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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-09-17T17:00:03+00:00</updated>
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            Ofrecer testimonios de humanidad; nos nutre de ilusiones y de simpatía
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Todos somos influencia de algo o de alguien. Analicemos, pues, los característicos vínculos. Hoy sabemos que lo antinatural es maligno y que nuestro típico instinto es natural. Apliquemos la clemencia, el buen propósito del sentido común, como cultura adquirida.&nbsp;Frente a las sombras de un espacio desvinculado, donde falta un proyecto para conciliarnos y, además, la globalización navega sin rumbo común, brindar pruebas de compasión, es en muchos casos la celestial precursora de la entereza, que nos insta a edificar en el bien, aunque seamos frágiles. Nos interesa evitar, por ende, aquellas voces que humillan o nos enfrentan. Optemos por la claridad que nos ilumina y por la franqueza. En consecuencia, nada de lo que es humano, puede mostrarse indiferente o resultarnos extraño.El lazo más esencial que tenemos en común es que todos vivimos en este manto planetario, con el mismo aire que respiramos y que, uno por uno, somos mortales. Aquí nadie es eterno, pero deben enternecernos nuestros diferentes pasos, que han de buscar la relación y no el individualismo, con la inclinación a sentirse más corazón que coraza, y bajo la necesidad de convivir con los seres de su inconfundible especie, dotados de lenguajes armónicos, para atendernos y entendernos.&nbsp;Consecuentemente, requerimos de una verdadera gobernanza moral, sustentada y sostenida en los derechos humanos. A lo que hay que sumar, actuaciones diplomáticas que reduzcan los conflictos y reanuden un diálogo creíble sobre paz, justicia y participación poética antes que política.&nbsp;Desde luego, la idílica tarea viviente ha de ser más poesía que poder, también más espíritu solidario que fuerza interesada; no vayamos a perder el ritmo de las cuerdas del pulso y no concibamos que la verdadera obra indulgente, es la de ser servicial con el prójimo; nunca distante, ni descortés. &nbsp;Lo vital es la unión y la unidad, en un orbe fragmentado como jamás, apresurado y adicto al consumismo, en contextos en los que las raíces domésticas y sociales parecen haberse deshecho. En suma, que hasta nuestra propia existencia es una realidad en riesgo.&nbsp;Sea como fuere, todavía podemos lograr conciliar los ánimos, si hacemos del proceder un cauce de comprensión, teniendo voluntad de ayudar a otros y de alumbrarles con calor de hogar.&nbsp;De hecho, asimilada contemplativamente nuestra particular historia, debe revelarnos el innato deseo de corporación, de familiaridad deseada, frente a la desconcertante disgregación, sedienta de verdad y reseca por las hipocresías.&nbsp;Sembrar odio y hacer que crezca la antipatía, crear violencia y generar parcelación salvaje, es lo más inhumano y destructivo que logramos producir. De ahí, la repercusión de salirse de este camino, suicidio de la humanidad, favoreciendo que la vida nos renazca y se minimice el sufrimiento, precisamente para que el amor sea la clave de todas nuestras relaciones. Quizás aún tengamos que aprender a reprendernos, a mirar el perdón y a vernos en él, eficaz medicina contra el mal que cura nuestras heridas internas, como algo que forma parte de un proceso.Ciertamente, cohabitamos en una época turbulenta. Cualquier naciente experimentó los frutos de la superioridad, incluso puede que haya tanteado el dominio de la naturaleza mucho antes de haber ejercitado el dominio de sí.&nbsp;Es el momento de redoblar nuestros esfuerzos para el cambio de actitudes, tanto con el quehacer humanitario como en la acción climática, interrogándonos a nosotros mismos, viendo cómo a veces somos prisioneros de nuestra distintiva maldad; ya que, únicamente la libertad que se somete a lo auténtico, reconduce a la persona a su verdadero servicio. Está visto que la sociedad requiere de una paz permanente y de una sana voluntad perdurable, es cuestión de fraternizarse y de trabajar el sencillo arte de vivir como hermanos.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“La idílica tarea viviente ha de ser más poesía que poder, también más espíritu solidario que fuerza interesada; no vayamos a perder el ritmo de las cuerdas del pulso y no concibamos que la verdadera obra indulgente, es la de ser servicial con el prójimo; nunca distante, ni descortés”.]]>
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                <published>2026-09-17T17:00:00+00:00</published>
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            Dialogar es un paso más para entenderse; sin renunciar al ser y sin miedo alguno
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nadie llega a la cúspide de la realización consigo mismo, dejándose acompañar por el recelo. En consecuencia, hemos de poner valor en todo, comenzando por uno mismo, haciéndose valer; porque el buen deseo siempre vence a la lógica del miedo, con la esperanza de poder contrarrestar el culto a la cultura deshumanizante del poder, que no cesa de normalizar las contiendas, para desgracia de toda la humanidad. Desde luego, somos una generación que debe dialogar más y con todos, cuidar de las personas y de lo que nos circunda, el medio ambiente. Apelemos a reforzar las vías del encuentro, si en verdad queremos promover un enfoque de seguridad centrado en el ser humano, sustentado en la confianza mutua y en la búsqueda del bien colectivo.&nbsp;Quizás sea el momento de avivar un renovado compromiso mundial con los valores democráticos. La democracia consigue su carácter a través de la ciudadanía; incluso llega a florecer cuando se protegen los derechos universales, especialmente a los más desvalidos, dando forma a sociedades vivas que fomentan el entendimiento y la compresión, la participación y la familiaridad entre sí. Sea como fuere, no podemos continuar con esta atmósfera enferma por las incomprensiones, que genera duda y tristeza por doquier, debilitándonos, empequeñeciéndonos e incluso paralizándonos. Salgamos de este orbe de temeridad, el desasosiego lleva a un egocentrismo egoísta que &nbsp;nos dificulta a la hora de avanzar. &nbsp; Indudablemente, somos seres en continuo desarrollo, que necesitamos oírnos entre sí, escucharnos en libertad, para conjuntamente poder mirar hacia adelante, sin temor alguno, con el gozo de sentirnos parte y confluencia en los avances hacia la concordia, que es lo que nos hace alegres y no perder la calma. Sin embargo, en un momento marcado por la desinformación, el autoritarismo y la reducción del espacio cívico, puede que sea muy vigoroso tener tiempo para reflexionar, antes de que nos vayamos por horizontes perversos y corruptos que nos dejen sin alma, encarcelándonos nuestro propio entusiasmo soñador, defendiendo y salvaguardando un sistema político, que también ha de ser más poético, como fuerza impulsora de la dignidad, la inclusión y la conciliación.Nosotros los humanos, tenemos que superar la angustia diaria con la mejor manera de subsistir, que no es otra; que la naturalidad, poniendo a la persona en el centro de la seguridad. Paremos, pues, los temores. Debemos reaccionar, nunca enclaustrarnos. Además, resulta imprescindible el discernimiento, que nos permitirá poner orden en la confusión de nuestros corrientes pensantes y sentimentales, para actuar de una manera justa y prudente, sobre todo en los momentos de prueba y de oscuridad que todos poseemos a lo largo de nuestra existencia. De ahí, la importancia del amor que hemos de poner en cada paso, incluso en lo que el mañana nos deparará y que no conocemos, pero que lo hemos de tomar con valentía, asumiendo la responsabilidad, dejando fluir el corazón y la mente. Está visto que el diálogo, mantenido con sólidas leyes morales, facilita la solución de los peligros y favorece el respeto vivencial. Por eso, el recurso a las armas para dirimir las controversias tampoco tiene sentido, representa siempre una capitulación de la razón y de la mansedumbre humanitaria. De igual modo, la retórica confrontativa que suele encender el clima político por todos los rincones, nunca es la solución, sino mantener abiertos los canales de la interlocución y aprovechar cualquier situación para consolidar los avances armónicos. Tomemos este propósito, pues: Fomentar las alianzas en vez de los artefactos, financiar la paz y no las guerras, protegiendo los derechos humanos, recurriendo a herramientas como la diplomacia, la plática y &nbsp;la negociación. ¡Sensato proyecto!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Nosotros los humanos, tenemos que superar la angustia diaria con la mejor manera de subsistir, que no es otra; que la naturalidad, poniendo a la persona en el centro de la seguridad. Paremos, pues, los temores. Debemos reaccionar, nunca enclaustrarnos”.]]>
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                                <updated>2026-09-14T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-09-14T16:00:00+00:00</published>
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            Compartir los conflictos sociales; acercarse a los acuerdos mutuos
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tenemos que aprender a cooperar con los aprietos, siendo gentes de diálogo, para poder lidiar con las tensiones y los trances, que el propio vivir nos ofrece. Cuando hay una comunidad activa, cualquier cosa puede surgir, máxime si hay un dinamismo positivo. Los tropiezos van a estar ahí, lo que requiere ser creativos y conversadores, al menos para poder entenderse. Así, con los aprietos en la familia, no debe darnos apuros en hablar de ellos para aclararlos, no esconderlos; lo mismo sucede cuando hay problemas en la sociedad, debemos participarlos para resolverlos, porque de nada se sale solo. Lo fundamental radica en compartirlo, también los conflictos que no deben ocultarse, para aproximarse a los acuerdos mutuos, mediante la mano conjunta y colectiva. Todo lo contrario, a lo que se percibe en la actualidad, con una atmósfera acrecentada de hostilidades y el horror de tantas armas vertidas por el mundo, algunas de las cuales pueden quitar vidas sin intervención humana. Desde luego, deberíamos comenzar por un mayor control de la inteligencia artificial, al advertir de que esta tecnología revolucionaria podría convertirse en un riesgo existencial para la humanidad si no se toman medidas. Ante este horroroso panorama, estoy convencido de que nuestro propio futuro no está sólo en manos de los grandes líderes, las grandes potencias y las élites; está mayormente en los pueblos, en su capacidad de organizarse conjuntamente con humildad y con la convicción de comprenderse, activando la cultura del abrazo con la voluntad de hacer amistad.&nbsp;La paz nunca se alcanzará con los desacuerdos, ni será fruto de la desconfianza entre análogos, o de las armas dirigidas unos contra otros. Lo importante es el respeto hacía sí y los demás; pues, cada cual recogerá lo sembrado. Es evidente que no podemos continuar produciendo destrucción o miedo, cultivemos mejor la esperanza. No olvidemos, que a medida que las guerras se extiendan, el sistema alimentario mundial se desmorona. La concordia debe ser promovida colectivamente, ya que todos somos responsables de todos; en consecuencia, debemos vivir la cercanía, sin abandonar a nadie, pues el objetivo radica en fraternizarnos como humanidad. El momento es de oscuridad, pero la sanación es posible, a pesar de los pesares, del peligro y de la confusión.Es el momento de acoger y de cuidar toda vida humana, así como de repudiar la locura de las absurdas batallas, que siembran terror y eliminan el futuro. Seamos como el aire liberador, que limpia, aromatiza y esclarece, conciliando y reconciliando vientos huracanados, seducidos por la maldad, cegados por el poder y el odio mundano. Busquemos el mejor arreglo, ante el cúmulo de degradaciones de la tierra o de deshumanizaciones e inhumanidad esparcida, reavivando la solidaridad mundial, con el consabido recordatorio de que unidos somos más fuertes. No perdamos más tiempo, apacigüemos sin importar fronteras en pro de la igualdad, la prosperidad y la armonía.&nbsp;Se agradece, por tanto, que los países intercambien cada vez más conocimientos, experiencias y soluciones prácticas para hacer frente a los retos comunes de desarrollo; como también es vital que la alianza global conecte necesidades con soluciones, ya que ayudará a los países a identificar prioridades, accediendo a enfoques de eficacia probada, un camino que no deja de estar cargado de dificultades y de contrastes, pero también es una innegable oportunidad para que las naciones se encuentren y busquen soluciones universales. Será bueno, además, el encuentro fraterno entre las personas y los lugares. Evitará lo que desgasta en las relaciones, perseverando en el camino, con la interlocución del corazón como lenguaje que acaricia y jamás hiere.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“La concordia debe ser promovida colectivamente, ya que todos somos responsables de todos; en consecuencia, debemos vivir la cercanía, sin abandonar a nadie, pues el objetivo radica en fraternizarnos como humanidad”.]]>
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                                <updated>2026-09-10T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-10T16:30:00+00:00</published>
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            Los aires de la falsedad; nos están dejando sin escrúpulos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo está en el mismo aire que respiramos. Desde luego, nos merecemos reencontrarnos con lo auténtico, despojarnos de lo mundano y retornar al verso de lo celeste, volver a la poesía y revolvernos contra nosotros mismos, que será como reconoceremos nuestras propias caídas por este orbe tenebroso, para poder levantarnos y concretar otra existencia más espiritual que corporal.&nbsp;Dejemos que resplandezcan los cielos, para sentir la fragancia de lo armónico sobre un planeta redibujado de confusiones, cuyas historias humanas han de ser una mirada global, que nos avenga en lugar de enemistarnos. Es cierto que los mapas moldean nuestra comprensión, mientras alimentan la imaginación e influyen en las percepciones colectivas, pero hallarse en contradicción es el estado anímico más intolerable.Por ello, tenemos que ser más del alma, o sea de la conciencia crítica, para poder discernir y tomar el horizonte adecuado. La bola de simulaciones nos está dejando sin aliento.Quizás tengamos que interrogarnos más profundamente, explorar nuestros mares internos, bajarnos del pedestal del endiosamiento, escucharnos y activar la plegaría del arrepentido.El siglo XXI podría ser, debe ser, el siglo de la nitidez. La cuestión no son los apoyos terrícolas, sino los azulados con su poética de ritmos claros, donde todos somos necesarios e imprescindibles para ser la primorosa gloria lírica sobre la tierra. Bajo este místico universo, la desigualdad dejaría de cohabitarnos y el entusiasmo sería otro más edénico, en favor de una vida más anímica que corpórea.Salgamos, pues, de este territorio amontonado por secretos oscuros. Sin duda, precisamos también de otros vientos más esclarecedores y justos. Comencemos por no llamar defensa a un rearme que acrecienta intranquilidades e incertidumbre, empobrece las inversiones en recursos tan esenciales como educación y sanidad, o que contradice la confianza en la diplomacia, enriqueciendo a élites dominantes, a las que nada le importa el bien colectivo. Por desgracia, a muchos ciudadanos únicamente les motiva el caudal monetario para ser honestos. No simulemos el juego limpio, en un planeta donde todos somos viajeros y nos requerimos más pronto que tarde. Tampoco la traición tiene sentido alguno, nuestro mayor tesoro es ser dueño de una conciencia honrada y pura.Sea como fuere, no podemos continuar bajo unos sistemas impulsores de conveniencias, en vez de educar para la convivencia, lo que nos demanda a tomar conocimiento de la ecuanimidad como abecedario universal. Somos un latido que ha de inspirar buenos deseos, no un frío algoritmo cosmopolita sin alma, que busca solamente el escándalo, la división o la destrucción también en las familias. Seguramente, entonces, tengamos que hacer parada para rehacernos junto al silencio, porque la verdad está en nuestro propio pulso y es silenciosa, jamás ruidosa. El testimonio, lo tenemos con las redes sociales que difunden mentiras, con una rapidez superior a los hechos, lo que dificulta distinguirlos de la ficción o generar un compromiso cívico para resolver los problemas comunes.Además, sin veracidad, no hay democracia. Tengámoslo presente, esto hará que las jóvenes generaciones respiren brisas saludables de concordia, no el aire contaminado de las guerras, que es una destrucción total, también del espíritu bienhechor.&nbsp;El campo de batalla es la mayor estupidez y desesperación del género humano, vuelve majadero al vencedor y vengativo al vencido. Tal vez tengamos que mirar más a nuestro alrededor, nos daremos cuenta que el natural soplo cristalino es vital para la salud de la humanidad, la resiliencia de las haciendas y la estabilidad del clima como también lo es el incentivo de discernir en nosotros, sobre todo para saber cuándo debemos hablar y cuándo debemos callar. Aún así, evitemos los combates y asistamos a la cultura del abrazo; ¡no a la pugna!</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El siglo XXI podría ser, debe ser, el siglo de la nitidez. La cuestión no son los apoyos terrícolas, sino los azulados con su poética de ritmos claros, donde todos somos necesarios e imprescindibles para ser la primorosa gloria lírica sobre la tierra”.]]>
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                                <updated>2026-09-07T17:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-09-07T17:00:00+00:00</published>
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            Las nuevas cadenas que nos esclavizan; son nuestro mayor tormento
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp; La libertad sin acatamiento es desorden, así como el desconcierto sin estética es dominación, además de corrompernos, dañándonos en nuestro fuero interno e impidiéndonos discernir. El horror de la nueva esclavitud no es únicamente un horizonte del pasado, sus efectos están ahí presentes, son actuales, en forma de desigualdad general y racismo.&nbsp;Por tanto, es menester dignificar toda existencia vivencial, comenzando por desenmascararla de falsedades, aplicando una justicia reparadora integral que combine indemnizaciones, restitución, rehabilitación y reformas estructurales.&nbsp;Tenemos que salvar al mundo con el mundo, o sea con sus propios moradores, sintiéndonos familia, hallándonos próximos entre sí para combatir el caudillaje de la calle, donde se mezclan dinero, placer y explotación.&nbsp;Este fenómeno que continúa encadenándonos es el típico vasallaje, donde nadie está libre de nada, pues todo se ha globalizado, también nuestras propias miserias mundanas, relacionadas con el dar gato por liebre, la coerción o las diferentes formas de servidumbre y sometimiento.</p><p>Por eso, es vital el razonamiento a la hora de tomar el camino en el servir, que ha de ser abrazado libremente; pues, sólo nos hallaremos en el buen estado de plenitud, en la medida en la que con valentía nos donamos a los demás.</p><p>Ahí radica nuestro mayor gozo, en cultivar el amor de amar amor, y en ser conscientes de mirar el bien común y no el interés privado; sobre todo ahora, que necesitamos redescubrir la dimensión comunitaria para hermanarnos y universalizarnos.Hay que fraternizarse, nadie puede ser cautivo de su identidad; y, así, cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar. Renovarse o morir, que se dice. Hoy más que nunca, hemos de pasar de la congoja del miedo a la satisfacción del deber cumplido, que no es otra que desvivirse por vivir para los otros, desde uno mismo.</p><p>En la entrega generosa, permanece lo verdaderamente esperanzador, libre y liberador. La pasión que brilla en el servicio gratuito, es lo que nos engrandece; sin embargo, cuando la sociedad no se enfrenta a estos grilletes inhumanos con nuestros semejantes, la ciudadanía en su conjunto se vuelve cómplice. Jamás debemos darle la espalda a la injusticia; nos merecemos un orbe humanitario, con la autoridad moral del sacrificio.</p><p>Para el logro del laurel con lo armónico siempre ha sido indispensable pasar por la senda de las renuncias; y, en efecto, nuestro mayor abandono radica en despojarnos de sujeciones terrenales, como las ideas supremacistas que perduran, para retornar a lo verdaderamente transcendente del pulso por el que en realidad vivimos.&nbsp;Desventurado el ser humano que no tiene quien le amoneste cuando experimenta necesidad de ello. Conscientes de que la fuente de la vida es el corazón, la comunidad es además el poema perfecto a reconquistar, para sentirnos acompañados y acompasados para la cordialidad de las pulsaciones.&nbsp;Es verdad que somos distintos, pero no debemos estar nunca distantes, pues si vivir es soñar con el calor de hogar, hagamos el bien soñando con su intensa llama.</p><p>Mientras el aguijón de lo maligno nos encamina a volver hacia atrás en ocasiones, lo ventajoso es generar en nosotros entusiasmo, sentirnos impulsados a seguir la senda de la confianza, con la serenidad de apoyarnos en la docilidad.&nbsp;Entonces puede surgir el cansancio que frena el apasionamiento, brotando el desánimo; pero a poco, que activemos el espíritu de la concordia, notaremos la maduración de sentirnos vivos y con deseos de forjar ciclos.&nbsp;Esta liberación es lo que nos sublima, haciendo que nuestras jornadas vivenciales estén impregnadas de sorpresas, con la certeza de que nos envuelva la mirada acariciadora del verso que somos, en un universo acorde a la alianza de lo sistémico.&nbsp;Lo sensato es transformar las conciencias; el mejor juez, que poseemos. ¡Predispongámonos!&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Jamás debemos darle la espalda a la injusticia; nos merecemos un orbe humanitario, con la autoridad moral del sacrificio”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-03T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-03T16:30:00+00:00</published>
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            Todo tiene curación; con renuevos de pulsos y un renacer de pausas
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/todo-tiene-curacion-con-renuevos-de-pulsos-y-un-renacer-de-pausas" type="text/html" title="Todo tiene curación; con renuevos de pulsos y un renacer de pausas" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La conciliación es una pausa, un reencuentro de pulsos. Cada vez que nos convocamos como ciudadanía, sin fronteras ni frentes que lo impidan, hemos de hacer un reposo sobre lo vivido y reflexionar. No hay mejor latido, que desvivirse por vivir en comunión y en comunidad. Este regalo existencial es lo que nos reconstruye el sentido humanitario, frente a la actual atmósfera deshumanizante, que nos está llevando a la destrucción. La persistente falta de reconocimiento de algunos seres humanos, continúa constituyendo un obstáculo para el disfrute pleno y efectivo de los derechos humanos. Excluirnos es un gran mal que hemos de evitar. Nos requerimos entre sí, para universalizar pulsaciones y poder pasar del progreso a la acción conjunta; con el ejercicio de la primera tregua, la del perdón.En algunos países, estos avances no son tales, frecuentemente somos testigos de lo contrario, el esfuerzo se sigue centrando en la violencia y la guerra. Esto genera indigencia, desigualdad y discordancia, con las susodichas nuevas divisiones sociales; lo que nos demanda a reafirmarnos en nuestro compromiso colectivo de desmantelar toda discriminación sistémica, trasformando todo aquello que nos demuele, en aquello que nos sostiene. Lo prioritario, por tanto, es transitar sin campos de batalla; bajo el cultivo del corazón y la siembra del abrazo sincero. Al fin y al cabo, todo proviene de una profunda crisis moral, que ha usurpado la estética de lo ético, para dar rienda suelta al deseo de dominación, con la búsqueda del beneficio inmediato. Hagamos un inciso, pues, meditemos sobre nuestros andares. Al parecer, la familia como la decencia del propio ser humano, no estaba prevista en la maldita era de la globalización indecente, donde el estado salvaje del mercado usurero es lo que prolifera. En lugar de armas bélicas, se necesita más corazón que coraza y más poesía que poder. Son estos cuidados internos los que nos colman de fuerza para sanar, reconciliar y reconstruir, con un florecimiento, en las relaciones humanas. Sólo hace falta voluntad de llevar a buen término caminos recorridos, conocimientos adquiridos y recursos necesarios para detener cualquier desorden o realidad indigna. Herir a una persona en su dignidad es el mayor de los quebrantamientos; si ya lo sabemos, no prosigamos en el desconcierto, tomemos la vía de morar con plenitud y decoro. &nbsp; &nbsp;Sea como fuere, nadie puede en su caminar por este tránsito terrenal, escapar de una deplorable crisis de entusiasmo, que llega a detener los labios de alma, tan necesarios como vitales para admirar y hacer contemplar todo lo grande que es reavivar la esperanza de tantas percusiones frágiles que sufren. Precisamente, la certeza de la presencia viva de nuestros asistentes en medio de nosotros, es el fuego interior que nos impulsa a ser valientes y a salir de la comodidad del individualismo, para formar parte de una corporación doméstica, que lo único que forja son vínculos de amistad y de adhesión perenne, lazos imprescindibles para coexistir unidos, sin que las meras apariencias y el engaño terminen por ocupar el lugar de los verdaderos valores y de lo que realmente importa. Dejémonos inspirar por ese calor de hogar. Su fervor nos muestra cómo mantener siempre la llama encendida a pesar de los vientos en contra que puedan surgir y que pueden proyectarnos a un espacio irreal. Es cierto que los conflictos están ahí, pero hablando debemos entendernos y atendernos, máxime imaginando un orden social innato en el que la justicia y la caridad se entrelazan. No olvidemos que el único verbo, hecho verso o sea latido viviente, que da fruto de continuidad, enfrentando con apasionamiento, discernimiento y arrojo múltiples desafíos, es la comprensión fraterna y el impulso cooperante solidario del acompañamiento. Es cuestión, de sumar afectividades. Hagámoslo sin prisas, pero también sin perezas. En suma, que todo tiene su instante preciso y precioso.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Herir a una persona en su dignidad es el mayor de los quebrantamientos; si ya lo sabemos, no prosigamos en el desconcierto, tomemos la vía de morar con plenitud y decoro”.]]>
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                                <updated>2026-08-31T17:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-31T17:00:00+00:00</published>
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            El nuevo significado de la concordia; radica en el respeto mutuo y sincero
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-nuevo-significado-de-la-concordia-radica-en-el-respeto-mutuo-y-sincero" type="text/html" title="El nuevo significado de la concordia; radica en el respeto mutuo y sincero" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo depende del amor que pongamos en lo que hacemos cada día. Es una fuerza interior que tiene su origen en lo auténtico, a través de un transparente diario acontecer, vertido en los demás antes que en uno mismo. Guiados por estos buenos sentimientos es como ha de convivirse, en diálogo entre análogos y con la operatividad de la escucha permanente como horizonte. El acuerdo, precisamente, es fruto del amor recibido y ofrecido. Lo importante es que el tejido de lo armónico gobierne nuestros pasos por aquí abajo, y seguro que fructificarán, en un nítido bienestar social. Convertidos en gente de palabra sincera, todo será más llevadero en una sociedad globalizada, que requiere de relaciones de comunión con espíritu donante.&nbsp;Indudablemente, no hay mejor desarrollo humano que la entrega. En efecto, la acción ciudadana, cuando está inspirada y sustentada por el corazón, contribuye a la edificación de un espacio universal, sin fronteras ni frentes, hacia el cual avanza la historia de la familia humana.&nbsp;Humanicémonos y hermanémonos, será nuestro principal factor de desarrollo y no el progreso técnico o las meras relaciones de conveniencia. Son las entretelas de cada ser humano las que vencen nuestros males y abren la conciencia a relaciones recíprocas de libertad y responsabilidad. El utilitarismo o el interés mundano, sin embargo, nos atrofian los sentidos, hasta el extremo de volvernos esclavos del caudal monetario, que lo único que hacen es fragmentarnos y dividirnos.Sólo hay que adentrarse en la realidad y observar que las confrontaciones suelen alcanzar las principales arterias comerciales. Además, la tecnología está avanzando más rápido que la rendición de cuentas. Así, los esfuerzos diplomáticos suelen quedarse en nada, porque este entendimiento exige una visión trascendente de la persona, dejándolo todo en manos poderosas y sin moral alguna, que lo único que promueven es una propagación tan degradante como deshumanizante e inhumana. Quizás tengamos que volver a sentirnos familia, para poder retornar a la ética hogareña que parece estar en crisis, porque si no está en apuros es que somos demasiado autocomplacientes y pensamos que ya se han realizado todos los ideales, lo cual sería lo más nefasto que nos podría pasar.&nbsp;Las operaciones ofensivas ya no se limitan a provocar el cierre de puertos o a amenazar a los buques; estas atrocidades batalladoras y guerreras están sometiendo el sistema alimentario global a una presión especialmente mortecina, con precios más altos, un agravamiento del hambre, cosechas más reducidas y mayores dificultades, especialmente para los habitantes más vulnerables del mundo. Desde luego, los cuellos de botella marítimos nunca han de ser instrumentos de coerción y tampoco las provisiones y suministros de víveres deben convertirse en un daño colateral de los conflictos. Con razón se dice, que hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de la jornada; la quietud sin la cual el mismo chusco es agrio.En cualquier caso, todo hecho debe ser una fuente de avenencia, no un motivo de conflicto o de preocupación. Está visto, que allá donde habita la concordia siempre hay saludable victoria.&nbsp;Sea como fuere, además en esta tierra que es de todos y de nadie en particular, tenemos el deber de favorecer, la pacífica evolución de los pueblos en el respeto de los derechos del prójimo, volviéndolo próximo a nosotros, incluso cuando esto demanda renunciamientos o limitaciones personales. Así, personas de diverso origen, pero respetuosas entre sí, podrán ofrecer al mundo el panorama de la leal colaboración, de un intercambio cooperante de energías que tienden unánimemente al bien colectivo, con el único símbolo de superioridad que conozco, el de la bondad injertado en la verdad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Humanicémonos y hermanémonos, será nuestro principal factor de desarrollo y no el progreso técnico o las meras relaciones de conveniencia”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-08-27T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-27T16:00:00+00:00</published>
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            En los vacíos de este mundo; todos hemos de asistir al rescate
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/en-los-vacios-de-este-mundo-todos-hemos-de-asistir-al-rescate" type="text/html" title="En los vacíos de este mundo; todos hemos de asistir al rescate" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/en-los-vacios-de-este-mundo-todos-hemos-de-asistir-al-rescate">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desertar no es de recibo. En consecuencia, por más que cultivemos el aislamiento, no estamos solos, estamos rodeados de existencia, guiados y conducidos por el sentido común, que apenas lo cultivamos, pero que está ahí, como pulso humano.&nbsp;A poco que nos adentremos en nuestro fuero interno, nos daremos cuenta de que todo está vivo, a pesar de las oscuridades que nos acompañan.&nbsp;Por eso, hemos de estar siempre en guardia, dispuestos a ser colaboradores para aminorar el desierto de la pobreza, del hambre y de la sed, del abandono y de la soledad.&nbsp;Sin duda, precisamos tomar aire, alcanzar sosiego, ponernos en disposición unos de otros, al menos para restaurar el auténtico amor quebrantado. Lo mejor que podemos encontrar en nuestros viajes, es un arrojo cooperante.Ciertamente, nadie queda a salvo, todos somos viajeros en el desierto de este mundo. Precisamente, ahora cuando se amenaza a jueces por aplicar la ley, hasta el propio orden jurídico internacional está en riesgo. Cada día son más las amenazas y las medidas coercitivas, que también afectan a la capacidad de las víctimas para buscar justicia, ya que recurren a la Corte cuando se han agotado todas las demás vías, inmersos en un dolor tremendo, que nos deja sin vocablos. Es evidente, que la humanidad tiene que aprender a reprenderse así mismo, al menos para sobrellevarnos unos a otros.&nbsp;Sea como fuere, no podemos continuar por la senda de la destrucción y de la explotación, requerimos de un sano propósito de corrección y revisión personal. Esta es la apuesta, corregirse.La ciudadanía en su conjunto vive en la indiferencia, tocados por las aguas saladas del dolor y de la muerte, en un océano de oscuridad, sin luz. Es el momento, pues, de repensar situaciones para poder rescatarnos.El verdadero latido interno será el único, que nos acerque en comunión y en comunidad, para que la barca viviente no se hunda. La navegación no está en los fuertes, tampoco en los poderosos del mundo, sino en el hermanamiento y en la conjunción de ritmos curativos, lejos del dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad mundana. Son estas contiendas absurdas las que nos destrozan, dejando heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla, acrecentando el miedo, la injusticia y la división. &nbsp;El camino enigmático se mueve hacia nuestro mar adentro.&nbsp;Es en nosotros, y no en otro lugar, donde realmente comienza a tejerse el cambio, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro.&nbsp;De hecho, las discordias que presenciamos en el orbe, como la barbarie y el salvajismo, no resultan simplemente de estructuras o sistemas imperfectos; son el síntoma de una profunda bifurcación segregacionista arraigada muchas veces en nosotros mismos. En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras ofensivas y donde se revela nuestra circunstancia de caída; pues no es únicamente la sede de las emociones, sino el centro de la persona, el lugar en el que convergen la razón, los deseos, la voluntad y la conciencia. Amar la verdad, por amor a la veracidad, es la solución a tanta imperfección humana. Los daños de las inservibles disputas, así como el deterioro de la tierra, están entonces profundamente vinculados con la condición de las entretelas humanas.De ahí que, cuando está distorsionado nuestro pulso, las relaciones sufran el martirio. Las texturas que generamos y construimos, comienzan además a reflejar el desorden, de una época de enfrentamientos y sin principios morales. Entiendo que este vacío es cruel, lo que nos demanda a escucharnos y a querernos, para poder reordenar nuestras aspiraciones, sanar nuestras llagas, creciendo en la virtud. Si asumimos esta tarea con humildad y certeza, ganaremos en quietud seguro. Trabajemos por lograrlo, la esperanza nunca se pierde. Ojalá, sea así.&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La ciudadanía en su conjunto vive en la indiferencia, tocados por las aguas saladas del dolor y de la muerte, en un océano de oscuridad, sin luz. Es el momento, pues, de repensar situaciones para poder rescatarnos. El verdadero latido interno será el único, que nos acerque en comunión y en comunidad, para que la barca viviente no se hunda”.]]>
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                                <updated>2026-08-24T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-08-24T16:00:00+00:00</published>
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        <title>
            Defender derechos, escuchar voces  y hacer justicia
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/defender-derechos-escuchar-voces-y-hacer-justicia" type="text/html" title="Defender derechos, escuchar voces  y hacer justicia" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El mundo no puede acostumbrarse a cohabitar con la siembra de actos de terror que propagan una serie de ideologías del odio, lo que confirma que este tipo de ferocidades deban ser condenadas y combatidas de inmediato, en todas sus formas y manifestaciones. Sea como fuere y ante las confrontaciones, la cuestión del narcotráfico, la trata de seres humanos, o la misma agresividad generalizada, los niños y los jóvenes necesitan de otras atmósferas y de otras experiencias que eduquen en la cultura existencial, del diálogo y del respeto mutuo. Requerimos de lúcidos testimonios, nunca vengativos, que nos mantenga unidos para que podamos construir un futuro sin violencia y sin miedo. &nbsp;De ahí la importancia de proteger rectitudes, con la sensatez de prestar oídos. &nbsp;A pesar de la condena internacional de este tipo de situaciones repelentes, donde el rencor nos vuelve estúpidos tanto al vencedor como al vencido, sus víctimas y supervivientes luchan con frecuencia por hacer que se escuchen sus vocablos, se apoyen sus necesidades y se respeten sus enterezas. Sin embargo, a menudo se sienten olvidadas y abandonadas, una vez que se atienden sus necesidades inmediatas. Bajo este contexto pasivo, acrecentado con los pocos recursos, hace que la rehabilitación muchas veces no se alcance. Deberíamos ser más auténticos y justos con aquellos que sufren a causa de la intimidación, flagelo que sólo beneficia a algunos grupos al mantener intereses particulares, lamentablemente a menudo enmascarados por nobles intenciones. &nbsp; El patrón general de violencia tampoco muestra signos de remitir. En consecuencia, resulta indispensable poner orden para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz. Rompamos vínculos con la delincuencia organizada. Garanticemos que, las medidas de prevención, respeten escrupulosamente los principios o normas morales, con sus pautas positivas para el comportamiento humano. Por desgracia, la desinformación está erosionando la confianza. Además, los drones armados se han convertido en el nuevo rostro de un viejo peligro, la destrucción deliberada o temeraria del movimiento de civiles. La entereza, sustentada en la clemencia, ha de ser el camino para lograr una vida digna, a la que todo ser humano tiene derecho. &nbsp;El momento es verdaderamente asombroso, son multitud los pedruscos cargantes que nos impiden ver el horizonte de la quietud, cerrando y encerrándonos cualquier anhelo, tanto con la roca de la enemistad que nos impide hermanarnos como con el camino de la necedad en medio del rencor y la antipatía ciudadana. Quizás tengamos que restaurar horizontes. Hagámoslo con la mano tendida y extendida, no permitamos que los vientos de las batallas soplen cada vez más fuertes. Tampoco cedamos a la lógica de las armas y del rearme. Pongamos alma en los andares y ejerzamos la moderación en todo instante, que la concordia no se construye jamás con los artefactos, sino abrazando pulsos y abriendo el corazón. &nbsp; En cualquier caso y ante un escenario en el que la delincuencia no conoce fronteras estatales ni soberanías nacionales, existe en la actualidad un consenso universal, en torno a que los países a través de sus instituciones, no sólo deben investigar y juzgar la violación, sino que también deben imposibilitar que continúen las actividades delictivas, sin perder de vista los torturados, orientándose hacia la acción, entendiendo lo equitativo, la escucha y la justicia, como una práctica que tiene como cometido la construcción de un orbe más habitable. Además, la naturaleza precisa reequilibrar sus prioridades e invertir más en seguridad humana y menos en instrumentos armamentísticos, que alienten y alimenten conflictos absurdos.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“El patrón general de violencia tampoco muestra signos de remitir. En consecuencia, resulta indispensable poner orden para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz”.]]>
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                                <updated>2026-08-20T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-20T16:30:00+00:00</published>
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        <title>
            Del amparo universal y mutuo; forjemos nuestro mayor logro
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/del-amparo-universal-y-mutuo-forjemos-nuestro-mayor-logro" type="text/html" title="Del amparo universal y mutuo; forjemos nuestro mayor logro" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;En un mundo tan interconectado como el actual, se requiere que hagamos de la protección mutua nuestra mayor conquista, para que todos nos sintamos acompañados en todo instante y momento. Ciertamente, estamos aquí para avenirnos, lo que conlleva aprender a compartir tanto el sufrimiento como la satisfacción del deber cumplido. Quedarnos en una mera asistencia social, no es suficiente en esta era inhumana y verdaderamente deshumanizadora, necesitamos alentarnos y alimentarnos de afectos. Sin duda, tenemos que empezar por saber escucharnos, por atender y entender las plegarias de esas gentes golpeadas por el aluvión de tragedias que nos acorralan. Hoy más que nunca, se requieren de personas en guardia que respondan con espíritu fraterno y eficacia, ante la multitud de tormentos.&nbsp;Indudablemente, el auxilio humanitario debe conllevar asimismo una asistencia anímica, que permitirá acrecentar vínculos, así como renovar compromisos en el camino hacia la plena unidad de todas las culturas y cultos.Lo importante es el espíritu de entrega, puesto por esos trabajadores de valor y mente, que no sólo defienden a las personas oprimidas, también las custodian, llegando incluso a poner su vida en peligro por ellas. Todo un testimonio de buen hacer y mejor obrar, frente a una ciudadanía endiosada como jamás, centrada en el orgullo y en el amor propio, en la sed de poder y en la avaricia mundana, que conduce a la destrucción. Por desgracia, la guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo agresivo se extiende, en lugar de propiciar la paz y el afán comprensivo.La concordia ya no se cultiva como un bien deseable en sí mismo, o como una búsqueda de la instauración de un orden que nos ampare universalmente a todos; nuestra pasión egoísta es tan irracional como cruel. Lo único que nos inquieta es fusionarnos a los poderosos y dominadores.&nbsp;Deberíamos repensar estas situaciones indignas que se vienen reproduciendo sin cesar, activando los encuentros y la cercanía con los más necesitados, acogiéndonos a la salvaguardia de cualquier pulsación existencial, volviendo a ese calor de hogar que necesitamos sentir como cobijo, sobre todo esas gentes afectadas por la crisis humanitaria.&nbsp;Apresurémonos en socorrer a quien más lo necesita, con el latido de la esperanza, la intercesión hará que no caigamos en la desconfianza.Desde luego, no hay mayor familiaridad que avivar la tranquilidad combinada, favoreciendo la adhesión con la certeza y las condiciones necesarias para el diálogo sincero y la convivencia armónica.&nbsp;En efecto, todo requiere estímulo; y, así, la primera condición para sentirse amparado es la voluntad de ofrecerse, de conciliar posturas para reconciliarse. Por consiguiente, impulsar el apoyo de esas personas u organizaciones que prestan asistencia vital, debe ser tarea colectiva.Los ataques no tienen, pues, sentido alguno; ya que interrumpen la distribución de alimentos, la atención sanitaria, la protección e incluso otros servicios aún más valiosos, como es el de donarse, no solo para ir hacia adelante, sino para sentirnos aunados.&nbsp;Quizás no exista mayor logro humano que cosechar amor al final.La solidaridad manifiesta precisamente la pasión por el otro, no como un sentimiento indeciso, sino como una determinación firme y perseverante de trabajar por el bienestar general, que tiene que volverse humanitario, por el bien de todos y de cada uno, para que de lleno seamos verdaderamente responsables.&nbsp;De ahí, la importancia de escuchar al mismo tiempo el clamor de los desamparados. Bajo la auscultación atenta y constante, seguro que surge un cuidado compasivo y una llamada fraterna, para dar un rumbo realmente sensible al proceso de globalización. De entrada, será difícil mantener la calma, si desviamos la mirada, cuando alguien nos pide apoyo mutuo y acogida. ¡Tengamos corazón!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Todo requiere estímulo; y, así, la primera condición para sentirse amparado es la voluntad de ofrecerse, de conciliar posturas para reconciliarse. Por consiguiente, impulsar el apoyo de esas personas u organizaciones que prestan asistencia vital, debe ser tarea colectiva”.]]>
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                <published>2026-08-18T16:00:00+00:00</published>
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            La vida nos ha sido entregada; para quererla, amarla y vivirla
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/la-vida-nos-ha-sido-entregada-para-quererla-amarla-y-vivirla" type="text/html" title="La vida nos ha sido entregada; para quererla, amarla y vivirla" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El camino de la vida no es fácil para nadie, se allana si lo hacemos en comunión y en comunidad. Siguiéndolo unidos, todo es más llevadero. &nbsp;Para empezar, tenemos que entrar en conversación entre sí, no podemos permanecer solos como espectadores, estamos llamados a interpretar nuestro tiempo y a tomar decisiones conjuntas, siguiendo la senda humanitaria. Indudablemente, estamos aquí para vencer la resignación y el recelo, en contextos diversos, pero con aspiraciones comunes, para disipar las dudas y resguardar los anhelos, para escribir nuevas páginas de la genealogía vivencial. &nbsp;La labor no es fácil, en un mundo cada día más egoísta, incapaz de fomentar las alianzas y el acceso equitativo a oportunidades, que permitan a todo ser humano prosperar en todas partes. Tanto los jóvenes como los menos jóvenes, de todos los países, se enfrentan cada vez más a desafíos interconectados relacionados con la educación, el empleo, el cambio climático, la inclusión digital y el bienestar mental.Es verdad que la innovación juvenil está ahí, ofreciendo soluciones prácticas y creativas para los retos locales y mundiales; pero también la sabiduría de nuestros mayores debe ser escuchada y considerada, sabiendo que el misterio de los años vividos con sus caídas y levantadas, son una lección imborrable, que suele transformarse en acciones concretas, que es lo que realmente nos hace avanzar hacia el espíritu solidario universal. Todo ello, contribuirá a que nos hermanemos como sociedad, con capacidad de discernimiento. Será precisamente este brío copartícipe, el que nos ayudará a reconstruir juntos un presente y un futuro, en los que puedan avanzar todas las generaciones. &nbsp;Es cierto que mientras mil cosas avanzan, otras retroceden; esto es el progreso. Por eso, cada ciudadano debe labrar sus propios logros, que ha de participarlos a sus análogos como deber personal y vocación al desarrollo.Ahora bien, si para llevar a buen término la ansiada prosperidad, las entretelas se endurecen y las energías se enclaustran; la ciudadanía ya no se une por amistad, sino por beneficio, con la consabida desunión más pronto que tarde. Desde luego, las circunstancias actuales nos piden un horizonte benefactor; lo que nos demanda no sólo técnicos, sino también pensadores de reflexión honda, que busquen el compasivo quehacer. Hacer familia será una cosa hermosa, en la medida que los vínculos sean efectivos y afectivos. Sin embargo, cada día hay más rupturas y más situaciones cuyas injusticias claman al cielo.&nbsp;Se me ocurre pensar en esas poblaciones a las que se les priva de los medios para sobrevivir, que atentan contra las garantías más primordiales del derecho a la vida y quebrantan el núcleo de la dignidad humana. La alimentación nunca debe utilizarse como instrumento de presión política. Otra de las grandes inmoralidades, es la continuidad de los ataques que está dejando a multitud de familias devastadas, desplazadas o tratando de reconstruir sus vidas. Lo verdaderamente indigno, es que los suministros humanitarios tampoco escapan de las ofensivas crueles.Por consiguiente, la inquietud es un fuerte aire turbador, que no sólo se reduce a una ausencia de guerra, es fruto del equilibrio y de los acuerdos entre semejantes. Por otra parte, si en verdad queremos salir del aislamiento, hay que extender la mano hacia el análogo, compartir sueños y trazar entre todos el porvenir de la civilización, que es lo que está en juego, lo que nos demanda, ponernos a abrir horizontes hacia una vida más humana, en la que cada uno deje de sentirse excluido, para percibirse amado y ayudado. Latido a latido todo se vuelve acorde, sólo hay que poner buena voluntad, para que pueda renacer una vida más fraternal en una comunidad humana verdaderamente universal. Así, pues, todos a la obra digna. Lo justo es hacer del mortal verbo terrícola, un inmortal verso celeste.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Cada ciudadano debe labrar sus propios logros, que ha de participarlos a sus análogos como deber personal y vocación al desarrollo”.]]>
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                <published>2026-08-10T16:00:00+00:00</published>
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            Nutrir los vínculos que nos unen; para proteger la existencia
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nadie puede reencontrarse si antes no se adentra en sus interiores, para saber quién es y qué pretende ser en un futuro próximo. Estudiar y vivir nuestros aconteceres diarios acordes con los pasados, nos ayudarán a despertar, a mantener encendida también la llama de la conciencia colectiva. Justamente, realizamos esta peregrinación por aquí abajo, con el deseo conciliador de vivir y mejorar vidas. Esa debe ser la proposición vertida. Sin embargo, hoy nuestra época, marcada por cambios rápidos, crisis humanitarias y transiciones culturales, nos demanda volver a nuestras raíces para extraer conclusiones. Desde luego, todo ser humano está llamado a sustentar su existencia en sus raíces de respeto y alegría mutua. De ahí parte todo, para que nuestras biografías entren en clarificación.&nbsp;Hay que aprender de lo vivido, no para detenerse únicamente en lo visible, sino para continuar enmendándonos con perseverancia humilde, a fin de dar continuidad a caminos recorridos o cambiar de rumbo.&nbsp;Por eso, es vital la etapa contemplativa que todos llevamos consigo. Debemos cada día leer los signos con discernimiento, interpretar los silencios y el enigma de las cosas, intuir eso que aún no está escrito, sin olvidar las huellas ya trazadas.&nbsp;No tiene sentido, pues, regresar a las contiendas. En lugar de guerras, tomemos otros garfios más armónicos. Aprendamos a considerarnos entre sí, ya que cada rastro humano tiene valor y su rostro valía, pues nada puede descartarse. Estamos para salvaguardar el bienestar, creciendo como humanidad y en familia.En este sentido, la mejor curación es la del cultivo del abrazo sincero, unido al de la de la pausa para el análisis, porque la misma sabiduría tradicional, es la que nos acompaña puede proteger las nuevas existencias.Así, en las catacumbas, nada permanece en la reserva, todo habla en un tono de mística anhelante, de la vida más allá de la muerte. Por desgracia, vivimos en un orbe que tiende a olvidar hasta sus propios fundamentos. Quizás tengamos que hacer más memoria, trabajar más el espíritu interior, no para refugiarnos en el pasado, sino para habitar el presente, en busca de seguridad y de una vida digna para uno mismo y sus genealogías. A diario, vemos a multitud de gentes que huyen del hambre, de los peligros, en busca de seguridad y de un mejor bienestar. ¡Ayudémosles!&nbsp;Indudablemente, hay que hacerse prójimo para uno poder volverse próximo y poder servir con amor de amar amor. Parece algo obvio, pero a menudo no lo es. Sin duda, necesitamos mejorar la capacidad de escucha hasta con nosotros mismos.Seguramente, entonces, obraríamos de otro modo. Tenemos que aprender a compartir para poder crecer juntos. De lo contrario, continuaremos hundidos en el mismo barco existencial, que todavía sigue teniendo como lema: “el tanto tienes como tanto vales”. Es indispensable el brío cooperante, tanto para reconstruirse como para construir el horizonte agrupado, sustentado en el calor de hogar. En cualquier caso, ninguna máquina debería elegir jamás poner fin a la vida de un ser humano.De hecho, el renacerse y la concordia es una dimensión existencial que nos da subsistencia. Al fin y al cabo, todos compartimos un destino común, respiramos el mismo aire y vivimos en este pequeño planeta. No podemos, ni tampoco debemos, quedar pasivos ante el sufrimiento del otro. Hermanarse sería lo suyo, aunque nos cueste sangre, sudor y lágrimas.&nbsp;Por desgracia, las nuevas ideologías, caracterizadas por un enredado individualismo, egocentrismo y consumismo materialista, debilitan los lazos sociales, fomentando esa mentalidad excluyente, que nos deja sin palabras. Resulta sorprendente que la humanidad todavía no sepa caminar en armonía, que vocablos como conveniencia y competitividad, sean los que nos gobiernen, en lugar de voces como convivencia y solidaridad.&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Es indispensable el brío cooperante, tanto para reconstruirse como para construir el horizonte agrupado, sustentado en el calor de hogar. En cualquier caso, ninguna máquina debería elegir jamás poner fin a la vida de un ser humano”.]]>
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            En los momentos de dificultad; el ánimo se desgaja o se familiariza
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La supervivencia nos ha sido ofrecida, para custodiarla y hermanarnos, no para abandonarla y desunirnos. En consecuencia, todo tiene su periodo de crisis y su tiempo de tranquilidad. Lo importante es bucear mar adentro, reconocernos en el oleaje, despertar y advertir que el amor debe ser nuestro pulso diario, que es lo que nos libera, porque la libertad ha de estar en la toma de decisiones que tomemos. Desde luego, cohabitar entre lenguajes desinteresados y corruptos, entre sistemas que generan pobreza y exclusión, entre ambientes salvajes con efectos lucrativos a costa del drama de otros, produce o debe reproducir miedo, dificultándonos el deseo de vivir, al tiempo que nos facilita cualquier tipo de pesadumbres.Desventurado el ser humano que no tiene quien le acompañe ni la asista, quien le corrija cuando tenga necesidad de ello. Por desgracia, olvidamos que la fuente existencial radica en el corazón. No somos piedras, tampoco seamos pedruscos; salgamos de la indiferencia y pongámonos a batallar, escuchándonos entre sí. Es evidente que la primera condición para salir de los aprietos mundanos, está en fomentar la concordia entre semejantes y en la voluntad de lograrla. Son inútiles las contiendas, lo importante es tomar un respiro para superar las divisiones y las divergencias que, únicamente, la clemencia puede anular. Todas las personas somos, pues, necesarias para poder injertar ese viviente poema armónico; que es lo que conlleva un estilo de comunión y comunidad.&nbsp;&nbsp;Apartemos los obstáculos que nos enferman y considerémonos parentela de latidos confluentes. Desde luego, aquel que es capaz de dominarse para secar las lágrimas y de sonreír en sus dificultades, es el que ha llegado a poseer la estética cognición, tomando pulso y haciendo pausa. Quizás tengamos que reeducarnos globalmente para poder convivir, puede que sea nuestra gran asignatura pendiente, la de templar el impulso para afrontar las dificultades. Pensemos, que no puede haber grandes tropiezos, cuando abunda la buena disposición del amarse y del amar, desinteresado y auténtico. El querer lo es todo en la vida. Es la voluntad la que nos trasciende hacia el buen propósito, que no es otro que servir, mostrar compasión y tener constancia de ayudar a otros. &nbsp; Todo tiene su estado de ánimo, la cuestión está en cultivar lo que nos embellece, que no es otro brío que el perfume del sentimiento. Después de la noche, siempre llega el día; también tras las tinieblas, reaparece el resplandor de la luz. Más pronto o más tarde, todos pasamos por pruebas que nos generan tristeza, porque nuestros andares por aquí abajo nos hacen concebir sueños que en seguida se hacen ceniza. Lo fundamental, no es tanto la angustia, como permanecer adormecidos en una congoja sin fin, con ciertas amarguras resentidas, que nos impiden volar con la mística del verso que somos. Podremos haber sido dañados, mostrar enojo o pasar por un agravio, pero la curación no se resiste, sólo hay que dejarse renovar las propias pulsaciones, con la acústica melódica del universo.Los humanos tenemos que volver al poeta que llevamos consigo, a ese santuario interior de nuestro espíritu con pensamientos níveos, soñadores y placenteros. El vínculo del soplo donante, es lo que nos da vigor. Jamás el poder ni la dominación. El mundo no vuelve a ser el mismo, cuando le agregamos el latir de un buen caminante, una voz salida de las entretelas, que comienza reanimando y termina familiarizándose. Precisamente, son las percusiones el vínculo que nos une. Por eso, la lírica no quiere adeptos, quiere amantes de buen fondo, que lo entregan todo, hasta su oportuna comodidad. Sin duda, hoy más nunca, requerimos de poetas que pongan alma en los quehaceres y en las cosas, con el consabido trabajo que esto ocasiona. Ahora bien, quien no trabaja no es decente. Así de natural.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“El querer lo es todo en la vida. Es la voluntad la que transporta las montañas, la que nos trasciende hacia el buen propósito, que no es otro que servir, mostrar compasión y tener constancia de ayudar a otros”.]]>
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            El pulso nos convoca a la pausa; con mentes y corazones abiertos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Ningún ser humano es prisionero del destino, para ello se requiere no caminar irreflexivamente, estar atento a nuestros andares y hacer memoria de lo vivido, para poder extraer conclusiones con espíritu reconcentrado, que no se hace con palabras sino con silencio, para poder oír la toma de contacto de nuestra mente con el corazón y acoger la voluntad etérea, como un auténtico poeta en guardia permanente. La misión es bien clara, uno existe para asistir, como vive para donarse y nunca endiosarse. En consecuencia, hay que ser más de lo celeste que de lo terrícola. Nuestras místicas entretelas, no se alientan ni tampoco se alimentan de insanos poderíos, que lo único que hacen es pervertirnos y degenerarnos el verso, con el que partimos al tronco viviente para ser el poema perfecto.El cielo es el paraíso florecido de latidos. Por eso, es vital recogernos y acogernos, hacer altos en los caminos, ser capaces de detenernos y de meditar, sobre los diversos tonos y timbres vertidos.&nbsp;Que sea la poesía la que nos guíe y no sea el poder mundano el que nos atrofie. Necesitamos rumiar sones, tener tiempo para nosotros, abandonarnos cada vez más al esperado periodo de descanso, para fortalecer el espíritu y la materia, sometidos cada día a un continuo cansancio y desgaste, debido al ritmo frenético de los aconteceres diarios. En efecto, es el instante de tomar un respiro, de hacer de los divertimentos un modo de conocerse y de reconocerse, en comunión y en comunidad. Fomentar los contactos humanos, desde el sano recrearse y el saludable distraerse, es fuente de armonía.Dejemos que lo sistémico penetre en los tañidos de nuestro sagrario interno. Hemos de ir más allá de un mero entretenimiento o diversión. Las situaciones planetarias nos advierten que nunca hay que bajar la guardia. Para empezar, cualquier ser humano debe tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo y no debe estar sujeto a condiciones. Justamente, con una ensimismada paciencia, tomaremos la espléndida morada que dará paz, justicia y decencia a toda la ciudadanía. Así la percusión que somos, no habrá entonado en vano, para que cesen los enfrentamientos deshumanizantes, garantizando la asistencia humanitaria a todas las poblaciones. Activemos, pues, la cultura del abrazo sincero como lenguaje.&nbsp;Una de las mil contrariedades de las familias actuales, especialmente en las sociedades más avanzadas, derivan de una creciente dificultad para comunicarse. Cuesta conseguir estar juntos y, en demasiadas ocasiones, la red virtual acapara los diálogos y absorbe miradas. Pongamos, la cercanía como práctica. Ahondemos en nuestras acciones, dejémonos mirar y vernos, con esa luz interior de amor/amar y de verdad/bondad. Sin un significado vinculante, toda nuestra labor se reduce a un activismo estéril y desordenado. Aprendamos a reprendernos entre sí, ayudémonos los unos a los otros; y, seguramente entonces descubriremos, que un buen desarrollo será fraternizarse, en un mundo cada vez más interdependiente, falto de compromisos auténticos y de búsqueda del bien colectivo.&nbsp;&nbsp;Ahora bien, para comprender lo que nos sucede, antes hay que entender lo que nos dicta el corazón y la mente al mismo tiempo. En este sentido, conviene fijarse en lo que queda por hacer, no en lo que ya se ha realizado; y, sobre todo, en lo que uno aspira a hacer. Sin duda, precisamos dejarnos reeducar sin prisas, uniendo la hondura intelectual a la humildad anímica, deduciendo del movimiento interior nuestro, como el sitio donde habitan las decisiones, el amor y la mística inspiración. Es importante que, entre todos, ofrezcamos una llave de comprensión vital; y no un cúmulo de pensamientos incompletos, a nuestro antojo. De este modo, podremos concebir mejor la dimensión humana, ideada como calor de hogar, que es lo que en realidad nos embellece y fraterniza.&nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Es el instante de tomar un respiro, de hacer de los divertimentos un modo de conocerse y de reconocerse, en comunión y en comunidad. Fomentar los contactos humanos, desde el sano recrearse y el saludable distraerse, es fuente de armonía”.]]>
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                <published>2026-07-30T16:00:00+00:00</published>
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            Las cuentas claras y el chocolate espeso
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/las-cuentas-claras-y-el-chocolate-espeso" type="text/html" title="Las cuentas claras y el chocolate espeso" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Está visto que no somos de aquí; y, el que nos ha creado, no ha generado frentes ni tampoco ha elevado fronteras. Únicamente nos demanda amor verdadero, como retoños que somos del verso y la palabra, lo que requiere una conjugación vinculante, de la que ninguno estamos excluidos. En efecto, mi propósito, como el de cualquier ser humano que se precie de justo, es el hermanamiento con el mundo entero. Desde luego, sin el cultivo del afecto como lenguaje, va a ser imposible conciliar pulsaciones y armonizar sentimientos. Además, si la ciudadanía practicase la amistad como vínculo auténtico, tampoco tendría necesidad de la justicia, hallaría la ruta hacia la concordia, en unos tiempos en los que el ruido de la desmembración se hace cada vez más estridente.&nbsp;Hoy más que nunca necesitamos claridad, bajo una atmósfera alentada y alimentada por guerras, conflictos, desigualdad y miedo. En ocasiones, olvidamos que nuestra vida comienza con un parentesco y es a través de este lazo como crecemos y nos desarrollamos. El mismo entorno, pues, es una familiaridad que une las palabras a las cosas, los nombres a los rostros y a los rastros vertidos. La falsedad, en cambio separa estos talantes, generando desconcierto y equivocaciones. Ojalá aprendamos a reprendernos, a conversar entre sí y con los demás, para no vernos unos a otros como desconocidos, sino como acompañantes. No hay otro horizonte para la paz, que la unión de latidos y la confluencia de miradas acariciadoras, que es lo que restablece relaciones sinceras y lazos estables.Nuestra distintiva existencia es una coexistencia vinculante que nos enseña a abrirnos, a comprender, a cuidar a otros, a salir de nuestra comodidad y del encierro, a compartir sueños y a partir panes, tejiendo confianza para que nadie se sienta excluido y el compañerismo esté abierto a todos. Es evidente que la cultura del abrazo veraz, ha de ser el culto universal que hemos de fomentar. No bastan los discursos, se precisan acciones concretas ante realidades que nos deshumanizan. Reconciliarnos en familia, poetizar la buena vecindad con hechos reales, reconocer y ayudar a los necesitados, volvernos cercanos con aquellos que se sienten solos, llevar una palabra de aliento al que se siente desconsolado, son algunas de las misiones que debemos realizar, al menos para entrar en sanación humana.&nbsp;La humanidad no puede seguir dañando sus innatos nexos. De ahí, la importancia de no supeditarlo al poderío del dinero, sino a la transparencia del donarse a cambio de nada. Hagamos una tierra de corazones sinceros, démoslo todo para que así sea, y será posible la unión y la unidad. Por cierto, la armónica simpatía meramente puede surgir a través del desarrollo de un respeto mutuo entre semejantes y dentro de un soplo de cordialidad entre miramientos. Indudablemente, a la hora de la verdad nos daremos cuenta, que promoviendo la cultura del encuentro y no la del encontronazo, la de la cercanía y no la del distanciamiento, comenzando por escuchar antes de juzgar, la verídica camaradería será modelo para la mediación y el apaciguamiento.Por desgracia, las cuentas en el planeta no suelen estar muy claras, así que los espíritus corruptos se habitúan a gobernar a sus antojos, con las injusticias debidas. ¡Sálvese el país que pueda! Quizás debiéramos comenzar por avivar esa luminaria del refranero, con “las cuentas claras y el chocolate espeso”, máxime en una época en que la globalización es ya una realidad, pero no debe ser un nuevo tipo de colonialismo, sino un &nbsp;sistema que debe estar al servicio de la persona humana, de la solidaridad y del bien común. La ética exige que los procedimientos se adecuen a las necesidades del ciudadano y no que la ciudadanía se sacrifique en aras de un método poco estético. Lo natural es que el brío humanitario no desfallezca en su diversidad, no sólo para mantenerse vivo, también humano.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Nuestra distintiva existencia es una coexistencia vinculante que nos enseña a abrirnos, a comprender, a cuidar a otros, a salir de nuestra comodidad y del encierro, a compartir sueños y a partir panes, tejiendo confianza para que nadie se sienta excluido y el compañerismo esté abierto a todos”.]]>
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                                <updated>2026-07-27T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-27T16:00:00+00:00</published>
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            La realidad humunitaria; nos demanda un sentido responsable
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/la-realidad-humunitaria-nos-demanda-un-sentido-responsable" type="text/html" title="La realidad humunitaria; nos demanda un sentido responsable" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Volver a la estética del pulso y a la ética de los andares, ha de ser nuestra tarea. Nos conviene a todos, hacer cambios en nuestras existencias; ya que, si el egoísmo que genera el sistema hace que los gobernantes antepongan su éxito personal a su compromiso social, también nosotros con nuestras acciones y reacciones diarias, ante un problema con el que nos topamos, o una tensión que vivimos u ofensa que sufrimos en nuestro circulo viviente, nos mostramos pasivos e indiferentes, en lugar de ofrecer nuestra mano extendida y la comprensión manifiesta, contribuiremos asimismo a que el desorden crezca. Quizás debiéramos explorar más la memoria, repensar los hechos, y ver que nuestros pasos no radican en vaticinar el mal, sino más bien en destinar nuestras fuerzas por un mundo mejor.&nbsp;&nbsp;El futuro nos corresponde a todos laborarlo. En consecuencia, nuestro deber es cuestionarnos con valentía el modo y la manera de donarnos, de activar el níveo amor poniéndonos a generar concordia, ante una bochornosa realidad deshumanizante e inhumana como jamás, marcada y remarcada por un aluvión de conflictos armados y desplazamientos masivos. Desde luego, los principios de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia se perciben amenazados continuamente, por la impunidad en la vulneración de normas internacionales. De ahí, la necesidad, de que se active la buena vecindad; pues si cada uno se aviene con los de su propia acera, mediante el amor recíproco, la calle acabará aunándose de palpitaciones, reconduciéndonos y hallándonos en los demás.&nbsp;&nbsp;Hermanarse es nuestra gran asignatura pendiente. Lo armónico es lo que nos hace avanzar hacia el territorio de la belleza y embellecernos. El verdadero ser reconcentrado crece y aprende cada día de sus errores, llegando a descubrir que siempre uno es el principal garante de lo que acontece. Precisamente, entiendo, que un vencedor es aquel que entiende la obligación que conlleva su libertad, haciendo un llamamiento a rechazar la lógica del inhumano mercado, que todo lo compra y lo vende, especialmente en esta era de intereses mezquinos. Hoy más que nunca, por consiguiente, tenemos que entrar en sanación. La paz nace en nuestra propia casa, arranca en nosotros y finaliza con la siembra de gestos conciliadores y reconciliadores. Ahora bien, nadie puede amar sin antes amarse.Quererse a sí mismo es el prólogo de una biografía que dura toda la vida, contribuyendo a que cese este torrente de lágrimas, que nos está dejando sin sonrisa alguna, impidiendo fortalecer las alianzas globales para proteger la dignidad, la seguridad y la autonomía de todas las personas. No son las armas las que generan los acuerdos, sino la realidad del alma humana, que es lo que nos incentiva a vivir, sentir y recapacitar. Ojalá aprendamos a tomar conciencia de esta cruda realidad, para que cada cual haga de la unión la causa de su esencia, no aislándose, sino poniéndonos en movimiento, lo que te hace no quitar ojo y observar e ir hacia los otros, creando comunión y comunidad, objetivo del que tampoco debemos desviarnos.&nbsp;Justamente, porque cada uno de nosotros formamos parte del cuerpo civil operante, la situación humanitaria en el mundo hay que mejorarla con sistemas democráticos, que refrenden los derechos humanos y testifiquen por vigor moral el creciente amor a la humanidad.&nbsp;La estabilidad se manifiesta a través del cultivo de la cultura del abrazo sincero, hacia el semejante, lo que forja sobre todo sabiduría y felicidad. Está visto que nos hemos globalizado, ahora será hermoso que nos entendamos y atendamos, para defender nuestro proceder por aquí abajo, que ha de estar cargado de sueños hogareños y de relatos en sociedad. Sin ese vínculo de parentela, en continua conformidad, no espiga la correspondencia. Por ello, es vital conocerse y reconocerse, estimarse y ayudarse, ¡manteniéndose humanos!&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La paz nace en nuestra propia casa, arranca en nosotros y finaliza con la siembra de gestos conciliadores y reconciliadores. Ahora bien, nadie puede amar sin antes amarse”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-23T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-23T16:00:00+00:00</published>
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            Nos falta amor para poder amar;  nos sobra violencia y manipulación
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo en esta vida tiene su antagonismo; en el caso del amor, el odio. Sea como fuere, procura saber lo que quieres ofrecer y dónate en tu tránsito por aquí abajo, antes de que el rencor se apodere de tus habitaciones internas y acabe por destruirte. Amando es como se vive realmente; de no hacerlo, es como se camina amortajado hacia su propio sepelio. Por tanto, la humanidad por sí mismo, tiene que dejar de deshumanizarse, ha de sentirse familia; y, como tal, debe favorecer todo tipo de encuentros desinteresados. Nuestros vínculos contemplativos han de formar un poema perfecto, lo que requiere una estrecha sintonía de variados pulsos confluentes, que es lo que realmente nos embellece y nos dispone a fomentar el cultivo del abrazo sincero a los demás. &nbsp;Quizás tengamos que poner más corazón en todo lo que hacemos, también en el brío dominante tecnológico, que ha de ser moldeado por toda la humanidad. No puede estar en manos de un puñado de países o empresas, pues todas las naciones deben tener una posición, tanto de escucha como de voz.Hemos de atendernos y entendernos mutuamente. Por ello, el amor es imprescindible, no sólo para hacernos radiantes, sino para mostrarnos cuánto podemos soportar. La presencia del dolor y de la barbarie que destroza la íntima comunión existencial, va a estar ahí, en cualquier esquina, a la espera de hacernos sudar: sangre, sudor y lágrimas. Será vital, por consiguiente, no sólo sentirse acompañado, también acompasado por lenguajes que nos armonicen.Hoy más que nunca requerimos sentir la caricia de una mirada, para poder dar luz al pan de nuestros agobios, que es lo que nos hace batallar por un futuro más humanitario, en el cual los seres humanos sean los que decidan y rindan cuentas. Jamás olvidemos, que somos ciudadanos apegados al afecto, no a las frías máquinas que pueden llegar a dominarlo todo, pero realmente el amor no se impone, se cultiva.A este cúmulo de contrariedades, además, hay que sumarle el espíritu de la falsedad que nos tritura nuestra propia inspiración natural, con un cúmulo de tensiones inducidas por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute a cualquier precio, generando dinámicas de intolerancia y agresividad a más no poder.Elevemos la mirada, hacia adelante. No mires jamás de dónde vienes, sino hacia dónde vas. Tampoco caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos, en lugar de avivar en nosotros las energías apacibles, que es lo que verdaderamente nos transforma, confiando nuestro compromiso al futuro de la humanidad, a través de la transmisión de la vida humana. Ahora bien, hemos de desterrar toda maldad, ya que el orbe de los afectos tiene siempre un sentido de clemencia, que nos lleva a aceptar al otro, aunque piense y actúe diferente, como parte de esa conjunción de percusiones. Seamos entonces algo más que un sentimiento, seamos caminantes de verbo en verso, que es lo que nos hace ofrecer el bien, aunque nos hayan inundado de males, por el único encanto de dar y de servir.Desde luego, esta realidad de entrega permanente y de guardia constante nos hace salir de nosotros mismos, mientras la rivalidad nos lleva a centrarnos en el propio egoísmo.&nbsp;El mundo, sería otro muy distinto, si fuese poesía &nbsp;y no poder, lo que nos demanda a laborar otros andares más humildes y menos endiosados. Entremos en el buen juicio, no necesitaremos salvajismo ni desafuero alguno; pues para un ciudadano de bien, todo el orbe forma parte de su vena conjunta. La mentira es la que sólo puede ser mantenida por la violencia. Nunca resuelve los trances, ni siquiera aminora sus efectos calamitosos. Sin embargo, estimar lo que nos rodea, también a nuestros análogos, es volverse amable; creando nuevas redes de integración, con el amoroso calor de hogar, sitio en el que uno siempre es esperado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Elevemos la mirada, hacia adelante. No mires jamás de dónde vienes, sino hacia dónde vas. Tampoco caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos, en lugar de avivar en nosotros las energías apacibles, que es lo que verdaderamente nos transforma, confiando nuestro compromiso al futuro de la humanidad, a través de la transmisión de la vida humana”.]]>
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                <published>2026-07-20T16:30:00+00:00</published>
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            El encarte de pulsos nos une; el descarte de latidos nos separa
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-encarte-de-pulsos-nos-une-el-descarte-de-latidos-nos-separa" type="text/html" title="El encarte de pulsos nos une; el descarte de latidos nos separa" />
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nuestro afán dominante, en lugar de ser generoso, consiste en sembrar egoísmo, para suscitar la desconfianza constante, tomando la desesperanza como atmósfera; y, todo ello, disfrazado de cuentos interesados, con final guerrero. La mentira es nuestro gran proyecto colectivo. El corazón, por ende, también ha dejado de latir. Lo que percibimos en este momento es una tensión, fermento de la inhumanidad vertida, que nos deja sin métrica y abandonados. Tanto es así, que la violencia y la persecución continúan obligando a millones de almas a dejar sus hogares, mientras que las crisis climáticas, la inestabilidad económica y la fragilidad política, multiplican sus miserias. Además, con el timbre de la indiferencia, solemos dejar de lado que todos somos parte del poema viviente. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;En efecto, nos sobra demasiada coraza y nos falta corazón para ese encarte global incluyente. En el fondo, no se aprecia a la ciudadanía, ni a los ciudadanos como un valor primordial que hay que considerar y proteger, especialmente sin son indigentes o discapacitados, si todavía no son útiles como los no nacidos, o si ya no sirven, como las personas longevas.Por desgracia, nos hemos vuelto pasivos e insensibles ante situaciones exasperadas, propias de una existencia salvaje y no humana. Es cierto, que muchas gentes apoyan el derecho a buscar seguridad; pero, simultáneamente, se preguntan si los sistemas de asilo son justos, eficientes o si están debidamente gestionados. No es suficiente tener buen ingenio; lo principal, es emplearlo humanitariamente.&nbsp;Sin duda, nuestra gran asignatura pendiente pasa por avivar la poética del sueño hogareño a la vida en familia. Aislarnos entre sí, desde luego, es uno de los mayores tormentos actuales. La falta de requerimiento o acompañamiento, además nos corrompe todos los vínculos, desmembrándonos de la lírica del sentimiento, que es lo que nos engrandece y recompone.&nbsp;El rechazo, lo que hace es volvernos soberbios e ingratos, demostrando así que los hipotéticos avances de la sociedad no son tan reales, ni tampoco están asegurados para siempre.&nbsp;Muchas veces se percibe que, fruto de este absurdo endiosamiento, los derechos humanos no son iguales para todos. En consecuencia, a poco que observemos con atención los entornos, hallaremos contradicciones que nos dejan sin voz.La peor enfermedad radica en entrar en contradicción interiormente; máxime cuando, el propio orbe, tiene su naciente en nosotros.&nbsp;Dispongámonos a navegar mar adentro, que es donde se adquiere la influencia natural y su confluencia mística. Por tanto, hay que dejarse querer para poder amar de verdad y no vivir sustentados por una mentalidad de miedo y duda. Paradójicamente, hay recelos ancestrales que no han sido superados aún, como la sospecha a lo desconocido, que no tiene por qué ser monstruosa.&nbsp;En consecuencia, abrirse al mundo y reabrirse a todo lo que nos rodea, puede ayudarnos a que nuestros semejantes activen el espíritu que nos hermana y dejemos de levantar muros; que lo único que forjan, es amortajarnos de lágrimas y abatimientos.Indudablemente, el bien que hemos realizado nos da una satisfacción interior, que aparte de ser la más dulce de todas las pasiones, llegando a embellecernos nuestra propia mirada de sosiego y paz, nos pone en el camino de una forma nueva de vida, lo que nos hará descubrir al fin, que nos debemos recíprocamente, más allá de las fronteras que hemos generado y de los frentes que hemos activado. El pararnos a oírnos, como el sentarse a escuchar al otro, todo ello característico de un encuentro humano y del reencuentro consigo mismo, es un modelo de actitud receptiva que nos emplaza a buscar fusionados lo auténtico en el diálogo sincero, en la conversación reposada o en la discusión apasionada.Lo importante es perseverar, nunca tirar lo toalla, porque cada cual cohabita para sentirse poesía.&nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La peor enfermedad radica en entrar en contradicción interiormente; máxime cuando, el propio orbe, tiene su naciente en nosotros. Dispongámonos a navegar mar adentro, que es donde se adquiere la influencia natural y su confluencia mística. Por tanto, hay que dejarse querer para poder amar de verdad y no vivir sustentados por una mentalidad de miedo y duda”.]]>
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                                <updated>2026-07-16T16:15:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-16T16:15:00+00:00</published>
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            El desarrollo del mundo;  es la poética de las facultades éticas
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cualquier camino que queda por recorrer, siempre se nos descubre como incierto y frágil, por lo que el más mínimo instante debe llevarnos siempre a hacer un alto en el camino, para pensar en la continuidad o en el cambio de rumbo. Lo que está claro, que todos los latidos reflexivos son necesarios, para poder tomar conciencia de que nada somos por sí mismos; protegiendo, de este modo, tanto la dignidad individual como la convivencia sosegada entre pulsos diversos. La singularidad de cada ser humano está ahí, en todas nuestras acciones y reacciones que han de ser tomadas en libertad, pero a la vez con sentido responsable, en beneficio no únicamente de sus propios miembros, sino de toda la humanidad; que, más pronto que tarde, debe fraternizarse.&nbsp;No podemos marcar la historia de nuestro linaje, contradiciendo nuestro propio sentido natural viviente y humanitario, tornándonos más inhumanos y pasivos; en parte porque el poder dominador todo lo corrompe, haciendo de la vida, que debe ser un poema perfecto, una dolorosa pena vulgar, donde nadie reconoce a nadie, a no ser nada más que por el dinero. La venganza y el odio campean por todas las atmósferas existenciales, deshumanizándonos totalmente. Rechacemos estos aires irreconciliables y pongámonos a embellecernos hermanados para reconstruir espacios que nos muevan los corazones, hacia el verso y la palabra, dejándonos acompañar por poéticas antes que por políticas mundanas, movidas exclusivamente por el interés del maligno.Pasemos, pues, de la equivocación humana ennegrecida al buen propósito de la lírica, que todo lo realza versando cosas humildes. Seamos esa pulsación esclarecedora y donante, reconstruyendo vínculos de auténtica amistad. Precisamente, nuestra obligación radica en vivir una vida apacible conforme a la inspiración radiante, para que aquellos sufrientes y olvidados sean recibidos con compasión, solidaridad y amor. Jamás olvidemos que nos necesitamos entre sí. Nadie puede excluirse y no protegerse, máxime en una época en la que millones de niños crecen con la inteligencia artificial antes de que existan reglas para salvaguardarlos; cuando ésta además, avanza más rápido que las normas para controlarla. Volvamos a la voz de poesía, dejaremos de ser ciegos y no seremos sanguinarios. El desarrollo del orbe será un horizonte inclusivo de esperanza cuando los seres humanos, al igual que los verdaderos poetas, conserven sus ojos de niño, para adentrarse en lo melódico que nos circunda. Nuestro santuario interior tiene que recomponerse para poder poetizarse, para que el poder de los oligarcas tecnológicos que muchas veces supera al de los Estados, se reduzca con la placidez bucólica. Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo.Necesitamos el cambio y, para conseguirlo, hace falta una equitativa y armoniosa participación en los bienes. No podemos defraudar las expectativas de los pueblos y continuar viviendo en un caos permanente, atravesado por conflictos armados, desigualdad extrema, impunidad y una creciente fragmentación geopolítica.La ciudadanía en su conjunto y el ser humano como tal, debe estar en el centro del progreso, que no ha de reducirse al simple crecimiento económico, sino que debe ser integral e integrador, como lo es el calor de hogar. Tampoco cabe rendirse, sería lo último. El decoro es la épica del deber, que sumado al derecho de una justa protección social, nos hace ganar sosiego; aunque el amor nos agite, pues éste ha de costarnos, para que sea verídico.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo”.]]>
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                                <updated>2026-07-06T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-06T16:00:00+00:00</published>
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        <title>
            El cooperativismo nos vuelve creativos; a la vez que ciudadanos de bien y bondad
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Confieso que me apasionan las gentes, ya sean jóvenes (la fuerza para ir adelante) o mayores (la memoria del pueblo, la sabiduría), que fomentan el trabajo conjunto para el bien común. Bravo por ellos, que hemos de ser todos nosotros. La cuestión es mantener vivo el camino recorrido hasta ahora, pero con la mirada dirigida al futuro. Pensemos en el porcentaje de muchachos que, en este momento no tienen donde caerse muertos, cuando el trabajo es un derecho y una obligación, que a todos debe incumbirnos. Por tanto, si el asunto laboral es muy sustancial, ya que va unido a la decencia y a la dignidad del individuo, el cooperativismo es un modo socioeconómico y un método realmente solidario, donde la ciudadanía se une de forma voluntaria para satisfacer necesidades comunes.&nbsp;Desde luego, no existe una mejor prueba del adelanto de una civilización que la del avance del cooperativismo, con su acción recíproca, en la cual todo se gestiona democráticamente, priorizando el bienestar colectivo sobre el lucro individual. El camino no puede ser más saludable; es, precisamente, la senda para la igualdad, no para la homogeneidad, sino para un paralelismo en las diferencias, ya que los mismos beneficios se reparten de forma equitativa o se reinvierten. Indudablemente, hoy más que nunca tenemos que centrarnos en las personas, comenzando por generar confianza entre nosotros, fortaleciendo la cohesión social y uniendo a las comunidades en torno a las insuficiencias y a las aspiraciones compartidas.&nbsp;Nuestra misión es la de compartir y moverse cercanos. Al fin y al cabo, hay que tener el valor y la creatividad de construir la senda neutral para integrar, en el mundo, el desarrollo, la justicia y la paz. Lo importante, pues, no es el dinero, que lo único que hace es esclavizarnos; sino el afán cooperativista que debe perseguir finalidades transparentes y claras, a fin de inspirar la economía de la honradez. El espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser sólo la propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos. Sin duda, hemos de pasar a una hacienda del don, o sea, a una riqueza capaz de dar vida a empresas inspiradas en el principio de la solidaridad.La cobardía es un consentimiento a lo perverso. Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerras, sea el equivalente al de una paz efectiva. Es evidente que hemos de evolucionar hacia lazos de simpatía humana, de entendimiento con todas las naciones y todas las lenguas. Ahora bien, no hay fidedigna quietud, sino viene acompañada de equidad; al tiempo que, acompasada por lo auténtico, por lo justo y adherente. Reunirse para unirse es la primera fuerza cooperativista. Estar conectados y saber convivir es la segunda fuerza de superación y mejora. Trabajar con decencia y afanarse en extender la cultura del abrazo para la concordia, también es la tercera fuerza vital, la de convertirnos en promotores de la paz, facilitando el ánimo conciliador, con el brío reconciliador.&nbsp;Tampoco hay tres pujanzas, sin un espíritu que nos fraternice, reconduciéndonos a no hacer para los demás lo que no queramos que hagan con nosotros. En este sentido, el movimiento cooperativo, el cooperativismo o la corriente de cooperativas, es trascendental en un orbe marcado por conflictos, desigualdad, fragmentación social y una disminución del soplo predispuesto a la colaboración, más allá de las divisiones sociales y económicas, que convierten la vida en un infierno. En efecto, el mayor tormento existencial es sentirse solo, abandonado y sin fuerzas para enfrentar cualquier tipo de dificultad y esfuerzo. Sin embargo, caminando y trabajando juntos, advertimos el gran prodigio de la esperanza: todo parece posible una vez más.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser sólo la propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos”.]]>
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                                <updated>2026-07-02T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-07-02T16:00:00+00:00</published>
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