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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            El aislamiento social de las personas mayores; nos demanda una sociedad para todas las edades
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las dificultades nos acorralan, hasta el extremo que toda la humanidad está siendo puesta a prueba, con un aluvión de amenazas y dejadeces que nos suelen sacrificar con la más tremenda de las desolaciones, afectando de manera desproporcionada a los ascendientes, exacerbando así su vulnerabilidad. Precisamente, el vínculo social y humanitario está ahí, en esa relación de los cuidados que todos requerimos más pronto que tarde, y que no debemos abandonar, si en verdad queremos salvaguardar el espíritu conciliador y no dejar a nadie desatendido. No olvidemos jamás que estamos obligados a crecer unidos, a practicar el abrazo continuo y a cultivar el espíritu fraterno, para poder divisar la luz que se expande, a pesar de las sombras que nos lanzamos los unos sobre los otros. Personalmente, reconozco que sufro cuando veo una ciudadanía pasiva, indiferente, incapaz de pararse y detenerse para dirigir una mirada, una caricia hacia esos antecesores que esperan una sonrisa de nosotros, una palabra de aliento y consuelo. Ellos son la memoria de la humanidad. Los ancianos, por su estado vivencial, pueden mostrarnos el arco existencial y ayudarnos a reparar nuestras mezquindades de juventud.&nbsp;La población mundial envejece, pero la frialdad es tan acusada, que hoy tenemos necesidad de hogar; y, así, poder compartir el común tesoro de la vida, de soñar juntos restableciendo vínculos y estableciendo la cercanía como valor. Ojalá aprendamos a rectificar. No importa la duración, lo que nos interesa es concienciarnos de que todos, absolutamente todos, somos necesarios e imprescindibles, como agentes que contribuyen al desarrollo. Cada amanecer es necesario ponerse en camino y, mayormente, salir de uno mismo para emprender algo nuevo. Tenemos que darnos vida y la forma de injertarla, es ofreciéndola; poniéndonos en disposición de escucha, mirando a nuestro alrededor. Con demasiada frecuencia, nuestros propios descendientes nos aparcan lejos de sus hábitats con la amarga compañera de la soledad impuesta, fruto envenenado de la confrontación que nunca nos va a reconducir a buen puerto, ya que lo que requerimos es un consorcio para todos los períodos y todos en activo. Y esto, por el bien colectivo, de ellos y de nosotros, también de nuestros hijos. Con razón, se dice y se comenta, que la vejez es un tiempo proyectado hacia el cumplimiento del ser y lo que nos circunda.Por si fuera poco, la penuria del aislamiento, se prevé además que el número de casos de maltrato a personas mayores aumente habida cuenta del rápido envejecimiento de la población en muchos países y de la posibilidad de que sus necesidades no puedan cuidarse plenamente por falta de recursos. Una población que juega al descarte o que es incapaz de proteger a sus abuelos para que vivan sin temor a ser agredidos, expoliados o desatendidos, debe reconsiderar su propia vocación de familia, lo que supone que en todos ha de permanecer vivo un básico sentimiento de pertenencia. Seguramente, entonces, no necesitemos tantos planes de asistencia, y si proyectos de existencia conjunta. Es cierto que el planeta vive un tiempo de dura prueba, que estas grandes crisis pueden volvernos insensibles a nuestra casa común, pero en nosotros está el cambio, y más en los que han alcanzado la cátedra viviente, llamados a ser artífices de la revolución de la ternura. Tenemos que enternecernos para eternizarnos como caminantes, mediante un ocaso saludable, lo que nos exige fomentar y mantener la capacidad funcional, que no es otra que tener los atributos que permiten a todas las personas ser y hacer lo que para ellas es transcendental.&nbsp;Esta atmósfera de realización, y no de incomunicación, es lo que realmente nos genera el bienestar en la madurez. En consecuencia, toda la sociedad debe apresurarse en entender y en atender a sus longevos, ¡ellos son nuestro tesoro!, cada vez más numerosos y, por desgracia, en muchas ocasiones desamparados. La inhumanidad es manifiesta en el mundo. Hace unos días, con motivo del Día Internacional del Juego el organismo de la ONU para la infancia, nos pedía poner fin a la violencia contra los niños y promover un cuidado positivo, enriquecedor y lúdico, dado que son criados muchos de ellos, en base a maltratos físicos o verbales. Pues lo mismo sucede con la vejez, no sólo en ocasiones se pierde su dignidad, sino que se pone en duda incluso que merezca continuar. Así, bajo este absurdo manto de contrariedades por el que nos movemos, estamos tentados de esconder hasta nuestra propia edad o enfermedades, porque francamente tememos que sean la antesala de nuestra pérdida de cometidos. Ojalá, de una vez por todas, veamos y vivamos la senectud como un privilegio, no como un tormento. Al fin y al cabo, la añoranza puede ser un malestar, pero con afecto, proximidad y alivio anímico, podemos curarla.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Los ancianos, por su estado vivencial, pueden mostrarnos el arco existencial y ayudarnos a reparar nuestras mezquindades de juventud”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
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                <published>2024-06-14T10:00:00+00:00</published>
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            En un mundo de contrariedades; hace falta una lluvia de buenos deseos
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Necesitamos vencer a la desconfianza con una lluvia de buenos deseos, que son los que nos hacen florecer por dentro y por fuera. También los caminos existenciales deben desarrollarse, poniéndonos en movimiento para injertarnos savia. Nuestro tránsito es para transformarnos, para que se abran en nuestra vida los caminos del verso, como aliento y continuidad. Son, precisamente esos latidos vinculantes, los que nos regeneran y embellecen. Es evidente que, en un tiempo de individualismo en el que prevalecen las necesidades más superficiales, no hay mejor aspiración que activar el camino de la concordia e impulsar el pulso armónico en el mundo. Sea como fuere, tampoco podemos seguir morando en el territorio de la antítesis. Precisamos concurrir con níveas métricas, no en círculos viciosos de estrés y vulnerabilidad, que nos dejan sin expectativa alguna. En cualquier caso, nunca será tarde para buscar nuevos horizontes, si en el empeño ponemos coraje y talante. En consecuencia: ¡No a la contienda absurda ni a la estrategia del miedo! Aquí entran las inmoralidades de los pedestales, por no hacerse más poética que política.Ahora bien, a pesar de los pesares, en el corazón de todos los inviernos dormita una primavera palpitante, es cuestión de descubrirla. También requerimos de una mayor conciencia en un orbe de diversas velocidades, pues no podemos aceptar la desaparición de ningún país o cultura, ya que todos somos necesarios e imprescindibles para poder conjuntar esa poesía interminable y perfecta, que debe llevarnos al auténtico amor, por el camino de la pequeñez, en un tiempo en el que el ser humano está obsesionado por la grandiosidad dominadora. Ojalá aprendamos a tomar otros tonos y timbres que nos ayuden a redescubrir la sencillez, el hermanamiento a través de la primacía absoluta del apego, que es lo que realmente contribuirá a reencontrarnos entre sí y con los demás. Desde luego, debemos buscar otros gestos que nos enternezcan mucho más, ante los seres que nos acompañan en el camino y, de igual forma, otras expresiones más auténticas de donación. Desengancharse de si mismo, es engancharse a las olas celestes, para poder reengancharnos a los mares de las grandes conquistas.Únicamente en unión y en comunión de pulsaciones, podremos reconfigurar reglas globales y eficientes para testificar esa tutela mundial, que será la que nos insta a fraternizarnos. Con amor y buena voluntad, conseguiremos las alas del espíritu de las grandes gestas; lo que conlleva, conjuntamente, a una maduración en la forma de vida y en las convicciones de las sociedades. Tengámoslo claro: No hay cambios culturales sin renovaciones en las personas. Eso sí, cuidado con endiosarse, pues nos convertimos en el peor peligro. Sin embargo, la mirada amorosa de un ser querido, nos hace aprender a través de sus ojos y a recordar que formamos parte de una idéntica cepa humana, llamada a la convivencia afectuosa y solidaria. Bajo los abecedarios de esta mística, que nos protege y ampara, además debemos mantener encendida la llama de los más impolutos sueños; sin obviar el despertar y el compartir, como actividad estética original y solariega. Yo creo, por consiguiente, que todavía no es tarde para construir una utopía que nos permita anidar el brío cooperante en linaje. ¡Vuelva el calor de hogar entre nosotros!&nbsp;La naturaleza ha puesto en nuestra mente un insaciable empeño de vernos y de poder mirarnos de verdad; tanto es así, que la propia vida no es pasar sin más, sino deseo permanente. Por eso, la acción del ser humano sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la clemencia, contribuye a la edificación de esa población sin fronteras ni frentes, hacia la cual avanza la memoria ciudadana. Es un programa vivencial que está ahí, que debemos conocer y reconocernos en él, porque la paz con nosotros mismos es esencial, al menos para poder ofrecer un poco de comprensión; puesto que, al fin, todos somos artífices del futuro. La contrariedad en este cúmulo de virtudes y bondades o de afanes y desvelos, recae en los vicios que nos destruyen y destierran, poniendo en peligro la quietud social. Hoy más que nunca, a mi manera de ver, estamos necesitados de gentes que hablen claro y profundo. De ahí, esta persistente reivindicación inspiradora de poetas en guardia; cuestión que mana del alma, que junto al buen obrar emana el mejor de los conciertos armónicos, liberados de las cadenas mundanas.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Únicamente en unión y en comunión de pulsaciones, podremos reconfigurar reglas globales y eficientes para testificar esa tutela mundial, que será la que nos insta a fraternizarnos”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2024-05-30T04:00:00+00:00</published>
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            Proveer de espacio el mundo de las ideas
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La singularidad que todos poseemos, se conjuga a través de la interioridad vivencial y de la intencionalidad expuesta, a través de la voluntad, modulando y modelando un hálito reintegrador de pulsos y mente, de forma activa, para la reconstrucción de nuevas rutas. Nada permanece, todo está sometido al avance social, lo que requiere de cierta audacia para llegar a buen puerto. Todo esto nos exige transitar en comunión, con innovación imborrable y con una mirada atenta; ya que puede abarcar, desde la expresión artística hasta la resolución de problemas en un contexto socioeconómico.&nbsp;Tengamos en cuenta, que el don pasivo no es humano, no debe serlo jamás; puesto que vivir por sí mismo, es una transformación inherente a cada época, que debe convertirse en una oportunidad para renovar y repensar sobre el propio horizonte actual. Recomponer el contexto sociocultural reinante y proyectarlo hacia el futuro, a partir de la sencillez, es lo que en realidad nos abre a la diversidad y reconduce a la unidad. Al fin y al cabo, la creatividad es lo que hace germinar la conexión del soplo armónico con ese mundo discordante, que nos está ensuciando nuestros interiores existenciales.El que no concibe e imagina, tampoco vive. Precisamente, hoy en día, las industrias creativas se hallan entre los sectores más dinámicos de la economía mundial y brindan nuevas oportunidades para que los países en desarrollo salten a las áreas emergentes de alto crecimiento de la economía mundial, sin obviar esa dimensión estética necesaria, donde se conjugue la ética con el aire embellecedor donante-coparticipe, atmósfera que debe trascender la realidad material y humanizar el mundo que nos rodea, ya que el ser humano es su sujeto y su fin. Naturalmente, los nuevos descubrimientos, nos demandan un clima de cooperación donante para hermanarse y hermanarnos a la vida. &nbsp;Nuestra asignatura pendiente es superar el individualismo, la competitividad y la conflictividad de intereses. Tenemos que salir de todos estos conflictos que nos degradan y salir al encuentro con los demás, más allá de sí mismo, para conectar, cuestionar y ser comprendidos. En consecuencia, la apuesta por una educación que incentiva el alumbramiento, impulsando evoluciones en entornos rodeados de actividades lúdicas, desafíos y arte, nos hará entender que cualquiera que busque la verdad, consciente o inconscientemente, recorre una cancha que, en último término, requiere de una energía naciente, para no dejarse limitar por un pensamiento miope que se resiste a cambiar.Indudablemente, tenemos que dejar atrás rutinas mundanas y falsos espejismos, que nos trituran la esperanza, dejándonos sin fuerza para crear nuevo estilo. Aún, nos falta nobleza y nos sobra vanidad. Necesitamos adentrarnos en otros cultivos inspiradores de vida, sustentar la cultura humanística y sostener la expresión innata de nuestras identidades culturales. Para ello, será bueno repensar las políticas para incentivar el mundo de las ideas, ganar confianza entre sí, invertir en el bien colectivo, no esconder la plata en los paraísos fiscales. La inversión es dar ilusión, instaurando el ingenio y la fuerza comunitaria precisa, para tener el valor de progresar. Seguramente, a poco que nos adentremos en el vasto campo de acción, renovado engendro del auténtico amor, puestas en las cosas que nos circundan, descubriremos la llamada a ser actores animosos en todos los ámbitos de la vida social. Para hacerlo, deberemos mantener fija la mirada más en lo psíquico que en lo corporal, en la realización de la persona, que es lo que verdaderamente da alas a los mejores sueños. Por desgracia, las fuerzas de la división y el odio están hallando un terreno productivo en un paisaje deteriorado por las injusticias y los conflictos, que impiden el desarrollo del espíritu forjado.Los caminos recorridos hasta ahora, están ahí, permanecen en el tiempo a través de las tradiciones. Estas reconocen que, son los comportamientos morales universales requeridos por la naturaleza misma del ser humano, las que expresan el modo en el que la persona se debe situar de forma creativa, a la vez que armónica, en un orden metafísico que le supera y da sentido a su propia existencia. Desde luego, este precepto está impregnado de un conocimiento inherente, que no sólo hemos de saber descifrar, también encauzar en nuestros propios andares cotidianos para poder conectarnos entre sí; mejor corazón a corazón, para fraternizarnos.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Necesitamos adentrarnos en otros cultivos inspiradores de vida, sustentar la cultura humanística y sostener la expresión innata de nuestras identidades culturales”.]]>
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                                <category term="correo-de-lectores" label="Correo de lectores" />
                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2024-04-18T03:00:00+00:00</published>
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            Mejorar el clima anímico
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                <![CDATA[El Heraldo ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/27_corcoba_p24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La miga de la Semana Santa, culmen del camino cuaresmal, tiene que hacernos repensar sobre nuestro propio pulso interior. Esto se consigue, sustentándose en silencio y sosteniéndose en soledad, bajo la contemplación mística y sobre la esperanza de quien es verdad y vida. Nuestra tarea es la de embellecer y no embobarse, la de conciliar lo irreconciliable y no poner armas sino alma, la de corregirse uno mismo como manantial de inspiración, siendo un poeta en guardia permanente, para enmendar la infusión mental a la sombra del Triduo Pascual. Tanto la referencia como el referente no pueden ser más sublimes. </p><p>        Continuamente tenemos que renovarnos y crecer espiritualmente, para movernos con mejor tono y sabio timbre; ya que, si también estamos llamados a testimoniar efectivamente el amor de nuestro Redentor, con la memoria de la Última Cena, requerimos despertar, ponernos en acción y salir de nuestro espacio insensible; para entrar en la voluntad etérea, destronando de nuestros horizontes los dramas humanos. A poco que nos adentremos en la pasión y muerte del Señor, que percibamos su calvario con el iris del resplandor, nos daremos cuenta de que, para reconducirnos, no hay mejor itinerario que ponernos al servicio de nuestros análogos.</p><p>        Nos hace falta acogernos y recogernos para nuestra propia purificación interior, tener tiempo para sí e interrogarnos con la fuerza del amor divino, meditar sobre nuestros andares y la realidad de la vida humana. Conjugar el verbo amar en nuestro acontecer diario, es la mejor manera de cultivar la aspiración por quererse, para restituir el camino existencial e instituir en nuestra savia la ofrenda conciliadora. Sabiendo que el mal no tiene la última palabra, no dejemos que se nos trastoque la voluntad agraciada celeste y comprometámonos, con más valentía y entusiasmo, para que nazca un mundo más de todos y de nadie en particular. </p><p>        Fuera poderes insanos que nos desvalorizan, haciéndonos esclavos de sus mentiras, volviéndonos borregos de sus farsas. Ahí está el faro de la cruz de Cristo, para que en medio de la tempestad que nos acorrala, hallemos consuelo. Con estos sentimientos, deseo de corazón un vital y reconstituyente cambio de actitudes, lo que debe traducirse en un servicio humilde y desinteresado al prójimo. Esto nos ayudará a unir las voces, para poder salir de la incesante suma de conflictos y de las peligrosas condiciones de seguridad. Ojalá aprendamos a tomar conciencia de ello, porque es el sentido de paz, de solidaridad y generosidad, lo que nos orienta hacia una nueva comunión de luz.</p><p>        Sea como fuere, la experiencia diaria nos convoca a experimentar, tras vivir con el óleo de la alegría los propios andares por aquí abajo, nuestra debilidad y que es la solidaridad fraterna, la que verdaderamente nos asiste a llevar los unos la carga de los otros. Lo importante reside, pues, en abrirse al mundo sin otro interés que el hacer familia para rehacernos. En consecuencia, quizás hemos llegado al momento crucial del “nosotros”, moradores de un mundo global. Sin embargo, continúan aumentando las distancias, con una agresividad sin pudor alguno, porque aún no hemos universalizado los derechos humanos, ni contamos con un avance de hogar común. </p><p>        Es verdad que los desafíos de nuestro orbe y de la época actual son muy fuertes. Sólo hay que revisar los datos, difundidos recientemente por Naciones Unidas. Una de cada tres personas falleció cuando huía de un conflicto. El 60% murieron ahogados y otro 70% nunca es identificado, lo que hace que las familias y las comunidades sufran con la falta de claridad sobre lo que le ocurrió a un familiar o amigo. A pesar de los pesares, este afligido contexto de ningún modo tiene que ser motivo para desfallecer, sino para abrir la dimensión del diálogo sincero y el encuentro verdadero con la cultura del abrazo como culto perenne. </p><p>        La protección hay que ponerla en práctica como jamás. Que nadie nos arrebate tampoco el derecho a la esperanza. Me refiero a la de Jesús, que es distinta a la mundana, infunde en el alma de cada cual, la certeza de que Dios conduce todo hacia el don, porque incluso hace salir del sepulcro la energía viviente y los acuerdos armónicos. Hacer memoria de este enigma central, donde el amor todo lo soporta y redime, conlleva también el compromiso de actualizarlo en el entorno concreto de nuestra existencia. Significa reconocer que la pasión de Cristo prosigue en los dramáticos acontecimientos que, por desgracia, todavía continúan mortificándonos hoy en día. Paz y bien, luego.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/27_corcoba_p24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Conjugar el verbo amar en nuestro acontecer diario, es la mejor manera de cultivar la aspiración por quererse, para restituir el camino existencial e instituir en nuestra savia la ofrenda conciliadora”. 
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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor
corcoba@telefonica.net	
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]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2024-03-27T23:44:22+00:00</published>
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            En saber vivir para los demás, se ubica la dicha
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En la entrega está la felicidad, no en el vivir, sino en saber donarse sin miedo, haciendo corrección cada día. Al igual que, con el despertar de cada mañana entramos en acción, los acontecimientos tampoco representan una mera sucesión de actos sin sentido; pues, aunque estemos bajo el dominio del caos, tenemos voluntad para reafirmar la personalidad, templar el carácter y desafiar la adversidad, superándonos diariamente. En efecto, debemos cultivar nuestros quehaceres cotidianos con los atributos de amor y bondad. Sin exclusión alguna, hemos de tomar conciencia de que son las pequeñas cosas que nos ocurren a diario, las que nos refuerzan y dan aliento a proseguir en los sueños, haciendo camino y rehaciendo rutas que nos lleven a un espíritu de concordia. De ahí, la importancia de que los gobiernos y las organizaciones internacionales ejemplaricen sus actuaciones, invirtiendo en condiciones que favorezcan la prosperidad, no en una suma de intereses mundanos, sino en la defensa de los derechos humanos para todos, que es lo que verdaderamente incorpora la dimensión del bienestar global. </p><p>	Ciertamente, la humanidad es más feliz cuando todos estamos unidos, con brío cooperante y grafía solidaria. Sin duda, nos apremia ahuyentar este espíritu guerrero que nos asfixia con el veneno del enfrentamiento permanente y pasar al cultivo del auténtico abrazo. Desde luego, hay muchos factores que influyen en la duración existencial de cada uno de nosotros, pero tener una perspectiva generosa, seguro que nos recompensa, injertándonos una sensación general de complacencia. En efecto, no es el dinero, ni las cosas materiales, las que nos sustentan en las relaciones sólidas, sino el soplo desprendido que nos acompaña inherente, para que cada aurora todo sea esperanzador. Dejarse llevar por lo que uno anhela es un buen propósito para llegar lejos. Ser buenas personas para ganar confianza consigo mismo, también nos ayuda a no perder el tiempo, porque son los vínculos humanos compartidos y rehechos en confianza, los que nos permiten alcanzar mayor cantidad de proyectos. Al fin y al cabo, no existe gran talento sin perseverancia y buen talante, por mucha titulación que poseamos, lo sustancial es hermanarse.</p><p>	Quizás sea el momento de iniciar nuevos itinerarios conjuntos, tras haber pregonado el absurdo del “tanto tienes/tanto vales”, haciéndonos esclavos como jamás, de una soledad sin consuelo. Además, la experiencia vivencial nos demuestra, que no se es feliz por el simple hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias mundanas, sino por el amor que se imparte, renunciando a la mera posesión. Con razón, siempre se ha dicho: renovarse o morir. Sabemos que, por desgracia, la sociedad moderna está hondamente irrumpida por el encantamiento de las fortunas adineradas. Deberíamos, por tanto, desmoronar este falso filtro de poder y pensar en nuestra capacidad de servir, no de servirnos de nadie. Una vez liberados del apego a los bienes terrenales, estoy convencido de que todo será más llevadero, porque habrá otro ánimo, de no atesorarse de nada y sí de fraternizarse. Reconozco, que jamás he podido concebir, cómo una persona perseguía la alegría ejerciendo la dominación y practicando el egocentrismo. Sin embargo, el querer lo es todo en la vida y, si aspiramos ser felices, con tesón hasta los cantos tendrán su encanto.</p><p>	A partir de esta convicción mística, se desarrolla una auténtica rebelión mar adentro para no desesperarse ante las hazañas de los poderosos, que todo lo suelen revestir de puro egoísmo, con criterios de maldad y razonamientos corruptos. Hoy más que nunca, es necesario cultivar la dedicación a los que nadie quiere acoger, sin caer en la infamia de la usura que arruina la vida de los desfavorecidos, poniendo de relieve que el cumplimiento de la ley moral es fuente de profunda paz interna. Lo horrible de este planeta, motivado por el absurdo de nuestro actuar, radica en que perseguimos con idéntica pasión el volvernos radiantes y el impedir que los demás lo sean. Olvidamos que la auténtica satisfacción es más del cielo que de la tierra; y que, para ello, tenemos que ser caminantes justos, clementes y compasivos. Podemos tener diferentes visiones, lenguas y creencias, pero compartimos el mismo linaje, el mismo planeta y los mismos deseos, de no sentirse perdido y de reencontrarse en la certeza. ¡Qué mayor tranquilidad!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Hoy más que nunca, es necesario cultivar la dedicación a los que nadie quiere acoger, sin caer en la infamia de la usura que arruina la vida de los desfavorecidos, poniendo de relieve que el cumplimiento de la ley moral es fuente de profunda paz interna”. 
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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor
corcoba@telefonica.net	
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                <updated>2024-03-20T23:55:24+00:00</updated>
                <published>2024-03-20T23:53:06+00:00</published>
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            El buen propósito
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/31_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“El deseo de vivir debe ser más moral que interesado. Sólo así hallaremos la senda de la asistencia mutua. De lo contrario, nos dominará el egoísmo al sacrificio, la ideología a la transparencia y, en el fondo, lo mundano a lo celeste”. </p><p>Es un insólito proyecto perseverar en el poder y corromper la libertad. Por ello, reavivemos nuestros andares, modifiquemos nuestras actitudes, tracemos en nosotros el compromiso de poner en valor la propia existencia, con comportamientos y estilos de vida sustentados en lo ético, que es lo que realmente nos transforma y renueva mar adentro. </p><p> En efecto, somos ese océano en permanente necesidad de espiritualización mística, bañados por el aire que todo lo vivifica de entusiasmo; porque, la vida por sí misma, es un volver a empezar cada día. Cuidado con el oleaje que tomemos, hagámoslo con consideración, seamos respetuosos con las acciones tomadas, despojémoslas de toda violencia o del veneno cosechado, cultivemos el diálogo conciliador y el ánimo donante siempre. No pongamos barreras, fuera distinciones, nadie es más que nadie ni tampoco debe ser menos. A propósito, se me ocurre pensar en esa petición de la OMS para acabar con las diferenciaciones que impulsan las enfermedades tropicales desatendidas.</p><p>Por otra parte, tan importante como saber estar es poder ser un corazón libre, en incesante revoloteo por los horizontes del verso y la palabra, en su tino más auténtico y en su timbre más armónico. Necesitamos fraternizar nuestros propios pulsos vivientes. En consecuencia, hay que cultivar el amor verdadero con el níveo amar, más allá de los meros vocablos, de conformidad con nuestro estado natural. En el sueño de la poesía, está el camino de la rectitud. No lo olvidemos jamás.</p><p>Puntualmente, ahora cuando tanto hablamos de respeto pleno y promoción de todos los derechos humanos y libertades fundamentales, estimo fundamental reunirse en comunión los moradores para unirse en solidarios latidos. Expertos en derechos humanos acaban de considerar escandalosa la ejecución de Kenneth Eugene Smith en Alabama. Son estas cuestiones no éticas, verdaderamente torturadoras, las que nos vuelven sanguinarios. Al fin y al cabo, lo sustancial es integrarse en un solo cuerpo lírico y reintegrarse en la idílica verdad de la bondad.</p><p>Sea como fuere, no podemos seguir ofreciendo este mapa de atrocidades crueles entre las personas. Desde luego, tan importante como mantenerse en acción, o sea vivos, es hacerlo con humanidad. Fruto de esa innata sensibilidad, que se acrecienta con la escucha y además con el arrepentimiento en la toma de horizontes confusos, ha de germinar el compromiso con uno mismo de aprender a reprenderse, activando de este modo los desarreglos mortecinos con la disciplina interna, que es lo que conlleva, el arreglo pacífico de los conflictos. El deseo de vivir debe ser más moral que interesado. Sólo así hallaremos la senda de la asistencia mutua. De lo contrario, nos dominará el egoísmo al sacrificio, la ideología a la transparencia y, en el fondo, lo mundano a lo celeste. Desde luego, como humanidad no podemos deshumanizarnos, ni tampoco volvernos inhumanos, requerimos en la misión un aire de servicio como poetas en guardia y una sapiencia que nos ayude a discernir.</p><p>Sin duda, lo trascendente radica en conocerse a uno mismo y en reconocerse junto los demás. En efecto, el culto al ser como aliento espiritual y el saber estar como cultura vivencial, debe llevarnos a la adhesión con las etéreas estrofas de libertad, entereza, democracia, paciencia, apoyo, concurrencia, variedad pedagógica, parlamento y entendimiento a todos los niveles de la sociedad y entre las naciones, animados por un entorno de pueblo que nos repueble como ciudadanos de bien. Justo así, bajo el paraguas de este sano propósito, es como nace el afán por ayudar, el estímulo compasivo cooperante y tener voluntad para no ser indiferentes ante el sufrimiento ajeno.</p><p>Precisamente, los gobiernos de todas las épocas tuvieron su arranque en el buen deseo de asociarse, de sumar ideas y fines colectivos, protegiendo a la persona y la propiedad de cada cual con la fuerza común de todos. Ahora, cuando ya tenemos una visión globalizada de que todo nos afecta a todos, observamos que el camino hacia el futuro, pasa por ese nuevo abecedario del convivir comprensivo, acompañados por su lenguaje acariciador de miradas, que nos fraternicen, sin discriminación alguna. Para desgracia nuestra, el planeta está siendo azotado por multitud de conflictos e intolerancias, acrecentando el número de refugiados y desplazados, que se mueven en un orbe hostil y poco hospitalario. Recogerse y acogerse es, sin duda, la mejor terapia para poder renacer.</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/31_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“El deseo de vivir debe ser más moral que interesado. Sólo así hallaremos la senda de la asistencia mutua. De lo contrario, nos dominará el egoísmo al...]]>
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                <updated>2024-01-31T23:03:22+00:00</updated>
                <published>2024-01-31T23:02:05+00:00</published>
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            Acostumbrados a la oscuridad
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/correo-de-lectores/acostumbrados-a-la-oscuridad" type="text/html" title="Acostumbrados a la oscuridad" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/29_CORCOBA.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p> Hay que alzar la voz y hasta irrumpir en combate anímico contra uno mismo, eso sí como poetas en acción. De entrada, pongamos fundamento en la coherencia, entre el decir y el hacer. No podemos bajar la guardia, ni tampoco cultivar la indiferencia. Me niego, pues, a habituarme a este mundo tenebroso, al que hay que plantar cara ante las fuerzas del odio y la división, con otros abecedarios más del corazón que del cuerpo. Personalmente, hace tiempo que vengo reivindicando, tanto el aprender a reprendernos como el querernos para poder querer a los demás. Sin embargo, la necedad nos gobierna en mayoría y es la causante de todos los males. En todo caso, lo importante es meterse en paciencia, tomar sobre sí esta angustia, pero con la esperanza de que hay salida esplendorosa para todo. Es cuestión de intentarlo, poniéndonos en disposición de explorar otras vías.</p><p> Lo último es tirar la toalla o encumbrarnos. En efecto, en lugar de alumbrarnos entre sí, nos hemos endiosado hasta la cúspide o marchamos desolados, costándonos diferenciar el bien del mal. Urge, por consiguiente, que salgamos de esta atmósfera perversa de voces contradictorias, de seducciones ocultas, porque la sensatez se ha ido de nuestro caminar y nos merecemos un tiempo nuevo. Internamente tenemos que clarificarnos, custodiar nuestro propio movimiento para hacer frente a los desafíos vivenciales, reflexionar sobre las inmoralidades y las enterezas, desencadenarnos de aquellos vientos corruptos que nos atrofian y caminar, con la inspiración creativa, hacia sensatos valores que puedan brotar en nosotros, encaminando la floración del discernimiento a nuestros quehaceres cotidianos.</p><p> Indudablemente, tenemos que salir de este mundo sombrío cuanto antes. Neguémonos a mantener la boca cerrada ante el cúmulo de aires discriminatorios, no seamos tolerantes con la intolerancia, defendamos con uñas y dientes la dignidad de todos y el espíritu de los derechos humanos. Universalicemos todo esto. A veces la tristeza trata de invadir nuestro innato coraje, para volvernos cómodos y sin ninguna expectativa de cambio. Que sepamos, que todo se puede modificar con paciente responsabilidad y persistencia. En ocasiones, tendremos que comenzar por convencernos a nosotros, de que para vencer los vacíos que nos ocupan y los vicios que nos asolan, precisamos achicar el lago de la decepción y anclar, en nuestro diario de nadador, al optimismo. </p><p> Reencontrarse es fundamental para acentuar más activamente nuestros andares poéticos, que son los que verdaderamente nos elevan hacia otros horizontes, si lo hacemos auténticamente. Hoy más que nunca, tenemos que estar vivos, para poder discernir y estimular la acogida. No se trata de despreciar a nadie y mucho menos de desecharlo, todos somos necesarios e imprescindibles. Sin duda, el sentimiento de obsesión persistente y torturador hacia nuestros semejantes, así como el arrinconamiento a la variedad de cultos y culturas, es el mayor peligro para todos, así como el apartarse de la rectitud. Tomemos conciencia de la realidad que nos pertenece.</p><p> Las noches no pueden sacarnos de la noche, para eso tenemos el día con sus pulsos de amor y sus pausas de vida. Nuestra presencia no es más que un persistente cortocircuito de ritmos en permanente búsqueda. La paz está en nuestro interior, que tiene que aprender a armonizarse con aquello que nos circunda. Quizás tengamos que practicar el ser poesía o el ser estrellas en la noche de nuestros acompañantes, para poder sentirnos cercanos y en unión. Tal y como se nos presenta el mundo, hemos de atrevernos a ser distintos, a mostrar otros anhelos que solemos ignorar, como es el testimoniar la belleza del hálito generoso con el servicio permanente a la lucha por la justicia y el bien común.</p><p> Esa es la justa reacción de una humanidad que tiene que fraternizarse, sabiendo que nada se consigue individualmente; y, aunque el mundo actual esté lleno de avances, son muy desiguales en los territorios. Luego está la plaga del aislamiento, que aparte de debilitarnos nos expone a dejarnos atormentar, porque todo es más fácil juntos. Olvidamos que cada edad tiene su etapa, su momento de realización, de utopía comunitaria y de comunión fraterna. Al mundo nunca le sirvió, ni tampoco le servirá, la ruptura entre generaciones. Un pueblo, una nación, un orbe en suma, será tanto más luminoso cuánto más horizontes se esclarezcan con opciones dinámicas conjuntas y vinculantes, porque en cada uno de nosotros puede guardarse algún aliento, que sintiéndose con calor de hogar, seguro que se convierte en consuelo e ilusión de verdad.</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/29_CORCOBA.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Las noches no pueden sacarnos de la noche, para eso tenemos el día con sus pulsos de amor y sus pausas de vida. Nuestra presencia no es más que un persistente cortocircuito de ritmos en permanente búsqueda. La paz está en nuestro interior, que tiene que aprender a armonizarse con aquello que nos circunda”.]]>
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                <updated>2024-01-29T00:55:21+00:00</updated>
                <published>2024-01-29T03:00:19+00:00</published>
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            Cultivarse para un sentido armónico
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/22_corcoba_p24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay que cultivar todas las artes, con su sentido creativo y su quehacer persistente de elaboración mística, en nuestro diario existencial. Esta hazaña es un buen modo de reencontrarse. Somos gentes de acción expresiva, que deberíamos recuperar nuestro propio significado profundo, yendo más allá de lo meramente cotidiano.  Son los cimientos de las sociedades armónicas, las que nos sustentan a través de esa fuerza auténtica, que nos impulsa hacia lo alto. Sin duda, tenemos que poner en valor el lenguaje contemplativo, una vía necesaria para aprender a reprendernos, embelleciendo los propios interiores vivientes. Nuestra distintiva continuidad radica, ciertamente, en ejercitarse para una sonrisa permanente y en practicar comportamientos solidarios que nos fraternicen.</p><p>Desde luego, nos urge practicar una mudanza de modos y modales, frente a la escalada del cambio climático, la erosión democrática, las desigualdades persistentes, la creciente discriminación, la siembra de los discursos de rencor y venganza, la violencia y la multitud de contiendas, que nos acorralan por doquier territorio del planeta. Hemos de despertar con la llamada de las entretelas. Dulcificada la siembra conciliadora, con el testimonio del abrazo a través del magisterio celeste, germina el eterno poema de lo sublime. Con razón se dice que, el espíritu atrayente, es aquel que eleva sus melódicas cúpulas con latidos invisibles de acercamiento. La propia vida tampoco es aceptable en discordia, necesitamos percibir los movimientos de la concordia hasta en nuestros andares. </p><p>Hoy más nunca, debemos formarnos para no caer en el endiosamiento competitivo, que nos vuelve piedras en lugar de pulsos visibles, próximos con el prójimo. Se habla de la apuesta por una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos y de oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida; pero se nos olvida, que tan vital como adquirir conocimientos, es tomar conciencia del saber conjugar el ser con el estar. Tan sólo de este modo, uno puede comprenderse a fondo, a través de su propia aptitud y cometido. De ahí la importancia de no malgastar ese talento innato, que todos llevamos consigo, y que lo único que tenemos que hacer es desarrollarlo. Cuidado con esclavizarse, siendo productores y consumidores. El porvenir está en ser ciudadanos libres.</p><p>La expresión visible del bien es lo que realmente nos realza, a través del crecimiento de la persona, que es lo que en realidad nos entusiasma, para ponernos en acción al servicio de toda la humanidad. En consecuencia, pienso, que no sólo hay que llevar la educación a la cima de la agenda política mundial. La transformación comienza por los cánones estéticos de hacer hogar y, simultáneamente, transmitir apego. Esto es lo que nos hace soñar el futuro y superar los desafíos cruciales, generados con nuestras propias contrariedades mundanas. Indudablemente, tenemos necesidad de otras iluminaciones más poéticas que poderosas. Trabajemos por esas sabidurías, pues. La cuestión está en hacer el camino de la verdad para obtener lo mejor de uno mismo con la bondad.</p><p>La ociosidad es madre de todos los vicios y padre de todos los vacíos. En efecto, nos hace falta restaurar el espíritu humano, y esto no se consigue en los espacios tecnológicos; a los que hay que sumarle una creciente demanda de orientaciones estéticas que impulsen el brío de alumbrar. El problema ético exige ser afrontado en todo el mundo, de manera apasionada para conseguir esa paz espiritual de la que estamos ausentes. En consecuencia, así como para la ciencia hay que aliarse con la conciencia, también para el arte hemos de convenirnos con lo bueno, que no está en la esfera de lo material, sino en el sentido de la trascendencia, que son los fundamentos de todo avance. La clave siempre va a estar, en despertar a tiempo para convertirse en humanitario, ejecutando el corazón a corazón.</p><p>Para empezar, tenemos que buscar nuevas formas de atendernos y entendernos, ante el sentimiento constante de la falta de una familia. Será clemente templar el alma, para que se transformen los desiertos, en poblados hogareños de paz. Por eso, cada vez que alguien practica un gesto de hospitalidad, provoca una transformación. Lo mismo sucede, cuando alguien labra una convocatoria de encuentro para continuar la búsqueda. Con el ánimo siempre hacia adelante, el bienestar se asegura y hermana. Más que enseñantes, creo que el mundo necesita como jamás una generación de obreros, que sean sobre todo maestros en humanidad. En cualquier caso, reconozco que mi pedagogía siempre se reduce a guiar el amor con el amar y al ensayo de la mente con el pensar. </p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/22_corcoba_p24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Nuestra distintiva continuidad radica, ciertamente, en ejercitarse para una sonrisa permanente y en practicar comportamientos solidarios que nos fraternicen”. 
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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor
corcoba@telefonica.net	
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                <updated>2024-01-22T00:05:11+00:00</updated>
                <published>2024-01-22T00:03:12+00:00</published>
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            Tomó el camino de la utopía
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/11_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>=============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>A poco que nos adentremos en nosotros mismos y ensanchemos la mirada en nuestro alrededor, observaremos un aluvión de sufrimientos que estimulan a la desesperación, generando una atmósfera verdaderamente inaguantable, en todos nuestros pueblos, sociedades y etapas vivientes. Los nubarrones son tan fuertes, que el mundo parece haber caído en una recesión de principios y valores, de endurecimiento y desórdenes totales, lo que nos demanda un cambio de actitud, para poder soñar con un futuro mejor para todos. </p><p>Puede que tengamos que tomar el camino de la poesía para ganar sueños. ¡Jamás el del poder por el poder! Hoy más que nunca, necesitamos ilusionarnos ante la multitud de desequilibrios estructurales.</p><p>Somos una generación globalizada, pero nos hemos dejado llevar por un proceder injusto, antinatural y arcaico. </p><p>Mal que nos pese, tenemos que hacer justicia e impedir que se levanten muros de incomprensión, con las armas en pie de guerra, para que el espíritu reconciliador nos gobierne por todos los rincones vivientes. </p><p>Se impone, pues, mucho diálogo sincero y más reflexión personal para hacer un uso ético de todo lo que nos circunda. </p><p>Aprendamos de nuestra propia historia, nuestro único deber es hacerlo siempre hacia adelante. Lo que no podemos permitir que aumente la cantidad de jóvenes que no estudian, ni trabajan, y aún peor no reciben formación laboral alguna. Olvidamos que nuestros andares instructivos son para los demás y hacia sí mismo.</p><p>La confusión es grande. El mejor camino que podemos tomar es el de la concordia, con un afán cooperante y con un desvelo responsable hacia los vínculos vivientes, como miembros que somos de la única familia humana. El mundo debe convertirse en un hogar hermanado, jamás empedrado por la indiferencia o endiosado por el materialismo dominador que nos oprime. Hay que bajar las espadas del odio y ascender a la cultura del abrazo de corazón. Quizás necesitemos más tiempo para nosotros, al menos para poder discernir las diferentes sendas, que se nos ofrecen. </p><p>Por otra parte, la ociosidad es otro de los vicios que nos asalta en cualquier esquina. De ahí, la necesidad de cargar pilas para tomar la caminata de los níveos anhelos, que la avenida inmoral es espaciosa y ancha. </p><p>Desde luego, sin una corrección importante de rumbo, la situación se envenenará aún más. Tenemos la oportunidad de modificar nuestros movimientos y hemos de hacerlo en conjunto. Lo prioritario radica en llenarse de entusiasmo y de ganas de vivir. Por eso, es fundamental contribuir a la construcción de lo armónico, bajo el liderazgo de personas dispuestas a servir, no a servirse de la apropiación del poder. Nadie es más que nadie, que lo sepamos.</p><p> Todos estamos llamados a ser fuerza existencial y de desarrollo justo. Y, aunque cada ser tiene que inventar su poética de singular caminante, la obra requiere unión y unidad con su idéntico linaje inspirador. O vamos todos unidos hacia la conciliación, o nunca hallaremos quietud en el cuerpo.</p><p>Ahora bien, tampoco es una tragedia equivocarse de ruta, lo importante es rehacerse cuando nos equivocamos de calzada. Lo fundamental radica en no agotarse, en detenerse para poder mirar y tomar el nuevo impulso. </p><p>Ciertamente, en familia todo se sobrelleva mejor, es el abecedario de toda comunión; y, por eso, es también el fundamento y el camino hacia toda palabra de consuelo. Cerrarse y encerrarnos en nosotros mismos, contradicen ese aire de fraternidad que todos llevamos consigo en nuestra genética natural. </p><p>El bienestar no está en la búsqueda insaciable de bienes materiales, de ningún modo en don dinero, sino en estilos de vida cooperantes con el prójimo, que hemos de volverlo próximo a nosotros. Esta es nuestra gran tarea para compenetrarnos. </p><p>Sin duda, el mejor camino es el del amar, el del amarse y el del amarnos como latidos de verdad. El compartir es el mejor pulso viviente. Dejemos, entonces, de ser almas posesivas. Justo, en ese horizonte, comienza el camino hacia lo armónico. Activemos el respeto mutuo hacia toda vida humana, estemos aún en vientre humano, enfermos o ancianos.</p><p> Fuera esa política del aparte, camine la poética de la acogida. Derribemos, por consiguiente, esas colonizaciones interesadas que provocan divisiones y un raudal de contiendas. Lo importante es la custodia y la ejecución del derecho humanitario, que parece ser el único horizonte para la tutela de la dignidad humana en situaciones bélicas. En cualquier caso, la imaginación está en el cielo y hacia él debemos ir con nuestros pasos. </p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/11_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Lo prioritario radica en llenarse de entusiasmo y de ganas de vivir. Por eso, es fundamental contribuir a la construcción de lo armónico, bajo el liderazgo de personas dispuestas a servir, no a servirse de la apropiación del poder”.]]>
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                <updated>2024-01-11T00:00:52+00:00</updated>
                <published>2024-01-10T23:59:31+00:00</published>
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            La continua novedad de vivir
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/08_algo-mas-que-palabras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>=============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor: corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>A menudo la novedad nos da miedo.  Sin embargo, en cada despertar nos sorprende un infinito oleaje de abecedarios, que renuevan nuestra vida, aunque atravesemos por momentos oscuros y multitud de debilidades. Lo importante es no dejarse de asombrar. Para ello, hay que tener a punto el espíritu creativo, tomar la iniciativa de resistir, con el arraigo que esto supone, de entenderse y atenderse, en medio de una tarea tan exigente como desafiante. Esta convicción nos permite conservar la alegría y lanzarnos hacia adelante, por muchas fuerzas contrarias que recibamos en nuestro diario acontecer. En efecto, son las motivaciones de un renovado impulso viviente, las que nos ponen alas para no debilitarnos, ante el cansancio y las dificultades.  Ciertamente, en todas las épocas de nuestra historia han estado presentes la búsqueda enfermiza de sí mismo, el materialismo y el desvelo por acumular poder y atesorar posesiones, con el único fin de endiosarse o de adueñarse del mundo. Quizás, por consiguiente, deberíamos escucharnos más en nuestro interior. Jamás nos cerremos, y mucho menos nos encerremos en nuestro ego, precisamos compartir y ponernos en disposición, situarnos en el que camina a nuestro lado. Es bueno ganar confianza, dejar de oprimirnos, no resignarse por nada y proyectarnos hacia el futuro. Acomodarse disminuye la pasión de adentrarnos en el continuo trance de renacerse. Por propio sentido natural, no podemos ser una sociedad envejecida. Tenemos que dejarnos sorprender por nuestro peculiar diario existencial. Hacerlo con paciencia nos ayuda a vencer todo tipo de resistencias, como cuidar el ético proceder, lo que nos exige el ser fuertes y dóciles de espíritu a la vez. Sea como fuere, hoy más que nunca, tenemos que buscar horizontes de comunión que nos universalicen, para confraternizar nuestros propios latidos, en favor del bien colectivo y de la supervivencia. Solo hay que ver la interminable matanza de niños, en el cúmulo de bombardeos que se producen a diario, para observar el oleaje de la tristeza y los ríos de lágrimas vertidos. La desesperación de tantas gentes, así como la incertidumbre que nos rige el mundo, nos están dejando anestesiados por el pánico. Hemos de salir, pues, de este calvario de demonización, de desprecio a la diversidad y a los derechos humanos, que están ahí para que se cumplan y no se violen. Vivir es respetar y respetarse, no lo olvidemos jamás.</p><p>Tenemos que dar un rostro más humano, tanto a lo vivido como a lo que nos queda por anidar. La mejor recomendación pasa por ser más de brazos abiertos y menos indiferentes. El corazón es la fuente del aliento; la sabiduría de un bien estar y mejor ser, en suma. Será bueno, por consiguiente, que tracemos la ruta humanitaria para este 2024 recién iniciado. Naturalmente, nuestro paso por aquí abajo, va de asombro en asombro. Esto requiere transformarse, para aprender a rechazar lo saludable de lo que es insalubre. Sin duda, tenemos que fortalecer nuestras defensas, frenando la proliferación del odio vertido por todas las esquinas planetarias, invirtiendo mucho más en cohesión social y fortaleciendo los ríos vivientes de compasión, respeto y fraternidad humana. Al tiempo, hemos de garantizar que cada pueblo se sienta respetado en su identidad única, valorado como parte integrante de la sociedad en su conjunto, reconociendo la diversidad como una riqueza social. Nuestro mejor antídoto contra el veneno de la discordia y la división, radica en aceptar los vínculos del linaje, engrandeciendo las singularidades de cada pulso. Aprendamos a hacer memoria de lo que nuestros progenitores han hecho, seamos agradecidos.</p><p>Veámonos en ellos, recuperemos nuestra auténtica identidad. Me consta que no es nada fácil. El cúmulo de acontecimientos que suelen presentarse, nos suelen dificultar el discernimiento entre una cosa y la otra. En cualquier caso, para no equivocarse de camino y no caer en la inmovilidad, en la absurda rigidez o en la clausura de la voluntad, se requiere que nos dejemos templar e interpelar. Tampoco podemos normalizar, con la idea de ser modernos, las colonizaciones ideológicas perversas. Tenemos que concebirnos como seres en formación, comenzando por aprender a reprendernos a nosotros mismos y finalizando por desvivirnos por vivir las ideas, con un espíritu conciliador. Por otra parte, jamás paremos de trabajar con decencia cada día; y que, luego, los chismosos digan lo que les plazca. Con el hacer y el amar, será nuestra forma de morar con plenitud y dignidad. Desde luego, el amor es la gran maravilla que siempre hace nuevas las cosas. Las mismas piedras con ser piedras se suavizan, rompiendo esquemas y hábitos pasivos, juntando capacidades y anhelos.  Necesitamos, en consecuencia, la llama del níveo afecto para no agonizar de frío, lo que debe traducirse en un renovado calor de hogar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/08_algo-mas-que-palabras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Es bueno ganar confianza, dejar de oprimirnos, no resignarse por nada y proyectarnos hacia el futuro. Acomodarse disminuye la pasión de adentrarnos en el continuo trance de renacerse”.]]>
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                <updated>2024-01-08T03:35:23+00:00</updated>
                <published>2024-01-08T03:32:06+00:00</published>
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        <title>
            Un gozoso itinerario regido por la visión de un lucero
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/04_algo-mas-que-palabras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>=============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>En este mundo de sombras y luces por el que nos movemos, nuestras habitaciones interiores también nos requieren de la inspiración luminosa de un cándido impulso, para poder elevarnos a otro orbe y tejer moradas conciliadoras, donde habite el auténtico sentido del ser y el legítimo clima de festividad, para volver espiritualmente a ser fermento de poemas y no de penas. La lírica del alma es la que tiene que gobernar el mundo. </p><p>Hay que despojarse de toda materia corrupta, ser más poesía que poder, o si quieren más mente que cuerpo; y, al igual que aquellos Magos de corazón andante, tenemos que reencontrarnos con esa etérea dimensión profunda, dejarnos sorprender y tomar el testimonio del pulso, como esperanza existencial en comunión, formando latidos armónicos bajo el reino de la placidez. </p><p>En efecto, la dulzura que está en cierta manera contenida en la cueva de Belén, hoy se expande por todos los territorios, llamándonos a injertar en todos los días de este 2024, ahora recién iniciado, un espíritu de concordia entre todos nosotros, arrinconando en el olvido y para siempre, el trágico plan de la matanza de los inocentes, un derecho inviolable que ha de ser considerado por todo ser viviente.</p><p>La solemnidad de estos momentos vividos, no son una crónica más de la jornada; sino un acontecimiento místico que nos trasciende, con una lección de pedagogía contemplativa. Observar es el grado sumo del por qué y del para qué. </p><p>En consecuencia, bajo esta sapiencia tenemos que enhebrar la mejor de las voluntades.</p><p> Ser persona de bien y de bondad, de palabra sincera y de diálogo responsable, aparte de ser la suprema ofrenda curativa de la naturaleza humana caída, también es el preferible horizonte, para que brille la singular luz celeste. </p><p>Tampoco somos pobladores para repoblarnos de vicios, sino personas para querernos y sentirnos en paz, unidos a ese verbo, que es un verso divino, y que por eso demanda injertarse en unidad al tronco de la épica recreadora y recreativa. </p><p>No hay mayor renuevo que transmitir a nuestras generaciones venideras nuestros propios vínculos creativos, como parte integrante de nuestro paso por aquí, haciéndoles ver que todos somos necesarios e imprescindibles; poetas y testigos de un tiempo, que se nos ha dado para vivirlo a corazón abierto. Ahí radica el regocijo, en saber iluminar con el compartir, en medio de los numerosos sufrimientos. Sin duda, no hay mayor dolor que el vivir lejos del ser amado.</p><p>Indudablemente nos necesitamos, sentir que existimos y cohabitamos, incluso con el padecimiento. </p><p>Hay que sumarse al cambio, al respeto universal de los derechos humanos para todas las personas, sin distinción alguna de color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole. </p><p>Este mundo se ha deshumanizado por completo, es cierto. Tiene que fraternizarse cuanto antes. </p><p>Nuestra misión, en ocasiones, es más de alimentar el alma que el cuerpo.  “Luchando con amor por nuestras ideas podremos volar libres como las estrellas.&nbsp;I’m just looking for freedom, freedom, freedom…&nbsp;Defendamos la libertad.&nbsp;</p><p>Pensemos en libertad. Celebremos la libertad. Vivamos en libertad”, canta el grupo de artistas reunido bajo la dirección del músico y productor Federico Quintana y la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH). Sigamos esa dirección cantautora, volemos hacia ese niño que todos llevamos dentro, dejemos de cortarnos las alas y de aceptarnos por intereses mundanos. Demos continuidad al linaje, ayudándonos unos a otros. </p><p>Nos toca el siguiente paso, el de hermanarnos, que ha de ser tomado con optimismo y determinación, guiados por el signo de la esperanza.</p><p>De ningún modo, será tarde para buscar un mundo claro y esclarecido, si en el empeño ponemos el ritual de la Epifanía, donde nadie queda fuera del radio de acción de su poética. </p><p>Tenemos que llegar al conocimiento de la verdad, salir de este mundo de falsedades, activar nuestro ardor formativo para preparar un nuevo orbe, en el que nadie se sienta extraño; ni consigo mismo, ni con los demás. </p><p>Como exploradores, nuestro cometido es una acción gratificante, de mirarnos entre sí con verdadera simpatía, para instaurar lo armónico en lo auténtico, en la justicia y en el amor fraternal. Debemos brillar como hijos de la luz que somos, para atraer a nuestras vidas la hermosura de esa compasiva providencia omnipotente, que nos hace más aprendices; y, por ende, más del poder celestial que mundano. </p><p>Por eso, hoy más que una revisión de la economía mundial, que quizás también haya que hacerla, creo que estamos más faltos que nunca de la luminaria que apareció a los pastores, y que todavía nos sigue convocando a una nueva primavera en la tierra. Para ello, sólo hay que levantar la vista, ponerse a caminar, para ver lo que es transitorio y lo que nos trasciende con alegría renovada, enterneciéndonos y eternizándonos. </p><p>Siempre florecer, ¡nunca ser piedra!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/04_algo-mas-que-palabras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La solemnidad de estos momentos vividos, no son una crónica más de la jornada; sino un acontecimiento místico que nos trasciende, con una lección de pedagogía contemplativa”.]]>
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                <updated>2024-01-04T01:57:49+00:00</updated>
                <published>2024-01-04T03:25:48+00:00</published>
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            Confianza en uno mismo;  el sueño del hombre despierto 
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/02_corcoba_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>=============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p> Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>Justo, al despuntar de un nuevo año, cosechamos una oportunidad más para los buenos propósitos. Estos deben irradiar por todas partes, con su abecedario de gozos y su lenguaje de alegrías.</p><p> También, nuestra mente, ha de sentirse invitada a concelebrar la festividad con espíritu reflexivo/conciliador, de cabal arrepentimiento y de renovada humanidad.  Ojalá crucemos el umbral de los efusivos días, con el compromiso de dar nuestra contribución para que la concordia llegue a ser nuestro distintivo actual. Lo vivido hasta ahora nos indica, que cada tiempo tiene su singularidad, y el presente nos insta a llevar la carga unidos, salvando nuestras diferencias en aras de soluciones universales. </p><p>No tiene sentido, pues, discriminar a nadie o activar el veneno del odio entre nosotros; cuando está visto que nos necesitamos unos a otros. De ahí la importancia de avivar el diálogo sincero, el brío cooperante, el respeto y el ánimo solidario en nuestro caminar, para instaurar sensatas relaciones entre pueblos y países. Al fin y al cabo, bajo la ola de la globalización, no hay mejor sanación que la cultura del abrazo y la escucha permanente.</p><p>Indudablemente, para mejorar los vientos humanos, tenemos que comenzar por estar abiertos a nuestros propios interrogantes, ganar confianza en un mismo, escuchando con corazón compasivo el grito de ayuda que nos llega de los que sufren violencias de todo tipo.</p><p> La paz, el desarrollo sostenible y los derechos humanos, continúan siendo los grandes desafíos de nuestro tiempo. </p><p>Son bienes que se han de defender y promover con tenacidad, mediante la colaboración donante de todo ser humano de buena voluntad. Esto se consigue desde nuestro específico hábitat familiar.  Por eso, quien arrima el hombro por los vínculos hogareños, está rompiéndose la cabeza también por la quietud de sus gentes. Hacer hogar, en suma, es fundamental para movilizar las conciencias. </p><p>Sea como fuere, no hay que desanimarse ante las pruebas de la historia, sino perseverar en el deber de reorientar la existencia, con opciones sensatas y de calado global. En consecuencia, ojo a las fuerzas negativas, guiadas por intereses perversos, que suelen llevarnos a un pozo verdaderamente destructivo. </p><p>No tenemos tiempo que perder. Precisamente, el sueño del hombre despierto se encamina a oponerse juntos y con firmeza al aguijón de esta atmósfera cruel, a través de la lógica de la justicia y del amor.  En efecto, únicamente es posible restablecer plenamente el orden quebrantado conjugando otros deseos más humanitarios, en beneficio de toda la familia humana.</p><p> Desde luego, a poco que nos adentremos en el pulso del planeta, observaremos un sinfín de inseguridades, de promesas incumplidas, de cesiones a la influencia del mal. </p><p>Bajo este círculo de hipocresía, no podemos resolver el cúmulo de tensiones y controversias, que nos oprimen.  Ahora, cuando tanto se habla de avanzar en una transición honesta y equitativa hacia una economía verde, pues resulta que somos incapaces de ponernos de acuerdo para nada. Jamás olvidemos que el mundo cambia y la vida de todos se regenera sólo sí nos asentamos a disposición de los demás, sin esperar que sean ellos los que comiencen a hacerlo. Son estos gestos solidarios, los que nos hacen situarnos en disposición del cambio y convertirnos en artesanos de una mirada activa.  Con este afán y desvelo positivista es como se anticipan los itinerarios adecuados para poder afrontar estos duros momentos, de tantas divisiones y enfrentamientos entre sí. Edificar una sociedad con un rostro más impecable y solidario, es vital para reconstruir la placidez en nuestras vidas. </p><p>Esto nos exige constancia y tesón para poder revitalizar el sistema social y democrático entre los diversos Estados, promoviendo la acción conjunta y coordinada, mediante el imperativo de lo imparcial, y la promesa de un porvenir más saludable para todos. Hasta que el planeta no sea un espacio fraterno, no tendremos paz ni sosiego.  </p><p>Me consta, por tanto, que sin reforma de nuestro interior es inevitable la pedrada. De igual modo, sin transformación de las instituciones también es insalvable la fragmentación, lo que repercutirá en más crisis de todo tipo, como es el avance real de la pobreza, el hambre y la desigualdad. </p><p>La tristeza se ha hecho aún más angustiosa al observar que, las amenazas son cada vez más complejas, con una debilidad patente de la gobernanza internacional, tanto en los días de valentía como en el turno del miedo. A trabajar toca, pues.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/01/02_corcoba_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La paz, el desarrollo sostenible y los derechos humanos, continúan siendo los grandes desafíos de nuestro tiempo. Son bienes que se han de defender y promover con tenacidad, mediante la colaboración donante de todo ser humano de buena voluntad”.]]>
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                <updated>2024-01-02T00:08:51+00:00</updated>
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            Ahora es el momento de tomar decisiones
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/12/13_corcoba_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>=============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>Tenemos que acercarnos a la peregrinación, para poder conjugar el vivir con el amor; puesto que nada somos por sí mismos y ahora es el instante preciso de permanecer atentos, de tomar la decisión adecuada. </p><p>Indudablemente, hemos de conceder tiempo al tiempo, entrar en un proceso de discernimiento, participar nuestra propia creatividad a los demás, manifestándonos con renovada energía y fuerza de ánimo, a mejorar los caminos existenciales unos a otros.</p><p> No hemos venido para amargarnos la crónica entre sí, sino para cooperar unidos en acciones concretas, utilizando el lenguaje de la escucha antes que la palabra y practicando el diálogo constantemente con el vocablo del respeto. Al fin y al cabo, todo hay que cuestionarlo, y el hecho de permanecer libres respecto a lo emprendido, nos hará exigentes con nosotros mismos y nada posesivos. Un espíritu generoso y libre, suele tomar sus pausas, pero también conquista sus pulsos acordes con los signos distintivos de la conciencia social.</p><p>Ciertamente, en un mundo fracturado y dividido como el actual, no es fácil tomar decisiones conjuntas. El recetario suele ser un fracaso colectivo, que nos está deponiendo al borde del abismo. Dejar a un lado nuestros propios sentimientos, transitar por la indiferencia, lo único que nos hace es pasar a un estado de desolación, verdaderamente deshumano, que nos abate siempre.</p><p> Ahora bien, aunque el aluvión de dificultades sea enorme, la vida hay que vivirla afrontándola con decisión y valentía, con perseverancia y apego al querer, que es lo que en realidad nos seca las lágrimas y nos vierte entusiasmo. Sin duda, la mejor decisión no radica en navegar en la incertidumbre, sino en repensar qué proceder vale y cuál no vale nada. Desde luego, en un período de tan poca solidaridad y de tantas visiones divisorias y miopes, una llamada a trabajar unidos, con temple y principios, alegres con el bien sembrado y sin buscar la aprobación humana, contribuirá a una realización decente.</p><p>A pesar de que cada día contamos con más crisis y con menos dinero para ayuda humanitaria; cuestión que acrecienta la inestabilidad de las poblaciones. </p><p>Además, sabemos que la rabia no es buena consejera para nada ni para nadie; lo importante es retomar la calma y no dejarse vencer, ni tampoco convencer por la ira en la adversidad. Por otra parte, a nadie debería sorprenderle tampoco la decisión de las personas de emprender viajes peligrosos. De ahí, la necesidad de aprender a vivir los soplos de concordia con los vientos de crisis, que es como atravesar el fuego de las penurias para fortalecerse.</p><p> En este sentido, el fundamento de la bondad familiar señala el espacio hacia un crecimiento ecuánime en el que las disposiciones, los sistemas metódicos, los mecanismos y sus procesos, estén particularmente orientados a una mejor repartición de los ingresos, a una creación de fuentes de trabajo como deber y derecho, así como a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. </p><p>En todo caso, cualquier desafío es una elección, es decidirse a tomar la propia savia en verso. Indudablemente, los buenos arbitrajes incluyen perennemente a los demás, no sólo a uno mismo, lo que requiere fortaleza e implicación hogareña.</p><p> A propósito, me llena de satisfacción esas apuestas encaminadas a triplicar la capacidad de la energía renovable, duplicando la eficiencia energética, con la consabida eliminación progresiva de los combustibles fósiles. </p><p>En la misma línea, también me consuela el sueño de que, frente a la desigualdad, se avive la educación y la participación vinculante. Lo mismo sucede con la sanidad, que ha de universalizarse, reforzando la rendición de cuentas por medio de la participación pública en los procesos de toma de decisiones. </p><p>Garantizar la transparencia y enfrentarse a los paraísos fiscales y a los flujos ilícitos, debe ayudarnos a tomar la determinación, de un orbe distinto al presente, bajo los criterios operativos, de la justicia y el fundamento ético responsable. </p><p>La mejor decisión, pues, pasa por situar los derechos humanos en el centro de la formulación de políticas y en activar la obligación de promoverlos, al menos para ganar confianza en los demás, ante esta atmósfera atemorizada, y seguridad en las instituciones que nos rigen.</p><p> No olvidemos que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos; y que, en este sentido, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como faro de esperanza, es el camino para superar la polarización reinante. </p><p>El mayor peligro está en no amarse, sabiendo por si mismo que la historia es mero cultivo diario de encuentros y hallazgos., lo que nos requiere un estilo de relación donante, hasta sentirse hermano de todos. </p><p>Por consiguiente, hemos llegado al ciclo de los afanes y desvelos, uniendo y no separando, extinguiendo el odio con el adiós y no conservándolo, abriendo las rutas del razonamiento y cerrando las puertas que nos enmudezcan el alma. Así sea. </p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/12/13_corcoba_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Cualquier desafío es una elección, es decidirse a tomar la propia savia en verso. Indudablemente, los buenos arbitrajes incluyen siempre a los demás, no sólo a uno mismo, lo que requiere fortaleza e implicación hogareña”.]]>
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                <updated>2023-12-13T21:53:27+00:00</updated>
                <published>2023-12-13T21:45:13+00:00</published>
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            Talantes olvidados
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/12/11_algo-mas-que-palabras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p> =============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>Cualquier momento es bueno para emprender nuevos caminos que nos armonicen; y, de este modo, poder reforzar nuestra nostalgia de hermanamiento en un mundo cada vez más dividido y tenso. </p><p>Sin duda, hay que tomar otras actitudes de dimensión universal, porque hemos de ser uno, aunque seamos distintos. No podemos romper los parentescos que nos familiarizan como linaje, por muchas discrepancias que atesoremos en nuestro diario existencial.</p><p> Estamos llamados a oírnos y a comprendernos. Por eso, es importante entrar en sintonía, poner la escucha y responder sabiamente, ser imparcial en los juicios y ponderar las situaciones desde la prudencia. </p><p>Las controversias realmente se solventan con un espíritu neutral, especialmente en situaciones de conflictos y desastres. </p><p>Desde luego, frente a este aluvión de crisis y enfrentamientos que actualmente sufren todos los continentes, en mayor o en menor medida, es de gran importancia forjar relaciones pacíficas, amistosas y de aproximación. </p><p>Con razón se dice, se comenta, que no existe verdadera concordia si la realidad no se funda en el cultivo del abrazo permanente, en el que cada pueblo pueda elegir, desde la propia libertad de autocrítica, los caminos de su desarrollo solidario y auténtico.</p><p>Al final, a poco que buceemos entre sí y pongamos el talento de la verdad como horizonte, nos daremos cuenta que en realidad todo se complementa; y, aunque pueda parecer antagónico, es cuestión de reconsiderar actitudes arrinconadas. Junto a ello, tan vital como la mano extendida es el vocablo justo en el momento preciso, esa diplomacia preventiva que debe acompañarnos siempre y que es una función esencial de las Naciones Unidas. </p><p>Indudablemente, tal y como está el mundo en trágico desbordamiento de hostilidades, los esfuerzos humanos tienen que encaminarse a un cambio de visiones, que solo se alcanza con un corazón clemente.</p><p>Estoy profundamente convencido, que la unidad de la familia humana, llegará justo en el momento en que todo se descanse en una comunión de donaciones etéreas y no de intereses mundanos. En este sentido, no hay horizonte más positivo, que las Naciones Unidas se hayan comprometido a abandonar la cultura de la reacción; y, en cambio, hayan adoptado la cultura de la prevención. Justo, esta mediación, es la que nos lleva a los acuerdos de paz, poniendo fin a los peligros existentes y evitando el surgimiento a la escalada de problemas nuevos. </p><p>De ahí, la importancia del buen talante, para reconquistar las sensatas iniciativas de caminar unidos.</p><p>Se bien los esfuerzos que requieren los cambios, pero nos jugamos nuestra propia continuidad como especie pensante. El cúmulo de controversias es grande, lo que exige un espíritu de colaboración y cooperación colectiva, entrando en diálogo sincero, con la disposición de atender y entender a las partes en conflicto. </p><p>Los pactos han de ser inclusivos, coherentes con la normativa universal, pues de lo que se trata es de conciliar lo que parecía irreconciliable.</p><p> ¡Qué nadie ceda al cansancio, sino que todos estemos dispuestos a sacrificar los personales dividendos lucrativos, para que triunfe la quietud y el bien común!</p><p>Ahora bien, hay que superar el individualismo, para retomar esos caracteres innatos olvidados. Llegará el día en el que la tierra será morada de un latir conjunto. </p><p>Como estrofa que somos, parte de ese poema interminable vivencial, rezumará armonía en el instante que los vínculos se fraternicen. </p><p>El gozo germina de la mística, apartado de todo poder y recogido con su plena creatividad y responsabilidad, en la infusión del amor. </p><p>Querer es poder, sin duda. Tampoco existe gran talento sin una fuerte grafía. La voluntad es la que nos transforma; y así, el orbe nos crea y recrea cuando los soplos se besan en verso y se envuelven de paz con la mirada.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/12/11_algo-mas-que-palabras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Estoy profundamente convencido, que la unidad de la familia humana, llegará justo en el momento en que todo se descanse en una comunión de donaciones etéreas y no de intereses mundanos”.]]>
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                <updated>2023-12-11T02:51:37+00:00</updated>
                <published>2023-12-11T03:20:58+00:00</published>
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            Un corazón inmaculado en medio de un mundo corrompido
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/12/07_corcoba_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p> =============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>El mundo requiere de voluntades auténticas y trasparentes, unidas y reunidas contra la fiebre del espíritu corrupto, que todo lo embadurnan de inestabilidad y conflictos, poniendo continuamente en peligro el desarrollo social y económico, así como las instituciones democráticas y el Estado social y de derecho. Hay que abandonarse, despojarse de lo mundano, para empezar un camino de conciliación hacia todo aquello que nos vive de verdad. </p><p>Tomemos el testimonio de María, un latido inmaculado y místico, revestido de bondad desde el principio. </p><p>La belleza incontaminada de la Madre del amor hermoso de todos los vivientes, ha de ser nuestro horizonte a abrazar, para que las obras humanas no se vuelvan contra la humanidad, sino que sirvan para el desarrollo vivencial de este poema interminable al que aspiramos, cargado de autenticidad y luminosidad ante las sombras de nuestros andares. </p><p>Lo importante es irradiar cercanía y vitalidad de renovación personal, que es lo que en realidad nos vuelve libres y humanos. Ciertamente, aunque el mundo se hunda en la falsedad, siempre emergerán los brotes de la evidencia a través del amor. No olvidemos que somos hijos del nítido querer celestial, no de la autoridad; y, por ende, el poderío no debe ser lo nuestro, sino la capacidad de entrega y servicio permanente, como poetas en guardia. </p><p>Son esas pulsaciones líricas, inherentes a nuestro palpitar por aquí abajo, las que no hacen entrar en el ser de las cosas y enternecernos con el silencio de sus abecedarios. Así surge el furor de la inspiración, las grandes elevaciones del alma, para que no perdamos el sentido de lo que uno es, absolutamente nada sin la trascendencia del Dios-Creador, del Dios-Redentor, y del Dios-Espíritu; injertándonos en un universo sistémico, previo hacernos verso celeste.</p><p>Lo terrícola es lo que nos endiosa de hipocresía hasta socavarnos al propio aliento que necesitamos para poder caminar. Realmente todo se vacía de pureza y se envicia de perversión.</p><p> La inmoralidad de esta época es tan manifiesta que nos impide crear conciencia de existir, escuchar nuestra voz interior que vale por mil testigos, y dar continuidad poética, al modo de pensar y de vivir. Nunca es tarde, por consiguiente, para repensar nuestro camino. </p><p>La espiritualidad de la Inmaculada Concepción, seguro que nos ayuda a reencontrarnos con lo puro, con ese infinito amor que todo lo abraza, sensible al Poderoso y también a la comunión con aquello que nos acompaña en el trayecto.</p><p> A poco que hagamos un alto en el itinerario, observaremos el singular privilegio de contar con una impecable Abogada, siempre vinculada a nosotros, a fin de que toda la humanidad sea una sola familia. </p><p>La corrupción es un gran lastre que está ahí, en cualquier parte del mundo. </p><p>Tenemos que saber que nunca florece tarde para levantarse de las caídas, y que los linajes, son un sumatorio de ramas que nos embellecen unidos; puesto que, las raíces de nuestra presencia se postran en la gracia infinita del Creador.</p><p> En realidad, nada somos por si mismos. Solo a través de la cooperación y la implicación colectiva, podremos superar el impacto negativo de lo putrefacto. </p><p>Sin duda, hemos de poner en valor la honestidad, la mejor de todas las artes desatendidas. Para ello, contamos con la valentía de María, nuestra eterna Inmaculada, que se resistió a todo soplo corrompido. </p><p>Es cuestión de continuar sus dóciles huellas, de afirmarnos y de reafirmarnos en el sí de la lucha contra el seductor y sus negros estímulos, para que no se contaminen nuestras propias pulsaciones y custodiemos el bien que todos llevamos.</p><p>En un espíritu corrompido no cabe el decoro. Indudablemente, en la concepción inmaculada de María, estamos todos convocados a mostrarnos conformes a la aurora del mundo nuevo, en perenne transformación y en recreación idílica.</p><p> Naturalmente, el pan sucio de la corrupción hay que quitarlo también de este mercado mundano, porque los únicos que pagan el precio son siempre los más vulnerables. </p><p>Se trata de no dejar a nadie en el camino, pues, no es un lema ocioso; ha de ser un plan de acción incesante que abarque toda la visión de los derechos humanos.   Asimismo, Ella, la nívea estrella de la mañana nos reafirma su proclama de bondades y virtudes, junto a la alborada protectora que nos confirma la espera, el nacimiento de la claridad en nuestras vidas, el principio de nuestra esperanza verdadera y el final de los callejones con salida al consumismo. La partida es la pureza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/12/07_corcoba_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“A poco que hagamos un alto en el itinerario, observaremos el singular privilegio de contar con una impecable Abogada, siempre vinculada a nosotros, a fin de que toda la humanidad sea una sola familia”.]]>
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                <updated>2023-12-07T00:01:48+00:00</updated>
                <published>2023-12-07T00:00:30+00:00</published>
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            El respeto a los vínculos de pertenencia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/12/03_cocorba_1_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>=============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>La compostura es el modo primordial para interactuar unos con otros, y con aquello que nos rodea, cimentándonos en una mayor convivencia. </p><p>Rehacerse ante el aluvión de dificultades que nos acorralan, nos reclama fidelidad y unión. La sanación comienza estableciendo vínculos de pertenencia e instaurando lazos de unidad entre análogos. </p><p>Es importante acortar distancias, que se rompan los muros que aíslan y marginan, para reunirse, coordinarse y resolver problemas globales. Desde luego, sí la supervivencia de nuestro planeta depende de la proximidad entre el suelo y el agua, ya que más del 95% de nuestros alimentos procede de estos dos recursos vitales, también nuestra estabilidad humanística proviene de una relación vivida con el corazón. </p><p> Por ello, ante todo, este don solidario que nos sale de adentro, nos llama a acompañar a quien está solo o angustiado, a corregir a quien está confundido, a consolar a quien está afligido, a ser acogedores y a socorrer a quien pasa necesidad.</p><p> Estos valores son los que en realidad nos hermanan, volviéndonos serenos y pacientes, poniéndonos al servicio de los demás con docilidad y entusiasmo, que es lo que en realidad nos desarrolla el espíritu de la comunión fraterna. </p><p>Por consiguiente, la forma más adecuada es depositar en nuestro sello interno el amor más grande con la mayor sencillez. </p><p>Al final solo cuenta el apego y la pasión que injertemos en los pasos que vertamos hacia los demás. </p><p>Esto requiere constancia, valor y libertad interior para poder llevarlo a buen término.</p><p>Las diversas formas de pertenencia representan otras tantas modalidades de compromiso y de participación en los ideales comunitarios. Una cuestión primordial es apartarse de la deshumanización del otro o del enemigo, evitando la incitación al odio y a la violencia. </p><p>En esto, todo el mundo puede contribuir, debe colaborar humanamente en el partido de su vida, regenerando relaciones olvidadas o perdidas. Hoy sabemos que las prácticas inadecuadas de gestión de la superficie terrícola y una mala utilización de los recursos hídricos afectan a la erosión, la biodiversidad y la fertilidad del terreno, así como a la calidad y a la cantidad del ciclo hidrológico. </p><p>De ahí, la grandeza del camino, que no se entiende sin una comunión de vivencias compartidas. </p><p>No separemos, entonces, nuestras propias ligaduras armónicas. </p><p>El sentimiento de dependencia y participación debe obligarnos a reforzar la sujeción de la buena sintonía, con la comprensión necesaria y la escucha suficiente. </p><p>Al fin y al cabo, el mundo de lo único que precisa es de una prohibición vinculante de los ensayos nucleares y lo que requiere es del beneplácito de todos, al proteger tanto a la humanidad como al medio ambiente de sus efectos destructivos. Si acaso, debemos llenar nuestros arsenales interiores de ternura, no de armas, que nos dejan sin alma y abandonados en contiendas demoledoras. </p><p>Indudablemente, la quietud no va a conseguirse hasta que el vínculo de la unidad de espíritu sea real, con una aceptación mutua y un desapego a los intereses mundanos. </p><p>Lo importante es que tengamos claro estas conexiones esenciales entre el bienestar humano y la entrega, entre lo que nos circunda y las vías utilizadas, que más que políticas se han de convertir en poéticas, porque las mejoras en las gobernanzas se conseguirán en la medida que los acuerdos institucionales, nos hagan tomar conciencia de que el manto áspero de la sequía se alarga cada vez más por el planeta, porque no cultivamos las interdependencias de todas las formas de vivir, con autocrítica, considerando los innatos límites naturales. </p><p>Evidentemente, no hay mejor obra que ayudar a robustecer lo que realmente nos enraíza con lo existencial, que es lo que nos dona a todos, la esperanza de una crónica más auténtica que la actual. </p><p>El colapso entre moradores y lo que nos rodea es tan fuerte, que hay que retomar una nueva alianza, que aminore la desigualdad y las absurdas divisiones, dando prioridad a las gentes. Cada cual, consigo mismo, debe propiciar el cambio; sin obviar el nudo de participación, con rendición de cuentas y actitudes responsables. Unamos, pues, nuestras energías para tomar otra reorientación por las sendas de la paz y del verdadero progreso. </p><p>Si en verdad somos hijos del querer, activemos el apreciarnos en nuestros andares, dejemos de encerrarnos en los propios egoísmos, que la belleza radica en ofrecerse y en observar que nadie permanezca en la exclusión. Volvamos a ese fondo de humanidad, reconozcámonos parte, y démonos aliento para sustentarnos y sostenernos como humanos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/12/03_cocorba_1_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“El sentimiento de dependencia y participación debe obligarnos a reforzar la sujeción de la buena sintonía, con la comprensión necesaria y la escucha suficiente”.]]>
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                <updated>2023-12-03T22:03:42+00:00</updated>
                <published>2023-12-03T22:02:07+00:00</published>
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            Esclavitud moderna y cambio climático;   el compromiso de toda la ciudadanía 
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/11/29_CORCOBA_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>=============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p> Todo está supeditado a nosotros y al ahora, lo que nos exige ser guardianes en todo momento o situación. Por eso, nuestra principal tarea por este mundo es la de ser cuidadores, ya no sólo de uno mismo, también de lo que nos rodea. En consecuencia, ante esta realidad que a veces no queremos ver, la peor de las actitudes es la indiferencia. </p><p>Vivir no es esto, es la atención mostrada y la diligencia en escuchar, para socializarse humanamente y poder hermanarse. Tan solo, de este modo, podemos dejar de maltratarnos y ser poesía. Claro está, para ello, hemos de despojarnos de este poder inhumano que nos deshumaniza por completo y enhebrar otros abecedarios más del alma que del cuerpo. </p><p>Para empezar, tampoco me gusta esta atmósfera de absurdas dominaciones que te impide decidir tu propio camino, que te arrincona en la desocupación, restándote la libertad humana de elección. </p><p>Desde luego, todo este clima de inseguridades es un verdadero tomento. Naturalmente, en demasiadas ocasiones, no sabemos qué hacer con nuestra vida. Sólo hay que ver las estadísticas del suicidio, el ambiente de las adicciones o el mismo aburrimiento que despide nuestra mirada, para tomar otros vientos y cuidar de nuestro propio espíritu humanitario. </p><p> Indudablemente, la ciudadanía en su conjunto, tiene que despertar. Por cierto, según recientes estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo forzoso y el matrimonio forzado han aumentado considerablemente en los últimos tiempos.  El aluvión de amenazas, violencia, coerción, engaño o abuso de poder, es tan fuerte e impactante como la velocidad a la que se está derritiendo el hielo en la Antártida, tres veces más rápido que a principios de la década de 1990, lo que nos demanda acción por parte de todos. </p><p>Asimismo, como efecto del deshielo de las capas marinas, se produce el aumento del nivel del mar, lo que pone directamente en peligro la existencia y los medios de subsistencia en todo el planeta. Junto a este caos, también cohabita entre nosotros, el oleaje de crueldades sembradas que nos están impidiendo generar vínculos, hacer genealogía, porque sus simientes son de odio. </p><p>Urge, sin demora, salir de esta barbarie. Para ello se nos otorgó una conciencia, que ha de ponernos en situación de enmendar panoramas y de corregir estos fenómenos de explotación de la gente o ambientales. Las guerras, mal que nos pese, son igualmente elemento de desequilibrio ecológico y de incultura manifiesta.  Ojalá volviéramos al carro de la ciencia y la cultura, sería como hacer memoria y tomar consideración colectiva de la continuidad histórica del linaje, activaríamos además el modo de pensar y la manera de morar estando unidos. </p><p>Sin duda, el deseo de una vida plena forma parte del anhelo de unidad. No hay calor de hogar sin acogida. Lo importante radica en no trastocar valores y en que sea la persona lo verdaderamente trascendental. </p><p>El lenguaje del “tanto tienes, /tanto vales”, hay que reemplazarlo por el pulso del sentimiento. Por consiguiente, ante este bochornoso escenario, tenemos que movilizarnos para no ser cómplices de este mal. </p><p>Arrojar luz sobre las prácticas abusivas y la violación de los derechos humanos, proyectar entusiasmo e ingenio humano para aminorar el círculo vicioso de este caldeamiento climático acelerado, son cuestiones de fundamento vivencial. En cualquier caso, los líderes mundiales no deben dejar que se evaporen las esperanzas de los seres humanos, en la apuesta por un planeta sostenible. </p><p>Sin embargo, las matemáticas del cambio climático no engañan, como tampoco mienten las estadísticas de la esclavitud moderna. Corrijamos el rumbo, pues. ¡Qué no hay humanidad sin el cultivo del amor de amar amor!</p><p>Sea como fuere, con la indignación solo no basta, hace falta también comprometerse con renovadas alianzas; máxime en un momento de graves injusticias y multitud de crisis de todo tipo. La lista de “cosas por hacer”, debe agruparnos solidariamente, promoviendo un mundo más libre y menos opresor, más seguro y más certero.  Estamos en el instante preciso de la renovación, de concebir la tecnología como un bien público mundial, de poner fin al flagelo de la explotación de la persona, lo que requiere un brío nuevo, en bloque y también global, por parte de los diferentes agentes que conforman la sociedad. </p><p>Nada se derrota por sí mismo. Los Estados deben vigilar que su fuero normativo contribuya a encauzar el modo de ver al prójimo, a reconocer en el otro, sea quien sea, un ciudadano libre, dueño de sí y al servicio de los demás. Igualmente, las organizaciones internacionales deben contribuir a los enfoques de proximidad con modelos de comportamientos ejemplarizantes, liberados de todo tipo de prisión cultural, social o económica. </p><p>Al fin y al cabo, todos necesitamos de la custodia de todos, del encuentro entre sí de corazón. Compartir estilos, con la fibra necesaria para poder superar los aprietos, nos hace familia, ¡rehaciéndonos humanamente!  </p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/11/29_CORCOBA_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La lista de “cosas por hacer”, debe agruparnos solidariamente, promoviendo un mundo más libre y menos opresor, más seguro y más certero”.]]>
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                <updated>2023-11-29T23:55:00+00:00</updated>
                <published>2023-11-29T23:53:44+00:00</published>
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            Todos tenemos un final de historia
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/correo-de-lectores/todos-tenemos-un-final-de-historia" type="text/html" title="Todos tenemos un final de historia" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/11/28_compartiendo-dialogos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por eso, cuando nos sorprenda el tránsito y venga la hermana muerte corporal a nosotros, también el miedo nos habrá abandonado, porque gozaremos de ser un inédito ser, para reencontrarnos delante de la mística redentora: siendo poema por siempre sin poder y placidez para siempre sin pena). </p><p>I.- LA MUERTE COMO ENCUENTRO CON EL PADRE</p><p>La hora suprema está en nosotros, </p><p>es el enemigo inexorable del estar, </p><p>pues trata de llevarnos a su poder. </p><p>La deidad no puede haberla hecho, </p><p>porque nada se recrea en el no ser. </p><p>Como retoños de amor y del amar, </p><p>precisamos trascender y ascender, </p><p>dejar este mundo y volver al cielo, </p><p>vincularnos al Creador de verdad, </p><p>asentir lo níveo y presentir el bien.</p><p>La caída fue devorada por la cruz,  </p><p>como parte de la mística de Cristo. </p><p>La florescencia del alma no muere, </p><p>ya que su laurel es nuestra victoria,</p><p>y la sístole de la savia es la alianza.  </p><p>II.- EL JUICIOCOMO ABSTRACCIÓN CON EL HIJO </p><p>Nuestra realidad existencial es Dios, </p><p>y si se vive en la fidelidad al Señor, </p><p>tras nuestro caminar por aquí abajo,</p><p>no poseeremos miedo de hallarnos, </p><p>cara a cara con Él para su proceso. </p><p>¿Cómo será ese instante inexcusable,</p><p>en el que estaré delante del Salvador, </p><p>haciendo balance de las capacidades, </p><p>rindiendo cuenta de los mil talentos, </p><p>a través de un corazón engrandecido?</p><p>Será un examen de conciencia justo,</p><p>un reencontrarse para reconocerse, </p><p>un mostrarse en paz consigo mismo, </p><p>que es como conseguiremos reposar, </p><p>en el paraíso corpóreo de Jesucristo. </p><p>III.- EL REINO CELESTIAL O EL INFIERNO </p><p>COMO LOCUCIÓN CON EL ESPÍRITU </p><p>La redención es el gran compromiso, </p><p>el célebre ofrecimiento de liberación, </p><p>que incumbe al ser humano amparar</p><p>con libertad, acorde con sus labores, </p><p>y conforme a la inscripción viviente. </p><p>Hay que abrirse al Evangelio y vivir, </p><p>vivir en consonancia con la Palabra, </p><p>que es manantial existencial de Vida, </p><p>y hay que hacerlo en pura comunión, </p><p>antes de que nos asfixien las miserias.</p><p>Jesús reaparecido nos injerta un aire, </p><p>un aire nuevo que nos colma y calma, </p><p>que nos pone en el camino del Padre, </p><p>dándonos el espíritu divino como luz,</p><p>con la gracia correctora de la caridad. </p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>corcoba@telefonica.net</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/11/28_compartiendo-dialogos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>(Aquí y ahora, vamos en sueño y somos caminantes, a la espera de la confluencia salvadora. Tras de sí queda nuestra huella, una verdad a la que estamos llamados a enfrentarnos, para dar cuenta del vivencial paso por la tierra.]]>
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                <updated>2023-11-28T03:26:40+00:00</updated>
                <published>2023-11-28T03:25:43+00:00</published>
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        <title>
            Los esfuerzos de la vida nos inquietan
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                <![CDATA[El Heraldo ]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/11/26_CORCOBA_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>El peso de la vida nos interroga, nos pone en movimiento y nos llama a sumar energías siempre, ya que todo se sobrelleva mejor si la carga es repartida. </p><p>Es cuestión colectiva lo de levantar cabeza, lo de tomar aliento en conjunto, lo de despojarse de agobios para restituirse en los sueños. Ahora bien, también debemos tomar tiempo para sentirse uno mismo y rehacerse entre vínculos, para no dejarse absorber por los aprietos existenciales, los momentos de dolor y las derrotas. </p><p>Lo sustancial es que nuestro interior se reavive cada aurora, no se hunda en el abismo, ni se adormezca por la mundanidad, sólo así sabremos mirar más allá del horizonte. Cuidado con volvernos perezosos, conformistas, necesitamos estar vigilantes para no caer en la inercia de los vicios que nos aplastan las vísceras, que es como suspendernos la vitalidad.</p><p>Tenemos que despertar, intensificar nuestras visiones y las ganas de hacer. Por desgracia nos estamos llenando de luces mortecinas, que nos ciegan por dentro y por fuera, impidiéndonos ver la auténtica realidad. </p><p>La confusión, en ocasiones, nos deja sin palabras; pero, incluso, en los tramos oscuros y agotadores de este camino, hay que elevar la mirada y conjugar caricias con ella. No es fácil hallar la senda correcta en un orbe derrumbado por las miserias humanas, endiosado por gentes poderosas que excluyen, por más que digan que no lo hacen. </p><p>Quizás tengamos que hacer en nosotros mismos un alto para escucharnos. </p><p>Seguramente, entonces, hallaremos otros espacios de convivencia, porque dar la espalda a los lamentos nos hace endurecer el alma, justo aquello por lo que coexistimos, juzgamos y nos preocupamos. </p><p>El vacío interior que creamos con este modo de actuaciones, nos cierra la puerta al amor y nos encierra de egoísmos, hasta volvernos injustos, crueles e incapaces de comprender a nadie. </p><p>A esto hay que sumarle, la violencia y el colapso de desigualdades y absurdos que se siembran a diario por todos los continentes, dejándonos al borde del precipicio. La mayoría de las naciones no están satisfechas, se sienten políticamente aisladas. Necesitamos el respeto y el apoyo global, porque nuestras propias vivencias humanas nos llaman a enraizarnos entre sí, sin tantas fronteras ni frentes que nos distancien. </p><p>Hoy, ante un mundo que sufre tanto, ante tanta gente desorientada y en continuo sollozo, es menester acompañar para que no flaqueen las fuerzas y perseverar en la resolución de los problemas. </p><p>No olvidemos que cuanto mayor es la dificultad, mayor será también la satisfacción. </p><p>Es verdad que el mundo tiene que reconstruirse cada día. Por otra parte, si caminando se abren sendas y juntándonos también florecen horizontes, cultivemos el manjar de lo armónico, aunque tengamos los labios secos de esperanza y el pulso de los latidos se halle empedrado. </p><p>El esfuerzo conlleva ese reencuentro gozoso, nuestra recompensa en suma, que genera confianza e ilumina la vida. Quien no lo ha dado todo no ha dado nada. </p><p>Evidentemente, una sociedad sólida no se entiende sin tronco común, sin compromiso de todos sus miembros; es un trabajo que ocupa sus arranques, provocando el sudor de la frente entre los moradores.</p><p> Únicamente, así, podremos avanzar hacia el reino de la concordia y de la lámpara. Redoblar el ardor de la cotidianidad siempre es saludable, pues la vida no es un juego, sino una tarea en común para hallarse armónicamente. </p><p>Tan sólo haciendo familia, se pueden custodiar nuestros pueblos y ciudades. </p><p>Negar esta evidencia, contradice el esfuerzo humano, que debe ser tanto anímico como corporal. </p><p>Puede que precisemos este coraje más que nunca, ante la colosal crisis humanitaria originada por la propagación de los conflictos armados, por la persecución y el desplazamiento forzado de tantos seres humanos en busca de una mejor existencia; como también por despojar a las familias de sus libertades y derechos fundamentales, violando su dignidad humana, o el mismo derecho y deber, a un decente trabajo. </p><p>Tengo la convicción, de que la reconciliación entre culturas y cultos, contribuirá a promover la justicia social  y la cercanía necesaria para fraternizarse, ya no sólo de lenguajes, sino de ritmos.</p><p> Tengamos presente, pues, que los que se aman a golpe de verso; con éste entrelazan el amor al universo, enlazando anversos con reversos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/11/26_CORCOBA_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La mayoría de las naciones no están satisfechas, se sienten políticamente aisladas. Necesitamos el respeto y el apoyo global, porque nuestras propias vivencias humanas nos llaman a enraizarnos entre sí, sin tantas fronteras ni frentes que nos distancien”.]]>
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                <updated>2023-11-26T23:03:07+00:00</updated>
                <published>2023-11-26T23:02:05+00:00</published>
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            Situaciones que nos desgarran 
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/11/22_corcoba_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>=============================</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO</p><p>Escritor</p><p>corcoba@telefonica.net	</p><p>============================= </p><p>De un tiempo a esta parte, se están viniendo abajo tantos sueños, que todo parece desmoronarse y encenderse en mil conflictos anacrónicos, dejándonos en un verdadero caos. Tanto es así, que estamos más solos y divididos que nunca, acompañados por diversas ideologías, creando nuevas formas endiosadas existenciales, de pérdida del sentido natural y social, bajo una supuesta ración de intereses egoístas. El avance de este globalismo suele favorecer normalmente la ley del más fuerte, haciendo a los pueblos más débiles y pobres, con unas gentes más vulnerables y dependientes. Hoy más que nunca, por consiguiente, necesitamos conquistar otros lenguajes y avivar otras realidades basadas en la capacidad de trabajar unidos para superar las divisiones, favoreciendo la paz y el espíritu fraterno entre semejantes. Sin duda, tenemos que abrirnos a la vida, poner fin a este mundo de desastres, donde los derechos de los niños están en peligro 34 años después de la adopción del tratado para protegerlos. En efecto, unos 400 millones de menores de edad, aproximadamente el 20% de la población mundial infantil, viven en zonas de conflicto o huyen de algunas de ellas, acaba de señalarlo la agencia para la niñez de Naciones Unidas.</p><p>Lo mismo está sucediendo con nuestros mayores, el sistema suele arrinconarlos, impidiéndoles que no puedan vivir este periodo de su vida con alegría y serenidad. Además, con creciente matraca se llega incluso a proponer la eutanasia como recurso para resolver ciertas situaciones difíciles. Por otra parte, las continuas violaciones de derechos humanos en todos los países, suelen dificultar el acercamiento, hasta el extremo que el nivel de sufrimiento de muchas gentes es inimaginable, fruto de contiendas inútiles y de inseguridades manifiestas. La cuestión es grave, muy grave, gravísima. Necesitamos líderes auténticos, con capacidad de entrega y generosidad, que no manipulen las diversas atmósferas, sobre todo hacia la actitud de cuestionamiento y confrontación. A todos nos afecta todo. Intentemos, pues, activar los sueños de corazón a corazón. Dejémonos proyectar por un orbe más unido y fuerte, con unos moradores sensibles a los diferentes agentes que conforman la sociedad, lo que conlleva tomar un rumbo común y acoger la apertura universal hacia los grandes ideales que forjan la existencia mística de lo auténtico, bondadoso y equitativo. </p><p>Realmente nos destroza la pasividad de unos hacia otros, la falta de implicación y un relato más verdadero. Caminar indiferentes ante el dolor ajeno y haber perdido el deseo de un mundo más conciliador, nos deja sin percepción. Realmente cuesta asimilar esas imágenes, que nos muestran una multitud de personas moviéndose a través de un entorno de destrucción, con escenas desgarradoras de familias enteras cargando sus pertenencias a pie y en condiciones inimaginables. En cualquier momento, toda la población del mundo está expuesta a los bombardeos. Para desgracia de todos, no hemos pasado página de estas crueldades que nos amortajan el propio espíritu humano. Tenemos que interpelarnos; cada cual, desde su rincón viviente, destronar fronteras inútiles y frentes nocivos, para reponer esperanza y poner en gestación un mundo abierto. El mayor peligro que nos acecha es haber perdido la capacidad de amar, y supeditarlo todo al interés mundano; a don dinero, que realmente todo lo vicia y envicia de falsedades, lo que origina, una vida cerrada a toda trascendencia y encerrada a meros intereses individuales, volviéndonos gentes sin alma, siempre en estado provocativo y con la retórica incendiaria. El desarrollo económico no sirve de nada, si antes no practicamos la conjugación del amor, en todos los tiempos y para todas las edades. Tenemos que poner en valor otras valías más donantes, porque la concordia únicamente llega desde un cultivo cooperante de entrega incondicional, plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana. Insisto, una vez más, en la necesidad de sentirse hogar. Únicamente, de este modo, podremos entrar en sanación. Por ello, hace falta que la política se torne más poética. Sin duda, se requieren verdaderos poetas que sepan reconstruir, equilibrar y reorientar la globalización para evitar sus consecuencias separadores. Ciertamente, tenemos mucho que reparar. El relativismo no es la solución, hay que acostumbrarse a desenmascarar situaciones y a llamar a las cosas por su nombre. En efecto, la verdad y el consenso nos harán repensar las diversas situaciones vividas, y replantearnos el gusto de reconocer a nuestro semejante, aunque tenga visiones distintas a las nuestras. Desde luego, la efectiva superación llega de la mano de la cultura del diálogo como abecedario y de la colaboración entre sí como método. Pongámoslo en práctica, ¡abramos coloquio!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2023/11/22_corcoba_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“El mayor peligro que nos acecha es haber perdido la capacidad de amar, y supeditarlo todo al interés mundano; a don dinero, que realmente todo lo vicia y envicia de falsedades, lo que origina, una vida cerrada a toda trascendencia y encerrada a meros intereses individuales”.]]>
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                <updated>2023-11-22T23:32:43+00:00</updated>
                <published>2023-11-22T23:31:53+00:00</published>
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