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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-09-14T16:00:04+00:00</updated>
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            Dialogar es un paso más para entenderse; sin renunciar al ser y sin miedo alguno
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nadie llega a la cúspide de la realización consigo mismo, dejándose acompañar por el recelo. En consecuencia, hemos de poner valor en todo, comenzando por uno mismo, haciéndose valer; porque el buen deseo siempre vence a la lógica del miedo, con la esperanza de poder contrarrestar el culto a la cultura deshumanizante del poder, que no cesa de normalizar las contiendas, para desgracia de toda la humanidad. Desde luego, somos una generación que debe dialogar más y con todos, cuidar de las personas y de lo que nos circunda, el medio ambiente. Apelemos a reforzar las vías del encuentro, si en verdad queremos promover un enfoque de seguridad centrado en el ser humano, sustentado en la confianza mutua y en la búsqueda del bien colectivo.&nbsp;Quizás sea el momento de avivar un renovado compromiso mundial con los valores democráticos. La democracia consigue su carácter a través de la ciudadanía; incluso llega a florecer cuando se protegen los derechos universales, especialmente a los más desvalidos, dando forma a sociedades vivas que fomentan el entendimiento y la compresión, la participación y la familiaridad entre sí. Sea como fuere, no podemos continuar con esta atmósfera enferma por las incomprensiones, que genera duda y tristeza por doquier, debilitándonos, empequeñeciéndonos e incluso paralizándonos. Salgamos de este orbe de temeridad, el desasosiego lleva a un egocentrismo egoísta que &nbsp;nos dificulta a la hora de avanzar. &nbsp; Indudablemente, somos seres en continuo desarrollo, que necesitamos oírnos entre sí, escucharnos en libertad, para conjuntamente poder mirar hacia adelante, sin temor alguno, con el gozo de sentirnos parte y confluencia en los avances hacia la concordia, que es lo que nos hace alegres y no perder la calma. Sin embargo, en un momento marcado por la desinformación, el autoritarismo y la reducción del espacio cívico, puede que sea muy vigoroso tener tiempo para reflexionar, antes de que nos vayamos por horizontes perversos y corruptos que nos dejen sin alma, encarcelándonos nuestro propio entusiasmo soñador, defendiendo y salvaguardando un sistema político, que también ha de ser más poético, como fuerza impulsora de la dignidad, la inclusión y la conciliación.Nosotros los humanos, tenemos que superar la angustia diaria con la mejor manera de subsistir, que no es otra; que la naturalidad, poniendo a la persona en el centro de la seguridad. Paremos, pues, los temores. Debemos reaccionar, nunca enclaustrarnos. Además, resulta imprescindible el discernimiento, que nos permitirá poner orden en la confusión de nuestros corrientes pensantes y sentimentales, para actuar de una manera justa y prudente, sobre todo en los momentos de prueba y de oscuridad que todos poseemos a lo largo de nuestra existencia. De ahí, la importancia del amor que hemos de poner en cada paso, incluso en lo que el mañana nos deparará y que no conocemos, pero que lo hemos de tomar con valentía, asumiendo la responsabilidad, dejando fluir el corazón y la mente. Está visto que el diálogo, mantenido con sólidas leyes morales, facilita la solución de los peligros y favorece el respeto vivencial. Por eso, el recurso a las armas para dirimir las controversias tampoco tiene sentido, representa siempre una capitulación de la razón y de la mansedumbre humanitaria. De igual modo, la retórica confrontativa que suele encender el clima político por todos los rincones, nunca es la solución, sino mantener abiertos los canales de la interlocución y aprovechar cualquier situación para consolidar los avances armónicos. Tomemos este propósito, pues: Fomentar las alianzas en vez de los artefactos, financiar la paz y no las guerras, protegiendo los derechos humanos, recurriendo a herramientas como la diplomacia, la plática y &nbsp;la negociación. ¡Sensato proyecto!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Nosotros los humanos, tenemos que superar la angustia diaria con la mejor manera de subsistir, que no es otra; que la naturalidad, poniendo a la persona en el centro de la seguridad. Paremos, pues, los temores. Debemos reaccionar, nunca enclaustrarnos”.]]>
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                <published>2026-09-14T16:00:00+00:00</published>
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            Compartir los conflictos sociales; acercarse a los acuerdos mutuos
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tenemos que aprender a cooperar con los aprietos, siendo gentes de diálogo, para poder lidiar con las tensiones y los trances, que el propio vivir nos ofrece. Cuando hay una comunidad activa, cualquier cosa puede surgir, máxime si hay un dinamismo positivo. Los tropiezos van a estar ahí, lo que requiere ser creativos y conversadores, al menos para poder entenderse. Así, con los aprietos en la familia, no debe darnos apuros en hablar de ellos para aclararlos, no esconderlos; lo mismo sucede cuando hay problemas en la sociedad, debemos participarlos para resolverlos, porque de nada se sale solo. Lo fundamental radica en compartirlo, también los conflictos que no deben ocultarse, para aproximarse a los acuerdos mutuos, mediante la mano conjunta y colectiva. Todo lo contrario, a lo que se percibe en la actualidad, con una atmósfera acrecentada de hostilidades y el horror de tantas armas vertidas por el mundo, algunas de las cuales pueden quitar vidas sin intervención humana. Desde luego, deberíamos comenzar por un mayor control de la inteligencia artificial, al advertir de que esta tecnología revolucionaria podría convertirse en un riesgo existencial para la humanidad si no se toman medidas. Ante este horroroso panorama, estoy convencido de que nuestro propio futuro no está sólo en manos de los grandes líderes, las grandes potencias y las élites; está mayormente en los pueblos, en su capacidad de organizarse conjuntamente con humildad y con la convicción de comprenderse, activando la cultura del abrazo con la voluntad de hacer amistad.&nbsp;La paz nunca se alcanzará con los desacuerdos, ni será fruto de la desconfianza entre análogos, o de las armas dirigidas unos contra otros. Lo importante es el respeto hacía sí y los demás; pues, cada cual recogerá lo sembrado. Es evidente que no podemos continuar produciendo destrucción o miedo, cultivemos mejor la esperanza. No olvidemos, que a medida que las guerras se extiendan, el sistema alimentario mundial se desmorona. La concordia debe ser promovida colectivamente, ya que todos somos responsables de todos; en consecuencia, debemos vivir la cercanía, sin abandonar a nadie, pues el objetivo radica en fraternizarnos como humanidad. El momento es de oscuridad, pero la sanación es posible, a pesar de los pesares, del peligro y de la confusión.Es el momento de acoger y de cuidar toda vida humana, así como de repudiar la locura de las absurdas batallas, que siembran terror y eliminan el futuro. Seamos como el aire liberador, que limpia, aromatiza y esclarece, conciliando y reconciliando vientos huracanados, seducidos por la maldad, cegados por el poder y el odio mundano. Busquemos el mejor arreglo, ante el cúmulo de degradaciones de la tierra o de deshumanizaciones e inhumanidad esparcida, reavivando la solidaridad mundial, con el consabido recordatorio de que unidos somos más fuertes. No perdamos más tiempo, apacigüemos sin importar fronteras en pro de la igualdad, la prosperidad y la armonía.&nbsp;Se agradece, por tanto, que los países intercambien cada vez más conocimientos, experiencias y soluciones prácticas para hacer frente a los retos comunes de desarrollo; como también es vital que la alianza global conecte necesidades con soluciones, ya que ayudará a los países a identificar prioridades, accediendo a enfoques de eficacia probada, un camino que no deja de estar cargado de dificultades y de contrastes, pero también es una innegable oportunidad para que las naciones se encuentren y busquen soluciones universales. Será bueno, además, el encuentro fraterno entre las personas y los lugares. Evitará lo que desgasta en las relaciones, perseverando en el camino, con la interlocución del corazón como lenguaje que acaricia y jamás hiere.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“La concordia debe ser promovida colectivamente, ya que todos somos responsables de todos; en consecuencia, debemos vivir la cercanía, sin abandonar a nadie, pues el objetivo radica en fraternizarnos como humanidad”.]]>
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                                <updated>2026-09-10T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-10T16:30:00+00:00</published>
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            Los aires de la falsedad; nos están dejando sin escrúpulos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo está en el mismo aire que respiramos. Desde luego, nos merecemos reencontrarnos con lo auténtico, despojarnos de lo mundano y retornar al verso de lo celeste, volver a la poesía y revolvernos contra nosotros mismos, que será como reconoceremos nuestras propias caídas por este orbe tenebroso, para poder levantarnos y concretar otra existencia más espiritual que corporal.&nbsp;Dejemos que resplandezcan los cielos, para sentir la fragancia de lo armónico sobre un planeta redibujado de confusiones, cuyas historias humanas han de ser una mirada global, que nos avenga en lugar de enemistarnos. Es cierto que los mapas moldean nuestra comprensión, mientras alimentan la imaginación e influyen en las percepciones colectivas, pero hallarse en contradicción es el estado anímico más intolerable.Por ello, tenemos que ser más del alma, o sea de la conciencia crítica, para poder discernir y tomar el horizonte adecuado. La bola de simulaciones nos está dejando sin aliento.Quizás tengamos que interrogarnos más profundamente, explorar nuestros mares internos, bajarnos del pedestal del endiosamiento, escucharnos y activar la plegaría del arrepentido.El siglo XXI podría ser, debe ser, el siglo de la nitidez. La cuestión no son los apoyos terrícolas, sino los azulados con su poética de ritmos claros, donde todos somos necesarios e imprescindibles para ser la primorosa gloria lírica sobre la tierra. Bajo este místico universo, la desigualdad dejaría de cohabitarnos y el entusiasmo sería otro más edénico, en favor de una vida más anímica que corpórea.Salgamos, pues, de este territorio amontonado por secretos oscuros. Sin duda, precisamos también de otros vientos más esclarecedores y justos. Comencemos por no llamar defensa a un rearme que acrecienta intranquilidades e incertidumbre, empobrece las inversiones en recursos tan esenciales como educación y sanidad, o que contradice la confianza en la diplomacia, enriqueciendo a élites dominantes, a las que nada le importa el bien colectivo. Por desgracia, a muchos ciudadanos únicamente les motiva el caudal monetario para ser honestos. No simulemos el juego limpio, en un planeta donde todos somos viajeros y nos requerimos más pronto que tarde. Tampoco la traición tiene sentido alguno, nuestro mayor tesoro es ser dueño de una conciencia honrada y pura.Sea como fuere, no podemos continuar bajo unos sistemas impulsores de conveniencias, en vez de educar para la convivencia, lo que nos demanda a tomar conocimiento de la ecuanimidad como abecedario universal. Somos un latido que ha de inspirar buenos deseos, no un frío algoritmo cosmopolita sin alma, que busca solamente el escándalo, la división o la destrucción también en las familias. Seguramente, entonces, tengamos que hacer parada para rehacernos junto al silencio, porque la verdad está en nuestro propio pulso y es silenciosa, jamás ruidosa. El testimonio, lo tenemos con las redes sociales que difunden mentiras, con una rapidez superior a los hechos, lo que dificulta distinguirlos de la ficción o generar un compromiso cívico para resolver los problemas comunes.Además, sin veracidad, no hay democracia. Tengámoslo presente, esto hará que las jóvenes generaciones respiren brisas saludables de concordia, no el aire contaminado de las guerras, que es una destrucción total, también del espíritu bienhechor.&nbsp;El campo de batalla es la mayor estupidez y desesperación del género humano, vuelve majadero al vencedor y vengativo al vencido. Tal vez tengamos que mirar más a nuestro alrededor, nos daremos cuenta que el natural soplo cristalino es vital para la salud de la humanidad, la resiliencia de las haciendas y la estabilidad del clima como también lo es el incentivo de discernir en nosotros, sobre todo para saber cuándo debemos hablar y cuándo debemos callar. Aún así, evitemos los combates y asistamos a la cultura del abrazo; ¡no a la pugna!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El siglo XXI podría ser, debe ser, el siglo de la nitidez. La cuestión no son los apoyos terrícolas, sino los azulados con su poética de ritmos claros, donde todos somos necesarios e imprescindibles para ser la primorosa gloria lírica sobre la tierra”.]]>
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                                <updated>2026-09-07T17:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-09-07T17:00:00+00:00</published>
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            El nuevo significado de la concordia; radica en el respeto mutuo y sincero
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo depende del amor que pongamos en lo que hacemos cada día. Es una fuerza interior que tiene su origen en lo auténtico, a través de un transparente diario acontecer, vertido en los demás antes que en uno mismo. Guiados por estos buenos sentimientos es como ha de convivirse, en diálogo entre análogos y con la operatividad de la escucha permanente como horizonte. El acuerdo, precisamente, es fruto del amor recibido y ofrecido. Lo importante es que el tejido de lo armónico gobierne nuestros pasos por aquí abajo, y seguro que fructificarán, en un nítido bienestar social. Convertidos en gente de palabra sincera, todo será más llevadero en una sociedad globalizada, que requiere de relaciones de comunión con espíritu donante.&nbsp;Indudablemente, no hay mejor desarrollo humano que la entrega. En efecto, la acción ciudadana, cuando está inspirada y sustentada por el corazón, contribuye a la edificación de un espacio universal, sin fronteras ni frentes, hacia el cual avanza la historia de la familia humana.&nbsp;Humanicémonos y hermanémonos, será nuestro principal factor de desarrollo y no el progreso técnico o las meras relaciones de conveniencia. Son las entretelas de cada ser humano las que vencen nuestros males y abren la conciencia a relaciones recíprocas de libertad y responsabilidad. El utilitarismo o el interés mundano, sin embargo, nos atrofian los sentidos, hasta el extremo de volvernos esclavos del caudal monetario, que lo único que hacen es fragmentarnos y dividirnos.Sólo hay que adentrarse en la realidad y observar que las confrontaciones suelen alcanzar las principales arterias comerciales. Además, la tecnología está avanzando más rápido que la rendición de cuentas. Así, los esfuerzos diplomáticos suelen quedarse en nada, porque este entendimiento exige una visión trascendente de la persona, dejándolo todo en manos poderosas y sin moral alguna, que lo único que promueven es una propagación tan degradante como deshumanizante e inhumana. Quizás tengamos que volver a sentirnos familia, para poder retornar a la ética hogareña que parece estar en crisis, porque si no está en apuros es que somos demasiado autocomplacientes y pensamos que ya se han realizado todos los ideales, lo cual sería lo más nefasto que nos podría pasar.&nbsp;Las operaciones ofensivas ya no se limitan a provocar el cierre de puertos o a amenazar a los buques; estas atrocidades batalladoras y guerreras están sometiendo el sistema alimentario global a una presión especialmente mortecina, con precios más altos, un agravamiento del hambre, cosechas más reducidas y mayores dificultades, especialmente para los habitantes más vulnerables del mundo. Desde luego, los cuellos de botella marítimos nunca han de ser instrumentos de coerción y tampoco las provisiones y suministros de víveres deben convertirse en un daño colateral de los conflictos. Con razón se dice, que hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de la jornada; la quietud sin la cual el mismo chusco es agrio.En cualquier caso, todo hecho debe ser una fuente de avenencia, no un motivo de conflicto o de preocupación. Está visto, que allá donde habita la concordia siempre hay saludable victoria.&nbsp;Sea como fuere, además en esta tierra que es de todos y de nadie en particular, tenemos el deber de favorecer, la pacífica evolución de los pueblos en el respeto de los derechos del prójimo, volviéndolo próximo a nosotros, incluso cuando esto demanda renunciamientos o limitaciones personales. Así, personas de diverso origen, pero respetuosas entre sí, podrán ofrecer al mundo el panorama de la leal colaboración, de un intercambio cooperante de energías que tienden unánimemente al bien colectivo, con el único símbolo de superioridad que conozco, el de la bondad injertado en la verdad.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/corcoba.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“Humanicémonos y hermanémonos, será nuestro principal factor de desarrollo y no el progreso técnico o las meras relaciones de conveniencia”.]]>
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                                <updated>2026-08-27T16:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-27T16:00:00+00:00</published>
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            En los vacíos de este mundo; todos hemos de asistir al rescate
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desertar no es de recibo. En consecuencia, por más que cultivemos el aislamiento, no estamos solos, estamos rodeados de existencia, guiados y conducidos por el sentido común, que apenas lo cultivamos, pero que está ahí, como pulso humano.&nbsp;A poco que nos adentremos en nuestro fuero interno, nos daremos cuenta de que todo está vivo, a pesar de las oscuridades que nos acompañan.&nbsp;Por eso, hemos de estar siempre en guardia, dispuestos a ser colaboradores para aminorar el desierto de la pobreza, del hambre y de la sed, del abandono y de la soledad.&nbsp;Sin duda, precisamos tomar aire, alcanzar sosiego, ponernos en disposición unos de otros, al menos para restaurar el auténtico amor quebrantado. Lo mejor que podemos encontrar en nuestros viajes, es un arrojo cooperante.Ciertamente, nadie queda a salvo, todos somos viajeros en el desierto de este mundo. Precisamente, ahora cuando se amenaza a jueces por aplicar la ley, hasta el propio orden jurídico internacional está en riesgo. Cada día son más las amenazas y las medidas coercitivas, que también afectan a la capacidad de las víctimas para buscar justicia, ya que recurren a la Corte cuando se han agotado todas las demás vías, inmersos en un dolor tremendo, que nos deja sin vocablos. Es evidente, que la humanidad tiene que aprender a reprenderse así mismo, al menos para sobrellevarnos unos a otros.&nbsp;Sea como fuere, no podemos continuar por la senda de la destrucción y de la explotación, requerimos de un sano propósito de corrección y revisión personal. Esta es la apuesta, corregirse.La ciudadanía en su conjunto vive en la indiferencia, tocados por las aguas saladas del dolor y de la muerte, en un océano de oscuridad, sin luz. Es el momento, pues, de repensar situaciones para poder rescatarnos.El verdadero latido interno será el único, que nos acerque en comunión y en comunidad, para que la barca viviente no se hunda. La navegación no está en los fuertes, tampoco en los poderosos del mundo, sino en el hermanamiento y en la conjunción de ritmos curativos, lejos del dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad mundana. Son estas contiendas absurdas las que nos destrozan, dejando heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla, acrecentando el miedo, la injusticia y la división. &nbsp;El camino enigmático se mueve hacia nuestro mar adentro.&nbsp;Es en nosotros, y no en otro lugar, donde realmente comienza a tejerse el cambio, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro.&nbsp;De hecho, las discordias que presenciamos en el orbe, como la barbarie y el salvajismo, no resultan simplemente de estructuras o sistemas imperfectos; son el síntoma de una profunda bifurcación segregacionista arraigada muchas veces en nosotros mismos. En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras ofensivas y donde se revela nuestra circunstancia de caída; pues no es únicamente la sede de las emociones, sino el centro de la persona, el lugar en el que convergen la razón, los deseos, la voluntad y la conciencia. Amar la verdad, por amor a la veracidad, es la solución a tanta imperfección humana. Los daños de las inservibles disputas, así como el deterioro de la tierra, están entonces profundamente vinculados con la condición de las entretelas humanas.De ahí que, cuando está distorsionado nuestro pulso, las relaciones sufran el martirio. Las texturas que generamos y construimos, comienzan además a reflejar el desorden, de una época de enfrentamientos y sin principios morales. Entiendo que este vacío es cruel, lo que nos demanda a escucharnos y a querernos, para poder reordenar nuestras aspiraciones, sanar nuestras llagas, creciendo en la virtud. Si asumimos esta tarea con humildad y certeza, ganaremos en quietud seguro. Trabajemos por lograrlo, la esperanza nunca se pierde. Ojalá, sea así.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La ciudadanía en su conjunto vive en la indiferencia, tocados por las aguas saladas del dolor y de la muerte, en un océano de oscuridad, sin luz. Es el momento, pues, de repensar situaciones para poder rescatarnos. El verdadero latido interno será el único, que nos acerque en comunión y en comunidad, para que la barca viviente no se hunda”.]]>
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                                <updated>2026-08-24T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-08-24T16:00:00+00:00</published>
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        <title>
            La realidad humunitaria; nos demanda un sentido responsable
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/la-realidad-humunitaria-nos-demanda-un-sentido-responsable" type="text/html" title="La realidad humunitaria; nos demanda un sentido responsable" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/la-realidad-humunitaria-nos-demanda-un-sentido-responsable">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Volver a la estética del pulso y a la ética de los andares, ha de ser nuestra tarea. Nos conviene a todos, hacer cambios en nuestras existencias; ya que, si el egoísmo que genera el sistema hace que los gobernantes antepongan su éxito personal a su compromiso social, también nosotros con nuestras acciones y reacciones diarias, ante un problema con el que nos topamos, o una tensión que vivimos u ofensa que sufrimos en nuestro circulo viviente, nos mostramos pasivos e indiferentes, en lugar de ofrecer nuestra mano extendida y la comprensión manifiesta, contribuiremos asimismo a que el desorden crezca. Quizás debiéramos explorar más la memoria, repensar los hechos, y ver que nuestros pasos no radican en vaticinar el mal, sino más bien en destinar nuestras fuerzas por un mundo mejor.&nbsp;&nbsp;El futuro nos corresponde a todos laborarlo. En consecuencia, nuestro deber es cuestionarnos con valentía el modo y la manera de donarnos, de activar el níveo amor poniéndonos a generar concordia, ante una bochornosa realidad deshumanizante e inhumana como jamás, marcada y remarcada por un aluvión de conflictos armados y desplazamientos masivos. Desde luego, los principios de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia se perciben amenazados continuamente, por la impunidad en la vulneración de normas internacionales. De ahí, la necesidad, de que se active la buena vecindad; pues si cada uno se aviene con los de su propia acera, mediante el amor recíproco, la calle acabará aunándose de palpitaciones, reconduciéndonos y hallándonos en los demás.&nbsp;&nbsp;Hermanarse es nuestra gran asignatura pendiente. Lo armónico es lo que nos hace avanzar hacia el territorio de la belleza y embellecernos. El verdadero ser reconcentrado crece y aprende cada día de sus errores, llegando a descubrir que siempre uno es el principal garante de lo que acontece. Precisamente, entiendo, que un vencedor es aquel que entiende la obligación que conlleva su libertad, haciendo un llamamiento a rechazar la lógica del inhumano mercado, que todo lo compra y lo vende, especialmente en esta era de intereses mezquinos. Hoy más que nunca, por consiguiente, tenemos que entrar en sanación. La paz nace en nuestra propia casa, arranca en nosotros y finaliza con la siembra de gestos conciliadores y reconciliadores. Ahora bien, nadie puede amar sin antes amarse.Quererse a sí mismo es el prólogo de una biografía que dura toda la vida, contribuyendo a que cese este torrente de lágrimas, que nos está dejando sin sonrisa alguna, impidiendo fortalecer las alianzas globales para proteger la dignidad, la seguridad y la autonomía de todas las personas. No son las armas las que generan los acuerdos, sino la realidad del alma humana, que es lo que nos incentiva a vivir, sentir y recapacitar. Ojalá aprendamos a tomar conciencia de esta cruda realidad, para que cada cual haga de la unión la causa de su esencia, no aislándose, sino poniéndonos en movimiento, lo que te hace no quitar ojo y observar e ir hacia los otros, creando comunión y comunidad, objetivo del que tampoco debemos desviarnos.&nbsp;Justamente, porque cada uno de nosotros formamos parte del cuerpo civil operante, la situación humanitaria en el mundo hay que mejorarla con sistemas democráticos, que refrenden los derechos humanos y testifiquen por vigor moral el creciente amor a la humanidad.&nbsp;La estabilidad se manifiesta a través del cultivo de la cultura del abrazo sincero, hacia el semejante, lo que forja sobre todo sabiduría y felicidad. Está visto que nos hemos globalizado, ahora será hermoso que nos entendamos y atendamos, para defender nuestro proceder por aquí abajo, que ha de estar cargado de sueños hogareños y de relatos en sociedad. Sin ese vínculo de parentela, en continua conformidad, no espiga la correspondencia. Por ello, es vital conocerse y reconocerse, estimarse y ayudarse, ¡manteniéndose humanos!&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La paz nace en nuestra propia casa, arranca en nosotros y finaliza con la siembra de gestos conciliadores y reconciliadores. Ahora bien, nadie puede amar sin antes amarse”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-23T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-23T16:00:00+00:00</published>
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            Nos falta amor para poder amar;  nos sobra violencia y manipulación
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/nos-falta-amor-para-poder-amar-nos-sobra-violencia-y-manipulacion" type="text/html" title="Nos falta amor para poder amar;  nos sobra violencia y manipulación" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/nos-falta-amor-para-poder-amar-nos-sobra-violencia-y-manipulacion">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todo en esta vida tiene su antagonismo; en el caso del amor, el odio. Sea como fuere, procura saber lo que quieres ofrecer y dónate en tu tránsito por aquí abajo, antes de que el rencor se apodere de tus habitaciones internas y acabe por destruirte. Amando es como se vive realmente; de no hacerlo, es como se camina amortajado hacia su propio sepelio. Por tanto, la humanidad por sí mismo, tiene que dejar de deshumanizarse, ha de sentirse familia; y, como tal, debe favorecer todo tipo de encuentros desinteresados. Nuestros vínculos contemplativos han de formar un poema perfecto, lo que requiere una estrecha sintonía de variados pulsos confluentes, que es lo que realmente nos embellece y nos dispone a fomentar el cultivo del abrazo sincero a los demás. &nbsp;Quizás tengamos que poner más corazón en todo lo que hacemos, también en el brío dominante tecnológico, que ha de ser moldeado por toda la humanidad. No puede estar en manos de un puñado de países o empresas, pues todas las naciones deben tener una posición, tanto de escucha como de voz.Hemos de atendernos y entendernos mutuamente. Por ello, el amor es imprescindible, no sólo para hacernos radiantes, sino para mostrarnos cuánto podemos soportar. La presencia del dolor y de la barbarie que destroza la íntima comunión existencial, va a estar ahí, en cualquier esquina, a la espera de hacernos sudar: sangre, sudor y lágrimas. Será vital, por consiguiente, no sólo sentirse acompañado, también acompasado por lenguajes que nos armonicen.Hoy más que nunca requerimos sentir la caricia de una mirada, para poder dar luz al pan de nuestros agobios, que es lo que nos hace batallar por un futuro más humanitario, en el cual los seres humanos sean los que decidan y rindan cuentas. Jamás olvidemos, que somos ciudadanos apegados al afecto, no a las frías máquinas que pueden llegar a dominarlo todo, pero realmente el amor no se impone, se cultiva.A este cúmulo de contrariedades, además, hay que sumarle el espíritu de la falsedad que nos tritura nuestra propia inspiración natural, con un cúmulo de tensiones inducidas por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute a cualquier precio, generando dinámicas de intolerancia y agresividad a más no poder.Elevemos la mirada, hacia adelante. No mires jamás de dónde vienes, sino hacia dónde vas. Tampoco caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos, en lugar de avivar en nosotros las energías apacibles, que es lo que verdaderamente nos transforma, confiando nuestro compromiso al futuro de la humanidad, a través de la transmisión de la vida humana. Ahora bien, hemos de desterrar toda maldad, ya que el orbe de los afectos tiene siempre un sentido de clemencia, que nos lleva a aceptar al otro, aunque piense y actúe diferente, como parte de esa conjunción de percusiones. Seamos entonces algo más que un sentimiento, seamos caminantes de verbo en verso, que es lo que nos hace ofrecer el bien, aunque nos hayan inundado de males, por el único encanto de dar y de servir.Desde luego, esta realidad de entrega permanente y de guardia constante nos hace salir de nosotros mismos, mientras la rivalidad nos lleva a centrarnos en el propio egoísmo.&nbsp;El mundo, sería otro muy distinto, si fuese poesía &nbsp;y no poder, lo que nos demanda a laborar otros andares más humildes y menos endiosados. Entremos en el buen juicio, no necesitaremos salvajismo ni desafuero alguno; pues para un ciudadano de bien, todo el orbe forma parte de su vena conjunta. La mentira es la que sólo puede ser mantenida por la violencia. Nunca resuelve los trances, ni siquiera aminora sus efectos calamitosos. Sin embargo, estimar lo que nos rodea, también a nuestros análogos, es volverse amable; creando nuevas redes de integración, con el amoroso calor de hogar, sitio en el que uno siempre es esperado.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Elevemos la mirada, hacia adelante. No mires jamás de dónde vienes, sino hacia dónde vas. Tampoco caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos, en lugar de avivar en nosotros las energías apacibles, que es lo que verdaderamente nos transforma, confiando nuestro compromiso al futuro de la humanidad, a través de la transmisión de la vida humana”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-20T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-20T16:30:00+00:00</published>
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            El desarrollo del mundo;  es la poética de las facultades éticas
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-desarrollo-del-mundo-es-la-poetica-de-las-facultades-eticas" type="text/html" title="El desarrollo del mundo;  es la poética de las facultades éticas" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-desarrollo-del-mundo-es-la-poetica-de-las-facultades-eticas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cualquier camino que queda por recorrer, siempre se nos descubre como incierto y frágil, por lo que el más mínimo instante debe llevarnos siempre a hacer un alto en el camino, para pensar en la continuidad o en el cambio de rumbo. Lo que está claro, que todos los latidos reflexivos son necesarios, para poder tomar conciencia de que nada somos por sí mismos; protegiendo, de este modo, tanto la dignidad individual como la convivencia sosegada entre pulsos diversos. La singularidad de cada ser humano está ahí, en todas nuestras acciones y reacciones que han de ser tomadas en libertad, pero a la vez con sentido responsable, en beneficio no únicamente de sus propios miembros, sino de toda la humanidad; que, más pronto que tarde, debe fraternizarse.&nbsp;No podemos marcar la historia de nuestro linaje, contradiciendo nuestro propio sentido natural viviente y humanitario, tornándonos más inhumanos y pasivos; en parte porque el poder dominador todo lo corrompe, haciendo de la vida, que debe ser un poema perfecto, una dolorosa pena vulgar, donde nadie reconoce a nadie, a no ser nada más que por el dinero. La venganza y el odio campean por todas las atmósferas existenciales, deshumanizándonos totalmente. Rechacemos estos aires irreconciliables y pongámonos a embellecernos hermanados para reconstruir espacios que nos muevan los corazones, hacia el verso y la palabra, dejándonos acompañar por poéticas antes que por políticas mundanas, movidas exclusivamente por el interés del maligno.Pasemos, pues, de la equivocación humana ennegrecida al buen propósito de la lírica, que todo lo realza versando cosas humildes. Seamos esa pulsación esclarecedora y donante, reconstruyendo vínculos de auténtica amistad. Precisamente, nuestra obligación radica en vivir una vida apacible conforme a la inspiración radiante, para que aquellos sufrientes y olvidados sean recibidos con compasión, solidaridad y amor. Jamás olvidemos que nos necesitamos entre sí. Nadie puede excluirse y no protegerse, máxime en una época en la que millones de niños crecen con la inteligencia artificial antes de que existan reglas para salvaguardarlos; cuando ésta además, avanza más rápido que las normas para controlarla. Volvamos a la voz de poesía, dejaremos de ser ciegos y no seremos sanguinarios. El desarrollo del orbe será un horizonte inclusivo de esperanza cuando los seres humanos, al igual que los verdaderos poetas, conserven sus ojos de niño, para adentrarse en lo melódico que nos circunda. Nuestro santuario interior tiene que recomponerse para poder poetizarse, para que el poder de los oligarcas tecnológicos que muchas veces supera al de los Estados, se reduzca con la placidez bucólica. Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo.Necesitamos el cambio y, para conseguirlo, hace falta una equitativa y armoniosa participación en los bienes. No podemos defraudar las expectativas de los pueblos y continuar viviendo en un caos permanente, atravesado por conflictos armados, desigualdad extrema, impunidad y una creciente fragmentación geopolítica.La ciudadanía en su conjunto y el ser humano como tal, debe estar en el centro del progreso, que no ha de reducirse al simple crecimiento económico, sino que debe ser integral e integrador, como lo es el calor de hogar. Tampoco cabe rendirse, sería lo último. El decoro es la épica del deber, que sumado al derecho de una justa protección social, nos hace ganar sosiego; aunque el amor nos agite, pues éste ha de costarnos, para que sea verídico.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo”.]]>
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                                <updated>2026-07-06T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-06T16:00:00+00:00</published>
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            Rendirse en la adversidad; es ponerse de su parte
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/rendirse-en-la-adversidad-es-ponerse-de-su-parte" type="text/html" title="Rendirse en la adversidad; es ponerse de su parte" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/rendirse-en-la-adversidad-es-ponerse-de-su-parte">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nunca rendirse, nunca, en nada, ya sea grande o pequeño, enorme o minúsculo; es preciso buscar y recorrer todos los caminos posibles ante las dificultades, por muy descomunales que sean los altercados, lo que suele demandarnos un esfuerzo anímico profundo, con la firme decisión de apartarnos del mal, respondiendo con el bien, rompiendo de este modo la cadena de la injusticia. La mejor arma radica en el cultivo del amor de amar amor, con la verdad y la bondad como semilla. Desde luego, el principal escudo para volver próximos al prójimo, con las caricias de las miradas y el arte de la conversación, no es otro que escuchar y dejarse entender. Sólo así, podremos facilitar la solución de los conflictos y favorecer el respeto de la vida, de toda existencia humana.&nbsp;En consecuencia, el recurso a los artefactos para dirimir las controversias representa una derrota de la razón y de la humanidad. Jamás negociemos con miedo, pero jamás temamos negociar. No dobleguemos la rodilla ante el maligno. Activemos el entusiasmo del deber cumplido, que no es otro que el reencuentro entre análogos, gracias a la fuerza de cohesión dialogante, sustentada en una síntesis equilibrada de contemplación y acción, animada por la generosidad que alcanza cimas altísimas cuando se inclina humanitariamente ante los males profundos de los demás. La capacidad de volcarse ante la miseria ajena es la medida de la fuerza que impulsa hacia lo alto. Bajo esta enseñanza, siempre actual y viva, se sustenta la confianza hasta en uno mismo, el primer secreto de la superación.La familiaridad sirve en las pláticas más que el talento. Indudablemente, nada puede conseguirse sin esperanza y cordialidad. De ahí, la importancia de proteger el parlamentarismo y a sus mandatarios.&nbsp;Desempeñan un papel esencial a la hora de plasmar los compromisos en materia de garantías individuales y constitucionales en leyes, políticas y mecanismos de control que protejan a los ciudadanos frente a la discriminación, los abusos y la inmoralidad. Al garantizar que los derechos humanos continúan siendo el eje central de la toma de decisiones, las cámaras fortalecen el espíritu democrático, promueven la rendición de cuentas y fomentan la convicción de las gentes en las instituciones.Un país sin elecciones libres es un territorio sin voz, sin ojos y sin brazos. La democracia es un ideal universalmente reconocido y uno de los valores y principios fundamentales, que proporciona un entorno para la protección y el disfrute efectivo de la naturaleza pensante. Esta humanidad de las encrucijadas, con su multitud de cruces, lo que requiere es el fomento persistente de la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para zanjarlos. Darse por vencido no tiene ningún sentido, entonces. Se trata de no apoltronarse en las formas cómodas y habituales de tragarlo todo, abriendo las puertas de nuestro corazón, porque este orbe no está reservado a unos pocos privilegiados, sino que lo formamos en comunión y lo conformamos armónicamente en comunidad.&nbsp;&nbsp;El derecho y el deber son como las olas, tampoco dan oleajes diversos, sino se recrean con el aire y no crecen entre sí.&nbsp;Quizás, nosotros también necesitemos, comenzar por mantener conjuntamente el respeto al derecho ajeno, para poder ganar sosiego para el brío sensato. Además, puede que no estemos de acuerdo con las ideas de otros, pero hay que llegar a estar acordes; y, para ello, tenemos que defender con nuestra distintiva savia la contribución de poder expresarlo. Lo cardinal no es mantenerse pasivo sino activo.La peor de las actitudes es la indiferencia, decir que no puedo hacer nada y cruzarnos de brazos, sometiéndonos a la evidencia de que este mundo está trastornado. El aguantar merece estima, pero el agachar la cabeza es indigno; ¡la levantamos, pues!&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La familiaridad sirve en las pláticas más que el talento. Indudablemente, nada puede conseguirse sin esperanza y cordialidad. De ahí, la importancia de proteger el parlamentarismo y a sus mandatarios”.]]>
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                                <updated>2026-06-29T16:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-29T16:00:00+00:00</published>
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        <title>
            Protejámonos dignamente unidos; o nos sepultamos solos
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/protejamonos-dignamente-unidos-o-nos-sepultamos-solos" type="text/html" title="Protejámonos dignamente unidos; o nos sepultamos solos" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/protejamonos-dignamente-unidos-o-nos-sepultamos-solos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Latido a latido es como se consigue todo. No existe el hundimiento, salvo cuando dejamos de batallar juntos y nos desalentamos separándonos entre sí; máxime en un momento en el que nos hemos globalizado, lo que nos demanda poner a prueba la gran promesa de seguridad para todas las personas, se hallen donde se hallen. Setenta y cinco años después de la adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, tras la Segunda Guerra Mundial, esa promesa continúa estando vigente y es uno de los compromisos más claros de la comunidad internacional: Que aquellas personas que se han visto forzadas a huir no sean devueltas a una situación de riesgo y puedan vivir con dignidad, aunque estén desplazadas.&nbsp;En un orbe plagado de conflictos, hasta que todo el mundo esté a salvo, sin que le falte la justa comprensión y la básica asistencia, no habremos conseguido el objetivo humanitario. Comencemos, pues, porque las instituciones, con sus gobiernos al frente, sean ejemplarizantes a la hora de mantener el apoyo vital y defender sistemas de asilo justos y accesibles. Desde luego, la seguridad no debe vivir a cuenta de la nacionalidad, la riqueza, la raza, la religión, el género, la opinión política o la situación migratoria. Hay protección únicamente cuando los ciudadanos desplazados puedan vivir sin temor y reconstruir sus existencias, sin exclusiones; para ello, es preciso universalizar y salvaguardar el derecho a solicitar refugio, con oportunidades reales para alcanzar la autosuficiencia.&nbsp;Ojalá aprendamos a caminar hermanados; la cuestión no es fácil, pero tampoco imposible. Es cierto que la ciudadanía atraviesa una profunda crisis anímica y cultural, que se exterioriza en múltiples hechos de violencia, polarización y desconfianza recíproca. Quizás tengamos que aprender a querernos a nosotros mismos, para poder querer a los demás. Esta experiencia de cercanía, nos recuerda también el valor de la concordia y del paciente esfuerzo de cada ser, por acoplar siempre la firmeza de las convicciones con la benevolencia del diálogo y la grandeza del servicio. Con el paso de los años, yo mismo he comprendido que el bienestar es real, cuando reconozco la avenencia con todas las gentes del mundo, sin excepción alguna.&nbsp;Sea como fuere, es público y notorio, que la unión genera vínculos que nos fortalecen, sobre todo en las cosas necesarias, en cuanto comunión íntima de vida y amor que somos, como familia natural, mientras la discordia todo lo debilita. Así, cuando estalla una pugna, se reaviva un trance latente o se desata una catástrofe. Los individuos se ven forzados a abandonar sus hogares y pertenencias. La labor benefactora, es estar a su lado y asegurarse de que reciben la protección y la asistencia que solicitan. Urge, por consiguiente, hacer frente a esta cuestión de manera eficaz; lo que nos exige actuar de común acuerdo, con espíritu solidario, sin excesos ni despilfarros. Al fin y al cabo, lo trascendente no radica sólo en mantenerse vivo, sino en sustentarse vivencialmente compasivo.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;La humanidad tiene que humanizarse, por deber. Su genética está radicada en el deseo del bien y la bondad, en el cultivo de la verdad y de la virtud, ya que no concurre para destruirse. Perseverar con la mirada limpia facilita el reencuentro, saber estar juntos, haciendo culto a la cultura del abrazo y a los cuidados ineludibles. Levantarse de las caídas, salir de los espacios que fragmentan, es viable. Ahora bien, la honestidad requiere vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación universal contra los traficantes, amparo afectivo y efectivo a las víctimas, procesos leales y fieles de acogida e integración y políticas más poéticas, que permitan a cada persona morar con decencia en su propia tierra. Seamos todos, entonces, noble calor de hogar; al menos, para no temblar de innoble frío.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/18_CORCOBA_PAG_24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La unión genera vínculos que nos fortalecen, sobre todo en las cosas necesarias, en cuanto comunión íntima de vida y amor que somos, como familia natural, mientras la discordia todo lo debilita”.]]>
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                                <updated>2026-06-19T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-19T16:30:00+00:00</published>
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            Nos asalta el temor;  el terror nos espanta
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/nos-asalta-el-temor-el-terror-nos-espanta" type="text/html" title="Nos asalta el temor;  el terror nos espanta" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Con la ayuda de Radio María, en paz me acuesto y enseguida me duermo. A veces me temo a mí mismo, cuesta tanto percibirse como comprender a los demás, entender el llamamiento de la naturaleza como atender a la evocación del donarse y de no servirse de nadie. Ciertamente, el tiempo de ruta está bien claro, desvivirse por vivir como un poeta en guardia, que todo lo embellece y luego lo comparte y, además, lo simpatiza. La convivencia es la vivencia de un modo y una manera de vivir la libertad, &nbsp;sin conveniencia.Cultivar la purgación y practicar el corazón, es un saludable propósito. Sin embargo, el pánico nos sobrecoge cada día, ante la imposición de intereses mundanos que nos dejan sin voz y nos niegan la dignidad, con la indecencia de la exclusión.&nbsp;Moremos en la poesía que somos y despojémonos del poderío mundano que no somos. En cualquier caso, no impongamos nada y propongamos todos. Despojémonos de esos aires terroríficos que nacen del odio, que se sustentan en el desprecio hacia toda existencia y que son un verdadero crimen contra la humanidad.&nbsp;Por tanto, no basta reprimir los recelos, suspender las luchas, hay que tender a un aire conciliador que nos reconcilie los ánimos, dentro de las familias y de la sociedad. Que esta noble nación de España, como ha dicho en su viaje apostólico el Papa León XIV, en su encuentro con los miembros del parlamento español, jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar el futuro, en comunión y en comunidad, con la franqueza del diálogo y la grandeza del servicio.&nbsp;Esta proverbial “Tierra de María” que San Juan Pablo II quiso llamar, puede ofrecer sus místicos latidos, contra la furia del enemigo.&nbsp;Para empezar, cuenta con una lengua que une continentes, aunque también caminemos por gargantas tenebrosas; y tiene, además, una experiencia histórica; &nbsp;que nos recuerda el valor de la concordia y del esfuerzo paciente para cimentar una relación apacible y ecuánime. La bondad, aunque sea cultivo de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos.&nbsp;Pongamos pasión, pues. Únicamente el verdadero amor es el que nos aproxima, nos trae felicidad y nos atrae hacia ese calor de hogar, tan vital como preciso; ya &nbsp;que nuestras propias voces interiores necesitan sentirse acompañadas y acompasadas, por esos tonos y timbres vinculantes y alentadores.&nbsp;La ciudadanía tiene que dejar de producir diente con diente para ofrecer pulso a pulso, la mejor de sus pausas, los latidos del alma e ir tejiendo lazos donde poder sembrar la semilla del verso, que se hará poema y limpiará todas las penas.&nbsp;Que nada nos turbe, ni tampoco nos espante, si sumamos fuerzas y secamos lágrimas. Ciertamente, nos merecemos otro mundo más hermanado, que reconozca esas madres que ya no pueden alimentar a sus hijos, o esas familias obligadas a abandonar sus pertenencias para huir de la violencia o esos niños privados de escuela desde hace años. Hay que salir de este abismo; y, el espíritu humanitario que todos llevamos consigo, debe estar ahí, en primera línea, manteniéndonos incorporados a la responsabilidad de la acción.&nbsp;Estamos obligados, en consecuencia, a repensar y a preguntarnos a dónde nos estamos encaminando o, mejor aún, hacia dónde nos estamos arrojando.&nbsp;Desde luego, no faltan razones para un cambio. Nos lo recordaba en su discurso también el Santo Padre León XIV, con motivo del viaje apostólico y el encuentro con la comunidad diocesana, en el Estadio “Santiago Bernabéu” (Madrid), con la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén. Hoy, enmendar representa parada y escucha, pues es en la pluralidad de voces y visiones, donde se realza la claridad, haciendo que todos nos sintamos como en casa.&nbsp;Al fin y al cabo, el futuro depende de todos nosotros, del respeto que nos tengamos y de la alegría que sembremos.&nbsp; &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2024/03/07_CORCOBA_P24.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La ciudadanía tiene que dejar de producir diente con diente para ofrecer pulso a pulso, la mejor de sus pausas, los latidos del alma e ir tejiendo lazos donde poder sembrar la semilla del verso, que se hará poema y limpiará todas las penas”.]]>
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                                <updated>2026-06-11T16:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-11T16:00:00+00:00</published>
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            Apuesta por un corazón limpio; que avive el respeto mutuo
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/apuesta-por-un-corazon-limpio-que-avive-el-respeto-mutuo" type="text/html" title="Apuesta por un corazón limpio; que avive el respeto mutuo" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En este mundo de realidades corruptas y de espacios de mercado, sin sensibilidad alguna, al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia anímica, precisamos recuperar la importancia de un timbre radiante, que intensifique la consideración hacia todo ser humano; hoy tentado de navegar como un cuerpo sin espíritu, al ritmo de la compraventa vinculada a la cartera de inversiones, en lugar de volver al corazón, para reencontrarse. No podemos continuar devaluándonos.&nbsp;Hemos de reaccionar frente a este egoísmo, que desemboca en un individualismo empedrado y cada día más enfermo, verdaderamente destructivo, que nos deja sin alma. Urge regresar al verso que somos, a la sístole y diástole del verbo nítido, que es el que nos eleva a la mística en comunión.Precisamos que todas las acciones se pongan o se repongan bajo el dominio poético de los latidos, que la comercialización y los deseos de capital obsesivos, dejen de apoderarse de nuestros andares, por aquí abajo. La poesía y, no el poder a cualquier precio, es lo que debe reinar sobre todo lo demás.Esto nos exige, practicar la confluencia de miradas, si en verdad queremos albergar un estado de arrojo humanitario. Por ello, es vital recogerse para hacer silencio; y, de este modo, templar nuestros propios impulsos terrícolas, a fin de armonizar las estúpidas enemistades. Dejemos, pues; que las entretelas diluciden nuestros pasos, antes que la indiferencia nos tutele y la ingratitud nos subyugue. No olvidemos jamás, que cada obra de amor, tiene su social aleteo curativo.&nbsp;Indudablemente, la peor de las contrariedades será cultivar un interior cerrado y endurecido; que apenas, sienta por nada, ni tampoco por nadie. Enmendarse es lo suyo; lo que nos demanda a tener que ahondar en el nosotros, para que nuestras distintivas habitaciones estén tranquilas. Esto requiere tiempo y otros cultivos, que tampoco están de moda en el ahora. Se trata de mirarse y de verse para poder refundirse; previo aprender a reprendernos, bajo la visión de una sana voluntad. El juego limpio puede ser una buena lección, para observar cómo se activa el aprecio entre las gentes copartícipes, enseñándonos a valorarnos y a respetarnos los unos a los otros. Únicamente se requiere, para llevarlo a buen término, entenderse y atenderse.Pensemos que la vida es un benéfico recreo, donde todos estamos para recrearnos, jamás para destruirnos, lo que conlleva escucharse y dejar que nuestro orbe oculto fecunde sueños.&nbsp;En consecuencia, los movimientos han de estar adheridos a reglas, como el respeto por los adversarios y la lucha contra todo tipo de violencias.&nbsp;El cariño es nuestro abecedario, o debe serlo, si queremos ser honestos y notar que, un instante de gozo introspectivo, vale más que una perennidad de placer por los sentidos. En definitiva, que allí donde reina el afecto, la persona alcanza su identidad de quererse y de hallarse querido. Sí, lo más sublime es que amándose uno, es como se puede amar a los demás.&nbsp;El manantial de la luz viviente, no tiene otro alojamiento, que el curso de las percusiones.&nbsp;Está visto, que nuestro mayor tesoro de tañidos sistémicos se alegra cuando la familia es nuestro natural cobijo, el hogar del níveo sentimiento.&nbsp;Tanto es así que, como repetía el inolvidable Francisco de Quevedo por el paraíso de Torre de Juan Abad, situado en la vieja comarca del campo de Montiel, al Sur de Ciudad Real y colindante con Andalucía, formalmente reino de España: “los que de corazón se quieren, sólo con el corazón se hablan”.&nbsp;Por este cimiento Quevediano, y viendo como se suceden las nuevas disputas, con la complicidad de meras luchas de poder alrededor de toques frívolos, pasividad o flojedad nuestra, podemos pensar que esta sociedad globalizada, de la era de la inteligencia artificial, está perdiendo el pulso, que es tanto como decir, que ha entrado en demencia con el odio.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La vida es un benéfico recreo, donde todos estamos para recrearnos, jamás para destruirnos, lo que conlleva escucharse y dejar que nuestro orbe oculto fecunde sueños. En consecuencia, los movimientos han de estar adheridos a reglas, como el respeto por los adversarios y la lucha contra todo tipo de violencias”.]]>
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                                <updated>2026-05-18T16:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-05-18T16:30:00+00:00</published>
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            Debemos sanar los males; con un buen uso del corazón
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nos hallamos aquí, para experimentar, que nada somos por sí mismo y que el amor todo lo cura. Lo importante es sumar fuerzas desinteresadas, para entrar en sanación, en un mundo efervescente de cambios, que tiende a marginar el sentido natural de las cosas.</p><p>Por desgracia, nos hemos endiosado y pensamos que lo dominamos todo, en esta sociedad de las comunicaciones y del conocimiento mundano, donde la interdependencia económica, la transferencia de capitales y de empresas es un hecho, que acrecienta además la movilidad de personas, la exportación de ideas y de estilos de vida, lo que nos demanda a entendernos y a aprender, ya no solo a reprendernos, también a convivir con lo diverso, sabiendo que el desarrollo a cualquier costo nos deja a todos más pobres, no más ricos.&nbsp;La hazaña, pues, bajo esta atmosfera globalizada no es fácil; pero tampoco imposible, es cuestión de restablecer modos y maneras de vivir, sabiendo que las ofensas jamás se vengan.&nbsp;Hay que evitar los combates, que lo único que hacen es enfermarnos por completo. Pensemos, que constantemente se ha dicho: renovarse o morir.&nbsp;Pongámonos, entonces, en acción. La unidad se consigue, cultivando el amor recíproco entre latidos variados, sabiendo que un cuerpo íntegro todo lo reconduce, pero que un pulso cabal es lo más hermoso que el cielo puede darnos para hacer radiante nuestro torpe andar. No olvidemos la dimensión vinculante como humanidad que somos, la de volvernos humanitarios y la de revolvernos contra los traspiés para corregir la propia existencia.&nbsp;Es público y notorio, que no se accede a lo auténtico, sino a través del espíritu donante. Un buen propósito, es ponerse a trabajar en algo, reconociendo que es un derecho y un deber, al menos para que el maligno nos encuentre ocupados.&nbsp;Otro recto designio será estar vigilantes de nuestros corazones y de nuestras vidas.&nbsp;Cada día también imperan esos vientos que parecen acariciar, pero que nos aniquilan, coartan nuestra libertad y no respetan la dignidad, ofreciéndonos estilos de supervivencia consumista que nos vacían internamente y nos impulsan a vivir &nbsp;fuera de nosotros, en los vicios mundanos. Incluso, son notorios rapaces, con pedestal incluido que les protege, saqueando los recursos del planeta, librando guerras sangrientas o alimentando el mal en cualquiera de sus formas.Seamos gentes de paz &nbsp;y amor, poetas de entretelas y convivencias, no de conveniencias. Para toda clase de maldades o de males siempre hay enmiendas, como el tiempo y el silencio.&nbsp;Un ser prudente sabe prevenirlo, uno valerosos lo soporta sin quejarse; pero un hombre sabio, sabe asimismo discernir, abriendo paso a la concordia. En cualquier caso, las limitadas posibilidades humanas se unen a un espíritu inherente contemplativo, que rompe la cadena demoniaca de lo horrible, a poco que busquemos refugio en la inspiración del verso.&nbsp;Es esta embellecedora poesía mística la que nos alienta y adereza familiarmente, sin lucro injusto, con comprensión y perdón. Esto nos insta a despertar, a despojarnos de lo material y a envolvernos de calor de hogar, que sólo realzan cosas humildes.Hoy más que nunca, necesitamos llenar nuestra mente de pensamientos nuevos, que nos fraternicen y nos rescaten hacia la bondad/verdad.&nbsp;Será saludable que deliberemos, por tanto, sobre los niveles de soledad ciudadana que son altísimos, o la perdida de la calidad del aire y el difícil acceso al agua potable para muchas personas o en la desigualdad de ingresos y riquezas, que nos dejan sin sensibilidad alguna, con un crecimiento sin progreso; ya que las economías se expanden, mientras empeoran las tensiones sociales, políticas y ambientales.&nbsp;Puede que el honor sea el poema del deber; pero la bajeza, es la indecencia manifiesta del perverso, que todo lo empeora con violencias, haciendo que la esperanza de vida saludable y la satisfacción con la vida, se conviertan en un amor imposible.&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Seamos gentes de paz y amor, poetas de entretelas y convivencias, no de conveniencias. Para toda clase de maldades o de males siempre hay enmiendas, como el tiempo y el silencio. Un ser prudente sabe prevenirlo, uno valerosos lo soporta sin quejarse; pero un hombre sabio, sabe asimismo discernir, abriendo paso a la concordia”.]]>
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                                <updated>2026-05-11T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-11T16:30:00+00:00</published>
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            El querer lo es todo en la vida; con la constancia nada se resiste
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-querer-lo-es-todo-en-la-vida-con-la-constancia-nada-se-resiste">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Somos seres en camino y el movernos es una batalla continua, que ha de mantenerse en el amor verdadero como tranquilidad y para poder persistir en las adversidades, con el coraje del buen hacer y mejor obrar. En efecto, se trata de reconstruirse y de superarse diariamente, ante la multitud de los desafíos, con la voluntad de ayudarnos mutuamente, pues el mejor propósito del espíritu es servir, mostrando compasión en todo momento. Así, y con renovada pasión, yo mismo me hago a diario persistentes llamamientos de trabajar unidos, más que con hazaña política con voluntad poética, a fin de acrecentar la cohesión social de pulsos, con sus pausas oportunas, para que nos hagan reflexionar; y, de este modo, poder tomar el camino adecuado, a pesar de las dificultades que nos acorralan. &nbsp;Hemos de ordenar existencias, quizás también la nuestra, para ser gentes de paz y de diálogo. No podemos continuar con estas atmósferas destructivas, que todo lo corrompen y arruinan por intereses partidistas. &nbsp;Tenemos que reafirmar con energía que la tutela del derecho a la vida, es el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano. &nbsp;En consecuencia, una sociedad sólo está sana y en justo desarrollo, cuando protege la mística de todo caminante y se esfuerza activamente por promoverla, trabajando al unísono.&nbsp;El multilateralismo no es, por consiguiente, opcional. A mi juicio, es el medio más eficaz para lograr los objetivos de conciliación, además de un progreso sostenible inclusivo y derechos humanos para todos. &nbsp;Vivir desvivido por los demás puede producir un cansancio infinito, pero es también algo muy gratificante; lo importante es saber que uno existe en hálito donante y en constante sorpresa, con una continua sucesión de coyunturas para sobrevivir.Hacer cada vez más visible esta dimensión relacional y de alianza, es uno de los principales retos para el futuro, sobre todo en un mundo fragmentado por las discordias, las divisiones y las guerras. &nbsp;Cultivar, pues, el papel de la mediación va a ser decisivo. Se trata de aliviar tiranteces antes de que desemboquen en conflictos; o, si el trance estalla, actuar rápidamente para contenerlo y resolver sus procedencias subyacentes. Por este motivo, la habilidad preventiva es fundamental, para no morar quejándonos y acabar cayendo desilusionados.&nbsp;Sea como fuere, no hay que estar cercano de quienes causan las pugnas sino de quienes las sufren y pagan las consecuencias. Ocuparse por crear puentes de savia y, sobre todo, preocuparse por el destino de las víctimas, también significa alejarse de la lógica de la polarización y el pensamiento único. Por otra parte, hay que reforzar la rendición de cuentas. No podemos permitir una licencia para matar y mucho menos rechazar la idea de que el derecho internacional es obsoleto. &nbsp;La verdadera pujanza se declara en el servicio a un justo proceder viviente. Para ello, se requiere volver a revolvernos contra la usura, que lo único que originan son rivalidades, para creer en la ternura, en la moderación y en la buena sintonía, porque se sigue abatiendo la crónica, sin derecho y sin piedad alguna. Indudablemente, una cooperación mundial eficaz es cada vez más necesaria para nuestra supervivencia, pero es complicada de ejecutar en un entorno de desconfianza, en el que nadie se fía de nadie, sustentada por una mentalidad de miedo como jamás. Sin embargo, a pesar de tantos dolores y densas sombras, la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de nuestros mundanos horizontes, para abrirse a grandes sueños, componiendo una bella historia. &nbsp;Cada cultura necesita asegurar que los valores se transmiten. Con la constancia nada se resiste, porque si esto no sucede se difunde el egoísmo, la violencia, la corrupción en sus variadas maneras, la apatía y, en suma, un relato sellado a toda trascendencia y clausurado a lucros individuales.&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Vivir desvivido por los demás puede producir un cansancio infinito, pero es también algo muy gratificante; lo importante es saber que uno existe en hálito donante y en constante sorpresa, con una continua sucesión de coyunturas para sobrevivir”.]]>
                </summary>
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                                <updated>2026-04-23T16:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-23T16:30:00+00:00</published>
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            El valor constructivo de nuestros pasos; no está en perderlo todo con la guerra, sino en ganarlo con la paz
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-valor-constructivo-de-nuestros-pasos-no-esta-en-perderlo-todo-con-la-guerra-sino-en-ganarlo-con-la-paz" type="text/html" title="El valor constructivo de nuestros pasos; no está en perderlo todo con la guerra, sino en ganarlo con la paz" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nuestro tránsito por aquí abajo requiere de un espíritu universal, apoyado en una mejor comprensión mutua y en una amistad verdadera, con abecedarios desinteresados, que contribuyan así a reconstruir una atmósfera más armónica, donde todos nos podamos sentir hermanados, a unos vínculos de entrega y generosidad. Desde luego, el mejor gobierno no lo imprime la dominación, sino el servicio, la mano extendida y el abrazo permanente. Nos merecemos, por tanto, otros lenguajes más del alma que del cuerpo; que sean el preludio de una nueva era, en la cual todos nos requerimos, para que se promueva la maduración de la cohesión comunitaria y del bien común. De lo contrario, continuaremos con el calvario de la divergencia y del rechazo a cooperar unos con los otros.</p><p>Las trágicas evidencias de estas riadas de dolor y muerte, tienen que cesar de inmediato. Hemos venido a conciliar posturas y a reconciliar latidos, no a truncar existencias, ni a destrozar sueños de esperanza, como si la convivencia humana fuese el escenario de un videojuego. La inhumanidad es manifiesta, nadie considera a nadie; y, aunque los trabajadores sanitarios, las instalaciones y las ambulancias están protegidos por el derecho internacional humanitario, el ataque es permanente, sin miramiento alguno. Hoy más que nunca, necesitamos recursos de todo tipo, sobre todo acompañamiento para seguir auxiliando a las personas que lo necesitan; ante el cúmulo de hechos violentos y de absurdas contiendas, por todos los rincones del mundo.&nbsp;</p><p>La cruel realidad de un orbe globalizado, nos llama a repensar &nbsp;situaciones, conciliando actitudes. Desde luego, debemos cesar en los enfrentamientos, antes que la derrota de la humanidad sea real, con la consabida sed de quietud que tenemos, poniendo fin a la prepotencia, a la exhibición de la fuerza y al desinterés por el derecho. Por desgracia, en demasiadas ocasiones, las batallas comienzan en nuestro propio círculo familiar. Sin duda, uno ha de aprender ya no sólo a reprenderse, también a ser indulgente consigo mismo, porque nos conviene la relajación antes que el rigor de su aplicación en las cosas que debemos hacer. No hay mejor virtud, que aprender a interrogarnos a nosotros mismos, para poder amarnos y poder amar a los demás.</p><p>En efecto, la vida no es fácil para nadie. Uno tiene que ser muy auténtico para darse cuenta de esto. Indudablemente, el mantenimiento de la concordia entre corazones, comienza con la autosatisfacción de cada pulso, poniendo la inteligencia al servicio del níveo amor. Dejemos, pues, de fabricar armas. Admitamos con el místico ánimo nuestro andar, y aunque hallemos pozos en nuestros pasos, vertamos siempre una sonrisa en cada aurora. Los caminos se allanan, defendiendo la savia, abrazando la verdad, trabajando por la justicia. El signo más evidente lo notaremos en nuestro interior, con la paz dentro de nosotros. Cumplamos nuestra pertenencia entonces; ya que, una sociedad que se nombra humana ella misma, quiere decir que rechaza toda forma de egoísmo y de aislamiento.&nbsp;</p><p>Ojalá aprendamos a ver una fiesta en todos los caminos planetarios. Lo sistémico es la mayor riqueza que podemos aglutinar los mortales, a los que se nos llena la boca de absurdos caudales que nos están deshumanizando por completo, mientras &nbsp;aún no hemos ejercitado la sana relación, sustentada y sostenida en saber perdonarse, aparte de saber compadecer al análogo. Tremendo contraste el nuestro, con el pedestal de don dinero como cardinal, el cual nos impide reencontrarnos y reconocernos. Al fin y al cabo, hay que ser honestos, no para los otros por el qué dirán, sino para estar en alianza con nosotros mismos. Únicamente, así, podremos ser una escuela de irradiación, que no nace de la fortuna ni de la dominación, sino del compartir, del respeto y de la alegría de caminar unidos.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Los caminos se allanan, defendiendo la savia, abrazando la verdad, trabajando por la justicia. El signo más evidente lo notaremos en nuestro interior, con la paz dentro de nosotros. Cumplamos nuestra pertenencia entonces; ya que, una sociedad que se nombra humana ella misma, quiere decir que rechaza toda forma de egoísmo y de aislamiento”.]]>
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                                <updated>2026-04-13T18:00:02+00:00</updated>
                <published>2026-04-13T18:00:00+00:00</published>
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            El abismo de la indiferencia; nos pulveriza todo avance humanitario
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-abismo-de-la-indiferencia-nos-pulveriza-todo-avance-humanitario" type="text/html" title="El abismo de la indiferencia; nos pulveriza todo avance humanitario" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/el-abismo-de-la-indiferencia-nos-pulveriza-todo-avance-humanitario">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;La sociedad contemporánea debe ahondar sobre el sentido de su savia, a través de la acción solidaria de servicio, adquiriendo una conciencia cada día más dispuesta de los derechos inviolables y universales del nacido. &nbsp;Restablecer relaciones mutuas más justas y adecuadas a nuestra propia decencia, es un buen auxilio. Por desgracia, muchos seres humanos viven en un desapego total, entre lo que piensan, lo que saben y lo que sienten. La pasividad suele empedrarnos el corazón, viviendo en una inacción egoísta, a pesar de estar bien informados, pero rehuyendo la realidad de los demás. La compasión es lo opuesto a esta atmósfera indiferente, que nos deja sin sentimientos; y, lo que es peor, sin energía para luchar contra el descarte y el despilfarro.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; En efecto, hoy más que nunca, atormenta pensar en cuánta gente se aleja sin clemencia alguna de ancianos, niños, trabajadores, discapacitados…; además, por si esto fuera poco, resulta escandaloso el derroche de las cosas. Más allá de los intereses individualistas, de la apatía y de la desgana ante las situaciones críticas, exijamos opciones políticas que enlacen el progreso con la equidad, el desarrollo con la sostenibilidad inclusiva, de manera que nadie se vea privado del buen aire que le alienta¸ del agua que tiene derecho a llevarse a los labios del alma o de los alimentos con los que tiene la obligación de disfrutar. Nos urge, por tanto, activar una cultura que fomente el culto a la cercanía. El calor de hogar hemos de universalizarlo, si en verdad queremos fraternizarnos, y sentirnos entre sí como familia.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Por ello, no sólo las personas estamos llamados a hacer gestos concretos con los habitantes más frágiles, también los Estados y sus diversas instituciones, con sus gobiernos al frente, hemos de trabajar unidos para proteger la dignidad, la justicia, la igualdad y los derechos de toda la ciudadanía. Con voluntad política y espíritu fraterno debemos hacer presente las aspiraciones de la Declaración Universal para todos los sujetos, sin distinción, exclusión, restricción o preferencia por motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico. Desde luego, para plasmar una sociedad más humana y digna, es necesario asimismo revalorizar el auténtico amor en la memoria social, haciéndolo norma constante y suprema de la acción.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;El amor y el no a la guerra ha de ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto, amando todos los ámbitos de la vida, extendiéndose igualmente al orden internacional. Únicamente, una humanidad en la que reine la entrega generosa, podrá gozar de una paz auténtica y duradera. En este sentido, el espíritu cooperante y colaborador, debe ser nuestro lenguaje como sujetos donantes y pensantes, que es lo que garantiza el desarrollo integral de cualquiera y su aire solidario hacia el bien colectivo, estampándonos serenidad. Sin sentimientos nos deshumanizamos totalmente, no sólo siendo indiferentes al sufrimiento de los otros, también seremos incapaces de acoger el nuestro. De ahí, la importancia, de querernos y de querer a los demás, para buscar el camino de la concordia.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; Estar desolados, como hoy nos sucede a la mayoría de los moradores, nos impide crecer y avanzar. La conducta dispuesta, que todo lo comparte y lo parte, es una relación innata viviente que nos vivifica y entusiasma. &nbsp;Frente a las dificultades, por consiguiente, nunca desanimarse, sino afrontar la prueba con decisión, escuchándonos más y mejor internamente. Salgamos, pues, del estado de inapetencia, que nos abate, siempre. Por otra parte, no es de justicia, sembrar odio y venganza con una retórica incendiaria. No olvidemos que somos una civilización de amor, no de poder y dominación, que se destruye a sí misma, sin decoro alguno. Además, tampoco dejemos que desfallezca el nombre humanitario, tendiendo la mano y extendiendo el camino del diálogo y la diplomacia perpetuamente.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“El amor y el no a la guerra ha de ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto, amando todos los ámbitos de la vida, extendiéndose igualmente al orden internacional. Únicamente, una humanidad en la que reine la entrega generosa, podrá gozar de una paz auténtica y duradera”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-04-09T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-04-09T16:30:00+00:00</published>
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        <title>
            Dar fuerza a la verdad y a la bondad;  sólo así podremos ser felices
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/dar-fuerza-a-la-verdad-y-a-la-bondad-solo-asi-podremos-ser-felices" type="text/html" title="Dar fuerza a la verdad y a la bondad;  sólo así podremos ser felices" />
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        <author>
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/dar-fuerza-a-la-verdad-y-a-la-bondad-solo-asi-podremos-ser-felices">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada día soy más consciente de las desviaciones y de la pérdida del sentido humanitario que sufrimos, con el consiguiente riesgo de inhumanidades que nos sorprenden por cualquier esquina del planeta, en contextos que relativizan lo auténtico, desatendiendo el vocablo o rechazándolo sin más. En consecuencia, la pujanza más vital al servicio del desarrollo es un humanismo en valores, o sea, integral e infalible. Pongámonos a prueba. No hemos venido para dominar, sino para servir, sustentando el mundo de las relaciones con el vínculo de lo fidedigno, que es como se hace camino en comunión y en comunidad. No obstante, solemos activar la falsedad como lenguaje cotidiano, sabiendo que es un modo de eclipsarnos y una manera de destronar de nosotros, nuestros propios latidos.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;Hay que alejarse, por consiguiente, de este tormento absurdo que nos lleva a la ley de la selva; que no es otra, que la norma del más fuerte. Convirtamos, pues, nuestros rastros en un rostro de amor verídico. Aquel que cultiva la razón, dejándose cautivar por la docilidad, no debe temer jamás a sus movimientos. Sin embargo, careceremos de bienestar social, sin confianza entre análogos y sin pasión por lo cierto. La certeza, como la familiaridad, es la mejor vía para el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las gentes y los pueblos. Repoblarse de entusiasmo por este níveo pulso y poblarse de su estima, es querer el bien de todos y hacer hogar sin barreras, pues únicamente la realidad, conjugada con la virtud, nos hará libres. &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Realmente, todos soñamos con ser dueños de nuestra propia existencia. Ahora bien, para ser francos conjuntamente hemos de ser responsables. Se me ocurre pensar, en el compartir de los bienes y recursos, que no se aseguran individualmente con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor, que es lo que vence al mal con el bien, convenciendo y abriendo la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de autonomía y de compromiso. Ojalá viviéramos el deseo armónico de lo genuino como lenguaje universal que trasciende fronteras culturales y sociales, poniendo fin a todas las absurdas contiendas, que lo único que originan es un gran sufrimiento humano, dejándonos sin palabras.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Sea como fuere, resulta penoso y cruel que no respetemos vidas y que tampoco tengamos consideración con el punto de vista del derecho internacional, que prohíbe los ataques dirigidos contra la población civil y sus infraestructuras. Tenemos un afán destructor como jamás, hasta el extremo que nos encaminamos hacia la negación y la supresión existencial, lo que aviva que nadie respete a nadie y todo sea sanguinario. Esto significa que la valoración moral y los horizontes a transitar, deben poseer una dimensión más justa y efectiva. De lo contrario, incluso la paz corre el riesgo de ser considerada como un negocio, fruto exclusivamente de los acuerdos entre los gobiernos o de iniciativas tendentes a asegurar privilegios económicos.&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Reencontrémonos, entonces. Lo importante radica en no perderse, en volverse mar adentro uno mismo. Es, en nuestros interiores, donde mora la bondad y también la verdad. Repito, por tanto, con la más vehemente convicción que la evidencia siempre está ahí. Es cuestión de sentirla y llamarla con la compasión que esto supone. La sinceridad permanecerá, todo lo demás será deshecho antes de que cambie la pleamar de la cosecha. De ahí, lo capital que es saber acogerse y recogerse, compartir y donarse con los brazos abiertos, elevados hacia lo celeste, hacia esa vida anímica, que es lo que realmente nos fraterniza, estimando al prójimo hasta volverlo próximo. Esto nos requiere más desprendimiento que avaricia. La culpa no la tenemos más que los doloridos. Purga toca; sin duda.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Realmente, todos soñamos con ser dueños de nuestra propia existencia. Ahora bien, para ser libres además hemos de ser responsables”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-04-06T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-04-06T16:30:00+00:00</published>
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            En el justo medio radica la virtud; del buen tacto y mejor respeto
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/en-el-justo-medio-radica-la-virtud-del-buen-tacto-y-mejor-respeto" type="text/html" title="En el justo medio radica la virtud; del buen tacto y mejor respeto" />
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/en-el-justo-medio-radica-la-virtud-del-buen-tacto-y-mejor-respeto">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los excesos no son convenientes, ni siquiera en lo bueno. Tanto es así, que la vida deja de ser aceptable, cuando somos incapaces de que cohabite en nosotros cuerpo y espíritu, o de convivir entre unos y otros; lo que requiere cultivar el amor y aprender a amar, como la primera condición para saber vivir. En la desconsideración residen todos los males, con su aluvión de perversidades, que nos deshumanizan por completo. El miramiento hacia lo que nos rodea es realmente lo que nos alienta y armoniza. Apreciémonos y pronto nos daremos cuenta, que cuando los que disponen pierden la vergüenza, los que obedecen también abandonan la estima. &nbsp;De hecho, una sociedad vive en el hermanamiento, cuando ha llegado a un consenso, sobre el carácter trascendental de su propio ser.&nbsp;Sin embargo, los desequilibrios y la falta de sueños nos están dejando sin nervio solidario, mientras aumenta el número de las pesadillas, cada día más tormentosas. Estamos, pues, todos obligados a recapacitar y a preguntarnos hacia donde queremos ir o hacia donde nos estamos arrojando. Quizás debiéramos modificar actitudes, para conciliar realidades y fundamentos que parecen contradecirse. Es vital dar pasos decisivos en el camino del desarme, hallando el modo de sustituir el ordeno y mando del terror, por el equilibrio de la confianza en el servicio y en la disposición hacia cualquier persona semejante a nosotros, miembro de la familia humana, que se beneficiará del progreso colectivo y contribuirá a restablecer más sólidamente la concordia.&nbsp;Hoy más que nunca, hace falta sumar pulsos pensantes para concertar moderación, pues también la tierra pierde su ponderación y entra en números rojos al retener más calor que el que emite. Son, justamente, las actividades que generamos a diario; las que alteran cada vez más el aplomo natural en esta época de continua destrucción del espíritu humano, donde nadie respeta nada, porque el dominio del poder no tiene principios ni fundamentos morales. Olvidamos que los endiosamientos nos vuelven estúpidos y rencorosos. En consecuencia, necesitamos tanto como el comer, tomar otras realidades, que nos ayuden a organizar situaciones con la sensatez del orden originario, iluminando de este modo el desconcierto de nuestras existencias.&nbsp;Metámonos esto en la cabeza. Se requiere el valor de todos los órganos del gran tronco de las naciones para poder pasar del peso del miedo al contrapeso de la confianza. Pensemos en que la paz tampoco es la ausencia de guerras, más bien es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la generosidad, al compañerismo y a la ecuanimidad. Sea como fuere, es tiempo de no desfallecer en el objetivo de un mundo más unido, desvinculado a los intereses particulares y a las rivalidades, con una compenetración de ayuda mutua y alcance de resultados concretos y universales. Ciertamente, la avenencia es fundamental en un orbe global, para impedir que se repitan historias trágicas, que lo único que acrecientan es el estado salvaje y el desánimo. &nbsp;La razón y no la fuerza deben decidir la suerte de los pueblos. Trabajemos los vínculos, fomentemos los acuerdos y las negociaciones, el arbitraje y no el ultraje; laboremos esa mentalidad pública, esa conciencia común que nos da ánimo, para un buen hacer y un mejor obrar. Nos hemos globalizado, es un buen signo, pero aún mejor será fraternizarnos, más que otra fórmula humanitaria. Las naciones no avanzan en un asiento precario. Además, nada se puede reconstruir sin quietud, ni tampoco vivir sin sosiego; precisamos sociedades con atmósferas tranquilas, que fomenten la cultura del abrazo sincero, con el bienestar de sentirse arropado en todo momento y ante cualquier situación. Por ello, solicitamos ponernos al servicio del auténtico querer para poder legarse. Hagámoslo de corazón.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La razón y no la fuerza deben decidir la suerte de los pueblos. Trabajemos los vínculos, fomentemos los acuerdos y las negociaciones, el arbitraje y no el ultraje; laboremos esa mentalidad pública, esa conciencia común que nos da ánimo, para un buen hacer y un mejor obrar”.]]>
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                                <updated>2026-03-26T16:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-03-26T16:30:00+00:00</published>
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            Observarnos y observarse
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Observa mucho, escucha más, juzga poco e interrógate como ejercicio vital.&nbsp;La situación no es fácil para nadie, tampoco nunca lo ha sido; sin embargo, puede que tenga mejor conocimiento del mundo, no el que más ha vivido, sino el que más ha practicado la actuación contemplativa. A propósito, hay que pararse a reflexionar en busca del bien colectivo, destronando las rivalidades y reponiendo el sentido humanitario de colaboración entre análogos.&nbsp;Este método de unidad y discernimiento; sin duda, nos hará estar atentos al modo en que perciben la realidad quienes nos rodean, instruyéndonos en componer visiones de conjunto que respeten la complejidad sin caer en la confusión, fusionando la verdad con la bondad, sin temer a la confrontación. &nbsp;Indudablemente, la época que vivimos nos llama a prestar atención y a dedicar lo mejor de nuestra energía en aplacar ánimos, sobre todo en tiempos marcados por tantas injusticias, violencias y guerras de todo tipo. Si no promovemos la concordia en esta tierra de todos y de nadie, donde nos hemos globalizado, difícilmente vamos a dar continuidad al linaje.&nbsp;Volvamos, pues, a las entretelas de una mente clara; que examine las alianzas, comenzando por inspeccionarse uno así mismo. &nbsp;De lo contrario, nos inundará el vicio y el vacio de lo mundano y no podremos llevar a buen término la necesaria fraternidad universal.En efecto, si quieres reconocerte y conocerte mejor, no quites los ojos al comportamiento de los demás, seguramente te hará mirar tu propia actuación.&nbsp;Así es, aprendemos a reprendernos, viendo nuestras acciones en los otros.&nbsp;Por tanto, es imprescindible observar la realidad desde la hondura, no con criterios superficiales y desprovistos de cualquier moral, prefiriendo círculos sociales que nos tranquilizan o inquiriendo privilegios que nos acomodan, en lugar de indagar a través de esa luz espiritual, que es la que nos revive en el buen horizonte.Lo importante es que cada cual pueda realizarse, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal. El hecho es que la falta de trabajo es mucho más temible que la carencia de una fuente de ingresos para poder vivir. Es evidente, que trabajando nosotros nos hacemos más persona y mejores ciudadanos.&nbsp;Siempre será mejor, estar ocupado que desocupados, sin hacer nada.El ser humano es el único animal con capacidad de observarse mar adentro y que ha sido dotado de potencial intelectual suficiente, para poder modificar estructuras sociales injustas o excluyentes.&nbsp;Desgraciadamente, a poco que nos observemos, notaremos además que el mundo está retrocediendo en muchos aspectos y no progresando. Al fin y al cabo, todos nos merecemos un trabajo decente con una remuneración justa y favorable para garantizar una existencia merecedora de dignidad humana. Por si fuera poco la apuesta por la vigilancia, el clima tampoco entiende de fronteras y el líquido elemento es nuestro nexo de unión. Ciertamente, los desafíos son demasiado monstruosos para que nadie pueda asumirlos en solitario. Los pronósticos requieren observaciones en todas las partes del globo.Ningún país puede acometer esta labor conjunta por sí solo.&nbsp;La colaboración mundial, cimentada en la confianza y la puesta en común de datos, es fundamental para seguir incrementando la exactitud y el plazo de anticipación de los pronósticos, logrando que todos los moradores del planeta puedan acceder a ellos.&nbsp;Cada decisión económica, de inversión en infraestructuras o el calendario de siembra de cultivos, &nbsp;como cada plan de gestión de la salud, el agua y la energía, en la cadena de suministros, depende de la red mundial de la Organización Meteorológica Mundial, a partir de la que se originan investigaciones y predicciones. En suma, que todo requiere examinarse y andar con cien ojos, por si se puede mejorar la hazaña, que siempre es mejorable. Ahí radica la cuestión de los desarrollos.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/corcoba_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La época que vivimos nos llama a prestar atención y a dedicar lo mejor de nuestra energía en aplacar ánimos, sobre todo en tiempos marcados por tantas injusticias, violencias y guerras de todo tipo”.]]>
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                                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-03-23T16:30:00+00:00</published>
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            La felicidad radica en el espíritu reconciliador
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                <![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp; El júbilo es un objetivo humano primordial y maravilloso; sin embargo, no hay obligación que descuidemos tanto como el deber de caminar aplacados. En consecuencia, puede ser un buen deseo trabajar en estas fechas, en las que despunta primavera repoblada de versos y poblada de sueños, en un poderoso catalizador de diálogo y concordia. Indudablemente, cuando nos adentramos en nuestros interiores místicos, observamos que el bienestar no es un ideal de la razón, sino de la contemplativa conciliadora del poema y la palabra, a degustar por los labios del alma, que son los que verdaderamente nos trascienden, con el descanso de la pena y los dolores. De ahí lo importante que es descender a las profundidades de uno mismo para lograr un cambio de visión y una mutación del ser.&nbsp;Lo horroroso de esta humanidad, que se ha globalizado, pero no hermanado; es que nos afanamos en buscar con el mismo brío el individualismo, volviéndonos radiantes egoístamente e impidiendo que los restantes lo sean. Desde luego, si queremos promover una gozosa armonía humanitaria, hemos de comenzar por extenderla a todos, comenzando por nuestras propias familias, para continuarla después, a través del compromiso y la determinación de la comunidad internacional con el bien común, que sobrepasa fronteras, tradiciones religiosas y culturas. Todo esto requiere, asimismo, de una colaboración interdisciplinar sistemática, reuniendo instituciones y uniendo sus diversos quehaceres, para lograr atmósferas de entendimiento.Está bien que cada uno goce al máximo de la tranquilidad que pueda, pero sin disminuir la placidez de sus análogos. Ojalá aprendamos a reprendernos. La quietud llega, precisamente, como fruto de un constante cultivo moderador; lo que nos lleva a pensar que tenemos que ejercitar continuamente el espíritu apaciguador, con nosotros mismos, con los demás y con aquello que nos rodea y acompaña. Unidos a estos sentimientos de entrega total, sin interés alguno, es como la alegría entra en el corazón y nos engrandece. En cambio, si se hace de la prosperidad un ídolo, uno se equivoca de horizonte y es difícil reencontrarse y hasta quererse. Esta es la propuesta de algunas gentes que ponen la mentalidad en la búsqueda del placer a toda costa y en la difusión del uso de drogas como evasión.Por otra parte, la paz no se puede construir sólo a través de la geopolítica. Necesitamos una avenencia más inclusiva, también más humana y precisamos a los jóvenes para construirla. Bajo este oleaje, más celeste que terrícola, nada está de ningún modo consumado. Basta un poco de complacencia para volver a resurgir. Lógicamente, nosotros queremos transitar satisfechos por aquí abajo. Al fin y al cabo, todo parte del corazón, nunca de la riqueza, ni de la gloria humana o el poder, por útil que sea. Sólo hay dicha donde habita la virtud y reside el esfuerzo serio, pues la vida no es un juego, es un ejercer el paso como poeta en guardia permanente. Así, lo que nos llena de optimismo, es una plenitud existencial sustentada en el amor, la esperanza y el servicio.&nbsp;No hay que desesperarse, las personas felices se quedan sin historia. Está visto que el querer lo es todo en la vida. En este mundo, cada persona, tiene su sitio; lo importante es ayudarse entre sí, hacer risueños a los otros y no hacerlos desgraciados. Para conseguirlo, laboremos el aprecio en nuestro caminar diario. Tampoco hay felicidad, sin fidelidad, ni conversión. Sea como fuere, no hay mejor transformación que dar vida y amor, sin cesar. En todo caso, si en verdad queremos ser encantadores, también lo seremos. Es la voluntad, la que mueve pesares y seca el cauce de las lágrimas, la que vive el presente y desea ser agradecido, aprendiendo a perdonar los errores de los análogos y los nuestros propios. No olvidemos jamás que, un acto de caridad, es por sí mismo un acto de salud.&nbsp;</p><p>Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritorcorcoba@telefonica.net18 de marzo de 2026.-&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/corcoba.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“La quietud llega, precisamente, como fruto de un constante cultivo moderador; lo que nos lleva a pensar que tenemos que ejercitar continuamente el espíritu apaciguador, con nosotros mismos, con los demás y con aquello que nos rodea y acompaña”.]]>
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