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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-08-03T16:00:05+00:00</updated>
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            En los momentos de dificultad; el ánimo se desgaja o se familiariza
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La supervivencia nos ha sido ofrecida, para custodiarla y hermanarnos, no para abandonarla y desunirnos. En consecuencia, todo tiene su periodo de crisis y su tiempo de tranquilidad. Lo importante es bucear mar adentro, reconocernos en el oleaje, despertar y advertir que el amor debe ser nuestro pulso diario, que es lo que nos libera, porque la libertad ha de estar en la toma de decisiones que tomemos. Desde luego, cohabitar entre lenguajes desinteresados y corruptos, entre sistemas que generan pobreza y exclusión, entre ambientes salvajes con efectos lucrativos a costa del drama de otros, produce o debe reproducir miedo, dificultándonos el deseo de vivir, al tiempo que nos facilita cualquier tipo de pesadumbres.Desventurado el ser humano que no tiene quien le acompañe ni la asista, quien le corrija cuando tenga necesidad de ello. Por desgracia, olvidamos que la fuente existencial radica en el corazón. No somos piedras, tampoco seamos pedruscos; salgamos de la indiferencia y pongámonos a batallar, escuchándonos entre sí. Es evidente que la primera condición para salir de los aprietos mundanos, está en fomentar la concordia entre semejantes y en la voluntad de lograrla. Son inútiles las contiendas, lo importante es tomar un respiro para superar las divisiones y las divergencias que, únicamente, la clemencia puede anular. Todas las personas somos, pues, necesarias para poder injertar ese viviente poema armónico; que es lo que conlleva un estilo de comunión y comunidad.&nbsp;&nbsp;Apartemos los obstáculos que nos enferman y considerémonos parentela de latidos confluentes. Desde luego, aquel que es capaz de dominarse para secar las lágrimas y de sonreír en sus dificultades, es el que ha llegado a poseer la estética cognición, tomando pulso y haciendo pausa. Quizás tengamos que reeducarnos globalmente para poder convivir, puede que sea nuestra gran asignatura pendiente, la de templar el impulso para afrontar las dificultades. Pensemos, que no puede haber grandes tropiezos, cuando abunda la buena disposición del amarse y del amar, desinteresado y auténtico. El querer lo es todo en la vida. Es la voluntad la que nos trasciende hacia el buen propósito, que no es otro que servir, mostrar compasión y tener constancia de ayudar a otros. &nbsp; Todo tiene su estado de ánimo, la cuestión está en cultivar lo que nos embellece, que no es otro brío que el perfume del sentimiento. Después de la noche, siempre llega el día; también tras las tinieblas, reaparece el resplandor de la luz. Más pronto o más tarde, todos pasamos por pruebas que nos generan tristeza, porque nuestros andares por aquí abajo nos hacen concebir sueños que en seguida se hacen ceniza. Lo fundamental, no es tanto la angustia, como permanecer adormecidos en una congoja sin fin, con ciertas amarguras resentidas, que nos impiden volar con la mística del verso que somos. Podremos haber sido dañados, mostrar enojo o pasar por un agravio, pero la curación no se resiste, sólo hay que dejarse renovar las propias pulsaciones, con la acústica melódica del universo.Los humanos tenemos que volver al poeta que llevamos consigo, a ese santuario interior de nuestro espíritu con pensamientos níveos, soñadores y placenteros. El vínculo del soplo donante, es lo que nos da vigor. Jamás el poder ni la dominación. El mundo no vuelve a ser el mismo, cuando le agregamos el latir de un buen caminante, una voz salida de las entretelas, que comienza reanimando y termina familiarizándose. Precisamente, son las percusiones el vínculo que nos une. Por eso, la lírica no quiere adeptos, quiere amantes de buen fondo, que lo entregan todo, hasta su oportuna comodidad. Sin duda, hoy más nunca, requerimos de poetas que pongan alma en los quehaceres y en las cosas, con el consabido trabajo que esto ocasiona. Ahora bien, quien no trabaja no es decente. Así de natural.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“El querer lo es todo en la vida. Es la voluntad la que transporta las montañas, la que nos trasciende hacia el buen propósito, que no es otro que servir, mostrar compasión y tener constancia de ayudar a otros”.]]>
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                <published>2026-08-03T16:00:00+00:00</published>
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            El pulso nos convoca a la pausa; con mentes y corazones abiertos
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WloOMXoaBhErIsM91QP3xUq9irc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Ningún ser humano es prisionero del destino, para ello se requiere no caminar irreflexivamente, estar atento a nuestros andares y hacer memoria de lo vivido, para poder extraer conclusiones con espíritu reconcentrado, que no se hace con palabras sino con silencio, para poder oír la toma de contacto de nuestra mente con el corazón y acoger la voluntad etérea, como un auténtico poeta en guardia permanente. La misión es bien clara, uno existe para asistir, como vive para donarse y nunca endiosarse. En consecuencia, hay que ser más de lo celeste que de lo terrícola. Nuestras místicas entretelas, no se alientan ni tampoco se alimentan de insanos poderíos, que lo único que hacen es pervertirnos y degenerarnos el verso, con el que partimos al tronco viviente para ser el poema perfecto.El cielo es el paraíso florecido de latidos. Por eso, es vital recogernos y acogernos, hacer altos en los caminos, ser capaces de detenernos y de meditar, sobre los diversos tonos y timbres vertidos.&nbsp;Que sea la poesía la que nos guíe y no sea el poder mundano el que nos atrofie. Necesitamos rumiar sones, tener tiempo para nosotros, abandonarnos cada vez más al esperado periodo de descanso, para fortalecer el espíritu y la materia, sometidos cada día a un continuo cansancio y desgaste, debido al ritmo frenético de los aconteceres diarios. En efecto, es el instante de tomar un respiro, de hacer de los divertimentos un modo de conocerse y de reconocerse, en comunión y en comunidad. Fomentar los contactos humanos, desde el sano recrearse y el saludable distraerse, es fuente de armonía.Dejemos que lo sistémico penetre en los tañidos de nuestro sagrario interno. Hemos de ir más allá de un mero entretenimiento o diversión. Las situaciones planetarias nos advierten que nunca hay que bajar la guardia. Para empezar, cualquier ser humano debe tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo y no debe estar sujeto a condiciones. Justamente, con una ensimismada paciencia, tomaremos la espléndida morada que dará paz, justicia y decencia a toda la ciudadanía. Así la percusión que somos, no habrá entonado en vano, para que cesen los enfrentamientos deshumanizantes, garantizando la asistencia humanitaria a todas las poblaciones. Activemos, pues, la cultura del abrazo sincero como lenguaje.&nbsp;Una de las mil contrariedades de las familias actuales, especialmente en las sociedades más avanzadas, derivan de una creciente dificultad para comunicarse. Cuesta conseguir estar juntos y, en demasiadas ocasiones, la red virtual acapara los diálogos y absorbe miradas. Pongamos, la cercanía como práctica. Ahondemos en nuestras acciones, dejémonos mirar y vernos, con esa luz interior de amor/amar y de verdad/bondad. Sin un significado vinculante, toda nuestra labor se reduce a un activismo estéril y desordenado. Aprendamos a reprendernos entre sí, ayudémonos los unos a los otros; y, seguramente entonces descubriremos, que un buen desarrollo será fraternizarse, en un mundo cada vez más interdependiente, falto de compromisos auténticos y de búsqueda del bien colectivo.&nbsp;&nbsp;Ahora bien, para comprender lo que nos sucede, antes hay que entender lo que nos dicta el corazón y la mente al mismo tiempo. En este sentido, conviene fijarse en lo que queda por hacer, no en lo que ya se ha realizado; y, sobre todo, en lo que uno aspira a hacer. Sin duda, precisamos dejarnos reeducar sin prisas, uniendo la hondura intelectual a la humildad anímica, deduciendo del movimiento interior nuestro, como el sitio donde habitan las decisiones, el amor y la mística inspiración. Es importante que, entre todos, ofrezcamos una llave de comprensión vital; y no un cúmulo de pensamientos incompletos, a nuestro antojo. De este modo, podremos concebir mejor la dimensión humana, ideada como calor de hogar, que es lo que en realidad nos embellece y fraterniza.&nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WloOMXoaBhErIsM91QP3xUq9irc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Es el instante de tomar un respiro, de hacer de los divertimentos un modo de conocerse y de reconocerse, en comunión y en comunidad. Fomentar los contactos humanos, desde el sano recrearse y el saludable distraerse, es fuente de armonía”.]]>
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                                <updated>2026-07-30T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-30T16:00:00+00:00</published>
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            Las cuentas claras y el chocolate espeso
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/las-cuentas-claras-y-el-chocolate-espeso" type="text/html" title="Las cuentas claras y el chocolate espeso" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Está visto que no somos de aquí; y, el que nos ha creado, no ha generado frentes ni tampoco ha elevado fronteras. Únicamente nos demanda amor verdadero, como retoños que somos del verso y la palabra, lo que requiere una conjugación vinculante, de la que ninguno estamos excluidos. En efecto, mi propósito, como el de cualquier ser humano que se precie de justo, es el hermanamiento con el mundo entero. Desde luego, sin el cultivo del afecto como lenguaje, va a ser imposible conciliar pulsaciones y armonizar sentimientos. Además, si la ciudadanía practicase la amistad como vínculo auténtico, tampoco tendría necesidad de la justicia, hallaría la ruta hacia la concordia, en unos tiempos en los que el ruido de la desmembración se hace cada vez más estridente.&nbsp;Hoy más que nunca necesitamos claridad, bajo una atmósfera alentada y alimentada por guerras, conflictos, desigualdad y miedo. En ocasiones, olvidamos que nuestra vida comienza con un parentesco y es a través de este lazo como crecemos y nos desarrollamos. El mismo entorno, pues, es una familiaridad que une las palabras a las cosas, los nombres a los rostros y a los rastros vertidos. La falsedad, en cambio separa estos talantes, generando desconcierto y equivocaciones. Ojalá aprendamos a reprendernos, a conversar entre sí y con los demás, para no vernos unos a otros como desconocidos, sino como acompañantes. No hay otro horizonte para la paz, que la unión de latidos y la confluencia de miradas acariciadoras, que es lo que restablece relaciones sinceras y lazos estables.Nuestra distintiva existencia es una coexistencia vinculante que nos enseña a abrirnos, a comprender, a cuidar a otros, a salir de nuestra comodidad y del encierro, a compartir sueños y a partir panes, tejiendo confianza para que nadie se sienta excluido y el compañerismo esté abierto a todos. Es evidente que la cultura del abrazo veraz, ha de ser el culto universal que hemos de fomentar. No bastan los discursos, se precisan acciones concretas ante realidades que nos deshumanizan. Reconciliarnos en familia, poetizar la buena vecindad con hechos reales, reconocer y ayudar a los necesitados, volvernos cercanos con aquellos que se sienten solos, llevar una palabra de aliento al que se siente desconsolado, son algunas de las misiones que debemos realizar, al menos para entrar en sanación humana.&nbsp;La humanidad no puede seguir dañando sus innatos nexos. De ahí, la importancia de no supeditarlo al poderío del dinero, sino a la transparencia del donarse a cambio de nada. Hagamos una tierra de corazones sinceros, démoslo todo para que así sea, y será posible la unión y la unidad. Por cierto, la armónica simpatía meramente puede surgir a través del desarrollo de un respeto mutuo entre semejantes y dentro de un soplo de cordialidad entre miramientos. Indudablemente, a la hora de la verdad nos daremos cuenta, que promoviendo la cultura del encuentro y no la del encontronazo, la de la cercanía y no la del distanciamiento, comenzando por escuchar antes de juzgar, la verídica camaradería será modelo para la mediación y el apaciguamiento.Por desgracia, las cuentas en el planeta no suelen estar muy claras, así que los espíritus corruptos se habitúan a gobernar a sus antojos, con las injusticias debidas. ¡Sálvese el país que pueda! Quizás debiéramos comenzar por avivar esa luminaria del refranero, con “las cuentas claras y el chocolate espeso”, máxime en una época en que la globalización es ya una realidad, pero no debe ser un nuevo tipo de colonialismo, sino un &nbsp;sistema que debe estar al servicio de la persona humana, de la solidaridad y del bien común. La ética exige que los procedimientos se adecuen a las necesidades del ciudadano y no que la ciudadanía se sacrifique en aras de un método poco estético. Lo natural es que el brío humanitario no desfallezca en su diversidad, no sólo para mantenerse vivo, también humano.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Nuestra distintiva existencia es una coexistencia vinculante que nos enseña a abrirnos, a comprender, a cuidar a otros, a salir de nuestra comodidad y del encierro, a compartir sueños y a partir panes, tejiendo confianza para que nadie se sienta excluido y el compañerismo esté abierto a todos”.]]>
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                                <updated>2026-07-27T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-27T16:00:00+00:00</published>
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            La realidad humunitaria; nos demanda un sentido responsable
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WloOMXoaBhErIsM91QP3xUq9irc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Volver a la estética del pulso y a la ética de los andares, ha de ser nuestra tarea. Nos conviene a todos, hacer cambios en nuestras existencias; ya que, si el egoísmo que genera el sistema hace que los gobernantes antepongan su éxito personal a su compromiso social, también nosotros con nuestras acciones y reacciones diarias, ante un problema con el que nos topamos, o una tensión que vivimos u ofensa que sufrimos en nuestro circulo viviente, nos mostramos pasivos e indiferentes, en lugar de ofrecer nuestra mano extendida y la comprensión manifiesta, contribuiremos asimismo a que el desorden crezca. Quizás debiéramos explorar más la memoria, repensar los hechos, y ver que nuestros pasos no radican en vaticinar el mal, sino más bien en destinar nuestras fuerzas por un mundo mejor.&nbsp;&nbsp;El futuro nos corresponde a todos laborarlo. En consecuencia, nuestro deber es cuestionarnos con valentía el modo y la manera de donarnos, de activar el níveo amor poniéndonos a generar concordia, ante una bochornosa realidad deshumanizante e inhumana como jamás, marcada y remarcada por un aluvión de conflictos armados y desplazamientos masivos. Desde luego, los principios de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia se perciben amenazados continuamente, por la impunidad en la vulneración de normas internacionales. De ahí, la necesidad, de que se active la buena vecindad; pues si cada uno se aviene con los de su propia acera, mediante el amor recíproco, la calle acabará aunándose de palpitaciones, reconduciéndonos y hallándonos en los demás.&nbsp;&nbsp;Hermanarse es nuestra gran asignatura pendiente. Lo armónico es lo que nos hace avanzar hacia el territorio de la belleza y embellecernos. El verdadero ser reconcentrado crece y aprende cada día de sus errores, llegando a descubrir que siempre uno es el principal garante de lo que acontece. Precisamente, entiendo, que un vencedor es aquel que entiende la obligación que conlleva su libertad, haciendo un llamamiento a rechazar la lógica del inhumano mercado, que todo lo compra y lo vende, especialmente en esta era de intereses mezquinos. Hoy más que nunca, por consiguiente, tenemos que entrar en sanación. La paz nace en nuestra propia casa, arranca en nosotros y finaliza con la siembra de gestos conciliadores y reconciliadores. Ahora bien, nadie puede amar sin antes amarse.Quererse a sí mismo es el prólogo de una biografía que dura toda la vida, contribuyendo a que cese este torrente de lágrimas, que nos está dejando sin sonrisa alguna, impidiendo fortalecer las alianzas globales para proteger la dignidad, la seguridad y la autonomía de todas las personas. No son las armas las que generan los acuerdos, sino la realidad del alma humana, que es lo que nos incentiva a vivir, sentir y recapacitar. Ojalá aprendamos a tomar conciencia de esta cruda realidad, para que cada cual haga de la unión la causa de su esencia, no aislándose, sino poniéndonos en movimiento, lo que te hace no quitar ojo y observar e ir hacia los otros, creando comunión y comunidad, objetivo del que tampoco debemos desviarnos.&nbsp;Justamente, porque cada uno de nosotros formamos parte del cuerpo civil operante, la situación humanitaria en el mundo hay que mejorarla con sistemas democráticos, que refrenden los derechos humanos y testifiquen por vigor moral el creciente amor a la humanidad.&nbsp;La estabilidad se manifiesta a través del cultivo de la cultura del abrazo sincero, hacia el semejante, lo que forja sobre todo sabiduría y felicidad. Está visto que nos hemos globalizado, ahora será hermoso que nos entendamos y atendamos, para defender nuestro proceder por aquí abajo, que ha de estar cargado de sueños hogareños y de relatos en sociedad. Sin ese vínculo de parentela, en continua conformidad, no espiga la correspondencia. Por ello, es vital conocerse y reconocerse, estimarse y ayudarse, ¡manteniéndose humanos!&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WloOMXoaBhErIsM91QP3xUq9irc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La paz nace en nuestra propia casa, arranca en nosotros y finaliza con la siembra de gestos conciliadores y reconciliadores. Ahora bien, nadie puede amar sin antes amarse”.]]>
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                                <updated>2026-07-23T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-23T16:00:00+00:00</published>
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            Nos falta amor para poder amar;  nos sobra violencia y manipulación
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        <author>
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo en esta vida tiene su antagonismo; en el caso del amor, el odio. Sea como fuere, procura saber lo que quieres ofrecer y dónate en tu tránsito por aquí abajo, antes de que el rencor se apodere de tus habitaciones internas y acabe por destruirte. Amando es como se vive realmente; de no hacerlo, es como se camina amortajado hacia su propio sepelio. Por tanto, la humanidad por sí mismo, tiene que dejar de deshumanizarse, ha de sentirse familia; y, como tal, debe favorecer todo tipo de encuentros desinteresados. Nuestros vínculos contemplativos han de formar un poema perfecto, lo que requiere una estrecha sintonía de variados pulsos confluentes, que es lo que realmente nos embellece y nos dispone a fomentar el cultivo del abrazo sincero a los demás. &nbsp;Quizás tengamos que poner más corazón en todo lo que hacemos, también en el brío dominante tecnológico, que ha de ser moldeado por toda la humanidad. No puede estar en manos de un puñado de países o empresas, pues todas las naciones deben tener una posición, tanto de escucha como de voz.Hemos de atendernos y entendernos mutuamente. Por ello, el amor es imprescindible, no sólo para hacernos radiantes, sino para mostrarnos cuánto podemos soportar. La presencia del dolor y de la barbarie que destroza la íntima comunión existencial, va a estar ahí, en cualquier esquina, a la espera de hacernos sudar: sangre, sudor y lágrimas. Será vital, por consiguiente, no sólo sentirse acompañado, también acompasado por lenguajes que nos armonicen.Hoy más que nunca requerimos sentir la caricia de una mirada, para poder dar luz al pan de nuestros agobios, que es lo que nos hace batallar por un futuro más humanitario, en el cual los seres humanos sean los que decidan y rindan cuentas. Jamás olvidemos, que somos ciudadanos apegados al afecto, no a las frías máquinas que pueden llegar a dominarlo todo, pero realmente el amor no se impone, se cultiva.A este cúmulo de contrariedades, además, hay que sumarle el espíritu de la falsedad que nos tritura nuestra propia inspiración natural, con un cúmulo de tensiones inducidas por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute a cualquier precio, generando dinámicas de intolerancia y agresividad a más no poder.Elevemos la mirada, hacia adelante. No mires jamás de dónde vienes, sino hacia dónde vas. Tampoco caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos, en lugar de avivar en nosotros las energías apacibles, que es lo que verdaderamente nos transforma, confiando nuestro compromiso al futuro de la humanidad, a través de la transmisión de la vida humana. Ahora bien, hemos de desterrar toda maldad, ya que el orbe de los afectos tiene siempre un sentido de clemencia, que nos lleva a aceptar al otro, aunque piense y actúe diferente, como parte de esa conjunción de percusiones. Seamos entonces algo más que un sentimiento, seamos caminantes de verbo en verso, que es lo que nos hace ofrecer el bien, aunque nos hayan inundado de males, por el único encanto de dar y de servir.Desde luego, esta realidad de entrega permanente y de guardia constante nos hace salir de nosotros mismos, mientras la rivalidad nos lleva a centrarnos en el propio egoísmo.&nbsp;El mundo, sería otro muy distinto, si fuese poesía &nbsp;y no poder, lo que nos demanda a laborar otros andares más humildes y menos endiosados. Entremos en el buen juicio, no necesitaremos salvajismo ni desafuero alguno; pues para un ciudadano de bien, todo el orbe forma parte de su vena conjunta. La mentira es la que sólo puede ser mantenida por la violencia. Nunca resuelve los trances, ni siquiera aminora sus efectos calamitosos. Sin embargo, estimar lo que nos rodea, también a nuestros análogos, es volverse amable; creando nuevas redes de integración, con el amoroso calor de hogar, sitio en el que uno siempre es esperado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Elevemos la mirada, hacia adelante. No mires jamás de dónde vienes, sino hacia dónde vas. Tampoco caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos, en lugar de avivar en nosotros las energías apacibles, que es lo que verdaderamente nos transforma, confiando nuestro compromiso al futuro de la humanidad, a través de la transmisión de la vida humana”.]]>
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                                <updated>2026-07-20T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-20T16:30:00+00:00</published>
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        <title>
            El encarte de pulsos nos une; el descarte de latidos nos separa
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-encarte-de-pulsos-nos-une-el-descarte-de-latidos-nos-separa" type="text/html" title="El encarte de pulsos nos une; el descarte de latidos nos separa" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nuestro afán dominante, en lugar de ser generoso, consiste en sembrar egoísmo, para suscitar la desconfianza constante, tomando la desesperanza como atmósfera; y, todo ello, disfrazado de cuentos interesados, con final guerrero. La mentira es nuestro gran proyecto colectivo. El corazón, por ende, también ha dejado de latir. Lo que percibimos en este momento es una tensión, fermento de la inhumanidad vertida, que nos deja sin métrica y abandonados. Tanto es así, que la violencia y la persecución continúan obligando a millones de almas a dejar sus hogares, mientras que las crisis climáticas, la inestabilidad económica y la fragilidad política, multiplican sus miserias. Además, con el timbre de la indiferencia, solemos dejar de lado que todos somos parte del poema viviente. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;En efecto, nos sobra demasiada coraza y nos falta corazón para ese encarte global incluyente. En el fondo, no se aprecia a la ciudadanía, ni a los ciudadanos como un valor primordial que hay que considerar y proteger, especialmente sin son indigentes o discapacitados, si todavía no son útiles como los no nacidos, o si ya no sirven, como las personas longevas.Por desgracia, nos hemos vuelto pasivos e insensibles ante situaciones exasperadas, propias de una existencia salvaje y no humana. Es cierto, que muchas gentes apoyan el derecho a buscar seguridad; pero, simultáneamente, se preguntan si los sistemas de asilo son justos, eficientes o si están debidamente gestionados. No es suficiente tener buen ingenio; lo principal, es emplearlo humanitariamente.&nbsp;Sin duda, nuestra gran asignatura pendiente pasa por avivar la poética del sueño hogareño a la vida en familia. Aislarnos entre sí, desde luego, es uno de los mayores tormentos actuales. La falta de requerimiento o acompañamiento, además nos corrompe todos los vínculos, desmembrándonos de la lírica del sentimiento, que es lo que nos engrandece y recompone.&nbsp;El rechazo, lo que hace es volvernos soberbios e ingratos, demostrando así que los hipotéticos avances de la sociedad no son tan reales, ni tampoco están asegurados para siempre.&nbsp;Muchas veces se percibe que, fruto de este absurdo endiosamiento, los derechos humanos no son iguales para todos. En consecuencia, a poco que observemos con atención los entornos, hallaremos contradicciones que nos dejan sin voz.La peor enfermedad radica en entrar en contradicción interiormente; máxime cuando, el propio orbe, tiene su naciente en nosotros.&nbsp;Dispongámonos a navegar mar adentro, que es donde se adquiere la influencia natural y su confluencia mística. Por tanto, hay que dejarse querer para poder amar de verdad y no vivir sustentados por una mentalidad de miedo y duda. Paradójicamente, hay recelos ancestrales que no han sido superados aún, como la sospecha a lo desconocido, que no tiene por qué ser monstruosa.&nbsp;En consecuencia, abrirse al mundo y reabrirse a todo lo que nos rodea, puede ayudarnos a que nuestros semejantes activen el espíritu que nos hermana y dejemos de levantar muros; que lo único que forjan, es amortajarnos de lágrimas y abatimientos.Indudablemente, el bien que hemos realizado nos da una satisfacción interior, que aparte de ser la más dulce de todas las pasiones, llegando a embellecernos nuestra propia mirada de sosiego y paz, nos pone en el camino de una forma nueva de vida, lo que nos hará descubrir al fin, que nos debemos recíprocamente, más allá de las fronteras que hemos generado y de los frentes que hemos activado. El pararnos a oírnos, como el sentarse a escuchar al otro, todo ello característico de un encuentro humano y del reencuentro consigo mismo, es un modelo de actitud receptiva que nos emplaza a buscar fusionados lo auténtico en el diálogo sincero, en la conversación reposada o en la discusión apasionada.Lo importante es perseverar, nunca tirar lo toalla, porque cada cual cohabita para sentirse poesía.&nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La peor enfermedad radica en entrar en contradicción interiormente; máxime cuando, el propio orbe, tiene su naciente en nosotros. Dispongámonos a navegar mar adentro, que es donde se adquiere la influencia natural y su confluencia mística. Por tanto, hay que dejarse querer para poder amar de verdad y no vivir sustentados por una mentalidad de miedo y duda”.]]>
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                                <updated>2026-07-16T16:15:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-16T16:15:00+00:00</published>
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        <title>
            El desarrollo del mundo;  es la poética de las facultades éticas
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cualquier camino que queda por recorrer, siempre se nos descubre como incierto y frágil, por lo que el más mínimo instante debe llevarnos siempre a hacer un alto en el camino, para pensar en la continuidad o en el cambio de rumbo. Lo que está claro, que todos los latidos reflexivos son necesarios, para poder tomar conciencia de que nada somos por sí mismos; protegiendo, de este modo, tanto la dignidad individual como la convivencia sosegada entre pulsos diversos. La singularidad de cada ser humano está ahí, en todas nuestras acciones y reacciones que han de ser tomadas en libertad, pero a la vez con sentido responsable, en beneficio no únicamente de sus propios miembros, sino de toda la humanidad; que, más pronto que tarde, debe fraternizarse.&nbsp;No podemos marcar la historia de nuestro linaje, contradiciendo nuestro propio sentido natural viviente y humanitario, tornándonos más inhumanos y pasivos; en parte porque el poder dominador todo lo corrompe, haciendo de la vida, que debe ser un poema perfecto, una dolorosa pena vulgar, donde nadie reconoce a nadie, a no ser nada más que por el dinero. La venganza y el odio campean por todas las atmósferas existenciales, deshumanizándonos totalmente. Rechacemos estos aires irreconciliables y pongámonos a embellecernos hermanados para reconstruir espacios que nos muevan los corazones, hacia el verso y la palabra, dejándonos acompañar por poéticas antes que por políticas mundanas, movidas exclusivamente por el interés del maligno.Pasemos, pues, de la equivocación humana ennegrecida al buen propósito de la lírica, que todo lo realza versando cosas humildes. Seamos esa pulsación esclarecedora y donante, reconstruyendo vínculos de auténtica amistad. Precisamente, nuestra obligación radica en vivir una vida apacible conforme a la inspiración radiante, para que aquellos sufrientes y olvidados sean recibidos con compasión, solidaridad y amor. Jamás olvidemos que nos necesitamos entre sí. Nadie puede excluirse y no protegerse, máxime en una época en la que millones de niños crecen con la inteligencia artificial antes de que existan reglas para salvaguardarlos; cuando ésta además, avanza más rápido que las normas para controlarla. Volvamos a la voz de poesía, dejaremos de ser ciegos y no seremos sanguinarios. El desarrollo del orbe será un horizonte inclusivo de esperanza cuando los seres humanos, al igual que los verdaderos poetas, conserven sus ojos de niño, para adentrarse en lo melódico que nos circunda. Nuestro santuario interior tiene que recomponerse para poder poetizarse, para que el poder de los oligarcas tecnológicos que muchas veces supera al de los Estados, se reduzca con la placidez bucólica. Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo.Necesitamos el cambio y, para conseguirlo, hace falta una equitativa y armoniosa participación en los bienes. No podemos defraudar las expectativas de los pueblos y continuar viviendo en un caos permanente, atravesado por conflictos armados, desigualdad extrema, impunidad y una creciente fragmentación geopolítica.La ciudadanía en su conjunto y el ser humano como tal, debe estar en el centro del progreso, que no ha de reducirse al simple crecimiento económico, sino que debe ser integral e integrador, como lo es el calor de hogar. Tampoco cabe rendirse, sería lo último. El decoro es la épica del deber, que sumado al derecho de una justa protección social, nos hace ganar sosiego; aunque el amor nos agite, pues éste ha de costarnos, para que sea verídico.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo”.]]>
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                                <updated>2026-07-06T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-06T16:00:00+00:00</published>
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        <title>
            El cooperativismo nos vuelve creativos; a la vez que ciudadanos de bien y bondad
        </title>
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Confieso que me apasionan las gentes, ya sean jóvenes (la fuerza para ir adelante) o mayores (la memoria del pueblo, la sabiduría), que fomentan el trabajo conjunto para el bien común. Bravo por ellos, que hemos de ser todos nosotros. La cuestión es mantener vivo el camino recorrido hasta ahora, pero con la mirada dirigida al futuro. Pensemos en el porcentaje de muchachos que, en este momento no tienen donde caerse muertos, cuando el trabajo es un derecho y una obligación, que a todos debe incumbirnos. Por tanto, si el asunto laboral es muy sustancial, ya que va unido a la decencia y a la dignidad del individuo, el cooperativismo es un modo socioeconómico y un método realmente solidario, donde la ciudadanía se une de forma voluntaria para satisfacer necesidades comunes.&nbsp;Desde luego, no existe una mejor prueba del adelanto de una civilización que la del avance del cooperativismo, con su acción recíproca, en la cual todo se gestiona democráticamente, priorizando el bienestar colectivo sobre el lucro individual. El camino no puede ser más saludable; es, precisamente, la senda para la igualdad, no para la homogeneidad, sino para un paralelismo en las diferencias, ya que los mismos beneficios se reparten de forma equitativa o se reinvierten. Indudablemente, hoy más que nunca tenemos que centrarnos en las personas, comenzando por generar confianza entre nosotros, fortaleciendo la cohesión social y uniendo a las comunidades en torno a las insuficiencias y a las aspiraciones compartidas.&nbsp;Nuestra misión es la de compartir y moverse cercanos. Al fin y al cabo, hay que tener el valor y la creatividad de construir la senda neutral para integrar, en el mundo, el desarrollo, la justicia y la paz. Lo importante, pues, no es el dinero, que lo único que hace es esclavizarnos; sino el afán cooperativista que debe perseguir finalidades transparentes y claras, a fin de inspirar la economía de la honradez. El espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser sólo la propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos. Sin duda, hemos de pasar a una hacienda del don, o sea, a una riqueza capaz de dar vida a empresas inspiradas en el principio de la solidaridad.La cobardía es un consentimiento a lo perverso. Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerras, sea el equivalente al de una paz efectiva. Es evidente que hemos de evolucionar hacia lazos de simpatía humana, de entendimiento con todas las naciones y todas las lenguas. Ahora bien, no hay fidedigna quietud, sino viene acompañada de equidad; al tiempo que, acompasada por lo auténtico, por lo justo y adherente. Reunirse para unirse es la primera fuerza cooperativista. Estar conectados y saber convivir es la segunda fuerza de superación y mejora. Trabajar con decencia y afanarse en extender la cultura del abrazo para la concordia, también es la tercera fuerza vital, la de convertirnos en promotores de la paz, facilitando el ánimo conciliador, con el brío reconciliador.&nbsp;Tampoco hay tres pujanzas, sin un espíritu que nos fraternice, reconduciéndonos a no hacer para los demás lo que no queramos que hagan con nosotros. En este sentido, el movimiento cooperativo, el cooperativismo o la corriente de cooperativas, es trascendental en un orbe marcado por conflictos, desigualdad, fragmentación social y una disminución del soplo predispuesto a la colaboración, más allá de las divisiones sociales y económicas, que convierten la vida en un infierno. En efecto, el mayor tormento existencial es sentirse solo, abandonado y sin fuerzas para enfrentar cualquier tipo de dificultad y esfuerzo. Sin embargo, caminando y trabajando juntos, advertimos el gran prodigio de la esperanza: todo parece posible una vez más.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser sólo la propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos”.]]>
                </summary>
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                                <updated>2026-07-02T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-07-02T16:00:00+00:00</published>
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            Rendirse en la adversidad; es ponerse de su parte
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nunca rendirse, nunca, en nada, ya sea grande o pequeño, enorme o minúsculo; es preciso buscar y recorrer todos los caminos posibles ante las dificultades, por muy descomunales que sean los altercados, lo que suele demandarnos un esfuerzo anímico profundo, con la firme decisión de apartarnos del mal, respondiendo con el bien, rompiendo de este modo la cadena de la injusticia. La mejor arma radica en el cultivo del amor de amar amor, con la verdad y la bondad como semilla. Desde luego, el principal escudo para volver próximos al prójimo, con las caricias de las miradas y el arte de la conversación, no es otro que escuchar y dejarse entender. Sólo así, podremos facilitar la solución de los conflictos y favorecer el respeto de la vida, de toda existencia humana.&nbsp;En consecuencia, el recurso a los artefactos para dirimir las controversias representa una derrota de la razón y de la humanidad. Jamás negociemos con miedo, pero jamás temamos negociar. No dobleguemos la rodilla ante el maligno. Activemos el entusiasmo del deber cumplido, que no es otro que el reencuentro entre análogos, gracias a la fuerza de cohesión dialogante, sustentada en una síntesis equilibrada de contemplación y acción, animada por la generosidad que alcanza cimas altísimas cuando se inclina humanitariamente ante los males profundos de los demás. La capacidad de volcarse ante la miseria ajena es la medida de la fuerza que impulsa hacia lo alto. Bajo esta enseñanza, siempre actual y viva, se sustenta la confianza hasta en uno mismo, el primer secreto de la superación.La familiaridad sirve en las pláticas más que el talento. Indudablemente, nada puede conseguirse sin esperanza y cordialidad. De ahí, la importancia de proteger el parlamentarismo y a sus mandatarios.&nbsp;Desempeñan un papel esencial a la hora de plasmar los compromisos en materia de garantías individuales y constitucionales en leyes, políticas y mecanismos de control que protejan a los ciudadanos frente a la discriminación, los abusos y la inmoralidad. Al garantizar que los derechos humanos continúan siendo el eje central de la toma de decisiones, las cámaras fortalecen el espíritu democrático, promueven la rendición de cuentas y fomentan la convicción de las gentes en las instituciones.Un país sin elecciones libres es un territorio sin voz, sin ojos y sin brazos. La democracia es un ideal universalmente reconocido y uno de los valores y principios fundamentales, que proporciona un entorno para la protección y el disfrute efectivo de la naturaleza pensante. Esta humanidad de las encrucijadas, con su multitud de cruces, lo que requiere es el fomento persistente de la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para zanjarlos. Darse por vencido no tiene ningún sentido, entonces. Se trata de no apoltronarse en las formas cómodas y habituales de tragarlo todo, abriendo las puertas de nuestro corazón, porque este orbe no está reservado a unos pocos privilegiados, sino que lo formamos en comunión y lo conformamos armónicamente en comunidad.&nbsp;&nbsp;El derecho y el deber son como las olas, tampoco dan oleajes diversos, sino se recrean con el aire y no crecen entre sí.&nbsp;Quizás, nosotros también necesitemos, comenzar por mantener conjuntamente el respeto al derecho ajeno, para poder ganar sosiego para el brío sensato. Además, puede que no estemos de acuerdo con las ideas de otros, pero hay que llegar a estar acordes; y, para ello, tenemos que defender con nuestra distintiva savia la contribución de poder expresarlo. Lo cardinal no es mantenerse pasivo sino activo.La peor de las actitudes es la indiferencia, decir que no puedo hacer nada y cruzarnos de brazos, sometiéndonos a la evidencia de que este mundo está trastornado. El aguantar merece estima, pero el agachar la cabeza es indigno; ¡la levantamos, pues!&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La familiaridad sirve en las pláticas más que el talento. Indudablemente, nada puede conseguirse sin esperanza y cordialidad. De ahí, la importancia de proteger el parlamentarismo y a sus mandatarios”.]]>
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                <published>2026-06-29T16:00:00+00:00</published>
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            El espíritu social nos llama a unirnos; a ser uno para todos y todos para uno
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En unas sociedades cada vez más heterogéneas y diversificadas, resulta imprescindible avalar una interacción armónica y una voluntad positiva, deseosa de allanar los caminos a las diferentes culturas y cultos, al menos para poder convivir próximos. En este sentido, dicha convivencia constituye el fundamento vital de la humanidad; y, como tal, debe ser reconocido a la vez que consolidado, patrimonio común, conscientes de que todos debemos estar preparados para tomar el timón existencial, en comunión y en comunidad. Por desgracia, cada uno suele mirar demasiado a sus propios intereses mundanos y olvida que hay cosas que nos incumben a todos y que debemos cuidar. Nos toca dejar el impulso solitario y coger las llaves del corazón, para entendernos y atendernos.Hemos de conciliar realidades, pero sobre todo tenemos que reconciliar talantes. Hoy lo sabemos todo, o al menos eso pensamos al estar muy informados, pero nos movemos con las entretelas dañadas. Apenas nos conmueve nada, la pasividad nos envenena los latidos y la indiferencia nos aletarga el pulso. Únicamente nos preocupa lo nuestro, que lo ocupa todo en nuestros quehaceres cotidianos, sin apenas importarnos que los conflictos aumenten y que la inflación debilite las economías, repercutiendo en los más pobres, que tampoco cuentan con una red de seguridad. Por si esto fuera poco, los países de renta baja y los nidos de pocos ingresos, que son quienes &nbsp;menos culpa tienen de la crisis climática, son asimismo quienes más sufren sus efectos angustiosos.&nbsp;La corporación se humaniza cuando se sustenta en el amor, no en los honores o en los beneficios que puede reportarnos. Nuestra esperanza está en la sana familia, que es la que se hace referente y referencia, a la colectividad civil. La familia armónica es como el poema perfecto, sumatorio de versos adjuntos que nos engrandecen, por sus encauzados latidos diversos, en su encuentro con el verbo al calor del hogar, del que germina el brío de la inspiración, que todo lo perdona y absuelve; siendo cuna, casa y escuela de vida humana. Sin embargo, donde se rompen los vínculos, todo se complica y se quebranta, comienza el aislamiento y la marginación. En consecuencia, sólo fusionados podemos despertar como seres sensatos: humanizados y hermanados.Realmente necesitamos lazos de unidad social estrechos, acrecentados por la conciencia de la responsabilidad propia de cada uno; pues, tan sólo, los buenos sentimientos pueden adherirnos. El beneficio nunca ha forjado coaliciones duraderas. Igual sucede con la economía global que hemos construido. Canaliza desigualdades tremendas que requieren actuaciones concretas de inmediato, como el fortalecimiento de los servicios públicos generales y los sistemas de cuidados, la garantía de acceso a un trabajo decente a través de un empleo público garantizado, con la introducción de mecanismos de seguridad de los ingresos, como la renta básica universal y la reducción del tiempo de trabajo, reconociendo además salarios justos y dignos.&nbsp;Por ello, precisamos una versión humanitaria de ese espíritu mutuo benéfico, dejando a un lado diferencias, para dar lo mejor de uno mismo a los demás y que no se fragmente, lo que ha de unirse. En efecto, &nbsp;tenemos que pasar a la acción y los gobiernos tienen que comprometerse &nbsp;a crear entornos propicios para lograr un desarrollo social más humano, comenzando por invertir en las personas &nbsp;que, sin duda, es la inversión más sostenible que puede hacer una nación, ya que toda actividad humana transcurre dentro de la sociedad sin que pueda sustraerse a su influjo. Así, una sociedad no será floreciente, mientras sus miembros naveguen en la deshumanización e inhumanidad reinante, como es la de vivir juntos en soledad, sin hacer nada por nadie, con el único objetivo de dominar y poseer.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La familia armónica es como el poema perfecto, sumatorio de versos adjuntos que nos engrandecen, por sus encauzados latidos diversos, en su encuentro con el verbo al calor del hogar, del que germina el brío de la inspiración, que todo lo perdona y absuelve; siendo cuna, casa y escuela de vida humana”.]]>
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                                <updated>2026-06-23T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-23T16:00:00+00:00</published>
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            Protejámonos dignamente unidos; o nos sepultamos solos
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Latido a latido es como se consigue todo. No existe el hundimiento, salvo cuando dejamos de batallar juntos y nos desalentamos separándonos entre sí; máxime en un momento en el que nos hemos globalizado, lo que nos demanda poner a prueba la gran promesa de seguridad para todas las personas, se hallen donde se hallen. Setenta y cinco años después de la adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, tras la Segunda Guerra Mundial, esa promesa continúa estando vigente y es uno de los compromisos más claros de la comunidad internacional: Que aquellas personas que se han visto forzadas a huir no sean devueltas a una situación de riesgo y puedan vivir con dignidad, aunque estén desplazadas.&nbsp;En un orbe plagado de conflictos, hasta que todo el mundo esté a salvo, sin que le falte la justa comprensión y la básica asistencia, no habremos conseguido el objetivo humanitario. Comencemos, pues, porque las instituciones, con sus gobiernos al frente, sean ejemplarizantes a la hora de mantener el apoyo vital y defender sistemas de asilo justos y accesibles. Desde luego, la seguridad no debe vivir a cuenta de la nacionalidad, la riqueza, la raza, la religión, el género, la opinión política o la situación migratoria. Hay protección únicamente cuando los ciudadanos desplazados puedan vivir sin temor y reconstruir sus existencias, sin exclusiones; para ello, es preciso universalizar y salvaguardar el derecho a solicitar refugio, con oportunidades reales para alcanzar la autosuficiencia.&nbsp;Ojalá aprendamos a caminar hermanados; la cuestión no es fácil, pero tampoco imposible. Es cierto que la ciudadanía atraviesa una profunda crisis anímica y cultural, que se exterioriza en múltiples hechos de violencia, polarización y desconfianza recíproca. Quizás tengamos que aprender a querernos a nosotros mismos, para poder querer a los demás. Esta experiencia de cercanía, nos recuerda también el valor de la concordia y del paciente esfuerzo de cada ser, por acoplar siempre la firmeza de las convicciones con la benevolencia del diálogo y la grandeza del servicio. Con el paso de los años, yo mismo he comprendido que el bienestar es real, cuando reconozco la avenencia con todas las gentes del mundo, sin excepción alguna.&nbsp;Sea como fuere, es público y notorio, que la unión genera vínculos que nos fortalecen, sobre todo en las cosas necesarias, en cuanto comunión íntima de vida y amor que somos, como familia natural, mientras la discordia todo lo debilita. Así, cuando estalla una pugna, se reaviva un trance latente o se desata una catástrofe. Los individuos se ven forzados a abandonar sus hogares y pertenencias. La labor benefactora, es estar a su lado y asegurarse de que reciben la protección y la asistencia que solicitan. Urge, por consiguiente, hacer frente a esta cuestión de manera eficaz; lo que nos exige actuar de común acuerdo, con espíritu solidario, sin excesos ni despilfarros. Al fin y al cabo, lo trascendente no radica sólo en mantenerse vivo, sino en sustentarse vivencialmente compasivo.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;La humanidad tiene que humanizarse, por deber. Su genética está radicada en el deseo del bien y la bondad, en el cultivo de la verdad y de la virtud, ya que no concurre para destruirse. Perseverar con la mirada limpia facilita el reencuentro, saber estar juntos, haciendo culto a la cultura del abrazo y a los cuidados ineludibles. Levantarse de las caídas, salir de los espacios que fragmentan, es viable. Ahora bien, la honestidad requiere vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación universal contra los traficantes, amparo afectivo y efectivo a las víctimas, procesos leales y fieles de acogida e integración y políticas más poéticas, que permitan a cada persona morar con decencia en su propia tierra. Seamos todos, entonces, noble calor de hogar; al menos, para no temblar de innoble frío.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7yZrjtalrhfgd6_QOfFDKbyuij0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La unión genera vínculos que nos fortalecen, sobre todo en las cosas necesarias, en cuanto comunión íntima de vida y amor que somos, como familia natural, mientras la discordia todo lo debilita”.]]>
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                                <updated>2026-06-19T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-19T16:30:00+00:00</published>
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            Nos asalta el temor;  el terror nos espanta
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/nos-asalta-el-temor-el-terror-nos-espanta">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WloOMXoaBhErIsM91QP3xUq9irc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Con la ayuda de Radio María, en paz me acuesto y enseguida me duermo. A veces me temo a mí mismo, cuesta tanto percibirse como comprender a los demás, entender el llamamiento de la naturaleza como atender a la evocación del donarse y de no servirse de nadie. Ciertamente, el tiempo de ruta está bien claro, desvivirse por vivir como un poeta en guardia, que todo lo embellece y luego lo comparte y, además, lo simpatiza. La convivencia es la vivencia de un modo y una manera de vivir la libertad, &nbsp;sin conveniencia.Cultivar la purgación y practicar el corazón, es un saludable propósito. Sin embargo, el pánico nos sobrecoge cada día, ante la imposición de intereses mundanos que nos dejan sin voz y nos niegan la dignidad, con la indecencia de la exclusión.&nbsp;Moremos en la poesía que somos y despojémonos del poderío mundano que no somos. En cualquier caso, no impongamos nada y propongamos todos. Despojémonos de esos aires terroríficos que nacen del odio, que se sustentan en el desprecio hacia toda existencia y que son un verdadero crimen contra la humanidad.&nbsp;Por tanto, no basta reprimir los recelos, suspender las luchas, hay que tender a un aire conciliador que nos reconcilie los ánimos, dentro de las familias y de la sociedad. Que esta noble nación de España, como ha dicho en su viaje apostólico el Papa León XIV, en su encuentro con los miembros del parlamento español, jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar el futuro, en comunión y en comunidad, con la franqueza del diálogo y la grandeza del servicio.&nbsp;Esta proverbial “Tierra de María” que San Juan Pablo II quiso llamar, puede ofrecer sus místicos latidos, contra la furia del enemigo.&nbsp;Para empezar, cuenta con una lengua que une continentes, aunque también caminemos por gargantas tenebrosas; y tiene, además, una experiencia histórica; &nbsp;que nos recuerda el valor de la concordia y del esfuerzo paciente para cimentar una relación apacible y ecuánime. La bondad, aunque sea cultivo de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos.&nbsp;Pongamos pasión, pues. Únicamente el verdadero amor es el que nos aproxima, nos trae felicidad y nos atrae hacia ese calor de hogar, tan vital como preciso; ya &nbsp;que nuestras propias voces interiores necesitan sentirse acompañadas y acompasadas, por esos tonos y timbres vinculantes y alentadores.&nbsp;La ciudadanía tiene que dejar de producir diente con diente para ofrecer pulso a pulso, la mejor de sus pausas, los latidos del alma e ir tejiendo lazos donde poder sembrar la semilla del verso, que se hará poema y limpiará todas las penas.&nbsp;Que nada nos turbe, ni tampoco nos espante, si sumamos fuerzas y secamos lágrimas. Ciertamente, nos merecemos otro mundo más hermanado, que reconozca esas madres que ya no pueden alimentar a sus hijos, o esas familias obligadas a abandonar sus pertenencias para huir de la violencia o esos niños privados de escuela desde hace años. Hay que salir de este abismo; y, el espíritu humanitario que todos llevamos consigo, debe estar ahí, en primera línea, manteniéndonos incorporados a la responsabilidad de la acción.&nbsp;Estamos obligados, en consecuencia, a repensar y a preguntarnos a dónde nos estamos encaminando o, mejor aún, hacia dónde nos estamos arrojando.&nbsp;Desde luego, no faltan razones para un cambio. Nos lo recordaba en su discurso también el Santo Padre León XIV, con motivo del viaje apostólico y el encuentro con la comunidad diocesana, en el Estadio “Santiago Bernabéu” (Madrid), con la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén. Hoy, enmendar representa parada y escucha, pues es en la pluralidad de voces y visiones, donde se realza la claridad, haciendo que todos nos sintamos como en casa.&nbsp;Al fin y al cabo, el futuro depende de todos nosotros, del respeto que nos tengamos y de la alegría que sembremos.&nbsp; &nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WloOMXoaBhErIsM91QP3xUq9irc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La ciudadanía tiene que dejar de producir diente con diente para ofrecer pulso a pulso, la mejor de sus pausas, los latidos del alma e ir tejiendo lazos donde poder sembrar la semilla del verso, que se hará poema y limpiará todas las penas”.]]>
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                                <updated>2026-06-11T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-11T16:00:00+00:00</published>
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            El arte de la escucha y del diálogo; en un mundo deshumanizado y cambiante
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La humanidad requiere ponerse las pilas, o sea, ser más corazón que coraza. No podemos continuar con esta situación de bochornos inestables y de acciones inhumanas, que nos sorprenden a diario por cualquier esquina del planeta. Necesitamos salir de estos empedrados de pasividad y ponernos en la acción solidaria a caminar juntos, para reencontrarnos afablemente, en esta época en el que la inteligencia artificial ya afecta a muchos perímetros de nuestra existencia e incide en decisiones que modelan la convivencia. Desde luego, es vital el fomento de la cultura del abrazo sincero, para poder entrar en conversación. Por ello, se requiere jugar limpio, que es como se gana la confianza entre las civilizaciones, a fin de fortalecer las relaciones entre las naciones y reforzar la adhesión mundial.&nbsp;En comunión y en comunidad todo se logra, lo significativo es tener claro el camino a seguir, que no es otro, que el de la concordia. Quizás tengamos que ramificarnos a una paz más mística que mundana, más de espíritu justo que de ausencia de contiendas. En consecuencia, el recurso a los artefactos no es la solución para dirimir los litigios, sino la mano tendida y extendida siempre, totalmente desarmados y con el lenguaje del entendimiento, que es lo que nos hace mantener viva la cuestión de lo humano. Tanto es así, que tampoco avanzamos, sin la reconstrucción de aprender a reprenderse uno mismo, para poder servir, dándonos. En efecto, somos ciudadanos en servicio, con pulso libre e intelecto dotado de conciencia, capaz de reencontrarnos y de hacer hogar en nuestra casa común.&nbsp;Esto requiere estar en guardia, con voluntad de auténtico penitente poeta, observando la diversidad y ejercitando el espíritu creativo, para hallar un terreno común a la hora de abordar los apremiantes retos actuales, franqueando los choques de intereses y de ignorancias, que no es nuestra misión, sino la de contribuir en última instancia a una ambiente armónico, donde reine el bienestar, el desarrollo y el progreso. Ciertamente somos una realidad universal, pluralista, que no debe ascenderse, sino bajarse y hacer recogimiento, en favor de un espacio donante, patrimonio del verso y la palabra, donde la fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, se traduzca en un compromiso tan enérgico como real. &nbsp;Hoy más que nunca tenemos que abandonar estas narrativas mundanas, que suelen ser muy políticas pero nada poéticas. Sólo hay que ver, su afán de alejar y desunir, para sentir la poca sintonía y la falta de respeto, que nos tenemos los ciudadanos entre sí. Sin duda, hemos de despertar de este mezquino sueño, sabiendo que únicamente unidos lograremos alzar un futuro, no para los privilegiados de siempre, sino para toda la genealogía humana. Precisamos, pues, ser personas de bien, gentes de palabra, haciendo madurar lo que somos, la vivificante historia de la civilización del amor de amar amor. Esto se refrenda, no con armas, sino poniendo alma en aquello que se hace, lo que se requiere destronar muros y abrir horizontes de esperanza.El aluvión de adversidades nos demanda el encuentro, jamás el encontronazo. Naturalmente, debemos recobrar el apasionamiento del equipo en las cosas necesarias, siendo humanitarios y libres en todo momento, sabiendo además que la convicción mueve montañas, porque la caridad bien entendida, empieza por uno mismo a regenerarnos. Lo hemos podido contemplar, en la multitud de miradas de jóvenes que acudieron a la Plaza de Lima (Madrid), en la Vigilia de oración, dentro del viaje apostólico a España, del Papa León XIV, donde los organizadores diseñaron un festival de fe sensatamente vivido, combinando la música, con los testimonios y la oración. Son, precisamente, estos entornos resplandecientes; los que nos transfiguran y nos trascienden. ¡Qué se propaguen!&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Es vital el fomento de la cultura del abrazo sincero, para poder entrar en conversación. Por ello, se requiere jugar limpio, que es como se gana la confianza entre las civilizaciones, a fin de fortalecer las relaciones entre las naciones y reforzar la adhesión mundial”.]]>
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                <published>2026-06-08T16:00:00+00:00</published>
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        <title>
            Somos agentes de cambio; pero hagámoslo desde el respeto
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/somos-agentes-de-cambio-pero-hagamoslo-desde-el-respeto" type="text/html" title="Somos agentes de cambio; pero hagámoslo desde el respeto" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En este mundo nada permanece, cada pequeño gesto cuenta, la cuestión es aprender a reprenderse en el cambio, escucharse y quererse para no lastimarse con la transformación; que ha de ser, desde luego, menos mundana y más mística.&nbsp;Por tanto, no es cuestión de beneficiarse, ni tampoco de dominar; sino de amarse para poder amar aquello que nos acompaña o vive en nosotros. En consecuencia, no pasemos de un extremo a otro, repensemos la situación; y, aún más, seamos responsables, tampoco permutemos la salud por la riqueza, ni la libertad por la influencia. Lo sustancial es mantener intactas nuestras propias raíces humanas, batallar en familia intercambiando sueños, tejer pensamientos en común y compartir deseos que nos embellezcan.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Resulta improcedente hablar de reformas sin hacer referencia a las formas, ni a los fondos, que nos motivan a realizarlas.&nbsp;Todo tiene que sustentarse en un sano quehacer y en un mejor obrar. Es verdad que tenemos una misión que realizar, es cuestión de descubrirla y trabajarla en comunión y en comunidad. No hay rincón que nos circunde y permanezca callado. Nuestra propia casa común ya nos está hablando.Y lo hace con temperaturas récord, incendios más atroces, tormentas extremas y glaciares que desaparecen frente a nuestra visión. Asimismo, está creciendo otro impulso, el de la reacción colectiva; comunidades que restauran ecosistemas, ciudadanos que activan energías limpias, transformando ciudades y hogares. &nbsp;Indudablemente, las evoluciones pasan por entenderse y atenderse, respetándonos entre sí. Cualquiera que mire al pasado o al presente, se perderá el futuro, que es de cada uno de nosotros; tan sólo hay que querer formar parte de ese poema necesario que, además ha de ser perfecto para que nos armonice en su tono más níveo, el azul transparente, tiene su oleaje de emociones y vivencias.&nbsp;En realidad, nuestro potencial creativo es inmenso; y, como tal, ningún progreso puede subsistir alocadamente, lejos de su sentido natural y humanitario. Luchemos, por consiguiente, contra los espíritus contaminantes, para devolvernos la hermosura de nuestros andares y hagamos el propósito de no violentar su pureza. &nbsp;Las masas humanas más temibles y terribles, precisamente, poseen su punto de enloquecimiento en el miedo al cambio, se lo han inyectado en vena el veneno, y rehúsan cualquier alteración o novedad.&nbsp;Sea como fuere, pedimos el buen talante, así como todos los talentos, y la implicación colectiva hermanada. Cada uno de nosotros está llamado a actuar, pero también debemos proceder unidos, empezando por los gobiernos y las instituciones, las familias y las personas.Es bueno unirse y reunirse para superar las crisis y vencer los prepotentes intereses que dificultan nuestra importante respuesta fusionada; pues son aquellos latidos conjuntos, los que facilitan y mantienen una vida sostenible, en armonía con la naturaleza.&nbsp;Por eso, es saludable conocerse y reconocerse, para modificar nuestra propia trayectoria vital. Incluso hay esperanza, para evitar el contagio del ánimo deshumanizador e inhumano, que nos invade.&nbsp;Sobreponerse de esta atmósfera injusta no es fácil, pero aún tenemos aliento, para volver a optar por el bien y regenerarnos.&nbsp;Sin duda, debemos vivificar cuanto antes los mejores recursos de nuestra naturaleza benigna, las virtudes innatas del amor, la compasión y el altruismo. El mayor caudal que la ciudadanía ostenta es la capacidad de diálogo que nos lleva a encontrar nuevas sendas. Pararnos a contemplar es lo que nos engrandece el corazón y nos hace discernir, aplanar las tapias de la hostilidad y vencer la arrogancia con la humildad. Ahí radica, la verdadera fibra del cambio.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“En realidad, nuestro potencial creativo es inmenso; y, como tal, ningún progreso puede subsistir alocadamente, lejos de su sentido natural y humanitario. Luchemos, por consiguiente, contra los espíritus contaminantes, para devolvernos la hermosura de nuestros andares y hagamos el propósito de no violentar su pureza”.]]>
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                                <updated>2026-06-04T16:30:06+00:00</updated>
                <published>2026-06-04T16:30:00+00:00</published>
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            Capacitar a todas las familias;  para que nadie tiemble de frío
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Nuestro principal deber es hacer comunión y comunidad, generar vínculos y tomar el aire de los sueños compartidos. Sin calor de hogar, nada somos, necesitamos sentirnos cobijados y acompañados. Cualquier ser pensante, que se sienta solo en el planeta, es un ser que tirita de crudeza. Es cierto, que el lazo que nos une como auténtica familia, no tiene porque ser de sangre, sino de respeto y de alegría mutua. Rara vez los miembros de un mismo linaje crecen bajo el mismo techo. Esto nos demanda a ser más corazón que coraza. La vida nos requiere implicación; por tanto, ser progenitores es un viaje lleno de estima, de desafíos y de aprendizaje sin fin. De ahí, la importancia de empoderar a todas las genealogías para que puedan ir hacia adelante.Ciertamente, nos requerimos conjuntamente, ya sea para el desarrollo de habilidades, para dar autoridad o permiso, o para ganar fuerza o autonomía. Ser antecesores justos, es el trabajo más importante del mundo, yo diría que el primordial. Sin embargo, aún muchos ascendientes no disponen del tiempo y tampoco del apoyo preciso, para estar con sus retoños.En efecto, la implicación de los padres es vital para el bienestar y la salud integral de los niños, incluso para su éxito académico. Será benigno, por consiguiente, continuar ahondando en nuevos marcos normativos de protección a las familias, que permitan entornos más favorables a la savia hogareña, incorporando la perspectiva de género, reconociendo y protegiendo la diversidad de modelos de convivencia conyugal.Una mejor conciliación laboral y familiar, debe ser una cuestión social prioritaria en cualquiera de los rincones del orbe, a la vez que impulsar la igualdad de oportunidades, la lucha contra la pobreza y la exclusión social. En consecuencia, la financiación de servicios y programas sociales de protección a la parentela, así como la atención a la pobreza infantil, la considero más esencial que nunca, cuando todo se disgrega y se divide, por esa falta de comprensiva concordia y exceso de egoísmo. Por desgracia, la lógica individualista y mercantil del intercambio interesado tiende a violentar incluso el ámbito de las relaciones interpersonales, volviéndolas falsas y frágiles, mientras que sería bienhechor afianzar lo contrario, que los valores de la estirpe humanizasen el mercado.Es evidente que el futuro de la humanidad pasa por el tronco humanitario, no por ser una sociedad competitiva, donde parece que únicamente los briosos y los ganadores merecen vivir; como si tan sólo las estructuras económicas e institucionales, fuesen lo prioritario. Ojalá aprendamos a reprendernos, a valorar y a reconocer en las personas un valor cardinal, el del amor de amar amor, por encima de cualquier sistema de producción en masa, que lo único que hace es esclavizarnos y corrompernos. Quizás sea saludable despertar, asociarse y oírse, evitando nuevas concentraciones de poder dominador, que para nada tienen en cuenta el enlace entre la docencia y la decencia del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las filiaciones de llevar una vida digna.Son los ciudadanos los que deben contar, cada uno de ellos y sus proles. Y en este sentido, tampoco podemos perder la esperanza de trabajar unidos en pos del bien colectivo, lo que significa tener un proyecto compartido. Ser hijo de unos buenos patriarcas, ¡qué gran riqueza es! Unos sensatos predecesores valen por cientos de maestros. No podemos descuidar el uso de nuestras herramientas afectivas. Esto no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia el sentido natural. Precisamente, creo que urge la labor de un equilibrio más ético, por ejemplo entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo con el que madura la conciencia, el rol de madres y padres por concebir un mundo más de todos y de nadie en particular. O sea, ¡humano!</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DgU-sqYEOo3z7pC4TMuLbK6MBII=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El futuro de la humanidad pasa por el tronco humanitario, no por ser una sociedad competitiva, donde parece que únicamente los briosos y los ganadores merecen vivir; como si tan sólo las estructuras económicas e institucionales, fuesen lo prioritario”.]]>
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                                <updated>2026-06-01T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-01T16:30:00+00:00</published>
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            Perseverarse humanos; toda una identidad beatífica
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La humanidad requiere humanizarse, permanecer en su propia identidad de ser humano, no endiosarse y mucho menos aún mercantilizarse, pues no hay mayor riqueza que volver a ser el verso níveo reencontrado consigo mismo, en su propio tronco místico, que es lo que realmente nos da vida y nos hace ser lo que somos, amor y nada más. Sin duda, nuestra primera misión es dejar de engañarnos, eclipsados por un mundo cada vez más inhumano, que no entiende nada más que de poseer y tener; cuando lo vital, radica en darse y en donarse. Ahí reside el verdadero avance humanitario de la solidaridad, en un corazón abierto al otro, con una mente que sabe escuchar, en continuo diálogo para reducir preocupaciones y afianzar vínculos que repueblen lazos de comunión y comunidad.&nbsp;Por otra parte, la realidad es la que es, o bien nos movemos entre alborotos o en letargos. &nbsp;Sea como fuere, no es nada fácil mantenerse con el espíritu humano en una época de contrariedades manifiestas, donde la falsedad es el abecedario universal y la ley de la selva está resurgiendo por doquier. Olvidamos que todos nos requerimos, al formar parte de una concurrencia de latidos, conjuntamente necesarios e imprescindibles. De ahí, la importancia de compadecerse y de apaciguarse, en medio del aluvión de conflictos generales que nos asolan. En consecuencia, antes de que sea demasiado tarde, acabemos con la debilidad colectiva en torno a las armas nucleares y fortalezcamos la cultura del abrazo y el entendimiento, con las vías del razonamiento, la diplomacia y la negociación. Nos vendrá bien que, en un momento de crecientes tensiones, pongamos orden en nuestras existencias. Está visto que el ser humano es bueno por naturaleza y que la maldad toca lo antinatural. Realmente esta afirmación, lo que nos pone visible, es que parte de la creación lleva inscrita una bondad originaria y una verdad notoria, que nuestra frágil mirada debe custodiar, cultivando la caricia en la mirada y madurando composturas; puesto que ningún país está por encima de otro, ni debe abusar de su potestad para acometer. No hay nada más embellecedor que el respeto entre semejantes y la cordialidad entre análogos. Será un buen modo de promover la comprensión y de suscitar la igualdad de todas las naciones en términos de derechos y oportunidades. &nbsp; Lo armónico empieza con cada uno de nosotros; es cuestión de aprender a reprenderse uno así mismo, de ponerse en acción como esas fuerzas de mantenimiento de la concordia, que sacrifican sus vidas cada día por los demás. El que todos podamos florecer, exige una corresponsabilidad valiente de que el sentido humano prevalezca sobre el interés frívolo, pero también un discernimiento cooperante de persistir caritativos; tanto para poder interpretar las dinámicas de la globalización, como para poder inspirar un orden internacional más justo y pacífico. Lo trascendente no es simplemente mantenerse enérgico, sino aguantar benigno en este valle de desconsuelos por el que transitamos a diario. El saber no se salvará sin la certeza, pero la certeza sin el saber, tampoco será humana. &nbsp;Todo es correspondencia. Siempre he pensado que, si bien el individuo esperanzado en la condición humana es un soñador, el que desespera de los hechos y no espera un cambio es un miedoso, lo que nos requiere a todos vivir como poetas en guardia, al menos para no correr el riesgo de desviarnos hacia metas engañosas. Al observar nuestro tiempo, no podemos ignorar algo tan esencial como la tutela de los derechos humanos, que no deben quedar por debajo de los beneficios o el poder. De hecho, la calidad del desarrollo, ha de medirse por su capacidad de mantenernos humanos, que es lo que fomenta la unión y la unidad, favoreciendo condiciones existenciales dignas, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, atención y cuidado de la creación. ¡Buen propósito!&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El que todos podamos florecer, exige una corresponsabilidad valiente de que el sentido humano prevalezca sobre el interés frívolo, pero también un discernimiento cooperante de persistir caritativos; tanto para poder interpretar las dinámicas de la globalización, como para poder inspirar un orden internacional más justo y pacífico”.]]>
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            No hay horizonte, sin calor de hoguera
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5BhCdRK5ay-gPRe8LMRQ2bhXuHI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/10/corcoba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp; Pongámonos en camino, o sea, en el quehacer cotidiano. Naturalmente, todo esto debe tenerse en cuenta iluminando cada dimensión de la actividad humana, no desde el individualismo, sino desde el compartir, haciendo familia, que es como se custodian voces y rostros humanos. Hoy más que nunca, precisamos que la concordia como deseo y vocación, nos congregue a reflexionar, sobre lo que significa ser artífices de lo armónico en momentos muy complejos, conflictivos e inciertos. Para empezar, tenemos que avivar el encuentro, con el testimonio doméstico del calor de casa, el único capaz de enseñar muchas más cosas de las que pueden decir las palabras. No tenemos otro horizonte más sublime, que allí donde el ser humano viene a la luz.&nbsp;En efecto, sin esa llama de auténtico amor, todo se desvanece y se derrumba. Son en las raíces de uno mismo donde se aprende humanidad, anteponiendo el auténtico amor, en continuo ofrecimiento natural, por encima de cualquier otro interés y pretensión. Está visto, que nuestra época tiene necesidad de esta sabiduría vinculante para humanizar los nuevos descubrimientos, y no tomar la vía inhumana, que nos deshumaniza por completo. Por ello, la tarea ahora fundamental, al habernos globalizado con lo que esto supone de universalización, es reconstruir pueblos y ciudades inclusivas, resilientes y capaces de proporcionar vivienda segura y oportunidades para todos, garantizando al mismo tiempo que nadie quede atrás. Sin embargo, cada día tenemos más desempleados, hambrientos o sin techo.Indudablemente, el hogar es donde comienza la dignidad. No hay otra alianza más nívea que la mística cognición progenitora, la que por cierto, debe ser profundamente reconstituida en la cultura actual. Porque es desde este lazo familiar de sensatez y humanidad desinteresada, como podemos influir positivamente en la construcción de un orbe más justo y fraterno. Comencemos por poseer una vivienda adecuada, con acceso a agua limpia y saneamiento, con la energía suficiente para cocinar comida o calentar e iluminar. Se trata de dar, tenencia a lo básico. Sea como fuere, el futuro de la humanidad se proyecta en la familia, forjando comunión y comunidad entre sus miembros, hoy con frecuencia tentada por el desánimo y apenada por las dificultades. &nbsp;Está bien que, ante los crecientes aprietos, miremos a las estrellas, pero no olvidemos de encender la lumbre en el nido. Seamos como llamas que enciendan otras llamas, en las relaciones familiares.&nbsp;Nuestra perspectiva es la morada, donde se ubica el amor y los seres que nos esperan, con la llave del corazón siempre abierta. Esto requiere el fermento de un espíritu humilde, tanto para acoger como para ser recogido. Al fin y al cabo, todos somos dadores y receptores, nos necesitamos entre sí, y estamos llamados a enriquecernos mutuamente. Recordemos que esto no sucede únicamente a través de los dones materiales, sino también vertiendo una sonrisa, echando una caricia en la mirada, o simplemente, poniéndonos en disposición de escucha.&nbsp;Personalmente, confieso, que me entusiasma ponerme el oído hacia mí mismo. Hacer balance de lo vivido, me obliga a mantener largas conversaciones en la noche. Sea como fuere, entrar en sintonía con los pulsos y las pausas, que cada cual lleva consigo, es una de mis mayores satisfacciones, aunque no entienda ni una palabra de lo que me digo. Quizás sea, porque aunque uno viva aquí abajo, tenemos nuestros enraizados latidos en los de arriba. Tampoco tiene sentido alguno, constituirnos en amos de nadie ni de nada. Abramos los ojos y que sean las entretelas, las que nos reencuentren.&nbsp;Seguramente entonces, descubramos que el mejor cobijo está en las alturas y nuestra mejor residencia en lo que permanece como patria llena de esfuerzo y ternura, obviando ser alcoba de perversiones.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5BhCdRK5ay-gPRe8LMRQ2bhXuHI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/10/corcoba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“El futuro de la humanidad se proyecta en la familia, forjando comunión y comunidad entre sus miembros, hoy con frecuencia tentada por el desánimo y apenada por las dificultades”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-05-27T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-27T16:30:00+00:00</published>
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            Lo bueno y lo bello, son inherentes, a la cultura del cuidado
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CLzZ2QLCITeHXUKFww5Wu-1UbuA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Es tiempo de ejercer la contemplativa, de adentrarnos en todo aquello que nos rodea, para reconocernos parte del mismo tronco viviente; lo que nos demanda como seres pensantes que somos, a reforzar el diálogo entre nosotros, porque el desafío ambiental que anidamos, y sus raíces humanas, nos afectan y nos impactan a todos. Tanto es así, que, si la biodiversidad sufre, la humanidad también. Indudablemente, los recursos biológicos son los pilares que sustentan las civilizaciones. Respetémonos, pues. El hábitat se doblega, obedeciéndolo. Comencemos por acariciar con nuestra mirada, esas aguas cristalinas tantas veces contaminadas por el género humano, verdaderamente en impureza; o, esos bosques amenazados por la deforestación, altamente errados. &nbsp;Sea como fuere, en un orbe en el cual todo está interconectado, no destruyamos los vínculos naturales, trabajemos con la mente y el espíritu para reconstruirlos. Hagámoslo, asimismo, superando el egocentrismo que nos gobierna y degustando lo caritativo de esa belleza compartida, que es lo que en realidad nos injerta viva coexistencia y consistencia benigna. No olvidemos tampoco que la salud de nuestro planeta juega un papel vital en la aparición de enfermedades transmisibles entre animales y humanos. En consecuencia, a medida que continuamos invadiendo ecosistemas frágiles, nos ponemos en contacto cada vez más con la fauna silvestre, lo que permite que los patógenos se extiendan al ganado y a los individuos.&nbsp;A todos los ojos, siempre hay un libro abierto, el del entorno por el que nos movemos. Forjémoslo a corazón abierto. Pongamos espíritu observante, no permanezcamos indiferentes ni seamos pasivos, ya que produce un inmenso dolor pensar que la biosfera nos hable mientras la humanidad no escucha, llegando a romper esa alianza originaria entre Creador y criatura perecedera. Precisamente, es este endiosamiento mundano actual, que ha puesto al dinero y al dominio del poder a cualquier precio, como bien supremo, lo que nos está dejando sin conciencia y nos conduce a la catástrofe; a un caos climático sin precedentes, en parte debido a la contaminación y a la explotación despiadada de la tierra, los océanos y el agua dulce. Sin duda, los resultados son demoledores, para todo proceder.Nadie estamos a salvo del colapso antinatural. Sólo hay que advertir que nuestra propia actividad humana, continúa alterando hasta un 75% el medio terrestre y el marino en un 66%; y que un millón de especies de animales y vegetales se hallan en peligro de extinción. Nos alegra, por consiguiente, que el Plan de Naciones Unidas aliente y active medidas para restaurar y conservar lo que realmente nos genera néctar viviente. También el gozo se hace mayor, cuando ves que los gobiernos además toman iniciativas, movilizando fondos y subsanando las deficiencias de capacidad que frenan el bienestar con sus avances. Y, aún el regocijo es más sublime, cuando se percibe, la implicación del ciudadano como tal, en la red saludable existencial que sustenta a la sociedad.&nbsp;La vida y nuestra singular genealogía, lo manifiestan de hecho, al no poder ser nosotros mismos sin el otro y sin los otros. En realidad, nada debe ser excluido, porque todo está íntimamente relacionado. A mi juicio, hoy más que nunca, hace falta trabajar unidos para detener e invertir en la pérdida de la heterogeneidad orgánica, de manera que la ciudadanía y la naturaleza prosperen juntas. Esto nos requiere identificar nuevos paradigmas pedagógicos para promover en los procesos educativos, el diálogo entre los saberes diversos, contribuyendo a que crezca el afán al cultivo del cuidado a través del amor de amar amor. Así es como nos embellecemos, pasando de los males o de las maldades a valores o bondades, que se hacen virtud. Lógicamente, ¡una persona buena, es un bien colectivo!&nbsp;&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CLzZ2QLCITeHXUKFww5Wu-1UbuA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/corcoba.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Pongamos espíritu observante, no permanezcamos indiferentes ni seamos pasivos, ya que produce un inmenso dolor pensar que la biosfera nos hable mientras la humanidad no escucha, llegando a romper esa alianza originaria entre Creador y criatura perecedera”.]]>
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                                <updated>2026-05-21T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-21T16:30:00+00:00</published>
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            Apuesta por un corazón limpio; que avive el respeto mutuo
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/apuesta-por-un-corazon-limpio-que-avive-el-respeto-mutuo" type="text/html" title="Apuesta por un corazón limpio; que avive el respeto mutuo" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En este mundo de realidades corruptas y de espacios de mercado, sin sensibilidad alguna, al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia anímica, precisamos recuperar la importancia de un timbre radiante, que intensifique la consideración hacia todo ser humano; hoy tentado de navegar como un cuerpo sin espíritu, al ritmo de la compraventa vinculada a la cartera de inversiones, en lugar de volver al corazón, para reencontrarse. No podemos continuar devaluándonos.&nbsp;Hemos de reaccionar frente a este egoísmo, que desemboca en un individualismo empedrado y cada día más enfermo, verdaderamente destructivo, que nos deja sin alma. Urge regresar al verso que somos, a la sístole y diástole del verbo nítido, que es el que nos eleva a la mística en comunión.Precisamos que todas las acciones se pongan o se repongan bajo el dominio poético de los latidos, que la comercialización y los deseos de capital obsesivos, dejen de apoderarse de nuestros andares, por aquí abajo. La poesía y, no el poder a cualquier precio, es lo que debe reinar sobre todo lo demás.Esto nos exige, practicar la confluencia de miradas, si en verdad queremos albergar un estado de arrojo humanitario. Por ello, es vital recogerse para hacer silencio; y, de este modo, templar nuestros propios impulsos terrícolas, a fin de armonizar las estúpidas enemistades. Dejemos, pues; que las entretelas diluciden nuestros pasos, antes que la indiferencia nos tutele y la ingratitud nos subyugue. No olvidemos jamás, que cada obra de amor, tiene su social aleteo curativo.&nbsp;Indudablemente, la peor de las contrariedades será cultivar un interior cerrado y endurecido; que apenas, sienta por nada, ni tampoco por nadie. Enmendarse es lo suyo; lo que nos demanda a tener que ahondar en el nosotros, para que nuestras distintivas habitaciones estén tranquilas. Esto requiere tiempo y otros cultivos, que tampoco están de moda en el ahora. Se trata de mirarse y de verse para poder refundirse; previo aprender a reprendernos, bajo la visión de una sana voluntad. El juego limpio puede ser una buena lección, para observar cómo se activa el aprecio entre las gentes copartícipes, enseñándonos a valorarnos y a respetarnos los unos a los otros. Únicamente se requiere, para llevarlo a buen término, entenderse y atenderse.Pensemos que la vida es un benéfico recreo, donde todos estamos para recrearnos, jamás para destruirnos, lo que conlleva escucharse y dejar que nuestro orbe oculto fecunde sueños.&nbsp;En consecuencia, los movimientos han de estar adheridos a reglas, como el respeto por los adversarios y la lucha contra todo tipo de violencias.&nbsp;El cariño es nuestro abecedario, o debe serlo, si queremos ser honestos y notar que, un instante de gozo introspectivo, vale más que una perennidad de placer por los sentidos. En definitiva, que allí donde reina el afecto, la persona alcanza su identidad de quererse y de hallarse querido. Sí, lo más sublime es que amándose uno, es como se puede amar a los demás.&nbsp;El manantial de la luz viviente, no tiene otro alojamiento, que el curso de las percusiones.&nbsp;Está visto, que nuestro mayor tesoro de tañidos sistémicos se alegra cuando la familia es nuestro natural cobijo, el hogar del níveo sentimiento.&nbsp;Tanto es así que, como repetía el inolvidable Francisco de Quevedo por el paraíso de Torre de Juan Abad, situado en la vieja comarca del campo de Montiel, al Sur de Ciudad Real y colindante con Andalucía, formalmente reino de España: “los que de corazón se quieren, sólo con el corazón se hablan”.&nbsp;Por este cimiento Quevediano, y viendo como se suceden las nuevas disputas, con la complicidad de meras luchas de poder alrededor de toques frívolos, pasividad o flojedad nuestra, podemos pensar que esta sociedad globalizada, de la era de la inteligencia artificial, está perdiendo el pulso, que es tanto como decir, que ha entrado en demencia con el odio.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La vida es un benéfico recreo, donde todos estamos para recrearnos, jamás para destruirnos, lo que conlleva escucharse y dejar que nuestro orbe oculto fecunde sueños. En consecuencia, los movimientos han de estar adheridos a reglas, como el respeto por los adversarios y la lucha contra todo tipo de violencias”.]]>
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                                <updated>2026-05-18T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-05-18T16:30:00+00:00</published>
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            Sentirse familia; para percibirse humano
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El horizonte existencial requiere sentirse familia, al menos para hallarse humanitario y sustentar toda la gama de sus relaciones sociales, desde las más próximas a las más lejanas. Tanto es así que, cuando fallan esos vínculos naturales de entrega y generosidad, todo se deshumaniza con acciones inhumanas, porque no hay otro apoyo que el amor de amar amor. Bajo este cosmos, inmenso y diversificado, la humanidad se engrandece en la medida en la que los seres vivientes, acrecientan sus raíces en un tronco común, que es manantial de savia y cauce de realizaciones comunitarias. Realmente, nada somos por si mismos. De ahí, la importancia de entendernos y de atendernos, mediante idílicas pastorales que activen tanto el bien/ser como el bien/estar.&nbsp;&nbsp;Ciertamente, una política sin su poética desinteresada, llega a convertirse más pronto que tarde, en una acción bárbara. Desde luego, se precisa el ritmo de la lírica que todo lo transparenta y trasciende, con sus ojos de niño, entonando cosas humildes y atinando en la conjugación del querer, que todo lo versifica en espíritu donante. Es justamente este eco melódico, lo que nos impulsa como comunidad de personas unidas al corazón y no a la coraza, blindaje empedrado por el afán destructor del maligno. Lo sustancial, por ello, también radica en saber reconstruirse con la mano extendida siempre y la mirada en disposición de caricias, para poder curar las heridas. Únicamente, de este modo, los seres humanos son capaces de coexistir en unión y de cohabitar en comunión.&nbsp;Son estas alianzas de auténtico apego benefactor, las que nos despliegan el nosotros, de modo siempre renovado. &nbsp;Nuestra época, a mi juicio más que ninguna otra, tiene necesidad de esa conjunción de pulsos, generados entorno al calor del hogar, si en verdad queremos humanizar los nuevos descubrimientos de la humanidad. En consecuencia, es vital que las familias, como miembros claves para el progreso social y económico, cuenten con un apoyo especial para el cuidado de los niños y un acceso verídico a todas las ayudas, al menos para fortalecer la resiliencia doméstica, reducir la pobreza y promover la igualdad de oportunidades. Al fin y al cabo, lo fundamental no está en mantenerse sino en conservarse humano, sin que nada nos resulte indiferente.La despreocupación es el peor de todos los males hacia nuestros semejantes, esa es la esencia de la inhumanidad reinante. No olvidemos que muchos niños migrantes o hijos de progenitores separados, están cada vez más expuestos al abandono, al riesgo de ser explotados o reclutados por grupos armados y sometidos a estrés emocional. Indudablemente es en la genealogía, u obrando como parentela, donde se sitúa la perfecta sintonía con el compromiso en defensa de la escuela de las virtudes sociales, que son el principio activo de la existencia y del desarrollo. En efecto, a medida que las familias se debilitan, también lo hacen las estructuras sociales, ya que cada ciudadano, en su propio estado de vida, está llamado a mejorar las relaciones y el entorno en el que vive.Nadie puede lavarse las manos ante nada, ni tampoco ante nadie, a la hora de escuchar el clamor de los vulnerables, además del lamento de la tierra, lo que nos debe llevar a proteger estilos de vida más cooperantes entre sí y armónicos, sabiendo que la concordia no se sustenta en la uniformidad, sino en forjar confianza mediante el diálogo, la inclusión y la reconciliación. Oigamos las diversas posiciones, pues todos moramos en este planeta como mortales, respirando el mismo aire y pensando en el futuro de los descendientes, lo que nos requiere a no desligarnos de los lazos. Por tanto, si ningún corazón es una isla, quitemos nuestra lunática cara oscura, y dejémonos ver como poesía, no como poder, que todo lo envenena de dominación. Pongámonos a servir, pues, como poetas en guardia.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La despreocupación es el peor de todos los males hacia nuestros semejantes, esa es la esencia de la inhumanidad reinante”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-05-14T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-14T16:30:00+00:00</published>
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