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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-07-11T09:15:04+00:00</updated>
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            El fútbol como teatro de la vida
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                <![CDATA[Sergio Brodsky]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8IefBQzNNDG1peGC35B7WIOkUmA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_brodsky_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El hincha de fútbol es un espectador de ese tipo, no es ajeno a la representación, por el contrario, forma parte de ella. En el teatro, o en el cine, la identificación con los personajes nos hace reír o llorar, pero guardamos la distancia, sabemos que lo que se desarrolla en el escenario o en la pantalla es un “como sí”, incluso podemos reflexionar acerca de los motivos por los que nos emocionamos. Al contrario, en el hincha hay una identificación masiva, no es que el equipo lo representa, es él. Soy argentino dice. Es el mecanismo que posibilita&nbsp;compensar frustraciones e infortunios, si nos sentimos, por un rato, los mejores del mundo. La motivación máxima de la contienda, es la tensión de la incertidumbre que lo vuelve epopeya o tragedia en un segundo. Es una obra sin guión, se va escribiendo al instante, con el público como parte fundamental, con un rol protagónico. El pensamiento mágico intenta controlar el destino con cábalas y supersticiones. Un segundo, una milésima de segundos, da paso a la alegría exultante o a la depresión más desgraciada, aún más un desahogo bestial puede ser recusado inmediatamente por el VAR. Literalmente, fuera de juego. En nuestro país el estereotipo del hincha se construyó definitivamente en la película del mismo nombre, protagonizada por Enrique Santos Discépolo, estrenada en 1951, poco antes de su triste muerte. &nbsp;Es la historia del ñato, trabajador mecánico, hincha fanático de fútbol que encuentra el sentido de su vida en alentar a su club Victoria, al punto de postergar indefinidamente el casamiento con su eterna novia: “primero son los colores del club, después los macaneos amorosos”. Al límite de la alienación, el ñato dice: “Y para qué trabaja uno sino es para ir los domingos y romperse los pulmones a las tribunas hinchando por un ideal? ¿O es que eso no vale nada? ¿Qué sería del futbol sin el hincha? El hincha es todo en la vida”. &nbsp;El futbolista, como el otro protagonista del drama, asume, a su vez, el rol adjudicado, de ídolo o chivo expiatorio. Será héroe o villano en cuestión de minutos. Es, además, como Garibaldi, el centrorfoward que murió al amanecer, un esclavo multimillonario, una pobre mercancía. A veces el cautivo se revela. Se cansa y rompe las cadenas, como&nbsp;Mbappé&nbsp;que se ha negado a participar de las publicidades de juego virtual o de comida chatarra. La ludopatía destruye la vida de demasiados jóvenes, sobre todo los más humildes, como los habitantes de su barrio de origen, ha dicho, como para prestarse a esa obscenidad. No tengo dudas que Diego se hubiera alineado a esos principios, sin embargo, han mancillado su imagen. &nbsp;En este mundial que se presenta como un teatro de la vida, una de las formas de la epopeya más celebrada&nbsp;ha sido la resistencia a la opresión como forma de la dignidad, signo saludable. Es el caso de Cabo Verde o de Paraguay. Los africanos por ejemplo han hecho un gran quilombo contra los españoles que no lograron doblegarlo. &nbsp;Los paraguayos se defendieron hasta el triunfo frente a Alemania y perdieron con Francia por la mínima. Fueron vencidos, pero no derrotados como en la épica resistencia de la triple infamia cuyos ecos reaparecen fantasmales como marca de identidad guaraní, en el honor y el heroísmo. Otro que se introdujo en una especie de shakesperiana &nbsp;escena sobre la escena fue Trump, exhibiendo el triste papel de quien no respeta las reglas del juego, interponiendo &nbsp;su obsceno poder para anular una decisión arbitral, para negar la ley &nbsp;e imponer su bárbaro capricho, reponiendo un jugador expulsado y para que no faltara títere sin cabeza se coló su director técnico, un argentino que olvidó su idioma en el cenit del retablo, muñeco de trapo postulado para el Oscar de la entrega y el cipayismo, con grandes chances de un triunfo patético. Cómo será de fascinante el fútbol que nos atrapa sin importarnos que el&nbsp;principal país organizador secuestra Presidentes, bombardea criminal&nbsp;países para saquearlos, prescindiendo de las leyes y violando soberanías, una tragedia mundial posibilitada por el silencio cómplice de la mayoría, empezando por la FIFA, que excluyó a Rusia por estar en guerra con Ucrania en un cínico doble estándar a la vista de todos. &nbsp;Todo muy actual y sin embargo, no es la primera vez que la función del abuso, de la destrucción de la legalidad, se filtra en el teatrillo del deporte. &nbsp;En el mundial del 1934 Mussolini apretó árbitros y jugadores para que Italia saliera campeón, nacionalizó estrellas como Luis Monti, un crack&nbsp;argentino subcampeón del 30, que declaró más tarde que “si ganaba en Montevideo me mataban, y si perdía en Italia, me mataban”. Más cercana en el tiempo y en la tristeza está la imagen de Videla, el genocida argentino, entrando al vestuario de la selección de Perú minutos antes del partido en el que nuestra selección tenía que ganar por cuatro goles y finalmente hizo seis. Fue un mundial aprovechado por la propaganda oficial para ocultar, con la pasión del fútbol, los secuestros, las torturas y las desapariciones que tenían lugar a pocas cuadras del Estadio.Por último, como si no bastara que la dimensión lúdica apenas disimule el carácter trágico de estos acontecimientos, el martes pasado la selección argentina produjo una obra maestra del suspenso que dejó al borde del infarto a sus hinchas. Puso en escena una alegoría magistral de nuestro momento histórico, de nuestra tragedia y de nuestra esperanza. Hundidos en la desazón que parecía definitiva, el equipo remontó una derrota en diez minutos. Esa limpia metáfora de la resiliencia frente a las adversidades más terribles, nos señala un camino en estas horas tan difíciles, tan dolorosas que vive y que muere, el pueblo argentino. Fui a la plaza y vi a la gente saltando y gritando, la alegría y la fiesta, la expansión y el desahogo, gente feliz por un rato. Mientras me dejaba arrastrar por la danza gozosa y desordenada, exultante y eufórica, embriagada de ilusión, pensé en la pobreza, en los trabajadores despedidos de la municipalidad, pensé en el gordo pobre gordo que está cana, en su suerte, en su destino como desamparo, en todos los presos de la pobreza, de la injusticia, en un país donde la corrupción del Poder se burla en cascadas, vi risas y llantos desencajados, pensé en la felicidad y en el hambre, pensé en que la alegría, el encuentro, el abrazo con el otro descontrolado, la resistencia, la lucha y la esperanza, es el horizonte que nos espera, pensé en la fe que nos debemos para revertir la derrota que sufrimos día a día. Pensé que jugamos de nuevo hoy sábado, que tal vez otra vez sintamos esa unidad maravillosa que nos hermana, en esa ilusión del fútbol que nos desafía a convertir en realidad. Salté, me abracé y pensé que hoy volvemos a jugar. Reí, me abracé y grité ¡Vamos Argentina! Que la victoria está cerca, está llegando.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8IefBQzNNDG1peGC35B7WIOkUmA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_brodsky_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El gauchaje salta al escenario, faca en mano, para defender a Juan Moreira. Como el Sargento Cruz, no consienten que se mate así a un valiente. La obra de teatro, desarrollada en el medio del campo, culmina abruptamente con el forcejeo entre actores y público. Es una anécdota que narra Moffatt en “Psicoterapia del oprimido”.]]>
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                <published>2026-07-11T09:15:00+00:00</published>
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            Cuando Argentina juega unida
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                <![CDATA[Álvaro Sierra]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-EEjohqVGiNiJxTNxNBWwHtmvbg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/cdor_alvaro_sierra.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ese fenómeno no se explica solamente por el fútbol. El fútbol es apenas el disparador visible de algo mucho más profundo. Lo que aparece en esos días es una identidad colectiva que muchas veces permanece escondida bajo la superficie de la discusión cotidiana. El Mundial nos recuerda que, cuando tenemos un objetivo común, los argentinos tenemos la capacidad de emocionarnos juntos, organizarnos espontáneamente, acompañarnos y celebrar sin preguntarle al otro de dónde viene ni qué piensa.Pero lo más valioso no sucede únicamente dentro de la cancha. Sucede afuera. En las calles, en las plazas, en las avenidas, en los barrios, en las familias, en los comercios, en los lugares de trabajo. Las caravanas y los festejos muestran una Argentina distinta. Jóvenes ayudando a cruzar a personas mayores para que puedan sumarse a la celebración. Gente haciendo lugar para quienes tienen dificultades de movilidad. Familias enteras compartiendo una bandera. Desconocidos abrazándose por un gol. Personas que jamás se habían visto compartiendo una sonrisa sincera.Es como si, por un instante, recordáramos quiénes somos realmente. Entonces surge una pregunta inevitable: si somos capaces de convivir así durante un Mundial, ¿por qué nos cuesta tanto hacerlo el resto del tiempo?</p><p>La Argentina tiene una enorme capacidad para unirse detrás de una ilusión deportiva, pero una enorme dificultad para construir acuerdos duraderos en torno a sus problemas estructurales. Nos emocionamos juntos con una camiseta, pero nos dividimos rápidamente cuando hay que discutir educación, trabajo, seguridad, impuestos, deuda pública, infraestructura, producción o desarrollo. Allí donde deberíamos construir políticas de largo plazo, muchas veces caemos en la lógica del enfrentamiento permanente.Uno de los grandes problemas nacionales ha sido haber reemplazado el debate por la pertenencia. En demasiadas ocasiones no analizamos las ideas por su contenido, sino por quién las propone. Aplaudimos o rechazamos según el color político, no según la razonabilidad de la propuesta.&nbsp;Esa forma de convivencia pública tiene costos enormes. No solo deteriora la calidad institucional. También afecta la economía, las finanzas públicas y la vida cotidiana de la gente.</p><p>Porque la economía no se ordena únicamente con medidas técnicas. También necesita confianza. Y la confianza requiere previsibilidad, diálogo, reglas claras y acuerdos mínimos.&nbsp;Ningún país logra desarrollarse si cada cambio de gobierno implica empezar de cero, deshacer todo lo anterior y construir un relato nuevo como si la historia comenzara otra vez. Ninguna sociedad puede progresar si convierte cada discusión pública en una batalla entre vencedores y vencidos.La Argentina necesita consensos básicos. Consensos sobre la estabilidad macroeconómica, la responsabilidad fiscal, la calidad del gasto público, la educación, la infraestructura, la producción, el empleo privado, el federalismo, la seguridad jurídica y la inserción inteligente en el mundo. No se trata de que todos pensemos igual. Eso sería imposible y, además, indeseable. Se trata de aceptar que existen temas que deberían estar por encima de cualquier gobierno y de cualquier coyuntura electoral.</p><p>En materia fiscal, por ejemplo, el país arrastra desde hace décadas una discusión pendiente. Hemos tenido ciclos de expansión del gasto sin financiamiento genuino, períodos de endeudamiento excesivo, ajustes abruptos, presión tributaria mal distribuida, inflación persistente y una enorme dificultad para transformar los recursos públicos en servicios de calidad.&nbsp;Un país serio no puede discutir sus cuentas públicas cada cuatro años como si fueran un botín electoral. La responsabilidad fiscal debería ser una política de Estado. Pero también debería serlo la sensibilidad social. Ordenar las cuentas no puede significar abandonar a los sectores más vulnerables. Y sostener políticas sociales no puede ser excusa para destruir el equilibrio fiscal.La verdadera discusión está en encontrar un Estado que sea financieramente responsable, socialmente presente y administrativamente eficiente.</p><p>La Argentina ha sufrido tanto por el despilfarro como por los ajustes mal diseñados. Ha conocido gobiernos que gastaron más de lo que podían y gobiernos que, en nombre del orden fiscal, descuidaron áreas estratégicas para el desarrollo. La salida no está en elegir entre Estado ausente o Estado desordenado. La salida está en construir un Estado inteligente, moderno, transparente, que mida resultados y que ponga los recursos donde realmente generan valor público.Lo mismo ocurre con el sistema tributario. Hace años que se habla de la necesidad de una reforma integral, pero casi nunca se avanza con la profundidad necesaria. Argentina tiene una estructura impositiva compleja, distorsiva y muchas veces injusta. Se grava demasiado a quienes producen, trabajan y cumplen, mientras amplios sectores quedan fuera del sistema o encuentran formas de eludirlo. La carga tributaria termina afectando la inversión, la formalización del empleo y la competitividad.También necesitamos consensos sobre la inversión pública. Durante años, la obra pública fue usada muchas veces como herramienta electoral, con proyectos anunciados, demorados, paralizados o ejecutados sin planificación. Pero un país no se desarrolla sin infraestructura. Rutas, puertos, energía, conectividad, saneamiento, viviendas, escuelas, hospitales y logística son condiciones básicas para crecer. La discusión no debería ser obra pública sí u obra pública no. La discusión seria es qué obras, con qué financiamiento, con qué controles, con qué prioridades y con qué impacto productivo y social.</p><p>El Mundial nos muestra algo que la política y la economía deberían aprender: cuando el objetivo es claro, todos entendemos el rol que nos toca. Nadie le pide al arquero que juegue de delantero ni al defensor que haga lo que corresponde al técnico. Hay estrategia, preparación, liderazgo, equipo y confianza. Cada uno cumple una función, pero todos comparten una misma meta.En la vida pública debería ocurrir algo parecido. El sector privado tiene un rol central en la generación de empleo, inversión e innovación. El Estado debe crear condiciones, regular con inteligencia, garantizar derechos, invertir en infraestructura y asegurar servicios públicos de calidad.&nbsp;Las universidades deben aportar conocimiento, investigación y formación. Los sindicatos deben defender derechos laborales, pero también participar de una discusión moderna sobre productividad y empleo.&nbsp;Las organizaciones sociales deben ser parte de la reconstrucción del tejido comunitario. Los medios de comunicación deben informar, controlar y promover debates honestos. La ciudadanía debe involucrarse más allá del enojo circunstancial.Nadie puede ganar solo el partido del desarrollo.</p><p>La Argentina tiene recursos naturales, talento humano, capacidad productiva, creatividad, ciencia, cultura, turismo, energía, campo, industria y una sociedad solidaria que el mundo admira cada vez que llega un Mundial. Pero todo ese potencial necesita ordenarse detrás de un proyecto común.&nbsp;Quizás el verdadero desafío no sea ganar otra Copa del Mundo. Quizás el desafío sea conservar ese espíritu cuando el árbitro marca el final del partido.</p><p>Porque el país no va a salir adelante por la voluntad de un solo dirigente, de un solo partido, de un solo sector o de una sola generación. La salida será colectiva o no será. El día que entendamos que pensar distinto no significa ser enemigos, que reconocer un acierto ajeno no implica renunciar a las propias ideas y que el bien común debe estar por encima de cualquier fanatismo, habremos dado un paso más importante que cualquier victoria deportiva.</p><p>Cuando Argentina juega unida, demuestra que puede lograr cosas extraordinarias. La pregunta es si estaremos dispuestos a hacer lo mismo cuando el partido más importante no se juegue en una cancha, sino en el futuro del país y de nuestra propia ciudad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-EEjohqVGiNiJxTNxNBWwHtmvbg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/cdor_alvaro_sierra.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Hay algo profundamente argentino que ocurre cada vez que la Selección disputa un Mundial. De pronto, durante noventa minutos, desaparecen diferencias que durante el resto del año parecen insalvables. Ya no importa si uno es de Boca, River, Racing, Independiente, San Lorenzo o del club del barrio. Tampoco importa la provincia, la profesión, la edad, la condición social o la mirada política. Por un rato, todos tiramos para el mismo lado.]]>
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                <published>2026-07-11T04:30:00+00:00</published>
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            El eterno retorno del riesgo político
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                <![CDATA[Cristhian Leonardo Blanc]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jlFEauGg-XCHDEMHXi-UzYalQPE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/crisis_politica.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las buenas noticias macrofinancieras recientes&nbsp;Tras una exitosa operación de refinanciamiento, el Gobierno nacional despejó dudas acerca de los compromisos financieros del año corriente, y allana el camino para poder honrar los casi USD 25.000 millones de vencimientos correspondientes a 2027. La reacción inicial del mercado fue positiva, llevando el riesgo país hacia los 400 puntos.&nbsp;A su vez, las reservas netas, es decir aquellas consideradas de libre disponibilidad por parte del Banco Central, rozaron los USD 10.000 millones según estimaciones privadas. Cifra similar a los USD 10.500 millones que se calcula, ha dejado la administración anterior, excepto por el detalle nada menor de que en este último caso se trataba de una magnitud negativa. Por lo tanto, la recomposición de reservas en términos netos habría superado los USD 20.000 millones.</p><p>¿Y esto al comerciante o trabajador corriente qué?Es entendible que, quienes están al frente de un establecimiento comercial o industrial que aún no haya logrado despegar tras el ajuste fiscal y monetario, o aquellos que perciben que su salario continúa rezagado, se pregunten qué sentido tienen las mejoras mencionadas en reservas, capacidad de pago de los vencimientos del Tesoro y riesgo país, así como las referidas a resultado fiscal, nivel de exportaciones, entre otras ligadas a la macroeconomía, si su situación sigue atravesando serias dificultades.&nbsp;Aunque cueste verlo reflejado en lo inmediato, si la macroeconomía ostenta mejoras tan pronunciadas, el aterrizaje a la economía del día a día o “de la calle” como suele decirse, debería llegar más temprano que tarde. En efecto, una buena posición en reservas transmite confianza a inversores, la baja del riesgo país disminuye el costo de endeudamiento para gobierno y empresas, y las exportaciones que se proyectan en más de USD 90.000 millones anuales permiten un importante flujo de divisas necesario para la estabilidad cambiaria y la fortaleza de nuestra moneda.&nbsp;Hasta allí vemos razones tangibles para ser optimistas entendiéndose, por supuesto, que el proceso de transición resulta harto dificultoso para gran parte de la población. Pero, al analizarse las dificultades, no debe omitirse un gran problema adicional, histórico y recurrente, el cual está ligado a la volatilidad de la política argentina.</p><p>La dominancia del riesgo políticoA diferencia de nuestros vecinos uruguayos y chilenos, cuya alternancia entre gobiernos de izquierda y de derecha no suelen implicar cambios institucionales ni disrupciones bruscas respecto al manejo de las finanzas públicas, aquí cada elección se vive con más tensión que una final de un campeonato mundial de fútbol.&nbsp;Nótese lo ocurrido en la previa de las elecciones legislativas del año pasado: la posibilidad de un amplio triunfo de la oposición impulsó la búsqueda masiva de refugio en el dólar, las tasas de interés se elevaron fuertemente para tratar de tentar a los ahorristas y disuadirlos de adquirir más divisas. Esta suba de tasas generó efectos contractivos en el crédito y la actividad, lo que disparó el nivel de morosidad y, si bien era previsible una consecuencia negativa en la situación crediticia de familias y empresas, la alternativa de defender la moneda con un contundente sacrificio de reservas no lucía menos peligrosa.</p><p>La cotización del dólar subió, y con ello la inflación. Esto llevó a que algunos opinadores, incluso con cierta formación, cuestionaran el carácter monetario del fenómeno inflacionario. Pues si la inflación se produce por exceso de oferta monetaria como dice el presidente, ¿por qué subieron los precios ante la contracción monetaria? La respuesta es simple: el valor del peso está dado por la interacción de su oferta y de su demanda, y no sólo en lo que respecta a su oferta como suele percibirse. La oferta puede contraerse, pero una retracción de la demanda hacia nuestra moneda puede llevar a elevar los niveles de inflación. Eso fue lo que ocurrió, ya que una corrida hacia el dólar es la contracara de una menor demanda de pesos.</p><p>¿Por qué el temor a un triunfo opositor genera huida del peso?A diferencia de lo mencionado acerca de nuestros vecinos, en este país de tango y campeones mundiales de fútbol, un triunfo opositor genera el temor a un cambio disruptivo en el rumbo adoptado por la gestión en curso. Ese temor tiene merecido fundamento cuando los líderes opositores adoptan posiciones discursivas contrarias a la importancia del equilibrio fiscal e irresponsables respecto al cumplimiento de los compromisos financieros.&nbsp;La vuelta al déficit fiscal y un posible default llevarían a una corrida contra el peso, a la emisión monetaria inflacionaria y a una grave crisis de confianza. Incluso el economista Sergio Chouza, muy crítico de la actual gestión económica, reconoció en radio, para sorpresa de sus entrevistadores, que ante un eventual triunfo de Axel Kicillof en las elecciones presidenciales, vendería los bonos argentinos que tiene en cartera para comprar dólares. En sus propias palabras: “Si tengo bonos y gana Kicillof, obvio que los vendo antes y compro dólares, yo lo voto, pero bueno... vivo de esto”.&nbsp;Resulta indispensable el logro de un firme consenso respecto a mantener una responsable continuidad institucional, en la cual el equilibrio fiscal, la independencia del Banco Central, así como la firme disposición a honrar los compromisos de deuda, trasciendan el nombre del eventual ganador de cada próxima elección.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jlFEauGg-XCHDEMHXi-UzYalQPE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/crisis_politica.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras el ministro Caputo exhibe mejoras destacadas en el orden de las finanzas públicas, existen importantes sectores que aún no logran traccionar. En esta nota se abordará el impacto negativo en la economía del denominado “riesgo político” argentino.]]>
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                <published>2026-07-11T04:15:00+00:00</published>
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            Mientras Argentina ilusiona en el Mundial, la AFA enfrenta un nuevo partido fuera de la cancha
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hLhGwGrVmoWKWiHjmJZgHKW1AjY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/afa_mundial.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Según reveló el periodista de Hugo Alconada Mon, fiscales federales y agentes del FBI comenzaron a tomar testimonios vinculados con el manejo de fondos de la entidad que conduce Claudio Tapia.</p><p>La pesquisa, que habría tenido una reunión reservada de casi tres horas la semana pasada, pone el foco sobre movimientos por alrededor de 260 millones de dólares y, según la información publicada, unos 57 millones cuya justificación estaría siendo analizada.</p><p>Entre las hipótesis que investigan los funcionarios estadounidenses figuran presuntas maniobras de fraude y lavado de dinero. &nbsp;</p><p>No es la primera vez que el fútbol mundial queda bajo la mirada de la Justicia estadounidense.</p><p>En mayo de 2015, una investigación encabezada por el Federal Bureau of Investigation y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos sacudió a la FIFA.</p><p>Varios dirigentes fueron detenidos en un hotel de Zúrich, acusados de integrar una estructura de corrupción vinculada al cobro de sobornos por derechos comerciales, marketing y televisación de torneos internacionales.</p><p>Aquella causa terminó con decenas de dirigentes procesados o condenados, millonarios decomisos de dinero y una profunda crisis institucional que derivó en la salida del entonces presidente de la FIFA, Sepp Blatter, además de reformas en los mecanismos de control del organismo.</p><p>Por el momento, no trascendió que existan acusaciones formales contra la AFA o sus autoridades en esta nueva pesquisa.&nbsp;Sin embargo, la sola intervención de fiscales federales y del FBI vuelve a colocar al fútbol argentino bajo un escenario de máxima atención internacional, justo cuando la Selección concentra todas las miradas por su desempeño en el Mundial.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hLhGwGrVmoWKWiHjmJZgHKW1AjY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/afa_mundial.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La investigación sobre las finanzas de la AFA volvió a instalarse en Estados Unidos.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-08T06:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-07-08T06:30:00+00:00</published>
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            ¿Faraones de arena o amenaza real? Radiografía de Egipto, el rival de la Argentina en octavos de final
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rjXHN3Z4T0StzLNAQg4RR0s9daI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_mundial.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Egipto clasificó a este Mundial dominando las Eliminatorias de la Confederación Africana de Fútbol (CAF). Tras quedarse afuera de Qatar 2022 de forma dramática, la selección de los “Faraones” armó un proceso sólido basado en la contundencia ofensiva y la madurez de su vieja guardia para asegurar uno de los cupos directos de África sin pasar mayores sobresaltos. En el Grupo A de la clasificación de la CAF, su rendimiento fue demoledor y rozó la perfección, obteniendo el pasaje de manera invicta.Cosechó 26 puntos de 30 posibles, firmando un récord de ocho victorias, dos empates y ninguna derrota. Anotó 20 goles a favor y recibió apenas dos en contra (+18 de diferencia de gol). El segundo lugar lo ocupó Burkina Faso con 21 puntos, selección que quedó marginada de la cita mundialista al no posicionarse entre los mejores segundos para acceder al repechaje.</p><p>La actuación de los&nbsp;“Faraones” en la Copa del Mundo 2026Egipto llega invicto a estos octavos de final tras disputar partidos de alta tensión emocional y mucha paridad:* Partido 1: Empate 1–1 ante Bélgica. Fue un encuentro sumamente táctico donde Egipto sorprendió abriendo el marcador gracias a un potente remate de Emam Ashour. Aunque dejó escapar el triunfo sobre el final ante el empuje belga, plantó cara frente a una potencia europea y sumó un punto fundamental.* Partido 2: Victoria 3–1 frente a Nueva Zelanda. Un triunfo clave que encarriló su rumbo. Aunque costó destrabarlo por el trámite parejo, la jerarquía individual y el peso de su ataque en el tramo final estiraron la ventaja y le dieron tranquilidad al equipo.* Partido 3: Empate 1–1 contra Irán. Resultado estratégico que los clasificó en el segundo puesto del Grupo G. Fue un duelo dramático en Seattle: Egipto se puso en ventaja a los 5 minutos con gol de Mahmoud Saber tras una gran asistencia de Mohamed Salah. El arquero Mostafa Shobeir le atajó un penal a Mehdi Taremi, pero Irán logró empatarlo. Sobre el final, el VAR salvó a los africanos anulando un gol iraní por un fuera de juego milimétrico. Avanzaron con 5 puntos al igual que Bélgica, que se quedó con el liderazgo por diferencia de gol.* Partido 4: Empate 1–1 (victoria 4–2 en penales) ante Australia. Un cruce durísimo en Dallas por los 16avos de final. Los egipcios abrieron el marcador a los 13 minutos con gol de Emam Ashour, pero sufrieron el empate tras un gol en contra y no lograron sostener la ventaja. Luego de un alargue de puro desgaste físico, la serie se definió desde los doce pasos. Allí, Egipto demostró una enorme templanza mental al no fallar ningún remate (con Mohamed Salah picando su ejecución con maestría), mientras que los oceánicos erraron dos.</p><p>Esquema táctico y puntos fuertesEl director técnico Hossam Hassan, de 59 años, ha consolidado un sistema base 4-2-3-1 muy elástico, que muta a un bloque bajo y compacto de 4-4-2 al replegarse sin la pelota.Su principal arma es el contragolpe. Es un equipo que se siente cómodo cediendo la posesión (algo que ante Argentina va a profundizarse) para activar transiciones rápidas y verticales en cuanto recupera el balón. Sus mayores virtudes se despliegan por las bandas: mantienen el orden defensivo y, tras la recuperación, buscan amplitud con sus extremos para estirar a las defensas rivales y generar desmarques al espacio.Hasta estas instancias, han demostrado un gen competitivo tremendo en los momentos límite. Contra Australia exhibieron una gran resistencia física en el tiempo suplementario y efectividad en la tanda de penales, dos factores clave a tener muy en cuenta.</p><p>Las figuras del equipo* Mohamed Salah: Su figura indiscutida. A pesar del paso de los años, sigue siendo la bandera futbolística y espiritual del equipo. Su sola presencia arrastra marcas, genera pánico en velocidad y jerarquiza cada ataque.* Omar Marmoush: El delantero del Manchester City no ha marcado goles en el Mundial, pero es una pieza clave en el esquema. Aporta velocidad y desequilibrio por los extremos, es movedizo, técnico y dueño de un tremendo cambio de ritmo.* Emam Ashour: El mediocampista ofensivo llega encendido tras marcar frente a Australia. Aporta la cuota de llegada al área desde atrás y claridad en tres cuartos de cancha.* Mostafa Shobeir: El arquero titular ha respondido con seguridad y personalidad en los momentos más calientes de la copa.</p><p>El nuevo rol de Mohamed SalahHistóricamente, Salah jugaba recostado sobre la banda derecha para enganchar hacia adentro. Sin embargo, en esta Copa del Mundo, Hassan ha sorprendido moviéndolo a una posición mucho más central, libre como un “falso 9” o una especie de mediapunta clásico por detrás de Marmoush.¿Qué procura el DT egipcio con esta nueva disposición táctica? Liberar a Salah de la obligación de retroceder por la banda y ponerlo de cara al arco en zonas críticas. Esto genera que arrastre de forma permanente a los defensores centrales, abriendo pasillos para que los volantes y extremos rompan en velocidad hacia el espacio.</p><p>¿Faraones de arena o amenaza real?En las instancias definitorias todos los rivales son de cuidado y tienen méritos para estar donde están. Por supuesto que existen selecciones más accesibles que otras, pero el fútbol es impredecible y Egipto merece respeto. Los dirigidos por Scaloni no pueden permitirse ninguna subestimación, especialmente tras lo sufrido en el partido contra Cabo Verde.En la previa de aquel encuentro ante los caboverdianos, el análisis anticipaba un desarrollo difícil, con un rival abroquelado atrás que contragolpearía al menor descuido. Se preveía que Argentina podría vencer el cerrojo atacando por las bandas, emulando la fórmula con la que la Selección de Uruguay —encontrándose en desventaja— logró destrabar un planteo similar sobre el final del primer tiempo; una propuesta sustentada en más empuje que juego lírico, pero que, sin embargo, dio sus frutos.Se esperaba que la jerarquía, los pases quirúrgicos de De Paul para Messi o la gambeta de potrero de Almada fueran decisivos frente a Cabo Verde. Sin embargo, aunque la Albiceleste controló el balón, el traslado fue por momentos lento, cansino y repetitivo hacia los costados, buscando una brecha que no aparecía, al punto de que la victoria terminó apoyándose en destellos individuales.El propio Carlo Ancelotti dejó una advertencia el pasado 19 de junio al analizar el torneo: “He visto equipos no favoritos que juegan muy bien al fútbol, que juegan un fútbol de intensidad. Yo creo que va a ser un Mundial de alta intensidad (...) Teniendo en cuenta que, por ejemplo, Argentina no juega un fútbol de alta intensidad; maneja muy bien, pero hay equipos que han destacado mucho peleando mucho, defendiendo muy agresivo”.Ante la reciente eliminación de Brasil, muchos podrían desestimar la palabra del entrenador italiano argumentando que su propia selección no avanzó. Pero en el fútbol, como en la vida, se gana y se pierde, y su análisis es un llamado de atención valioso: los puntos débiles solo se revierten con objetividad y humildad; de lo contrario, llegan las derrotas dolorosas.Egipto se siente cómodo sin el balón. Ante una Selección Argentina que suele adueñarse de la posesión, el libreto de los Faraones se va a agudizar: apostarán a un bloque bajo y agrupado, esperando el error en la entrega de la Scaloneta para activar réplicas a máxima velocidad, aprovechando la potencia de Marmoush y la lucidez de Salah en los últimos metros.</p><p>La mesa está servida en Atlanta. Argentina tiene el protagonismo y la obligación; Egipto, la paciencia y el contragolpe letal. En noventa minutos (o quizás más), la Scaloneta deberá demostrar que aprendió la lección de los partidos previos si no quiere que el sueño del Mundial se estrelle contra la muralla de unos Faraones que están listos para demostrar que son una amenaza real.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rjXHN3Z4T0StzLNAQg4RR0s9daI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_mundial.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hoy a las 13 horas, la Selección Argentina conducida por Lionel Scaloni enfrentará a Egipto en los octavos de final de la Copa del Mundo en la ciudad de Atlanta, Estados Unidos.]]>
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                                                <category term="mundial-2026" label="Mundial 2026" />
                                <updated>2026-07-07T04:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-07-07T04:30:00+00:00</published>
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            El arzobispo de Buenos Aires pidió mayor compromiso ante la falta de trabajo y la pobreza
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/joUGCBypDkt-usDVqJHrCpWQv3U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/arzobispo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pidió este sábado fortalecer el compromiso para aquellos ciudadanos que padecen actualmente "el agobio de la falta de trabajo y la aflicción de la pobreza", durante la homilía que brindó en una iglesia del barrio porteño de Belgrano."No queremos ser indiferentes, no queremos que nos ganen la crueldad y el individualismo", afirmó García Cuerva, quien celebró la misa junto al obispo de La Rioja y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Dante Braida, según supo la agencia Noticias Argentinas.Durante su alocución, el arzobispo remarcó la necesidad de acompañar a quienes sufren "el agobio de la falta de trabajo, la aflicción de la pobreza, el dolor de los enfermos, la soledad de nuestros abuelos, el sufrimiento de quienes están a la intemperie en las calles de la ciudad".García Cuerva encabezó la misa en la Iglesia San Patricio de Belgrano, al cumplirse 50 años del asesinato de los curas palotinos -tres sacerdotes y dos seminaristas-, un hecho atribuido a las fuerzas vinculadas al gobierno mlilitar, que llevaba unos pocos meses en el poder tras el golpe de Estado de marzo de 1976.En ese sentido, expresó que "su delito fue pregonar el Evangelio a destiempo, defender la vida y la dignidad humana", al referirse a los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, acribillados en la madrugada del 4 de julio de aquel año dentro del templo."La alfombra roja manchada de sangre nos recuerda el costo de esa fidelidad. Cinco vidas, tres sacerdotes y dos seminaristas, que esa noche de julio vieron interrumpida su entrega por el odio y la violencia ciega. Y no fue la muerte de individuos aislados; fue el testimonio de una comunidad, de una fraternidad que incomodó al poder de turno porque vivía el Evangelio sin anestesia", concluyó.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/joUGCBypDkt-usDVqJHrCpWQv3U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/arzobispo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El arzobispo porteño encabezó una misa para recordar el asesinato de cinco curas palotinos en 1976. Remarcó la necesidad de acompañar a quienes sufren "el agobio de la falta de trabajo y la aflicción de la pobreza".]]>
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                                <updated>2026-07-06T22:00:06+00:00</updated>
                <published>2026-07-06T22:00:00+00:00</published>
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            Más vueltas que una oreja
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/religiosas/mas-vueltas-que-una-oreja" type="text/html" title="Más vueltas que una oreja" />
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        <author>
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                <![CDATA[Monseñor Jorge Eduardo Lozano]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-pqB_Ji59VGC8dmE14r2S_lMSvk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/lozano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La experiencia de la infancia me lleva a reflexionar sobre cuántas veces, en la vida de fe, hacemos lo mismo: damos vueltas, buscamos explicaciones, nos enredamos en razonamientos cuando, en realidad, lo que Dios nos pide es sencillez. Un corazón sencillo es aquel que no se complica, que se abre con humildad y confianza, dispuesto a recibir el regalo de Dios sin pretensiones, que se deja sorprender y acoge con alegría.La vida de Jesús está llena de encuentros con los pequeños y humildes. Los niños, los pobres, los enfermos, los marginados… ellos lo recibieron con sencillez, sin cuestionar de dónde venía su poder, sino con el deseo de encontrar en Él esperanza y sanación. En contraste, en algunas ciudades, a pesar de los milagros y señales, muchos dudaban, preguntaban, exigían explicaciones y pruebas. La fe se volvía más difícil en los corazones enredados, llenos de reservas, prejuicios y vueltas.El Evangelio que leemos en las misas de este domingo nos trae una oración que Jesús proclamó en voz alta: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, y haberlas revelado a los pequeños” (Mateo 11, 25).&nbsp;La fe no es algo que se conquista por entenderlo todo. Es una revelación, un don que Dios regala a quienes lo acogen sin complicaciones, con la alegría de un niño que confía. Si el corazón está abierto y con sencillez, la fe se despliega como un misterio luminoso, y Dios se revela en la cotidianidad, en lo pequeño, en lo que no parece importante.Jesús nos invita, especialmente en los momentos de fatiga y desaliento, a acudir a Él. “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mateo 11, 28), nos dice con un amor inmenso. Nos llama a confiar en su ternura, a reconocer nuestra fragilidad sin miedo, sabiendo que Él nos sostiene. El Papa León XIV nos enseña: “Todo lo que representa un ‘límite’ —incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece&nbsp;a pesar&nbsp;del límite, sino a menudo&nbsp;a través&nbsp;del límite” (MH 118).&nbsp;En vez de dar vueltas en la oscuridad, podemos descansar en su corazón de Jesús, seguro de que su amor es más fuerte que cualquier tormenta.Necesitamos mirar nuestra vida y preguntarnos: ¿cuántas vueltas damos antes de abrirnos a Dios? ¿Cuánto nos complicamos buscando respuestas que solo pueden ser acogidas con un corazón sencillo? La invitación es clara: recibir a Dios con alegría, como los pequeños, y confiar en su ternura. Que no tengamos “más vueltas que una oreja”, sino que aprendamos la sabiduría de la sencillez para que la fe sea una revelación viva en nuestro día a día.Ayer, 4 de julio, se cumplieron los 50 años del asesinato de los religiosos palotinos en la Parroquia San Patricio, del barrio de Belgrano en Buenos Aires. En la madrugada de ese domingo un “grupo de tareas” de la dictadura militar asesinó a tres sacerdotes y dos seminaristas. El Cardenal Jorge Bergoglio, en la misa que celebró allí el 4 de julio del 2005, predicó: “Juntos vivieron (…) juntos murieron” (…) Hay que “despejar etiquetas y mirar el testimonio. Hay gente que sigue siendo testigo del Evangelio, hay gente que fue grano de trigo, dio su vida y germinó”.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-pqB_Ji59VGC8dmE14r2S_lMSvk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/lozano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde chico escuchaba en los diálogos entre adultos la frase “más vueltas que una oreja”. Mi abuela decía, cuando algo parecía tan enredado, que no tenía ni pies ni cabeza. Recuerdo una tarde de verano, jugando en el patio, cuando mi hermano y yo nos peleábamos por un juguete y ella, entre risas, nos soltó: “¡Ustedes tienen más vueltas que una oreja, chicos!”. Me quedé pensando, mirando mi propia oreja, tratando de encontrarle el sentido literal, sin entender de qué se trataba. Solo años después comprendí que la expresión hablaba de complicar lo simple, de enroscarse en lugar de resolver con un corazón sencillo.]]>
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                                <updated>2026-07-06T18:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-06T18:00:00+00:00</published>
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            El desarrollo del mundo;  es la poética de las facultades éticas
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cualquier camino que queda por recorrer, siempre se nos descubre como incierto y frágil, por lo que el más mínimo instante debe llevarnos siempre a hacer un alto en el camino, para pensar en la continuidad o en el cambio de rumbo. Lo que está claro, que todos los latidos reflexivos son necesarios, para poder tomar conciencia de que nada somos por sí mismos; protegiendo, de este modo, tanto la dignidad individual como la convivencia sosegada entre pulsos diversos. La singularidad de cada ser humano está ahí, en todas nuestras acciones y reacciones que han de ser tomadas en libertad, pero a la vez con sentido responsable, en beneficio no únicamente de sus propios miembros, sino de toda la humanidad; que, más pronto que tarde, debe fraternizarse.&nbsp;No podemos marcar la historia de nuestro linaje, contradiciendo nuestro propio sentido natural viviente y humanitario, tornándonos más inhumanos y pasivos; en parte porque el poder dominador todo lo corrompe, haciendo de la vida, que debe ser un poema perfecto, una dolorosa pena vulgar, donde nadie reconoce a nadie, a no ser nada más que por el dinero. La venganza y el odio campean por todas las atmósferas existenciales, deshumanizándonos totalmente. Rechacemos estos aires irreconciliables y pongámonos a embellecernos hermanados para reconstruir espacios que nos muevan los corazones, hacia el verso y la palabra, dejándonos acompañar por poéticas antes que por políticas mundanas, movidas exclusivamente por el interés del maligno.Pasemos, pues, de la equivocación humana ennegrecida al buen propósito de la lírica, que todo lo realza versando cosas humildes. Seamos esa pulsación esclarecedora y donante, reconstruyendo vínculos de auténtica amistad. Precisamente, nuestra obligación radica en vivir una vida apacible conforme a la inspiración radiante, para que aquellos sufrientes y olvidados sean recibidos con compasión, solidaridad y amor. Jamás olvidemos que nos necesitamos entre sí. Nadie puede excluirse y no protegerse, máxime en una época en la que millones de niños crecen con la inteligencia artificial antes de que existan reglas para salvaguardarlos; cuando ésta además, avanza más rápido que las normas para controlarla. Volvamos a la voz de poesía, dejaremos de ser ciegos y no seremos sanguinarios. El desarrollo del orbe será un horizonte inclusivo de esperanza cuando los seres humanos, al igual que los verdaderos poetas, conserven sus ojos de niño, para adentrarse en lo melódico que nos circunda. Nuestro santuario interior tiene que recomponerse para poder poetizarse, para que el poder de los oligarcas tecnológicos que muchas veces supera al de los Estados, se reduzca con la placidez bucólica. Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo.Necesitamos el cambio y, para conseguirlo, hace falta una equitativa y armoniosa participación en los bienes. No podemos defraudar las expectativas de los pueblos y continuar viviendo en un caos permanente, atravesado por conflictos armados, desigualdad extrema, impunidad y una creciente fragmentación geopolítica.La ciudadanía en su conjunto y el ser humano como tal, debe estar en el centro del progreso, que no ha de reducirse al simple crecimiento económico, sino que debe ser integral e integrador, como lo es el calor de hogar. Tampoco cabe rendirse, sería lo último. El decoro es la épica del deber, que sumado al derecho de una justa protección social, nos hace ganar sosiego; aunque el amor nos agite, pues éste ha de costarnos, para que sea verídico.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo”.]]>
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                <published>2026-07-06T16:00:00+00:00</published>
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            Ego vs. Esencia: El abismo entre la necesidad de brillar y el valor de ser
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/LC9xrtOxA99NJdv-gqfTwE1tKO0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/ego_opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por el contrario, la humildad es la virtud de reconocer nuestras propias limitaciones y talentos con realismo, permitiendo tratar a los demás con respeto y empatía.</p><p>Las diferencias principales entre ambas posturas se manifiestan en cómo operan las personas en su día a día:</p><p>Relación con uno mismo:&nbsp;El soberbio suele tener una autoestima distorsionada y una necesidad constante de validación externa, mientras que el humilde acepta sus fortalezas y debilidades de manera equilibrada.</p><p>Trato hacia los demás:&nbsp;La persona soberbia busca destacar, alardear y menospreciar las opiniones ajenas al creer que posee la verdad absoluta. mLa persona humilde escucha, valida el esfuerzo del prójimo y fomenta la igualdad en las relaciones.</p><p>Por: Pipo Rossi&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/LC9xrtOxA99NJdv-gqfTwE1tKO0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/ego_opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La soberbia es una actitud de superioridad, vanidad y desprecio hacia los demás, basada en la exageración del propio valor.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-06T04:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-07-06T04:30:00+00:00</published>
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            “Soñar, soñar”. Cincuenta años del Favio más poético
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                <![CDATA[Gustavo Labriola]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xnFjbDMcc0VymwhS8iVYs_nRCbc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/labriola_magazine.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los grandes cineastas abordan en su filmografía unidades temáticas que los terminan identificando. Así el cine de Fellini se caracteriza por los recuerdos, los sueños, la figura y presencia de la mujer en la vida del hombre. El de Bergman, es un cine de angustia existencial, interés por la muerte y las relaciones de pareja. Mas recientemente el cine de Petzold es una reversión de clásicos de otros directores y se interesa por la incomunicación y la soledad.Muchos críticos han observado en el cine de Leonardo Favio tres espacios temporales con características particulares. En la primera etapa de su filmografía, tres películas, “Crónica de un niño solo” (1965), “El romance del Aniceto y la Francisca o Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de como quedó trunco, comenzó la tristeza … y unas pocas cosas más” (1967) y “El dependiente” (1969) aluden a la infancia, a su Mendoza natal, a historias de pueblos chicos y seres influidos por el contexto y las conductas sociales, con características de cine de autor. En su segunda etapa, “Juan Moreira” (1973), “Nazareno Cruz y el lobo” (1975) y “Soñar, soñar” (1976), Favio se acerca a mitos y leyendas populares, con historias de entregas, sacrificios y ambiciones de superación, un cine más popular. En la tercera parte de su cine, luego de retornar del exilio, el cine de Favio es un cine de identidad nacional y política con “Gatica, el mono” (1993) y “Perón, sinfonía de un sentimiento” (1999), principalmente.Con el paso de los años, “Soñar, soñar” pasó a ser considerada por muchos críticos y admiradores del cine de Favio, como su mejor película. Incluso, el director ha declarado que era la película a la que le tenía más cariño. Estrenada el 8 de julio de 1976 en el cine Callao y pocos cines más, sin el subsidio del Instituto de Cinematografía al no declarársela de interés especial (una marcada discriminación por el compromiso político de Favio) “Soñar, soñar” estuvo nada más de que dos semanas en el circuito cinematográfico (lo que para aquellos años significaba un fracaso) y durante mucho tiempo fue subestimada e ignorada, fundamentalmente por la persecución y la censura de que fue objeto Leonardo Favio.La película es un dislate sentimental y melodramático. Sobre seres marginales, provincianos, huérfanos de afectos, desclasados que llegan, como tantos, a la capital buscando un futuro promisorio que contenga felicidad y un destino de grandeza. Como afirma Florencia Eva González en su libro “Fantasmal – Inventario crítico del cine argentino de 1897 a la actualidad” “es la historia de amistad entre un chanta y un inocente, una pareja diletante (…) invadida por la misma melancolía y complejidad”.Mario “el rulo” (el cantante italo-argentino Gian Franco Pagliaro), es un artista de variedades, un trotamundos que recorre los pueblos del interior interpretando números artísticos y se encuentra en el pueblo de “Tres esquinas” con Carlos (Carlos Monzón), un empleado municipal que aspira ser artista. Mario convence a Carlos de ir a Buenos Aires persiguiendo la fortuna. Lo encuentra parecido a Charles Bronson y por ello lo apoda “Charlie”. Charles Bronson (Charles Dennis Buchinsky) fue un actor norteamericano de origen ruso-lituano intérprete de numerosas películas de acción en papeles de hombre duro que ejercía violencia en sus actuaciones y era físicamente parecido a Monzón. “Charlie” se toma tan en serio la similitud que hasta intenta chapucear en inglés, mirándose en el retrovisor de su bicicleta, un “okey. beibi”.Comienza entre Mario y “Charlie” una relación afectiva. Mario convence a su nuevo amigo respecto a la quimera de la actuación artística. “Charlie” en su inocente ingenuidad se siente fascinado por la personalidad de Mario, admira su perfil bohemio; intenta emularlo, de forma tal que termina enrulando su cabello en una escena antológica en la que se ve a Monzón con ruleros. Una imagen absolutamente inaudita y disruptiva, debida al fantástico manejo de la ironía y el desafío con que Favio siempre concibió su cine.&nbsp;Alberto Farina en su libro sobre Favio, transcribe al director cuando en referencia a su película, dice: “es una especie de catálogo de sucesos e impresiones vividos por mi época de vago, de aventurero, con el bichito del espectáculo picándome constantemente. En “Soñar, soñar” doy forma a ciertas imágenes lejanas, a las que ahora veo como una ensoñación, como por teleobjetivo”.&nbsp;A partir de la travesía que acometen los protagonistas se va perfeccionando una relación intensa, de un afecto sincero y espontáneo, propio de seres sensibles y puros; “dos tipos que se quieren (…) Dos tipos que no tienen ni donde caerse muertos, uno engañado y otro un boludo alegre, un trashumante”, afirmó en una entrevista, Gian Franco Pagliaro. El propio director al respecto afirmó: “el clima general es de una gran ternura. Si uno quisiera intelectualizar la cosa, sería un llamado de atención: no se puede soñar y soñar por que sí. El sueño es positivo. Y cuando es un hecho creativo, pero también cuando está relacionado con la realidad. Si no es el delirio”. De todas maneras, las personalidades son manifiestas. Mario, un desfachatado, impúdico, aventurero, engañador, displicente en su soberbia. “Charlie”, incauto, inocente, iluso, aspiracional en su ensoñamiento.Si bien la relación entre los dos protagonistas es el eje de la película, incluso con sus chistes en escenas increíbles, el tratamiento estético se integra con elementos poéticos. La escena inicial con las frutas envueltas en plástico vistas a contraluz, en el marco de un paisaje idílico. Los rayos de sol que envuelven a “Charlie” en su tránsito por el pueblo en la bicicleta. El número casi bizarro de Mario cantando con fonomímica en el bar “La ilusión”. Y entre tantas, las miradas entre los protagonistas.&nbsp;Favio también le suma vértigo, intensidad en las actuaciones por las que los protagonistas intentan congraciarse con un público que le permita subsistir. “Antes muerto que vencido” es un grito repetido de Mario, persistente y desafiante. La arrogancia impostada de Mario es contagiada a “Charlie” “lo que pasa que este país nos queda chico” (..) son todos maricones ¿sabés la roncha que puede hacer en Europa un tipo con la facha de recio que vos tenés?,” le dice Mario cuando ya la propulsión de la desfachatez los ha impulsado a habituales impertinencias. Favio y el co-guionista Zuhair Jury juegan con la figura del propio Monzón que, al momento del estreno del film, había protagonizado “La Mary” (1974) de Daniel Tinayre con Susana Giménez y westerns en Europa.A propósito, la elección de Pagliaro, un cantante sin experiencia, pero digno en su actuación y fundamentalmente la de Carlos Monzón, fue una apuesta popular e integradora de Favio y terminó extrayendo lo mejor de cada uno. De forma tal que Osvaldo Soriano en “Piratas, fantasmas y dinosaurios” respecto a las escenas en las que intervino Monzón, escribió: “una sola pareció conmovedor: en la película de Leonardo Favio, con Gian Franco Pagliaro “Soñar, soñar”. Ahí Favio lo hizo hacer de provinciano cobarde, sensible y soñador que, por estúpido, iba a parar a la cárcel”.&nbsp;Y llega la cárcel para Mario y “Charlie”. Final que según cuenta Florencia Eva González en el libro mencionado no era el original, pero que Favio lo cambia en función del encierro que vivía el país. La cárcel es el ámbito en el cual los protagonistas siguen jugando con la credulidad de sus espectadores, en el número del “Cowboy-telépata” en que “Charlie” “adivina” los números que los otros presos tienen en sus uniformes. Esta historia de perdedores, idealistas y esperanzados es un canto de tolerancia y resistencia. Como el resto de los protagonistas de Favio. En función a ellos, dicen David Oubiña y Gonzalo Moises Aguilar en su libro “El cine de Leonardo Favio”, “vencidos de antemano, sumergidos en la tragedia por designios sociales o divinos, la lucha es lo que los dignifica, lo que les da esa dimensión de héroes pese a todo”.Los cincuenta años del estreno de “Soñar, soñar” nos interpela a revisitar la película. El rescate de la fraternidad entre semejantes, el reto a soñar e ilusionarse a pesar del contexto y la resistencia ante la indiferencia, la estigmatización y el desprecio es valorado a partir de esta película de Favio, convertida en objeto de culto entre los cinéfilos.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xnFjbDMcc0VymwhS8iVYs_nRCbc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/labriola_magazine.webp" class="type:primaryImage" /></figure>ENTRE PÁGINAS Y PANTALLAS]]>
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                                <updated>2026-07-04T21:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-04T21:30:00+00:00</published>
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            La detonación del desarraigo, el suicidio de Leandro N. Alem
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d0zVgZEbuSrqAoivQuOUaf6J2e0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garasino.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Leandro Nicéforo Alem no era un político común. Era un faro místico, una tempestad de principios, la encarnación misma de la intransigencia ética en una Argentina que empezaba a aprender el arte del pacto espurio y el olvido conveniente. Aquella mañana, metido en su levita negra tradicional, con su barba blanca larguísima que le daba el aspecto de un profeta bíblico desterrado en el asfalto, Alem tomó una decisión que no nació de un impulso ciego, sino del cansancio más profundo y lúcido que un ser humano puede experimentar: el cansancio de la decencia frente al cinismo.</p><p>La sombra del cadalso y el peso del apellidoPara entender el disparo que conmovió a la República en las primeras horas de esa tarde, es necesario retroceder en el tiempo, hacia la infancia de ese niño que vio a su padre —un ferviente mazorquero— colgado y expuesto en la plaza pública tras la caída de Juan Manuel de Rosas. La marca de la “sangre maldita” persiguió a Leandro durante toda su juventud. Tuvo que cambiarse el “Alén” original por el “Alem” para intentar limpiar un estigma que la sociedad porteña le cobraba a diario.Esa herida de origen forjó en él un carácter de acero, pero también una propensión irremediable a la melancolía. Alem se propuso demostrarle al mundo que su apellido no era sinónimo de barbarie, sino de la más pura entrega republicana. Se hizo abogado, defendió a los desposeídos y combatió con valentía en los campos de batalla de la Guerra del Paraguay en 1865, donde alcanzó el grado de capitán. Durante la contienda, marchó junto al ejército comandado por Bartolomé Mitre y resultó herido de bala en la histórica batalla de Curupaytí. Años más tarde, levantó los puños contra la opresión del régimen del “Unicato” de Miguel Juárez Celman.Cuando fundó la Unión Cívica Radical, no buscaba un partido político; buscaba una religión civil. Quería redimir a los ciudadanos a través del voto libre, de la moralidad administrativa y de la revolución si la dignidad institucional era pisoteada. “¡Que se rompa, pero que no se doble!”, era su grito de guerra, una consigna que terminó siendo su propia sentencia de muerte.</p><p>El dolor de la traición íntimaEl verdadero quiebre de Alem no provino de sus enemigos declarados (el roquismo, la oligarquía terrateniente, los eternos dueños de la suma del poder público), sino de sus propios cuadros, de las entrañas mismas de su causa. La política de fines del siglo XIX mutaba hacia el pragmatismo. Los jóvenes revolucionarios de 1890 y 1893 empezaban a cansarse de la intransigencia absoluta de don Leandro. Querían resultados, querían bancas, querían poder.Y en el centro de ese desgarro estaba su propio sobrino, su discípulo más amado y, a la postre, su mayor verdugo político: Hipólito Yrigoyen.La distancia entre tío y sobrino se había vuelto un abismo insalvable. Mientras Alem representaba la oratoria inflamada, el asalto romántico a las barricadas y la transparencia absoluta, Yrigoyen tejía en las sombras, armaba comités en silencio y apostaba a una construcción de largo aliento que implicaba, necesariamente, dejar atrás el purismo del viejo caudillo. Sentirse desplazado por su propia sangre, ver que los jóvenes miraban hacia el hermetismo de Yrigoyen y constatar que las revoluciones radicales se apagaban en el conformismo de las negociaciones, terminó por quebrar la última resistencia de su espíritu.Alem se encontró solo. Su casa de la calle Cuyo (hoy Sarmiento) era un santuario de desolación. Las visitas escaseaban, las deudas se acumulaban y su salud flaqueaba. La tos lo castigaba por las noches, pero el dolor más agudo era el del desengaño. El país que él soñaba se conformaba con la prosperidad material a cambio de la sumisión política.</p><p>Las últimas horas de un románticoLa crónica de sus momentos finales tiene el ritmo pausado de una tragedia griega. La mañana del 1º de julio, Alem escribió varias cartas. Sus movimientos no denotaban desesperación, sino la serenidad de quien ha ordenado los papeles de su existencia.Alrededor del mediodía, abordó un carruaje con destino al Club del Progreso, el epicentro de la sociabilidad política de la época. En el trayecto, el coche se detuvo brevemente. Quienes lo cruzaron en los pasillos del club notaron su amabilidad habitual, un poco más parsimoniosa que de costumbre. Nadie imaginó que debajo de esa levita, cerca del corazón, viajaba un revólver.Volvió a subir al carruaje. El traqueteo de las ruedas sobre el empedrado porteño acompañó sus últimos pensamientos. Al llegar a la esquina de la plaza, el cochero escuchó una detonación seca, sorda, amortiguada por el cuero y las telas del interior del vehículo. Cuando abrió la portezuela, el cuerpo del gran tribuno yacía recostado, con la mirada perdida y un hilo de sangre marcando el final de una época. En el asiento, impecablemente doblado, quedó su testamento político, el célebre documento “Para los que queden”.“He terminado mi carrera, mis fuerzas están agotadas...”, rezaban aquellas líneas escritas con pulso firme. “Entrego mis viejos huesos a la patria... Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir dignamente”.</p><p>El legado de la intransigenciaEl entierro de Leandro N. Alem fue una de las manifestaciones de dolor popular más genuinas y multitudinarias que recordara la joven Capital Federal. El pueblo que él tanto había defendido salió a las calles no a despedir a un funcionario o a un estratega militar, sino a llorar a un santo secular. La gente humilde, los estudiantes y los obreros que apenas asomaban al escenario social comprendieron que con esa bala se apagaba el último romántico de la política argentina.El suicidio de Alem no fue un acto de cobardía, sino su última protesta contra la hipocresía de un sistema. Fue el portazo definitivo de un hombre que se negó a ver cómo las banderas de la revolución se marchitaban en los despachos oficiales. Su muerte dejó una lección incómoda y perenne para la historia nacional: la advertencia de que la política sin moral es solo un juego de tronos vacío, y que a veces, cuando la noche del cinismo es demasiado oscura, los hombres de luz prefieren apagarse a sí mismos antes que dejarse corromper.Hoy, en perspectiva, la figura de Alem en el asiento de aquel carruaje sigue interpelando a la Argentina. Su barba blanca y su levita negra ya no habitan el barro de la contienda diaria, sino el panteón de los mitos necesarios, recordándonos que la dignidad, a veces, tiene un costo que solo los gigantes están dispuestos a pagar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d0zVgZEbuSrqAoivQuOUaf6J2e0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garasino.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El frío porteño de aquel 1º de julio de 1896 no solo calaba en los huesos de los transeúntes que caminaban apurados por los alrededores de la Plaza de Mayo; calaba, sobre todo, en el alma de un hombre que sentía que la patria por la que había sangrado se le escurría entre los dedos.]]>
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            Roca en las venas: no hay salud mental sin pan y sin trabajo
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                <![CDATA[Sergio Brodsky]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wHS_H8TN9d44ePY3eRq8SEgy9ow=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_brodsky.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Fui por un acto de responsabilidad ya que soy miembro de una red de vecinos voluntarios que se conoce en la ciudad como “Lazos en red” pero, como lo manifesté allí, con pocas expectativas de que un programa de estas características fuera posible en un gobierno que ajusta y despide trabajadores y desarrollado por una institución, el Centro de Fortalecimiento social que ha despedido profesionales, cerrado programas y adelgazado proyectos comunitarios. Es que expliqué a los Concejales, la salud mental no es una isla en la que el equilibrio emocional manifiesta un estado anímico abstraído de las condiciones concretas de existencia del ser humano, sino que no puede desligarse de las mismas. No hay salud mental, no hay posibilidades de prevenir las conductas autodestructivas si no hay trabajo, si no hay condiciones de vida que satisfagan las necesidades humanas, si las personas cotidianamente revuelven basura para poder comer, si la angustia social desborda porque nuestros vecinos, la mayoría, tiene dificultades de llegar a fin de mes. El suicidio, continué, es un fenómeno multicausal y multidimensional, por lo que más allá de los dispositivos técnicos que contenía el proyecto de ordenanza, por otro lado, muy completo, el mejor programa de prevención era una política que incluya el bienestar de todos, sin exclusiones. Sobre todo, la dimensión del trabajo como articulador de las posibilidades de subsistencia biológica, del desarrollo de la identidad, la autoestima y la vida social, es un fundamento indispensable para crear las condiciones básicas de salud mental. Llevé a esa reunión, a tal fin, un libro de Miguel Orellano “Trabajo, desocupación y suicidio” en el que despliega una sesuda y contundente investigación que no deja dudas acerca de esta relación, corroborada además por las estadísticas que incrementan las tasas de suicidios en las etapas de crisis económicas, sociales, políticas, culturales y éticas en nuestra historia, en la que la década infame es, según lo ha estudiado Norberto Galasso, paradigmática. Según lo había intuido los concejales oficialistas no coincidieron con mi visión y expresaron que al no tener recursos estaban lejos de concretar el proyecto y sólo iban a hacer “algo chiquito pero operativo” para afrontar un problema tan inmenso que representa la expresión sintomática más grave de la salud mental en nuestra provincia y en nuestra ciudad. Ahora que en estos días ha sido noticia el despido de cien trabajadores del Municipio local, llegando a cifras que se aproximan a 400 en lo que va de la gestión municipal, la preocupación por el impacto en la salud mental de la población también se multiplica. La pérdida del empleo, la desocupación, a la que en estos casos se le ha agregado el condimento cruel de la notificación de los despidos por wasap o información impersonal dejada debajo de la puerta, no solo agrava el cuadro de las condiciones de la salud mental, sino que ya amenaza las posibilidades de la vida misma. El estado municipal despide trabajadores como si fueran números sin tener en cuenta que detrás de cada despido hay una tragedia. Esa situación dramática ha sido contada en la historia de distintas formas, siendo el arte una de las vías privilegiadas. Una de las obras más extraordinarias en ese sentido es la pintura de Ernesto de la Cárcova que se llama “Sin pan y sin trabajo” de 1894. Aparece en ella un matrimonio obrero en una habitación precaria, la madre amamanta un bebé con expresión de desesperanza, el padre indignado e impotente golpea la mesa mientras observa por la ventana a la policía montada reprimiendo una manifestación frente a una fábrica sin chimeneas. Esa &nbsp;maravilla que se prolonga en su temática realista en la obra “manifestación” de Antonio Berni en la década del 30- en la que un grupo de obreros sostienen un cartel pidiendo “pan y trabajo”- y “Desocupados” que refleja en el rostro la angustia indecible del desempleado, sintetiza una época que se inauguró con la Presidencia de Julio Argentino Roca, quien no solo organizó la nación exterminando pueblos originarios, completando &nbsp;lo que constituyó uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad, sino, además, sobre la base de un modelo agro-exportador oligárquico que construyó un país para pocos, empujando a la miseria a los trabajadores. Un país dependiente y semi-colonial que concentraba la riqueza en pocas manos y que solo era posible en base a la explotación laboral y la represión de los obreros. Ese orden queda plasmado en la ley de residencia, que expulsaba a los inmigrantes que lo cuestionaran (1902) y en el “informe sobre la situación de la clase obrera en Argentina”, que deja claro los niveles impúdicos de explotación laboral que realiza Bialet Massé (1904). Ambos expedientes se concretan durante el gobierno de Julio Argentino Roca. Traigo esta referencia porque la semana pasada el Concejo deliberante local designó como “Julio Argentino Roca” a la Avenida de la Costanera Nebel, lo que muchos vecinos vivieron como un agravio a un lugar tan bello. Queda claro, en las políticas de ajuste, despidos, pobreza que desarrollan,&nbsp;porqué&nbsp;el modelo de Roca que expresa una política para pocos, y una exclusión “sin pan y sin trabajo” para los trabajadores y el pueblo, los representa cabalmente.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wHS_H8TN9d44ePY3eRq8SEgy9ow=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_brodsky.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace poco más de un mes concurrí a una reunión de comisión del Concejo deliberante de Concordia, invitado a dar opinión sobre un proyecto de ordenanza de un programa de prevención del suicidio presentado por el Concejal Bovino.]]>
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                <published>2026-07-04T09:15:00+00:00</published>
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            Tres gobiernos, tres modelos y una misma deuda pendiente: la reforma tributaria que nunca llega
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                <![CDATA[Álvaro Sierra]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fQF_8QLZXbcJtGbZqKn8rKF0-24=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/alvaro_sierra_nota.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante los últimos años, la Argentina cambió varias veces de orientación económica. Cambiaron los discursos, las prioridades y los nombres de los programas. Pero hubo algo que no cambió: la ausencia de una reforma tributaria integral, seria y duradera.El país pasó del modelo de Mauricio Macri, orientado a aliviar la carga sobre empresas y sectores de mayor capacidad económica; al modelo de Alberto Fernández, centrado en sostener ingresos, consumo y gasto público; y luego al modelo de Javier Milei, basado en el equilibrio fiscal, el blanqueo de activos y los incentivos a las grandes inversiones.Sin embargo, los tres modelos dejaron la misma deuda pendiente: ninguno logró construir confianza tributaria.</p><p>Macri: bajar impuestos para atraer inversiónEl gobierno de Mauricio Macri llegó con una promesa clara: reducir la presión tributaria, normalizar la economía y generar condiciones para que el sector privado invirtiera.La reforma tributaria de 2017 fue la expresión más clara de ese enfoque. En materia de Ganancias, se dispuso una reducción gradual de la alícuota para sociedades, del 35% al 30% y luego al 25%, acompañada por un impuesto sobre dividendos. La lógica era simple: si las empresas pagaban menos impuestos sobre utilidades reinvertidas, habría más inversión, más producción y más empleo.A eso se sumaron reducciones de derechos de exportación, beneficios para ciertos sectores productivos y el gran Sinceramiento Fiscal de 2016. Ese blanqueo fue, desde el punto de vista cuantitativo, uno de los más exitosos de la historia argentina: se exteriorizaron activos por USD 116.800 millones, de los cuales USD 93.300 millones estaban en el exterior.Pero el resultado final mostró los límites del enfoque. La baja selectiva de impuestos no alcanzó para consolidar inversión sostenida ni confianza duradera. La fragilidad fiscal, el endeudamiento, la inestabilidad cambiaria y la falta de dólares terminaron obligando al país a recurrir nuevamente al Fondo Monetario Internacional. En junio de 2018, el FMI aprobó un acuerdo Stand-By por USD 50.000 millones para la Argentina.La enseñanza de ese período es importante: bajar impuestos a sectores de mayor capacidad contributiva puede mejorar incentivos, pero no garantiza inversión si no existe estabilidad macroeconómica, previsibilidad cambiaria, solvencia fiscal y reglas duraderas.</p><p>Alberto Fernández: aliviar a&nbsp;trabajadores, recaudar en&nbsp;emergencia y sostener&nbsp;consumo</p><p>El gobierno de Alberto Fernández asumió con otra prioridad. Su política tributaria estuvo más orientada a sostener ingresos, financiar el gasto público, asistir a sectores afectados por la pandemia y apuntalar el consumo interno.La Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva declaró la emergencia pública y creó, entre otros instrumentos, el Impuesto PAIS, aplicado inicialmente sobre operaciones vinculadas a la compra de divisas, consumos en el exterior y servicios contratados fuera del país.También se modificó Bienes Personales, se aprobó el Aporte Solidario y Extraordinario sobre grandes patrimonios y se impulsaron moratorias. El aporte extraordinario fue presentado como una medida excepcional para atender los efectos de la pandemia y alcanzó a patrimonios superiores a $200 millones, con alícuotas diferenciadas para bienes en el país y en el exterior.En Ganancias, el gobierno buscó aliviar la carga sobre trabajadores. En 2021 se promulgó una modificación que eximía del pago del impuesto a más de 1,2 millones de asalariados, trabajadores y jubilados.Pero al mismo tiempo, la política tributaria sobre empresas tuvo un giro distinto. La reforma de Ganancias para sociedades reemplazó la alícuota fija del 30% por una escala progresiva del 25% al 35%, según el nivel de ganancia neta imponible.El problema central de ese período fue que la inflación terminó deformando todo. Muchas empresas y contribuyentes pagaron impuestos no porque hubieran mejorado realmente su rentabilidad, sino porque sus ventas, ingresos o patrimonios aumentaban nominalmente por efecto de la inflación.De esa manera, el sistema tributario perdió equidad y previsibilidad. La intención de sostener el consumo terminó conviviendo con más presión sobre la actividad formal, más distorsiones y una inflación que en 2023 alcanzó el 211,4% anual, con una economía que cerró ese año en contracción.El resultado fue otra frustración: se alivió parcialmente a trabajadores, se gravó más a patrimonios y empresas, pero tampoco se logró un sistema más ordenado, más simple ni más confiable.</p><p>Milei: equilibrio fiscal, blanqueo y beneficios para grandes&nbsp;inversiones</p><p>El El gobierno de Javier Milei plantea un tercer modelo. Su eje es el equilibrio fiscal, la reducción del déficit, la desregulación y la atracción de capital privado.El instrumento más representativo de este enfoque es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, conocido como RIGI. El régimen fue diseñado para grandes proyectos y ofrece beneficios tributarios, aduaneros, cambiarios y estabilidad normativa por un plazo prolongado. La lógica oficial es clara: si el país garantiza reglas estables, menor carga fiscal y seguridad jurídica para grandes inversiones, el capital privado debería llegar, producir, exportar y generar empleo.Desde ese punto de vista, puede decirse que el gobierno de Milei fue, al menos en términos normativos y discursivos, uno de los que más hizo para seducir al capital privado y a la inversión extranjera. Pocas veces se ofreció un paquete tan amplio de beneficios fiscales, estabilidad y garantías para grandes proyectos.Sin embargo, allí aparece una paradoja que no puede ser ignorada. A pesar de haber impulsado uno de los esquemas más favorables para las grandes inversiones, los resultados iniciales no estuvieron a la altura de esa expectativa. Según datos de la CEPAL, en 2024 la inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe creció 7,1%, pero Argentina estuvo entre los países donde los ingresos de inversión extranjera directa fueron inferiores a los de 2023.Ese dato obliga a formular una pregunta incómoda pero necesaria: si el gobierno que más beneficios ofreció al capital no logró, en su primer año, una respuesta contundente de la inversión extranjera, ¿el problema argentino es solamente tributario? ¿O estamos frente a una dificultad más profunda vinculada con la confianza, la estabilidad política, la previsibilidad macroeconómica, el mercado interno, el cepo, el riesgo país y la historia recurrente de cambios de reglas?La respuesta parece evidente. Los beneficios fiscales pueden ser importantes, pero no alcanzan por sí solos para reconstruir confianza. Una empresa puede valorar una menor carga tributaria, pero también mira la estabilidad cambiaria, la seguridad jurídica efectiva, la demanda futura, la infraestructura, el financiamiento, la conflictividad política y la capacidad real del país para sostener las reglas que promete.A su vez, el modelo también presenta una tensión distributiva. Mientras se otorgan beneficios relevantes a grandes inversiones y patrimonios, se restituyó el Impuesto a las Ganancias para una parte de los trabajadores formales. La Ley 27.743, además, incluyó una moratoria, un nuevo régimen de regularización de activos y un régimen especial vinculado a Bienes Personales.Por eso, más que una baja generalizada de la carga tributaria, lo que se observa es una estrategia selectiva: alivio, estabilidad y beneficios para ciertos patrimonios y grandes proyectos, mientras continúa siendo elevada la presión sobre el consumo, el trabajo formal y las actividades económicas tradicionales.</p><p>La deuda común: todos&nbsp;recurrieron a parches</p><p>Macri apostó a bajar impuestos a empresas y grandes patrimonios. Alberto Fernández buscó aliviar a trabajadores y gravar patrimonios, consumo externo y sectores de mayor capacidad contributiva. Milei volvió a poner el foco en grandes inversiones, blanqueo, estabilidad fiscal selectiva y simplificación para ciertos contribuyentes.</p><p>Son tres modelos distintos. Pero los tres compartieron un problema: ninguno resolvió el desorden estructural del sistema tributario argentino. La Argentina sigue sin generar la confianza suficiente para que el contribuyente cumpla con convicción, el capital se quede, la inversión llegue y el sistema tributario sea percibido como justo.</p><p>Después de Macri, Alberto Fernández y Milei, la conclusión es evidente: la Argentina no necesita otro parche tributario. Necesita un sistema tributario serio, equitativo, progresivo y confiable.Porque sin confianza no hay inversión. Sin inversión no hay crecimiento. Y sin un Estado que cobre bien, gaste mejor y trate con justicia al contribuyente, no hay desarrollo posible.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fQF_8QLZXbcJtGbZqKn8rKF0-24=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/alvaro_sierra_nota.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La Argentina probó distintos caminos: bajar impuestos a las empresas, sostener el consumo, atraer grandes inversiones y blanquear capitales. Sin embargo, después de tres gobiernos de distinto signo político, el país sigue sin construir un sistema tributario simple, justo, progresivo y confiable.]]>
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                                <updated>2026-07-04T04:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-04T04:30:00+00:00</published>
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            ¿Es de temer o es un bluf? Radiografía de Cabo Verde, el rival de Argentina
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/PBi5U7lv-vwYYAXgv6xnyvxyxrI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_cabo_verde.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las estadísticas finales reflejaron el trámite: Argentina dominó la posesión con un 61% frente al 39% de Camerún, duplicó a su rival en tiros totales (13 a 6) y estrelló dos pelotas en el palo. Sin embargo, a pesar de llevar el peso del encuentro, la Albiceleste sufrió la férrea y rigurosa marca física de los leones africanos. Aun terminando el partido con dos hombres expulsados —Kana-Biyik y Massing—, Camerún firmó una victoria histórica e impensada gracias a un cabezazo de François Omam-Biyik a los 67 minutos.</p><p>¿Alguna vez habías&nbsp;escuchado hablar de Cabo Verde antes de este&nbsp;Mundial?</p><p>Este pequeño país es un archipiélago volcánico de diez islas ubicado frente a las costas de África occidental. Con una población que apenas ronda los 500.000 habitantes y su capital en Praia, su economía se sostiene principalmente en el turismo, la pesca y los deportes acuáticos como el windsurf y el kitesurf. El país no solo destaca por sus playas de arena blanca y sus actividades náuticas, sino también por una riquísima cultura musical declarada Patrimonio de la Humanidad. Descubiertas y colonizadas por navegantes portugueses en el siglo XV (quienes las convirtieron en un centro del comercio de esclavos hasta el siglo XIX), las islas conquistaron finalmente su independencia el 5 de julio de 1975.</p><p>¿Cómo llegó este&nbsp;archipiélago a convertirse en uno de los 48&nbsp;animadores de la Copa&nbsp;del Mundo?</p><p>Integrando el Grupo D de las eliminatorias de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), los “Tiburones Azules” completaron una campaña sensacional. Cosecharon 23 puntos sobre 30 posibles, producto de siete victorias, dos empates y una sola derrota. Con estos números, desplazaron a una potencia histórica como Camerún para quedarse con el único boleto directo de la zona.</p><p>Las figuras</p><p>El futbolista más cotizado de la plantilla es Logan Costa (Villarreal CF), cuyo valor de mercado asciende a los 15 millones de euros según el portal especializado Transfermarkt. Con apenas 25 años, el marcador central nacido en Francia es, por amplio margen, el jugador con mayor valoración económica del país, representando casi la cuarta parte de un plantel tasado en 62 millones de euros. A pesar de haber llegado a la cita mundialista tras recuperarse de una dura lesión de ligamentos, su sola presencia jerarquiza la zaga central.</p><p>La usina futbolística en el césped, por su parte, es Wagner Pina (Trabzonspor de Turquía). Con una ficha valuada en 11 millones de euros, el lateral derecho del momento se ha transformado en la pieza más desequilibrante para las transiciones ofensivas de su selección, consolidándose como el segundo futbolista más valioso del equipo.</p><p>Finalmente, el héroe y líder espiritual es el eterno Vozinha (G.D. Chaves). Con una cotización de apenas 50.000 euros, el guardameta de 40 años milita en la segunda división de Portugal. Aunque su pase vale una fracción ínfima en comparación con las estrellas mundiales que tiene enfrente, su peso futbolístico y emocional lo eleva como la máxima figura del milagro caboverdiano. Actuaciones memorables, como sostener el histórico 0-0 ante la España de los 1.300 millones de euros, lo convirtieron en ídolo nacional. Junto al capitán Ryan Mendes (36 años, actual jugador del ascenso turco), timonea el vestuario de los “Tiburones”.</p><p>Radiografía táctica&nbsp;de un batacazo</p><p>Los papeles previos no daban margen a la duda: el segundo boleto del grupo parecía tener el nombre de Uruguay prácticamente asegurado. Sin embargo, el fútbol volvió a demostrar su desprecio por la lógica y Cabo Verde dinamitó cualquier esquema predictivo. Con una cosecha de tres unidades, producto de una seguidilla de paridades estratégicas (0-0 ante España, un vibrante 2-2 frente a la Celeste y otro 0-0 contra Arabia Saudita), el combinado africano se metió en la siguiente fase y ahora aguarda el cruce frente a la Argentina con el viento de la épica a su favor.</p><p>La frialdad&nbsp;de la estadística</p><p>Detrás de la hazaña hay un entramado numérico que desmenuza a la perfección la fisonomía de este equipo. En el debut contra el conjunto español, los “Tiburones Azules” cedieron por completo la iniciativa, registrando apenas un 26% de posesión y un único disparo directo al arco rival. El plan mutó en un ejercicio de supervivencia: un bloque bajo &nbsp;el dibujo de un estricto 5-4-1 que blindó el área propia y que, llamativamente, se sostuvo con extrema limpieza, cometiendo una sola infracción en todo el encuentro mientras el experimentado Vozinha sostuvo el cero en su arco con siete intervenciones providenciales.</p><p>Frente al combinado charrúa, el libreto se repitió en los porcentajes (35% de tenencia), pero se transformó en un canto a la efectividad: de cuatro intentos francos, dos terminaron en el fondo de la red, capitalizando dos errores de Fernando Muslera. Ya en el cierre del grupo ante los saudíes, el desarrollo ofreció mayor paridad en el control del balón y los africanos asumieron un rol más propositivo, quedando incluso más cerca de romper el cero que su adversario.</p><p>Este comportamiento estadístico no hace más que refrendar la propuesta que el cuerpo técnico plasma sobre el césped. Cuando las jerarquías individuales imponen respeto, Cabo Verde no tiene complejos en abroquelarse en territorio propio, replegando dos líneas densas de futbolistas por detrás de la línea de la pelota para asfixiar los caminos del rival.</p><p>La premisa es clara: forzar el error en la entrega ajena y activar transiciones rápidas de contragolpe. Para sostener este andamiaje, el equipo se apoya en una zaga central de notable fortaleza física y solvencia en el juego aéreo, cuya máxima prioridad es despejar el peligro sin miramientos.</p><p>Viernes 3 de julio, Hard Rock Stadium de Miami Gardens, Florida</p><p>Argentina se enfrentará a esta rocosa selección africana. Esto es fútbol, terreno de imprevistos y equivocaciones; el escenario ideal para lo que Dante Panzeri definió magistralmente como la “dinámica de lo impensado”. Para evitar que se repita la vieja historia de Italia 90, la clave de la Selección pasará por la paciencia para abrir los espacios que perforen el cerrojo defensivo, sumada a una gran capacidad física de reagrupamiento cuando los africanos activen el contragolpe.</p><p>Dos párrafos sobre la&nbsp;“hazaña” paraguaya en relación con el partido de hoy</p><p>Como argentino y sudamericano, me provocó una profunda alegría ver la clasificación del seleccionado paraguayo a la próxima ronda. Ahora bien, como amante del buen juego, el fútbol desplegado por el equipo de Gustavo Alfaro me resulta mezquino y amarrete. Comprendo perfectamente sus urgencias y sus razones pragmáticas, pero estéticamente no me satisface.</p><p>Y aquí radica la paradoja para el cierre: quienes hoy elogian aquello como una “hazaña loable”, probablemente cambien de parecer esta tarde si Cabo Verde decide plantarse en la cancha con la misma disposición ultra defensiva y el cerrojo de los guaraníes.</p><p>El fútbol suele ser hermoso según quién lo proponga, pero cuando el planteo mezquino lo sufrís en carne propia, la épica ajena deja de parecer tan simpática.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/PBi5U7lv-vwYYAXgv6xnyvxyxrI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_cabo_verde.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Viernes 8 de junio de 1990, Estadio San Siro de Milán, Italia. 
Argentina, campeón mundial vigente, enfrentaba a la exótica Camerún. Los africanos venían de una digna participación en España 1982, donde se habían marchado invictos tras ser eliminados apenas por diferencia de gol a manos de la posterior campeona, Italia.
Para aquel partido inaugural de 1990, la selección de Carlos Bilardo era la clara favorita.]]>
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                                <updated>2026-07-03T15:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-03T15:00:00+00:00</published>
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            La reforma previsional y la responsabilidad política que hoy nos toca asumir
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oS0w3p5cEMvjduI2gxcKoYvir_Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/diputada_noelia_taborda.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El debate sobre el sistema previsional de nuestra provincia nos enfrenta a una realidad que durante demasiado tiempo la política entrerriana prefirió postergar. El proyecto de ley impulsado por el Poder Ejecutivo para ordenar y sanear la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Entre Ríos no es una iniciativa más: es una decisión de Estado indispensable si queremos garantizar la continuidad del sistema.Llegamos a este punto después de años en los que se priorizó el cálculo político por sobre el abordaje serio de un problema estructural. Se eligió postergar las decisiones para evitar costos electorales, mientras el déficit crecía de manera sostenida. Hoy esa realidad nos interpela con toda su crudeza y nos demuestra que ya no hay lugar para la especulación. La crisis previsional no se resolverá con demagogia, promesas imposibles o discursos para la tribuna. Se resolverá con responsabilidad, sinceridad y decisión política.En las últimas semanas, las comisiones legislativas fueron escenario de un hecho inédito. Este miércoles concluyó la etapa de exposiciones en el Senado provincial, luego de una convocatoria amplia y plural que permitió escuchar a todos los sectores involucrados. Desde el retorno de la democracia, pocas veces un proyecto de esta magnitud generó una instancia de participación tan abierta. Esa amplitud refleja la importancia del desafío que tenemos por delante.Durante ese proceso escuchamos a representantes gremiales, profesionales, funcionarios judiciales, especialistas, autoridades de la Caja y también a quienes la condujeron en gestiones anteriores. Entre ellos, el expresidente de la Caja, Daniel Elías, cuya trayectoria y conocimiento del sistema le otorgan una autoridad técnica difícil de discutir. Sin pertenecer a nuestro espacio político, sostuvo con claridad la necesidad de avanzar en una reforma paramétrica que garantice la viabilidad del régimen previsional. Su diagnóstico coincidió con una percepción que atravesó buena parte del debate: esta es una discusión que desde hace años todos sabían que debía darse, pero que muy pocos estuvieron dispuestos a impulsar.Hoy nos corresponde asumir esa responsabilidad con la convicción de que no hacer nada significaría condenar a la Caja de Jubilaciones a un deterioro cada vez más profundo. Ya no hay margen para seguir postergando decisiones.También es importante transmitir tranquilidad a los trabajadores y jubilados. Esta reforma respeta plenamente los derechos adquiridos y proyecta sus cambios hacia el futuro. Quienes ya están jubilados o quienes ya reúnen las condiciones para acceder al beneficio no verán modificada su situación. Quienes ingresen en adelante a la administración pública conocerán desde el inicio cuáles serán las reglas del sistema.A lo largo de las reuniones de comisión también quedó de manifiesto otro dato difícil de ignorar: el aumento de la expectativa de vida obliga a revisar parámetros que fueron pensados para una realidad demográfica completamente distinta. Las leyes deben acompañar esos cambios para preservar la sustentabilidad del sistema. Del mismo modo, numerosas exposiciones dejaron en evidencia distorsiones y situaciones que explican la necesidad de introducir correcciones.El gobernador Rogelio Frigerio tuvo el coraje político de abrir este debate y poner sobre la mesa un problema que durante años fue evitado. Como legisladores, nuestra responsabilidad es estar a la altura de ese desafío.Es tiempo de escuchar, incorporar los aportes que mejoren el proyecto y avanzar con la firme convicción de que la inacción ya no es una alternativa. La responsabilidad política también consiste en tomar decisiones difíciles cuando son necesarias para proteger el futuro de todos los entrerrianos.</p><p>(*) Diputada de Juntos por Entre Ríos</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oS0w3p5cEMvjduI2gxcKoYvir_Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/diputada_noelia_taborda.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Noelia Taborda (*)]]>
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                <published>2026-07-03T09:00:00+00:00</published>
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            El cooperativismo nos vuelve creativos; a la vez que ciudadanos de bien y bondad
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                <![CDATA[El Heraldo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Confieso que me apasionan las gentes, ya sean jóvenes (la fuerza para ir adelante) o mayores (la memoria del pueblo, la sabiduría), que fomentan el trabajo conjunto para el bien común. Bravo por ellos, que hemos de ser todos nosotros. La cuestión es mantener vivo el camino recorrido hasta ahora, pero con la mirada dirigida al futuro. Pensemos en el porcentaje de muchachos que, en este momento no tienen donde caerse muertos, cuando el trabajo es un derecho y una obligación, que a todos debe incumbirnos. Por tanto, si el asunto laboral es muy sustancial, ya que va unido a la decencia y a la dignidad del individuo, el cooperativismo es un modo socioeconómico y un método realmente solidario, donde la ciudadanía se une de forma voluntaria para satisfacer necesidades comunes.&nbsp;Desde luego, no existe una mejor prueba del adelanto de una civilización que la del avance del cooperativismo, con su acción recíproca, en la cual todo se gestiona democráticamente, priorizando el bienestar colectivo sobre el lucro individual. El camino no puede ser más saludable; es, precisamente, la senda para la igualdad, no para la homogeneidad, sino para un paralelismo en las diferencias, ya que los mismos beneficios se reparten de forma equitativa o se reinvierten. Indudablemente, hoy más que nunca tenemos que centrarnos en las personas, comenzando por generar confianza entre nosotros, fortaleciendo la cohesión social y uniendo a las comunidades en torno a las insuficiencias y a las aspiraciones compartidas.&nbsp;Nuestra misión es la de compartir y moverse cercanos. Al fin y al cabo, hay que tener el valor y la creatividad de construir la senda neutral para integrar, en el mundo, el desarrollo, la justicia y la paz. Lo importante, pues, no es el dinero, que lo único que hace es esclavizarnos; sino el afán cooperativista que debe perseguir finalidades transparentes y claras, a fin de inspirar la economía de la honradez. El espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser sólo la propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos. Sin duda, hemos de pasar a una hacienda del don, o sea, a una riqueza capaz de dar vida a empresas inspiradas en el principio de la solidaridad.La cobardía es un consentimiento a lo perverso. Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerras, sea el equivalente al de una paz efectiva. Es evidente que hemos de evolucionar hacia lazos de simpatía humana, de entendimiento con todas las naciones y todas las lenguas. Ahora bien, no hay fidedigna quietud, sino viene acompañada de equidad; al tiempo que, acompasada por lo auténtico, por lo justo y adherente. Reunirse para unirse es la primera fuerza cooperativista. Estar conectados y saber convivir es la segunda fuerza de superación y mejora. Trabajar con decencia y afanarse en extender la cultura del abrazo para la concordia, también es la tercera fuerza vital, la de convertirnos en promotores de la paz, facilitando el ánimo conciliador, con el brío reconciliador.&nbsp;Tampoco hay tres pujanzas, sin un espíritu que nos fraternice, reconduciéndonos a no hacer para los demás lo que no queramos que hagan con nosotros. En este sentido, el movimiento cooperativo, el cooperativismo o la corriente de cooperativas, es trascendental en un orbe marcado por conflictos, desigualdad, fragmentación social y una disminución del soplo predispuesto a la colaboración, más allá de las divisiones sociales y económicas, que convierten la vida en un infierno. En efecto, el mayor tormento existencial es sentirse solo, abandonado y sin fuerzas para enfrentar cualquier tipo de dificultad y esfuerzo. Sin embargo, caminando y trabajando juntos, advertimos el gran prodigio de la esperanza: todo parece posible una vez más.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7xRWc1jfZjEZJVzEKhnV-Ta2dn4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El espíritu de la cooperación como el pensamiento cooperativo, ha de ser nuestro modo de gestionar los bienes colectivos, esos caudales que no deben ser sólo la propiedad de unos pocos y, aún menos, deben perseguir fines especulativos”.]]>
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                <published>2026-07-02T16:00:00+00:00</published>
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            El fracaso de Uruguay excede a la responsabilidad de Marcelo Bielsa (Nota 1 de 2)
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sgFIJ4BtVVYE6jV-4eS4tCIZizc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_bielsa.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esta historia comienza en el año 1990, cuando un desconocido de nombre Marcelo Bielsa asumió la dirección técnica de Newell’s Old Boys para afrontar el torneo Primera División. La propaganda radial de la legendaria revista deportiva El Gráfico anunciaba: “Conozca al técnico de Ñuls puntero”. El equipo rosarino ganó el campeonato en la última fecha en un mano a mano con el River de Daniel Passarella.</p><p>Unos meses antes de ese mismo año, la selección uruguaya había formado un muy buen plantel para competir en Italia 90, conducido por un joven Óscar Washington Tabárez. Los hinchas uruguayos tenían buenas expectativas que parecieron confirmarse en el debut contra España: dejaron una buena imagen y empataron cero a cero, con un penal malogrado por Rubén Sosa, una de sus figuras. Sin embargo, unos días después, la dura derrota tres a uno contra Bélgica hizo revivir la goleada de seis a uno sufrida por la Celeste cuatro años atrás contra Dinamarca. La clasificación a octavos llegó en el último minuto por un cabezazo del delantero Daniel Fonseca que derrotó al arquero de Corea del Sur. Uruguay quedó afuera en octavos a manos de Italia, que lo sacó del mundial con un contundente dos a cero. A partir de allí, habría que esperar hasta el 2002 para ver a la selección uruguaya participar en un mundial; la única satisfacción intermedia fue la Copa América ganada en 1995 a Brasil en una definición por penales.</p><p>La eliminación contra Australia en 2005En las eliminatorias para el Mundial de Alemania 2006, a Uruguay no le alcanzó para clasificar directamente. Finalizó en el quinto puesto de la tabla sudamericana con 25 puntos —producto de 6 victorias, 7 empates y 5 derrotas—, lo que lo obligó a jugar un repechaje internacional contra Australia. El partido de ida se disputó en Montevideo, donde los locales ganaron 1-0. La revancha en Sídney encontró ganador a Australia por el mismo marcador. Tras la igualdad global, se jugó un alargue y luego se definió por tiros desde el punto penal, donde los australianos se impusieron 4-2. La selección había comenzado el proceso bajo la conducción de Juan Ramón Carrasco, pero tras una dura derrota ante Venezuela, este fue reemplazado por Jorge Fossati.</p><p>Del caos a la estructura:&nbsp; La era del maestro TabárezCuando Óscar Tabárez asumió las riendas de la selección uruguaya en 2006, el panorama del fútbol oriental rozaba el desamparo institucional: el equipo venía de quedar fuera del Mundial de Alemania y la federación carecía de pautas organizativas básicas, al punto de no contar siquiera con bases de datos unificadas para contactar a sus futbolistas en el exterior. Frente a esto, el “Maestro” no planteó una simple dirección técnica, sino el “Proceso de Institucionalización de Selecciones Nacionales y la Formación del Futbolista de Élite”. Este plan refundacional colocó la piedra angular en la captación temprana y en la unificación de criterios desde las categorías sub-15 hasta la mayor, transformando el Complejo Celeste en una verdadera escuela de valores, respeto y sentido de pertenencia.</p><p>La revolución silenciosa de la infraestructura&nbsp;y el reclutamientoEl cambio más drástico y duradero de la era Tabárez se dio fuera de las canchas, modificando radicalmente la infraestructura y el sistema de reclutamiento. El Complejo de Alto Rendimiento de la AUF mutó de ser un predio rústico a convertirse en un centro deportivo de vanguardia donde los jóvenes no solo entrenaban en óptimas condiciones y bajo metodologías modernas de doble horario, sino que eran obligados a continuar sus estudios formales. El reclutamiento se profesionalizó mediante un seguimiento exhaustivo y programado del baby fútbol y las ligas del interior profundo, garantizando que el talento no se perdiera por cuestiones geográficas o socioeconómicas. Se instaló así una fábrica de futbolistas basada en tres pilares conceptuales clarísimos: enseñar, entrenar y evaluar.</p><p>La cosecha de los frutosLos frutos de este ordenamiento no tardaron en llegar, devolviendo a Uruguay un protagonismo perdido tras décadas de ostracismo. A lo largo de quince años ininterrumpidos, la Celeste encadenó la histórica clasificación a las semifinales en el Mundial de Sudáfrica 2010, la obtención de la Copa América 2011 en Argentina y la clasificación consecutiva a Brasil 2014 y Rusia 2018, esta última lograda por primera vez de forma directa, sin pasar por el padecimiento del repechaje.</p><p>Más allá de las medallas, el mayor logro deportivo de este período fue la sistematización del recambio generacional; leyendas consagradas como Diego Forlán, Luis Suárez y Edinson Cavani ampararon y moldearon en la transición a la siguiente camada de relevo mundial, asegurando la vigencia competitiva del país.</p><p>El desgaste del modelo&nbsp;y el vacío conceptualHacia 2021, el inevitable desgaste biológico y futbolístico terminó por sepultar el ciclo más longevo del fútbol moderno uruguayo. El despido de Tabárez tras una seguidilla de derrotas en las Eliminatorias evidenció que, a pesar de los logros del proceso iniciado en 2006, se habían diluido de la memoria colectiva las dificultades del pasado. La dirigencia se quiso cubrir de una potencial eliminación y echó al hombre que había cambiado las oxidadas estructuras de un fútbol en decadencia. El posterior fracaso en la Copa del Mundo no hizo más que ratificar la crisis de transición: la pérdida de la brújula conceptual y de la solidez colectiva que durante tres lustros compensaron la desventaja demográfica de Uruguay. La salida del “Maestro” cerró una época dorada, dejando la certeza de que el orden institucional fue el verdadero motor de los éxitos y que el desvío de ese camino suele pagarse caro en la máxima cita del fútbol.</p><p>El Loco Bielsa, el elegidoEl punto de unión entre Bielsa y la Selección se dio cuando el DT desembarcó como entrenador de Uruguay en 2023, abriendo un capítulo de alta intensidad doctrinaria para el fútbol charrúa. Fue contratado por su reconocimiento a nivel global debido a su rigor metódico, su verticalidad innegociable y una ética de trabajo que roza la obsesión; una personalidad difícil, “un tipo tóxico”, como él mismo se definió.</p><p>El técnico rosarino ha conocido la gloria deportiva en Newell’s Old Boys y Vélez Sarsfield, pasando por hitos como el oro olímpico con Argentina en Atenas 2004, la histórica refundación de las bases del fútbol chileno camino a Sudáfrica 2010 y la revolución táctica que devolvió al Leeds United a la Premier League en 2020 tras 16 años de ostracismo. Su verdadero capital es la capacidad transformadora y la mejora sustancial del futbolista.</p><p>Bielsa consolidó un libreto basado en la presión asfixiante, el protagonismo absoluto y una inquebrantable vocación de ataque que le valió la admiración de la élite de los directores técnicos mundiales, como Pep Guardiola. En el contexto uruguayo, su designación representó un violento cambio de paradigma estético y metodológico para las Eliminatorias y los torneos internacionales.</p><p>Del idilio futbolístico&nbsp;al colapsoEl proceso de Bielsa tuvo un inicio idílico. Uruguay jugaba un fútbol moderno, vertical y asfixiante, logrando victorias históricas en las Eliminatorias (como vencer a Brasil tras 22 años y ganarle a Argentina en La Bombonera). Sin embargo, el desgaste de su metodología y la rigidez en la convivencia intramuros sembraron tensiones que se hicieron insostenibles con el paso del tiempo.</p><p>El punto final llegó en el Mundial 2026, donde Uruguay quedó eliminado de forma imprevista ante España, Arabia Saudita y Cabo Verde, desencadenando la renuncia del entrenador. &nbsp;El fracaso deportivo excede a Bielsa; tuvo otros responsables, directos e indirectos, que incidieron en la salida prematura de la Copa del Mundo. Fue una lenta incubación letal que haría mella en el espíritu del equipo charrúa.</p><p>Los otros responsables del fracaso uruguayo* Los referentes e históricos (octubre de 2024): La primera gran grieta pública ocurrió tras el retiro de Luis Suárez de la selección. El histórico delantero encendió la mecha al denunciar públicamente destratos de Bielsa hacia el plantel y el personal del Complejo Celeste. Expuso que el DT obligaba a los jugadores a no saludar a los hinchas, restringía el contacto con los empleados del predio y mencionó el “maltrato” hacia Agustín Canobbio (a quien puso a entrenar con ejercicios tácticos propios de un sparring —juveniles de apoyo— durante la Copa América 2024). Exjugadores y figuras históricas respaldaron estas críticas, instalando la idea de un técnico distante y deshumanizado en el día a día.* El plantel de cara al Mundial (junio de 2026): Aunque tras el “terremoto Suárez” hubo treguas y los futbolistas intentaron maquillar la situación puertas afuera, la relación táctica y humana terminó de romperse en la antesala del partido decisivo contra España en el Mundial 2026. Días antes del cierre del grupo, se filtró una tensa reunión donde cuatro referentes del plantel se plantaron frente a Bielsa. Los jugadores manifestaron saturación por el exceso de información y las cargas de trabajo. Al llegar a Montevideo tras despedirse como DT de la Celeste, Bielsa admitió en conferencia de prensa que los futbolistas le habían pedido cambiar la dinámica: le solicitaron no entrenar separados en dos grupos y reducir drásticamente la duración de sus charlas técnicas porque los “saturaba de información”. Aunque el DT accedió a simplificar los conceptos, el cortocircuito futbolístico ya era irreversible.* La prensa (julio de 2024 / junio de 2026): La relación de Bielsa con el periodismo uruguayo siempre fue tirante, pero el quiebre definitivo tuvo dos hitos:o El estallido en la Copa América 2024: En una célebre conferencia de prensa en Estados Unidos, Bielsa explotó defendiendo a sus jugadores tras los incidentes con hinchas colombianos y acusó a un sector del periodismo de “corporativista” y de responder a intereses económicos de la Conmebol.o El tramo final del Mundial: La prensa local e internacional fue sumamente dura con las filtraciones del vestuario de la Celeste. Para el final de su ciclo, las conferencias se convirtieron en un escenario de acusaciones cruzadas sobre la manipulación de la información para debilitar su gestión, cerrando su etapa en un clima de absoluta hostilidad mutua. (Como agregado, cabe destacar que en Argentina un sector importante de la prensa lo critica duramente desde la eliminación en fase de grupos en el Mundial de Corea-Japón 2002).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sgFIJ4BtVVYE6jV-4eS4tCIZizc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_bielsa.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Esta historia comienza en el año 1990, cuando un desconocido de nombre Marcelo Bielsa asumió la dirección técnica de Newell’s Old Boys para afrontar el torneo Primera División. La propaganda radial de la legendaria revista deportiva El Gráfico anunciaba: “Conozca al técnico de Ñuls puntero”. El equipo rosarino ganó el campeonato en la última fecha en un mano a mano con el River de Daniel Passarella.]]>
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                                <updated>2026-07-02T12:50:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-02T04:30:00+00:00</published>
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            Al igual que la Argentina, Concordia también vive una economía de dos velocidades: quiénes crecen y quiénes apenas sobreviven
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                <![CDATA[Álvaro Sierra]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fQF_8QLZXbcJtGbZqKn8rKF0-24=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/alvaro_sierra_nota.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La economía argentina vuelve a mostrar señales de recuperación en algunos indicadores generales. Sin embargo, cuando se analiza con mayor detalle, aparece una realidad más compleja: no todos los sectores crecen al mismo ritmo, no todos generan el mismo impacto sobre el empleo y no todos reciben las mismas condiciones para desarrollarse.</p><p>Por eso, al momento de evaluar el crecimiento de un país, no alcanza con mirar solamente si el nivel de actividad sube o baja. También es necesario observar qué sectores impulsan ese crecimiento, cuántos puestos de trabajo generan, qué capacidad tienen para integrar proveedores locales, cuánto valor agregan dentro del territorio y de qué manera ese dinamismo llega —o no llega— a la vida cotidiana de las familias.</p><p>En la Argentina actual conviven actividades que muestran una mayor capacidad de expansión, apoyadas en ventajas competitivas, precios internacionales, grandes inversiones, tecnología, escala productiva o beneficios fiscales específicos. Pero, al mismo tiempo, existen otros sectores que avanzan con muchas más dificultades: el comercio local, las pequeñas y medianas empresas, la construcción, la gastronomía, los servicios personales y buena parte de las actividades vinculadas al consumo interno.</p><p>Allí aparece la idea de una Argentina a dos velocidades.</p><p>La primera velocidad: los sectores beneficiados</p><p>En la primera velocidad aparecen los sectores vinculados con grandes inversiones, exportaciones, recursos naturales, energía, minería, agroindustria, determinadas actividades financieras y empresas de gran escala. Son actividades importantes para el país porque generan divisas, inversión, producción y, en algunos casos, desarrollo tecnológico.</p><p>El problema no es que estos sectores crezcan. Argentina necesita exportar, atraer inversiones y aumentar su productividad. El problema aparece cuando el Estado concentra en ellos la mayor parte de los beneficios fiscales, mientras los sectores que más empleo generan quedan prácticamente sin herramientas equivalentes.</p><p>Las grandes empresas y los proyectos de inversión de escala cuentan con regímenes promocionales, estabilidad tributaria, beneficios aduaneros, ventajas cambiarias, reducción de cargas, tratamientos especiales o facilidades que buscan garantizar rentabilidad y previsibilidad. A eso se suman condiciones externas favorables en algunos rubros: precios internacionales, demanda global, acceso a financiamiento, tecnología y mayor capacidad para absorber crisis.</p><p>Es decir, no solo parten de una posición competitiva más fuerte, sino que además reciben del Estado un conjunto de incentivos que mejora todavía más su situación relativa.</p><p>Esta no es una discusión contra la inversión. Sería absurdo negar la necesidad de que Argentina produzca más, exporte más y atraiga capitales. La cuestión central es otra: ¿por qué los sectores que ya tienen ventajas competitivas reciben los mayores beneficios, mientras el comercio local, las pymes y las familias siguen soportando una pesada carga tributaria?</p><p>La segunda velocidad: comercio, pymes y familias</p><p>En la otra velocidad están los comercios de barrio, las pequeñas y medianas empresas, la construcción local, la gastronomía, el transporte, los servicios profesionales, los talleres, los emprendimientos familiares y las actividades que dependen del consumo interno.</p><p>Estos sectores son los que sostienen buena parte del empleo real de las ciudades. Son los que toman trabajadores, contratan proveedores locales, alquilan locales, pagan tasas municipales, compran insumos, financian clubes, colaboran con instituciones y mantienen viva la economía cotidiana.</p><p>Sin embargo, son justamente los que menos alivio reciben. Mientras una gran inversión puede acceder a estabilidad fiscal por décadas, una pyme no sabe si el mes próximo podrá pagar sueldos, alquiler, luz, tasas, impuestos, cargas sociales y proveedores. Mientras una empresa de escala negocia condiciones especiales, un comerciante local paga IVA, Ingresos Brutos, tasas municipales, contribuciones, impuestos bancarios y costos laborales sobre márgenes cada vez más reducidos.</p><p>La diferencia es brutal: unos reciben incentivos para invertir; otros apenas intentan sobrevivir.</p><p>Además, las pymes y comercios enfrentan un fenómeno nuevo y mucho más complejo: ya no compiten solamente con el negocio de la esquina. Compiten con plataformas digitales, importaciones, grandes cadenas, comercio electrónico, empresas extranjeras, automatización, inteligencia artificial y modelos de escala global.</p><p>Es decir, se les exige competir como si fueran grandes empresas, pero se los sigue tratando tributariamente como si tuvieran espaldas financieras ilimitadas.</p><p>No se trata de enfrentar sectores, sino de equilibrar el desarrollo</p><p>Sería un error plantear esta discusión como una guerra entre campo e industria, entre grandes empresas y pymes, o entre exportadores y mercado interno. El país necesita a todos. Necesita exportadores, energía, minería, agroindustria, tecnología, industria nacional, comercio, servicios, turismo, construcción y economía del conocimiento.</p><p>El problema es cuando el Estado elige, por acción u omisión, a quién le ofrece un puente y a quién lo deja cruzar el río nadando.</p><p>Un modelo de desarrollo equilibrado debería utilizar la potencia de los sectores más competitivos para fortalecer cadenas de valor locales, proveedores nacionales, pymes regionales, empleo formal, infraestructura, capacitación e innovación tecnológica.</p><p>Si una gran inversión se instala en el país, debería generar una red de proveedores locales. Si una actividad exportadora recibe beneficios, debería integrarse con la industria nacional. Si un sector obtiene estabilidad fiscal, debería comprometer empleo, transferencia tecnológica y compras regionales. Si el Estado resigna recaudación para promover inversiones, también debe garantizar que esa resignación vuelva a la sociedad en forma de trabajo, desarrollo territorial y mayor productividad.</p><p>El beneficio fiscal no puede ser solamente una concesión. Debe ser una herramienta de desarrollo.</p><p>Concordia también tiene dos velocidades</p><p>Esta discusión nacional tiene una expresión muy concreta en Concordia. Nuestra ciudad también convive con dos realidades. Por un lado, existen actividades con potencial: citricultura, madera, producción agroindustrial, turismo, servicios, logística, comercio regional y economía del conocimiento. Hay sectores que podrían insertarse mejor en cadenas de valor provinciales, nacionales e internacionales.</p><p>Pero por otro lado, Concordia tiene una enorme economía urbana que depende del ingreso de las familias: comercios, pequeños prestadores de servicios, construcción, gastronomía, transporte, profesionales, emprendedores, talleres, feriantes y trabajadores independientes.</p><p>Cuando cae el consumo, Concordia lo siente inmediatamente. Lo siente el almacén, la carnicería, la farmacia, el kiosco, el corralón, el remisero, el gastronómico, el profesional independiente y el pequeño contribuyente municipal. Lo siente también el municipio, porque baja la recaudación, aumenta la morosidad y se debilita la capacidad de financiar servicios públicos.</p><p>Por eso, hablar de “dos velocidades” en Concordia no es una metáfora. Es una realidad económica y social.</p><p>Hay sectores que pueden tener alguna oportunidad vinculada con exportaciones, turismo, producción primaria o servicios especializados. Pero hay una gran parte de la ciudad que depende del mercado interno, del salario, de la jubilación, del empleo público, del empleo privado local y del movimiento comercial diario.</p><p>Si esa segunda velocidad se frena, se frena Concordia.</p><p>Qué debería hacer Concordia</p><p>El municipio no puede resolver por sí solo los problemas macroeconómicos del país. No maneja el tipo de cambio, la inflación, las tasas de interés, el IVA ni la política comercial nacional. Pero sí puede hacer algo muy importante: diseñar una política local para que Concordia no quede atrapada en la velocidad lenta.</p><p>Primero, debe identificar con precisión cuáles son los sectores que generan más empleo local y cuáles tienen mayor potencial de crecimiento. No alcanza con discursos generales. Se necesita información: cuántas empresas abren, cuántas cierran, qué sectores pierden empleo, cuáles demandan trabajadores, qué actividades tienen capacidad exportadora y qué pymes podrían integrarse como proveedoras.</p><p>Segundo, debe revisar la presión tributaria municipal sobre el comercio y las pymes. En una ciudad con baja actividad, alta informalidad y fuerte dependencia del consumo interno, no se puede pensar la política fiscal únicamente desde la necesidad de recaudar. También hay que pensarla desde la necesidad de sostener actividad económica.</p><p>Tercero, Concordia necesita una estrategia de compre local, proveedores locales y encadenamientos productivos. Cada obra, cada contratación pública, cada evento turístico y cada política municipal debería preguntarse cuántos pesos quedan en la ciudad y cuántos empleos locales genera.</p><p>Cuarto, debe acompañar la transformación tecnológica de las pymes. La competencia digital no va a desaparecer. El comercio local necesita herramientas para vender mejor, cobrar mejor, administrar mejor, promocionarse mejor y competir en un mercado donde las plataformas ya no son una opción, sino una realidad.</p><p>Quinto, la política social y la política productiva no pueden caminar separadas. En Concordia, la salida de fondo no puede ser solamente asistencia. Tiene que ser empleo, capacitación, formalización, pequeñas inversiones, apoyo a emprendedores, créditos accesibles y reducción de trabas burocráticas.</p><p>La pregunta que importa</p><p>La verdadera pregunta no es si Argentina va a crecer. La pregunta es quiénes van a participar de ese crecimiento.</p><p>El punto central no es negar la importancia de los sectores que crecen. Al contrario: Argentina necesita que esos sectores se expandan. La cuestión de fondo es analizar si ese crecimiento alcanza para generar empleo suficiente, fortalecer las economías regionales, sostener a las pymes y mejorar el ingreso de las familias.</p><p>Concordia necesita mirar este debate con mucha atención. Porque si el país consolida un modelo donde los beneficios se concentran arriba y los costos se pagan abajo, las ciudades más vulnerables serán las primeras en sentirlo.</p><p>No se trata de castigar a los que invierten. Se trata de no abandonar a los que trabajan, producen, venden, emplean y sostienen la economía diaria.</p><p>Esa es la discusión que debemos dar también en Concordia: cómo interpretar esta economía de dos velocidades y, sobre todo, qué puede hacer la ciudad para que el crecimiento no quede concentrado en pocos sectores, sino que se traduzca en más actividad, más empleo y más oportunidades para todos.</p><p>Una Argentina a dos velocidades puede mostrar buenos números en algunos despachos, pero dejar demasiada gente al costado del camino. Y una ciudad como Concordia no puede darse ese lujo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fQF_8QLZXbcJtGbZqKn8rKF0-24=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/08/alvaro_sierra_nota.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras algunos sectores logran aprovechar oportunidades vinculadas a las exportaciones, el turismo o la producción, buena parte de la economía urbana depende de un consumo cada vez más debilitado. Este análisis explica cómo el modelo económico nacional impacta en Concordia y por qué la ciudad necesita políticas que eviten que el crecimiento quede concentrado en unos pocos.]]>
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                <published>2026-07-02T04:15:00+00:00</published>
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            Entre Ríos se consolidó entre las provincias con mayor transparencia fiscal del país
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YBnOB70FX0hfOkksX_-1BgHAg0U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/reunion_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Entre Ríos obtuvo la máxima calificación en el último informe de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP) sobre el cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Fiscal, consolidándose entre las tres provincias con mejor desempeño del país junto con Santa Fe y Córdoba.</p><p>El monitoreo, elaborado sobre la información publicada por las provincias al cierre del ejercicio 2025, otorgó a Entre Ríos el puntaje ideal de 100 sobre 100, al verificar el cumplimiento de los estándares de publicidad y acceso a la información fiscal establecidos por la normativa vigente. El resultado posiciona a la Región Centro como el espacio con mayor nivel de transparencia fiscal de la Argentina.</p><p>Bajo la gestión de Rogelio Frigerio, la provincia volvió a alcanzar la calificación máxima obtenida en la evaluación anterior, lo que refleja la continuidad de una política sostenida de transparencia, acceso a la información y ordenamiento de las cuentas públicas.El informe destaca especialmente el cumplimiento en la publicación del Presupuesto 2026 y de la información fiscal correspondiente a diciembre de 2025 dentro de los plazos previstos por la normativa, incluyendo datos sobre ejecución presupuestaria, recursos y gastos, deuda pública, planta de personal y demás indicadores exigidos por la Ley de Responsabilidad Fiscal.El desempeño de Entre Ríos cobra mayor relevancia si se considera que el promedio nacional del índice fue de 70,9 puntos. En ese contexto, la provincia mantuvo el máximo nivel de cumplimiento y ratificó su liderazgo en materia de transparencia fiscal junto a las otras provincias de la Región Centro.Este resultado refleja el compromiso del Gobierno de Entre Ríos con una administración responsable, abierta y transparente, fortaleciendo la calidad institucional, el control ciudadano y la previsibilidad en el manejo de los recursos públicos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YBnOB70FX0hfOkksX_-1BgHAg0U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/reunion_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Pipo Rossi]]>
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                                <updated>2026-07-01T04:15:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-01T04:15:00+00:00</published>
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            No se trata de un reclamo salarial, se trata de la independencia del Poder Judicial
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                <![CDATA[Ladislao Uzin Olleros]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UiYhRZvzeqfQ4o-A_vn7f4l9Zrc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/poder_judicial.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La nota personaliza la cuestión en el reclamo de un ex vocal del Superior Tribunal de Justicia, el Dr. Bernardo SALDUNA, anteriormente se focalizó en las personas de la Dra. Marina BARBAGELATA y también en el Dr. Santiago MORANDE, ambos magistrados en ejercicio de sus incumbencias institucionales, en los fueros penal y laboral respectivamente, como si se tratara de pretensiones individuales, aisladas o sectoriales de personas vinculadas al Poder Judicial. Esa forma de presentar los hechos omite un dato central: los reclamos por la suspensión y posterior falta de recomposición plena del régimen de enganche no fueron patrimonio de una persona ni de un cargo determinado, alcanzaron a integrantes de todo el Poder Judicial, desde los escalafones más bajos hasta los más altos, activos y pasivos, empleados, funcionarios y magistrados; no se trata de un reclamo salarial: se trata de la independencia del Poder Judicial.Reducir el planteo a la figura de un ex vocal del Superior Tribunal y a dos magistrados en actividad, instala un impacto comunicacional sencillo: presenta ante la opinión pública la idea de un supuesto reclamo privilegiado. Pero esa simplificación oculta lo verdaderamente relevante. Aquí no se discute solamente una diferencia salarial. Se discute si en una república el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo pueden, bajo la invocación de una emergencia, alterar la intangibilidad de las remuneraciones judiciales y dejar abierta, hacia el futuro, una herramienta de presión sobre quienes deben controlar la legalidad de sus actos.La garantía de intangibilidad de las remuneraciones de los jueces no es un beneficio personal. No es un privilegio. No fue pensada para comodidad de los magistrados. Es una garantía institucional de la ciudadanía. Su finalidad es impedir que quienes deben decidir contra el poder político, cuando corresponde, puedan ser condicionados mediante reducciones, congelamientos, licuaciones o amenazas económicas.Si cada vez que el Poder Judicial dicta una sentencia que no resulta agradable al gobierno de turno queda flotando la posibilidad de que una ley de emergencia reduzca o deteriore sus remuneraciones, entonces el problema ya no es salarial. El problema es republicano. El problema es democrático. El problema es la independencia judicial.La Cámara en lo Contencioso Administrativo, al tratar planteos vinculados con la Ley de Emergencia, analizó su validez constitucional en un contexto excepcional. Pero una cosa es discutir la validez temporal de una emergencia y otra muy distinta es admitir que esa emergencia pueda proyectar efectos permanentes, consolidar una pérdida estructural o transformar una medida excepcional en una herramienta de subordinación institucional.La emergencia no puede convertirse en una zona liberada de la Constitución, mucho menos puede utilizarse para disciplinar al Poder Judicial.Las emergencias, en un sistema constitucional, son de interpretación restrictiva, temporal, razonable y controlable. No son cheques en blanco. No autorizan a alterar la división de poderes ni a debilitar la función judicial.Llama poderosamente la atención, además, que este tema se instale públicamente en contemporaneidad cuando se debate una reforma previsional provincial que ha generado fundadas objeciones institucionales, entre ellas la pretensión de considerar como eventual mal desempeño determinadas decisiones judiciales contrarias a los criterios administrativos o legales que se intenten imponer. Si un juez puede ser amenazado disciplinariamente por el contenido de su sentencia, y además puede ser afectado económicamente mediante leyes de emergencia, entonces ya no estamos ante una discusión técnica: estamos ante una afectación directa a la independencia del Poder Judicial.La pregunta que debería hacerse la ciudadanía es simple: ¿quién va a defender al ciudadano común cuando el Poder Ejecutivo vulnere sus derechos? ¿Quién va a proteger al trabajador, al jubilado, al comerciante, al periodista, al medio de comunicación, al contribuyente o a cualquier persona cuando el Estado actúe arbitrariamente? ¿Quién va a ordenar entregar información pública si el gobierno la niega? ¿Quién va a proteger la libertad de prensa si un medio resulta incómodo? ¿Quién va a poner límites al poder si el juez que debe hacerlo trabaja bajo la amenaza de que, si decide contra el poder político, será acusado, disciplinado o castigado económicamente? ¿Quién proporcionará protección ante una acción de amparo cuando la obra social (pública o privada) niegue al ciudadano común la provista de un insumo farmacéutico, un traslado en una ambulancia, una internación o –más gravemente- una urgente intervención quirúrgica en la que está en juego la vida del paciente?&nbsp;Por eso resulta necesario correr el velo de la presentación interesada. No se trata de defender a una persona. No se trata de defender a un ex vocal o a jueces en actividad. No se trata de defender una diferencia salarial mínima. Se trata de defender un principio esencial de la democracia constitucional: la división de poderes.Cuando el Poder Judicial pierde independencia, no pierden primero los jueces. Pierde la sociedad. Pierde el ciudadano que necesita un juez libre para enfrentar al Estado. Pierde el trabajador que reclama contra una arbitrariedad. Pierde el jubilado que discute con la Caja. Pierde el periodista que exige información. Pierde el contribuyente que cuestiona un abuso. Pierde cualquier persona que alguna vez necesite que la Constitución valga más que la voluntad circunstancial de un gobierno.La República no se defiende solamente con discursos. Se defiende respetando los límites que la Constitución impone a cada poder del Estado. Y uno de esos límites es claro: el Poder Judicial no puede ser reducido a una dependencia administrativa del Ejecutivo ni sometido a mecanismos de presión política, salarial o disciplinaria.</p><p>El verdadero debate no es si un ex vocal o jueces en actividad reclaman una suma de dinero. El verdadero debate es si vamos a naturalizar que, bajo el ropaje de la emergencia, se afecten garantías institucionales básicas. Hoy puede parecer un problema de los judiciales. Mañana será un problema de cualquier ciudadano que necesite un juez independiente frente al poder.Acá nunca se discutió la constitucionalidad de la emergencia, ello fue unánimemente consentido ante la súbita presentación de un escenario patético, extraordinario, imprevisto, grave, de alcance universal, como lo fue la pandemia (Covid); lo que se reclama es la restitución de la política salarial una vez superada la emergencia de 180 días sancionada por la Legislatura y promulgada por el Poder Ejecutivo, emergencia temporal que –se reitera- fue unánimemente aceptada por todos; no sólo reclamó el Poder Judicial, lo vienen haciendo otros estamentos de las dependencias estatales (ejemplo: personal del Tribunal de Cuentas). Durante más de tres años se han desplegado números reclamos para normalizar la situación sin que por parte del Poder Ejecutivo haya habido una sola señal de diálogo, una convocatoria a deliberar para retomar esa normalidad, lo cual no ha dejado otra alternativa que judicializar el conflicto, hoy ya está instalado con la radicación de la demanda ante el silencio del gobierno a los ingentes reclamos que se desplegaron sin obtener jamás una sola respuesta siquiera con una propuesta &nbsp;conciliatoria, la cual seguramente habría sido considerada. Es oportuno resaltar que el salario contemplado en la Ley de Enganche, como su propio nombre lo define, está legislado y avalado por precedentes jurisprudenciales emanados del Más Alto Tribunal de la Nación, la Corte Suprema de Justicia, ello no puede desconocerse, habitamos un país Republicano, así declarado en el artículo primer de nuestra Constitución.</p><p>Eso es lo que está en juego. No es una planilla salarial. No un nombre propio. No un expediente administrativo. Lo que está en juego es si Entre Ríos seguirá teniendo un Poder Judicial con condiciones reales para controlar al poder político, o si aceptaremos mansamente que el mensaje sea: lo que quiere el poder de turno es incuestionable, aun cuando choque con la Constitución.El suscripto representa a un universo de alrededor de ochenta reclamantes, pero son más de trescientos lo que se encuentran en idéntica situación: el silencio ante reclamos de idéntica índole.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UiYhRZvzeqfQ4o-A_vn7f4l9Zrc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/poder_judicial.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Con motivo de una reciente publicación referida al rechazo del reclamo vinculado con la denominada Ley de Enganche Judicial, resulta oportuno aportar datos para esclarecer a la opinión pública, pues se presenta el tema de un modo parcial, sesgado y funcional a una lectura equivocada del conflicto institucional que se encuentra en debate.]]>
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                                <updated>2026-06-30T04:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-30T04:30:00+00:00</published>
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