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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-06-19T16:30:04+00:00</updated>
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            Protejámonos dignamente unidos; o nos sepultamos solos
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Latido a latido es como se consigue todo. No existe el hundimiento, salvo cuando dejamos de batallar juntos y nos desalentamos separándonos entre sí; máxime en un momento en el que nos hemos globalizado, lo que nos demanda poner a prueba la gran promesa de seguridad para todas las personas, se hallen donde se hallen. Setenta y cinco años después de la adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, tras la Segunda Guerra Mundial, esa promesa continúa estando vigente y es uno de los compromisos más claros de la comunidad internacional: Que aquellas personas que se han visto forzadas a huir no sean devueltas a una situación de riesgo y puedan vivir con dignidad, aunque estén desplazadas.&nbsp;En un orbe plagado de conflictos, hasta que todo el mundo esté a salvo, sin que le falte la justa comprensión y la básica asistencia, no habremos conseguido el objetivo humanitario. Comencemos, pues, porque las instituciones, con sus gobiernos al frente, sean ejemplarizantes a la hora de mantener el apoyo vital y defender sistemas de asilo justos y accesibles. Desde luego, la seguridad no debe vivir a cuenta de la nacionalidad, la riqueza, la raza, la religión, el género, la opinión política o la situación migratoria. Hay protección únicamente cuando los ciudadanos desplazados puedan vivir sin temor y reconstruir sus existencias, sin exclusiones; para ello, es preciso universalizar y salvaguardar el derecho a solicitar refugio, con oportunidades reales para alcanzar la autosuficiencia.&nbsp;Ojalá aprendamos a caminar hermanados; la cuestión no es fácil, pero tampoco imposible. Es cierto que la ciudadanía atraviesa una profunda crisis anímica y cultural, que se exterioriza en múltiples hechos de violencia, polarización y desconfianza recíproca. Quizás tengamos que aprender a querernos a nosotros mismos, para poder querer a los demás. Esta experiencia de cercanía, nos recuerda también el valor de la concordia y del paciente esfuerzo de cada ser, por acoplar siempre la firmeza de las convicciones con la benevolencia del diálogo y la grandeza del servicio. Con el paso de los años, yo mismo he comprendido que el bienestar es real, cuando reconozco la avenencia con todas las gentes del mundo, sin excepción alguna.&nbsp;Sea como fuere, es público y notorio, que la unión genera vínculos que nos fortalecen, sobre todo en las cosas necesarias, en cuanto comunión íntima de vida y amor que somos, como familia natural, mientras la discordia todo lo debilita. Así, cuando estalla una pugna, se reaviva un trance latente o se desata una catástrofe. Los individuos se ven forzados a abandonar sus hogares y pertenencias. La labor benefactora, es estar a su lado y asegurarse de que reciben la protección y la asistencia que solicitan. Urge, por consiguiente, hacer frente a esta cuestión de manera eficaz; lo que nos exige actuar de común acuerdo, con espíritu solidario, sin excesos ni despilfarros. Al fin y al cabo, lo trascendente no radica sólo en mantenerse vivo, sino en sustentarse vivencialmente compasivo.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;La humanidad tiene que humanizarse, por deber. Su genética está radicada en el deseo del bien y la bondad, en el cultivo de la verdad y de la virtud, ya que no concurre para destruirse. Perseverar con la mirada limpia facilita el reencuentro, saber estar juntos, haciendo culto a la cultura del abrazo y a los cuidados ineludibles. Levantarse de las caídas, salir de los espacios que fragmentan, es viable. Ahora bien, la honestidad requiere vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación universal contra los traficantes, amparo afectivo y efectivo a las víctimas, procesos leales y fieles de acogida e integración y políticas más poéticas, que permitan a cada persona morar con decencia en su propia tierra. Seamos todos, entonces, noble calor de hogar; al menos, para no temblar de innoble frío.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La unión genera vínculos que nos fortalecen, sobre todo en las cosas necesarias, en cuanto comunión íntima de vida y amor que somos, como familia natural, mientras la discordia todo lo debilita”.]]>
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                                <updated>2026-06-19T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-19T16:30:00+00:00</published>
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            Nos asalta el temor;  el terror nos espanta
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WloOMXoaBhErIsM91QP3xUq9irc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Con la ayuda de Radio María, en paz me acuesto y enseguida me duermo. A veces me temo a mí mismo, cuesta tanto percibirse como comprender a los demás, entender el llamamiento de la naturaleza como atender a la evocación del donarse y de no servirse de nadie. Ciertamente, el tiempo de ruta está bien claro, desvivirse por vivir como un poeta en guardia, que todo lo embellece y luego lo comparte y, además, lo simpatiza. La convivencia es la vivencia de un modo y una manera de vivir la libertad, &nbsp;sin conveniencia.Cultivar la purgación y practicar el corazón, es un saludable propósito. Sin embargo, el pánico nos sobrecoge cada día, ante la imposición de intereses mundanos que nos dejan sin voz y nos niegan la dignidad, con la indecencia de la exclusión.&nbsp;Moremos en la poesía que somos y despojémonos del poderío mundano que no somos. En cualquier caso, no impongamos nada y propongamos todos. Despojémonos de esos aires terroríficos que nacen del odio, que se sustentan en el desprecio hacia toda existencia y que son un verdadero crimen contra la humanidad.&nbsp;Por tanto, no basta reprimir los recelos, suspender las luchas, hay que tender a un aire conciliador que nos reconcilie los ánimos, dentro de las familias y de la sociedad. Que esta noble nación de España, como ha dicho en su viaje apostólico el Papa León XIV, en su encuentro con los miembros del parlamento español, jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar el futuro, en comunión y en comunidad, con la franqueza del diálogo y la grandeza del servicio.&nbsp;Esta proverbial “Tierra de María” que San Juan Pablo II quiso llamar, puede ofrecer sus místicos latidos, contra la furia del enemigo.&nbsp;Para empezar, cuenta con una lengua que une continentes, aunque también caminemos por gargantas tenebrosas; y tiene, además, una experiencia histórica; &nbsp;que nos recuerda el valor de la concordia y del esfuerzo paciente para cimentar una relación apacible y ecuánime. La bondad, aunque sea cultivo de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos.&nbsp;Pongamos pasión, pues. Únicamente el verdadero amor es el que nos aproxima, nos trae felicidad y nos atrae hacia ese calor de hogar, tan vital como preciso; ya &nbsp;que nuestras propias voces interiores necesitan sentirse acompañadas y acompasadas, por esos tonos y timbres vinculantes y alentadores.&nbsp;La ciudadanía tiene que dejar de producir diente con diente para ofrecer pulso a pulso, la mejor de sus pausas, los latidos del alma e ir tejiendo lazos donde poder sembrar la semilla del verso, que se hará poema y limpiará todas las penas.&nbsp;Que nada nos turbe, ni tampoco nos espante, si sumamos fuerzas y secamos lágrimas. Ciertamente, nos merecemos otro mundo más hermanado, que reconozca esas madres que ya no pueden alimentar a sus hijos, o esas familias obligadas a abandonar sus pertenencias para huir de la violencia o esos niños privados de escuela desde hace años. Hay que salir de este abismo; y, el espíritu humanitario que todos llevamos consigo, debe estar ahí, en primera línea, manteniéndonos incorporados a la responsabilidad de la acción.&nbsp;Estamos obligados, en consecuencia, a repensar y a preguntarnos a dónde nos estamos encaminando o, mejor aún, hacia dónde nos estamos arrojando.&nbsp;Desde luego, no faltan razones para un cambio. Nos lo recordaba en su discurso también el Santo Padre León XIV, con motivo del viaje apostólico y el encuentro con la comunidad diocesana, en el Estadio “Santiago Bernabéu” (Madrid), con la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén. Hoy, enmendar representa parada y escucha, pues es en la pluralidad de voces y visiones, donde se realza la claridad, haciendo que todos nos sintamos como en casa.&nbsp;Al fin y al cabo, el futuro depende de todos nosotros, del respeto que nos tengamos y de la alegría que sembremos.&nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WloOMXoaBhErIsM91QP3xUq9irc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La ciudadanía tiene que dejar de producir diente con diente para ofrecer pulso a pulso, la mejor de sus pausas, los latidos del alma e ir tejiendo lazos donde poder sembrar la semilla del verso, que se hará poema y limpiará todas las penas”.]]>
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                                <updated>2026-06-11T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-11T16:00:00+00:00</published>
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            El arte de la escucha y del diálogo; en un mundo deshumanizado y cambiante
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-arte-de-la-escucha-y-del-dialogo-en-un-mundo-deshumanizado-y-cambiante" type="text/html" title="El arte de la escucha y del diálogo; en un mundo deshumanizado y cambiante" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La humanidad requiere ponerse las pilas, o sea, ser más corazón que coraza. No podemos continuar con esta situación de bochornos inestables y de acciones inhumanas, que nos sorprenden a diario por cualquier esquina del planeta. Necesitamos salir de estos empedrados de pasividad y ponernos en la acción solidaria a caminar juntos, para reencontrarnos afablemente, en esta época en el que la inteligencia artificial ya afecta a muchos perímetros de nuestra existencia e incide en decisiones que modelan la convivencia. Desde luego, es vital el fomento de la cultura del abrazo sincero, para poder entrar en conversación. Por ello, se requiere jugar limpio, que es como se gana la confianza entre las civilizaciones, a fin de fortalecer las relaciones entre las naciones y reforzar la adhesión mundial.&nbsp;En comunión y en comunidad todo se logra, lo significativo es tener claro el camino a seguir, que no es otro, que el de la concordia. Quizás tengamos que ramificarnos a una paz más mística que mundana, más de espíritu justo que de ausencia de contiendas. En consecuencia, el recurso a los artefactos no es la solución para dirimir los litigios, sino la mano tendida y extendida siempre, totalmente desarmados y con el lenguaje del entendimiento, que es lo que nos hace mantener viva la cuestión de lo humano. Tanto es así, que tampoco avanzamos, sin la reconstrucción de aprender a reprenderse uno mismo, para poder servir, dándonos. En efecto, somos ciudadanos en servicio, con pulso libre e intelecto dotado de conciencia, capaz de reencontrarnos y de hacer hogar en nuestra casa común.&nbsp;Esto requiere estar en guardia, con voluntad de auténtico penitente poeta, observando la diversidad y ejercitando el espíritu creativo, para hallar un terreno común a la hora de abordar los apremiantes retos actuales, franqueando los choques de intereses y de ignorancias, que no es nuestra misión, sino la de contribuir en última instancia a una ambiente armónico, donde reine el bienestar, el desarrollo y el progreso. Ciertamente somos una realidad universal, pluralista, que no debe ascenderse, sino bajarse y hacer recogimiento, en favor de un espacio donante, patrimonio del verso y la palabra, donde la fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, se traduzca en un compromiso tan enérgico como real. &nbsp;Hoy más que nunca tenemos que abandonar estas narrativas mundanas, que suelen ser muy políticas pero nada poéticas. Sólo hay que ver, su afán de alejar y desunir, para sentir la poca sintonía y la falta de respeto, que nos tenemos los ciudadanos entre sí. Sin duda, hemos de despertar de este mezquino sueño, sabiendo que únicamente unidos lograremos alzar un futuro, no para los privilegiados de siempre, sino para toda la genealogía humana. Precisamos, pues, ser personas de bien, gentes de palabra, haciendo madurar lo que somos, la vivificante historia de la civilización del amor de amar amor. Esto se refrenda, no con armas, sino poniendo alma en aquello que se hace, lo que se requiere destronar muros y abrir horizontes de esperanza.El aluvión de adversidades nos demanda el encuentro, jamás el encontronazo. Naturalmente, debemos recobrar el apasionamiento del equipo en las cosas necesarias, siendo humanitarios y libres en todo momento, sabiendo además que la convicción mueve montañas, porque la caridad bien entendida, empieza por uno mismo a regenerarnos. Lo hemos podido contemplar, en la multitud de miradas de jóvenes que acudieron a la Plaza de Lima (Madrid), en la Vigilia de oración, dentro del viaje apostólico a España, del Papa León XIV, donde los organizadores diseñaron un festival de fe sensatamente vivido, combinando la música, con los testimonios y la oración. Son, precisamente, estos entornos resplandecientes; los que nos transfiguran y nos trascienden. ¡Qué se propaguen!&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Es vital el fomento de la cultura del abrazo sincero, para poder entrar en conversación. Por ello, se requiere jugar limpio, que es como se gana la confianza entre las civilizaciones, a fin de fortalecer las relaciones entre las naciones y reforzar la adhesión mundial”.]]>
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                                <updated>2026-06-08T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-08T16:00:00+00:00</published>
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            Somos agentes de cambio; pero hagámoslo desde el respeto
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En este mundo nada permanece, cada pequeño gesto cuenta, la cuestión es aprender a reprenderse en el cambio, escucharse y quererse para no lastimarse con la transformación; que ha de ser, desde luego, menos mundana y más mística.&nbsp;Por tanto, no es cuestión de beneficiarse, ni tampoco de dominar; sino de amarse para poder amar aquello que nos acompaña o vive en nosotros. En consecuencia, no pasemos de un extremo a otro, repensemos la situación; y, aún más, seamos responsables, tampoco permutemos la salud por la riqueza, ni la libertad por la influencia. Lo sustancial es mantener intactas nuestras propias raíces humanas, batallar en familia intercambiando sueños, tejer pensamientos en común y compartir deseos que nos embellezcan.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Resulta improcedente hablar de reformas sin hacer referencia a las formas, ni a los fondos, que nos motivan a realizarlas.&nbsp;Todo tiene que sustentarse en un sano quehacer y en un mejor obrar. Es verdad que tenemos una misión que realizar, es cuestión de descubrirla y trabajarla en comunión y en comunidad. No hay rincón que nos circunde y permanezca callado. Nuestra propia casa común ya nos está hablando.Y lo hace con temperaturas récord, incendios más atroces, tormentas extremas y glaciares que desaparecen frente a nuestra visión. Asimismo, está creciendo otro impulso, el de la reacción colectiva; comunidades que restauran ecosistemas, ciudadanos que activan energías limpias, transformando ciudades y hogares. &nbsp;Indudablemente, las evoluciones pasan por entenderse y atenderse, respetándonos entre sí. Cualquiera que mire al pasado o al presente, se perderá el futuro, que es de cada uno de nosotros; tan sólo hay que querer formar parte de ese poema necesario que, además ha de ser perfecto para que nos armonice en su tono más níveo, el azul transparente, tiene su oleaje de emociones y vivencias.&nbsp;En realidad, nuestro potencial creativo es inmenso; y, como tal, ningún progreso puede subsistir alocadamente, lejos de su sentido natural y humanitario. Luchemos, por consiguiente, contra los espíritus contaminantes, para devolvernos la hermosura de nuestros andares y hagamos el propósito de no violentar su pureza. &nbsp;Las masas humanas más temibles y terribles, precisamente, poseen su punto de enloquecimiento en el miedo al cambio, se lo han inyectado en vena el veneno, y rehúsan cualquier alteración o novedad.&nbsp;Sea como fuere, pedimos el buen talante, así como todos los talentos, y la implicación colectiva hermanada. Cada uno de nosotros está llamado a actuar, pero también debemos proceder unidos, empezando por los gobiernos y las instituciones, las familias y las personas.Es bueno unirse y reunirse para superar las crisis y vencer los prepotentes intereses que dificultan nuestra importante respuesta fusionada; pues son aquellos latidos conjuntos, los que facilitan y mantienen una vida sostenible, en armonía con la naturaleza.&nbsp;Por eso, es saludable conocerse y reconocerse, para modificar nuestra propia trayectoria vital. Incluso hay esperanza, para evitar el contagio del ánimo deshumanizador e inhumano, que nos invade.&nbsp;Sobreponerse de esta atmósfera injusta no es fácil, pero aún tenemos aliento, para volver a optar por el bien y regenerarnos.&nbsp;Sin duda, debemos vivificar cuanto antes los mejores recursos de nuestra naturaleza benigna, las virtudes innatas del amor, la compasión y el altruismo. El mayor caudal que la ciudadanía ostenta es la capacidad de diálogo que nos lleva a encontrar nuevas sendas. Pararnos a contemplar es lo que nos engrandece el corazón y nos hace discernir, aplanar las tapias de la hostilidad y vencer la arrogancia con la humildad. Ahí radica, la verdadera fibra del cambio.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“En realidad, nuestro potencial creativo es inmenso; y, como tal, ningún progreso puede subsistir alocadamente, lejos de su sentido natural y humanitario. Luchemos, por consiguiente, contra los espíritus contaminantes, para devolvernos la hermosura de nuestros andares y hagamos el propósito de no violentar su pureza”.]]>
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                                <updated>2026-06-04T16:30:06+00:00</updated>
                <published>2026-06-04T16:30:00+00:00</published>
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            Capacitar a todas las familias;  para que nadie tiemble de frío
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Nuestro principal deber es hacer comunión y comunidad, generar vínculos y tomar el aire de los sueños compartidos. Sin calor de hogar, nada somos, necesitamos sentirnos cobijados y acompañados. Cualquier ser pensante, que se sienta solo en el planeta, es un ser que tirita de crudeza. Es cierto, que el lazo que nos une como auténtica familia, no tiene porque ser de sangre, sino de respeto y de alegría mutua. Rara vez los miembros de un mismo linaje crecen bajo el mismo techo. Esto nos demanda a ser más corazón que coraza. La vida nos requiere implicación; por tanto, ser progenitores es un viaje lleno de estima, de desafíos y de aprendizaje sin fin. De ahí, la importancia de empoderar a todas las genealogías para que puedan ir hacia adelante.Ciertamente, nos requerimos conjuntamente, ya sea para el desarrollo de habilidades, para dar autoridad o permiso, o para ganar fuerza o autonomía. Ser antecesores justos, es el trabajo más importante del mundo, yo diría que el primordial. Sin embargo, aún muchos ascendientes no disponen del tiempo y tampoco del apoyo preciso, para estar con sus retoños.En efecto, la implicación de los padres es vital para el bienestar y la salud integral de los niños, incluso para su éxito académico. Será benigno, por consiguiente, continuar ahondando en nuevos marcos normativos de protección a las familias, que permitan entornos más favorables a la savia hogareña, incorporando la perspectiva de género, reconociendo y protegiendo la diversidad de modelos de convivencia conyugal.Una mejor conciliación laboral y familiar, debe ser una cuestión social prioritaria en cualquiera de los rincones del orbe, a la vez que impulsar la igualdad de oportunidades, la lucha contra la pobreza y la exclusión social. En consecuencia, la financiación de servicios y programas sociales de protección a la parentela, así como la atención a la pobreza infantil, la considero más esencial que nunca, cuando todo se disgrega y se divide, por esa falta de comprensiva concordia y exceso de egoísmo. Por desgracia, la lógica individualista y mercantil del intercambio interesado tiende a violentar incluso el ámbito de las relaciones interpersonales, volviéndolas falsas y frágiles, mientras que sería bienhechor afianzar lo contrario, que los valores de la estirpe humanizasen el mercado.Es evidente que el futuro de la humanidad pasa por el tronco humanitario, no por ser una sociedad competitiva, donde parece que únicamente los briosos y los ganadores merecen vivir; como si tan sólo las estructuras económicas e institucionales, fuesen lo prioritario. Ojalá aprendamos a reprendernos, a valorar y a reconocer en las personas un valor cardinal, el del amor de amar amor, por encima de cualquier sistema de producción en masa, que lo único que hace es esclavizarnos y corrompernos. Quizás sea saludable despertar, asociarse y oírse, evitando nuevas concentraciones de poder dominador, que para nada tienen en cuenta el enlace entre la docencia y la decencia del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las filiaciones de llevar una vida digna.Son los ciudadanos los que deben contar, cada uno de ellos y sus proles. Y en este sentido, tampoco podemos perder la esperanza de trabajar unidos en pos del bien colectivo, lo que significa tener un proyecto compartido. Ser hijo de unos buenos patriarcas, ¡qué gran riqueza es! Unos sensatos predecesores valen por cientos de maestros. No podemos descuidar el uso de nuestras herramientas afectivas. Esto no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia el sentido natural. Precisamente, creo que urge la labor de un equilibrio más ético, por ejemplo entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo con el que madura la conciencia, el rol de madres y padres por concebir un mundo más de todos y de nadie en particular. O sea, ¡humano!</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El futuro de la humanidad pasa por el tronco humanitario, no por ser una sociedad competitiva, donde parece que únicamente los briosos y los ganadores merecen vivir; como si tan sólo las estructuras económicas e institucionales, fuesen lo prioritario”.]]>
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                <published>2026-06-01T16:30:00+00:00</published>
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            Perseverarse humanos; toda una identidad beatífica
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La humanidad requiere humanizarse, permanecer en su propia identidad de ser humano, no endiosarse y mucho menos aún mercantilizarse, pues no hay mayor riqueza que volver a ser el verso níveo reencontrado consigo mismo, en su propio tronco místico, que es lo que realmente nos da vida y nos hace ser lo que somos, amor y nada más. Sin duda, nuestra primera misión es dejar de engañarnos, eclipsados por un mundo cada vez más inhumano, que no entiende nada más que de poseer y tener; cuando lo vital, radica en darse y en donarse. Ahí reside el verdadero avance humanitario de la solidaridad, en un corazón abierto al otro, con una mente que sabe escuchar, en continuo diálogo para reducir preocupaciones y afianzar vínculos que repueblen lazos de comunión y comunidad.&nbsp;Por otra parte, la realidad es la que es, o bien nos movemos entre alborotos o en letargos. &nbsp;Sea como fuere, no es nada fácil mantenerse con el espíritu humano en una época de contrariedades manifiestas, donde la falsedad es el abecedario universal y la ley de la selva está resurgiendo por doquier. Olvidamos que todos nos requerimos, al formar parte de una concurrencia de latidos, conjuntamente necesarios e imprescindibles. De ahí, la importancia de compadecerse y de apaciguarse, en medio del aluvión de conflictos generales que nos asolan. En consecuencia, antes de que sea demasiado tarde, acabemos con la debilidad colectiva en torno a las armas nucleares y fortalezcamos la cultura del abrazo y el entendimiento, con las vías del razonamiento, la diplomacia y la negociación. Nos vendrá bien que, en un momento de crecientes tensiones, pongamos orden en nuestras existencias. Está visto que el ser humano es bueno por naturaleza y que la maldad toca lo antinatural. Realmente esta afirmación, lo que nos pone visible, es que parte de la creación lleva inscrita una bondad originaria y una verdad notoria, que nuestra frágil mirada debe custodiar, cultivando la caricia en la mirada y madurando composturas; puesto que ningún país está por encima de otro, ni debe abusar de su potestad para acometer. No hay nada más embellecedor que el respeto entre semejantes y la cordialidad entre análogos. Será un buen modo de promover la comprensión y de suscitar la igualdad de todas las naciones en términos de derechos y oportunidades. &nbsp; Lo armónico empieza con cada uno de nosotros; es cuestión de aprender a reprenderse uno así mismo, de ponerse en acción como esas fuerzas de mantenimiento de la concordia, que sacrifican sus vidas cada día por los demás. El que todos podamos florecer, exige una corresponsabilidad valiente de que el sentido humano prevalezca sobre el interés frívolo, pero también un discernimiento cooperante de persistir caritativos; tanto para poder interpretar las dinámicas de la globalización, como para poder inspirar un orden internacional más justo y pacífico. Lo trascendente no es simplemente mantenerse enérgico, sino aguantar benigno en este valle de desconsuelos por el que transitamos a diario. El saber no se salvará sin la certeza, pero la certeza sin el saber, tampoco será humana. &nbsp;Todo es correspondencia. Siempre he pensado que, si bien el individuo esperanzado en la condición humana es un soñador, el que desespera de los hechos y no espera un cambio es un miedoso, lo que nos requiere a todos vivir como poetas en guardia, al menos para no correr el riesgo de desviarnos hacia metas engañosas. Al observar nuestro tiempo, no podemos ignorar algo tan esencial como la tutela de los derechos humanos, que no deben quedar por debajo de los beneficios o el poder. De hecho, la calidad del desarrollo, ha de medirse por su capacidad de mantenernos humanos, que es lo que fomenta la unión y la unidad, favoreciendo condiciones existenciales dignas, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, atención y cuidado de la creación. ¡Buen propósito!&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El que todos podamos florecer, exige una corresponsabilidad valiente de que el sentido humano prevalezca sobre el interés frívolo, pero también un discernimiento cooperante de persistir caritativos; tanto para poder interpretar las dinámicas de la globalización, como para poder inspirar un orden internacional más justo y pacífico”.]]>
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                                <updated>2026-05-29T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-05-29T16:30:00+00:00</published>
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            No hay horizonte, sin calor de hoguera
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5BhCdRK5ay-gPRe8LMRQ2bhXuHI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/10/corcoba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp; Pongámonos en camino, o sea, en el quehacer cotidiano. Naturalmente, todo esto debe tenerse en cuenta iluminando cada dimensión de la actividad humana, no desde el individualismo, sino desde el compartir, haciendo familia, que es como se custodian voces y rostros humanos. Hoy más que nunca, precisamos que la concordia como deseo y vocación, nos congregue a reflexionar, sobre lo que significa ser artífices de lo armónico en momentos muy complejos, conflictivos e inciertos. Para empezar, tenemos que avivar el encuentro, con el testimonio doméstico del calor de casa, el único capaz de enseñar muchas más cosas de las que pueden decir las palabras. No tenemos otro horizonte más sublime, que allí donde el ser humano viene a la luz.&nbsp;En efecto, sin esa llama de auténtico amor, todo se desvanece y se derrumba. Son en las raíces de uno mismo donde se aprende humanidad, anteponiendo el auténtico amor, en continuo ofrecimiento natural, por encima de cualquier otro interés y pretensión. Está visto, que nuestra época tiene necesidad de esta sabiduría vinculante para humanizar los nuevos descubrimientos, y no tomar la vía inhumana, que nos deshumaniza por completo. Por ello, la tarea ahora fundamental, al habernos globalizado con lo que esto supone de universalización, es reconstruir pueblos y ciudades inclusivas, resilientes y capaces de proporcionar vivienda segura y oportunidades para todos, garantizando al mismo tiempo que nadie quede atrás. Sin embargo, cada día tenemos más desempleados, hambrientos o sin techo.Indudablemente, el hogar es donde comienza la dignidad. No hay otra alianza más nívea que la mística cognición progenitora, la que por cierto, debe ser profundamente reconstituida en la cultura actual. Porque es desde este lazo familiar de sensatez y humanidad desinteresada, como podemos influir positivamente en la construcción de un orbe más justo y fraterno. Comencemos por poseer una vivienda adecuada, con acceso a agua limpia y saneamiento, con la energía suficiente para cocinar comida o calentar e iluminar. Se trata de dar, tenencia a lo básico. Sea como fuere, el futuro de la humanidad se proyecta en la familia, forjando comunión y comunidad entre sus miembros, hoy con frecuencia tentada por el desánimo y apenada por las dificultades. &nbsp;Está bien que, ante los crecientes aprietos, miremos a las estrellas, pero no olvidemos de encender la lumbre en el nido. Seamos como llamas que enciendan otras llamas, en las relaciones familiares.&nbsp;Nuestra perspectiva es la morada, donde se ubica el amor y los seres que nos esperan, con la llave del corazón siempre abierta. Esto requiere el fermento de un espíritu humilde, tanto para acoger como para ser recogido. Al fin y al cabo, todos somos dadores y receptores, nos necesitamos entre sí, y estamos llamados a enriquecernos mutuamente. Recordemos que esto no sucede únicamente a través de los dones materiales, sino también vertiendo una sonrisa, echando una caricia en la mirada, o simplemente, poniéndonos en disposición de escucha.&nbsp;Personalmente, confieso, que me entusiasma ponerme el oído hacia mí mismo. Hacer balance de lo vivido, me obliga a mantener largas conversaciones en la noche. Sea como fuere, entrar en sintonía con los pulsos y las pausas, que cada cual lleva consigo, es una de mis mayores satisfacciones, aunque no entienda ni una palabra de lo que me digo. Quizás sea, porque aunque uno viva aquí abajo, tenemos nuestros enraizados latidos en los de arriba. Tampoco tiene sentido alguno, constituirnos en amos de nadie ni de nada. Abramos los ojos y que sean las entretelas, las que nos reencuentren.&nbsp;Seguramente entonces, descubramos que el mejor cobijo está en las alturas y nuestra mejor residencia en lo que permanece como patria llena de esfuerzo y ternura, obviando ser alcoba de perversiones.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5BhCdRK5ay-gPRe8LMRQ2bhXuHI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/10/corcoba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“El futuro de la humanidad se proyecta en la familia, forjando comunión y comunidad entre sus miembros, hoy con frecuencia tentada por el desánimo y apenada por las dificultades”.]]>
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                                <updated>2026-05-27T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-27T16:30:00+00:00</published>
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            Lo bueno y lo bello, son inherentes, a la cultura del cuidado
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CLzZ2QLCITeHXUKFww5Wu-1UbuA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Es tiempo de ejercer la contemplativa, de adentrarnos en todo aquello que nos rodea, para reconocernos parte del mismo tronco viviente; lo que nos demanda como seres pensantes que somos, a reforzar el diálogo entre nosotros, porque el desafío ambiental que anidamos, y sus raíces humanas, nos afectan y nos impactan a todos. Tanto es así, que, si la biodiversidad sufre, la humanidad también. Indudablemente, los recursos biológicos son los pilares que sustentan las civilizaciones. Respetémonos, pues. El hábitat se doblega, obedeciéndolo. Comencemos por acariciar con nuestra mirada, esas aguas cristalinas tantas veces contaminadas por el género humano, verdaderamente en impureza; o, esos bosques amenazados por la deforestación, altamente errados. &nbsp;Sea como fuere, en un orbe en el cual todo está interconectado, no destruyamos los vínculos naturales, trabajemos con la mente y el espíritu para reconstruirlos. Hagámoslo, asimismo, superando el egocentrismo que nos gobierna y degustando lo caritativo de esa belleza compartida, que es lo que en realidad nos injerta viva coexistencia y consistencia benigna. No olvidemos tampoco que la salud de nuestro planeta juega un papel vital en la aparición de enfermedades transmisibles entre animales y humanos. En consecuencia, a medida que continuamos invadiendo ecosistemas frágiles, nos ponemos en contacto cada vez más con la fauna silvestre, lo que permite que los patógenos se extiendan al ganado y a los individuos.&nbsp;A todos los ojos, siempre hay un libro abierto, el del entorno por el que nos movemos. Forjémoslo a corazón abierto. Pongamos espíritu observante, no permanezcamos indiferentes ni seamos pasivos, ya que produce un inmenso dolor pensar que la biosfera nos hable mientras la humanidad no escucha, llegando a romper esa alianza originaria entre Creador y criatura perecedera. Precisamente, es este endiosamiento mundano actual, que ha puesto al dinero y al dominio del poder a cualquier precio, como bien supremo, lo que nos está dejando sin conciencia y nos conduce a la catástrofe; a un caos climático sin precedentes, en parte debido a la contaminación y a la explotación despiadada de la tierra, los océanos y el agua dulce. Sin duda, los resultados son demoledores, para todo proceder.Nadie estamos a salvo del colapso antinatural. Sólo hay que advertir que nuestra propia actividad humana, continúa alterando hasta un 75% el medio terrestre y el marino en un 66%; y que un millón de especies de animales y vegetales se hallan en peligro de extinción. Nos alegra, por consiguiente, que el Plan de Naciones Unidas aliente y active medidas para restaurar y conservar lo que realmente nos genera néctar viviente. También el gozo se hace mayor, cuando ves que los gobiernos además toman iniciativas, movilizando fondos y subsanando las deficiencias de capacidad que frenan el bienestar con sus avances. Y, aún el regocijo es más sublime, cuando se percibe, la implicación del ciudadano como tal, en la red saludable existencial que sustenta a la sociedad.&nbsp;La vida y nuestra singular genealogía, lo manifiestan de hecho, al no poder ser nosotros mismos sin el otro y sin los otros. En realidad, nada debe ser excluido, porque todo está íntimamente relacionado. A mi juicio, hoy más que nunca, hace falta trabajar unidos para detener e invertir en la pérdida de la heterogeneidad orgánica, de manera que la ciudadanía y la naturaleza prosperen juntas. Esto nos requiere identificar nuevos paradigmas pedagógicos para promover en los procesos educativos, el diálogo entre los saberes diversos, contribuyendo a que crezca el afán al cultivo del cuidado a través del amor de amar amor. Así es como nos embellecemos, pasando de los males o de las maldades a valores o bondades, que se hacen virtud. Lógicamente, ¡una persona buena, es un bien colectivo!&nbsp;&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CLzZ2QLCITeHXUKFww5Wu-1UbuA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Pongamos espíritu observante, no permanezcamos indiferentes ni seamos pasivos, ya que produce un inmenso dolor pensar que la biosfera nos hable mientras la humanidad no escucha, llegando a romper esa alianza originaria entre Creador y criatura perecedera”.]]>
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                                <updated>2026-05-21T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-21T16:30:00+00:00</published>
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            Apuesta por un corazón limpio; que avive el respeto mutuo
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En este mundo de realidades corruptas y de espacios de mercado, sin sensibilidad alguna, al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia anímica, precisamos recuperar la importancia de un timbre radiante, que intensifique la consideración hacia todo ser humano; hoy tentado de navegar como un cuerpo sin espíritu, al ritmo de la compraventa vinculada a la cartera de inversiones, en lugar de volver al corazón, para reencontrarse. No podemos continuar devaluándonos.&nbsp;Hemos de reaccionar frente a este egoísmo, que desemboca en un individualismo empedrado y cada día más enfermo, verdaderamente destructivo, que nos deja sin alma. Urge regresar al verso que somos, a la sístole y diástole del verbo nítido, que es el que nos eleva a la mística en comunión.Precisamos que todas las acciones se pongan o se repongan bajo el dominio poético de los latidos, que la comercialización y los deseos de capital obsesivos, dejen de apoderarse de nuestros andares, por aquí abajo. La poesía y, no el poder a cualquier precio, es lo que debe reinar sobre todo lo demás.Esto nos exige, practicar la confluencia de miradas, si en verdad queremos albergar un estado de arrojo humanitario. Por ello, es vital recogerse para hacer silencio; y, de este modo, templar nuestros propios impulsos terrícolas, a fin de armonizar las estúpidas enemistades. Dejemos, pues; que las entretelas diluciden nuestros pasos, antes que la indiferencia nos tutele y la ingratitud nos subyugue. No olvidemos jamás, que cada obra de amor, tiene su social aleteo curativo.&nbsp;Indudablemente, la peor de las contrariedades será cultivar un interior cerrado y endurecido; que apenas, sienta por nada, ni tampoco por nadie. Enmendarse es lo suyo; lo que nos demanda a tener que ahondar en el nosotros, para que nuestras distintivas habitaciones estén tranquilas. Esto requiere tiempo y otros cultivos, que tampoco están de moda en el ahora. Se trata de mirarse y de verse para poder refundirse; previo aprender a reprendernos, bajo la visión de una sana voluntad. El juego limpio puede ser una buena lección, para observar cómo se activa el aprecio entre las gentes copartícipes, enseñándonos a valorarnos y a respetarnos los unos a los otros. Únicamente se requiere, para llevarlo a buen término, entenderse y atenderse.Pensemos que la vida es un benéfico recreo, donde todos estamos para recrearnos, jamás para destruirnos, lo que conlleva escucharse y dejar que nuestro orbe oculto fecunde sueños.&nbsp;En consecuencia, los movimientos han de estar adheridos a reglas, como el respeto por los adversarios y la lucha contra todo tipo de violencias.&nbsp;El cariño es nuestro abecedario, o debe serlo, si queremos ser honestos y notar que, un instante de gozo introspectivo, vale más que una perennidad de placer por los sentidos. En definitiva, que allí donde reina el afecto, la persona alcanza su identidad de quererse y de hallarse querido. Sí, lo más sublime es que amándose uno, es como se puede amar a los demás.&nbsp;El manantial de la luz viviente, no tiene otro alojamiento, que el curso de las percusiones.&nbsp;Está visto, que nuestro mayor tesoro de tañidos sistémicos se alegra cuando la familia es nuestro natural cobijo, el hogar del níveo sentimiento.&nbsp;Tanto es así que, como repetía el inolvidable Francisco de Quevedo por el paraíso de Torre de Juan Abad, situado en la vieja comarca del campo de Montiel, al Sur de Ciudad Real y colindante con Andalucía, formalmente reino de España: “los que de corazón se quieren, sólo con el corazón se hablan”.&nbsp;Por este cimiento Quevediano, y viendo como se suceden las nuevas disputas, con la complicidad de meras luchas de poder alrededor de toques frívolos, pasividad o flojedad nuestra, podemos pensar que esta sociedad globalizada, de la era de la inteligencia artificial, está perdiendo el pulso, que es tanto como decir, que ha entrado en demencia con el odio.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La vida es un benéfico recreo, donde todos estamos para recrearnos, jamás para destruirnos, lo que conlleva escucharse y dejar que nuestro orbe oculto fecunde sueños. En consecuencia, los movimientos han de estar adheridos a reglas, como el respeto por los adversarios y la lucha contra todo tipo de violencias”.]]>
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                                <updated>2026-05-18T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-05-18T16:30:00+00:00</published>
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            Sentirse familia; para percibirse humano
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/sentirse-familia-para-percibirse-humano" type="text/html" title="Sentirse familia; para percibirse humano" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El horizonte existencial requiere sentirse familia, al menos para hallarse humanitario y sustentar toda la gama de sus relaciones sociales, desde las más próximas a las más lejanas. Tanto es así que, cuando fallan esos vínculos naturales de entrega y generosidad, todo se deshumaniza con acciones inhumanas, porque no hay otro apoyo que el amor de amar amor. Bajo este cosmos, inmenso y diversificado, la humanidad se engrandece en la medida en la que los seres vivientes, acrecientan sus raíces en un tronco común, que es manantial de savia y cauce de realizaciones comunitarias. Realmente, nada somos por si mismos. De ahí, la importancia de entendernos y de atendernos, mediante idílicas pastorales que activen tanto el bien/ser como el bien/estar.&nbsp;&nbsp;Ciertamente, una política sin su poética desinteresada, llega a convertirse más pronto que tarde, en una acción bárbara. Desde luego, se precisa el ritmo de la lírica que todo lo transparenta y trasciende, con sus ojos de niño, entonando cosas humildes y atinando en la conjugación del querer, que todo lo versifica en espíritu donante. Es justamente este eco melódico, lo que nos impulsa como comunidad de personas unidas al corazón y no a la coraza, blindaje empedrado por el afán destructor del maligno. Lo sustancial, por ello, también radica en saber reconstruirse con la mano extendida siempre y la mirada en disposición de caricias, para poder curar las heridas. Únicamente, de este modo, los seres humanos son capaces de coexistir en unión y de cohabitar en comunión.&nbsp;Son estas alianzas de auténtico apego benefactor, las que nos despliegan el nosotros, de modo siempre renovado. &nbsp;Nuestra época, a mi juicio más que ninguna otra, tiene necesidad de esa conjunción de pulsos, generados entorno al calor del hogar, si en verdad queremos humanizar los nuevos descubrimientos de la humanidad. En consecuencia, es vital que las familias, como miembros claves para el progreso social y económico, cuenten con un apoyo especial para el cuidado de los niños y un acceso verídico a todas las ayudas, al menos para fortalecer la resiliencia doméstica, reducir la pobreza y promover la igualdad de oportunidades. Al fin y al cabo, lo fundamental no está en mantenerse sino en conservarse humano, sin que nada nos resulte indiferente.La despreocupación es el peor de todos los males hacia nuestros semejantes, esa es la esencia de la inhumanidad reinante. No olvidemos que muchos niños migrantes o hijos de progenitores separados, están cada vez más expuestos al abandono, al riesgo de ser explotados o reclutados por grupos armados y sometidos a estrés emocional. Indudablemente es en la genealogía, u obrando como parentela, donde se sitúa la perfecta sintonía con el compromiso en defensa de la escuela de las virtudes sociales, que son el principio activo de la existencia y del desarrollo. En efecto, a medida que las familias se debilitan, también lo hacen las estructuras sociales, ya que cada ciudadano, en su propio estado de vida, está llamado a mejorar las relaciones y el entorno en el que vive.Nadie puede lavarse las manos ante nada, ni tampoco ante nadie, a la hora de escuchar el clamor de los vulnerables, además del lamento de la tierra, lo que nos debe llevar a proteger estilos de vida más cooperantes entre sí y armónicos, sabiendo que la concordia no se sustenta en la uniformidad, sino en forjar confianza mediante el diálogo, la inclusión y la reconciliación. Oigamos las diversas posiciones, pues todos moramos en este planeta como mortales, respirando el mismo aire y pensando en el futuro de los descendientes, lo que nos requiere a no desligarnos de los lazos. Por tanto, si ningún corazón es una isla, quitemos nuestra lunática cara oscura, y dejémonos ver como poesía, no como poder, que todo lo envenena de dominación. Pongámonos a servir, pues, como poetas en guardia.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La despreocupación es el peor de todos los males hacia nuestros semejantes, esa es la esencia de la inhumanidad reinante”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-05-14T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-14T16:30:00+00:00</published>
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            Debemos sanar los males; con un buen uso del corazón
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/debemos-sanar-los-males-con-un-buen-uso-del-corazon" type="text/html" title="Debemos sanar los males; con un buen uso del corazón" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/debemos-sanar-los-males-con-un-buen-uso-del-corazon">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nos hallamos aquí, para experimentar, que nada somos por sí mismo y que el amor todo lo cura. Lo importante es sumar fuerzas desinteresadas, para entrar en sanación, en un mundo efervescente de cambios, que tiende a marginar el sentido natural de las cosas.</p><p>Por desgracia, nos hemos endiosado y pensamos que lo dominamos todo, en esta sociedad de las comunicaciones y del conocimiento mundano, donde la interdependencia económica, la transferencia de capitales y de empresas es un hecho, que acrecienta además la movilidad de personas, la exportación de ideas y de estilos de vida, lo que nos demanda a entendernos y a aprender, ya no solo a reprendernos, también a convivir con lo diverso, sabiendo que el desarrollo a cualquier costo nos deja a todos más pobres, no más ricos.&nbsp;La hazaña, pues, bajo esta atmosfera globalizada no es fácil; pero tampoco imposible, es cuestión de restablecer modos y maneras de vivir, sabiendo que las ofensas jamás se vengan.&nbsp;Hay que evitar los combates, que lo único que hacen es enfermarnos por completo. Pensemos, que constantemente se ha dicho: renovarse o morir.&nbsp;Pongámonos, entonces, en acción. La unidad se consigue, cultivando el amor recíproco entre latidos variados, sabiendo que un cuerpo íntegro todo lo reconduce, pero que un pulso cabal es lo más hermoso que el cielo puede darnos para hacer radiante nuestro torpe andar. No olvidemos la dimensión vinculante como humanidad que somos, la de volvernos humanitarios y la de revolvernos contra los traspiés para corregir la propia existencia.&nbsp;Es público y notorio, que no se accede a lo auténtico, sino a través del espíritu donante. Un buen propósito, es ponerse a trabajar en algo, reconociendo que es un derecho y un deber, al menos para que el maligno nos encuentre ocupados.&nbsp;Otro recto designio será estar vigilantes de nuestros corazones y de nuestras vidas.&nbsp;Cada día también imperan esos vientos que parecen acariciar, pero que nos aniquilan, coartan nuestra libertad y no respetan la dignidad, ofreciéndonos estilos de supervivencia consumista que nos vacían internamente y nos impulsan a vivir &nbsp;fuera de nosotros, en los vicios mundanos. Incluso, son notorios rapaces, con pedestal incluido que les protege, saqueando los recursos del planeta, librando guerras sangrientas o alimentando el mal en cualquiera de sus formas.Seamos gentes de paz &nbsp;y amor, poetas de entretelas y convivencias, no de conveniencias. Para toda clase de maldades o de males siempre hay enmiendas, como el tiempo y el silencio.&nbsp;Un ser prudente sabe prevenirlo, uno valerosos lo soporta sin quejarse; pero un hombre sabio, sabe asimismo discernir, abriendo paso a la concordia. En cualquier caso, las limitadas posibilidades humanas se unen a un espíritu inherente contemplativo, que rompe la cadena demoniaca de lo horrible, a poco que busquemos refugio en la inspiración del verso.&nbsp;Es esta embellecedora poesía mística la que nos alienta y adereza familiarmente, sin lucro injusto, con comprensión y perdón. Esto nos insta a despertar, a despojarnos de lo material y a envolvernos de calor de hogar, que sólo realzan cosas humildes.Hoy más que nunca, necesitamos llenar nuestra mente de pensamientos nuevos, que nos fraternicen y nos rescaten hacia la bondad/verdad.&nbsp;Será saludable que deliberemos, por tanto, sobre los niveles de soledad ciudadana que son altísimos, o la perdida de la calidad del aire y el difícil acceso al agua potable para muchas personas o en la desigualdad de ingresos y riquezas, que nos dejan sin sensibilidad alguna, con un crecimiento sin progreso; ya que las economías se expanden, mientras empeoran las tensiones sociales, políticas y ambientales.&nbsp;Puede que el honor sea el poema del deber; pero la bajeza, es la indecencia manifiesta del perverso, que todo lo empeora con violencias, haciendo que la esperanza de vida saludable y la satisfacción con la vida, se conviertan en un amor imposible.&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Seamos gentes de paz y amor, poetas de entretelas y convivencias, no de conveniencias. Para toda clase de maldades o de males siempre hay enmiendas, como el tiempo y el silencio. Un ser prudente sabe prevenirlo, uno valerosos lo soporta sin quejarse; pero un hombre sabio, sabe asimismo discernir, abriendo paso a la concordia”.]]>
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                                <updated>2026-05-11T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-11T16:30:00+00:00</published>
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            Decepción en estilos de vida
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Solemos andar decaídos y con un aluvión de resentimientos en nuestros pasos. Está visto, que nos puede la tristeza individualista, más que el coraje comunitario, con una búsqueda achacosa posesiva.Los intereses de la avaricia son tan reales, que nadie se entusiasma por donarse, más bien el desvelo brota de un órgano acaparador y resentido, ¡desesperado a más no poder!El rescate no es fácil, máxime en un momento, de endiosamiento social; porque, además, la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero percibe muy complicado engendrar regocijo de verdad, al no haber sobre la tierra más que lágrimas.&nbsp;Por desgracia, aún no hemos aprendido a morar, a darnos energía, con un latir desprendido. Pensar que, cada día, puede ser el último; es ya un avance.&nbsp;Nadie, por su lógico movimiento mundano, empieza a ser ciudadano de bien, sino conectado entre sí, corazón a corazón y con la naturaleza, que es lo que sustenta el espíritu de conservación.&nbsp;Por cierto, uno de los gozos más sublimes es saber en quien fiarse. La satisfacción es inocente por naturaleza. Ahora bien, desconfiar instintivamente de todo y de todos, es un mal pronóstico existencial.&nbsp;Nada puede hacerse sin esperanza y menos aún rehacerse sin naturalidad; pues, aunque sabemos que la vida no es fácil para ninguno de nosotros, ¡tampoco importa!, hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo. Consecuentemente, una ciudadanía comprometida con el bien colectivo, debería desistir de tener permanentemente cara de funeral.&nbsp;Lo importante es el amor vertido en nuestro transitar por aquí abajo, que es lo que nos renueva mar adentro y nos sorprende con su constante creatividad inspiradora; haciéndonos que impulsemos nuevos horizontes conjuntos, al menos para no correr el riesgo de crear una generación marcada por la amargura y la radicalización. El problema no es la ley, sino que violarla no tenga consecuencias. Indudablemente, hay que reforzar la rendición de cuentas y revitalizar los apegos, con espíritu consolador y entrega solidaria, cuestión que no se compra en el mercado, se cultiva internamente, en medio de las cosas del relato cotidiano. Reconozco, que no es fácil esta labor en un orbe lacerado por las guerras y la violencia, con multitud de absurdos enfrentamientos.&nbsp;Sin embargo, jamás nos vengamos abajo. La única primavera que nos florece, son los comienzos. Es hermoso vivir y desvivirse por vivir. Cuando falta esta sensación uno quisiera morir. Por otra parte, con demasiada frecuencia, nos olvidamos que estamos en la misma barca y que vamos hacia idéntico puerto. Alegrémonos con los frutos ajenos, compartámoslos con los propios y hagámoslos universales, a pesar de nuestras simpatías y antipatías, de modo que tampoco nos quedemos anclados en la ambición. Desde luego, a poco que nos adentremos en nuestro hábitat, percibiremos que los desdichados son egoístas, abusivos, crueles e incapaces de comprender al otro. En consecuencia, en vez de unir, los funestos separan y no reparan. &nbsp;Nos toca, pues, mirar la crónica con la dicha de la alegría y el anhelo juntos, incluso cuando pasamos por tribulaciones, tenemos problemas y cuando sufrimos. Tampoco se trata de anestesiarnos, la angustia es angustia siempre, pero vivida con otro aire más efectivo y afectivo también, te abre la puerta a la euforia de un producto nuevo.&nbsp;Mejoremos las coyunturas, entonces; hagamos de los instantes, soplos fraternos.El alborozo nace precisamente de la gratuidad del encuentro, nunca del encontronazo. Es la auténtica cultura humanitaria, llamada a servir constantemente a la humanidad en todas sus vertientes, la que nos injerta lozanía, afán y desvelo por ser caritativos, pacientes y humildes. La arrogancia del orgulloso, nos tritura el alma de la sencillez. ¡Restemos dolor!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Una ciudadanía comprometida con el bien colectivo, debería desistir de tener permanentemente cara de funeral”.]]>
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                                <updated>2026-05-07T19:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-07T19:30:00+00:00</published>
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            Mejorar el clima anímico; como la tripulación del Artemis II
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Necesitamos ganar confianza, entre pulsaciones diversas, a fin de retomar vínculos sustentados en el amor y en lo verídico, aunque nos duela. Nos lo acaban de indicar los astronautas de la Artemis II, justamente en Naciones Unidas: “la humanidad es capaz de hacer cosas extraordinarias cuando actúa junta”. &nbsp;En efecto, la unión siempre hace la fuerza y la discordia la debilita. Sólo en un mundo, con una ciudadanía más corazón que coraza, es posible la unidad. La sinceridad, pues, al poder. Más vale vivir un minuto de vida honesta y franca, que mil años de hipocresía. Subsiguientemente, es vital ahondar mar adentro, a fin de conservar una tranquilidad y un equilibrio providencial, incluso en los períodos más críticos, cuando todo parece hundido por nuestras propias miserias.</p><p>Ha llegado el momento, tenemos que despertar de los falsos sueños mundanos, a pesar de nuestras debilidades. Querer hacerlo, es poder realizarlo.&nbsp;Precisamente, la tripulación del Artemis II, que tuvo la dicha de realizar el vuelo espacial tripulado más lejano de la historia, viajando más allá de la cara oculta de la luna y regresando sanos y salvos a la tierra, tras días intensos, exigentes e inspiradores; reavivaron, desde sus entrañas, el sentido de la participación humana compartida en la exploración del espacio. Indudablemente, somos seres en relación, que requiere de esa conciencia colectiva, más madura en el discernimiento, al conjugar diversos horizontes. Desde luego, activar el juicio de la verdad desde la bondad, nos acrecienta una escucha mutua y un análisis universal.En esencia, somos criaturas sociales. Por ello, es cosa noble estar predispuestos a entendernos y a atendernos, a dar razón a todo lo que es justo.La equivocación, inherente a toda acción humana, resulta cruel; cuando se persevera voluntariamente en el error, floreciendo como algo diabólico, lo que nos demanda sanación urgente. Sea como fuere, el orbe de la nueva época global, como el mundo de los vuelos cósmicos y de las conquistas científicas y técnicas, tampoco puede endiosarse. Lo expresan también muy claro los astronautas, la experiencia más poderosa fue divisar el planeta, que parecía pequeño, frágil, casi etéreo contra la vasta oscuridad, como algo necesitado de protección. Es preciso y precioso, por tanto, que todos nosotros nos encontremos y nos reencontremos en unidad.Sí unirse es el comienzo de todo avance, reunirse es el inicio que activa la cultura del abrazo leal, que es lo que nos hace cooperar y colaborar contiguos; porque, además, la salud es la entidad armónica que da valor a todos los años existenciales haciendo familia. No hay curación, sí nos dejamos guiar por el afán dominador de un desarrollo inhumano a más no poder, marcado y remarcado por graves injusticias, ante la falta de moral y ética que nos deja sin respiración.&nbsp;Una civilización, con perfil puramente materialista como la presente, se esclaviza ella misma con el penal de vicios y vacíos, que colecta. En todo caso y, a poco que nos adentremos en los paseos vivenciales, nos hallaremos con dramas que no pueden dejarnos indiferentes; son estos espacios maltrechos, los que precisan cuidado.&nbsp;El néctar viviente es un requerimiento natural; ya no sólo corporal, también espiritual. De igual modo, que la vida dentro de la nave espacial, -como lo recordaban los tripulantes de la misión-, nos advierte de la implicación colectiva, también los que caminamos por aquí abajo, necesitamos sentirnos custodiados y queridos por el sentido humanitario de solidaridad.&nbsp;Por desgracia, nos mueve el interés mundano, que lo único que hace es disgregarnos, con riadas de tensiones y oleajes de violencias. Lo cardinal es el respeto hacia todo análogo.&nbsp;Dicho soplo, por ende, da aliento; y, como tal, tiene su tacto como primera condición para saber vivir. Sin embargo, cuando los que nos dirigen olvidan el rubor, los que nos doblegamos solemos perder la tolerancia. Toca enmendarse, pues, cada aurora.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“En esencia, somos criaturas sociales. Por ello, es cosa noble estar predispuestos a entendernos y a atendernos, a dar razón a todo lo que es justo”.]]>
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                                <updated>2026-05-04T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-04T16:00:00+00:00</published>
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            Forjar un porvenir armónico; será un modo de vivir bien
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/forjar-un-porvenir-armonico-sera-un-modo-de-vivir-bien" type="text/html" title="Forjar un porvenir armónico; será un modo de vivir bien" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;La condición humanitaria resurge siempre marcada por tensiones continuas, como si las polaridades fueran irreductibles. De ahí, la importancia de que cada nacido y la gente en su conjunto, estén llamados a ordenar su propia existencia, para poder hacer de la discordia un concordato armónico, que nunca viene dado, hay que trabajarlo, conciliando actitudes y acercando posturas. Al laborar nuestro propio sosiego, generamos las condiciones esenciales para una concordia auténtica y sostenible, que se irradie de los individuos a la sociedad y al órgano mismo de nuestra propia casa común. Quizás tengamos que tener más tiempo para nosotros, pues un espíritu reflexivo, siempre mejora el bienestar general, sobre todo para controlar los síntomas de la ansiedad.&nbsp;Incorporar al quehacer diario, aunque sólo sea durante unos minutos: la meditación; nos ayudará a lograr una sensación de calma y concentración sistémica. Ciertamente, requerimos de esta atmósfera aplacadora que, cada cual reconstruye desde su interior, al menos para rehacer puentes y romper barreras. En el fondo, a poco que nos adentremos en nuestro propio buceo íntimo, nos daremos cuenta que todos deseamos, aparte de sentirnos libres, que podamos vivir en concordancia y con idénticas posibilidades. De ahí, lo vital que es promover soluciones innovadoras y creativas que beneficien la crónica de los vivientes, con especial apoyo en los marginados y en esas parentelas que tampoco han aprendido a quererse ellas mismas, para poder querer a los demás y a lo que le rodea.&nbsp;En consecuencia, tan importante como vivir bien, es desvivirse por un habitar que custodie lo contemplativo, ya no sólo con el lenguaje de la mente, también con el vocablo de las entretelas y con el hacer de las manos, que es lo que fructifica en el desarrollo de la cordialidad. Por tanto, hace falta volver a sentir ese hermanamiento común que nos armonice y a resentirnos menos entre sí, para restaurar una sociedad más humana, más digna de la persona, que aliente una cultura y un culto leal, revalorizado en el amor y no en el poder, en la poesía y no en el pedestal. Tendremos, entonces, una igualdad armoniosa; que regenerará nuestro tránsito por aquí abajo, sabiendo que la mística es el acorde de la paz celestial en el latir de los terrestres.&nbsp;Hoy más que nunca requerimos embellecernos de esa pulsación melódica, que nos invita a la práctica de sembrar sonrisas, haciendo brotar el modelo de una corpulencia transfigurada en el verso, para que seamos protectores de avenencias y no depredadores, alejados de la enemistad, como espíritu contaminante destructivo. La cercanía entre análogos es fundamental, abecedario de la amistad. La transformación evolutiva no sólo concierne a la conciencia del ser, sino también al estilo de las relaciones, que andan sedientas de espíritu conciliador y de entereza. Además, hemos de continuar trabajando con la naturaleza y sus diversas zonas renovadas, integrándolas en el entorno natural de modo solidario. Un espacio pacífico se reconstruye a partir de corazones humildes entregados a los demás.&nbsp;Sea como fuere, la restauración de toda savia, nos llama cada día a sumergir nuestra mirada en el alma y a ver por lo que vivimos, sentimos y pensamos. Seguramente, a la sazón, descubriremos que nuestra misión radica en ser cada aurora un poco más acorde con el espíritu poético, donde nadie por si mismo se recompone, es todo una comunión de latidos y una conjunción de pausas, que tienen una relación con el brío del donarse. Lo que nos trasciende es, precisamente, este valor que nos vincula a renacer de lo alto. Sin embargo, el amor al dinero divide a la comunidad; mientras el auténtico amor al semejante es lo que nos hace avanzar como poetas en guardia, siempre vigilantes en el paciente compartir y perseverantes de un edén hecho poema, sin pena y con la euforia de la alegría. &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Hace falta volver a sentir ese hermanamiento común que nos armonice y a resentirnos menos entre sí, para restaurar una sociedad más humana, más digna de la persona, que aliente una cultura y un culto leal, revalorizado en el amor y no en el poder, en la poesía y no en el pedestal”.]]>
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                                <updated>2026-04-30T17:30:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-30T17:30:00+00:00</published>
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        <title>
            Bregar el quehacer habitual; rehacer el trabajo virtuoso
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Somos gentes de faena, ya no únicamente para alimentarnos, también lo necesitamos como medicina. Que el trabajo sea una parte vital de la dignidad existencial de todo ser humano, es nuestro modo de realizarnos, dando sustento al pan de nuestros sudores, además de cultivarse a sí mismo. Rehacer el trabajo decente, es también dar desarrollo social, para poder amar la vida e intimar con el más recóndito secreto viviente. Dicho esto, se entiende que la desocupación y la precariedad laboral se transformen en sufrimiento, en un ocio forzado o en un vicio impuesto, con consecuencias trágicas colectivas. De ahí, la importancia de que los gobiernos, los empleadores y los trabajadores, deban actuar globalmente para crear lugares de labor más seguros, saludables y justos para todos.Ciertamente, nos hemos globalizado, pero aún no disfrutamos de este sumatorio de fuerzas, que han de armonizarse en todo el mundo, a fin de que el trabajo moldee profundamente la savia de las personas, dando sentido benefactor, seguridad y oportunidades colectivas. Así tampoco podemos fraternizarnos. Las injusticias son tremendas, a lo que hay que sumarle las nuevas formas de empleo y los cambios demográficos, con sus presiones climáticas y el frio avance de las tecnologías digitales, que están desfigurando la manera en que arrimamos el hombro, haciéndonos cada vez más individualistas, con jornadas de trabajo largas y verdaderamente deshumanizantes. Quizás, nos convendría, poner más amor en lo que realizamos. El trabajo es vida, no muerte.En efecto, se trata de laborar el quehacer cotidiano a través de un entorno psicosocial saludable, como es la carga de trabajo y el tiempo laboral, la calidad de funciones, la autonomía, el apoyo y los procesos diversos como algo equitativo y transparente, que es lo que realmente influye en mejorar la calidad de vida ocupacional, &nbsp;afectando a la seguridad, a la salud y al rendimiento. Hemos de reconocer que, cuando estos factores afectan negativamente a la clase obrera, son riesgos que deben abordarse y gestionarse para garantizar ambientes de trabajo, que sean seguros y saludables. Sin duda, es esencial, ya no sólo para proteger la salud mental y física de los trabajadores, sino también para fortalecer la productividad, además del desempeño organizacional. &nbsp;Unido a este cúmulo de contrariedades y abandono, de pasividad y de sostén a los desaires, no podemos continuar ejercitando la inhumanidad, sobre todo con los migrantes que suelen ser rechazados y sometidos a actitudes resentidas por muchas comunidades de acogida. Indudablemente, más allá de los aspectos políticos y jurídicos de las situaciones irregulares, jamás debemos dejar en el tintero la pasión por el culto al fomento de la cultura del abrazo, pues por encima de las divisiones geográficas de las fronteras y de los frentes que impulsemos, formamos parte de una única familia humana. Es evidente, que todos tenemos el derecho a encontrar vías dignas, con nuevas oportunidades para poder salir de las situaciones anormales, comenzado por un trabajo recio, pero noble. &nbsp;Por ello, la realización de un remover diario, nos demanda una comprensión positiva y un enfoque eficaz, donde todos hemos de ser considerados como parte de un renuevo social. Nadie debería ser dejado en el camino de la indiferencia, hemos de escucharnos, para servir y cuidar el bien común. No olvidemos que, el trabajo, es tanto un deber como un derecho universal; y, como tal, en un diálogo que también debería reunir a directorios y peones, ha de estar toda la ciudadanía asistida. Sea como fuere, en nuestra casa común que, hemos de trabajarla en comunión y en comunidad, con el mismo nivel de ecuanimidades y obligaciones, tiene que dejar de proliferar la ley del más fuerte, donde el poderoso aún se come al más débil, para decepción del pelaje humanitario.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Todos tenemos el derecho a encontrar vías dignas, con nuevas oportunidades para poder salir de las situaciones anormales, comenzado por un trabajo recio, pero noble”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-04-27T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-04-27T16:00:00+00:00</published>
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            El querer lo es todo en la vida; con la constancia nada se resiste
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Somos seres en camino y el movernos es una batalla continua, que ha de mantenerse en el amor verdadero como tranquilidad y para poder persistir en las adversidades, con el coraje del buen hacer y mejor obrar. En efecto, se trata de reconstruirse y de superarse diariamente, ante la multitud de los desafíos, con la voluntad de ayudarnos mutuamente, pues el mejor propósito del espíritu es servir, mostrando compasión en todo momento. Así, y con renovada pasión, yo mismo me hago a diario persistentes llamamientos de trabajar unidos, más que con hazaña política con voluntad poética, a fin de acrecentar la cohesión social de pulsos, con sus pausas oportunas, para que nos hagan reflexionar; y, de este modo, poder tomar el camino adecuado, a pesar de las dificultades que nos acorralan. &nbsp;Hemos de ordenar existencias, quizás también la nuestra, para ser gentes de paz y de diálogo. No podemos continuar con estas atmósferas destructivas, que todo lo corrompen y arruinan por intereses partidistas. &nbsp;Tenemos que reafirmar con energía que la tutela del derecho a la vida, es el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano. &nbsp;En consecuencia, una sociedad sólo está sana y en justo desarrollo, cuando protege la mística de todo caminante y se esfuerza activamente por promoverla, trabajando al unísono.&nbsp;El multilateralismo no es, por consiguiente, opcional. A mi juicio, es el medio más eficaz para lograr los objetivos de conciliación, además de un progreso sostenible inclusivo y derechos humanos para todos. &nbsp;Vivir desvivido por los demás puede producir un cansancio infinito, pero es también algo muy gratificante; lo importante es saber que uno existe en hálito donante y en constante sorpresa, con una continua sucesión de coyunturas para sobrevivir.Hacer cada vez más visible esta dimensión relacional y de alianza, es uno de los principales retos para el futuro, sobre todo en un mundo fragmentado por las discordias, las divisiones y las guerras. &nbsp;Cultivar, pues, el papel de la mediación va a ser decisivo. Se trata de aliviar tiranteces antes de que desemboquen en conflictos; o, si el trance estalla, actuar rápidamente para contenerlo y resolver sus procedencias subyacentes. Por este motivo, la habilidad preventiva es fundamental, para no morar quejándonos y acabar cayendo desilusionados.&nbsp;Sea como fuere, no hay que estar cercano de quienes causan las pugnas sino de quienes las sufren y pagan las consecuencias. Ocuparse por crear puentes de savia y, sobre todo, preocuparse por el destino de las víctimas, también significa alejarse de la lógica de la polarización y el pensamiento único. Por otra parte, hay que reforzar la rendición de cuentas. No podemos permitir una licencia para matar y mucho menos rechazar la idea de que el derecho internacional es obsoleto. &nbsp;La verdadera pujanza se declara en el servicio a un justo proceder viviente. Para ello, se requiere volver a revolvernos contra la usura, que lo único que originan son rivalidades, para creer en la ternura, en la moderación y en la buena sintonía, porque se sigue abatiendo la crónica, sin derecho y sin piedad alguna. Indudablemente, una cooperación mundial eficaz es cada vez más necesaria para nuestra supervivencia, pero es complicada de ejecutar en un entorno de desconfianza, en el que nadie se fía de nadie, sustentada por una mentalidad de miedo como jamás. Sin embargo, a pesar de tantos dolores y densas sombras, la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de nuestros mundanos horizontes, para abrirse a grandes sueños, componiendo una bella historia. &nbsp;Cada cultura necesita asegurar que los valores se transmiten. Con la constancia nada se resiste, porque si esto no sucede se difunde el egoísmo, la violencia, la corrupción en sus variadas maneras, la apatía y, en suma, un relato sellado a toda trascendencia y clausurado a lucros individuales.&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Vivir desvivido por los demás puede producir un cansancio infinito, pero es también algo muy gratificante; lo importante es saber que uno existe en hálito donante y en constante sorpresa, con una continua sucesión de coyunturas para sobrevivir”.]]>
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                                <updated>2026-04-23T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-23T16:30:00+00:00</published>
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            Carisma humanitario; creatividad en las relaciones
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El ser humano debe ser consciente y responsable de sus dotes humanitarias, a la luz de su misión pensante y con vinculante espíritu creativo, debe sumar siempre fuerzas en favor de una existencia digna, con vistas al bien común. Lo importante es reflexionar sobre uno mismo, recomponer contextos sin unificarlos, y proyectarlos hacia el futuro. Renovarse o morir, esa es la cuestión, especialmente delicada y compleja, que puede suscitar intereses engañosos por parte de personas sin escrúpulos y ser ocasión de realidades inhumanas, que no son de recibo. En cualquier caso, si en verdad nuestro verbo es retoño del verso; y, como tal, ha de reorganizarse en comunión y en comunidad, para conseguir esa poesía perfecta como especie vital que somos, debemos contribuir a ello.Ciertamente, para reconstruirnos en el fidedigno apego, hay que ser más corazón que coraza, más celeste que mundano. &nbsp;La mayor atrocidad radica en cultivar el salvaje combate cuerpo a cuerpo, en vez de dejarnos cautivar por el carisma del alma, que es por lo que en realidad nos hallamos, nos consideramos y nos preocupamos. Ojalá despertemos y podamos interrogarnos sobre nuestros andares por la tierra. Para qué atesorar materias aquí abajo, que lo único que hacen es endiosarnos, para luego pudrirnos en los rincones oscuros, porque nuestro desorden lleva en su tropiezo el castigo, el sufrimiento del tránsito. Sin duda, aún no hemos aprendido la lección, de activar la cultura del abrazo fiel y sincero, como lenguaje existencial. Ojalá seamos creativos a la hora de conectarnos entre sí.Por desgracia, seguimos encandilados por seres corporales ostentosos, en lugar de embellecernos creativamente, reflejo del esplendor que durante unos soplos brilla ante los ojos de la mente. Practiquemos esta angelical estética y notaremos el cambio en nuestras propias miradas, que tendrán un atractivo más místico que terrenal. Sea como fuere, a poco que ahondemos en nosotros mismos, notaremos que el espíritu nos pone en la escuela de nuestro despertar a diario, lo único que vale y permanece, que no es otro aire que lo que convenimos ser: Amor de amar amor. Conseguiremos así, volver a ser un tronco común al calor del hogar, abecedario de vínculos; sobre todo haciendo familia, siendo genealogía, generando filiación en suma.&nbsp;Al igual que el que no inventa tampoco vive, el que no hace linaje también se sentirá perdido y no sabrá reencontrarse. &nbsp;En efecto, uno de los grandes problemas del orbe actual es la pasividad de sus moradores. Nos hemos abandonado y la originalidad que todos llevamos consigo, la hemos dejado de trabajar. La indiferencia es el peor de los males, ya que nos impide llevar esperanza a nuestros semejantes, para que puedan derrotar los vicios y superar los traumas terrenales. Sin embargo, esas gentes creativas a las que les afecta todo, aunque sean minoría, ayudan a crear una rica mezcla de sapiencias, contribuyendo al desarrollo social inclusivo, al diálogo y al alcance entre los pueblos. Atenderse y entenderse, debiera ser lo nuestro, lo de todos.&nbsp;Desde luego, la mayor gracia humanitaria pasa por revivirse a diario, acogiendo cualquier iniciativa que pueda poner fin a las discordias, activando la marea creativa del verdadero espíritu donante, sustentado en el esplendor de lo auténtico y sostenido por el afecto. El mundo en el cual habitamos requiere que la veracidad resplandezca y que no sea deslumbrada por la mentira o por la vulgaridad; precisa, además, que la clemencia entusiasme y que no sea vencida por el engreimiento, ni por el egoísmo. Los ciudadanos anhelamos, embellecernos por nuestros propios latidos con talante personal y comunitario, haciéndonos más compasivos y mejores ciudadanos, con donación y dependencia al mundo entero. Salvaguardémonos, pues; humanos, sin que nada nos resulte extraño.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La mayor gracia humanitaria pasa por revivirse a diario, acogiendo cualquier iniciativa que pueda poner fin a las discordias, activando la marea creativa del verdadero espíritu donante, sustentado en el esplendor de lo auténtico y sostenido por el afecto”.]]>
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                                <updated>2026-04-20T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-04-20T16:30:00+00:00</published>
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            Para ser libres; antes hay que ser justos
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En cada despertar tenemos que aprender a renovarnos, a vivir los días sin la esclavitud del miedo y sin tener que renunciar a aquello que uno quiera ser. En consecuencia, la libertad no es simplemente una concesión que se nos concede, ni un privilegio que se nos injerta, es una costumbre que ha de cultivarse como gozo existencial. Esta práctica crece con el amor que vertamos, tanto en uno mismo como en los demás; puesto que la dimensión humana y social es vital, siendo lo que nos da fuerza para ser justos y poder mirar el bien común y no el interés privado. Hoy más que nunca, en esta era de la globalización, necesitamos redescubrir esa grandeza comunitaria, que no radica únicamente en soñarla, también hace falta vivirla, sin excusas y de modo responsable.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Indudablemente, nadie puede ser perfectamente autónomo hasta que sus análogos lo sean. Con razón, solemos afirmar que “mi libertad termina donde empieza la tuya”. Es, precisamente, el vínculo de la cercanía y del apoyo mutuo, lo que nos armoniza y embellece como seres pensantes. Con buen corazón nada se resiste y todo se reorienta hacia el horizonte de la verdad; desde luego un camino fatigoso, pero no imposible, que dura toda la vida. &nbsp;Los efectos últimos están ahí, en esos absurdos bloqueos navales, como el del estrecho de Ormuz, ocasionando un aluvión de inseguridades manifiestas que nos dejan sin palabras o esas embestidas a vehículos de los cascos azules, que lo único que pretenden es dar más seguridad y socorrer a ciudadanos empujados a la pobreza. &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Sea como fuere, reconozco que liberarse de tantas cadenas, como seres en camino que somos, nunca ha sido cómodo, ahora tampoco es fácil llegar a la verdadera plenitud, con la unidad siempre y no con la uniformidad. Respetemos las diferencias y confluyamos en lo armónico, abriéndonos al universalismo, con una tecnología cada vez más avanzada, que ha de facilitar el diálogo y no el enfrentamiento, preservando el alto el fuego con el llamamiento a la diplomacia y al cese de hostilidades. La falta de entendimiento, como el aluvión de ilegalidades sembradas, aparte de generar un caos tremendo, nos están dejando una huella imborrable, tanto por su presión como por la prisión de pulsos; y así, muchas gentes, tampoco son dueños ya ni de sus propios pasos.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Por desgracia, cada día son más las personas detenidas arbitrariamente por su labor pacífica en favor de los derechos humanos; lo que debe hacernos repensar que la libertad no es un vivir según la carne o según el instinto, los deseos individuales y los propios impulsos materialistas, los vicios y los vacíos; al contrario, radica en estar en guardia, al servicio permanente los unos de los otros. En efecto, no hay rescate sin amor, lo que nos demanda a ser ecuánimes hasta con nosotros mismos. Una interlocución abierta y franca contribuirá a superar las incomprensiones y las necedades humanas. Por otra parte, bajo este clima general de emancipación responsable, los diversos Estados han de ser al mismo tiempo promotores y vigorosos garantes.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Es verdad que nos hemos extendido, pero no hemos activado las relaciones sanas, hasta el extremo que son muchas las ataduras opresoras que debemos decidir abandonar. Nos damos cuenta de ello, cuando nos falta esperanza y vagamos existencialmente perdidos y desolados a más no poder, sin una tierra para la concordia y sin unos moradores hacia el cual encaminarnos unidos. Es tiempo de reflexión, momento de abandonar las falsedades que nos circundan, instante para detenerse, hacer un alto en el camino y nos saldrán, sin duda, los buenos propósitos, fuera de los ídolos que nos abruman y fuera de los apegos que nos encarcelan. &nbsp;Comencemos, pues, por el castigo más honesto; que es aquel que uno mismo, se propone e impone: el reprenderse.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La falta de entendimiento, como el aluvión de ilegalidades sembradas, aparte de generar un caos tremendo, nos están dejando una huella imborrable, tanto por su presión como por la prisión de pulsos; y así, muchas gentes, tampoco son dueños ya ni de sus propios pasos”.]]>
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                                <updated>2026-04-16T15:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-16T15:30:00+00:00</published>
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            El valor constructivo de nuestros pasos; no está en perderlo todo con la guerra, sino en ganarlo con la paz
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nuestro tránsito por aquí abajo requiere de un espíritu universal, apoyado en una mejor comprensión mutua y en una amistad verdadera, con abecedarios desinteresados, que contribuyan así a reconstruir una atmósfera más armónica, donde todos nos podamos sentir hermanados, a unos vínculos de entrega y generosidad. Desde luego, el mejor gobierno no lo imprime la dominación, sino el servicio, la mano extendida y el abrazo permanente. Nos merecemos, por tanto, otros lenguajes más del alma que del cuerpo; que sean el preludio de una nueva era, en la cual todos nos requerimos, para que se promueva la maduración de la cohesión comunitaria y del bien común. De lo contrario, continuaremos con el calvario de la divergencia y del rechazo a cooperar unos con los otros.</p><p>Las trágicas evidencias de estas riadas de dolor y muerte, tienen que cesar de inmediato. Hemos venido a conciliar posturas y a reconciliar latidos, no a truncar existencias, ni a destrozar sueños de esperanza, como si la convivencia humana fuese el escenario de un videojuego. La inhumanidad es manifiesta, nadie considera a nadie; y, aunque los trabajadores sanitarios, las instalaciones y las ambulancias están protegidos por el derecho internacional humanitario, el ataque es permanente, sin miramiento alguno. Hoy más que nunca, necesitamos recursos de todo tipo, sobre todo acompañamiento para seguir auxiliando a las personas que lo necesitan; ante el cúmulo de hechos violentos y de absurdas contiendas, por todos los rincones del mundo.&nbsp;</p><p>La cruel realidad de un orbe globalizado, nos llama a repensar &nbsp;situaciones, conciliando actitudes. Desde luego, debemos cesar en los enfrentamientos, antes que la derrota de la humanidad sea real, con la consabida sed de quietud que tenemos, poniendo fin a la prepotencia, a la exhibición de la fuerza y al desinterés por el derecho. Por desgracia, en demasiadas ocasiones, las batallas comienzan en nuestro propio círculo familiar. Sin duda, uno ha de aprender ya no sólo a reprenderse, también a ser indulgente consigo mismo, porque nos conviene la relajación antes que el rigor de su aplicación en las cosas que debemos hacer. No hay mejor virtud, que aprender a interrogarnos a nosotros mismos, para poder amarnos y poder amar a los demás.</p><p>En efecto, la vida no es fácil para nadie. Uno tiene que ser muy auténtico para darse cuenta de esto. Indudablemente, el mantenimiento de la concordia entre corazones, comienza con la autosatisfacción de cada pulso, poniendo la inteligencia al servicio del níveo amor. Dejemos, pues, de fabricar armas. Admitamos con el místico ánimo nuestro andar, y aunque hallemos pozos en nuestros pasos, vertamos siempre una sonrisa en cada aurora. Los caminos se allanan, defendiendo la savia, abrazando la verdad, trabajando por la justicia. El signo más evidente lo notaremos en nuestro interior, con la paz dentro de nosotros. Cumplamos nuestra pertenencia entonces; ya que, una sociedad que se nombra humana ella misma, quiere decir que rechaza toda forma de egoísmo y de aislamiento.&nbsp;</p><p>Ojalá aprendamos a ver una fiesta en todos los caminos planetarios. Lo sistémico es la mayor riqueza que podemos aglutinar los mortales, a los que se nos llena la boca de absurdos caudales que nos están deshumanizando por completo, mientras &nbsp;aún no hemos ejercitado la sana relación, sustentada y sostenida en saber perdonarse, aparte de saber compadecer al análogo. Tremendo contraste el nuestro, con el pedestal de don dinero como cardinal, el cual nos impide reencontrarnos y reconocernos. Al fin y al cabo, hay que ser honestos, no para los otros por el qué dirán, sino para estar en alianza con nosotros mismos. Únicamente, así, podremos ser una escuela de irradiación, que no nace de la fortuna ni de la dominación, sino del compartir, del respeto y de la alegría de caminar unidos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Los caminos se allanan, defendiendo la savia, abrazando la verdad, trabajando por la justicia. El signo más evidente lo notaremos en nuestro interior, con la paz dentro de nosotros. Cumplamos nuestra pertenencia entonces; ya que, una sociedad que se nombra humana ella misma, quiere decir que rechaza toda forma de egoísmo y de aislamiento”.]]>
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                                <updated>2026-04-13T18:00:02+00:00</updated>
                <published>2026-04-13T18:00:00+00:00</published>
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            El abismo de la indiferencia; nos pulveriza todo avance humanitario
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;La sociedad contemporánea debe ahondar sobre el sentido de su savia, a través de la acción solidaria de servicio, adquiriendo una conciencia cada día más dispuesta de los derechos inviolables y universales del nacido. &nbsp;Restablecer relaciones mutuas más justas y adecuadas a nuestra propia decencia, es un buen auxilio. Por desgracia, muchos seres humanos viven en un desapego total, entre lo que piensan, lo que saben y lo que sienten. La pasividad suele empedrarnos el corazón, viviendo en una inacción egoísta, a pesar de estar bien informados, pero rehuyendo la realidad de los demás. La compasión es lo opuesto a esta atmósfera indiferente, que nos deja sin sentimientos; y, lo que es peor, sin energía para luchar contra el descarte y el despilfarro.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; En efecto, hoy más que nunca, atormenta pensar en cuánta gente se aleja sin clemencia alguna de ancianos, niños, trabajadores, discapacitados…; además, por si esto fuera poco, resulta escandaloso el derroche de las cosas. Más allá de los intereses individualistas, de la apatía y de la desgana ante las situaciones críticas, exijamos opciones políticas que enlacen el progreso con la equidad, el desarrollo con la sostenibilidad inclusiva, de manera que nadie se vea privado del buen aire que le alienta¸ del agua que tiene derecho a llevarse a los labios del alma o de los alimentos con los que tiene la obligación de disfrutar. Nos urge, por tanto, activar una cultura que fomente el culto a la cercanía. El calor de hogar hemos de universalizarlo, si en verdad queremos fraternizarnos, y sentirnos entre sí como familia.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Por ello, no sólo las personas estamos llamados a hacer gestos concretos con los habitantes más frágiles, también los Estados y sus diversas instituciones, con sus gobiernos al frente, hemos de trabajar unidos para proteger la dignidad, la justicia, la igualdad y los derechos de toda la ciudadanía. Con voluntad política y espíritu fraterno debemos hacer presente las aspiraciones de la Declaración Universal para todos los sujetos, sin distinción, exclusión, restricción o preferencia por motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico. Desde luego, para plasmar una sociedad más humana y digna, es necesario asimismo revalorizar el auténtico amor en la memoria social, haciéndolo norma constante y suprema de la acción.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;El amor y el no a la guerra ha de ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto, amando todos los ámbitos de la vida, extendiéndose igualmente al orden internacional. Únicamente, una humanidad en la que reine la entrega generosa, podrá gozar de una paz auténtica y duradera. En este sentido, el espíritu cooperante y colaborador, debe ser nuestro lenguaje como sujetos donantes y pensantes, que es lo que garantiza el desarrollo integral de cualquiera y su aire solidario hacia el bien colectivo, estampándonos serenidad. Sin sentimientos nos deshumanizamos totalmente, no sólo siendo indiferentes al sufrimiento de los otros, también seremos incapaces de acoger el nuestro. De ahí, la importancia, de querernos y de querer a los demás, para buscar el camino de la concordia.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; Estar desolados, como hoy nos sucede a la mayoría de los moradores, nos impide crecer y avanzar. La conducta dispuesta, que todo lo comparte y lo parte, es una relación innata viviente que nos vivifica y entusiasma. &nbsp;Frente a las dificultades, por consiguiente, nunca desanimarse, sino afrontar la prueba con decisión, escuchándonos más y mejor internamente. Salgamos, pues, del estado de inapetencia, que nos abate, siempre. Por otra parte, no es de justicia, sembrar odio y venganza con una retórica incendiaria. No olvidemos que somos una civilización de amor, no de poder y dominación, que se destruye a sí misma, sin decoro alguno. Además, tampoco dejemos que desfallezca el nombre humanitario, tendiendo la mano y extendiendo el camino del diálogo y la diplomacia perpetuamente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El amor y el no a la guerra ha de ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto, amando todos los ámbitos de la vida, extendiéndose igualmente al orden internacional. Únicamente, una humanidad en la que reine la entrega generosa, podrá gozar de una paz auténtica y duradera”.]]>
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                                <updated>2026-04-09T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-04-09T16:30:00+00:00</published>
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