evidente. Aún para mí, que he reconocido de entrada mi incompetencia en la materia. Por eso entiendo que el pintor para completar lo que no pudo o no supo lograr con el pincel, usa esto como lapicera y escribe la frase que figura al pie del cuadro…” Nada prefirió más que la Libertad de su Patria”.Dicho en buen romance, lo que no pudo lograr con el pincel, lo quiso mejorar agregando esa frase, advertido seguramente de la pobreza artística de la obra.Esta situación me recuerda un episodio similar, cuyos protagonistas son Francisco de Goya y el duque de Wellington. Sin embargo aquí las cosas sucedieron al revés. Porque el pintor era muy grande y Wellington no tallaba tan alto como el Libertador.Pasaré a relatar entonces el incidente en base al relato que nos hace en asturiano Llampayas. “Goya le está haciendo un retrato ecuestre a Wellington el que, puesto en una tarima, sentado a horcajadas en un taburete, dialoga frio y cortés, el rostro afilado, rubio el ceño, con el general español Álava a poca distancia matando el tiempo, fuman y charlan por lo bajo dos ayudantes. El aragonés pinta en silencio, con mala cara. Está disgustado y molesto. Al presentarse el duque la impresión primera en ambos ha sido de antipatía. El lord ha borrado con un gesto glacial el cumplido del genio y ese pintor de tres reyes, diez príncipes y veinte duques. Le ha dado la espalda encogiéndose de hombros. El estudio de Goya está caldeado por el desprecio que ambos se profesan y este es evidente.El vencedor de Napoleón acostumbra a ser atendido con servilismo, no digiere la insolencia del artista. Le observa de soslayo. Mientras conversa con el general Álava, tantea, como en la batalla de los Arapiles, el punto débil del enemigo. En esto se apea del taburete y paseándose acompañado del general, para desentumecer las piernas, va y se detiene ante el lienzo. Menea la cabeza y señalando con el dedo un detalle en los arneses hace un comentario mudo. Álava asiente. Goya extrañado se revuelve en la silla. Mira alternativamente a uno y a otro.Wellington con sorna, que en él es flema británica pregunta&nbsp;─¿Ese caballo va a quedar así?- Goya salta con una mano en la oreja.─ ¿Qué dice?-Álava oficia de portavoz – Su excelencia pregunta si va a quedar así el caballo--Quedará como deba-&nbsp;-No le gusta-¿No? ¡Pues ya ha quedado!Y arrojando paleta y pinceles se encara con el duque.-¡Así queda! ¿Lo oye? Así queda y tenga por sabido que ni usted ni nadie me hace a mí advertencias-Wellington, con afectada placidez, que esconde su asombro y un punto de humor en las pupilas, insinúa un saludo. Goya estalla─¡Ni advertencias ni burlas! &nbsp;¡Redios! Las burlas las liquido yo con eso. ¡Con esto!─ Y corriendo a una mesa, golpea con furia la caja de las pistolas. Al lord una oleada cálida le colorea el rostro. Le invade la ira. Pero ¿Qué hacer? El pintor es viejo y él es joven. Se impone el repliegue.Álava le acude:─¡Por Dios don Paco! ¡Ni que fuera usted loco! Su excelencia no le ha ofendido… El retrato me parece admirable. Yo mismo deseo otro igual. Se lo pido desde ahora. Quiero que el duque pi9ntado por usted, honre mi despacho. Lo del caballo no tiene importancia…ha sido un decir…vamos: Modérese hombre y pinte. Vamos, vamos─Tercia Javier, su hijo, e intervienen los ayudantes. Wellington saluda, esta vez con seriedad, y dirigiéndose a la tarima, cabalga de nuevo el taburete. No ha pasado nada. Goya recoge paleta y pinceles, se sienta ante el lienzo y como tiene los nervios sólidos, pinta y acaba en media hora sin que le tiemble el pulso.¡Y le salió un retrato de Wellington como no hay otro en el mundo!La conclusión frente a la singular calidad del retrato de Llampayas es que: cuando el pintor tiene personalidad, los retratos que salen de sus pinceles son “biográficos”Cuando el pintor se siente empequeñecido ante el modelo- tal el caso de Gil de Castro frente al General San Martín- el resultado está a la vista.La pintura de 1827 en Bruselas por la profesora de pintura de Merceditas, cuyo nombre no me fue posible encontrar – el mismo San Martín dice que lo ha hecho más viejo y a los ojos los encuentra defectuosos, aunque en general se le parece bastante y a su vez, a la litografía de Madou.El daguerrotipo realizado cuando tenía setenta años no es más que una sombra de lo que fue. Es la de un anciano. Aunque podemos superponer sus rasgos &nbsp;sobre la pintura de Bruselas en 1827 y sin dificultad vemos que hay coincidencia en el mentón y la nariz y forma de la cabeza, lo que nos aproxima bastante a la verdadera fisonomía.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DNTIhBZqgznAhy1hhSxHPm0OhiU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/general_san_martin.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Recorriendo mis apuntes, encontré otro episodio relacionado con don Francisco de Goya que escribí hace algunos años. En realidad el mismo se refiere a...]]>
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                <published>2024-12-14T19:30:00+00:00</published>
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            Hazaña deportiva de Arturo Thompson
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tdP8uvCHlRpb8RRT43RMLdwPCIo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/arturo_thompson.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los que fueron a acompañarlo desde la costa eran conscientes de sus cualidades deportivas, considerando los muchos logros obtenidos en Paraná y la región y además, por provenir de una familia de deportistas.En el momenmto de iniciar su recorrido, una multitud de embarcaciones de todo tipo surcaban las aguas del rio, a la espera de la largada del joven nadador.El Club de Regatas designó a los señores Domingo R. Costa y Rodolfo Arthagnan para controlar el intento del Sr. Thompson dando comienzo a las 3,9’. El Sr. Thompson comenzó a nadar con energía y rapidez. Los tiempos controlados fueron estos:&nbsp;A las 3.9’ salida del Club de Regatas, a las 4,5’ enfrentaba La Conserva, o sea que el cruce del río lo verificó en 56’ arribando al Puerto de Salto a las 4,40’; de regreso se registró su paso por La Conserva a las 4.57’ y finalmente arribó al punto de partida a las 5,25’.En resumen, la notable performance tuvo una duración total de dos horas y dieciséis minutos empleando 1 hora y 31 minutos a la ida y 45’ de regreso.El número de brazadas fue de 24 por minuto, llegando a veces a descender a 21. Cabe señalar que en ninguna oportunidad el nadador precisó del auxilio de quienes lo acompañaron. Se trataba de una multitud de embarcaciones de todo tipo y tamaño que lo acompañaron todo el trayecto. La distancia hasta el Puerto de Salto es de 8 kilómetros, o sea un viaje redondo de 15 kilómetros.Las lanchas que hacían el tráfico de pasajeros diariamente a la vecina ciudad, la mayor parte propulsadas por un motor de 20 o 40 HP emplean en el recorrido 35’ entre ida y vuelta, siendo este detalle el esfuerzo realizado por el joven Thompson.Los comentarios que luego realizó el raidista se refieren a que al entrar en el remanso que forma el río en el sitio denominado La Ballena sufrió una fuerte impresión, hasta creer que sus esfuerzos resultarían estériles, pues en algunos pasajes estuvo braseando por espacio de 15’, sin lograr avanzar un solo metro. Había que seguir y tratar de no desmoralizarse, pues superado ese obstáculo la travesía no presentaba problemas serios.Sin embargo, es de hacer notar que al regreso, el fuerte viento sur, que mantenía muy agitadas las aguas del Uruguay, no permitía desplegar mayor velocidad a causa de la resistencia que oponía y lo que dificultaba la visión.El joven Thompson detenta un campeonato argentino en la distancia de 4.000 metros corrido en Paraná, logrando vencer al célebre santafesino Pedro Antonio Candiotti, campeón mundial de aguas abiertas.Es de hacer notar que el Club de Regatas en ese tiempo, tenía una sede flotante. El Club se fundó en 1906. &nbsp;El actual edificio se construiría muchos años después, en 1938.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tdP8uvCHlRpb8RRT43RMLdwPCIo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/arturo_thompson.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Corría el año 1921 y el joven Arturo Thompson se propuso, no solo cruzar a nado el río Uruguay, sino unir el Club de Regatas (flotante en ese tiempo) con el Puerto de Salto. 
Este joven que contaba con solo 18 años realizó este prodigioso raid con un vigor muy propio de sus pocos años, a pesar de que tuvo que luchar contra una fuerte correntada.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
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                <published>2024-08-18T12:00:00+00:00</published>
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            Nuevo Sistema
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/U99pgV_Vf2omqHO5LpX7fN9a_XA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/07/4l.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Como el que yo tenía era bastante nuevo aún, pregunté la razón.Allá me explicarían en que consistía ese cambio de modalidad. Me entregarían un nuevo Renault, en este caso un 4 S con motor más grande.y bajo el sitema de leasing. Por lo tanto figuraría como propietario la empresa &nbsp;Bullrich en lugar de Bayer Argentina SA. En defiitiva era un alquiler con opción a compraEl auto debía ir a buscarlo a Sanabria Automotores en Villa Devoto en la calle Sanabria 2470 y entregar allí el usado. De allí tendría que ir a las 10 de la mañana a Oro y Cerviño en Palermo y allí se le haría la verificación. A las 10 me estaría esperando un hombre de Bullrich para explicarme los trámites. El coche nuevo, debía dejarlo estacionado enfrente, en la playa de estacionamiento de ALPI, hasta que me tocara el turno. La verificación la realizaba el ejército. Allí estuve mas o menos a la hora que me indicaron. Era un enorme local, lleno de fosas parta verificar la numeración del chassis y los soldados la realizaban. En el interior del local había una verdaera multitud de gente esperando para hacer el mismo trámite.</p><p>Yo miraba para todos lados buscando al hombre de Bullrich. Estuve buscando como 10 minutos y en una de esas veo a uno que levantaba un cartel que decía Bayer. Así que me dirigí a él y me identifiqué. Entonces dice:─Pero, hace rato que lo estoy esperando. Viene con retraso─Como me lo dijo de mala manera le digo en el mismo tono:─Bueno, muy bien, es lo que Ud. tiene que hacer, señor. Vengo desde Villa Devoto ¿y usted pretende que sea puntual? Aclaremos que yo no soy empleado suyo, así que no me haga perder el tiempo y dígame que es lo que tengo que hacer─ como vi que acusó el golpe porque se puso a buscar en un portafolios y me da dos papeles y me dice:&nbsp;─Tiene que hacer esa cola, mientras yo hago esta otra y después lo llamaré para firmar─Me puse a hacer la cola y vi que avanzaba muy lentamente. Como dije antes, la verificación la hacía el ejercito y los que la realizaban eran soldados. Mientras esperaba, lo veo al tipo de Bullrich esperando en una cola aún más larga que la que yo estaba. &nbsp;En ese local, habían hecho un entrepiso de madera donde estaban los encargados de dirigir todo el taller. Allí veo a uno de uniforme que me estaba mirando. ¡Buby Giorgio que era mayor del ejército! Y me hace una seña como diciendo ¿Qué hacés acá? Buby fue vecino mio en Concordia en la calle Sarmiento, ellos vivían en la esquina. Era mas grande que yo, por lo menos 10 años, pero fui amigo de todos ellos, incluso Margarita, su hermana, fue conmigo a la escuela Normal en la primariaEntonces para responderle le muestro los papeles que tenía en la mano a lo que me hace una seña para que suba.&nbsp;Subí entonces al entrepiso y lo saludé. Siempre tuvo un &nbsp;trato afectuoso conmigo y me preguntó que necesitaba. Le expliqué lo que me dijeron en la empresa sobre el leasing. De manera que allí nomás me firmó y selló los papeles. También le comenté del entredicho con el de Bullrich que era un estupido, y me dijo que le trajera también esos papeles que tenía el.Así que bajé y lo busqué y aún estaba bastante lejos. Entonces me acerqué y le dije:─Dame nomás esos papeles que yo los hago sellar y firmar─ le digo y ya lo tutee también.─No, usted tiene que hacer firmar y sellar los que le dí─responde─Ya estan firmados y sellados por el director del Registro de Verificación y me dijo que le traiga los otros y ya entra a verificación. Así que dámelos nomás. De manera que ya no te preciso más. Te dejo en libertad─ Así que me los tuvo que dar.Buby Giorgio me los firmó y selló y me dice. ─ El trámite está listo. &nbsp;Ahora te van a dar las patentes. Si querés que te las coloquen, pedile al soldado y te las van a poner. Bueno, le agradecí la atención y nos despedimos.Así que fui enfrente a buscar el auto y en 15 minutos ya estaba hecha la verificación y con las chapas colocadas. Le dí una propina al soldado y quedó lo más contento. Pero todavía tenía que ir a un Registro Automotor a dar de baja el usado en la calle Blanco Encalada en Belgrano.Atendía una mujer gorda y malhumorada, de esas que se dibujan las cejas bien finitas. Se advertía claramente en ella, a una persona sobrepasada de trabajo, aunque había otros dos empleados, pero ellos no atendían al público. Esperé un buen rato mientras observaba el trato displicente y a disgusto que realizaba, hasta que me tocó el turno.Entonces me dice:─Va a tener que venir mañana a buscarlos, porque tengo que hacerlos firmar.Entonces, en el mejor tono y lo mas amable que pude le digo:─Pero caramba, Ud. sabe que soy del interior. Soy de Entre Ríos y tendría que ir a un hotel hasta mañana. Tengo en el auto todo el equipaje (lo cual era cierto), porque pensaba que en cuanto terminara con los papeles, salir para Concordia. ¿No habría forma de conseguirlos hoy? Vengo a la hora que Ud. me diga y me haría un gran favor.Me miró con impaciencia (y yo pensé, acá se juega la cosa) y me dice:─Mire, por ser del interior se lo haré firmar, pero venga dentro de una hora y media y se lo tendré listo.─Bueno, entonces muchas gracias por su comprensión. Realmente me resuelve usted una situación con la que no contaba.Como eran ya las 13.30 salí a la calle en busca de donde comer algo pero era un barrio de casas de familia y departamentos. Caminé unas cuadras y llegué a Av. Cabildo y allí sí había comercios. Me detuve en una rotisería, donde me quedé mirando un spiedo donde había pollos y un lechoncito girando, pero era comida para llevar, no para comer allí ni a paso. Al lado mío se para una mujer vieja y me dice:¡Qué barbaridad! ¡Que porquería!No entendí de que me hablaba, entonces le digo ¿Qué cosa? Con extrañeza.─¿Pero no ve que la grasa del lechón le cae a los pollos y la de los pollos al lechón? Es una porquería, un ascoEs verdad, le digo. No lo había pensado (con el hambre que tenía lo comía igual) Entré a la rotisería y me hice hacer un sandwich de jamon y queso y una gaseosa porque una vez que terminara los tramites, me iba a Concordia. Pero me puse a buscar algún sitio donde comprar unos bombones para la gorda del Registro, ya que me estaba haciendo un gran favor. No encontré nada y ya casi había transcurrido la hora y media que me dijo. Lo unico que había era una panadería. Las masas que tenían no tenían buena pinta, entonces le compré facturas, que por lo menos eran frescas y de buen aspecto.Cuando llegué al Registro me estaba esperando con los papeles listos, a pesar de que había mucha gente todavía. Finalmente me resultó gaucha la gorda, pero mi primera impresión no fue buena, porque se parecía al personaje de la empleada publica, que representaría Antonio Gasalla algunos años después. Solo faltaba que dijera ¡Atraaaas!Le dije que muchas gracias y que me había hecho un gran favor y que por eso me permití tener un a atención con ella y le di las facturas.Creanmé que se emocionó y casi lloraba y me dijo en voz alta:─¡Ve usted! ¡Tenía que ser del interior para ser educado. En los años que llevo aquí, es la primera vez que alguien tiene una atención. Tenía que ser del interior, porque estos, (señalando al publico) ni las gracias te dan.Así concluyó esta pequeña historia de la aventura de patentar un auto y dar de baja al anterior, todo en el mismo día y volverme a Concordia, adonde llegué a las 3 de la mañana. Claro, era joven y auto nuevo con buenas luces a pesar de las dos balsas y el camino de ripio. No tenía protector de parabrisas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/U99pgV_Vf2omqHO5LpX7fN9a_XA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/07/4l.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En 1977 de la empresa Bayer Argentina en la que trabajaba, me llamaron porque tenía que ir a Buenos Aires con el vehículo que tenía en uso en ese momento, porque me iban a entregar otro 0 km bajo una nueva modalidad.]]>
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                                <category term="magazine" label="Magazine" />
                <updated>2024-07-27T06:00:03+00:00</updated>
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            ¿Quién fue el teniente coronel Boglich?
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0R8fqiQyNY521Pq1wL_JBKAFb8k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/07/teniente_c.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Muchas de las cosas que de él puedo relatar, provienen de los recuerdos que tenía don Elcio A. Sarli, quien lo conoció personalmente y me transmitió lo que de él recordaba, ya que fue una figura respetada de Concordia y hombre de consulta.Jamás faltaba, a pesar de su avanzada edad a los actos patrióticos que aquí se celebraban, con su clásico birrete verde oliva, que lucía la escarapela nacional y las insignias con su grado militar de teniente coronel. Lo evocaba encabezando, con otras autoridades civiles, militares y eclesiásticas los homenajes a los próceres nacionales y acontecimientos cívicos.En ese tiempo, para estas celebraciones, como el 25 de Mayo, se exhibía en Concordia una enorme bandera de 40 metros de larga, con casi el ancho de la calle y a su paso, el público congregado arrojaba flores desde las aceras, zaguanes y balcones en su recorrido por la calle Bartolomé Mitre, Entre Ríos hasta Santiago del Estero (hoy Estrada) y Urquiza, llegando a su punto de partida en la Plazoleta Belgrano.Una anécdota que solía contar don Elcio Sarli, &nbsp;era el recuerdo de un episodio de la vida militar de don José &nbsp;Boglich, a la sazón subteniente:“El teniente coronel Teodoro García, al frente de sus bravos soldados, montaba guardia en el Fortín Lavalle, en plena pampa dominada por los indios, en el centro de la Provincia de Buenos Aires. Una mañana este jefe hizo llamar al joven subteniente Boglich, que formaba parte de esa juventud que fuera el material de la campaña militar del desierto, para ordenarle que con 30 soldados, escoltara hasta Azul unos carros que conducían materiales para construir una línea telegráfica desde Carhué hasta Azul.El 6 de agosto de 1876, la caravana se internó en los campos donde reinaba el salvaje. A la cabeza cabalgaba Boglich con dos cabos. A la izquierda, como a dos kilómetros, se desplazaba pesadamente en su misma dirección, una numerosa tropa de carretas, 14 en total conducida por soldados y baqueanos. Cerca del medio día se divisa al sur y al oeste nubes de polvo que hace pensar a los baqueanos “¡Indios, nos han descubierto!”El subteniente Boglich da sus órdenes:─ ¡Cabo Gómez: avísele al jefe de las carretas que se ponga bajo nuestra protección!&nbsp;─ ¡Cabo Álvarez! &nbsp;¡Nosotros nos pondremos de espaldas a esa laguna, que si no me equivoco es la Chinchilla!¡A todo galope!Poco después, se reunían al destacamento las carretas que estaban a las órdenes del oficial, capitán Mariano Espina, que había dejado sus estudios de abogado para marchar a Azul. Iba también un estanciero de la provincia y todos se preparan para la defensa, cavando unas fosas no muy profundas.Un indio lenguaraz le ofrece de parte de los caciques Namuncurá, Baigorrita, Pincen y Catriel, que, si entregan las carretas, tendrían el camino libre. Pero conocedor de la astucia y falsedad de los indios, que hacía dos días habían dado muerte y mutilado a una patrulla, lo despidieron a tiros.Al rato, la carga de la indiada de más de 2.000 lanzas y también muchos de ellos armados con Remington. El oficial espera que se acerquen a las marcas que habían colocado a 50 metros a todo galope y grita ─ ¡Fuego a discreción! ─Las descargas de los soldados y de los paisanos pararon la carga de los indios. Una y otra vez atacaban, siendo rechazados, quedando el campo al frente de la laguna, cubierto de indios muertos y caballos.Al día siguiente la indiada siguió su marcha al norte. Este inmenso malón llegó hasta Las Flores, regresando con más de 200.000 cabezas de ganado y varias cautivas, dejando incendios destrucción y muerte tras ellos.Pero con todo su poderío no pudieron derrotar a aquel grupo de soldados y paisanos que llegaban a sesenta: Espina era amigo de Adolfo Alsina, Ministro de Guerra y fue nombrado por este teniente coronel de la Guardia Nacional, que por su valor y sus servicios fue al poco tiempo ascendido a coronel de Línea de la Nación.Pero Espina no olvidó al joven oficial José Boglich que todos los años, hasta la muerte de Espina, recibía los 6 de agosto un telegrama que decía &nbsp;“En esta fecha que salvamos el pellejo en la Chinchilla, le envío un fuerte abrazo”Decía don Elcio Sarli que el coronel Espina sería después un destacado dirigente radical. Estuvo en el Jardín Florida (1889) en el Frontón de Pelota de Buenos Aires (1890), en la Revolución del Parque (1890), en la división de la Unión Cívica (1891), en la revolución dirigida por el Dr. Hipólito Yrigoyen &nbsp;que tomó la Provincia de Buenos Aires, en la revolución también dirigida por Yrigoyen en la Capital, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Tucumán (1905), y también fue héroe de dos revoluciones en la República Oriental del Uruguay enrolado en las fuerzas del Partido Nacional “Blanco”, comandado por Aparicio Saravia.Volviendo al coronel Boglih, diremos que se radicó en Concordia en 1888 y se integró rápidamente en la vida ciudadana ocupando distintos cargos, entre ellos fue jefe de Policía del Departamento Concordia en 1891 y lo fue durante 18 años cumpliendo una eficaz labor profesional. El 10 de marzo de 1898 fundó el Tiro Federal de Concordia, uno de los mejores del país.Los mismos se crean en un clima general favorable a una idea de ciudadanía preparada para la defensa nacional. Las características de la Institución, se hizo de acuerdo a los legajos militares y la Dirección de Tiro y Gimnasia. El espíritu que la animó fue la posibilidad de un conflicto militar con el vecino país Chile (con quien existían diferendos limítrofes) para estimular a los ciudadanos en su espíritu patriótico.El polígono de tiro cubría 50.247 metros cuadrados y en el funcionaban 4 blancos a 50 metros, 3 a 100 metros, 4 a 150 metros y otros 4 a 250 metros y 17 a 350 metros. Esto se hizo en consonancia con la ley 4031, también llamada ley de Servicio Militar Obligatorio o Ley Pablo Ricchieri.Es por esa razón que el Estado Nacional y el Ministerio de Guerra, apoyaron a las sociedades de tiro con recursos materiales, como provisión de fusiles Mauser, munición cal 7.65 y soldados para marcar los impactos de los tiradores y también soldados armeros para limpieza y reparación de las armas.Don José Boglich falleció en Concordia en su casa de la calle Hipólito Yrigoyen y Bartolomé Mitre a los 96 años&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0R8fqiQyNY521Pq1wL_JBKAFb8k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/07/teniente_c.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Don José Boglich arribó y se radicó Concordia en 1888 donde se desempeñó como Jefe de Policía del Departamento Concordia a partir de 1891.]]>
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                <published>2024-07-20T18:30:00+00:00</published>
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            Colaboración: La caída del avión
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CxuVw3b-lMNtqeV59kQEtE2p2xM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/07/wunderbalsam_balsamo_maravilloso.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando me tocaba ir a trabajar a Villaguay, me instalaba en el hotel y desde allí, dedicaba un día completo a trabajar en los pueblos cercanos. Como Villa Domínguez, Las Moscas, Aldea Santa Anita y Basavilbaso. De Villaguay a Basavilbaso hay 64 kilómetros en linea recta. Pero por supuesto, eran muchos más entrando en los pueblos mencionados.En la época en la que se desarrolla lo que voy a contar, en cada uno de estos pueblos había un solo médico, salvo en Aldea Santa Anita que había tres y en Basavilbaso había siete.La mutual Israelita de Villa Domínguez contrataba un médico durante un tiempo, hasta que expiraba el contrato y luego venía otro. Había un hospital y también una farmacia que pertenecía a la Mutual Israelita.En Villa Urquiza no había farmacia, de manera que el médico tenía los medicamentos de urgencia para la atención de la colonia y las recetas, el paciente debía ir a comprarlos a las farmacias de Villaguay.En Las Moscas el caso era igual que en Villa Urquiza y en Santa &nbsp;Anita también. En cambio en Basavilbaso había tres farmacias bien surtidas.Toda la zona que mencioné, su componente humano se caracterizaba por ser en su casi totalidad colonos dedicados a tareas agropecuarias y también algunos eran comerciantes. De origen ruso-judios y ruso alemanes o alemanes del Volga pero, en definitiva, rusos también, con algún elemento criollo minoritario.Tenían algunas graciosas peculiaridades idiomáticas. Me contaba un farmacéutico que iban a la farmacia a ponerse inyecciones. Cuando era endovenosa algunos solían pedirle “que le eche una inyección” y cuando era intramuscular “que le hinque una inyección”.Otra de las peculiaridades que me contaron de los colonos era su preferencia por uno de esos “medicamentos” que supuestamente curan todo. Este se llamaba Wunderbalsam (Balsamo Maravilloso) y sus indicaciones iban desde reumatismo, gota, cefalea, digestivo, laxante y también para golpes y torceduras. Lo cierto es que estaba compuesto por yuyos del campo y su gusto se parecía mucho al fernet. De hecho que entraba en la categoría de elixir. Así se denomina en farmacia los preparados que contienen alcohol y jarabe los que contienen azúcar. Bueno, este contenía alcohol y bastante (40%). Esa era una forma de tomar unos tragos sin recriminaciones familiares.Volviendo al relato, en esa oportunidad me encontré con un colega en Villaguay que me sugirió ir los dos en el mismo auto a trabajar los pueblos, cosa que acepté porque era razonable su propuesta. Se llamaba Carlos Zamaya y era un buen compañero de viaje.Salimos al día siguiente a trabajar esa zona, que era indudablemente muy rica por el trabajo agrícola, gente trabajadora y una tierra muy rica para el cultivo de distintos cereales. Recuerdo particularmente las grandes extensiones de trigales y linares, así como su ondular cuando el viento soplaba fuerte, como si fuera un mar celeste. En varios lugares de mi provincia he visto este espectáculo. Lo recuerdo también viajando desde Viale a Seguí y es una grandiosa exhibición de la naturaleza y por su color.Estuvimos trabajando con mi colega y completamos los pueblos mas chicos, almorzamos en Basavilbaso en el Hotel Martínez, que se comía muy bien.Por la tarde visitamos las farmacias y luego comenzamos con los médicos.Había uno de ellos que tenía una gran clientela y por esa razón, lo dejábamos para verlo en último lugar. Es decir que uno sabía que se encontraría con una gran cantidad de pacientes. Entramos y tal como suponíamos estaba lleno de gente. Había poco lugar hasta para estar de pie. Sin embargo, si bien impresionaba un poco tal cantidad de gente, también uno sabe que la gente de campo suele ir al médico, por lo general acompañada de familiares, o sea que cuando le toca el turno a uno, generalmente entran dos, tres y hasta cuatro.Nos paramos con mi colega Zamaya, uno a cada lado de la sala de espera, recostados contra la pared.Como siempre ocurre, en cuanto entramos, cesaron las conversaciones y todos nos miraban a nosotros, que estábamos de saco y corbata, y además con portafolios; o sea éramos el elemento extraño.Algunos cuchicheaban por lo bajo, pero resultaba evidente que éramos nosotros el motivo de sus comentarios. El caso es que cuando esto sucede, uno no puede evitar cierto malestar de saberse escrutado minuciosa e insistentemente. Y allí ocurrió lo insólito. En ese silencio de la sala de espera, mi colega desde la otra pared me dice:-¿Así que vos fuiste el único que se salvó del accidente del avión?Cesaron los cuchicheos y todas las miradas se dirigieron a mi. Yo me debo de haber quedado rojo, ya que carezco de inmunidad para estas situaciones y este pícaro descaradamente me obligó a mentir.-Sí, así fue- tuve que responder.Acto seguido todos lo miraron a el, para saber como seguía esto. Y entonces continuó:-¿Y vos cómo te salvaste?&nbsp;Pero como a esa ya me la estaba viendo venir, le contesté:-Y bueno, yo salí nadando como pude y gané la costa.Nuevo cambio de miradas en dirección a él, quien se sentía muy cómodo con esta fabulación y seguramente tenía bien pensada su continuación, pues fue precisamente aquí cuando me comentó con simulada pena:-El que quedó adentro fue el petiso Kolzi, pobre. Yo estuve a verlo a la noche y los pescados le habían comido toda la nariz.Casi se me escapa la risa, porque esa era una forma de saldar una antigua enemistad que este personaje tenía con nuestro colega Kolzi.Por su parte la gente no se perdió una palabra del diálogo y seguramente el episodio habrá sido comentado durante mucho tiempo, ya que en esos pueblos y en esa época, no eran habituales sucesos como los comentados.No había electrificación rural y las radios a pilas, no hacía muchos años que se había empezado a difundir.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CxuVw3b-lMNtqeV59kQEtE2p2xM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/07/wunderbalsam_balsamo_maravilloso.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>POR DARÍO H. GARAYALDE PARA EL HERALDO]]>
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                <published>2024-07-13T22:30:00+00:00</published>
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            Viaje a lo desconocido
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IP86UqIGVcrVGWxOOkhWtdhfUtY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/02/10_garayalde.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La movilidad propia no solucionó del todo esta parte de mi tarea, porque cuando llovía, por dos o tres días igual no podía utilizar el auto ya que era camino de tierra negra.</p><p>Esa fue una de esas veces. Todo me era familiar en el coche motor, comenzando por los vendedores de estampitas, que sin preguntar nada, te ponen ese cartoncito en las rodillas, a pesar de mi negativa.</p><p>Por suerte, en cuanto el tren se pone en movimiento, desaparecen y también los vendedores de bollos y facturas.</p><p>En el maletín, aparte de los elementos de trabajo, siempre llevo un libro con el que acorto el viaje y también puedo abstraerme de las conversaciones que me rodean, sin que me moleste el desparejo zangoloteo del tren.</p><p>¡Qué placer me produce ir viendo surgir la trama del libro!, pero después me cuesta encontrar un momento en el cual debo suspenderlo.</p><p>Como decía al principio, conozco de memoria todas las estaciones y apeaderos donde el tren se detiene. </p><p>Claro que, enfrascado en la lectura, caigo en la cuenta de que, desde hacía un rato bastante largo, no escuchaba que el tren se detuviera.</p><p> El ritmo monótono de la unión de las vías lo escuchaba perfectamente. Siempre con la misma cadencia acompasada.</p><p>Cuando levanté la vista del libro, no vi ningún pasajero en el vagón. Comprobé que estaba solo. </p><p>Primero pensé que habían descendido en las estaciones anteriores, pero al mirar por la ventanilla no vi a nadie en ningún lado y además, había oscurecido como si fuera un atardecer, o como si se estuviera armando una gran tormenta.  Y pensé ¿Pero, que es esto? </p><p>Sentí una sensación en el pecho, que me subía a la garganta y no me dejaba respirar. Un sudor frio me corrió por la espalda al comprobar que el coche motor no se detenía en ninguna estación.</p><p>Entretenido con la lectura no advertí el peligro que me acechaba.</p><p>Solo y de pie en medio del vagón, pedí ayuda en esta insólita situación, pero el tren siguió atravesando estaciones sin detenerse ni disminuir su marcha.</p><p>Realmente asustado me volví a sentar y a pensar “No puede ser verdad” sin encontrarle una explicación lógica.</p><p>De pronto, siento un estruendo como un disparo, que hace una puerta al golpearse Y una voz que dice “Federaaaal”</p><p>Se me fue aquietando el corazón, la gente había regresado a sus asientos y comencé a movilizarme, después de haberme dormido seguramente entre Nueva Vizcaya y Federal. Guardé el libro en el maletín y me dispuse a bajar. </p><p>Este fue uno de esos desagradables sueños que uno sigue recordando, aunque los demás se borren de la memoria</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IP86UqIGVcrVGWxOOkhWtdhfUtY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/02/10_garayalde.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El viaje en el coche motor a Federal lo conocía de memoria, cada pueblo, cada estación, cada apeadero. Sucede que, desde niño por distintas razones, utilizaba el tren para ir a Federal. Luego, por razones de trabajo cada mes y medio, y mientras no tuve vehículo, recurría al tren.]]>
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                <updated>2024-02-10T00:15:18+00:00</updated>
                <published>2024-02-10T03:05:56+00:00</published>
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