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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-05-04T16:00:05+00:00</updated>
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            Mejorar el clima anímico; como la tripulación del Artemis II
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Necesitamos ganar confianza, entre pulsaciones diversas, a fin de retomar vínculos sustentados en el amor y en lo verídico, aunque nos duela. Nos lo acaban de indicar los astronautas de la Artemis II, justamente en Naciones Unidas: “la humanidad es capaz de hacer cosas extraordinarias cuando actúa junta”. &nbsp;En efecto, la unión siempre hace la fuerza y la discordia la debilita. Sólo en un mundo, con una ciudadanía más corazón que coraza, es posible la unidad. La sinceridad, pues, al poder. Más vale vivir un minuto de vida honesta y franca, que mil años de hipocresía. Subsiguientemente, es vital ahondar mar adentro, a fin de conservar una tranquilidad y un equilibrio providencial, incluso en los períodos más críticos, cuando todo parece hundido por nuestras propias miserias.</p><p>Ha llegado el momento, tenemos que despertar de los falsos sueños mundanos, a pesar de nuestras debilidades. Querer hacerlo, es poder realizarlo.&nbsp;Precisamente, la tripulación del Artemis II, que tuvo la dicha de realizar el vuelo espacial tripulado más lejano de la historia, viajando más allá de la cara oculta de la luna y regresando sanos y salvos a la tierra, tras días intensos, exigentes e inspiradores; reavivaron, desde sus entrañas, el sentido de la participación humana compartida en la exploración del espacio. Indudablemente, somos seres en relación, que requiere de esa conciencia colectiva, más madura en el discernimiento, al conjugar diversos horizontes. Desde luego, activar el juicio de la verdad desde la bondad, nos acrecienta una escucha mutua y un análisis universal.En esencia, somos criaturas sociales. Por ello, es cosa noble estar predispuestos a entendernos y a atendernos, a dar razón a todo lo que es justo.La equivocación, inherente a toda acción humana, resulta cruel; cuando se persevera voluntariamente en el error, floreciendo como algo diabólico, lo que nos demanda sanación urgente. Sea como fuere, el orbe de la nueva época global, como el mundo de los vuelos cósmicos y de las conquistas científicas y técnicas, tampoco puede endiosarse. Lo expresan también muy claro los astronautas, la experiencia más poderosa fue divisar el planeta, que parecía pequeño, frágil, casi etéreo contra la vasta oscuridad, como algo necesitado de protección. Es preciso y precioso, por tanto, que todos nosotros nos encontremos y nos reencontremos en unidad.Sí unirse es el comienzo de todo avance, reunirse es el inicio que activa la cultura del abrazo leal, que es lo que nos hace cooperar y colaborar contiguos; porque, además, la salud es la entidad armónica que da valor a todos los años existenciales haciendo familia. No hay curación, sí nos dejamos guiar por el afán dominador de un desarrollo inhumano a más no poder, marcado y remarcado por graves injusticias, ante la falta de moral y ética que nos deja sin respiración.&nbsp;Una civilización, con perfil puramente materialista como la presente, se esclaviza ella misma con el penal de vicios y vacíos, que colecta. En todo caso y, a poco que nos adentremos en los paseos vivenciales, nos hallaremos con dramas que no pueden dejarnos indiferentes; son estos espacios maltrechos, los que precisan cuidado.&nbsp;El néctar viviente es un requerimiento natural; ya no sólo corporal, también espiritual. De igual modo, que la vida dentro de la nave espacial, -como lo recordaban los tripulantes de la misión-, nos advierte de la implicación colectiva, también los que caminamos por aquí abajo, necesitamos sentirnos custodiados y queridos por el sentido humanitario de solidaridad.&nbsp;Por desgracia, nos mueve el interés mundano, que lo único que hace es disgregarnos, con riadas de tensiones y oleajes de violencias. Lo cardinal es el respeto hacia todo análogo.&nbsp;Dicho soplo, por ende, da aliento; y, como tal, tiene su tacto como primera condición para saber vivir. Sin embargo, cuando los que nos dirigen olvidan el rubor, los que nos doblegamos solemos perder la tolerancia. Toca enmendarse, pues, cada aurora.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“En esencia, somos criaturas sociales. Por ello, es cosa noble estar predispuestos a entendernos y a atendernos, a dar razón a todo lo que es justo”.]]>
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                <updated>2026-05-04T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-04T16:00:00+00:00</published>
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            Forjar un porvenir armónico; será un modo de vivir bien
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;La condición humanitaria resurge siempre marcada por tensiones continuas, como si las polaridades fueran irreductibles. De ahí, la importancia de que cada nacido y la gente en su conjunto, estén llamados a ordenar su propia existencia, para poder hacer de la discordia un concordato armónico, que nunca viene dado, hay que trabajarlo, conciliando actitudes y acercando posturas. Al laborar nuestro propio sosiego, generamos las condiciones esenciales para una concordia auténtica y sostenible, que se irradie de los individuos a la sociedad y al órgano mismo de nuestra propia casa común. Quizás tengamos que tener más tiempo para nosotros, pues un espíritu reflexivo, siempre mejora el bienestar general, sobre todo para controlar los síntomas de la ansiedad.&nbsp;Incorporar al quehacer diario, aunque sólo sea durante unos minutos: la meditación; nos ayudará a lograr una sensación de calma y concentración sistémica. Ciertamente, requerimos de esta atmósfera aplacadora que, cada cual reconstruye desde su interior, al menos para rehacer puentes y romper barreras. En el fondo, a poco que nos adentremos en nuestro propio buceo íntimo, nos daremos cuenta que todos deseamos, aparte de sentirnos libres, que podamos vivir en concordancia y con idénticas posibilidades. De ahí, lo vital que es promover soluciones innovadoras y creativas que beneficien la crónica de los vivientes, con especial apoyo en los marginados y en esas parentelas que tampoco han aprendido a quererse ellas mismas, para poder querer a los demás y a lo que le rodea.&nbsp;En consecuencia, tan importante como vivir bien, es desvivirse por un habitar que custodie lo contemplativo, ya no sólo con el lenguaje de la mente, también con el vocablo de las entretelas y con el hacer de las manos, que es lo que fructifica en el desarrollo de la cordialidad. Por tanto, hace falta volver a sentir ese hermanamiento común que nos armonice y a resentirnos menos entre sí, para restaurar una sociedad más humana, más digna de la persona, que aliente una cultura y un culto leal, revalorizado en el amor y no en el poder, en la poesía y no en el pedestal. Tendremos, entonces, una igualdad armoniosa; que regenerará nuestro tránsito por aquí abajo, sabiendo que la mística es el acorde de la paz celestial en el latir de los terrestres.&nbsp;Hoy más que nunca requerimos embellecernos de esa pulsación melódica, que nos invita a la práctica de sembrar sonrisas, haciendo brotar el modelo de una corpulencia transfigurada en el verso, para que seamos protectores de avenencias y no depredadores, alejados de la enemistad, como espíritu contaminante destructivo. La cercanía entre análogos es fundamental, abecedario de la amistad. La transformación evolutiva no sólo concierne a la conciencia del ser, sino también al estilo de las relaciones, que andan sedientas de espíritu conciliador y de entereza. Además, hemos de continuar trabajando con la naturaleza y sus diversas zonas renovadas, integrándolas en el entorno natural de modo solidario. Un espacio pacífico se reconstruye a partir de corazones humildes entregados a los demás.&nbsp;Sea como fuere, la restauración de toda savia, nos llama cada día a sumergir nuestra mirada en el alma y a ver por lo que vivimos, sentimos y pensamos. Seguramente, a la sazón, descubriremos que nuestra misión radica en ser cada aurora un poco más acorde con el espíritu poético, donde nadie por si mismo se recompone, es todo una comunión de latidos y una conjunción de pausas, que tienen una relación con el brío del donarse. Lo que nos trasciende es, precisamente, este valor que nos vincula a renacer de lo alto. Sin embargo, el amor al dinero divide a la comunidad; mientras el auténtico amor al semejante es lo que nos hace avanzar como poetas en guardia, siempre vigilantes en el paciente compartir y perseverantes de un edén hecho poema, sin pena y con la euforia de la alegría. &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Hace falta volver a sentir ese hermanamiento común que nos armonice y a resentirnos menos entre sí, para restaurar una sociedad más humana, más digna de la persona, que aliente una cultura y un culto leal, revalorizado en el amor y no en el poder, en la poesía y no en el pedestal”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-30T17:30:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-30T17:30:00+00:00</published>
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            Bregar el quehacer habitual; rehacer el trabajo virtuoso
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Somos gentes de faena, ya no únicamente para alimentarnos, también lo necesitamos como medicina. Que el trabajo sea una parte vital de la dignidad existencial de todo ser humano, es nuestro modo de realizarnos, dando sustento al pan de nuestros sudores, además de cultivarse a sí mismo. Rehacer el trabajo decente, es también dar desarrollo social, para poder amar la vida e intimar con el más recóndito secreto viviente. Dicho esto, se entiende que la desocupación y la precariedad laboral se transformen en sufrimiento, en un ocio forzado o en un vicio impuesto, con consecuencias trágicas colectivas. De ahí, la importancia de que los gobiernos, los empleadores y los trabajadores, deban actuar globalmente para crear lugares de labor más seguros, saludables y justos para todos.Ciertamente, nos hemos globalizado, pero aún no disfrutamos de este sumatorio de fuerzas, que han de armonizarse en todo el mundo, a fin de que el trabajo moldee profundamente la savia de las personas, dando sentido benefactor, seguridad y oportunidades colectivas. Así tampoco podemos fraternizarnos. Las injusticias son tremendas, a lo que hay que sumarle las nuevas formas de empleo y los cambios demográficos, con sus presiones climáticas y el frio avance de las tecnologías digitales, que están desfigurando la manera en que arrimamos el hombro, haciéndonos cada vez más individualistas, con jornadas de trabajo largas y verdaderamente deshumanizantes. Quizás, nos convendría, poner más amor en lo que realizamos. El trabajo es vida, no muerte.En efecto, se trata de laborar el quehacer cotidiano a través de un entorno psicosocial saludable, como es la carga de trabajo y el tiempo laboral, la calidad de funciones, la autonomía, el apoyo y los procesos diversos como algo equitativo y transparente, que es lo que realmente influye en mejorar la calidad de vida ocupacional, &nbsp;afectando a la seguridad, a la salud y al rendimiento. Hemos de reconocer que, cuando estos factores afectan negativamente a la clase obrera, son riesgos que deben abordarse y gestionarse para garantizar ambientes de trabajo, que sean seguros y saludables. Sin duda, es esencial, ya no sólo para proteger la salud mental y física de los trabajadores, sino también para fortalecer la productividad, además del desempeño organizacional. &nbsp;Unido a este cúmulo de contrariedades y abandono, de pasividad y de sostén a los desaires, no podemos continuar ejercitando la inhumanidad, sobre todo con los migrantes que suelen ser rechazados y sometidos a actitudes resentidas por muchas comunidades de acogida. Indudablemente, más allá de los aspectos políticos y jurídicos de las situaciones irregulares, jamás debemos dejar en el tintero la pasión por el culto al fomento de la cultura del abrazo, pues por encima de las divisiones geográficas de las fronteras y de los frentes que impulsemos, formamos parte de una única familia humana. Es evidente, que todos tenemos el derecho a encontrar vías dignas, con nuevas oportunidades para poder salir de las situaciones anormales, comenzado por un trabajo recio, pero noble. &nbsp;Por ello, la realización de un remover diario, nos demanda una comprensión positiva y un enfoque eficaz, donde todos hemos de ser considerados como parte de un renuevo social. Nadie debería ser dejado en el camino de la indiferencia, hemos de escucharnos, para servir y cuidar el bien común. No olvidemos que, el trabajo, es tanto un deber como un derecho universal; y, como tal, en un diálogo que también debería reunir a directorios y peones, ha de estar toda la ciudadanía asistida. Sea como fuere, en nuestra casa común que, hemos de trabajarla en comunión y en comunidad, con el mismo nivel de ecuanimidades y obligaciones, tiene que dejar de proliferar la ley del más fuerte, donde el poderoso aún se come al más débil, para decepción del pelaje humanitario.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Todos tenemos el derecho a encontrar vías dignas, con nuevas oportunidades para poder salir de las situaciones anormales, comenzado por un trabajo recio, pero noble”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-27T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-04-27T16:00:00+00:00</published>
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            El querer lo es todo en la vida; con la constancia nada se resiste
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-querer-lo-es-todo-en-la-vida-con-la-constancia-nada-se-resiste" type="text/html" title="El querer lo es todo en la vida; con la constancia nada se resiste" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Somos seres en camino y el movernos es una batalla continua, que ha de mantenerse en el amor verdadero como tranquilidad y para poder persistir en las adversidades, con el coraje del buen hacer y mejor obrar. En efecto, se trata de reconstruirse y de superarse diariamente, ante la multitud de los desafíos, con la voluntad de ayudarnos mutuamente, pues el mejor propósito del espíritu es servir, mostrando compasión en todo momento. Así, y con renovada pasión, yo mismo me hago a diario persistentes llamamientos de trabajar unidos, más que con hazaña política con voluntad poética, a fin de acrecentar la cohesión social de pulsos, con sus pausas oportunas, para que nos hagan reflexionar; y, de este modo, poder tomar el camino adecuado, a pesar de las dificultades que nos acorralan. &nbsp;Hemos de ordenar existencias, quizás también la nuestra, para ser gentes de paz y de diálogo. No podemos continuar con estas atmósferas destructivas, que todo lo corrompen y arruinan por intereses partidistas. &nbsp;Tenemos que reafirmar con energía que la tutela del derecho a la vida, es el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano. &nbsp;En consecuencia, una sociedad sólo está sana y en justo desarrollo, cuando protege la mística de todo caminante y se esfuerza activamente por promoverla, trabajando al unísono.&nbsp;El multilateralismo no es, por consiguiente, opcional. A mi juicio, es el medio más eficaz para lograr los objetivos de conciliación, además de un progreso sostenible inclusivo y derechos humanos para todos. &nbsp;Vivir desvivido por los demás puede producir un cansancio infinito, pero es también algo muy gratificante; lo importante es saber que uno existe en hálito donante y en constante sorpresa, con una continua sucesión de coyunturas para sobrevivir.Hacer cada vez más visible esta dimensión relacional y de alianza, es uno de los principales retos para el futuro, sobre todo en un mundo fragmentado por las discordias, las divisiones y las guerras. &nbsp;Cultivar, pues, el papel de la mediación va a ser decisivo. Se trata de aliviar tiranteces antes de que desemboquen en conflictos; o, si el trance estalla, actuar rápidamente para contenerlo y resolver sus procedencias subyacentes. Por este motivo, la habilidad preventiva es fundamental, para no morar quejándonos y acabar cayendo desilusionados.&nbsp;Sea como fuere, no hay que estar cercano de quienes causan las pugnas sino de quienes las sufren y pagan las consecuencias. Ocuparse por crear puentes de savia y, sobre todo, preocuparse por el destino de las víctimas, también significa alejarse de la lógica de la polarización y el pensamiento único. Por otra parte, hay que reforzar la rendición de cuentas. No podemos permitir una licencia para matar y mucho menos rechazar la idea de que el derecho internacional es obsoleto. &nbsp;La verdadera pujanza se declara en el servicio a un justo proceder viviente. Para ello, se requiere volver a revolvernos contra la usura, que lo único que originan son rivalidades, para creer en la ternura, en la moderación y en la buena sintonía, porque se sigue abatiendo la crónica, sin derecho y sin piedad alguna. Indudablemente, una cooperación mundial eficaz es cada vez más necesaria para nuestra supervivencia, pero es complicada de ejecutar en un entorno de desconfianza, en el que nadie se fía de nadie, sustentada por una mentalidad de miedo como jamás. Sin embargo, a pesar de tantos dolores y densas sombras, la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de nuestros mundanos horizontes, para abrirse a grandes sueños, componiendo una bella historia. &nbsp;Cada cultura necesita asegurar que los valores se transmiten. Con la constancia nada se resiste, porque si esto no sucede se difunde el egoísmo, la violencia, la corrupción en sus variadas maneras, la apatía y, en suma, un relato sellado a toda trascendencia y clausurado a lucros individuales.&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Vivir desvivido por los demás puede producir un cansancio infinito, pero es también algo muy gratificante; lo importante es saber que uno existe en hálito donante y en constante sorpresa, con una continua sucesión de coyunturas para sobrevivir”.]]>
                </summary>
                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-23T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-23T16:30:00+00:00</published>
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            Carisma humanitario; creatividad en las relaciones
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El ser humano debe ser consciente y responsable de sus dotes humanitarias, a la luz de su misión pensante y con vinculante espíritu creativo, debe sumar siempre fuerzas en favor de una existencia digna, con vistas al bien común. Lo importante es reflexionar sobre uno mismo, recomponer contextos sin unificarlos, y proyectarlos hacia el futuro. Renovarse o morir, esa es la cuestión, especialmente delicada y compleja, que puede suscitar intereses engañosos por parte de personas sin escrúpulos y ser ocasión de realidades inhumanas, que no son de recibo. En cualquier caso, si en verdad nuestro verbo es retoño del verso; y, como tal, ha de reorganizarse en comunión y en comunidad, para conseguir esa poesía perfecta como especie vital que somos, debemos contribuir a ello.Ciertamente, para reconstruirnos en el fidedigno apego, hay que ser más corazón que coraza, más celeste que mundano. &nbsp;La mayor atrocidad radica en cultivar el salvaje combate cuerpo a cuerpo, en vez de dejarnos cautivar por el carisma del alma, que es por lo que en realidad nos hallamos, nos consideramos y nos preocupamos. Ojalá despertemos y podamos interrogarnos sobre nuestros andares por la tierra. Para qué atesorar materias aquí abajo, que lo único que hacen es endiosarnos, para luego pudrirnos en los rincones oscuros, porque nuestro desorden lleva en su tropiezo el castigo, el sufrimiento del tránsito. Sin duda, aún no hemos aprendido la lección, de activar la cultura del abrazo fiel y sincero, como lenguaje existencial. Ojalá seamos creativos a la hora de conectarnos entre sí.Por desgracia, seguimos encandilados por seres corporales ostentosos, en lugar de embellecernos creativamente, reflejo del esplendor que durante unos soplos brilla ante los ojos de la mente. Practiquemos esta angelical estética y notaremos el cambio en nuestras propias miradas, que tendrán un atractivo más místico que terrenal. Sea como fuere, a poco que ahondemos en nosotros mismos, notaremos que el espíritu nos pone en la escuela de nuestro despertar a diario, lo único que vale y permanece, que no es otro aire que lo que convenimos ser: Amor de amar amor. Conseguiremos así, volver a ser un tronco común al calor del hogar, abecedario de vínculos; sobre todo haciendo familia, siendo genealogía, generando filiación en suma.&nbsp;Al igual que el que no inventa tampoco vive, el que no hace linaje también se sentirá perdido y no sabrá reencontrarse. &nbsp;En efecto, uno de los grandes problemas del orbe actual es la pasividad de sus moradores. Nos hemos abandonado y la originalidad que todos llevamos consigo, la hemos dejado de trabajar. La indiferencia es el peor de los males, ya que nos impide llevar esperanza a nuestros semejantes, para que puedan derrotar los vicios y superar los traumas terrenales. Sin embargo, esas gentes creativas a las que les afecta todo, aunque sean minoría, ayudan a crear una rica mezcla de sapiencias, contribuyendo al desarrollo social inclusivo, al diálogo y al alcance entre los pueblos. Atenderse y entenderse, debiera ser lo nuestro, lo de todos.&nbsp;Desde luego, la mayor gracia humanitaria pasa por revivirse a diario, acogiendo cualquier iniciativa que pueda poner fin a las discordias, activando la marea creativa del verdadero espíritu donante, sustentado en el esplendor de lo auténtico y sostenido por el afecto. El mundo en el cual habitamos requiere que la veracidad resplandezca y que no sea deslumbrada por la mentira o por la vulgaridad; precisa, además, que la clemencia entusiasme y que no sea vencida por el engreimiento, ni por el egoísmo. Los ciudadanos anhelamos, embellecernos por nuestros propios latidos con talante personal y comunitario, haciéndonos más compasivos y mejores ciudadanos, con donación y dependencia al mundo entero. Salvaguardémonos, pues; humanos, sin que nada nos resulte extraño.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La mayor gracia humanitaria pasa por revivirse a diario, acogiendo cualquier iniciativa que pueda poner fin a las discordias, activando la marea creativa del verdadero espíritu donante, sustentado en el esplendor de lo auténtico y sostenido por el afecto”.]]>
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                <updated>2026-04-20T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-04-20T16:30:00+00:00</published>
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            Para ser libres; antes hay que ser justos
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En cada despertar tenemos que aprender a renovarnos, a vivir los días sin la esclavitud del miedo y sin tener que renunciar a aquello que uno quiera ser. En consecuencia, la libertad no es simplemente una concesión que se nos concede, ni un privilegio que se nos injerta, es una costumbre que ha de cultivarse como gozo existencial. Esta práctica crece con el amor que vertamos, tanto en uno mismo como en los demás; puesto que la dimensión humana y social es vital, siendo lo que nos da fuerza para ser justos y poder mirar el bien común y no el interés privado. Hoy más que nunca, en esta era de la globalización, necesitamos redescubrir esa grandeza comunitaria, que no radica únicamente en soñarla, también hace falta vivirla, sin excusas y de modo responsable.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Indudablemente, nadie puede ser perfectamente autónomo hasta que sus análogos lo sean. Con razón, solemos afirmar que “mi libertad termina donde empieza la tuya”. Es, precisamente, el vínculo de la cercanía y del apoyo mutuo, lo que nos armoniza y embellece como seres pensantes. Con buen corazón nada se resiste y todo se reorienta hacia el horizonte de la verdad; desde luego un camino fatigoso, pero no imposible, que dura toda la vida. &nbsp;Los efectos últimos están ahí, en esos absurdos bloqueos navales, como el del estrecho de Ormuz, ocasionando un aluvión de inseguridades manifiestas que nos dejan sin palabras o esas embestidas a vehículos de los cascos azules, que lo único que pretenden es dar más seguridad y socorrer a ciudadanos empujados a la pobreza. &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Sea como fuere, reconozco que liberarse de tantas cadenas, como seres en camino que somos, nunca ha sido cómodo, ahora tampoco es fácil llegar a la verdadera plenitud, con la unidad siempre y no con la uniformidad. Respetemos las diferencias y confluyamos en lo armónico, abriéndonos al universalismo, con una tecnología cada vez más avanzada, que ha de facilitar el diálogo y no el enfrentamiento, preservando el alto el fuego con el llamamiento a la diplomacia y al cese de hostilidades. La falta de entendimiento, como el aluvión de ilegalidades sembradas, aparte de generar un caos tremendo, nos están dejando una huella imborrable, tanto por su presión como por la prisión de pulsos; y así, muchas gentes, tampoco son dueños ya ni de sus propios pasos.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Por desgracia, cada día son más las personas detenidas arbitrariamente por su labor pacífica en favor de los derechos humanos; lo que debe hacernos repensar que la libertad no es un vivir según la carne o según el instinto, los deseos individuales y los propios impulsos materialistas, los vicios y los vacíos; al contrario, radica en estar en guardia, al servicio permanente los unos de los otros. En efecto, no hay rescate sin amor, lo que nos demanda a ser ecuánimes hasta con nosotros mismos. Una interlocución abierta y franca contribuirá a superar las incomprensiones y las necedades humanas. Por otra parte, bajo este clima general de emancipación responsable, los diversos Estados han de ser al mismo tiempo promotores y vigorosos garantes.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Es verdad que nos hemos extendido, pero no hemos activado las relaciones sanas, hasta el extremo que son muchas las ataduras opresoras que debemos decidir abandonar. Nos damos cuenta de ello, cuando nos falta esperanza y vagamos existencialmente perdidos y desolados a más no poder, sin una tierra para la concordia y sin unos moradores hacia el cual encaminarnos unidos. Es tiempo de reflexión, momento de abandonar las falsedades que nos circundan, instante para detenerse, hacer un alto en el camino y nos saldrán, sin duda, los buenos propósitos, fuera de los ídolos que nos abruman y fuera de los apegos que nos encarcelan. &nbsp;Comencemos, pues, por el castigo más honesto; que es aquel que uno mismo, se propone e impone: el reprenderse.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La falta de entendimiento, como el aluvión de ilegalidades sembradas, aparte de generar un caos tremendo, nos están dejando una huella imborrable, tanto por su presión como por la prisión de pulsos; y así, muchas gentes, tampoco son dueños ya ni de sus propios pasos”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-16T15:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-16T15:30:00+00:00</published>
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            El valor constructivo de nuestros pasos; no está en perderlo todo con la guerra, sino en ganarlo con la paz
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nuestro tránsito por aquí abajo requiere de un espíritu universal, apoyado en una mejor comprensión mutua y en una amistad verdadera, con abecedarios desinteresados, que contribuyan así a reconstruir una atmósfera más armónica, donde todos nos podamos sentir hermanados, a unos vínculos de entrega y generosidad. Desde luego, el mejor gobierno no lo imprime la dominación, sino el servicio, la mano extendida y el abrazo permanente. Nos merecemos, por tanto, otros lenguajes más del alma que del cuerpo; que sean el preludio de una nueva era, en la cual todos nos requerimos, para que se promueva la maduración de la cohesión comunitaria y del bien común. De lo contrario, continuaremos con el calvario de la divergencia y del rechazo a cooperar unos con los otros.</p><p>Las trágicas evidencias de estas riadas de dolor y muerte, tienen que cesar de inmediato. Hemos venido a conciliar posturas y a reconciliar latidos, no a truncar existencias, ni a destrozar sueños de esperanza, como si la convivencia humana fuese el escenario de un videojuego. La inhumanidad es manifiesta, nadie considera a nadie; y, aunque los trabajadores sanitarios, las instalaciones y las ambulancias están protegidos por el derecho internacional humanitario, el ataque es permanente, sin miramiento alguno. Hoy más que nunca, necesitamos recursos de todo tipo, sobre todo acompañamiento para seguir auxiliando a las personas que lo necesitan; ante el cúmulo de hechos violentos y de absurdas contiendas, por todos los rincones del mundo.&nbsp;</p><p>La cruel realidad de un orbe globalizado, nos llama a repensar &nbsp;situaciones, conciliando actitudes. Desde luego, debemos cesar en los enfrentamientos, antes que la derrota de la humanidad sea real, con la consabida sed de quietud que tenemos, poniendo fin a la prepotencia, a la exhibición de la fuerza y al desinterés por el derecho. Por desgracia, en demasiadas ocasiones, las batallas comienzan en nuestro propio círculo familiar. Sin duda, uno ha de aprender ya no sólo a reprenderse, también a ser indulgente consigo mismo, porque nos conviene la relajación antes que el rigor de su aplicación en las cosas que debemos hacer. No hay mejor virtud, que aprender a interrogarnos a nosotros mismos, para poder amarnos y poder amar a los demás.</p><p>En efecto, la vida no es fácil para nadie. Uno tiene que ser muy auténtico para darse cuenta de esto. Indudablemente, el mantenimiento de la concordia entre corazones, comienza con la autosatisfacción de cada pulso, poniendo la inteligencia al servicio del níveo amor. Dejemos, pues, de fabricar armas. Admitamos con el místico ánimo nuestro andar, y aunque hallemos pozos en nuestros pasos, vertamos siempre una sonrisa en cada aurora. Los caminos se allanan, defendiendo la savia, abrazando la verdad, trabajando por la justicia. El signo más evidente lo notaremos en nuestro interior, con la paz dentro de nosotros. Cumplamos nuestra pertenencia entonces; ya que, una sociedad que se nombra humana ella misma, quiere decir que rechaza toda forma de egoísmo y de aislamiento.&nbsp;</p><p>Ojalá aprendamos a ver una fiesta en todos los caminos planetarios. Lo sistémico es la mayor riqueza que podemos aglutinar los mortales, a los que se nos llena la boca de absurdos caudales que nos están deshumanizando por completo, mientras &nbsp;aún no hemos ejercitado la sana relación, sustentada y sostenida en saber perdonarse, aparte de saber compadecer al análogo. Tremendo contraste el nuestro, con el pedestal de don dinero como cardinal, el cual nos impide reencontrarnos y reconocernos. Al fin y al cabo, hay que ser honestos, no para los otros por el qué dirán, sino para estar en alianza con nosotros mismos. Únicamente, así, podremos ser una escuela de irradiación, que no nace de la fortuna ni de la dominación, sino del compartir, del respeto y de la alegría de caminar unidos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Los caminos se allanan, defendiendo la savia, abrazando la verdad, trabajando por la justicia. El signo más evidente lo notaremos en nuestro interior, con la paz dentro de nosotros. Cumplamos nuestra pertenencia entonces; ya que, una sociedad que se nombra humana ella misma, quiere decir que rechaza toda forma de egoísmo y de aislamiento”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T18:00:02+00:00</updated>
                <published>2026-04-13T18:00:00+00:00</published>
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            El abismo de la indiferencia; nos pulveriza todo avance humanitario
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;La sociedad contemporánea debe ahondar sobre el sentido de su savia, a través de la acción solidaria de servicio, adquiriendo una conciencia cada día más dispuesta de los derechos inviolables y universales del nacido. &nbsp;Restablecer relaciones mutuas más justas y adecuadas a nuestra propia decencia, es un buen auxilio. Por desgracia, muchos seres humanos viven en un desapego total, entre lo que piensan, lo que saben y lo que sienten. La pasividad suele empedrarnos el corazón, viviendo en una inacción egoísta, a pesar de estar bien informados, pero rehuyendo la realidad de los demás. La compasión es lo opuesto a esta atmósfera indiferente, que nos deja sin sentimientos; y, lo que es peor, sin energía para luchar contra el descarte y el despilfarro.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; En efecto, hoy más que nunca, atormenta pensar en cuánta gente se aleja sin clemencia alguna de ancianos, niños, trabajadores, discapacitados…; además, por si esto fuera poco, resulta escandaloso el derroche de las cosas. Más allá de los intereses individualistas, de la apatía y de la desgana ante las situaciones críticas, exijamos opciones políticas que enlacen el progreso con la equidad, el desarrollo con la sostenibilidad inclusiva, de manera que nadie se vea privado del buen aire que le alienta¸ del agua que tiene derecho a llevarse a los labios del alma o de los alimentos con los que tiene la obligación de disfrutar. Nos urge, por tanto, activar una cultura que fomente el culto a la cercanía. El calor de hogar hemos de universalizarlo, si en verdad queremos fraternizarnos, y sentirnos entre sí como familia.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Por ello, no sólo las personas estamos llamados a hacer gestos concretos con los habitantes más frágiles, también los Estados y sus diversas instituciones, con sus gobiernos al frente, hemos de trabajar unidos para proteger la dignidad, la justicia, la igualdad y los derechos de toda la ciudadanía. Con voluntad política y espíritu fraterno debemos hacer presente las aspiraciones de la Declaración Universal para todos los sujetos, sin distinción, exclusión, restricción o preferencia por motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico. Desde luego, para plasmar una sociedad más humana y digna, es necesario asimismo revalorizar el auténtico amor en la memoria social, haciéndolo norma constante y suprema de la acción.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;El amor y el no a la guerra ha de ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto, amando todos los ámbitos de la vida, extendiéndose igualmente al orden internacional. Únicamente, una humanidad en la que reine la entrega generosa, podrá gozar de una paz auténtica y duradera. En este sentido, el espíritu cooperante y colaborador, debe ser nuestro lenguaje como sujetos donantes y pensantes, que es lo que garantiza el desarrollo integral de cualquiera y su aire solidario hacia el bien colectivo, estampándonos serenidad. Sin sentimientos nos deshumanizamos totalmente, no sólo siendo indiferentes al sufrimiento de los otros, también seremos incapaces de acoger el nuestro. De ahí, la importancia, de querernos y de querer a los demás, para buscar el camino de la concordia.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; Estar desolados, como hoy nos sucede a la mayoría de los moradores, nos impide crecer y avanzar. La conducta dispuesta, que todo lo comparte y lo parte, es una relación innata viviente que nos vivifica y entusiasma. &nbsp;Frente a las dificultades, por consiguiente, nunca desanimarse, sino afrontar la prueba con decisión, escuchándonos más y mejor internamente. Salgamos, pues, del estado de inapetencia, que nos abate, siempre. Por otra parte, no es de justicia, sembrar odio y venganza con una retórica incendiaria. No olvidemos que somos una civilización de amor, no de poder y dominación, que se destruye a sí misma, sin decoro alguno. Además, tampoco dejemos que desfallezca el nombre humanitario, tendiendo la mano y extendiendo el camino del diálogo y la diplomacia perpetuamente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El amor y el no a la guerra ha de ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto, amando todos los ámbitos de la vida, extendiéndose igualmente al orden internacional. Únicamente, una humanidad en la que reine la entrega generosa, podrá gozar de una paz auténtica y duradera”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-09T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-04-09T16:30:00+00:00</published>
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            Dar fuerza a la verdad y a la bondad;  sólo así podremos ser felices
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada día soy más consciente de las desviaciones y de la pérdida del sentido humanitario que sufrimos, con el consiguiente riesgo de inhumanidades que nos sorprenden por cualquier esquina del planeta, en contextos que relativizan lo auténtico, desatendiendo el vocablo o rechazándolo sin más. En consecuencia, la pujanza más vital al servicio del desarrollo es un humanismo en valores, o sea, integral e infalible. Pongámonos a prueba. No hemos venido para dominar, sino para servir, sustentando el mundo de las relaciones con el vínculo de lo fidedigno, que es como se hace camino en comunión y en comunidad. No obstante, solemos activar la falsedad como lenguaje cotidiano, sabiendo que es un modo de eclipsarnos y una manera de destronar de nosotros, nuestros propios latidos.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;Hay que alejarse, por consiguiente, de este tormento absurdo que nos lleva a la ley de la selva; que no es otra, que la norma del más fuerte. Convirtamos, pues, nuestros rastros en un rostro de amor verídico. Aquel que cultiva la razón, dejándose cautivar por la docilidad, no debe temer jamás a sus movimientos. Sin embargo, careceremos de bienestar social, sin confianza entre análogos y sin pasión por lo cierto. La certeza, como la familiaridad, es la mejor vía para el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las gentes y los pueblos. Repoblarse de entusiasmo por este níveo pulso y poblarse de su estima, es querer el bien de todos y hacer hogar sin barreras, pues únicamente la realidad, conjugada con la virtud, nos hará libres. &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Realmente, todos soñamos con ser dueños de nuestra propia existencia. Ahora bien, para ser francos conjuntamente hemos de ser responsables. Se me ocurre pensar, en el compartir de los bienes y recursos, que no se aseguran individualmente con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor, que es lo que vence al mal con el bien, convenciendo y abriendo la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de autonomía y de compromiso. Ojalá viviéramos el deseo armónico de lo genuino como lenguaje universal que trasciende fronteras culturales y sociales, poniendo fin a todas las absurdas contiendas, que lo único que originan es un gran sufrimiento humano, dejándonos sin palabras.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Sea como fuere, resulta penoso y cruel que no respetemos vidas y que tampoco tengamos consideración con el punto de vista del derecho internacional, que prohíbe los ataques dirigidos contra la población civil y sus infraestructuras. Tenemos un afán destructor como jamás, hasta el extremo que nos encaminamos hacia la negación y la supresión existencial, lo que aviva que nadie respete a nadie y todo sea sanguinario. Esto significa que la valoración moral y los horizontes a transitar, deben poseer una dimensión más justa y efectiva. De lo contrario, incluso la paz corre el riesgo de ser considerada como un negocio, fruto exclusivamente de los acuerdos entre los gobiernos o de iniciativas tendentes a asegurar privilegios económicos.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Reencontrémonos, entonces. Lo importante radica en no perderse, en volverse mar adentro uno mismo. Es, en nuestros interiores, donde mora la bondad y también la verdad. Repito, por tanto, con la más vehemente convicción que la evidencia siempre está ahí. Es cuestión de sentirla y llamarla con la compasión que esto supone. La sinceridad permanecerá, todo lo demás será deshecho antes de que cambie la pleamar de la cosecha. De ahí, lo capital que es saber acogerse y recogerse, compartir y donarse con los brazos abiertos, elevados hacia lo celeste, hacia esa vida anímica, que es lo que realmente nos fraterniza, estimando al prójimo hasta volverlo próximo. Esto nos requiere más desprendimiento que avaricia. La culpa no la tenemos más que los doloridos. Purga toca; sin duda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Realmente, todos soñamos con ser dueños de nuestra propia existencia. Ahora bien, para ser libres además hemos de ser responsables”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-06T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-04-06T16:30:00+00:00</published>
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            Ser constructores de paz; reconstructores de vida
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Desmontemos los andares del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación; y, por ende, medios de apoyo y confianza”.&nbsp;En esta vida, todo tiene sanación, si cultivamos la cordialidad; que radica en amar sin medida ni correspondencia, para que la duda quede saciada por la dulzura de las bondades y verdades vertidas, ausentes de temores. Realmente, no fuimos hechos para una existencia donde todo sea bueno y seguro; sino para un itinerario a descubrir, y no a encubrir, que nos concilie, regenerándonos continuamente con el don del afecto entre análogos. Por tanto, nada es fácil, pero tampoco nada es imposible. De ahí, lo importante que es generar climas de concordia, hacer familia y sentirse rama entre semejantes de un tronco común; porque, hoy como ayer, el mundo anhela también la paz, pero a menudo la buscamos con medios inadecuados, en ocasiones incluso recurriendo a la fuerza del poder.&nbsp;Vuelva la pasión, en esta santa semana de Semana Santa, a reconvertirnos y a purificar los empedrados latidos. Sin duda, no hay mejor terapia, que la caricia de una mirada extendida sobre nuestros pasivos cuerpos. Precisamente, yo mismo me paso los días, reivindicando la cultura del abrazo sincero como lenguaje, junto al brío donante y en guardia permanente, como el verídico poeta. Porque los deseos de unión y de unidad brotan y maduran como fruto de la renovación de la mente, de la negación de uno mismo y de una viva expansión interna. Se siente cada vez más la exigencia anímica de la entrega, para poder sobrellevar el aluvión de cruces que nos remitimos unos a otros continuamente, para que la humanidad supere las razones de las desavenencias y de los conflictos.&nbsp;Desde luego, es cierto que los calvarios no cesan, pero la fuerza reconstituyente del amor siempre revive en nosotros y nos pide afrontarlo todo con paciencia y comprensión, sin llevar cuentas del mal sembrado. Pongamos, pues, nuestra mirada en el futuro. Tal vez, entonces, descubramos que seducir sin cláusulas y de corazón, es aprender a reprenderse, a caminar por este orbe. En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alienta y alimenta nuestra esperanza. Ojalá que, bajo estos aires, de la pasión a la gloria; también nosotros, ya seamos creyentes o no, hallemos un tiempo para la reflexión. No olvidemos jamás, que uno tiene que quererse primero, para poder querer a los demás. Bajo este níveo cariño, manado y emanado de nuestro interior, todo se restablece.&nbsp;La querencia nos enraíza en la comprensión, llevándonos a una sentida valoración de cada ser humano, reconociendo su derecho a la felicidad; que no está tanto en vivir, como en saber hacerlo, sin hacer alarde ni agrandarse, ya que nadie somos superior a nadie. Estamos aquí para proporcionar savia, no para quitarla. A veces ocurre que practicamos la exclusión, contraria a ese espíritu fraterno para el que hemos sido convocados. Esto nos demanda sentimientos de humildad unos con otros, si en verdad queremos ser maestros en lo armónico, destronando de nuestro horizonte la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa estupidez acaba separándonos. Las gentes que se aman, respetan el vínculo incondicional y desprecian los intereses mundanos.El camino correcto pasa por madurar y crecer en el aprecio, sobre todo hacia aquellos que se mueven a nuestro lado. Desmontemos los andares del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación; y, por ende, medios de apoyo y confianza. En consecuencia, pongamos en nuestro itinerario el peregrinaje de la tristeza al gozo. Deliberemos sobre ello, hagamos un alto en el camino. Son jornadas para la meditación, días de vivir con sobriedad la pasión y muerte de Jesús, para después celebrar, rebosantes de alegría, la gloria de la resurrección. Que este espíritu reconcentrado ilumine nuestras mentes y convierta nuestras entretelas, haciéndonos conscientes del valor de toda existencia, que ha de ser siempre de acogida, de protección y de estima.&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Algo más que palabras]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-29T23:45:08+00:00</updated>
                <published>2026-03-30T16:30:00+00:00</published>
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            En el justo medio radica la virtud; del buen tacto y mejor respeto
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/en-el-justo-medio-radica-la-virtud-del-buen-tacto-y-mejor-respeto">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los excesos no son convenientes, ni siquiera en lo bueno. Tanto es así, que la vida deja de ser aceptable, cuando somos incapaces de que cohabite en nosotros cuerpo y espíritu, o de convivir entre unos y otros; lo que requiere cultivar el amor y aprender a amar, como la primera condición para saber vivir. En la desconsideración residen todos los males, con su aluvión de perversidades, que nos deshumanizan por completo. El miramiento hacia lo que nos rodea es realmente lo que nos alienta y armoniza. Apreciémonos y pronto nos daremos cuenta, que cuando los que disponen pierden la vergüenza, los que obedecen también abandonan la estima. &nbsp;De hecho, una sociedad vive en el hermanamiento, cuando ha llegado a un consenso, sobre el carácter trascendental de su propio ser.&nbsp;Sin embargo, los desequilibrios y la falta de sueños nos están dejando sin nervio solidario, mientras aumenta el número de las pesadillas, cada día más tormentosas. Estamos, pues, todos obligados a recapacitar y a preguntarnos hacia donde queremos ir o hacia donde nos estamos arrojando. Quizás debiéramos modificar actitudes, para conciliar realidades y fundamentos que parecen contradecirse. Es vital dar pasos decisivos en el camino del desarme, hallando el modo de sustituir el ordeno y mando del terror, por el equilibrio de la confianza en el servicio y en la disposición hacia cualquier persona semejante a nosotros, miembro de la familia humana, que se beneficiará del progreso colectivo y contribuirá a restablecer más sólidamente la concordia.&nbsp;Hoy más que nunca, hace falta sumar pulsos pensantes para concertar moderación, pues también la tierra pierde su ponderación y entra en números rojos al retener más calor que el que emite. Son, justamente, las actividades que generamos a diario; las que alteran cada vez más el aplomo natural en esta época de continua destrucción del espíritu humano, donde nadie respeta nada, porque el dominio del poder no tiene principios ni fundamentos morales. Olvidamos que los endiosamientos nos vuelven estúpidos y rencorosos. En consecuencia, necesitamos tanto como el comer, tomar otras realidades, que nos ayuden a organizar situaciones con la sensatez del orden originario, iluminando de este modo el desconcierto de nuestras existencias.&nbsp;Metámonos esto en la cabeza. Se requiere el valor de todos los órganos del gran tronco de las naciones para poder pasar del peso del miedo al contrapeso de la confianza. Pensemos en que la paz tampoco es la ausencia de guerras, más bien es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la generosidad, al compañerismo y a la ecuanimidad. Sea como fuere, es tiempo de no desfallecer en el objetivo de un mundo más unido, desvinculado a los intereses particulares y a las rivalidades, con una compenetración de ayuda mutua y alcance de resultados concretos y universales. Ciertamente, la avenencia es fundamental en un orbe global, para impedir que se repitan historias trágicas, que lo único que acrecientan es el estado salvaje y el desánimo. &nbsp;La razón y no la fuerza deben decidir la suerte de los pueblos. Trabajemos los vínculos, fomentemos los acuerdos y las negociaciones, el arbitraje y no el ultraje; laboremos esa mentalidad pública, esa conciencia común que nos da ánimo, para un buen hacer y un mejor obrar. Nos hemos globalizado, es un buen signo, pero aún mejor será fraternizarnos, más que otra fórmula humanitaria. Las naciones no avanzan en un asiento precario. Además, nada se puede reconstruir sin quietud, ni tampoco vivir sin sosiego; precisamos sociedades con atmósferas tranquilas, que fomenten la cultura del abrazo sincero, con el bienestar de sentirse arropado en todo momento y ante cualquier situación. Por ello, solicitamos ponernos al servicio del auténtico querer para poder legarse. Hagámoslo de corazón.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La razón y no la fuerza deben decidir la suerte de los pueblos. Trabajemos los vínculos, fomentemos los acuerdos y las negociaciones, el arbitraje y no el ultraje; laboremos esa mentalidad pública, esa conciencia común que nos da ánimo, para un buen hacer y un mejor obrar”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-26T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-03-26T16:30:00+00:00</published>
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            Observarnos y observarse
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/observarnos-y-observarse">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Observa mucho, escucha más, juzga poco e interrógate como ejercicio vital.&nbsp;La situación no es fácil para nadie, tampoco nunca lo ha sido; sin embargo, puede que tenga mejor conocimiento del mundo, no el que más ha vivido, sino el que más ha practicado la actuación contemplativa. A propósito, hay que pararse a reflexionar en busca del bien colectivo, destronando las rivalidades y reponiendo el sentido humanitario de colaboración entre análogos.&nbsp;Este método de unidad y discernimiento; sin duda, nos hará estar atentos al modo en que perciben la realidad quienes nos rodean, instruyéndonos en componer visiones de conjunto que respeten la complejidad sin caer en la confusión, fusionando la verdad con la bondad, sin temer a la confrontación. &nbsp;Indudablemente, la época que vivimos nos llama a prestar atención y a dedicar lo mejor de nuestra energía en aplacar ánimos, sobre todo en tiempos marcados por tantas injusticias, violencias y guerras de todo tipo. Si no promovemos la concordia en esta tierra de todos y de nadie, donde nos hemos globalizado, difícilmente vamos a dar continuidad al linaje.&nbsp;Volvamos, pues, a las entretelas de una mente clara; que examine las alianzas, comenzando por inspeccionarse uno así mismo. &nbsp;De lo contrario, nos inundará el vicio y el vacio de lo mundano y no podremos llevar a buen término la necesaria fraternidad universal.En efecto, si quieres reconocerte y conocerte mejor, no quites los ojos al comportamiento de los demás, seguramente te hará mirar tu propia actuación.&nbsp;Así es, aprendemos a reprendernos, viendo nuestras acciones en los otros.&nbsp;Por tanto, es imprescindible observar la realidad desde la hondura, no con criterios superficiales y desprovistos de cualquier moral, prefiriendo círculos sociales que nos tranquilizan o inquiriendo privilegios que nos acomodan, en lugar de indagar a través de esa luz espiritual, que es la que nos revive en el buen horizonte.Lo importante es que cada cual pueda realizarse, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal. El hecho es que la falta de trabajo es mucho más temible que la carencia de una fuente de ingresos para poder vivir. Es evidente, que trabajando nosotros nos hacemos más persona y mejores ciudadanos.&nbsp;Siempre será mejor, estar ocupado que desocupados, sin hacer nada.El ser humano es el único animal con capacidad de observarse mar adentro y que ha sido dotado de potencial intelectual suficiente, para poder modificar estructuras sociales injustas o excluyentes.&nbsp;Desgraciadamente, a poco que nos observemos, notaremos además que el mundo está retrocediendo en muchos aspectos y no progresando. Al fin y al cabo, todos nos merecemos un trabajo decente con una remuneración justa y favorable para garantizar una existencia merecedora de dignidad humana. Por si fuera poco la apuesta por la vigilancia, el clima tampoco entiende de fronteras y el líquido elemento es nuestro nexo de unión. Ciertamente, los desafíos son demasiado monstruosos para que nadie pueda asumirlos en solitario. Los pronósticos requieren observaciones en todas las partes del globo.Ningún país puede acometer esta labor conjunta por sí solo.&nbsp;La colaboración mundial, cimentada en la confianza y la puesta en común de datos, es fundamental para seguir incrementando la exactitud y el plazo de anticipación de los pronósticos, logrando que todos los moradores del planeta puedan acceder a ellos.&nbsp;Cada decisión económica, de inversión en infraestructuras o el calendario de siembra de cultivos, &nbsp;como cada plan de gestión de la salud, el agua y la energía, en la cadena de suministros, depende de la red mundial de la Organización Meteorológica Mundial, a partir de la que se originan investigaciones y predicciones. En suma, que todo requiere examinarse y andar con cien ojos, por si se puede mejorar la hazaña, que siempre es mejorable. Ahí radica la cuestión de los desarrollos.&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La época que vivimos nos llama a prestar atención y a dedicar lo mejor de nuestra energía en aplacar ánimos, sobre todo en tiempos marcados por tantas injusticias, violencias y guerras de todo tipo”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-03-23T16:30:00+00:00</published>
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            La felicidad radica en el espíritu reconciliador
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/la-felicidad-radica-en-el-espiritu-reconciliador">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp; El júbilo es un objetivo humano primordial y maravilloso; sin embargo, no hay obligación que descuidemos tanto como el deber de caminar aplacados. En consecuencia, puede ser un buen deseo trabajar en estas fechas, en las que despunta primavera repoblada de versos y poblada de sueños, en un poderoso catalizador de diálogo y concordia. Indudablemente, cuando nos adentramos en nuestros interiores místicos, observamos que el bienestar no es un ideal de la razón, sino de la contemplativa conciliadora del poema y la palabra, a degustar por los labios del alma, que son los que verdaderamente nos trascienden, con el descanso de la pena y los dolores. De ahí lo importante que es descender a las profundidades de uno mismo para lograr un cambio de visión y una mutación del ser.&nbsp;Lo horroroso de esta humanidad, que se ha globalizado, pero no hermanado; es que nos afanamos en buscar con el mismo brío el individualismo, volviéndonos radiantes egoístamente e impidiendo que los restantes lo sean. Desde luego, si queremos promover una gozosa armonía humanitaria, hemos de comenzar por extenderla a todos, comenzando por nuestras propias familias, para continuarla después, a través del compromiso y la determinación de la comunidad internacional con el bien común, que sobrepasa fronteras, tradiciones religiosas y culturas. Todo esto requiere, asimismo, de una colaboración interdisciplinar sistemática, reuniendo instituciones y uniendo sus diversos quehaceres, para lograr atmósferas de entendimiento.Está bien que cada uno goce al máximo de la tranquilidad que pueda, pero sin disminuir la placidez de sus análogos. Ojalá aprendamos a reprendernos. La quietud llega, precisamente, como fruto de un constante cultivo moderador; lo que nos lleva a pensar que tenemos que ejercitar continuamente el espíritu apaciguador, con nosotros mismos, con los demás y con aquello que nos rodea y acompaña. Unidos a estos sentimientos de entrega total, sin interés alguno, es como la alegría entra en el corazón y nos engrandece. En cambio, si se hace de la prosperidad un ídolo, uno se equivoca de horizonte y es difícil reencontrarse y hasta quererse. Esta es la propuesta de algunas gentes que ponen la mentalidad en la búsqueda del placer a toda costa y en la difusión del uso de drogas como evasión.Por otra parte, la paz no se puede construir sólo a través de la geopolítica. Necesitamos una avenencia más inclusiva, también más humana y precisamos a los jóvenes para construirla. Bajo este oleaje, más celeste que terrícola, nada está de ningún modo consumado. Basta un poco de complacencia para volver a resurgir. Lógicamente, nosotros queremos transitar satisfechos por aquí abajo. Al fin y al cabo, todo parte del corazón, nunca de la riqueza, ni de la gloria humana o el poder, por útil que sea. Sólo hay dicha donde habita la virtud y reside el esfuerzo serio, pues la vida no es un juego, es un ejercer el paso como poeta en guardia permanente. Así, lo que nos llena de optimismo, es una plenitud existencial sustentada en el amor, la esperanza y el servicio.&nbsp;No hay que desesperarse, las personas felices se quedan sin historia. Está visto que el querer lo es todo en la vida. En este mundo, cada persona, tiene su sitio; lo importante es ayudarse entre sí, hacer risueños a los otros y no hacerlos desgraciados. Para conseguirlo, laboremos el aprecio en nuestro caminar diario. Tampoco hay felicidad, sin fidelidad, ni conversión. Sea como fuere, no hay mejor transformación que dar vida y amor, sin cesar. En todo caso, si en verdad queremos ser encantadores, también lo seremos. Es la voluntad, la que mueve pesares y seca el cauce de las lágrimas, la que vive el presente y desea ser agradecido, aprendiendo a perdonar los errores de los análogos y los nuestros propios. No olvidemos jamás que, un acto de caridad, es por sí mismo un acto de salud.&nbsp;</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritorcorcoba@telefonica.net18 de marzo de 2026.-&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lQfuemPQfvPpASSHgwBCyC8CpGs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La quietud llega, precisamente, como fruto de un constante cultivo moderador; lo que nos lleva a pensar que tenemos que ejercitar continuamente el espíritu apaciguador, con nosotros mismos, con los demás y con aquello que nos rodea y acompaña”.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-03-19T04:30:00+00:00</published>
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            Valores a considerar:  poner oídos, dar consuelo y auxilio
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/valores-a-considerar-poner-oidos-dar-consuelo-y-auxilio" type="text/html" title="Valores a considerar:  poner oídos, dar consuelo y auxilio" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los moradores de este mundo tenemos que reorientarnos, una vez más, para entrar en sintonía con lo armónico; y, lograr avivar de este modo, reencuentros y no encontronazos, ofreciendo escucha, refugio y ayuda. Necesitamos acogernos y recogernos mutuamente, guardar silencio y extender miradas que acaricien heridas, incluso con personas desconocidas, en ocasiones hostiles, pero que no pueden ser excluidas, si queremos dar vida a una experiencia global. De ahí la importancia, de que todos los Estados cumplan estrictamente sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario, actuando de forma coordinada, responsable y conjunta, para alejarnos del abismo en el que actualmente nos hallamos.Hay que bajar de las alturas del absolutismo, vertiendo abrazos sinceros. Esta es la mejor acción para una legítima defensa. Comencemos por oírnos desde el respeto y la consideración hacia toda existencia. Nos daremos cuenta al instante, a &nbsp;poco que pongamos el corazón en ello, que precisamos renovar el estilo de nuestras relaciones. Sería injusto obviar latidos, la vida es una conjunción de pulsos que han de armonizarse con el amor de amar amor, para que los vínculos no se desmoronen y puedan cruzarse las miradas sin lastimarse, que es lo que realmente aclara horizontes e ilumina conciertos de quietud, en un reino que debe ser más espiritual que terrícola. Desde luego, no hay mayor gozo que donarse y relevarse, a veces revelándose contra sí, para que cesen de inmediato las hostilidades.No son los artefactos, sino el diálogo y las negociaciones, el único modo de resolver las discrepancias. Tampoco olvidemos, que cuando la fuerza sustituye a la ley, impera la barbarie y se globaliza la bestialidad. La protección de la savia humana debe estar siempre en el centro de las decisiones universales. Pongamos, pues oídos, en lo que nos dicen y en lo que decimos. Es cierto que cada uno de nosotros, desde el primer instante de su nacimiento, crece en una realidad social. Por eso, es vital saber comprenderse y entenderse. En consecuencia, estar presente en la vida de los demás significa dejarse acompañar, compartir tiempo, experiencias y horizontes trazados, ofreciendo puntos de referencia estables en los que los demás puedan descubrirse y desarrollarse también. &nbsp;Está visto, que nada somos por sí mismos, todos llevamos un cordón contemplativo que nos une moralmente a un reino armónico, deseoso de que se haga realidad físicamente. Es cuestión de desarmarse y de poner alma en todo lo que forjamos, en vez de armas. Quizás tengamos que trabajar mucho más en el camino del servicio y huir del afán dominador, que tantas veces nos pide el cuerpo y la misma corporación material, cultivarlo. Es, entonces, cuando entramos en la desorientación con todo su aluvión de males y maldades, que nos dejan sin corazón. Por desgracia, en demasiadas ocasiones caminamos desconcertados, sin reconocernos a nosotros mismos, hundidos en un laberinto de vacíos y vicios, que nos trastocan nuestras propias entretelas. &nbsp;Hemos de auscultarnos, sólo así podremos pensar que nuestras percusiones coexisten con otros, que nos ayudan a ser un todo, que ha de ser más místico que corpóreo. Indudablemente, requerimos que todas las prácticas se pongan bajo el dominio bucólico del espíritu, que la agresividad y los deseos perturbadores se paralicen con la fortaleza de la composición lingüística; que la inteligencia y la voluntad se fusionen con los mejores sentimientos, los del hermanamiento y la mano extendida siempre. Bajo esta perspectiva de custodia, enraizada con el calor de hogar y el fuego del afecto, todo cambiará para bien, para que nuestro orbe, que sobrevive entre contiendas, desequilibrios, consumismo y el uso antihumano de la tecnología, pueda recuperar la poesía que somos, ¡no el poder que ansiamos!&nbsp;</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritorcorcoba@telefonica.net15 de marzo de 2026.-&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“No son los artefactos, sino el diálogo y las negociaciones, el único modo de resolver las discrepancias. Tampoco olvidemos, que cuando la fuerza sustituye a la ley, impera la barbarie y se globaliza la bestialidad. La protección de la savia humana debe estar siempre en el centro de las decisiones universales. Pongamos, pues oídos, en lo que nos dicen y en lo que decimos”.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-03-17T05:30:00+00:00</published>
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            Mayor toma de conciencia;  ante el dominio de un materialismo asfixiante
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-DakghsH18mofD_BBkKG-XrUVdY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La moral no puede estar por los suelos. Precisamos darle valor y valía, ante la multitud de realidades y hechos bochornosos que nos llevan a un desequilibrio total, con un aluvión de incertidumbres y contiendas verdaderamente destructivas. Para empezar, la inhumanidad y la ceguera del espíritu deshumanizante socava los derechos humanos y la cohesión social. Las consecuencias de esta pasividad e indiferencia, son cada día más terribles y temibles, lo que nos exige una acción de conjunto que tenga como punto de inicio una clara visión más ética y estética de todos los aspectos económicos, sociales y culturales. Tanto es así, que un anímico desarrollo no se reduce meramente a un mero crecimiento económico, sino al avance humanitario como sociedad.Lógicamente, el germen de este progreso es un deber ciudadano, para que cada cual pueda realizarse y crecer en humanidad, hacia un horizonte vital, que es lo que nos da la satisfacción del impulso personal, haciéndolo en comunión y en comunidad. Al igual que no hay ciencia sin conciencia, tampoco cohabita una sana amistad, cuando los corazones se endurecen y los espíritus se encierran en si mismos, lo que acrecienta el interés mundano, con las consabidas luchas de oposición y desunión. En efecto, el futuro no se escribe sólo con códigos informáticos o paneles solares, sino activando una escala de principios, antes de que la avaricia de las personas, de las sociedades y de las naciones, suscite en unos y en otros un materialismo sofocante. &nbsp;No me gustan las pasiones que todo lo comercializan, hasta nuestra propia existencia, que ha de ser poesía y jamás poder. Sin duda, nuestros interiores son esa lírica libre que requiere compartir místicas identidades para enhebrar sueños y relanzar aires inspiradores. Seremos, entonces, más corazón que coraza, en un mundo que es de todos y de nadie en particular. Sea como fuere, no somos de aquí, estamos de paso y será el poso dejado en favor del bien colectivo lo que nos trascienda. Desvividos por vivir en mística alianza, participaremos de un espíritu cooperante y colaborador, ganaremos en adhesión, pero también en esperanza; ya que una labor conjunta siempre une voluntades, acerca pausas y hermana los pulsos.&nbsp;Por ello, incluir la gestión de los recursos naturales en los acuerdos de paz es fundamental, al menos para no alentar la destrucción ambiental y la extracción irresponsable, que lo único que generan son abusos contra derechos humanos y absurdas batallas. La tentación de la barbarie, va a estar ahí siempre, sobre todo en situaciones cuyas injusticias claman al cielo. Nunca olvidemos que el hombre no es verdaderamente humano, más que en la medida en que, dueño de sus acciones y juez al mismo tiempo, se hace él mismo autor de su progreso y coparticipe de sus actuaciones, sabiendo que toda acción social implica consideración hacia toda savia, que no puede darse sin el desarrollo solidario de la gente. &nbsp;Sin embargo; y, a pesar de la riada de abatimientos, se nos otorgó el discernimiento para huir de las ferocidades. Ahora bien, si queremos entrar en sanación; ha llegado el día, en que la violencia hacia otro ser análogo debe revolverse contra sí y volverse, tan aborrecible, como el aislamiento. Convertidos en individuos de profunda misión y en sujetos de incesante revisión, el penitente florecerá como poeta, porque se volverá amor. Justo lo que demandamos hoy, para revertir próximo, al prójimo. De manera que, estando todos en la auténtica retórica creativa, renazca ese poema perfecto con el que soñamos ser vida, como vínculo fraterno y signo de inspiración; ya que si la lozanía es el nuevo nombre de la paz; la cognición, es la presencia etérea en el yo. ¡Nos espera, pues, un gran gozo!&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritorcorcoba@telefonica.net11 de marzo de 2026.-&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-DakghsH18mofD_BBkKG-XrUVdY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Desvividos por vivir en mística alianza, participaremos de un espíritu cooperante y colaborador, ganaremos en adhesión, pero también en esperanza; ya que una labor conjunta siempre une voluntades, acerca pausas y hermana los pulsos”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-03-12T03:30:00+00:00</published>
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            La entereza debe complementarse con el amor; únicamente con la justicia no sirve
        </title>
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El mundo está revuelto, nos falla el entendernos y el atendernos recíprocamente, para poder salir de estos bríos deshumanizadores e inhumanos, con consecuencias económicas y medioambientales a nivel global, además de un coste en vidas humanas que nos dejan sin palabras. Los bombardeos lo único que hacen es avivar los incendios de la selva, no extinguirlos, y repercutir en todos los horizontes existenciales del planeta. Por tanto, la justicia ha de complementarse con la clemencia; mientras los pueblos deben ser formados e informados en la consideración de este derecho. Nada es antagónico en este orbe, todo se complementa para bien o para mal. Lo importante es liberarse de ataduras, sobre todo de las del odio, para recomenzar un tiempo nuevo, que tome como bandera el níveo afecto.Indudablemente, la potencia batalladora no es suficiente, si el universo no se abre a la fuerza más profunda del verso; que no es otra, que el auténtico amor, desprendido de intereses, Tampoco hay paz sin donación, ni espíritu donante sin compasión. El apego siempre une, nunca separa latidos. Nos necesitamos entre sí, es una cuestión inherente a la naturaleza. Por eso, la ternura de nuestros propios pulsos, son el modo más sublime y más noble de relación de los seres pensantes. Sólo una humanidad en la que reine el florecimiento de la adhesión y gobierne el estado virtuoso de manera social, podrá gozar de una paz auténtica y duradera. De lo contrario, la tensión se intensificará permanentemente por todos los rincones.&nbsp;Desde luego, hemos de salir de esta atmósfera contaminante, que nos está empedrando las entretelas. Nos hemos globalizado, pero nos falta hermanarnos. En efecto, la gente con sus variados vínculos sociales, requiere más que nunca reencontrar la vía de la concordia, al estar contaminada dicha ruta por egoísmos y resentimientos, por afán de poder y hasta deseos de venganza. El aluvión de falsedades es tan fuerte que algunos han ridiculizado abiertamente nuestros valores fundamentales. Cuesta creerlo, pero es así, para desgracia de todos. Será, por tanto, un buen motivo para que los Jefe de Estado y de Gobierno se comprometan a defender el derecho internacional de los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y la propia Carta de las Naciones Unidas.Las arterias comerciales del astro, al igual que la maquinaria humanitaria se resienten, ante tantas contiendas e incertidumbres. En consecuencia, la distensión es vital ante la riada de tragedias que nos afligen a diario por los espacios existenciales. Tenemos que entrar en razón, respirar profundo para poder elegir el camino del diálogo y la diplomacia, pues la quietud es precisa para la armonía y la común vocación de la familia humana. La locura de los enfrentamientos es la mayor torpeza de una generación, que tiene que ser instrumento de reconciliación, sobre cualquier acontecer. Sin duda, hemos venido a la tierra para realizar proyectos de vida, no de muerte, lo que debe hacernos detener la carrera armamentista y poner en el centro del quehacer asistencial a los más vulnerables.La estabilidad y la conciliación no se construyen, ni tampoco se reconstruyen, con amenazas de poder mutuas, ni con armas y sí con alma. Corazón a corazón es como se siembra lo verídico, la extensión de la mano y el abrazo sincero.&nbsp;Asumir esta responsabilidad moral, contribuirá a detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable.&nbsp;No repitamos los errores del pasado. Comencemos por incluir la gestión de recursos naturales en los acuerdos de paz, sancionando el comercio ilícito, sabiendo que la razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el bien común. En prenda de esta transparente colaboración global; y, como un estímulo para las buenas energías esparcidas, decir que un cosmos se renueva cuando dos se aman sin codicia.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HuU-BxKiaMDAa2G0Dz9_cOQThMA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Sólo una humanidad en la que reine el florecimiento de la adhesión y gobierne el estado virtuoso de manera social, podrá gozar de una paz auténtica y duradera”.]]>
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            Nos incumbe desarmarnos y amarnos;  para prevenir nuestro futuro en paz
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-DakghsH18mofD_BBkKG-XrUVdY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Debemos calmar los ánimos y colmarnos de paciencia, con lenguajes de concordia y abecedarios de apaciguamiento, para poder desarmarnos y tejer otro porvenir más armónico, con un quehacer además desprendido y un obrar clarividente. Hoy más que nunca, tenemos que ganar quietud en nuestro propio fuero interno y trabajar la transparencia del cantar de la vida, si en verdad queremos encender los corazones de afectos. Nadie puede ofrecer lo que no posee. Por ello, hemos de cultivar los acuerdos cada día, haciéndolos presencia y camino en nuestros andares. De lo contrario, se impregnará en nosotros un gran sentimiento de impotencia, ante el curso de los acontecimientos, cada vez más inciertos.&nbsp;Cuando convenimos la coalición entre cultos y culturas como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se activen las contiendas, e incluso que se fomenten las batallas para poner orden. No hay nada más mezquino que esta actuación guerrera. Como gentes de verso en verbo que debemos ser, la agresividad hay que destronarla de nuestros diarios existenciales; máxime sabiendo que cuando estallan los conflictos, los niños son los más afectados. Desde luego, la mejor protección es acabar con las guerras. Ojalá que sea el conocimiento y la comprensión, lo que se valore plenamente en todas las sociedades. Esto significa cumplir con las obligaciones del desarme, reconstruyendo la familiaridad y reforzando las atmosferas del entendimiento entre análogos.&nbsp;Fomentar la vía del diálogo en un mundo globalizado como el actual, es lo más acorde para no caer en una espiral destructiva, que nos deja sin conciencia en un territorio salvaje. No hay que ser el más león, sino el más conciliador. Se nos olvida que, buscando el bien de nuestros semejantes, también encontramos el nuestro. La bondad, más que ninguna otra cosa, es lo que mejor desarma a los hombres. Quizás, por eso, sea bueno a veces volvernos párvulos. Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Está visto que nada nos inquieta, como pensar en nuestros descendientes y en su fragilidad, hasta el extremo de hacernos más humanos y lúcidos, respecto a lo que permanece o a lo que pasa, a lo que da savia y a lo que provoca muerte.&nbsp;Sea como fuere, a poco que nos adentremos en la cotidianidad de nuestro mundializado diario, percibiremos que el sueño de la estabilidad y el equilibrio parece un imposible, puesto que cada aurora está todo más en peligro. El uso de armas nucleares está ahí, es el más grande en decenios. La crecida de tensiones tampoco cesa, llevándonos a un gasto militar que verdaderamente causa pavor. Lo mismo sucede, con el aluvión de oscuridades sembradas, a las que hay que añadirle todo tipo de armas que están proliferando y que, sumadas a las tecnologías emergentes, hacen que los trances sean aún más tóxicos. Ojalá aprendamos a discernir, comenzando por reconocer que una tregua internacional verdadera y constante no puede apuntalarse en el equilibrio de fuerzas militares, sino en la confianza recíproca.&nbsp;Es deseable que, cada espacio viviente, se convierta en un espacio habitable de convivencia; sin conveniencia, donde cada cual aprenda a reprenderse para poder desactivar la hostilidad, que reina y gobierna en muchas partes del planeta. La unión no es una utopía, se trata de comprometerse con el cumplimiento de las condiciones acordadas, para iniciar una alianza firme y amistosa; lo que conlleva tomar la cultura del abrazo, como senda de la mediación y sanación. Un espíritu reconciliado consigo mismo, sabe apaciguar también con los demás, y no levantar la espada de la discordia, que es lo que nos tritura el alma. Un nuevo orbe nace cuando dos seres se abrazan. Cultivemos esta hazaña, ¡amándonos! Venga a nosotros, pues, el pan de cada día con la paz en cada noche.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-DakghsH18mofD_BBkKG-XrUVdY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Fomentar la vía del diálogo en un mundo globalizado como el actual, es lo más acorde para no caer en una espiral destructiva, que nos deja sin conciencia en un territorio salvaje. No hay que ser el más león, sino el más conciliador”.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-03-05T16:00:00+00:00</published>
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            El dinamismo de nuestro período:  avanzar mientras nos renovamos
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Necesitamos movernos y removernos, pasar a la acción y no quedarnos pasivos ante un futuro que nos pertenece reconstruirlo y que depende de nuestro compromiso conjunto, para defender los derechos de cada ciudadano, en todas partes. La tarea no es fácil, pero tampoco nunca lo ha sido, lo que debe hacernos meditar en ese reencuentro de uno consigo mismo, junto a los demás, tomando la orientación debida y el orden preciso. Ciertamente, ahora que estamos globalizados, hemos de escucharnos mutuamente, proponer siempre y no imponer nada. Lo importante es que cada cual ordene su existencia y organice su vida, desde la inquebrantable consideración de hacerse valer y valorar, bajo el sustento de la búsqueda de dignidad, igualdad y justicia por parte de las personas.&nbsp;Nuestra época tiene que pasar de los hechos a la realidad, también de las palabras al combate, sin volver a la ley del más fuerte. Es público y notorio, que algunos utilizan su poder económico como arma; mientras otros, difunden desinformación para entretenernos mirando las musarañas, silenciándonos o arrinconándonos. Ante esta situación, únicamente la innovación puede mantenernos activos y no parados. No olvidemos que el avance radica en reverdecer. Lo que jamás será de recibo, es dejarse morir en vida y no brotar. Cada cual tenemos una misión y no podemos adormecerla, hay que darle continuidad a este proyecto viviente inspirado en el amor, sabiendo que la fe mueve montañas para proteger, defender y promover la concordia, el desarrollo y los derechos humanos.&nbsp;En efecto, abriendo el horizonte de lo armónico y comenzando por uno mismo, es como se entiende la creación de una Alianza Global, estimulada por los compromisos generales, de modo que constituya un dinamismo de constante renovación humana, espiritual, intelectual y social. Así, conseguiremos mantener la mente y el corazón en la dirección correcta, a pesar de las dificultades que la subsistencia puede depararnos. Destronemos, pues, de nosotros aquello que nos enemista. Seamos gente de palabra y de clemente ejercicio. Además, la crisis de confianza entre análogos, provocada por realidades inhumanas e inmorales que nos vertemos unos sobre otros, nos están dejando sin pulso ni aliento. Realmente, cuesta entender, la proliferación de absurdas contiendas y divisiones. No tiene sentido batallar con este tipo de lenguajes mortecinos y totalmente destructivos. Nos faltan ministerios de la paz para presentar una visión de un mundo mejor y nos sobran gabinetes de discordias. El peligro de crear un aluvión de descontroles con una Inteligencia Artificial sin control, nos excede, lo que generará aún más polarización y nuevas invasiones que ya no están verificadas por humanos. Sólo el rechazo de la deshumanización y del conformismo, nos servirán para reconciliarnos entre sí, pero no será fruto de negociaciones y acuerdos diplomáticos basados en intereses mundanos, sino en el desprendimiento de uno mismo, que es como realmente se afianzan la comunión de latidos.&nbsp;No hay otra dinámica, por ello, que la convivencia. Es lo que nos rehace los vínculos humanitarios y nos hace tronco pensativo. Bajo este retoño fraternal, comienza la verdadera transformación, porque nuestros progenitores no son únicamente engendradores de vida corporal, sino también cultivadores de alientos conjuntos, como la regeneración de un nuevo hálito, perpetuamente en ronda y en labor inspiradora. Sea como fuere, los individuos debemos continuar o emprender con determinación, el camino de la ejemplaridad, para llegar a ser cada día mensajeros de la aproximación, la ecuanimidad y el acuerdo. Desde luego, no hay mejor restauración de verbo, que cultivar el abrazo del verso; y, de esta manera, iluminarnos para atendernos y entendernos entre sí. &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/z0rm2pf0l7avHzgvv1qF8rscD_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Nuestra época tiene que pasar de los hechos a la realidad, también de las palabras al combate, sin volver a la ley del más fuerte”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-02-26T16:30:00+00:00</published>
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            Quien quita el riesgo, quita la caída
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-DakghsH18mofD_BBkKG-XrUVdY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A estas alturas existenciales no es fácil resistirlo todo, nadie está graduado en la cátedra viviente, pues la sorpresa siempre está ahí, con su aluvión de aguijones e impidiéndonos alzar el vuelo sin vacíos ni vicios. Los venenos nos acosan, en cualquier esquina, a la espera de nuestra debilidad. Por tanto, es fácil correr riesgos siguiendo los criterios del mundo, sustentados en el apego a las cosas, la desconfianza y la sed de poder mundano. Quizás deberíamos mirar con otros ojos, aquello que nos circunda; para ser más del cielo que de la tierra, aunque transitemos ahora por ella. Realmente, lo que nos embellece es la comunión de pulsos, el rehacernos a la métrica del verso, que es lo que nos injerta compañía y esperanza, jamás soledad, ni tampoco desesperación.&nbsp;A mi juicio, es muy importante trabajar las miradas, fomentar las escuchas, propagar la cultura del abrazo y reservarse de los peligros e inseguridades, que suelen dividirnos y enfrentarnos. Por eso, es trascendental tener tiempo para uno; y, así, poder reflexionar sobre nuestras propias huellas. Es el único modo de evitar las caídas, reforzando los innatos latidos que cada mortal lleva en su interior, como seres creativos que somos. &nbsp;Si no eres consciente de los trances y las inseguridades, puedes causar estragos. Sea como fuere, me parece muy oportuno que se reclame a gobiernos y a empresas, el establecimiento urgente de protecciones para evitar que la tecnología profundice la desigualdad, amplifique las simulaciones y genere daños en el corazón de las gentes.Salvaguardar nuestras místicas entretelas, es un modo de avivar el sentimiento cerebral y de intensificar el orbe del discernimiento, para vencer la oleada de tormentos que nos bañan a diario, a través del mar de los deseos. Hay que poner límites, comenzando por uno mismo. El camino de la dominación nos enfurece, en lugar de calmarnos; hemos venido a servir y no a ser servidos. El amor auténtico es lo único que nos salva. Nadie es más que nadie, ni menos que ninguno. Cada cual es un pulso necesario e imprescindible; pero, para ello, es menester trabajarlo todo con humilde creatividad y no utilizarlo para los oportunos intereses, para la propia gloria y el particular éxito. Vivir sin meditar es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno debe sentirse libre para crear y recrearse. Los ojos del espíritu son los que nos hacen resplandecer en este persistente valle de lágrimas; no permitamos que nos los corrompan. Las pruebas a las que la sociedad actual somete a los individuos de corazón y vida, son muchas y tocan la vida personal y social. Ciertamente, no es fácil oponerse públicamente a opciones que muchos consideran obvias, pero cuando se pierde el sentido místico se agranda la deriva, socavando no sólo el bienestar individual, sino también la cohesión social y el avance humano, deshumanizándonos por completo, lo que convierte la salud mental en una cuestión que afecta a todas las dimensiones de la vida. Indudablemente, para hacer frente a este reto, también ser requiere una voluntad colectiva.Quitemos el riesgo de las divisiones, destronemos las inhumanidades que a diario nos atrapan, para que el porvenir sea nuestro, que va a depender mucho de que la dicha anímica sea verdaderamente universal. Explorarnos internamente, no supone que debamos dejarnos invadir por los espejismos, las apariencias o las cosas materiales, lo que significa hacer espacio para bregar conjuntamente, que será de este modo como nos reencontraremos para poder modificar nuestro combate incorpóreo, renovando las promesas del verso que soy en el etéreo verbo. No olvidemos que estamos llamados a caminar por las sendas de la concordia, renovando la nítida inspiración celeste que somos, sabiendo que no hay mal que por bien no venga.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-DakghsH18mofD_BBkKG-XrUVdY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Salvaguardar nuestras místicas entretelas, es un modo de avivar el sentimiento cerebral y de intensificar el orbe del discernimiento, para vencer la oleada de tormentos que nos bañan a diario, a través del mar de los deseos”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-02-23T16:00:00+00:00</published>
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            Un camino compartido; de asistencia y existencia
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7nVQLI019_8O9SzbzyE4qWpdiYE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La vida, por sí misma, es un itinerario de apego a compartir con todo lo que nos rodea y hacia todo.&nbsp;Ojalá recobremos este impulso donante, sin interés alguno, con docilidad y sentimiento auténtico. Lo sustancial es sustraerse de lo maligno para volver al espacio del verso que somos; si en verdad queremos retornar al torno de la quietud y crecer corazón a corazón, acrecentando los vínculos místicos, que son realmente los que nos dan aliento y alimento para poder subsistir, dejándonos entrar en relación lírica con nuestros semejantes. Esto supone reorientarnos continuamente, creando una mano de obra tan veraz como tenaz y una sociedad tan equitativa como humana.&nbsp;De lo contrario, nos hundiremos en la inhumanidad permanente y en el desorden deshumanizante continuo.&nbsp;El cambio al llamamiento siempre está ahí, lo importante es la escucha y el discernimiento. Hacerlo con pasión es ya un gran avance, máxime en un tiempo en el que multitud de niños están obligados a vivir bajo tierra para sobrevivir a la guerra, o la afluencia de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que se enfrentan continuamente a violaciones sistemáticas y generalizadas de derechos humanos, originando incesantes desórdenes y violencias. Prestarle apoyo al clamor de los miles de oprimidos, aparte de ser una necesidad, es un deber; para dar comienzo a una historia de liberación, que no es un privilegio, sino un hábito que ha de lograrse.&nbsp;Ningún humano puede amar sus cadenas, aunque sean de oro puro, precisamos no ser esclavos y ser poesía; nunca poder, sino siervos.La pasividad es mal fundamento vital. Quien no ha compartido la disputa, compartirá la derrota. En efecto, somos caminantes de afectos, cultivados con níveo pulso. Proteger los andares y restaurarse de los tropiezos, requiere estar siempre en guardia, como un poeta, para no confundirnos de ritmos.&nbsp;Lo capital es dar prelación, tanto a las personas como al planeta. Las gentes que participan y expresan sus sentimientos se adaptan mejor al deseo de ser autónomos, sabiendo ser justos. Ahora bien, debido a esa comunión de latidos, nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean. &nbsp;Unirse y reunirse, por consiguiente, es fundamental; ya no sólo para reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, también para que no se quede sin respuesta su llamada.&nbsp;¡Triste época la nuestra! Es más fácil descomponerlo todo que componer bríos armónicos, quizás porque no activamos la caridad en nuestra propia casa y la justicia en la puerta de al lado.&nbsp;Personalmente creo, que nunca es tarde para reconstruirnos; empecemos por despojarnos de mundo, por abstenernos de utilizar vocablos o verter miradas que lastimen a nuestro prójimo.&nbsp;Tampoco hagamos juicios, cultivemos el abrazo como caricia y el acompañamiento como misión, sobre todo ante tantos modelos explotadores, que nos dejan sin aire. Situar la justicia social en el epicentro de las agendas políticas internacionales, nacionales y regionales; es un buen hacer para rehacerse como sociedad, ya que donde hay poca justicia es un peligro tener razón y adquirir recta conciencia.&nbsp;&nbsp;En suma, que todo parte de la estima y tiende al aprecio celeste, no a este coqueteo mundano que todo lo corrompe de falsedades y de comerciales prácticas, que nos amortajan hasta la ilusión de vivir y de injertarnos savia entre sí, incapacitándonos para entendernos y atendernos mutuamente. No olvidemos que auxiliando a los demás, descubrimos nuestra propia compasión.&nbsp;Este es un proceso que siempre está en camino: el amor de amar amor, jamás se da por concluido y completado.&nbsp;De aquí deriva, para toda la humanidad, el deseo de cooperar entre sí y de no caer en la desolación, que suele originar la indiferencia y el abandono a quererse de verdad. Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia al análogo, que enamorarnos de la existencia correspondida. &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7nVQLI019_8O9SzbzyE4qWpdiYE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/20_cORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Prestarle apoyo al clamor de los miles de oprimidos, aparte de ser una necesidad, es un deber; para dar comienzo a una historia de liberación, que no es un privilegio, sino un hábito que ha de lograrse”.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-02-19T16:00:00+00:00</published>
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