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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-11-02T16:00:04+00:00</updated>
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            Todo resurge de la nada; volviéndose germen de vida
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Celebremos el futuro, por muy negro que nos parezca, la eterna esperanza siempre nos acompaña. De hecho, cada ser humano es un singular latido que forma parte del poema viviente, llamado a dejar huella y a retoñar, por muy empedrado que camine su corazón. Seguro que nadie se perderá. Lo importante es no encerrarse en el pasado, en el entorno de las lágrimas de la nostalgia, pues de los sepulcros de la tierra también se germina. Precisamente, ahora desde las zonas de desove de salmón en Canadá hasta los arrecifes de coral en Indonesia, los ecosistemas de todo el mundo se están restaurando a un ritmo sin referencias. Sin duda, estamos asistiendo a la gestación de uno de los mayores movimientos por la naturaleza de la historia.Hay que avivarse y renacerse, jamás tirar la toalla, pensando que nada se puede enmendar. Somos seres en versátil purga; y, como tales, guardar silencio y escucharnos también ha de ser importante, pues interrumpe la agitación interesada del activismo, restableciéndonos en más poesía que poder, con una invitación a la memoria y a la espera. Que nadie se desespere, todo tiene sanación; es cuestión de no volverse hacia atrás, de revolverse hacia uno mismo, para mirar hacia adelante, hacia el horizonte de nuestro camino y hacia la realización de lo armónico del edén que nos aguarda. Paso a paso, como verso a verso, todo se conjuga en el amor sin precio y en el amar sin medida. El desafío se sustenta en despojarse de mundo y en tornarse cristalino como el agua y los recursos naturales.Tampoco podemos pretender arreglar nuestro propio interior o la naturaleza que nos circunda con una mano, mientras la destruimos con la otra. Indudablemente, los diversos gobiernos, deben abordar los motores de la degradación del medio ambiente e invertir en mecanismos de seguimiento para garantizar la durabilidad del movimiento de restauración logrado; pero, también, la ciudadanía en su conjunto, ha de colaborar y cooperar frenando el ansia destructiva que nos acorrala. No se trata, pues, de un afán y un desvelo sin más; debe sustentarse en una ejemplaridad labor conciliadora, fruto del auténtico afecto vertido, que es lo que nos salva de la muerte, si en verdad lo vivimos y lo practicamos entre análogos.Ciertamente nos hemos globalizado, pero aún nos falta fraternizarnos, lo que nos requiere de otros cultivos menos dominadores y más serviciales. En consecuencia, activemos el poeta en guardia que todos llevamos consigo, que será el que nos hará reaparecer con el anhelo de mirar hacia el cielo, que es de dónde venimos y hacia dónde vamos. Con esta certeza, de retornar al sueño de la composición lírica, rejuvenecida por níveos besos bajo el culto del auténtico abrazo, nada se resiste y todo florece, incluso aquellos latidos que nos han acompañado y hoy nadie recuerda. Evoquémoslos, pues. No hay mejor ejercicio que ejercitar el recuerdo a las víctimas de las guerras y de la violencia, a tantos inocentes abrumados por el hambre y la miseria en un mundo injusto, para aproximarse.Ojalá aprendamos a reprendernos a nosotros mismos, a ser más humanos cada día y mejores cuidadores de lo que nos circunda. La custodia no está concebida para mentes mundanas, sino contemplativamente místicas. Nunca puede conseguirse ningún progreso, si uno no se respeta y considera el vergel. Renovarse y removerse o morir, que se dice. Ahí radica; y, en el esfuerzo está la virtud, por lograr lo que aún queda por hacer. Tengamos el anzuelo dispuesto, porque en el sitio que menos imaginamos se halla la captura. No dejemos de comprometernos y de reposicionar los esfuerzos; ya que si sabemos dónde están las brechas, debemos trabajar unidos para cerrarlas, resurgiendo hacia una ética racional, aboliendo una época e inaugurando otra. ¡Bienvenida sea, entonces!&nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El desafío se sustenta en despojarse de mundo y en tornarse cristalino como el agua y los recursos naturales”.]]>
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                <published>2026-11-02T16:00:00+00:00</published>
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            Hay que hacerse amor, para en humanidad, rehacerse como familia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Lo único que nos sana es el auténtico cariño vertido en nuestros propios pasos. Necesitamos conjugar con nuestros andares la alegría del abrazo sincero y la mirada acariciadora del acompañamiento. Quizás, por ello, tengamos que tomar aliento, con la pausa debida y la reflexión necesaria. Hay un deseo desenfrenado de modificarlo todo, sin apenas deliberación o fundamentación. Sea como fuere, debo indicar que el momento no es fácil, por lo que requiere el estímulo y la ayuda de la escucha colectiva. Está visto que las tensiones y los peligros que nos acorralan se resuelven mejor en comunión y en comunidad, oyéndonos entre sí, dialogando más y reconociéndonos humanitariamente como ciudadanos de bien, que es lo que realmente contribuye a humanizar la convivencia.La existencia misma es un árbol enraizado que se une desinteresadamente, bajo un tronco común, a la espera de generar una arboleda floreciente como parentela. Lo bueno siempre germina de la confianza de pulsos, que es lo que nos concuerda y nos recuerda que no somos islas en un mar de oleajes. Despojémonos, por consiguiente, de individualismos que nos desvirtúen, haciendo que prevalezca el afán posesivo y no el espíritu donante. De hecho, en todos los lugares, la batalla se sirve a diario en nuestra propia consanguinidad. Por desgracia, se elevan los muros y las distancias, con la arrogancia manifiesta y el encierro en el egoísmo. En consecuencia, cada día crece el número de personas que deciden vivir solas, o que conviven sin cohabitar.Esto ocasiona un mal acuerdo entre análogos, que únicamente exigen prestaciones de servicios como un loable sentido de justicia, que no lo es, porque está mal entendido, al excluir los principios y valores que son los que sustentan la incondicional entrega benefactora, convirtiéndolo todo en un mero negocio. Ciertamente, no está siendo fácil comprender las separaciones que se dan muchas veces en personas que llevan toda una vida unidos, rechazando el ideal de envejecer cuidándose y sosteniéndose. De igual modo, también cuesta entender que la sociedad empuje a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades. Por ello, hoy más que nunca, creo que precisamos cultivar esa querencia efectiva conciliadora, al menos para poder reír y llorar juntos.Donde reina el amar sin consideraciones, gobierna la pasión del sentimiento y sobran las leyes. La desunión es un lógico fracaso, que debilita y ensombrece nuestros propios vínculos humanitarios. Las crisis, como las diversas contiendas, deben afrontarse con la valentía del aguante, del diálogo sincero, del perdón mutuo, de la reconciliación y también del sacrificio; no con la superficialidad del abandono y del olvido. El verídico apego, cuando germina de las entretelas, jamás se desmorona y es eterno, porque en vez de destruirse se regenera, dándose una nueva oportunidad. Asimismo, el aprecio, cuando lo es en certeza; &nbsp;tampoco es algo que se pueda conectar o desconectar a gusto del consumidor, ni mucho menos bloquear; está ahí por siempre, impregnando toda su historia de esperanza.&nbsp;Ahora bien, de cara al futuro, ¿cómo reconstruyes una existencia &nbsp;en filiación si no tienes la manera de tener ingresos para hacerlo? Quizás tendríamos que impulsar una paternidad/maternidad compartida, responsable y afectiva de verdad, que no es lo que se muestra en las telenovelas, sino algo más concreto &nbsp;y fraterno, centrado en los hechos. Sin embargo, el fraude también mora en los lenguajes tecnológicos. Algo tan cercano como el móvil, te ofrece negocios exitosos, &nbsp;además puede suplantar tu voz e identidad e incluso prometerte adhesión perenne. Tanto es así, que cada año las estafas mueven miles de millones de dólares, alentados y alimentados por redes criminales globales que operan con inteligencia artificial y criptomonedas. Aún así, el infalible amor, no fenecerá jamás.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“La existencia misma es un árbol enraizado que se une desinteresadamente, bajo un tronco común, a la espera de generar una arboleda floreciente como parentela”.]]>
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                                <updated>2026-10-26T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-10-26T16:00:00+00:00</published>
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            El bien y la bondad universal; como esperanza para la unión
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp; La búsqueda del bien colectivo es lo que realmente nos hermana y vivifica como humanidad, entendida no como una mera anexión de semejantes, sino como una realidad viva donde las gentes aprenden a reprenderse entre sí, a conocerse y a reconocerse corresponsablemente. Lo transcendental, al fin y al cabo, es armarse de paciencia para comprendernos. No hay mejor atención de cara al futuro, que entendernos y atendernos ante los desafíos de magnitud asombrosa, como los conflictos crecientes generados por los lenguaraces, el caos climático que nos desconcierta por completo o las tecnologías desbocadas que nos dejan enloquecidos. Desde luego, avivando lo auténtico y conjugando la diversidad con la complementariedad, es como se avanza humanitariamente.&nbsp;Laborar el camino de la vida desde el horizonte de lo armónico, significa sentirse parte del poema viviente, lo que nos demanda a compartir pulsos y pausas, consensuando movimientos y andares en horizontes fraternos, pues nadie vive por si mismo, porque además requiere sentirse acompasado y acompañado. Corazón a corazón se despiertan los mejores sentimientos, para que prime el bien colectivo sobre el bien particular. Así, el amor verdadero, aquel que nos hace fértiles y autónomos, es siempre expansivo e inclusivo. Esta pasión cura, convalece y hace bien. En consecuencia, como proles de la cordialidad que somos, una de las más altas expresiones de entrega es precisamente el espíritu donante, decisivo para el desarrollo humano y para afrontar todo tipo de crisis.&nbsp;Justo ahora, cuando el hambre retrocede en el mundo, pero la hambruna vuelve como arma de guerra, hasta el extremo de que constituye un desafío moral sin precedentes. Tenemos que asegurar, por consiguiente, otras atmósferas más justas. Los ataques contra las infraestructuras alimentarias no pueden consentirse, tampoco los obstáculos al abastecimiento y el debilitamiento de los mecanismos internacionales deben ser instrumentos de confrontación, lo que nos demanda a centrarnos en los derechos humanos para que se haga realidad su verdadero cumplimiento, comenzando por la dignidad de la persona, que implica la búsqueda del bien común. Nadie está exento de colaborar, según sus propias capacidades, en su consecución y mejora.Lo que no tiene sentido, es que el dinero que era para el desarrollo se active para gasto militar o que las desigualdades heredadas del colonialismo prosigan condicionando las oportunidades de millones de ciudadanos. Los moradores del planeta hemos de hacer hogar, con lo que esto conlleva de proteger, custodiar y preservar, lo que es de todos y de nadie en particular. Sea como fuere, existe una relación de reciprocidad responsable entre unos y otros, como también entre nosotros y la naturaleza, de poder participar, contribuir y beneficiarnos de un progreso sustentado en la igualdad, la decencia y la participación. Indudablemente, ningún avance puede separarse de un entorno internacional de cooperación abierta, elevando el multilateralismo con acciones concretas.&nbsp;En efecto, es la acción colectiva la que consolida el bien combinado, lo que nos exige que los países participen bajo reglas y principios generalizados, sin importar su fuerza o poder militar. Tanto es así, que florecemos cuando ejercitamos el brío social, creativo y solidario, despojado de todo individualismo y despejado de intereses egoístas. Es evidente, que nuestra misión es hacer familia y rehacernos como parentela, para regenerar un orbe más sano y justo. Por lo tanto, nuestros planes y esfuerzos siempre han de tener en cuenta sus fusionados efectos y sus afectos esperanzadores, de hallar luz en los rincones oscuros sin importarnos cultos ni culturas, sopesando las repercusiones para el momento presente y para las generaciones venideras. Buen talento y mejor talante, pues.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Corazón a corazón se despiertan los mejores sentimientos, para que prime el bien colectivo sobre el bien particular”.]]>
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                                <updated>2026-10-22T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-10-22T16:00:00+00:00</published>
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            El futuro es un mar de deterioros; un oleaje incesante de catástrofes
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Actualmente, los aires no son muy propicios para el árbol de la vida. La alteración del equilibrio armónico de la creación se está acelerando; y, además, estamos siendo testigos de multitud de crisis y de un gran desconsuelo humano. La situación nos reclama un cambio de actitud, comenzando por los gobiernos que deben acelerar la acción, promoviendo una agricultura sostenible y regenerativa, reforzando el seguimiento y la transparencia, haciendo realidad con mayor rigor las leyes vigentes. Hoy más que nunca, hemos de reorientarnos hacia la protección de la naturaleza. El desgaste suele sacudir con mayor pujanza a los más vulnerables, precisamente a los que menos han contribuido a originar las circunstancias, pero las soluciones han de ser colectivas.</p><p>Sin naturaleza no somos nada, como tampoco coexistimos y florecemos deshumanizándonos, ni degradando aquello que nos alienta. Son estas dotes nativas y humanas las que deben hacernos reflexionar. El aluvión de crisis que nos atormentan, no sólo demandan responsabilidad, sino también una modificación en nuestro modo de vernos y de mirarnos. Justamente, por ello, los daños de las persistentes guerras como el deterioro de la tierra, están &nbsp;profundamente adheridos, a nuestra forma de ser y obrar. En consecuencia, cuando el corazón está deformado, las relaciones sobrellevan desconfianza y las estructuras que construimos, comienzan a reflejar ese desorden que sufrimos. Debiéramos, pues, reencontrarnos y entrar en interrogatorio con nosotros mismos.</p><p>Nos urge ahondar en este quebranto de lo oriundo, comenzando por nuestros propios vínculos internos, donde se arremolinan la razón, los deseos, la voluntad y la conciencia. En efecto, hemos de poner orden en nuestro fuero intrínseco, para que este océano de rabia externa se aminore y comience a reinar la cultura desinteresada del abrazo. Lo armónico no subsiste si la humanidad no es sensible a los lamentos. Personalmente, estoy convencido de que las causas profundas del choque y del lucro de la creación, provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, de la codicia de dominación y de la búsqueda del beneficio inmediato; obviando reconocer la dignidad de cada persona y la custodia donante de aquello que nos acompaña.&nbsp;</p><p>Desde luego, los auténticos instrumentos para enmendar esta abundancia de carcomas que nos cercan hasta dejarnos sin soplo, con una avalancha de calamidades y siniestros, pasa por cultivar el diálogo sincero, la bondad, la comprensión, el cuidado y el amor. Esto nos insta a surcar la paciencia, con la bondad y la justicia. Únicamente estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, de renovar sociedades y de sanar las heridas. Si asumimos esta tarea con humildad y certeza, nos volveremos colaboradores con el acontecer diario; restaurando el espíritu de la concordia, a pesar de los mil desiertos que nos acorralan. Lo importante es pasar página, ir de la división a la correspondencia de pulsos y de la violencia a la mesura, respeto y moderación.&nbsp;</p><p>Por desgracia, los cimientos existenciales se están desmoronando. Y ante las formas de depreciación y mengua, surtida por la ignorancia cívica, debemos compartir gestas de dedicación y servicio, que cuiden los entornos y cualquier lugar de concurrencia. Esta viable ciudadanía debe fructificar con sus actividades, distanciados de las labores que realizan las corporaciones multinacionales, que lo único que cosechan es llenar sus cuentas bancarias, mientras vacían nuestro mundo de sus dones naturales. &nbsp;Sin duda, precisamos un enfoque integrador e integrante, que confluya en una alta producción, excelente nutrición, óptimo medio ambiente y una vida mejor vivida, o sea más donada y siempre asistida. De lo contrario, nadie levantará cabeza, porque nuestra historia debemos escribirla juntos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“El aluvión de crisis que nos atormentan, no sólo demandan responsabilidad, sino también una modificación en nuestro modo de vernos y de mirarnos. Justamente, por ello, los daños de las persistentes guerras como el deterioro de la tierra, están  profundamente adheridos, a nuestra forma de ser y obrar”.]]>
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                                <updated>2026-10-19T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-10-19T16:00:00+00:00</published>
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            Siempre es bueno tomar nuevos aires, para retomar nuevos respiros
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El sentido de la vida es injertar valores, nunca cosas de valor, para que broten principios y florezcan versos como heredades, que es lo que en realidad son los caminos existenciales, puro amor y nívea conjunción de latidos en una atmósfera que ha de ser además todo corazón, o sea, toda poesía y jamás poder. Cimentados bajo este palpitar, la mundanidad no debe ser nuestro abecedario, sino aquello que nos trasciende hacia lo auténtico para crecer en mística plenitud. Bajo este franco espíritu nos reencontraremos; y, será cuando podremos discernir los espacios, para tomar aquella ruta de nuestro tiempo, que nos reconstruya la convivencia fraterna, haciéndonos y rehaciéndonos como familia, que es como se reedifica el bien, con la bondad siempre labrada, a golpe de humano ritmo. &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Cada momento es único y cada instante distinto, como ha de ser el nuevo respiro tomado y compartido, que germina siempre de unas poéticas entretelas, dispuestas a darse y a donarse, fruto de una voluntad que busca la unión y la unidad del poema bregado. De ningún modo, desechemos nada de lo que nos circunda. Cualquier inspiración activa originales soplos, que es lo que nos entusiasma y adereza. Nuestra labor debe estar repleta de esperanza, sustentada no en el bienestar consumista, sino en el bien hacer y mejor obrar de cada día. Por eso, es más vital la actividad solidaria que la económica, pues tiene su estética a tono con el timbre conjunto, sin la inhumana lógica de mercado, con el tanto tienes como tanto uno vale. &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;La vida no es cuestión de posesión ni tampoco de poder, sino de servicio y no de apoderarse de los demás; pero la realidad está ahí, revelándonos que los países que recogen refugiados desde hace décadas, manifiestan una frustración creciente ante la falta de solidaridad internacional. Por si fuera poco, el temor, sufren cada vez más por su seguridad, mientras la ayuda destinada a ellos padece fuertes recortes. Sea como fuere, nadie de nosotros sabe quién podría verse obligado a huir mañana, ni quién podría ser llamado a ofrecer amparo. Esto debe hacernos aguzar el oído ante el clamor de las gentes que malviven en las periferias urbanas o existenciales, víctimas de nuevas formas de esclavitud o de tratos inhumanos.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Desde luego, la justicia social exige mirar a estas personas, que nos ayudarán a reconocer que las injusticias no surgen únicamente de decisiones desacertadas de los individuos, sino también de estructuras, mecanismos, sistemas económicos y culturales que producen desigualdades casi automáticamente. Ojalá se instauren otros vientos más apacibles que nos mantenga unidos y en paz. Estoy absolutamente convencido de que la riqueza no es lo que nos hace progresar, sino la concordia entre análogos y una perdurable buena voluntad. Uno a uno, todos somos mortales; sin embargo, apiñados, somos eternos. En consecuencia, cuando la dignidad se ve desfigurada o la política no responde a los dramas humanitarios o cuando la economía se vuelve contra la persona, rectificar es de sabios.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Todos debemos proporcionar nuestro aporte, hagámoslo de verdad y sin interés alguno. No olvidemos que, cada ciudadano es un poema perfecto que refleja su percusión; desde el primer instante de su pulso, hasta el último respiro con el que hace pausa. Es, durante este tránsito viviente, cuando hemos de reconocer y custodiar el brío insuperable e irrepetible de toda existencia, que ha de optar por el hermanamiento y la conciliación, protegiendo su libertad frente a la dependencia y la mercantilización que nos acosa. Generemos nuevas corrientes de diálogo sincero, porque un coloquio claro y veraz no sólo fomenta la cercanía, también aviva la posibilidad de soluciones tan honorables como razonables, de manera que podamos testimoniar la belleza de una magnifica generación.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“La vida no es cuestión de posesión ni tampoco de poder, sino de servicio y no de apoderarse de los demás; pero la realidad está ahí, revelándonos que los países que recogen refugiados desde hace décadas, manifiestan una frustración creciente ante la falta de solidaridad internacional”.]]>
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                <published>2026-10-15T16:00:00+00:00</published>
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            Encerrados en la pobreza, atrapados en el dolor  y cerrados a la esperanza
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;El corazón lastimado y la tristeza inundan el planeta. Millones de personas viven en asentamientos informales y barrios marginales; y, aún más, muchos de ellos sufren falta de vivienda o han sido desplazados por conflictos, catástrofes y el cambio climático. Esta horrorosa situación hace que multitud de ciudadanos, corran el riesgo de perder toda esperanza y se queden paralizados por el desánimo. Quizás tengamos que despertar, ponernos en camino de nuevo, salir de la pasividad e intentar reconstruir un futuro más justo y verdadero para todos. Por eso, hay que estar siempre atentos para no dejarnos atrapar por el mundano aire excluyente y pasar a una transformación sistémica, que nos reconstruya como seres adheridos, donde todos tengamos un sitio al que llamar hogar.&nbsp;Constituir familia todavía es una aspiración, pero la seguridad financiera aparece como una de las condiciones más significativas, tanto para formar pareja como para tener hijos. El dinero, el empleo y la vivienda pesan más que los discursos. De ahí, la necesidad de unos gobiernos más sensibles, sociales y de derecho, que sepan acompañar en el camino y escuchar el lamento de su ciudadanía. Cualquier apoyo es vital, para reavivar la ilusión perdida. Hoy más que nunca, requerimos de líderes que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de cimentar espacios de fraternidad y de quietud, de realizar gestos de compasión hacia quienes más lo necesitan. &nbsp;Bajo este aire alentador, comenzarán a superarse los desapegos, las viejas divisiones, volando el odio y la violencia.&nbsp;También, la mota de la corrupción, será sanada y saneada por un renovado culto a la cultura de la justicia y el compartir. Sólo así, es posible perder el miedo que nos oprime y ganar fuerzas. Toca, por tanto, levantarse; para poder resurgir, recobrando una nueva existencia más fraterna. Lo transcendental es ponerse en marcha unidos; y, hermanados, activar una historia de expectativa y no de sobresalto. Tampoco se trata de tomar decisiones por nadie, sino de asegurar que los jóvenes tengan garantizada la autonomía, las oportunidades y el apoyo necesario para decidir por sí mismos; mientras los mayores han de tener, el respaldo de la escucha de todos y el acompañamiento preciso.&nbsp;Sea como fuere, es evidente que anhelamos oírnos, aguzar los sentidos para reencontrarnos. Una vivienda adecuada significa mucho más que una estructura física con cuatro paredes y un techo, requiere además del espíritu acompañante que une pulsos y pausas. El significado de la hospitalidad como el de la cercanía, hará fructificar una alianza entre generaciones diversas, no olvidar lecciones vividas de la historia y lograr superar las polarizaciones y los extremismos de esta época. Sin duda, cada percusión generada por un ser humano es influyente. Las personas son más importantes que las cosas; y, precisamente, el valor de cada Institución se mide por el modo en que trata la vida y la dignidad del ser humano, especialmente en situaciones desfavorecidas y de vulnerabilidad.Resulta ineludible centrarse en la protección, la integración y en soluciones estables, que nos insten a tomar un respiro humanitario, ante el aluvión de experiencias sensoriales y emocionales desagradables, al observar un futuro incierto en el que se reducen recursos destinados a la salud, a la educación y a los servicios sociales. Detrás de todo esto se esconde, un individualismo egoísta que nos apedrea el corazón, como si el peso de la indigencia y de la marginación fuese algo imposible de abordar, sabiendo que lo único que se solicita es el sustento del espíritu solidario, ante la enfermiza lacra de las desigualdades. Abrámonos a la convicción, que nunca es un mero optimismo, sino la certeza de que ninguna sombra puede tener la última voz. ¡Situemos en acción, pues, la llave de la confianza!&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Lo transcendental es ponerse en marcha unidos; y, hermanados, activar una historia de expectativa y no de sobresalto”.]]>
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                                <updated>2026-10-08T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-10-08T16:00:00+00:00</published>
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            Convivir en la tierra; atrayendo el espacio celeste
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Reconozco, que me afana y desvela, sumar vínculos amigables y hacer familia. Clamo por el deseo de alentar la sana convivencia, sobre sólidos cimientos de tolerancia, que permita a los diversos miembros de un orbe globalizado, pero aún no amistoso, entenderse y atenderse en paz y concordia. Bajo el paraguas de este espíritu de apertura, no sólo se ayuda a mejorar los lazos comprensivos, sino que además se contribuye a no sentirnos desguarnecidos en medio de los desalientos. Somos seres en relación, aunque seamos heterogéneos; cuestión que nos enriquece, cuando compartimos faenas a través de iniciativas, que nos cautiven y cultiven el sentido de humanidad. Este compromiso, se basa en mirar a las cumbres sin encumbrarse, para anidar en el espacio inmaculado.A mi juicio, es vital que el ser humano no se aletargue y desarrolle la capacidad intelectual que todos llevamos consigo, activando su soplo creativo celeste y no el mundano de la dominación posesiva, que nos esclaviza y corrompe. Con este brío imaginativo conjunto, también será más fácil la batida. Por otra parte, convirtiendo la esfera en un hábitat benefactor, todo será más noble, urdiendo en las tecnologías innovadoras, las trabas y los esfuerzos cooperantes, que son los que causan realidad esta aspiración. El objetivo no está en la pasividad, sino en forjar la fuerza de lo activo en el mañana, fomentando la cooperación internacional en la divulgación, así como el anhelo de asimilar el respeto mutuo para vivir en armonía y reconstruir territorios en etéreas alianzas.&nbsp;Cada período es especial para quien tiene la visión de trabajarlo; lo importante es asegurarse de que sitúas la mirada en el lugar correcto y, a continuación, mantenerse en escucha pero firme, sabiendo que uno existe para asistir a este bucólico viaje de autodescubrimiento, en el que no pasa un día en que no estemos un instante tanto en el vergel como en el abismo. Embellezcamos, luego, nuestros andares. Lo fundamental radica en trascender, siendo agentes reconciliadores y conciliadores con lo que nos rodea. Esto significa que ahora navegamos vivencialmente por el planeta. Asociemos esfuerzos de remador en la barca existencial, con respeto por la dignidad de cada persona. Esta comunión de voluntades nos obliga a realzarnos hacia espacios ultraterrestres con fines pacíficos.Indudablemente, el espacio exterior debe continuar siendo un reino de avenencia, en beneficio de toda la sociedad y con desenlaces sistémicos, que garanticen que dichas conquistas serán puestas al servicio del bien colectivo y protegidas contra una explotación abusiva. Es cierto que, aquí en el astro, el mercado todo lo compra y lo vende. El negocio es el que manda, de igual forma el que nos destruye. En consecuencia, la exploración jamás debe conllevar explotación alguna. Por tanto, es esencial que el rastreo y el uso o el abuso de la región física más allá del espacio aéreo de la tierra y entre los cuerpos celestes, se preserven exclusivamente para fines seguros, como una atribución común de todos los moradores, habiten donde habiten.Quizás tengamos que rebuscar otros caminos menos armamentísticos; comenzando por la Inteligencia Artificial, que está deshumanizando cada vez más la forma en que se libran las batallas. Sin embargo, uno requiere humanizarse y hermanarse, tendiendo puentes y extendiendo abrazos. Es asombroso ver como la ciudadanía todavía no acierta a conjugar lenguajes que nos acerquen y, en su lugar, aparezcan otras expresiones como la competitividad; que es la aptitud que nos gobierna, aunque nos plasme conflictividad. Reservar un espacio suficiente para reflexionar junto a ese nosotros universal es lo suyo, proporciona la base y el refugio del yo; pues, nada somos por sí mismos, sin la ayuda de nuestros análogos. Ojalá subamos a las alturas, cohabitando en las bajuras.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Asociemos esfuerzos de remador en la barca existencial, con respeto por la dignidad de cada persona. Esta comunión de voluntades nos obliga a realzarnos hacia espacios ultraterrestres con fines pacíficos”.]]>
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                                <updated>2026-10-05T17:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-10-05T17:00:00+00:00</published>
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            Sentirse humanos hoy;  es un acto heroíco
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp; En una época en la que empiezan a proliferar las actividades laborales a distancia, fuera de la oficina o de la sede de la empresa, mediante el uso de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), tenemos la obligación de permanecer profundamente bienhechores, custodiando con simpatía ese innato altruismo, generado a golpe de corazón y en diálogo con nuestros semejantes, que ninguna máquina podrá jamás sustituir. El avance benigno nace del abrazo extendido y compartido, de un talento con el consabido talante en guardia, dispuesto a escuchar y con una voluntad que busca y rebusca más lo que nos acerca que los nos distancia. Por tanto, fragüemos con sabiduría, ese espíritu donante de compañía, que es el que nos embellece como ciudadanos de bien.Todos venimos a la vida sin nada, desnudos y necesitados. Somos desvalidos e indefensos por nacimiento; requerimos pan y atenciones, palabras y cariños. Que nosotros olvidemos nuestra indefensa historia, es de lo más feroz; pues, dejamos a un lado la misma nutrición del ser, la del espíritu y la del cuerpo.&nbsp;Ante esta dolorosa realidad de abandonos o de soledades impuestas, resulta cada vez más evidente la necesidad de una asistencia afectuosa en cada etapa de la vida. Justamente, hoy la labor de cuidados, sea remunerada o no, es fundamental para sentirnos custodiados. Hacer realidad los derechos humanos es primordial, tanto para los que ofrecen su capacidad de auxilio como para los que requieren atención y apoyo.&nbsp;El resultado de este endiosamiento de soberbia, donde nadie resguarda a nadie, corre el riesgo de deshumanizarnos por completo, reduciendo la existencia a un mero comercio de compraventa, lo que significa privarnos de decencia, dignidad o sensibilidad.A estos tremendos desajustes hay que añadir el clima de violencia que habita por doquier, llegando a desplazar el diálogo. Lamentablemente, la consecuencia devastadora del odio, que incita a la intimidación y a la intransigencia, tampoco es nada nuevo. Sin embargo, su magnitud e impacto se ven ahora amplificadas por las nuevas tecnologías de la comunicación. De ahí, la importancia de cultivar la verdad, junto a la bondad, que será lo que nos fraternice.Por consiguiente, la heroicidad de cada cultura alcanza su más alta cota de sapiencia, cuando rastrea la concordia y el bien de todos, dando testimonio del auténtico significado de nuestra corpulencia. Sea como fuere, no se puede entender situación alguna, elevando muros en los corazones. Pensemos en lo que nos armoniza, la vida personal y las conexiones, nuestra relación con los demás y con el medio ambiente. Cuidar estos pequeños detalles, sumando latidos y acrecentando renuevos de luz, sabiendo que nuestra naturaleza indulgente nos hace festejar lo que es bueno y bello, nos urde a ser generosos y a realizar actos memorables, como la amistad vertida hacia esas gentes indefensas que nos llaman con su mirada. &nbsp;La cosecha de abatimientos, en nuestras biografías, es tan real como la vida misma. Lo trascendente es que podamos sonreír con alguien, para borrar de nuestro diario la desesperación. No hay más que una desdicha, la de no ser sublimes, pues no hay mayor gloria que revolverse al penitente verbo para ser verso. Realmente, son estos contextos ricos en compasión y apego, donde surgen también los gestos homéricos. Al fin y al cabo, todo se convence y se vence por amor. Lo prioritario, entonces, es sentirse humanitario en los esfuerzos desinteresados y heroicos, como esas gentes de servicio, entregadas a lenguajes cuidadores que son los que nos rehabilitan, con la fuerza de la esperanza y el entusiasmo necesario para poder afrontar la mundanidad sin barbarie alguna.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El resultado de este endiosamiento de soberbia, donde nadie resguarda a nadie, corre el riesgo de deshumanizarnos por completo, reduciendo la existencia a un mero comercio de compraventa, lo que significa privarnos de decencia, dignidad o sensibilidad”.]]>
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            De las políticas terrestres; a las poéticas celestes
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay que impulsar la excelencia del azul, como lírica viviente adentrándonos en su místico oleaje, lo que pone de relieve uno de los retos más fundamentales de nuestro paso por aquí abajo, que no debe ser otro que el afán contemplativo y el desvelo por dar resplandor a un orbe que requiere de nuestras percusiones, para promover un cambio existencial, en el que todos podamos ser más corazón que coraza. Realmente sollozamos porque no logramos ser deidad, lo que nos impide amar y ser amados, que es lo que nos haría sentirnos libres como las barcas perdidas en el mar. De igual modo, también gemimos porque no dominamos ni nuestros propios vientos, necesitamos desesperadamente aires puros para tomar aliento y sentirnos acariciados por la certeza del verso en el verbo.&nbsp;Llegará el día en que después de aprovechar lo vivido, produciremos y reproduciremos las energías de lo auténtico, que no son otras que el cultivo del amor de amar amor; y, justo en ese instante preciso y precioso, nos despojaremos de los intereses mundanos, porque habremos descubierto, que nada somos sin la fuerza de la edénica inspiración azulina. De hecho, el verdadero sostén corporal de las huellas vertidas y la axiomática marea espiritual generada, va a ser lo que nos mantenga anímicamente, para fijar la mirada en la patria celestial. Desde luego, será esta peregrinación mística la que nos ponga alas y nos marque la ruta del regreso hacia el poema perfecto, tras vivir los momentos de la escucha interior, disfrutando del don de sentirse musa cósmica y no masa planetaria.&nbsp;Desprendidos de mundo, lugar por donde transitan los males con su aluvión de incitaciones que nos corrompen, hace que todo sea bello, al ser la generosidad más pulcra que la avaricia. Pese a ello, puede que nos de tristeza despojarnos de este paisaje, aunque sea oscuro. Igual le sucede a un poeta cuando se recluye y al fin le florece el soplo de la ciencia infusa; observando que, en lugar de perder el tiempo, lo que ha ganado, es el abrazo de lo edénico. Tal vez nos cueste comprender la situación y la tomemos como una debilidad más, máxime bajo una atmósfera social que vive obsesionada por el tener y el poseer; pero no es así, sólo hay que estar dispuesto a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro; con la épica donante, en lugar de la prosa agarrada a la usura.&nbsp;Sea como fuere, nuestro naciente versátil germina del afecto y del efecto de la estética pulsación armónica, entre el hacer y el obrar. Son, precisamente, los pequeños gestos cotidianos ofrecidos cada día los que nos hacen radiantes. Justamente, unos van hacia la verdad por el camino de la bondad manifestada a golpe de corazón, haciéndose rimador de pulsos y pausas. Otros, sin embargo, hemos llegado a la placidez bucólica, por la senda de la evidencia, que es la que nos hace poema y no pena, o sea bondadoso y no bárbaro. Sin duda, es el poeta que todos llevamos consigo el que sabe despertar en nosotros aquellas pujanzas imaginativas, que nos descubren un universo maravilloso que antes no conocíamos.&nbsp;Volvamos a ese niño al que todos debemos regresar, con pensamientos nuevos, maravillosos y satisfactorios. Tanto en el fondo como en la forma, cada cual ha de sentirse parte de la estrofa galáctica, bajo el alumbramiento de la antífona que nos permite no perder de vista los sonidos, no únicamente lo que sentimos, también lo que vemos. Dejemos que nos habiten los idílicos azulados. Su manera pastoral nos protege, para conjugar la excelsa rima viviente, aún no escrita y mucho menos vivida. Recordemos que, en toda biografía humana siempre hubo dos pasiones, suscitadas entre lo mundano y lo inspirado, motivando sendas contradictorias entre lo mortal y lo etéreo. De todos modos, desmantelarse por ser poesía y por hallarse en ella, es el más sublime decoro existencial.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El verdadero sostén corporal de las huellas vertidas y la axiomática marea espiritual generada, va a ser lo que nos mantenga anímicamente, para fijar la mirada en la patria celestial”.]]>
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                                <updated>2026-09-24T18:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-24T18:00:00+00:00</published>
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            Ofrecer testimonios de humanidad; nos nutre de ilusiones y de simpatía
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Todos somos influencia de algo o de alguien. Analicemos, pues, los característicos vínculos. Hoy sabemos que lo antinatural es maligno y que nuestro típico instinto es natural. Apliquemos la clemencia, el buen propósito del sentido común, como cultura adquirida.&nbsp;Frente a las sombras de un espacio desvinculado, donde falta un proyecto para conciliarnos y, además, la globalización navega sin rumbo común, brindar pruebas de compasión, es en muchos casos la celestial precursora de la entereza, que nos insta a edificar en el bien, aunque seamos frágiles. Nos interesa evitar, por ende, aquellas voces que humillan o nos enfrentan. Optemos por la claridad que nos ilumina y por la franqueza. En consecuencia, nada de lo que es humano, puede mostrarse indiferente o resultarnos extraño.El lazo más esencial que tenemos en común es que todos vivimos en este manto planetario, con el mismo aire que respiramos y que, uno por uno, somos mortales. Aquí nadie es eterno, pero deben enternecernos nuestros diferentes pasos, que han de buscar la relación y no el individualismo, con la inclinación a sentirse más corazón que coraza, y bajo la necesidad de convivir con los seres de su inconfundible especie, dotados de lenguajes armónicos, para atendernos y entendernos.&nbsp;Consecuentemente, requerimos de una verdadera gobernanza moral, sustentada y sostenida en los derechos humanos. A lo que hay que sumar, actuaciones diplomáticas que reduzcan los conflictos y reanuden un diálogo creíble sobre paz, justicia y participación poética antes que política.&nbsp;Desde luego, la idílica tarea viviente ha de ser más poesía que poder, también más espíritu solidario que fuerza interesada; no vayamos a perder el ritmo de las cuerdas del pulso y no concibamos que la verdadera obra indulgente, es la de ser servicial con el prójimo; nunca distante, ni descortés. &nbsp;Lo vital es la unión y la unidad, en un orbe fragmentado como jamás, apresurado y adicto al consumismo, en contextos en los que las raíces domésticas y sociales parecen haberse deshecho. En suma, que hasta nuestra propia existencia es una realidad en riesgo.&nbsp;Sea como fuere, todavía podemos lograr conciliar los ánimos, si hacemos del proceder un cauce de comprensión, teniendo voluntad de ayudar a otros y de alumbrarles con calor de hogar.&nbsp;De hecho, asimilada contemplativamente nuestra particular historia, debe revelarnos el innato deseo de corporación, de familiaridad deseada, frente a la desconcertante disgregación, sedienta de verdad y reseca por las hipocresías.&nbsp;Sembrar odio y hacer que crezca la antipatía, crear violencia y generar parcelación salvaje, es lo más inhumano y destructivo que logramos producir. De ahí, la repercusión de salirse de este camino, suicidio de la humanidad, favoreciendo que la vida nos renazca y se minimice el sufrimiento, precisamente para que el amor sea la clave de todas nuestras relaciones. Quizás aún tengamos que aprender a reprendernos, a mirar el perdón y a vernos en él, eficaz medicina contra el mal que cura nuestras heridas internas, como algo que forma parte de un proceso.Ciertamente, cohabitamos en una época turbulenta. Cualquier naciente experimentó los frutos de la superioridad, incluso puede que haya tanteado el dominio de la naturaleza mucho antes de haber ejercitado el dominio de sí.&nbsp;Es el momento de redoblar nuestros esfuerzos para el cambio de actitudes, tanto con el quehacer humanitario como en la acción climática, interrogándonos a nosotros mismos, viendo cómo a veces somos prisioneros de nuestra distintiva maldad; ya que, únicamente la libertad que se somete a lo auténtico, reconduce a la persona a su verdadero servicio. Está visto que la sociedad requiere de una paz permanente y de una sana voluntad perdurable, es cuestión de fraternizarse y de trabajar el sencillo arte de vivir como hermanos.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“La idílica tarea viviente ha de ser más poesía que poder, también más espíritu solidario que fuerza interesada; no vayamos a perder el ritmo de las cuerdas del pulso y no concibamos que la verdadera obra indulgente, es la de ser servicial con el prójimo; nunca distante, ni descortés”.]]>
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                                <updated>2026-09-17T17:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-17T17:00:00+00:00</published>
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            Dialogar es un paso más para entenderse; sin renunciar al ser y sin miedo alguno
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nadie llega a la cúspide de la realización consigo mismo, dejándose acompañar por el recelo. En consecuencia, hemos de poner valor en todo, comenzando por uno mismo, haciéndose valer; porque el buen deseo siempre vence a la lógica del miedo, con la esperanza de poder contrarrestar el culto a la cultura deshumanizante del poder, que no cesa de normalizar las contiendas, para desgracia de toda la humanidad. Desde luego, somos una generación que debe dialogar más y con todos, cuidar de las personas y de lo que nos circunda, el medio ambiente. Apelemos a reforzar las vías del encuentro, si en verdad queremos promover un enfoque de seguridad centrado en el ser humano, sustentado en la confianza mutua y en la búsqueda del bien colectivo.&nbsp;Quizás sea el momento de avivar un renovado compromiso mundial con los valores democráticos. La democracia consigue su carácter a través de la ciudadanía; incluso llega a florecer cuando se protegen los derechos universales, especialmente a los más desvalidos, dando forma a sociedades vivas que fomentan el entendimiento y la compresión, la participación y la familiaridad entre sí. Sea como fuere, no podemos continuar con esta atmósfera enferma por las incomprensiones, que genera duda y tristeza por doquier, debilitándonos, empequeñeciéndonos e incluso paralizándonos. Salgamos de este orbe de temeridad, el desasosiego lleva a un egocentrismo egoísta que &nbsp;nos dificulta a la hora de avanzar. &nbsp; Indudablemente, somos seres en continuo desarrollo, que necesitamos oírnos entre sí, escucharnos en libertad, para conjuntamente poder mirar hacia adelante, sin temor alguno, con el gozo de sentirnos parte y confluencia en los avances hacia la concordia, que es lo que nos hace alegres y no perder la calma. Sin embargo, en un momento marcado por la desinformación, el autoritarismo y la reducción del espacio cívico, puede que sea muy vigoroso tener tiempo para reflexionar, antes de que nos vayamos por horizontes perversos y corruptos que nos dejen sin alma, encarcelándonos nuestro propio entusiasmo soñador, defendiendo y salvaguardando un sistema político, que también ha de ser más poético, como fuerza impulsora de la dignidad, la inclusión y la conciliación.Nosotros los humanos, tenemos que superar la angustia diaria con la mejor manera de subsistir, que no es otra; que la naturalidad, poniendo a la persona en el centro de la seguridad. Paremos, pues, los temores. Debemos reaccionar, nunca enclaustrarnos. Además, resulta imprescindible el discernimiento, que nos permitirá poner orden en la confusión de nuestros corrientes pensantes y sentimentales, para actuar de una manera justa y prudente, sobre todo en los momentos de prueba y de oscuridad que todos poseemos a lo largo de nuestra existencia. De ahí, la importancia del amor que hemos de poner en cada paso, incluso en lo que el mañana nos deparará y que no conocemos, pero que lo hemos de tomar con valentía, asumiendo la responsabilidad, dejando fluir el corazón y la mente. Está visto que el diálogo, mantenido con sólidas leyes morales, facilita la solución de los peligros y favorece el respeto vivencial. Por eso, el recurso a las armas para dirimir las controversias tampoco tiene sentido, representa siempre una capitulación de la razón y de la mansedumbre humanitaria. De igual modo, la retórica confrontativa que suele encender el clima político por todos los rincones, nunca es la solución, sino mantener abiertos los canales de la interlocución y aprovechar cualquier situación para consolidar los avances armónicos. Tomemos este propósito, pues: Fomentar las alianzas en vez de los artefactos, financiar la paz y no las guerras, protegiendo los derechos humanos, recurriendo a herramientas como la diplomacia, la plática y &nbsp;la negociación. ¡Sensato proyecto!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Nosotros los humanos, tenemos que superar la angustia diaria con la mejor manera de subsistir, que no es otra; que la naturalidad, poniendo a la persona en el centro de la seguridad. Paremos, pues, los temores. Debemos reaccionar, nunca enclaustrarnos”.]]>
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                                <updated>2026-09-14T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-09-14T16:00:00+00:00</published>
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        <title>
            Compartir los conflictos sociales; acercarse a los acuerdos mutuos
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tenemos que aprender a cooperar con los aprietos, siendo gentes de diálogo, para poder lidiar con las tensiones y los trances, que el propio vivir nos ofrece. Cuando hay una comunidad activa, cualquier cosa puede surgir, máxime si hay un dinamismo positivo. Los tropiezos van a estar ahí, lo que requiere ser creativos y conversadores, al menos para poder entenderse. Así, con los aprietos en la familia, no debe darnos apuros en hablar de ellos para aclararlos, no esconderlos; lo mismo sucede cuando hay problemas en la sociedad, debemos participarlos para resolverlos, porque de nada se sale solo. Lo fundamental radica en compartirlo, también los conflictos que no deben ocultarse, para aproximarse a los acuerdos mutuos, mediante la mano conjunta y colectiva. Todo lo contrario, a lo que se percibe en la actualidad, con una atmósfera acrecentada de hostilidades y el horror de tantas armas vertidas por el mundo, algunas de las cuales pueden quitar vidas sin intervención humana. Desde luego, deberíamos comenzar por un mayor control de la inteligencia artificial, al advertir de que esta tecnología revolucionaria podría convertirse en un riesgo existencial para la humanidad si no se toman medidas. Ante este horroroso panorama, estoy convencido de que nuestro propio futuro no está sólo en manos de los grandes líderes, las grandes potencias y las élites; está mayormente en los pueblos, en su capacidad de organizarse conjuntamente con humildad y con la convicción de comprenderse, activando la cultura del abrazo con la voluntad de hacer amistad.&nbsp;La paz nunca se alcanzará con los desacuerdos, ni será fruto de la desconfianza entre análogos, o de las armas dirigidas unos contra otros. Lo importante es el respeto hacía sí y los demás; pues, cada cual recogerá lo sembrado. Es evidente que no podemos continuar produciendo destrucción o miedo, cultivemos mejor la esperanza. No olvidemos, que a medida que las guerras se extiendan, el sistema alimentario mundial se desmorona. La concordia debe ser promovida colectivamente, ya que todos somos responsables de todos; en consecuencia, debemos vivir la cercanía, sin abandonar a nadie, pues el objetivo radica en fraternizarnos como humanidad. El momento es de oscuridad, pero la sanación es posible, a pesar de los pesares, del peligro y de la confusión.Es el momento de acoger y de cuidar toda vida humana, así como de repudiar la locura de las absurdas batallas, que siembran terror y eliminan el futuro. Seamos como el aire liberador, que limpia, aromatiza y esclarece, conciliando y reconciliando vientos huracanados, seducidos por la maldad, cegados por el poder y el odio mundano. Busquemos el mejor arreglo, ante el cúmulo de degradaciones de la tierra o de deshumanizaciones e inhumanidad esparcida, reavivando la solidaridad mundial, con el consabido recordatorio de que unidos somos más fuertes. No perdamos más tiempo, apacigüemos sin importar fronteras en pro de la igualdad, la prosperidad y la armonía.&nbsp;Se agradece, por tanto, que los países intercambien cada vez más conocimientos, experiencias y soluciones prácticas para hacer frente a los retos comunes de desarrollo; como también es vital que la alianza global conecte necesidades con soluciones, ya que ayudará a los países a identificar prioridades, accediendo a enfoques de eficacia probada, un camino que no deja de estar cargado de dificultades y de contrastes, pero también es una innegable oportunidad para que las naciones se encuentren y busquen soluciones universales. Será bueno, además, el encuentro fraterno entre las personas y los lugares. Evitará lo que desgasta en las relaciones, perseverando en el camino, con la interlocución del corazón como lenguaje que acaricia y jamás hiere.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“La concordia debe ser promovida colectivamente, ya que todos somos responsables de todos; en consecuencia, debemos vivir la cercanía, sin abandonar a nadie, pues el objetivo radica en fraternizarnos como humanidad”.]]>
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                                <updated>2026-09-10T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-10T16:30:00+00:00</published>
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            Los aires de la falsedad; nos están dejando sin escrúpulos
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo está en el mismo aire que respiramos. Desde luego, nos merecemos reencontrarnos con lo auténtico, despojarnos de lo mundano y retornar al verso de lo celeste, volver a la poesía y revolvernos contra nosotros mismos, que será como reconoceremos nuestras propias caídas por este orbe tenebroso, para poder levantarnos y concretar otra existencia más espiritual que corporal.&nbsp;Dejemos que resplandezcan los cielos, para sentir la fragancia de lo armónico sobre un planeta redibujado de confusiones, cuyas historias humanas han de ser una mirada global, que nos avenga en lugar de enemistarnos. Es cierto que los mapas moldean nuestra comprensión, mientras alimentan la imaginación e influyen en las percepciones colectivas, pero hallarse en contradicción es el estado anímico más intolerable.Por ello, tenemos que ser más del alma, o sea de la conciencia crítica, para poder discernir y tomar el horizonte adecuado. La bola de simulaciones nos está dejando sin aliento.Quizás tengamos que interrogarnos más profundamente, explorar nuestros mares internos, bajarnos del pedestal del endiosamiento, escucharnos y activar la plegaría del arrepentido.El siglo XXI podría ser, debe ser, el siglo de la nitidez. La cuestión no son los apoyos terrícolas, sino los azulados con su poética de ritmos claros, donde todos somos necesarios e imprescindibles para ser la primorosa gloria lírica sobre la tierra. Bajo este místico universo, la desigualdad dejaría de cohabitarnos y el entusiasmo sería otro más edénico, en favor de una vida más anímica que corpórea.Salgamos, pues, de este territorio amontonado por secretos oscuros. Sin duda, precisamos también de otros vientos más esclarecedores y justos. Comencemos por no llamar defensa a un rearme que acrecienta intranquilidades e incertidumbre, empobrece las inversiones en recursos tan esenciales como educación y sanidad, o que contradice la confianza en la diplomacia, enriqueciendo a élites dominantes, a las que nada le importa el bien colectivo. Por desgracia, a muchos ciudadanos únicamente les motiva el caudal monetario para ser honestos. No simulemos el juego limpio, en un planeta donde todos somos viajeros y nos requerimos más pronto que tarde. Tampoco la traición tiene sentido alguno, nuestro mayor tesoro es ser dueño de una conciencia honrada y pura.Sea como fuere, no podemos continuar bajo unos sistemas impulsores de conveniencias, en vez de educar para la convivencia, lo que nos demanda a tomar conocimiento de la ecuanimidad como abecedario universal. Somos un latido que ha de inspirar buenos deseos, no un frío algoritmo cosmopolita sin alma, que busca solamente el escándalo, la división o la destrucción también en las familias. Seguramente, entonces, tengamos que hacer parada para rehacernos junto al silencio, porque la verdad está en nuestro propio pulso y es silenciosa, jamás ruidosa. El testimonio, lo tenemos con las redes sociales que difunden mentiras, con una rapidez superior a los hechos, lo que dificulta distinguirlos de la ficción o generar un compromiso cívico para resolver los problemas comunes.Además, sin veracidad, no hay democracia. Tengámoslo presente, esto hará que las jóvenes generaciones respiren brisas saludables de concordia, no el aire contaminado de las guerras, que es una destrucción total, también del espíritu bienhechor.&nbsp;El campo de batalla es la mayor estupidez y desesperación del género humano, vuelve majadero al vencedor y vengativo al vencido. Tal vez tengamos que mirar más a nuestro alrededor, nos daremos cuenta que el natural soplo cristalino es vital para la salud de la humanidad, la resiliencia de las haciendas y la estabilidad del clima como también lo es el incentivo de discernir en nosotros, sobre todo para saber cuándo debemos hablar y cuándo debemos callar. Aún así, evitemos los combates y asistamos a la cultura del abrazo; ¡no a la pugna!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El siglo XXI podría ser, debe ser, el siglo de la nitidez. La cuestión no son los apoyos terrícolas, sino los azulados con su poética de ritmos claros, donde todos somos necesarios e imprescindibles para ser la primorosa gloria lírica sobre la tierra”.]]>
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                <published>2026-09-07T17:00:00+00:00</published>
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        <title>
            Las nuevas cadenas que nos esclavizan; son nuestro mayor tormento
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp; La libertad sin acatamiento es desorden, así como el desconcierto sin estética es dominación, además de corrompernos, dañándonos en nuestro fuero interno e impidiéndonos discernir. El horror de la nueva esclavitud no es únicamente un horizonte del pasado, sus efectos están ahí presentes, son actuales, en forma de desigualdad general y racismo.&nbsp;Por tanto, es menester dignificar toda existencia vivencial, comenzando por desenmascararla de falsedades, aplicando una justicia reparadora integral que combine indemnizaciones, restitución, rehabilitación y reformas estructurales.&nbsp;Tenemos que salvar al mundo con el mundo, o sea con sus propios moradores, sintiéndonos familia, hallándonos próximos entre sí para combatir el caudillaje de la calle, donde se mezclan dinero, placer y explotación.&nbsp;Este fenómeno que continúa encadenándonos es el típico vasallaje, donde nadie está libre de nada, pues todo se ha globalizado, también nuestras propias miserias mundanas, relacionadas con el dar gato por liebre, la coerción o las diferentes formas de servidumbre y sometimiento.</p><p>Por eso, es vital el razonamiento a la hora de tomar el camino en el servir, que ha de ser abrazado libremente; pues, sólo nos hallaremos en el buen estado de plenitud, en la medida en la que con valentía nos donamos a los demás.</p><p>Ahí radica nuestro mayor gozo, en cultivar el amor de amar amor, y en ser conscientes de mirar el bien común y no el interés privado; sobre todo ahora, que necesitamos redescubrir la dimensión comunitaria para hermanarnos y universalizarnos.Hay que fraternizarse, nadie puede ser cautivo de su identidad; y, así, cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar. Renovarse o morir, que se dice. Hoy más que nunca, hemos de pasar de la congoja del miedo a la satisfacción del deber cumplido, que no es otra que desvivirse por vivir para los otros, desde uno mismo.</p><p>En la entrega generosa, permanece lo verdaderamente esperanzador, libre y liberador. La pasión que brilla en el servicio gratuito, es lo que nos engrandece; sin embargo, cuando la sociedad no se enfrenta a estos grilletes inhumanos con nuestros semejantes, la ciudadanía en su conjunto se vuelve cómplice. Jamás debemos darle la espalda a la injusticia; nos merecemos un orbe humanitario, con la autoridad moral del sacrificio.</p><p>Para el logro del laurel con lo armónico siempre ha sido indispensable pasar por la senda de las renuncias; y, en efecto, nuestro mayor abandono radica en despojarnos de sujeciones terrenales, como las ideas supremacistas que perduran, para retornar a lo verdaderamente transcendente del pulso por el que en realidad vivimos.&nbsp;Desventurado el ser humano que no tiene quien le amoneste cuando experimenta necesidad de ello. Conscientes de que la fuente de la vida es el corazón, la comunidad es además el poema perfecto a reconquistar, para sentirnos acompañados y acompasados para la cordialidad de las pulsaciones.&nbsp;Es verdad que somos distintos, pero no debemos estar nunca distantes, pues si vivir es soñar con el calor de hogar, hagamos el bien soñando con su intensa llama.</p><p>Mientras el aguijón de lo maligno nos encamina a volver hacia atrás en ocasiones, lo ventajoso es generar en nosotros entusiasmo, sentirnos impulsados a seguir la senda de la confianza, con la serenidad de apoyarnos en la docilidad.&nbsp;Entonces puede surgir el cansancio que frena el apasionamiento, brotando el desánimo; pero a poco, que activemos el espíritu de la concordia, notaremos la maduración de sentirnos vivos y con deseos de forjar ciclos.&nbsp;Esta liberación es lo que nos sublima, haciendo que nuestras jornadas vivenciales estén impregnadas de sorpresas, con la certeza de que nos envuelva la mirada acariciadora del verso que somos, en un universo acorde a la alianza de lo sistémico.&nbsp;Lo sensato es transformar las conciencias; el mejor juez, que poseemos. ¡Predispongámonos!&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Jamás debemos darle la espalda a la injusticia; nos merecemos un orbe humanitario, con la autoridad moral del sacrificio”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-03T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-03T16:30:00+00:00</published>
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        <title>
            Todo tiene curación; con renuevos de pulsos y un renacer de pausas
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La conciliación es una pausa, un reencuentro de pulsos. Cada vez que nos convocamos como ciudadanía, sin fronteras ni frentes que lo impidan, hemos de hacer un reposo sobre lo vivido y reflexionar. No hay mejor latido, que desvivirse por vivir en comunión y en comunidad. Este regalo existencial es lo que nos reconstruye el sentido humanitario, frente a la actual atmósfera deshumanizante, que nos está llevando a la destrucción. La persistente falta de reconocimiento de algunos seres humanos, continúa constituyendo un obstáculo para el disfrute pleno y efectivo de los derechos humanos. Excluirnos es un gran mal que hemos de evitar. Nos requerimos entre sí, para universalizar pulsaciones y poder pasar del progreso a la acción conjunta; con el ejercicio de la primera tregua, la del perdón.En algunos países, estos avances no son tales, frecuentemente somos testigos de lo contrario, el esfuerzo se sigue centrando en la violencia y la guerra. Esto genera indigencia, desigualdad y discordancia, con las susodichas nuevas divisiones sociales; lo que nos demanda a reafirmarnos en nuestro compromiso colectivo de desmantelar toda discriminación sistémica, trasformando todo aquello que nos demuele, en aquello que nos sostiene. Lo prioritario, por tanto, es transitar sin campos de batalla; bajo el cultivo del corazón y la siembra del abrazo sincero. Al fin y al cabo, todo proviene de una profunda crisis moral, que ha usurpado la estética de lo ético, para dar rienda suelta al deseo de dominación, con la búsqueda del beneficio inmediato. Hagamos un inciso, pues, meditemos sobre nuestros andares. Al parecer, la familia como la decencia del propio ser humano, no estaba prevista en la maldita era de la globalización indecente, donde el estado salvaje del mercado usurero es lo que prolifera. En lugar de armas bélicas, se necesita más corazón que coraza y más poesía que poder. Son estos cuidados internos los que nos colman de fuerza para sanar, reconciliar y reconstruir, con un florecimiento, en las relaciones humanas. Sólo hace falta voluntad de llevar a buen término caminos recorridos, conocimientos adquiridos y recursos necesarios para detener cualquier desorden o realidad indigna. Herir a una persona en su dignidad es el mayor de los quebrantamientos; si ya lo sabemos, no prosigamos en el desconcierto, tomemos la vía de morar con plenitud y decoro. &nbsp; &nbsp;Sea como fuere, nadie puede en su caminar por este tránsito terrenal, escapar de una deplorable crisis de entusiasmo, que llega a detener los labios de alma, tan necesarios como vitales para admirar y hacer contemplar todo lo grande que es reavivar la esperanza de tantas percusiones frágiles que sufren. Precisamente, la certeza de la presencia viva de nuestros asistentes en medio de nosotros, es el fuego interior que nos impulsa a ser valientes y a salir de la comodidad del individualismo, para formar parte de una corporación doméstica, que lo único que forja son vínculos de amistad y de adhesión perenne, lazos imprescindibles para coexistir unidos, sin que las meras apariencias y el engaño terminen por ocupar el lugar de los verdaderos valores y de lo que realmente importa. Dejémonos inspirar por ese calor de hogar. Su fervor nos muestra cómo mantener siempre la llama encendida a pesar de los vientos en contra que puedan surgir y que pueden proyectarnos a un espacio irreal. Es cierto que los conflictos están ahí, pero hablando debemos entendernos y atendernos, máxime imaginando un orden social innato en el que la justicia y la caridad se entrelazan. No olvidemos que el único verbo, hecho verso o sea latido viviente, que da fruto de continuidad, enfrentando con apasionamiento, discernimiento y arrojo múltiples desafíos, es la comprensión fraterna y el impulso cooperante solidario del acompañamiento. Es cuestión, de sumar afectividades. Hagámoslo sin prisas, pero también sin perezas. En suma, que todo tiene su instante preciso y precioso.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Herir a una persona en su dignidad es el mayor de los quebrantamientos; si ya lo sabemos, no prosigamos en el desconcierto, tomemos la vía de morar con plenitud y decoro”.]]>
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                                <updated>2026-08-31T17:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-31T17:00:00+00:00</published>
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        <title>
            El nuevo significado de la concordia; radica en el respeto mutuo y sincero
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo depende del amor que pongamos en lo que hacemos cada día. Es una fuerza interior que tiene su origen en lo auténtico, a través de un transparente diario acontecer, vertido en los demás antes que en uno mismo. Guiados por estos buenos sentimientos es como ha de convivirse, en diálogo entre análogos y con la operatividad de la escucha permanente como horizonte. El acuerdo, precisamente, es fruto del amor recibido y ofrecido. Lo importante es que el tejido de lo armónico gobierne nuestros pasos por aquí abajo, y seguro que fructificarán, en un nítido bienestar social. Convertidos en gente de palabra sincera, todo será más llevadero en una sociedad globalizada, que requiere de relaciones de comunión con espíritu donante.&nbsp;Indudablemente, no hay mejor desarrollo humano que la entrega. En efecto, la acción ciudadana, cuando está inspirada y sustentada por el corazón, contribuye a la edificación de un espacio universal, sin fronteras ni frentes, hacia el cual avanza la historia de la familia humana.&nbsp;Humanicémonos y hermanémonos, será nuestro principal factor de desarrollo y no el progreso técnico o las meras relaciones de conveniencia. Son las entretelas de cada ser humano las que vencen nuestros males y abren la conciencia a relaciones recíprocas de libertad y responsabilidad. El utilitarismo o el interés mundano, sin embargo, nos atrofian los sentidos, hasta el extremo de volvernos esclavos del caudal monetario, que lo único que hacen es fragmentarnos y dividirnos.Sólo hay que adentrarse en la realidad y observar que las confrontaciones suelen alcanzar las principales arterias comerciales. Además, la tecnología está avanzando más rápido que la rendición de cuentas. Así, los esfuerzos diplomáticos suelen quedarse en nada, porque este entendimiento exige una visión trascendente de la persona, dejándolo todo en manos poderosas y sin moral alguna, que lo único que promueven es una propagación tan degradante como deshumanizante e inhumana. Quizás tengamos que volver a sentirnos familia, para poder retornar a la ética hogareña que parece estar en crisis, porque si no está en apuros es que somos demasiado autocomplacientes y pensamos que ya se han realizado todos los ideales, lo cual sería lo más nefasto que nos podría pasar.&nbsp;Las operaciones ofensivas ya no se limitan a provocar el cierre de puertos o a amenazar a los buques; estas atrocidades batalladoras y guerreras están sometiendo el sistema alimentario global a una presión especialmente mortecina, con precios más altos, un agravamiento del hambre, cosechas más reducidas y mayores dificultades, especialmente para los habitantes más vulnerables del mundo. Desde luego, los cuellos de botella marítimos nunca han de ser instrumentos de coerción y tampoco las provisiones y suministros de víveres deben convertirse en un daño colateral de los conflictos. Con razón se dice, que hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de la jornada; la quietud sin la cual el mismo chusco es agrio.En cualquier caso, todo hecho debe ser una fuente de avenencia, no un motivo de conflicto o de preocupación. Está visto, que allá donde habita la concordia siempre hay saludable victoria.&nbsp;Sea como fuere, además en esta tierra que es de todos y de nadie en particular, tenemos el deber de favorecer, la pacífica evolución de los pueblos en el respeto de los derechos del prójimo, volviéndolo próximo a nosotros, incluso cuando esto demanda renunciamientos o limitaciones personales. Así, personas de diverso origen, pero respetuosas entre sí, podrán ofrecer al mundo el panorama de la leal colaboración, de un intercambio cooperante de energías que tienden unánimemente al bien colectivo, con el único símbolo de superioridad que conozco, el de la bondad injertado en la verdad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Humanicémonos y hermanémonos, será nuestro principal factor de desarrollo y no el progreso técnico o las meras relaciones de conveniencia”.]]>
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                                <updated>2026-08-27T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-27T16:00:00+00:00</published>
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            En los vacíos de este mundo; todos hemos de asistir al rescate
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desertar no es de recibo. En consecuencia, por más que cultivemos el aislamiento, no estamos solos, estamos rodeados de existencia, guiados y conducidos por el sentido común, que apenas lo cultivamos, pero que está ahí, como pulso humano.&nbsp;A poco que nos adentremos en nuestro fuero interno, nos daremos cuenta de que todo está vivo, a pesar de las oscuridades que nos acompañan.&nbsp;Por eso, hemos de estar siempre en guardia, dispuestos a ser colaboradores para aminorar el desierto de la pobreza, del hambre y de la sed, del abandono y de la soledad.&nbsp;Sin duda, precisamos tomar aire, alcanzar sosiego, ponernos en disposición unos de otros, al menos para restaurar el auténtico amor quebrantado. Lo mejor que podemos encontrar en nuestros viajes, es un arrojo cooperante.Ciertamente, nadie queda a salvo, todos somos viajeros en el desierto de este mundo. Precisamente, ahora cuando se amenaza a jueces por aplicar la ley, hasta el propio orden jurídico internacional está en riesgo. Cada día son más las amenazas y las medidas coercitivas, que también afectan a la capacidad de las víctimas para buscar justicia, ya que recurren a la Corte cuando se han agotado todas las demás vías, inmersos en un dolor tremendo, que nos deja sin vocablos. Es evidente, que la humanidad tiene que aprender a reprenderse así mismo, al menos para sobrellevarnos unos a otros.&nbsp;Sea como fuere, no podemos continuar por la senda de la destrucción y de la explotación, requerimos de un sano propósito de corrección y revisión personal. Esta es la apuesta, corregirse.La ciudadanía en su conjunto vive en la indiferencia, tocados por las aguas saladas del dolor y de la muerte, en un océano de oscuridad, sin luz. Es el momento, pues, de repensar situaciones para poder rescatarnos.El verdadero latido interno será el único, que nos acerque en comunión y en comunidad, para que la barca viviente no se hunda. La navegación no está en los fuertes, tampoco en los poderosos del mundo, sino en el hermanamiento y en la conjunción de ritmos curativos, lejos del dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad mundana. Son estas contiendas absurdas las que nos destrozan, dejando heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla, acrecentando el miedo, la injusticia y la división. &nbsp;El camino enigmático se mueve hacia nuestro mar adentro.&nbsp;Es en nosotros, y no en otro lugar, donde realmente comienza a tejerse el cambio, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro.&nbsp;De hecho, las discordias que presenciamos en el orbe, como la barbarie y el salvajismo, no resultan simplemente de estructuras o sistemas imperfectos; son el síntoma de una profunda bifurcación segregacionista arraigada muchas veces en nosotros mismos. En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras ofensivas y donde se revela nuestra circunstancia de caída; pues no es únicamente la sede de las emociones, sino el centro de la persona, el lugar en el que convergen la razón, los deseos, la voluntad y la conciencia. Amar la verdad, por amor a la veracidad, es la solución a tanta imperfección humana. Los daños de las inservibles disputas, así como el deterioro de la tierra, están entonces profundamente vinculados con la condición de las entretelas humanas.De ahí que, cuando está distorsionado nuestro pulso, las relaciones sufran el martirio. Las texturas que generamos y construimos, comienzan además a reflejar el desorden, de una época de enfrentamientos y sin principios morales. Entiendo que este vacío es cruel, lo que nos demanda a escucharnos y a querernos, para poder reordenar nuestras aspiraciones, sanar nuestras llagas, creciendo en la virtud. Si asumimos esta tarea con humildad y certeza, ganaremos en quietud seguro. Trabajemos por lograrlo, la esperanza nunca se pierde. Ojalá, sea así.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La ciudadanía en su conjunto vive en la indiferencia, tocados por las aguas saladas del dolor y de la muerte, en un océano de oscuridad, sin luz. Es el momento, pues, de repensar situaciones para poder rescatarnos. El verdadero latido interno será el único, que nos acerque en comunión y en comunidad, para que la barca viviente no se hunda”.]]>
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                <published>2026-08-24T16:00:00+00:00</published>
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            Defender derechos, escuchar voces  y hacer justicia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El mundo no puede acostumbrarse a cohabitar con la siembra de actos de terror que propagan una serie de ideologías del odio, lo que confirma que este tipo de ferocidades deban ser condenadas y combatidas de inmediato, en todas sus formas y manifestaciones. Sea como fuere y ante las confrontaciones, la cuestión del narcotráfico, la trata de seres humanos, o la misma agresividad generalizada, los niños y los jóvenes necesitan de otras atmósferas y de otras experiencias que eduquen en la cultura existencial, del diálogo y del respeto mutuo. Requerimos de lúcidos testimonios, nunca vengativos, que nos mantenga unidos para que podamos construir un futuro sin violencia y sin miedo. &nbsp;De ahí la importancia de proteger rectitudes, con la sensatez de prestar oídos. &nbsp;A pesar de la condena internacional de este tipo de situaciones repelentes, donde el rencor nos vuelve estúpidos tanto al vencedor como al vencido, sus víctimas y supervivientes luchan con frecuencia por hacer que se escuchen sus vocablos, se apoyen sus necesidades y se respeten sus enterezas. Sin embargo, a menudo se sienten olvidadas y abandonadas, una vez que se atienden sus necesidades inmediatas. Bajo este contexto pasivo, acrecentado con los pocos recursos, hace que la rehabilitación muchas veces no se alcance. Deberíamos ser más auténticos y justos con aquellos que sufren a causa de la intimidación, flagelo que sólo beneficia a algunos grupos al mantener intereses particulares, lamentablemente a menudo enmascarados por nobles intenciones. &nbsp; El patrón general de violencia tampoco muestra signos de remitir. En consecuencia, resulta indispensable poner orden para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz. Rompamos vínculos con la delincuencia organizada. Garanticemos que, las medidas de prevención, respeten escrupulosamente los principios o normas morales, con sus pautas positivas para el comportamiento humano. Por desgracia, la desinformación está erosionando la confianza. Además, los drones armados se han convertido en el nuevo rostro de un viejo peligro, la destrucción deliberada o temeraria del movimiento de civiles. La entereza, sustentada en la clemencia, ha de ser el camino para lograr una vida digna, a la que todo ser humano tiene derecho. &nbsp;El momento es verdaderamente asombroso, son multitud los pedruscos cargantes que nos impiden ver el horizonte de la quietud, cerrando y encerrándonos cualquier anhelo, tanto con la roca de la enemistad que nos impide hermanarnos como con el camino de la necedad en medio del rencor y la antipatía ciudadana. Quizás tengamos que restaurar horizontes. Hagámoslo con la mano tendida y extendida, no permitamos que los vientos de las batallas soplen cada vez más fuertes. Tampoco cedamos a la lógica de las armas y del rearme. Pongamos alma en los andares y ejerzamos la moderación en todo instante, que la concordia no se construye jamás con los artefactos, sino abrazando pulsos y abriendo el corazón. &nbsp; En cualquier caso y ante un escenario en el que la delincuencia no conoce fronteras estatales ni soberanías nacionales, existe en la actualidad un consenso universal, en torno a que los países a través de sus instituciones, no sólo deben investigar y juzgar la violación, sino que también deben imposibilitar que continúen las actividades delictivas, sin perder de vista los torturados, orientándose hacia la acción, entendiendo lo equitativo, la escucha y la justicia, como una práctica que tiene como cometido la construcción de un orbe más habitable. Además, la naturaleza precisa reequilibrar sus prioridades e invertir más en seguridad humana y menos en instrumentos armamentísticos, que alienten y alimenten conflictos absurdos.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“El patrón general de violencia tampoco muestra signos de remitir. En consecuencia, resulta indispensable poner orden para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz”.]]>
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                                <updated>2026-08-20T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-20T16:30:00+00:00</published>
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            Del amparo universal y mutuo; forjemos nuestro mayor logro
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/del-amparo-universal-y-mutuo-forjemos-nuestro-mayor-logro" type="text/html" title="Del amparo universal y mutuo; forjemos nuestro mayor logro" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;En un mundo tan interconectado como el actual, se requiere que hagamos de la protección mutua nuestra mayor conquista, para que todos nos sintamos acompañados en todo instante y momento. Ciertamente, estamos aquí para avenirnos, lo que conlleva aprender a compartir tanto el sufrimiento como la satisfacción del deber cumplido. Quedarnos en una mera asistencia social, no es suficiente en esta era inhumana y verdaderamente deshumanizadora, necesitamos alentarnos y alimentarnos de afectos. Sin duda, tenemos que empezar por saber escucharnos, por atender y entender las plegarias de esas gentes golpeadas por el aluvión de tragedias que nos acorralan. Hoy más que nunca, se requieren de personas en guardia que respondan con espíritu fraterno y eficacia, ante la multitud de tormentos.&nbsp;Indudablemente, el auxilio humanitario debe conllevar asimismo una asistencia anímica, que permitirá acrecentar vínculos, así como renovar compromisos en el camino hacia la plena unidad de todas las culturas y cultos.Lo importante es el espíritu de entrega, puesto por esos trabajadores de valor y mente, que no sólo defienden a las personas oprimidas, también las custodian, llegando incluso a poner su vida en peligro por ellas. Todo un testimonio de buen hacer y mejor obrar, frente a una ciudadanía endiosada como jamás, centrada en el orgullo y en el amor propio, en la sed de poder y en la avaricia mundana, que conduce a la destrucción. Por desgracia, la guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo agresivo se extiende, en lugar de propiciar la paz y el afán comprensivo.La concordia ya no se cultiva como un bien deseable en sí mismo, o como una búsqueda de la instauración de un orden que nos ampare universalmente a todos; nuestra pasión egoísta es tan irracional como cruel. Lo único que nos inquieta es fusionarnos a los poderosos y dominadores.&nbsp;Deberíamos repensar estas situaciones indignas que se vienen reproduciendo sin cesar, activando los encuentros y la cercanía con los más necesitados, acogiéndonos a la salvaguardia de cualquier pulsación existencial, volviendo a ese calor de hogar que necesitamos sentir como cobijo, sobre todo esas gentes afectadas por la crisis humanitaria.&nbsp;Apresurémonos en socorrer a quien más lo necesita, con el latido de la esperanza, la intercesión hará que no caigamos en la desconfianza.Desde luego, no hay mayor familiaridad que avivar la tranquilidad combinada, favoreciendo la adhesión con la certeza y las condiciones necesarias para el diálogo sincero y la convivencia armónica.&nbsp;En efecto, todo requiere estímulo; y, así, la primera condición para sentirse amparado es la voluntad de ofrecerse, de conciliar posturas para reconciliarse. Por consiguiente, impulsar el apoyo de esas personas u organizaciones que prestan asistencia vital, debe ser tarea colectiva.Los ataques no tienen, pues, sentido alguno; ya que interrumpen la distribución de alimentos, la atención sanitaria, la protección e incluso otros servicios aún más valiosos, como es el de donarse, no solo para ir hacia adelante, sino para sentirnos aunados.&nbsp;Quizás no exista mayor logro humano que cosechar amor al final.La solidaridad manifiesta precisamente la pasión por el otro, no como un sentimiento indeciso, sino como una determinación firme y perseverante de trabajar por el bienestar general, que tiene que volverse humanitario, por el bien de todos y de cada uno, para que de lleno seamos verdaderamente responsables.&nbsp;De ahí, la importancia de escuchar al mismo tiempo el clamor de los desamparados. Bajo la auscultación atenta y constante, seguro que surge un cuidado compasivo y una llamada fraterna, para dar un rumbo realmente sensible al proceso de globalización. De entrada, será difícil mantener la calma, si desviamos la mirada, cuando alguien nos pide apoyo mutuo y acogida. ¡Tengamos corazón!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Todo requiere estímulo; y, así, la primera condición para sentirse amparado es la voluntad de ofrecerse, de conciliar posturas para reconciliarse. Por consiguiente, impulsar el apoyo de esas personas u organizaciones que prestan asistencia vital, debe ser tarea colectiva”.]]>
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                                <updated>2026-08-18T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-08-18T16:00:00+00:00</published>
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            La vida nos ha sido entregada; para quererla, amarla y vivirla
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/la-vida-nos-ha-sido-entregada-para-quererla-amarla-y-vivirla" type="text/html" title="La vida nos ha sido entregada; para quererla, amarla y vivirla" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El camino de la vida no es fácil para nadie, se allana si lo hacemos en comunión y en comunidad. Siguiéndolo unidos, todo es más llevadero. &nbsp;Para empezar, tenemos que entrar en conversación entre sí, no podemos permanecer solos como espectadores, estamos llamados a interpretar nuestro tiempo y a tomar decisiones conjuntas, siguiendo la senda humanitaria. Indudablemente, estamos aquí para vencer la resignación y el recelo, en contextos diversos, pero con aspiraciones comunes, para disipar las dudas y resguardar los anhelos, para escribir nuevas páginas de la genealogía vivencial. &nbsp;La labor no es fácil, en un mundo cada día más egoísta, incapaz de fomentar las alianzas y el acceso equitativo a oportunidades, que permitan a todo ser humano prosperar en todas partes. Tanto los jóvenes como los menos jóvenes, de todos los países, se enfrentan cada vez más a desafíos interconectados relacionados con la educación, el empleo, el cambio climático, la inclusión digital y el bienestar mental.Es verdad que la innovación juvenil está ahí, ofreciendo soluciones prácticas y creativas para los retos locales y mundiales; pero también la sabiduría de nuestros mayores debe ser escuchada y considerada, sabiendo que el misterio de los años vividos con sus caídas y levantadas, son una lección imborrable, que suele transformarse en acciones concretas, que es lo que realmente nos hace avanzar hacia el espíritu solidario universal. Todo ello, contribuirá a que nos hermanemos como sociedad, con capacidad de discernimiento. Será precisamente este brío copartícipe, el que nos ayudará a reconstruir juntos un presente y un futuro, en los que puedan avanzar todas las generaciones. &nbsp;Es cierto que mientras mil cosas avanzan, otras retroceden; esto es el progreso. Por eso, cada ciudadano debe labrar sus propios logros, que ha de participarlos a sus análogos como deber personal y vocación al desarrollo.Ahora bien, si para llevar a buen término la ansiada prosperidad, las entretelas se endurecen y las energías se enclaustran; la ciudadanía ya no se une por amistad, sino por beneficio, con la consabida desunión más pronto que tarde. Desde luego, las circunstancias actuales nos piden un horizonte benefactor; lo que nos demanda no sólo técnicos, sino también pensadores de reflexión honda, que busquen el compasivo quehacer. Hacer familia será una cosa hermosa, en la medida que los vínculos sean efectivos y afectivos. Sin embargo, cada día hay más rupturas y más situaciones cuyas injusticias claman al cielo.&nbsp;Se me ocurre pensar en esas poblaciones a las que se les priva de los medios para sobrevivir, que atentan contra las garantías más primordiales del derecho a la vida y quebrantan el núcleo de la dignidad humana. La alimentación nunca debe utilizarse como instrumento de presión política. Otra de las grandes inmoralidades, es la continuidad de los ataques que está dejando a multitud de familias devastadas, desplazadas o tratando de reconstruir sus vidas. Lo verdaderamente indigno, es que los suministros humanitarios tampoco escapan de las ofensivas crueles.Por consiguiente, la inquietud es un fuerte aire turbador, que no sólo se reduce a una ausencia de guerra, es fruto del equilibrio y de los acuerdos entre semejantes. Por otra parte, si en verdad queremos salir del aislamiento, hay que extender la mano hacia el análogo, compartir sueños y trazar entre todos el porvenir de la civilización, que es lo que está en juego, lo que nos demanda, ponernos a abrir horizontes hacia una vida más humana, en la que cada uno deje de sentirse excluido, para percibirse amado y ayudado. Latido a latido todo se vuelve acorde, sólo hay que poner buena voluntad, para que pueda renacer una vida más fraternal en una comunidad humana verdaderamente universal. Así, pues, todos a la obra digna. Lo justo es hacer del mortal verbo terrícola, un inmortal verso celeste.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C4jRv7fGZWIGP0tSTJUyYLUrsb4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Cada ciudadano debe labrar sus propios logros, que ha de participarlos a sus análogos como deber personal y vocación al desarrollo”.]]>
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                                <updated>2026-08-10T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-08-10T16:00:00+00:00</published>
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