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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-05-02T22:30:04+00:00</updated>
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            Memoria, trabajo y educación
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wP8hKIyKAVngMUUUJhg_vvYMo9Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En estos meses, el equipo del Museo Regional Municipal Palacio Arruabarrena viene llevando adelante distintas acciones: nuevas muestras, propuestas educativas y participación en encuentros nacionales.Aun en un contexto institucional complejo y con recursos limitadosdos, el Museo: investiga, conserva, crea contenidos, reabre salas y recibe a la comunidad. En este sentido, nos gustaría compartir con ustedes algunas de las labores que venimos realizando:</p><p>Participación en la WikiConf Argentina 2026 &nbsp;El 18 de abril en el Parque de la Memoria (CABA), el Museo formó parte de la mesa del programa “Cultura abierta y Galerías, Bibliotecas, Archivos y Museos” (GLAM) en la Conferencia Wikimedia Argentina 2026. Allí presentó los avances y resultados de su proceso de digitalización y apertura de archivos, una iniciativa que busca ampliar el acceso público a documentos y fotografías históricas mediante plataformas abiertas. &nbsp;La exposición se realizó en conjunto con el Archivo General de la Nación y el Museo de la Ciudad de Rosario. La participación del Museo en ese espacio reafirmó la importancia de la articulación institucional y del trabajo colaborativo para democratizar el acceso al patrimonio cultural.</p><p>Reinauguración de la sala de fotografía&nbsp;El Museo reabrió la sala de fotografía con la exhibición “Caleidoscopio”, una propuesta que invita a recorrer la memoria visual de Concordia a través de un conjunto de 44 fotografías pertenecientes a las colecciones del Museo. Las imágenes ilustran distintos aspectos de la vida urbana, social y productiva de la ciudad.&nbsp;Esta muestra propone un acercamiento a los cambios que atravesó Concordia a lo largo del tiempo, recuperando escenas cotidianas, paisajes emblemáticos y fragmentos de la vida social que conforman la identidad local.El título “Caleidoscopio” funciona como una metáfora que remite al dispositivo óptico inventado por el científico escocés David Brewster en 1817. En el marco de esta exhibición, esa metáfora se resignifica para expresar la multiplicidad de miradas posibles sobre la ciudad: las transformaciones que se suceden, las emociones que despiertan las imágenes, la variación de las formas y los modos en que ciertos fragmentos cambian mientras otros permanecen. &nbsp;</p><p>Participación de instituciones educativas &nbsp;En el marco de estas propuestas, el Museo recibió recientemente en estos meses a 400 estudiantes y docentes de distintas escuelas de la ciudad y del departamento. Estas visitas guiadas y recorridos fortalecen el vínculo entre el Museo y la comunidad educativa, promoviendo experiencias significativas de aprendizaje y acercando a las nuevas generaciones al patrimonio histórico y cultural de Concordia.</p><p>Reapertura total de las salas del segundo piso&nbsp;Después de mucho tiempo y trabajo, el Museo logró habilitar nuevamente la totalidad de las salas del segundo piso. La reapertura se concretó pese a distintas limitaciones, pero gracias al compromiso del equipo de trabajo. Este avance permite ampliar la superficie expositiva y ofrecer nuevas posibilidades para futuras muestras.</p><p>Nueva edición del curso de &nbsp;formación para docentes y profesionales &nbsp;El próximo 4 de mayo dará inicio una nueva edición del curso “Propuesta de articulación entre la escuela y el museo: la visita autoguiada como estrategia para la enseñanza”, organizado por la Asociación Civil Museo Ferroviario de Entre Ríos y el Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología Abremate de la Universidad Nacional de Lanús y el Museo Regional Palacio Arruabarrena. &nbsp;La capacitación –gratuita- está destinada a docentes de todos los niveles y modalidades, así como a profesionales, guías de turismo, personal de museos y estudiantes avanzados interesados en fortalecer la relación entre la escuela y los espacios culturales. &nbsp;El curso consta de cuatro encuentros virtuales y dos presenciales, y propone brindar herramientas para planificar y desarrollar salidas educativas que potencien la experiencia de aprendizaje en museos y centros interactivos. &nbsp;La convocatoria alcanzó 72 inscriptos, completando los cupos disponibles y evidenciando el creciente interés de la comunidad educativa por incorporar nuevas estrategias pedagógicas vinculadas al patrimonio y la cultura.Con estas acciones, el Museo Regional Palacio Arruabarrena reafirma su compromiso con la preservación del patrimonio, la producción de conocimiento y la construcción de una ciudadanía cultural activa. &nbsp;A través de nuevas muestras, actividades formativas, participación en redes nacionales y la recuperación de sus espacios, el Museo continúa fortaleciendo su rol como institución pública, gratuita, abierta, plural y en permanente diálogo con la comunidad.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Horario de atención: de lunes a viernes de 7:30 a 13. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12.</p><p>&nbsp;Museo Regional Palacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wP8hKIyKAVngMUUUJhg_vvYMo9Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCÓN  DEL MUSEO]]>
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            El asesinato del coronel Waldino de Urquiza
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zBf-HU1BN0kRTHCWOnhMFwJVu_k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_museo_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 11 de abril de 1870, mientras el general Justo José de Urquiza era asesinado en el Palacio San José, en pleno ejercicio de la gobernación de nuestra provincia, otros hechos trágicos sacudían simultáneamente a la ciudad de Concordia. Ese mismo día fueron también asesinados sus hijos, los Coroneles Waldino y Justo Carmelo de Urquiza.</p><p>En el archivo del Museo conservamos un relato del “Centro Historiográfico Concordiense”, basado en una selección de la obra “La tragedia de Entre Ríos de 1870” del historiador Wenceslao Gadea, publicada en 1943. A continuación compartimos una síntesis de los sucesos ocurridos en Concordia.Gadea señala que la vivienda del Coronel Waldino de Urquiza, jefe militar del Departamento Concordia, se ubicaba en la primera manzana al Este de la ciudad, en la esquina formada por las actuales calles Carlos Pellegrini (al Oeste, frente a la Plaza San Martín) y 1° de Mayo (al Sur). En ese solar, hacia fines de la década de 1880, Federico Zorraquín —figura destacada de la vida social y comercial local y primer presidente municipal— construyó el edificio que hoy ocupa el Hotel Colón.Contigua a la antigua casa de Waldino se encontraba, como aún hoy, la Jefatura de Policía, separada entonces por una pared baja. La vivienda del coronel era modesta, de una sola planta y tenía techos de azotea, con su entrada principal orientada hacia la plaza.En las primeras horas de la noche del 11 de abril, el coronel Waldino descansaba mientras compartía un momento afectuoso con su pequeño hijo —también llamado Waldino— cuando ruidos y voces provenientes de la calle llamaron la atención de la familia. El Coronel se incorporó rápidamente, se cubrió con la capa que solía usar en sus salidas nocturnas —la noche era fría y húmeda— y salió a la calle para averiguar qué ocurría. Al preguntar a un grupo de personas que pasaba apresuradamente, recibió una respuesta escueta: “Siga, Coronel, si quiere saber lo que pasa”.Alarmado, caminó apenas unos pasos hasta la cercana Jefatura de Policía, donde encontró a don Mariano Querencio, quien le informó que en Concepción del Uruguay había estallado un movimiento contra su padre y que su hermano, el Coronel Justo Carmelo Urquiza, jefe de Policía de Concordia, había partido de inmediato con los hombres disponibles.Fuera por convicción o por presión de Querencio y de quienes controlaban la situación, lo cierto es que Waldino fue recluido en una habitación destinada a detenidos de cierta consideración. Allí permaneció caminando de un lado a otro, de modo que el sonido de sus pasos —producido por los tacos de su calzado— llegaba hasta su esposa, doña Ciriaca Britos. Estos datos fueron transmitidos por su hija, Ciriaca Urquiza de Valenzuela, quien conservó el recuerdo familiar.La angustia llevó a la esposa y a sus hijos —todos pequeños, salvo una joven de 15 o 16 años llamada Diógenes, quien luego sería la señora Diógenes de Urquiza de Robles— a dirigirse a la Jefatura. Desde una ventana entreabierta, la muchacha llamó repetidamente a su padre con voz desesperada. Ocurrió entonces un hecho extraño, nunca explicado: el propio coronel Waldino, según les pareció, cerró silenciosamente la ventana.Madre e hija intentaron ingresar para llegar hasta la habitación donde estaba detenido, pero se les impidió el paso. La joven Diógenes, de carácter firme, increpó a los presentes —muchos de ellos conocidos, amigos o subordinados de su padre— con palabras duras: “¡Ustedes, los amigos de mi padre, resultan ser sus peores enemigos!”.Querencio intervino y les advirtió: “No insistan. Los ánimos están muy agitados y podría ocurrirles algo desagradable. Les ruego que se retiren.”De regreso en su casa, la familia supo que Waldino había solicitado permiso para despedirse de ellos y recoger ropa para el viaje a Concepción del Uruguay, pero su pedido fue terminantemente rechazado.Poco después, los acordes de la banda de música de la policía anunciaron que un grupo salía desde la Jefatura. Entre ellos iba el Coronel Waldino. Más tarde, su esposa supo que había sido asesinado brutalmente por quienes lo conducían, una vez que atravesaron los suburbios de Concordia. Cuando solicitó el cuerpo para darle sepultura digna, sus ruegos fueron inútiles.Según relató Ciriaca Urquiza de Valenzuela, ese mismo día por la tarde un hombre protegido por su padre había pedido dinero para recuperar una daga empeñada. La familia sólo disponía de una libra esterlina, que la esposa de Waldino hizo cambiar para ayudarlo. Tiempo después supo que aquel hombre había sido uno de los ejecutores del crimen.El Coronel Waldino de Urquiza fue ultimado en las inmediaciones del arroyo Yuquerí y el Cementerio Viejo. Las versiones sobre el destino de su cuerpo nunca fueron concluyentes: algunas afirmaban que fue arrastrado hasta las cercanías del cementerio y enterrado allí; otras, que fue arrojado al arroyo, como habría ocurrido con su hermano Justo Carmelo.Años más tarde, sus restos fueron trasladados a Concepción del Uruguay y depositados en el Cementerio Público, donde aún reposan, en un mausoleo ubicado sobre la calle central, a mano izquierda. El monumento —una columna de mármol del escultor Victorio Tiscornia— lleva la inscripción dedicada a Doña Cruz López, fallecida en 1858, y en su base un cenotafio con la lápida que recuerda:</p><p>“CORONEL WALDINO DE URQUIZAQ.E.P.D.ASESINADOEN LA CIUDAD DE CONCORDIAEL 11 DE ABRIL DE 1870”</p><p>Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Horario de atención: de lunes a viernes de 7:30 a 13. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12.</p><p>Museo Regional Palacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zBf-HU1BN0kRTHCWOnhMFwJVu_k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_museo_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Rincón del Museo]]>
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                <published>2026-04-18T19:30:00+00:00</published>
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            Mujeres de Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Gf5LSPwj9PqE14o-GNyFKHoBKCk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/mujeres_de_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La muestra “Mujeres de Concordia”, inaugurada en 2022 en el Museo Regional Palacio Arruabarrena, continúa ampliándose con nuevas historias que ponen en valor el aporte de distintas mujeres al desarrollo de la ciudad. Este año se incorporan las trayectorias de la escritora Violeta Cerbino y de la docente rural Enriqueta Tavella.&nbsp;Desde su creación, la muestra propone un recorrido por narraciones, datos históricos, ilustraciones y fotografías que permiten reconocer la presencia de mujeres que han marcado la vida social y cultural de Concordia. El itinerario busca visibilizar trayectorias diversas —muchas veces relegadas o poco conocidas— y sensibilizar sobre los roles que ellas desempeñaron en distintos momentos de la historia local.Este año, la exhibición suma las reseñas de dos mujeres destacadas. La primera es Violeta Cerbino, nacida en Concordia el 16 de febrero de 1932 y fallecida el 10 de marzo de 2020. Escritora, que publicó cuentos en medios locales y en la editorial Kier. Y su novela “Toribio Pérez y su yo” obtuvo el Segundo Premio Leopoldo Lugones otorgado por la Universidad Nacional de Córdoba.&nbsp;La segunda figura es Enriqueta Tavella, docente cuya tarea fue decisiva para el ámbito educativo de las zonas rurales de Concordia. Designada en 1897 como directora de la recién creada Escuela Nº 3 Domingo F. Sarmiento, organizó la institución desde sus cimientos. Su labor combinó administración, formación de nuevas maestras y un sostenido esfuerzo de persuasión social que transformó a la pequeña “escuela del Tero” en un punto de referencia comunitaria. Más tarde dirigió también, la Escuela Nº 17 Diógenes de Urquiza, consolidando una trayectoria marcada por la constancia, el compromiso y la construcción cotidiana de una cultura escolar allí donde aún no existía.Cada 8 de marzo, el Museo reafirma la importancia de recordar y reconocer las acciones de mujeres que, desde distintos ámbitos, trabajaron con convicción frente a desafíos sociales, culturales y educativos. Sus historias nos recuerdan que la participación de las mujeres en todos los espacios —educativos, económicos, sociales, culturales y políticos— es imprescindible para avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>Museo Regional Palacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Gf5LSPwj9PqE14o-GNyFKHoBKCk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/mujeres_de_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Rincón del museo]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Maestras de Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/11_Oqhs_m5AhL6GRZuVR8W8kYoQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/maestras_concordia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Como cada mes de marzo, con el inicio del ciclo lectivo, las escuelas vuelven a llenarse de voces, expectativas y prácticas. También nos acercamos a una fecha que invita a la reflexión: el Día Internacional de la Mujer. Queremos entrelazar ambas circunstancias —el regreso a las aulas y la conmemoración del 8 de marzo— en una acción de memoria colectiva, evocando el nombre y la trayectoria de dos maestras cuyos nombres fueron asignados, hace un tiempo, a calles del barrio Domingo Faustino Sarmiento.En este sentido, hallamos en el archivo del Museo una nota publicada por el diario “El Heraldo” donde la destacada periodista Minguet, recordaba la historia de esas dos mujeres concordienses que dedicaron su vida a la educación: María López y Enriqueta Tavella. Comentaba la mencionada cronista que en los distintos barrios de nuestra ciudad nombres como los de López y Tavella se vuelven imprescindibles para comprender cómo se construyó la vida escolar en Concordia a fines del siglo XIX y buena parte del XX.María López, nació en Buenos Aires en 1881, llegó a la región cuando su familia decidió instalarse en una chacra de Colonia Yeruá, atraída por los proyectos de colonización agrícola. Su vocación docente se forjó en un contexto donde la formación de maestras era urgente: la expansión de las escuelas rurales exigía personal capacitado, y los llamados “cursos temporarios” de Concordia ofrecían una vía rápida para cubrir esa demanda. López obtuvo así su título de Maestra Rural. Su trayectoria la llevó por distintos establecimientos hasta llegar a la Escuela Nº 3 Domingo F. Sarmiento, en tiempos en que esa zona era todavía un paraje distante, casi aislado de la ciudad. Su familia, integrada por varias hermanas maestras —Benita, Modesta, Inés y Amanda— constituyeron un capítulo aparte en la historia educativa local. Mujeres dedicadas a la enseñanza, que ocuparon direcciones y formaron generaciones con una vocación que se transmitía como un legado familiar.Enriqueta Tavella era hija de agricultores genoveses que se establecieron en Concordia en la segunda mitad del siglo XIX. Criada en un hogar de labradores, eligió junto a dos de sus hermanas la docencia como camino de progreso y servicio. Su desempeño en escuelas rurales la llevó, en 1897, a ser designada directora de la recién creada Escuela Nº 3 Domingo F. Sarmiento. A ella le tocó organizar la institución desde su origen: gestionar materiales, convocar a las familias, convencer a los padres de la importancia de enviar a sus hijos a la escuela en tiempos en que el trabajo infantil era la norma. Su tarea fue, ante todo, una labor de persuasión y constancia. La educación no era un derecho; había que defenderla, explicarla y sostenerla día a día.La escuelita “del Tero”, como la llamaban por un almacén cercano que tenía un dibujo de esa ave, se convirtió bajo su dirección en un punto de referencia para la comunidad rural. Tavella formó a numerosas maestras que acompañaron los primeros pasos de la institución y más tarde dirigió también la Escuela Nº 17 Diógenes de Urquiza. Falleció el 3 de julio de 1939, dejando una importante trayectoria.Recordar a estas mujeres en el inicio del ciclo lectivo no es un gesto meramente simbólico. Es una invitación a pensar en la trama que sostiene la educación: la dedicación cotidiana, la paciencia, la convicción profunda de que enseñar es transformar; y que es un derecho humano fundamental. En tiempos en que la tarea docente enfrenta muchos desafíos —tecnológicos, sociales, económicos—, recuperar la historia de quienes abrieron camino permite comprender que la escuela siempre fue, y sigue siendo, un espacio de construcción colectiva.En este marzo que comienza, con aulas que vuelven a llenarse y con una fecha que invita a reconocer el aporte de las mujeres en todos los ámbitos, Concordia encuentra en estas maestras un espejo donde mirarse. Ellas enseñaron mucho más que contenidos: enseñaron a construir ciudadanía a través de la educación.&nbsp;Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.&nbsp;</p><p>Museo RegionalPalacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/11_Oqhs_m5AhL6GRZuVR8W8kYoQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/maestras_concordia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Rincón del museo]]>
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            La telefonía en Concordia (segunda parte)
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HByOpqopgcreNnducm3SaeumA-M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde el Museo Regional Palacio Arruabarrena estamos terminando con el montaje de una exhibición sobre la historia de la telefonía titulada “La voz de Concordia”. En ese marco, compartimos con el público lector algunos datos sobre la Compañía Entrerriana de Teléfonos, una empresa precursora a nivel nacional, aparecidos en una nota publicada en “El Litoral” el 10 de enero de 1982.Comentaba dicho artículo periodístico que la Compañía Entrerriana de Teléfonos había agregado un nuevo hito a su fructífera trayectoria al inaugurar a principios de la década de 1980, una moderna central telefónica y el sistema de telediscado, uno de los adelantos electrónicos más significativos en materia de comunicaciones. De esta manera, Concordia había quedado integrada a una vasta red de telecomunicaciones de todo el país, con la eficiencia y simplicidad que otorgaba el sistema de discado directo.Se decía “un avance más” porque la Compañía Entrerriana de Teléfonos, empresa privada de gran envergadura nacida en Concordia, había tenido muchos otros anteriormente, cuando desde nuestra ciudad se había constituido en sede de la telefonía de toda la provincia de Entre Ríos. Para conocer algo de su historia el cronista había entrevistado al gerente general, señor Carlos Gómez, quien amablemente facilitó datos históricos y estadísticos sobre la telefonía entrerriana.A principios del siglo XX nació la telefonía en Entre Ríos, cuando en sus ciudades más importantes se instalaron conmutadores manuales, alimentados por pilas, por empresarios particulares. En Concordia existían dos empresas: la del señor Juan P. Toucen y la del señor Bartolomé J. Carlevaro. En 1916 se había fundado en Concordia la Compañía Entrerriana de Teléfonos, sobre la base de la empresa Toucen, la más destacada y con mayor número de abonados, adquiriendo el edificio lindero, que era el actual del Distrito Concordia en Aristóbulo del Valle 51. Allí se instaló posteriormente un conmutador más grande y a batería central. Los pioneros de la CET habían sido Benito Legerén, Pedro Mendiburu, Domingo Isthilart, Carlos Dubra, Moisés Ortelli, el Dr. Martín Ortelli y el Dr. Joaquín Comas Meyer. Desde entonces, la CET comenzó a crecer cuando se resolvió unificar los servicios telefónicos que existían en las ciudades de la provincia. Esta tarea estuvo a cargo del señor Carlos Dubra, quien recorrió las demás empresas particulares que, convencidas de la conveniencia, fueron incorporándose a esta gran compañía. Así llegó a integrar el directorio el señor Goldaracena de Gualeguaychú.En una revista editada en Buenos Aires en 1920, dedicada íntegramente a Concordia, aparecía ya la Compañía Entrerriana de Teléfonos como Sociedad Anónima, con casa matriz en Aristóbulo del Valle 51 y sucursales en Paraná, Gualeguaychú, Gualeguay, Concepción del Uruguay, Victoria, Nogoyá, Colón y Federación, es decir, las principales ciudades entrerrianas. Los teléfonos figuraban con la palabra “La Entrerriana” antecediendo al número de dos cifras. En ese tiempo ocupaba la gerencia el ingeniero Dahlback y, cuando se adquirió la empresa particular de Villaguay de Ricós Hnos., el señor Carmelo Ricós pasó a ocupar la gerencia de Concordia y el ingeniero Dahlback la gerencia general en 1921.La flamante empresa había comenzado a construir ramales interurbanos para unir con teléfonos las distintas ciudades y localidades de la provincia, realizando canalizaciones subterráneas para los cables telefónicos. Para ello adquirió el material más moderno de la época: el sistema sueco Ericsson, que se utilizó en sus centrales. Para dar una idea de la importancia que iba adquiriendo la CET, la revista *Cien Ciudades Argentinas* en 1927 afirmaba: “Toda la provincia de Entre Ríos está comunicada con Concordia por medio de una vasta red telefónica perteneciente a la Compañía Entrerriana, que tiene su asiento en esta ciudad. Trátase de una empresa local, formada con capitales de la localidad, que irradia desde ésta hacia todos los rumbos de la provincia, trasponiendo también los grandes ríos para expandirse a Santa Fe y Buenos Aires, los tentáculos de su red alámbrica que ponen en comunicación directa y constante a millares de hombres”. El artículo mencionaba ampliaciones en la central Paraná para 1.900 líneas, la instalación de una nueva central en Villa Federal con capacidad para 100 abonados y la construcción de líneas hacia Diamante, Uruguay y Villaguay. En julio de 1929, por resolución de la Asamblea, se elevó el capital social a cuatro millones de pesos y se lanzó una suscripción pública por 1.600.000 pesos para acometer reformas y ampliaciones.Se contrató la modificación de los sistemas en las centrales de Concordia, Uruguay y Gualeguaychú, adoptando el automático como la última expresión del progreso en telefonía. Concordia completó sus canalizaciones subterráneas y, en 1929, se convirtió en la primera ciudad del interior de la República que contó con servicio automático, gracias a la incansable gestión del ingeniero Luis Jaureguiberry. Luego se sumaron Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, La Paz, Diamante, Gualeguay, Villaguay, Victoria y finalmente Paraná en 1933, seguidas por Tala y Nogoyá. La CET también intensificó el tráfico con compañías de Santa Fe, Buenos Aires y Capital Federal, incorporando capitales suecos y consolidando su estructura directiva. En 1927 la ganancia líquida había sido de $185.414,10 tras las amortizaciones correspondientes.Con el tiempo, la CET pasó a pertenecer a la Compañía Argentina de Teléfonos, que cubría varias provincias, manteniendo en Entre Ríos el nombre original por pedido expreso de los accionistas. A comienzos de los años 80, la empresa contaba con 78 centrales unidas por ramales aéreos y canales de ondas portadoras, que permitían la interconexión de unos 25.000 abonados provinciales con la Red Nacional. De Paraná a Santa Fe el servicio se realizaba por el sistema de micro-onda y de allí por cable coaxil a Rosario, Buenos Aires y otros puntos del país. También Gualeguay estaba conectada con San Pedro y Concordia por ramal físico, aunque se construía un cable coaxil con capacidad para 500 canales. En Concordia, en 1980 se habilitaron 2.000 líneas automáticas, elevando la capacidad de la central local a 7.500 teléfonos, además de instalar 45 teléfonos públicos en barrios apartados.El último logro se concretó con la inauguración de la nueva central automática AXE Ericsson con capacidad para 10.000 líneas, una de las más modernas en Sudamérica, que reemplazó íntegramente a la anterior electromecánica. Simultáneamente se habilitó la central semielectrónica destinada al servicio interurbano automático, que permitía a los usuarios conectarse con la red nacional y realizar comunicaciones directas con otras áreas automáticas de larga distancia. Entre las nuevas prestaciones figuraban la marcación abreviada, la transferencia de llamadas, el aviso de llamada en curso, la programación de llamadas automáticas y la posibilidad de establecer conferencias entre tres abonados. Finalmente, se inauguró el sistema de telediscado entre Concordia y Chajarí, primer paso para seguir sumando avances con el tiempo.La historia de la telefonía en Concordia refleja un camino de innovación que transformó la comunicación en Entre Ríos y proyectó a la ciudad como referente nacional. Desde los primeros conmutadores manuales hasta la instalación del sistema automático y la moderna central AXE Ericsson, cada avance consolidó a Concordia como pionera en las comunicaciones telefónicas.Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>Museo Regional Palacio Arruabarrena</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HByOpqopgcreNnducm3SaeumA-M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>RINCÓN DEL MUSEO]]>
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            La telefonía en Concordia
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wpln-UDPPfdvC9f5k8LxvH0BnxQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/magazine_museo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El Museo Regional Palacio Arruabarrena se encuentra ultimando detalles para una próxima exhibición que pondrá en relieve la estrecha relación entre las comunicaciones telefónicas y el desarrollo urbano de Concordia, así como su proyección en toda la provincia de Entre Ríos. La muestra rescatará la memoria de una empresa pionera que, desde esta ciudad, supo irradiar progreso y modernización hacia la región y más allá de sus límites. Se trata de la Compañía Entrerriana de Teléfonos, mencionada en la publicación Cien ciudades argentinas de 1927 como una de las empresas más destacadas de la época.En aquel entonces se señalaba que toda la provincia estaba comunicada con Concordia gracias a una vasta red telefónica que tenía su asiento en nuestra ciudad y que, con capitales locales, lograba extender sus “tentáculos” alámbricos más allá de los ríos para alcanzar Santa Fe y Buenos Aires, conectando de manera directa y constante a millares de personas. La empresa era considerada un orgullo concordiense, pues había nacido con capitales de la localidad y se expandía con un marcado espíritu progresista.Los datos de la época muestran la magnitud de su crecimiento. En 1927 la compañía contaba con 6.081 aparatos conectados, cifra que había aumentado en 684 durante el último ejercicio. El directorio aplicaba sus esfuerzos a la modernización de los sistemas en las principales ciudades de la red, respondiendo a las exigencias públicas. En la central de Paraná se habían realizado ampliaciones para 1.900 líneas y estaban en viaje dos nuevas mesas que se instalarían de inmediato. En Villa Federal se inauguraba una nueva central con capacidad para cien abonados y líneas a circuito doble, mientras el tráfico telefónico entre esa ciudad y Concordia adquiría cada día mayor importancia.La expansión continuaba con la construcción de la línea Victoria-Pajonal, con conductores dobles de cobre, destinada a servir como línea general hacia Diamante. También se avanzaba en la línea Concordia-San Salvador, extendida doce kilómetros más allá de esta última localidad, desde donde se bifurcarían ramales hacia el Uruguay y Villaguay. La importancia de esta línea quedaba reflejada en sus características técnicas: cuatro conductores de cobre y numerosas conexiones rurales enlazadas a diferentes centrales de su recorrido.El crecimiento económico acompañaba el desarrollo técnico. En la asamblea de julio de 1926 el capital social se elevó a cuatro millones de pesos, y el directorio resolvió lanzar a la suscripción pública 1.600.000 pesos para acometer reformas y ampliaciones. Entre ellas se destacaba la adopción del sistema automático, considerado la última expresión del progreso en telefonía. En Concordia ya estaban terminadas las canalizaciones subterráneas, que comprendían 3.492 metros de cañerías, 11.846 metros de conductos y 36 cámaras de enlace. Los trabajos se replicaban en Concepción del Uruguay y luego en Gualeguaychú, con la confianza de que a mediados de 1928 estarían funcionando las tres centrales automáticas.La Compañía Entrerriana intensificaba además sus vínculos con otras empresas, como la Santafesina y la Telegráfica-Telefónica, y se incorporaba también a la Cooperativa Telefónica de Buenos Aires. De este modo, el tráfico entre Paraná y las provincias de Santa Fe, Buenos Aires y la Capital Federal se realizaba de manera fluida, integrando a todos los abonados conectados. Los balances económicos reflejaban la solidez de la empresa: la ganancia líquida del último ejercicio ascendía a 185.414 pesos con diez centavos, después de las amortizaciones correspondientes.El directorio estaba integrado por destacadas figuras locales, entre ellas Domingo Isthilart como presidente, Carlos Rogberg como vicepresidente y Benito Legerén como director-secretario. Lo acompañaban Gerardo Victorín, Orlando Martín Ortelli, Joaquín Comas Meyer y Dalmiro S. Iglesias como vocales, además de suplentes como Penn Grill, Manuel Gallegos, Harald Montstedt y Martín E. Garaycoechea. La sindicatura estaba a cargo de Fernando Rodríguez y Alejandro P. Rolland, mientras que el asesor letrado era Aquiles S. Lorenzo. La composición del directorio reforzaba el carácter concordiense de la empresa y su inserción en la vida institucional de la ciudad.La próxima exhibición en el Palacio Arruabarrena permitirá redescubrir esta historia de progreso y modernización, mostrando cómo la telefonía se convirtió en un motor de integración social y económica. La Compañía Entrerriana de Teléfonos no solo conectó ciudades y pueblos, sino que también simbolizó el espíritu de una época en la que la comunicación era vista como un factor decisivo para el desarrollo. Concordia, desde sus orígenes, supo ser protagonista en el mapa de la modernización argentina, y hoy su legado vuelve a cobrar vida en las salas de nuestro Museo.Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;Museo Regional Palacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wpln-UDPPfdvC9f5k8LxvH0BnxQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/magazine_museo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCÓN DEL MUSEO]]>
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            “Desde la otra orilla”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-AzQLz-x4p1no4xZIcvxwMPoppI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/12/palacio_arruabarrena.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El próximo 14 de noviembre, el Museo Regional Palacio Arruabarrena tiene el agrado de anunciar la inauguración de la muestra fotográfica Desde la otra orilla, una exposición que reúne imágenes históricas de la ciudad de Salto, República Oriental del Uruguay, pertenecientes a las colecciones del Museo Itinerante de Salto.La exhibición presenta una selección de fotografías tomadas en la década de 1980, que capturan los paisajes urbanos, sociales y culturales de esta ciudad del litoral norte uruguayo, hermana y frontera de Concordia. Entre los escenarios emblemáticos que podrán apreciarse se encuentran el puerto, la calle principal, negocios tradicionales, Salto Grande antes de la construcción de la represa, el parque Harriague y la costanera.Junto a estos registros urbanos, la muestra incorpora imágenes de visitas memorables de artistas populares como Carlitos Balá, Parchis, Tremendo, Bárbara y Dick, entre otros; así como la presencia histórica de figuras relevantes como Juan Pablo II, cuya visita dejó una huella profunda en la comunidad salteña.Esta exposición representa un acontecimiento singular: es la primera vez que el Museo Itinerante de Salto presenta una muestra en nuestra ciudad, fortaleciendo los vínculos culturales y afectivos entre ambas orillas del río Uruguay.&nbsp;El Museo Itinerante de Salto fue creado en 2017, inicialmente como una herramienta pedagógica —una “colección de estudio”— destinada a la formación y al desarrollo de talleres audiovisuales en diversos centros educativos del departamento. Con el tiempo, y ante la creciente cantidad de material reunido por distintas vías, se consolidó como una muestra independiente. Desde entonces, ha recorrido decenas de instituciones educativas y ha sido visitado por estudiantes y público general en distintos espacios de la República Oriental del Uruguay, como el Mercado 18 de Julio y el Museo Casa Quiroga, donde se le han brindado salas para exhibiciones semi permanentes. Actualmente, el Museo Itinerante cuenta con más de 200 colecciones temáticas, entre ellas fotografía, militaria, fósiles, numismática y filatelia, todas bajo la curaduría de Pablo Villaverde: estudiante del profesorado de historia, técnico en periodismo y comunicación, educador inicial y preescolar, fotógrafo, tallerista audiovisual y gestor cultural.Invitamos cordialmente a toda la comunidad de Concordia y la región a acompañarnos en esta inauguración, que no solo celebra la memoria visual de Salto, sino también el encuentro entre dos ciudades hermanas unidas por el río, la historia y el afecto. Será una oportunidad para recorrer imágenes que nos interpelan, nos conmueven y nos vinculan, reconociendo en ellas fragmentos de nuestra propia identidad compartida.Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>Museo Regional Palacio Arruabarrena</p>]]>
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            La biblioteca del Honorable Concejo Deliberante
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QSGi-YrjmHXkaKNvoYMYLCpqP84=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/10/biblioteca_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Estamos organizando, desde el Museo, una nueva muestra temporal que pronto será anunciada. Por el momento, preferimos no adelantar la temática, ya que próximamente realizaremos su difusión oficial. Durante la búsqueda de material e información, accedimos al digesto histórico del Honorable Concejo Deliberante y descubrimos que, mediante la Ordenanza N.º 6308 —sancionada el 8 de agosto de 1930 y promulgada el 11 del mismo mes— se había creado la biblioteca de dicho cuerpo legislativo.En un contexto histórico marcado por profundos cambios políticos y sociales, esta iniciativa se presentaba como una acción orientada a fortalecer la formación en la labor legislativa. Los concejales que promovieron el proyecto fueron Serebrinsky y Morandi. La ordenanza, compuesta por cinco artículos, tenía como propósito organizar y centralizar la información relevante para los asuntos municipales.El primer artículo establecía la creación formal de la Biblioteca Municipal del HCD, sostenida por fondos asignados específicamente para ese fin. El segundo disponía un presupuesto inicial de quinientos pesos para su implementación. El tercero expresaba la intención de ampliar el acervo bibliográfico mediante la obtención de publicaciones vinculadas a temas municipales, ya sea por compra o donación. El cuarto designaba al presidente del Concejo Deliberante y a un miembro del cuerpo como responsables de la adquisición de los libros. Finalmente, el quinto ordenaba la publicación de la normativa, asegurando su difusión y cumplimiento.En la última parte del expediente municipal se encontraban anexadas tres facturas de librerías de Buenos Aires, correspondientes a las compras realizadas. La selección bibliográfica detallada en esos documentos revela qué saberes se consideraban esenciales para legislar, deliberar y representar a la ciudadanía en ese momento histórico.El acervo incluía legislación nacional, provincial y municipal, códigos, reglamentos, jurisprudencia y doctrina jurídica, además de obras de ciencia política, sociología, economía, urbanismo, entre otras disciplinas. También se incorporó literatura, como la obra de Ricardo Rojas, y un título cuya presencia nos sorprendió especialmente por el contexto: *El Capital*, de Karl Marx. Este hecho resulta particularmente significativo si se considera el escenario político y social de la época, tanto a nivel nacional como internacional. Es posible que su inclusión haya respondido al propósito de promover el debate y la reflexión en tiempos de crisis, cuando las desigualdades sociales y económicas se volvían cada vez más evidentes.La sanción de esta ordenanza tuvo lugar en un momento crucial para la historia argentina. El año 1930 estuvo marcado por la crisis económica mundial y por el golpe de Estado del 6 de septiembre que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, que dio iinicio a la denominada "Década Infame". En el plano internacional, el mundo atravesaba la Gran Depresión, una crisis que puso en evidencia las fallas del sistema capitalista.No podemos dejar de preguntarnos: ¿Dónde estarán hoy esos libros?En definitiva, la creación de la Biblioteca del Honorable Concejo Deliberante en 1930 representó una acción concreta de fortalecimiento institucional y reflejó aspectos del pensamiento político y social de la época. A través de las normativas sancionadas en el pasado, es posible reconstruir cómo se entendía la función legislativa, qué saberes se valoraban y qué herramientas se consideraban necesarias para ejercer la representación democrática. Este tipo de hallazgos nos invita a reflexionar sobre el vínculo entre memoria, conocimiento y participación ciudadana, y nos recuerda que el pasado sigue dialogando con el presente a través de los documentos que lo preservan.Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>Museo Regional Palacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QSGi-YrjmHXkaKNvoYMYLCpqP84=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/10/biblioteca_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCÓN DEL MUSEO]]>
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            La prohibición del uso de bombas explosivas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MN6P_7gHyseqlg5ANLxIPLkix7I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/magazine_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace un tiempo, nuestra amiga Aniela —escritora y dueña de la Librería de Babel— nos preguntó si conservábamos algún material sobre el “Teatro Beñatena”. Aunque en otras publicaciones ya hemos compartido parte de su historia, aprovechamos para acercarles una síntesis de las huellas que dejó este emblemático espacio cultural. El Teatro Beñatena fue fundado en 1878, cuando Martín Beñatena aceptó la propuesta de un director de teatro español para transformar su cancha cerrada de pelota en un teatro. La iniciativa prometía beneficios económicos y un valioso aporte al desarrollo cultural de Concordia. Beñatena cedió el espacio, y en poco tiempo la ciudad contó con el teatro más destacado del litoral argentino. Durante aproximadamente 35 años, el Beñatena funcionó como un centro artístico y social de gran relevancia. En su escenario se presentaron obras de autores clásicos como Shakespeare y Calderón de la Barca, además de comedias y partituras de grandes maestros. Fue un punto de encuentro para la comunidad y un símbolo del progreso cultural de la región. Sin embargo, en 1882, la inauguración del Teatro Larrañaga en Salto comenzó a restarle protagonismo. Finalmente, en 1916, el edificio volvió a funcionar como cancha de pelota, esta vez con características más modernas.En respuesta a la consulta de Aniela, compartimos con ella más de 70 imágenes de afiches y folletería de las obras que se presentaron en el Beñatena, cuidadosamente resguardadas en el archivo del Museo. En varios de esos afiches encontramos una nota al pie que nos llamó la atención:“Avisos – La Empresa, dando cumplimiento a la Ordenanza Municipal, anunciará los espectáculos con programa sin tiras bombas. No se suspende por mal tiempo. No hay entradas de favor. A la salida del teatro habrá tranvía.” (Octubre de 1908)La mención a una ordenanza que prohibía “tirar bombas” nos resultó tan curiosa como intrigante. ¿Qué tipo de bombas se usaban para anunciar espectáculos? ¿Por qué fue necesario regular su uso?Tal es así, que consultamos el digesto histórico digitalizado de ordenanzas municipales disponible en la página oficial de la Municipalidad de Concordia, y encontramos dos normativas relacionadas.La primera, sin número, fue sancionada el 10 de diciembre de 1900, presentada por &nbsp;los concejales Condomines y Salduna, con el objeto de “prohibir el uso de bombas explosivas”. Contaba con cuatro artículos, entre ellos:“-Artículo 1: Prohíbese el uso de bombas explosivas en el anuncio de remates, diarios y boletines.-Artículo 2: Queda facultado el Departamento Ejecutivo para conceder o negar permisos especiales para arrojar bombas, previa solicitud en papel sellado municipal de un peso moneda nacional.”La segunda ordenanza, la Nº 5446, sancionada el 11 de mayo de 1926 que reglamentaba el uso de bombas, cohetes voladores y otros explosivos. Establecía los casos permitidos, horarios, ubicaciones y valores, además de las sanciones por infracciones. En este caso, se permitía su uso para anunciar boletines, noticias de diarios y actos políticos.Este hallazgo no solo aportó contexto a los afiches del Beñatena, sino que reveló un dato llamativo: Concordia era una de las ciudades que, ya a comienzos del siglo XX, contaba con ordenanzas específicas para regular el uso de bombas, cohetes y explosivos en el espacio público.Así, entre afiches de obras teatrales y normativas municipales, se revela una Concordia que crecía, se organizaba y dejaba huellas que hoy, desde el Museo, seguimos descubriendo y compartiendo. Cada documento, cada consulta, nos permite reconstruir no solo una parte de la historia, en este caso de sus espacios culturales, sino también los modos en que se convivía en la ciudad.&nbsp;Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.</p><p>Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MN6P_7gHyseqlg5ANLxIPLkix7I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/magazine_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Una de las tareas más gratificantes que realizamos en el Museo es responder consultas sobre distintos aspectos del pasado de Concordia y la región. Las preguntas que recibimos abarcan hechos históricos, personajes, fechas significativas, antiguos comercios e instituciones que ya no existen, y cada una nos permite reconstruir fragmentos de nuestra memoria colectiva.]]>
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                <published>2025-09-27T17:30:00+00:00</published>
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            Concordia en 1919: una mirada al pasado
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_ThzMXgC5hUFKHaNqXh1QSP3OMk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/mgazine_museo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La publicación mencionada, señalaba que Concordia se consolidaba a comienzos del siglo XX como un nodo comercial clave en la región. Su puerto era testigo de un intenso intercambio. Las calles eran amplias, pavimentadas e iluminadas con alumbrado eléctrico público; sus plazas, adornadas con jardines y el transporte urbano incluía tranvías, coches de plaza y más de cien automóviles.La infraestructura institucional era importante: tribunales, municipalidad, aduana, escuelas, hospitales, bancos nacionales e internacionales, viceconsulados, biblioteca pública, teatros y cementerios. La ciudad contaba con una red ferroviaria que la conectaba con Corrientes y Buenos Aires, y un servicio fluvial que la unía diariamente con Salto (R.O.U.) en apenas veinte minutos. Vapores partían hacia la capital federal tres veces por semana, completando el trayecto en 22 horas.Las industrias locales florecían: bodegas vitivinícolas, fábricas de fideos, tabacos, muebles, cerámicas, mosaicos, productos químicos y abonos. La Estación Enológica Nacional, dirigida por el señor Keletti, brindaba asesoramiento técnico a los viticultores, que buscaban incorporar prácticas de otras regiones productoras. Concordia también era un centro editorial, con varios diarios en circulación que reflejaban la vida política, comercial y cultural de la época.Según el censo de entonces, la ciudad contaba con 31.462 habitantes. Pero más allá de los números, lo que emerge de este retrato es una comunidad que impulsaba obras de salubridad, como el sistema de cloacas y aguas corrientes, en favor del bienestar colectivo.Hoy, más de un siglo después, volver la mirada hacia ese pasado no es solo un ejercicio nostálgico de pensar que “todo pasado fue mejor”. Sino que es una forma de comprender cómo se ha transformado Concordia, qué ha perdurado y cuáles son los desafíos que aún siguen vigentes. Conocer nuestra historia nos permite reconocer los hilos que conectan generaciones, valorar lo construido, aprender de los errores y proyectar con mayor claridad el futuro que queremos.Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_ThzMXgC5hUFKHaNqXh1QSP3OMk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/mgazine_museo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En tiempos donde el vértigo cotidiano nos empuja hacia lo inmediato, detenernos a mirar el pasado puede ser un acto profundamente revelador. En este sentido, una de las tareas que realizamos en el Museo Regional Palacio Arruabarrena, es la de preservar fuentes y bibliografía que nos permiten reconstruir cómo era Concordia en otras épocas. Un ejemplo de esto es la publicación “Fotografías de Concordia. Industrial y Comercial”, editada por Amadeo Mauri en 1919, que ofrece un retrato de la ciudad en plena expansión. Esos libros y publicaciones no solo nos hablan de calles, industrias y costumbres, sino que nos ayudan a entender cómo ha cambiado Concordia, qué huellas persisten y qué aprendizajes podemos proyectar hacia el futuro.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Fiestas estudiantiles de Concordia: “Con el espíritu intacto”
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xvxbl-FOj3zo8k62yIk9Na1FY6o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/fiestas_estudiantiles.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco del cuadragésimo aniversario del Museo Regional Palacio Arruabarrena —fundado en enero de 1984—, a mediados de 2023 proyectamos una exhibición conmemorativa que &nbsp;celebrara la creación de este espacio cultural. Para esto, solicitamos colaboración al diario “El Heraldo”, con el propósito de acceder a su archivo histórico y explorar acontecimientos significativos ocurridos durante estas cuatro décadas.Entre las páginas revisadas, nos detuvimos en una nota que comentaba sobre los desfiles de carrozas y las elecciones de reinas y reyes de los estudiantes. La imagen que acompañaba el artículo capturaba el ambiente festivo de Concordia. Decidimos compartirla en las redes sociales del Museo, donde diariamente publicamos fotografías de la ciudad y la región. En ese momento, la repercusión fue inmediata: la publicación se compartió ampliamente. Seguidores del perfil comenzaron a enviarnos imágenes de distintas épocas, acompañadas de relatos personales, vivencias y añoranzas.Desde el inicio de nuestra gestión institucional, uno de los ejes fundamentales ha sido el fortalecimiento del vínculo con la comunidad. Trabajamos junto a referentes que nos conectan con otras voces, otras memorias, y que contribuyen a rescatar historias valiosas que forman parte de nuestro patrimonio intangible. En ese camino, la escritora Marta Müller —cuyos relatos entrelazan, de manera brillante, historia, literatura y memoria oral— nos acercó el contacto de Edgardo Palauro, quien desde hace años lleva un registro minucioso de las fiestas estudiantiles y los desfiles de carrozas de Concordia.Con Edgardo comenzamos a idear una exhibición dedicada a esta tradición que atraviesa generaciones. Sin embargo, en ese momento no logramos concretar ni esa propuesta ni la muestra conmemorativa por los 40 años del Museo. El cierre prolongado del Palacio Arruabarrena, debido a filtraciones, que aún persisten, nos obligó a postergar ambos proyectos.&nbsp;Este año, retomamos el contacto con Edgardo Palauro, quien generosamente nos facilitó el material necesario para el montaje de la exhibición. Que tiene como objetivo, narrar, a través de fotografías, la historia de una de las fiestas más importantes de la ciudad.Esta celebración estudiantil tuvo su origen en 1962, cuando el Dr. Horacio Rovira, director de la Escuela de Comercio, convocó a un grupo de estudiantes para proponerles incorporar un desfile de carrozas a los festejos primaverales. La idea, estaba inspirada en experiencias de La Plata y Gualeguaychú. A partir de esto, los estudiantes se organizaron junto a representantes de otras escuelas y conformaron ECU (Estudiantes Concordienses Unidos) y se gestionó ante el Comisionado Municipal, Coronel Pablo O. Harrand, la autorización para realizar el primer desfile el 21 de septiembre de ese mismo año.En ese entonces, las carrozas se construían en patios escolares, galpones improvisados y espacios prestados. Se conseguían acoplados, se elegía un tema, y sobre esas plataformas se levantaban mundos. Se usaban estructuras de hierro, papeles brillosos, telas y luces. En aquel primer desfile se vio una primavera en Japón, una gigantesca canasta de flores, un harem con odaliscas, el lanzamiento de un astronauta accionado con una gran honda, pajes a caballo, un cisne majestuoso, sabios locos, un aula rodante con alumnos bulliciosos, un carro romano, y hasta una escena romántica en una placita con enamorados.Una de las carrozas más celebradas fue “Montmartre”, inspirada en el barrio bohemio de París. Allí, un grupo de jóvenes encarnaba la estética de la *nouvelle vague*: una pintaba, otra bebía whisky con displicencia, otra meditaba lánguidamente, y las demás conversaban sobre autores y discos de moda. Alicia Kosir, Silvia Gómez, Norma Buet, Sara Imaz y Doris Varela dieron vida a ese cuadro pintoresco, que combinaba arte, irreverencia y sensibilidad.Con el paso de los años, las carrozas se fueron perfeccionando. Se incorporaron movimientos, mecanismos, iluminación escénica, diseños cada vez más elaborados. Cada generación dejó su huella.Como bien señala Edgardo Palauro: &nbsp;“Hoy, más de treinta colegios participan con sus reinas y reyes, hinchadas vibrantes y carrozas que combinan creatividad, esfuerzo colectivo y tecnología. Lo que antes se iluminaba con foquitos caseros, hoy brilla con tiras de LED automatizadas. Lo que antes se movía con tractores, hoy avanza a pulmón. Lo que antes se cocinaba en ollas comunitarias, sigue siendo el guiso más rico del mundo, porque está hecho de esfuerzo compartido y risas sinceras. La música también cambió: del Club del Clan y el pop ochentoso, a la cumbia y el reguetón que hoy hacen vibrar a las nuevas generaciones. Pero el espíritu permanece intacto. Porque más allá de los cambios estéticos, esta fiesta sigue siendo un espacio de encuentro, de creación, de memoria viva.”A partir del lunes 8 de septiembre, invitamos a recorrer esta muestra, como homenaje a las historias estudiantiles compartidas. A quienes soñaron, construyeron y desfilaron. A quienes supieron capturar el instante con una cámara. A las calles que se transformaron en escenario. A Concordia, que cada septiembre festeja con el espíritu intacto.Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>Museo RegionalPalacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xvxbl-FOj3zo8k62yIk9Na1FY6o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/fiestas_estudiantiles.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCÓN DEL MUSEO]]>
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                <published>2025-09-06T18:30:00+00:00</published>
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            El Palacio Municipal
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KpHcKY7j19s1zGiBSPgSPe1xC8M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/palacio_municipal.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En una nota publicada en “El Heraldo” en el año 2004, la periodista Minguet reconstruye la historia del Palacio Municipal de Concordia, revelando no solo los orígenes materiales del edificio, sino también el valor simbólico que ha adquirido con el paso del tiempo. Ese relato, cargado de memoria y observación ciudadana, nos invita a mirar más allá de la fachada y a comprender el papel que este edificio ha desempeñado en la vida institucional y social de la ciudad.Comenta la periodista que antes de convertirse en sede del gobierno local, el terreno donde hoy se levanta el Palacio tuvo una historia marcada por sucesivas apropiaciones y usos diversos. En 1859, el gobierno provincial lo asignó al General Justo José de Urquiza como reconocimiento por su rango de Capitán General, en un gesto que vinculaba el espacio urbano con las figuras de poder de la época. En 1868, pasó a manos del General Urdinarrain, y tras su fallecimiento en 1879, fue heredado por su esposa, Hermenegilda Irigoyen de Urdinarrain.&nbsp;Con el correr de los años, el lugar fue adaptándose a las necesidades cambiantes de la comunidad. Funcionó primero como mercado público, espacio de intercambio y encuentro cotidiano, y más tarde como cine al aire libre: el Cine Splendid Park, gestionado por Francisco Fabrizzi. Este cine, que ofrecía funciones bajo las estrellas, se convirtió en un punto de referencia cultural y recreativo, donde generaciones de concordienses compartieron tardes y noches de esparcimiento.&nbsp;La decisión de construir el Palacio Municipal se concretó en 1937, cuando el intendente Dr. Domingo Larocca colocó la piedra fundamental. Este gesto fundacional marcó el inicio de una nueva etapa en la historia urbana de la ciudad, en la que se buscaba consolidar una sede institucional acorde a las exigencias de una administración moderna. El proyecto arquitectónico fue seleccionado entre 17 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos Carlos A. Baldini Garay y Stella Genovese, oriundos de Buenos Aires. La licitación pública se abrió el 25 de julio de 1938, y la empresa Segovia y Gasco de Paraná fue la adjudicataria, con un presupuesto de $346.574 moneda nacional. Las obras comenzaron el 2 de septiembre de ese mismo año, marcando el inicio de una transformación urbana significativa que involucró no solo la construcción del edificio, sino también la redefinición del espacio público circundante.La construcción fue posible gracias a un empréstito de $20.000, aprobado con la convicción de que invertir en infraestructura institucional era apostar por el futuro de la ciudad. De ese monto, $3.500 se destinaron específicamente al Palacio Municipal, mientras que el resto permitió concretar otras obras de gran importancia para Concordia: la Asistencia Pública, la Cámara Frigorífica del Mercado, la apertura de la diagonal Juan B. Justo, entre otras mejoras urbanas. El edificio fue bendecido por el cura párroco Jorge Schönfeld, y el ingeniero Eduardo Nogueira —entonces Jefe de Obras Públicas y posteriormente intendente— tuvo un papel central en la ejecución del proyecto, aportando su visión técnica.Inaugurado en 1938, el Palacio Municipal fue considerado en su momento el edificio más moderno de Concordia. Su diseño respondía a criterios de funcionalidad, racionalidad y comodidad, con espacios destinados a oficinas, biblioteca y archivo. Fue pensado como una sede institucional que pudiera albergar con dignidad las actividades administrativas y políticas de la ciudad, y que al mismo tiempo representara un símbolo de progreso y organización. La arquitectura del edificio, sobria pero imponente, dialogaba con la plaza principal y con el trazado urbano, consolidando su rol como centro neurálgico de la vida pública.También la periodista Minguet recuerda que, además de su función gubernamental, el edificio fue escenario de eventos sociales memorables que marcaron la vida social de Concordia. En 1943, por ejemplo, se celebró allí el baile de recepción de los maestros de la Escuela Normal.Todo lo mencionado anteriormente devela que los edificios públicos —como el Palacio Municipal, los museos— no son simples estructuras funcionales, sino testimonios materiales de proyectos colectivos que han dado forma a nuestra vida comunitaria. Preservarlos y mantenerlos adecuadamente es una tarea esencial, aunque no siempre asumida con la responsabilidad que merece. El cuidado de lo público es un compromiso que refleja el vínculo con la historia, el presente y el futuro.Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KpHcKY7j19s1zGiBSPgSPe1xC8M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/palacio_municipal.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El rincón del museo]]>
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            ¿A qué jugamos?
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4xM04u6AUHC8c6gAcmsE_YuFvOk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/museo_infancias.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Una muestra que nos invita a redescubrir las infancias.</p><p>Desde el Museo Regional Palacio Arruabarrena, se presenta la cuarta edición de la muestra temporal “¿A qué jugamos?”, una propuesta que transforma el espacio museístico en un escenario de evocación y juego. Durante el mes de la niñez, el museo se viste de recuerdos y colores para invitar a grandes y chicos a reencontrarse con los juegos y juguetes que marcaron distintas décadas del siglo XX.Al ingresar a la sala, una rayuela en el piso nos interpela con su invitación directa al movimiento, mientras aviones de papel suspendidos del techo parecen flotar entre memorias. La escenografía no es solo decorativa: es parte del relato. Cada rincón está pensado para provocar preguntas, activar emociones y construir puentes entre generaciones.La muestra gira en torno a una pregunta que resonó en cada infancia: “¿A qué jugamos?”. Esa frase, que antecedía risas y desafíos, se convierte aquí en el eje central. A través de vitrinas, exhibidores y objetos seleccionados, el recorrido nos lleva por distintas épocas, revelando cómo los juegos y juguetes han sido reflejo de sus tiempos. Muñecos de goma, utensillos de cocina, aviones, trenes, jueguitos de té, autos de colección, trompos, baleros, juegos de mesa y elementos para jugar al aire libre. Cada pieza exhibida representa no solo una forma de entretenimiento, sino también una manera de entender el mundo. Los juguetes, como artefactos culturales, condensan valores, roles sociales, avances tecnológicos y aspiraciones colectivas.La propuesta no se limita a la nostalgia. Propone una lectura crítica y afectiva del pasado, donde el juego aparece como una herramienta de socialización, aprendizaje y expresión. Desde la infancia hasta la adultez, el juego nos ha permitido explorar, crear vínculos, ensayar roles y comprender el entorno.Además, el montaje invita a la participación. No se trata solo de mirar: se puede jugar. La rayuela está ahí para ser recorrida, los aviones de papel pueden ser tocados, y hay espacios pensados para que los visitantes interactúen con algunos juegos. Esta dimensión lúdica transforma la experiencia museística en algo vivo, dinámico, cercano.Cada juguete está acompañado por textos breves que contextualizan su uso, su época y su significado. Hay referencias a los juegos de destreza, de puntería, de grupo, y a aquellos que se practicaban al aire libre. Esta clasificación permite comprender cómo el juego respondía a necesidades físicas, sociales y simbólicas.Más allá de su valor afectivo, la muestra pone en evidencia el rol pedagógico del juego. En tiempos donde la infancia está cada vez más mediada por pantallas, “¿A qué jugamos?” nos recuerda que jugar es aprender. Que en el acto de construir una casita, lanzar una pelota o inventar una historia con muñecos, se desarrollan habilidades cognitivas, emocionales y sociales. El museo se convierte así en un espacio de reflexión. ¿Qué tipo de juegos promovemos hoy? ¿Qué valores transmiten los juguetes de antaño y los actuales? ¿Qué lugar ocupa el juego en nuestras vidas adultas? Estas preguntas, aunque no se formulen explícitamente, emergen del recorrido y nos invitan a pensar.La muestra no sería posible sin la colaboración de Eduardo Bazzareli, quien ha prestado parte de su colección personal para esta edición, como las veces anteriores.La muestra “¿A qué jugamos?” puede visitarse en el Museo Regional Palacio Arruabarrena (ubicado en Entre Ríos y Ramírez). El horario de atención al público es de lunes a viernes, de 7:30 a 13:00. La entrada es libre y gratuita. Se invita a todas las personas, sin distinción de edad, a acercarse, jugar un rato y rememorar el paso por la infancia a través de los juegos y los juguetes. Porque jugar no es solo cosa de niños: es una forma de estar en el mundo, de imaginar futuros, de recordar quiénes fuimos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4xM04u6AUHC8c6gAcmsE_YuFvOk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/museo_infancias.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Rincón del Museo]]>
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            Las barracas de cueros y lanas en Concordia
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hd43mpD6rrX5ybNJuCHyVdNAxmM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/fotos_maga_sabado_2_agosto_2025_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En su libro Recopilación histórica de Concordia, el historiador Luis María Medina recupera una nota publicada por Hermenegildo E. Aramburo en la revista La Calle el 12 de octubre de 1969, en la cual se rememora el papel fundamental que tuvieron las barracas de cueros en el desarrollo económico local a principios del siglo XX.</p><p>El relato destaca la existencia de tres grandes barracas que operaban en la ciudad: la de Juan Baylina —aunque en realidad se trataba de la firma Lascurain y Baylina—, ubicada entre las calles Mitre, Alberdi y San Juan, que en sus últimos años antes de la Primera Guerra Mundial había incorporado tecnologías modernas como una prensa hidráulica y el uso de energía eléctrica; la tradicional Barraca Robinson, asentada en el solar donde luego funcionó el Policlínico Ferroviario; y la barraca de Mathó Hermanos, instalada en Buenos Aires entre Colón y Bolivia. Estas dos últimas trabajaban con energía generada por vapor de agua, por lo que contaban con calderas propias y utilizaban carbón de piedra como combustible.</p><p>En ese entonces, Concordia recibía la mayor parte de la producción lanar de Entre Ríos, además de lotes provenientes de Corrientes. Junto con la lana, llegaban también cueros secos de vacunos, yeguarizos y ovinos, que ingresaban a la ciudad por las tabladas Oeste y Norte. La primera ocupaba varias manzanas frente a la actual Iglesia Pompeya; la segunda era más extensa, y en ella comenzó a construirse el Policlínico de la Tablada, conocido así en su tiempo, hoy sede de la Facultad de Ciencias de la Administración.</p><p>Durante la época de esquila, esas tabladas se convertían en centros de actividad intensa. Caravanas de carros tirados por yeguarizos y tropas de carretas —algunas con toldos de cuero seco, otras con chapas de cinc o paja— llegaban cargadas exclusivamente de bolsas de lana, cada una con un peso promedio de cien kilos. En otras estaciones del año, el transporte se diversificaba e incluía cueros de distintos tipos. Las cargas provenían de localidades como Villaguay, Federal, Feliciano, La Paz, Curuzú Cuatiá o Monte Caseros. Las mismas carretas retornaban con mercaderías destinadas a estancias, comercios rurales o poblaciones aledañas.</p><p>Cada barraca contaba con su propio equipo de carros de dos ruedas tirados por varios yeguarizos o mulas. Estos vehículos trasladaban los productos desde las tabladas hasta los depósitos de almacenamiento, y también cumplían una función comercial: llevaban mercadería desde los llamados “Registros”, entre los que se destacaban los de Baylina y Robinson Hermanos. Estos establecimientos reunían un amplio surtido que incluía alimentos, artículos de ferretería, telas, maderas, alambres, entre otros insumos necesarios para abastecer a toda la región.</p><p>El Registro de Baylina se ubicaba en un antiguo caserón donde hoy se encuentra el Banco de la Nación, con depósitos de materiales y maquinaria agrícola en el terreno actual del Banco Hipotecario. El de Robinson tenía frente por calle 1º de Mayo y salida por Urquiza, con su depósito en el lugar donde hoy se levanta el Hotel Salto Grande.</p><p>Estas estructuras comerciales reflejan la vitalidad de Concordia en el rubro de lanas y cueros hasta el final de la Primera Guerra Mundial. De hecho, desde Europa llegaban compradores que adquirían directamente grandes lotes de lana para exportación. De Alemania arribaban los representantes de Lahusen y Cía.; de Bélgica, los de Van Peborg y Willamen. Eran personajes que apenas hablaban castellano, pero que se movilizaban por la ciudad para negociar en las barracas.</p><p>Los fardos de lana, de hasta 400 kilos cada uno, se embarcaban en el puerto de Concordia en navíos de la empresa Mihanovich con destino a Buenos Aires, donde luego eran trasbordados a barcos de ultramar. La aduana local participaba directamente en las gestiones de exportación e importación, ya que los materiales utilizados —flejes y remaches provenientes de Inglaterra, y arpillera traída desde la India— se adquirían con intervención oficial.</p><p>El fin de la contienda mundial trajo consigo una súbita baja en el precio de la lana, lo que provocó serios perjuicios económicos para la zona. Como dato ilustrativo, se destaca que la barraca Baylina, en sus años más prósperos, exportaba cerca de cinco mil fardos —unos dos millones de kilos— mientras que las otras dos barracas sumaban juntas una cifra equivalente.</p><p>Hoy, estos grandes establecimientos ya no existen. Pero su legado persiste como una marca indeleble en la historia de Concordia, que supo desempeñar un papel clave en la cadena productiva lanar y en el dinamismo comercial de la región. Las barracas fueron, en su momento, testigos y protagonistas del progreso económico de toda una época.</p><p>Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.</p><p>Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Recorridos guiados de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hd43mpD6rrX5ybNJuCHyVdNAxmM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/08/fotos_maga_sabado_2_agosto_2025_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCON DEL MUSEO]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2025-08-02T17:30:00+00:00</published>
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            Concordia en 1902
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MYGA7TaS2xU6sGxIgSfr64t_x-M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/maga_sab_26_julio_2025_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A principios de 1983, el diario El Heraldo publicó información relevante sobre un antiguo plano urbano que retrata el trazado de Concordia en los primeros años del siglo XX. El plano, fechado el 31 de octubre de 1902, estaba firmado por G. Ulibarrie, quien entonces se desempeñaba como jefe de la Oficina de Obras Públicas. Este mapa ofrece una mirada a una Concordia que comenzaba a tomar forma, con pocas construcciones.</p><p>La imagen de Concordia en ese plano, poco se parece a la que conocemos hoy. Apenas algunas edificaciones se elevaban en las avenidas San Lorenzo y Chacabuco, que en ese entonces se denominaban Boulevard Norte y Boulevard Sur. El trazado revelaba una ciudad contenida, que no había comenzado a expandirse más allá de esos márgenes. Entre los espacios públicos mencionados figuraban la Plaza 9 de Julio y la Plazoleta Española, hoy ausentes del trazado actual, pero que en su momento moldearon el perfil urbano y social de una Concordia en gestación.</p><p>Frente a la Plaza 25 de Mayo, sobre la entonces calle Congreso (actual Pellegrini), el plano marcaba la presencia del Mercado Central, que ocupaba media manzana. A diferencia de otras dependencias oficiales que han mudado de ubicación o desaparecido, la Policía es la única que se mantiene en el mismo emplazamiento desde aquellos años. En contraste, la Municipalidad y el Templo Católico se situaban en la intersección de Urquiza y 1° de Mayo. También sobre Mitre y Congreso se encontraban las oficinas del Registro Civil, de Obras Públicas y Veterinaria, formando un núcleo administrativo que reflejaban la red institucional de una ciudad que comenzaba a estructurarse.</p><p>La Subprefectura de Marina aparecía ubicada en Mitre, entre Congreso (hoy Pellegrini) e Hipólito Yrigoyen (entonces llamada Córdoba), mientras que el Banco de la Nación se localizaba en Mitre y Entre Ríos, punto neurálgico del movimiento financiero de la época. En la calle 1° de Mayo, el Telégrafo Provincial funcionaba a una cuadra de la Plaza 25 de Mayo, justo donde hoy está la Biblioteca Popular. Más allá, en el sitio actualmente ocupado por la Aduana, operaba Correos y Telégrafos Nacionales, mientras que la Aduana del momento se ubicaba en la intersección de Buenos Aires y La Rioja.</p><p>Un detalle curioso del plano es que no existía aún la costumbre de renombrar las calles a partir de la arteria principal. Por eso, sobre 1° de Mayo se identifica la Plaza España. La antigua Plaza 9 de Julio se encontraba en el lugar donde actualmente se localiza la Escuela Normal; allí, la calle Sarmiento era conocida como Tucumán.&nbsp;</p><p>El mapa señalaba que el Juzgado de Primera Instancia requería una caminata hasta la intersección de las actuales calles Entre Ríos y Carriego (llamada Gualeguaychú en 1902). Más cerca del núcleo céntrico, en Entre Ríos y Roque Sáenz Peña (entonces Jujuy), funcionaba el Banco Provincial. También se destacaba la existencia del “Banco Nacional en liquidación”, emplazado en la intersección de Entre Ríos y Salta. A pocos metros, operaba el Juzgado de Paz, y un poco más allá comenzaba a perfilarse una zona con escasa población, donde se hallaba la Plaza Ituzaingó, luego rebautizada como Plaza Urquiza.</p><p>Otro punto llamativo del plano es el terreno baldío que ocupaba el área donde hoy se encuentra la Escuela de Comercio. Sobre Córdoba (actual Hipólito Yrigoyen), casi en su cruce con Salta, aparece el Asilo de Huérfanas, institución que evocaba un entramado de beneficencia propio de la sociedad de esa época. El Teatro Beñatena, por su parte, se encontraba sobre Santa Fe, arteria que hoy lleva el nombre de Alberdi.</p><p>La Plazoleta Española ocupaba dos manzanas, desplegándose sobre el Boulevard Sur, entre las actuales calles Pellegrini y San Luis. Su presencia fue borrada con el tiempo, pero el plano la consigna como un lugar significativo en la estructura original del espacio público. Como si se tratara de un archivo de nombres olvidados, el documento rescata antiguos apelativos que hoy han sido reemplazados por nuevas identidades urbanas: la calle Rocamora es hoy Scattini; Victoria se convirtió en Concejal Veiga; San Martín se renombró como Damián P. Garat; Libertad pasó a ser Presbítero del Castillo. Las Heras-Coldaroli era Piedad, y Estrada era Santiago.&nbsp;</p><p>Más allá del corazón céntrico, al norte, el plano indicaba que por la actual calle Pellegrini la última casa registrada se encontraba en la esquina con Piedad (hoy Coldaroli); el resto del trazado, entre esa esquina y el Boulevard Norte (hoy San Lorenzo), estaba ocupado por terrenos baldíos o quintas. Algo similar ocurría por Entre Ríos: al norte de la Plaza Ituzaingó, pocas edificaciones se levantaban, la última que se registraba se encontraba en la intersección con Liniers.</p><p>Este plano de 1902 no es sólo un testimonio gráfico de cómo era Concordia en sus primeros pasos como ciudad; es, sobre todo, una invitación a dialogar con el pasado, a reinterpretar los espacios que hoy habitamos y que una vez fueron baldíos, plazas, edificios con otras funciones, calles con nombres perdidos en el tiempo. Este documento nos recuerda que la memoria también se traza sobre papel, y que en ella habitan los vestigios silenciosos de lo que alguna vez fuimos.</p><p>Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.</p><p>Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Recorridos guiados de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>Mag. Lic. Silvana de Sousa Frade</p><p>Directora del Museo Regional Palacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MYGA7TaS2xU6sGxIgSfr64t_x-M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/maga_sab_26_julio_2025_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCÓN DEL MUSEO]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Historias del Puerto
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CJk5yeEAW6W0qZYnA_J0ViIYpuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/museo_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco de las tareas de clasificación y ordenamiento del archivo del Museo, hemos encontrado un documento que aporta una valiosa mirada al pasado del Puerto de Concordia. Se trata de la transcripción de una conferencia dictada por F. Juan Massera en 1941 en la Biblioteca Popular de Paraná, titulada “Navegación y aprovechamiento del Río Uruguay”. &nbsp;La charla abordó numerosos aspectos relacionados con la infraestructura fluvial: los puertos ribereños de diversas ciudades argentinas y uruguayas, los pasos navegables, las obras en curso, el comportamiento de las crecientes, la propuesta de un puente internacional, y distintos proyectos que buscaban optimizar el aprovechamiento del río. Massera, además de conferencista, había sido el autor del proyecto de la avenida costanera de Concordia y ocupó el cargo de tesorero de la primera Comisión de Cultura de la ciudad. &nbsp;Al referirse al Puerto de Concordia, el disertante señaló que su etapa de mayor desarrollo comenzó bajo la gestión del Ministro Emilio Civit, durante la presidencia del Gral. Julio A. Roca. En ese contexto, se impulsaron obras fundamentales en el Río Uruguay: pasos fluviales, mejoras portuarias, ferrocarriles, obras hidráulicas, sanitarias y arquitectónicas que respondían a un impulso estatal de modernización. &nbsp;La descripción del puerto incluía detalles vívidos: los pasajeros descendían de los vapores en botes, atravesaban espesos médanos de arena para luego ascender la barranca mediante una cortadura. El resguardo, antigua construcción utilizada por Subprefectura, contaba con una casilla en la planicie para revisar equipajes. &nbsp;Entre los detalles más curiosos, Massera mencionó un murallón que contenía la planicie y el edificio del puerto, donde servía de amarradero un cañón proveniente de Salto Grande, presuntamente perteneciente a uno de los barcos de Garibaldi. En el arroyo Manzores, yacían los restos de un vapor y un casco de hierro. Más allá, en la ciudad, un monte tupido conocido como “la isleta” servía de escondite para cuatreros y otros malhechores. &nbsp;Respecto a la Concordia de finales del siglo XIX, relató que la calle principal era arenosa —una extensión de la playa—, y que los carros y coches debían lidiar con condiciones adversas para transitarla. No obstante, estaba flanqueada por casas familiares, comercios y espacios de recreación para marineros, boteros, changadores y obreros de los saladeros. &nbsp;</p><p>Pese a la necesidad de construir un puerto adecuado, hubo iniciativas individuales destacables: Domingo Giuliani trazó líneas para la utilización del Manzores, y el saladerista Lesca financió la llegada de ingenieros franceses, quienes elaboraron un ambicioso proyecto completo. &nbsp;Pero fue la intervención estatal la que marcó un hito: en 1903 se sancionó y promulgó una ley nacional que planificó obras trascendentales para los ríos Paraná y Uruguay. Entre las mejoras previstas para este último se incluyeron el balizamiento luminoso y dragado desde su desembocadura hasta Concepción del Uruguay, así como desde Colón hasta Concordia, y la construcción y adecuación de muelles en los puertos de Concepción del Uruguay, Concordia y Colón. Esta acción legislativa no solo confirmó la necesidad de mejorar la integración de la región al circuito fluvial nacional, sino que sentó las bases para el desarrollo de infraestructuras clave. &nbsp;Estos microrelatos, preservados con esmero en el archivo, nos invitan a reconocer que muchas de las transformaciones fueron fruto de una decidida acción pública. Esta obra pública, el Puerto de Concordia, dejó huellas materiales y simbólicas que moldearon el paisaje, conectaron ciudades y promovieron el desarrollo local. Recuperarlos nos permite reencontrarnos con una historia construida desde el esfuerzo colectivo, y reafirmar que la memoria de lo que fuimos es clave para comprender lo que somos y proyectar lo que podemos ser.Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Recorridos guiados de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>Palacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CJk5yeEAW6W0qZYnA_J0ViIYpuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/museo_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>RINCÓN DEL MUSEO]]>
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            Memoria de un escritor
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Oy2k54ZLTl_KRY2MBI-IelEruKc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/rincon_del_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace algún tiempo destacamos en este espacio el carácter pionero de Concordia en materia de gestión cultural. Nuestra ciudad fue la primera en la provincia de Entre Ríos en contar con un organismo destinado a definir políticas culturales: la Comisión de Cultura, creada por iniciativa del concejal Héctor Rodríguez Pujol, autor de la ordenanza N.º 9453 del 7 de agosto de 1941. Esta comisión comenzó a funcionar oficialmente el 24 de octubre del mismo año, bajo la presidencia del Dr. Andrés Chabrillón.Hoy queremos evocar un hecho significativo en la historia cultural local: la visita del escritor entrerriano Carlos Mastronardi, quien ofreció una conferencia titulada precisamente "Memoria de un escritor", el 11 de noviembre de 1964 en los salones del Palacio Municipal. Días antes del evento, el diario “El Sol” anunciaba: “Nos visitará el 11 Carlos Mastronardi (…) en los salones del Palacio Municipal, el público concordiense tendrá la oportunidad de escuchar la palabra del escritor entrerriano Carlos Mastronardi. Esa información escueta encierra un paso más en el ambiente cultural que trata de formar, por los medios más honestos, la Comisión de Cultura local”.El matutino también destacaba brevemente la trayectoria del autor, quien había obtenido el tercer premio nacional de literatura en prosa correspondiente al período 1960–1962. Carlos Mastronardi, nacido en Gualeguay el 7 de octubre de 1901, se dedicó desde joven al periodismo, integrando las redacciones de diversos diarios metropolitanos. Alternó esta labor con la crítica y la creación literaria, dejando una obra profunda y reflexiva. Entre sus títulos más destacados se encuentran “Tierra amanecida” (1926), “Tratado de la pena” (1930), “Conocimiento de la noche” (1937), “Luz de provincia” (1937), “Valéry o la infinitud del método” (1955) y “Formas de la realidad nacional”.La conferencia de Mastronardi fue un verdadero acontecimiento cultural. Los medios locales destacaron la numerosa concurrencia al salón de actos de la Municipalidad y el interés sostenido del público durante toda la disertación. El autor abordó la ubicación de su generación literaria, las influencias que marcaron su estilo y las diferencias con la vida cultural contemporánea. A través de anécdotas y reflexiones, trazó un vívido panorama de la vida literaria de la década de 1920.La organización de esta conferencia fue posible gracias a la Comisión de Cultura, cuya misión —según lo establecido en la ordenanza fundacional— era fomentar el desarrollo intelectual y artístico de Concordia. Entre sus funciones principales se encontraba “la organización de conferencias o ciclos de conferencias sobre temas sociales, jurídicos, científicos, históricos, económicos, literarios, etc., para lo cual requerirá el concurso de intelectuales de la localidad, del país y de los países vecinos”.La visita de Mastronardi no solo cumplió con ese objetivo, sino que lo encarnó plenamente: fue un acto de encuentro entre la palabra, la poesía y la comunidad.En tiempos donde enfrentamos desafíos complejos, la cultura y su gestión adquieren un papel central. No solo enriquecen la vida cotidiana, sino que fortalecen el sentido de pertenencia, promueven el pensamiento crítico y abren espacios de diálogo entre generaciones. Impulsar políticas culturales sostenidas y participativas es fortalecer una ciudadanía más consciente, creativa y cohesionada. A veces, basta con volver la mirada hacia ciertos ejemplos del pasado para reflexionar sobre el presente y así proyectarnos con mayor claridad hacia el futuroNos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Recorridos guiados de lunes a viernes de 8 a 12 hs.</p><p>Palacio Arruabarrena&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Oy2k54ZLTl_KRY2MBI-IelEruKc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/rincon_del_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Rincón del museo]]>
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            El reloj de la Catedral
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dLB9AyzrQW9AUfmjK2gsHN12dbo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/06/reloj_de_la_catedral.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 5 de septiembre de 1998, el diario “El Heraldo” publicó una nota firmada por la periodista Minguet, en la que se detallaban las tareas de restauración y puesta en valor que se estaban llevando a cabo en el templo principal de nuestra ciudad: la Catedral de San Antonio de Padua. Entre los trabajos más significativos, se destacaba la remoción y reparación del histórico reloj ubicado en una de sus torres, símbolo inconfundible del paisaje urbano de Concordia.Según relataba la cronista, el proceso de desmontaje del antiguo mecanismo fue una tarea ardua y minuciosa. El señor Orlando Moneta, con la colaboración de los Bomberos Voluntarios, dedicó más de 20 horas a desarmar el complejo sistema de engranajes, que medía aproximadamente 1,50 metros de largo por 60 centímetros de ancho y alto. Este esfuerzo no solo implicaba una labor técnica, sino también un acto de compromiso con la preservación del patrimonio local.La historia de este reloj se remonta a principios del siglo XX. En el archivo del Museo Regional Palacio Arruabarrena se conserva una copia de la documentación oficial que da cuenta de su adquisición. El 16 de mayo de 1906, el Honorable Concejo Deliberante de la Municipalidad de Concordia autorizó al Departamento Ejecutivo a invertir hasta tres mil pesos en la compra de un reloj público. Así quedó establecido en el artículo primero de la resolución correspondiente. El segundo artículo indicaba que el reloj debía ser instalado en una de las torres de la iglesia parroquial, mientras que el tercero disponía que los gastos derivados de su colocación debieran imputarse a la partida presupuestaria de Ornato y Obras Públicas.Sin embargo, no fue sino hasta el 29 de enero de 1908 que se llamó a licitación para la provisión del reloj. En febrero de ese año, la Municipalidad recibió tres propuestas: la firma Studler e Hijos cotizó $6.700; Escasany Hermanos ofreció $3.500 más $800 por la instalación; y Reeve y Waner propusieron $4.600. Finalmente, se aceptó la oferta de Escasany Hermanos por un total de $4.300, incluyendo la colocación del mecanismo.Una vez finalizada la instalación, la Municipalidad solicitó una inspección técnica para verificar la calidad del trabajo realizado. El 20 de agosto de 1908, el relojero Francisco Giordano, de la joyería de Salto (República Oriental del Uruguay), presentó un informe detallado. En él, destacaba que “el reloj no deja nada que desear; su construcción es esmerada; sus piezas robustas; sus engranajes cortados a la frisa; su escape a husillo; en fin, todo dispuesto según la ciencia relojera moderna”. No obstante, también advirtió sobre deficiencias en la instalación: el piso carecía de la solidez necesaria, el soporte no era adecuado para el peso del mecanismo, y la inclinación hacia el este dificultaba el acceso para su mantenimiento. Incluso se había intentado corregir esta inclinación con una alfagía, lo que terminó por obstaculizar la limpieza y lubricación del sistema.Estas observaciones técnicas, aunque precisas, no fueron atendidas en su totalidad en aquel momento. Como señalaba Minguet en su nota de 1998, pasaron noventa años hasta que se abordaron los problemas que afectaban al reloj. Durante décadas, el acceso incómodo y la falta de condiciones adecuadas impidieron que el mecanismo recibiera el cuidado que requería, lo que derivó en su progresivo deterioro.Hoy, el reloj de la Catedral no solo marca las horas con sus campanadas características, sino que también representa un vínculo tangible con la historia y la identidad de Concordia. Su presencia en lo alto del templo no es solo funcional, sino profundamente emocional: evoca la memoria de generaciones que lo vieron latir sobre la ciudad.Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.</p><p>&nbsp;Museo Regional Palacio Arruabarrena &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dLB9AyzrQW9AUfmjK2gsHN12dbo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/06/reloj_de_la_catedral.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCÓN DEL MUSEO]]>
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            Concordia a comienzos del siglo XX: transformaciones de su espacio urbano
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                <![CDATA[Silvana De Sousa Frade]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pkZiEShdPco5mqJLLUvJqBnvZb0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/06/magazine_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La historia de una ciudad no solo nos permite comprender su pasado, sino que también nos brinda las herramientas para reflexionar sobre su desarrollo e identidad colectiva. Como señala Pierre Nora en su estudio sobre los lugares de memoria, “el conocimiento histórico es fundamental para la construcción del sentido de pertenencia y la proyección del futuro”. En este sentido, observar las huellas del pasado no es solo un ejercicio intelectual, sino un compromiso con el crecimiento y la transformación social de una comunidad. &nbsp;En una publicación de la revista dominical “La Calle”, del 19 de octubre de 1969, se mencionan valiosos testimonios y documentos sobre cómo era nuestra ciudad en los primeros años del siglo XX, especialmente su plaza principal y su mercado. Gracias a estos relatos, podemos reconstruir una imagen de Concordia de aquel tiempo y reconocer los cambios que ha experimentado a lo largo de las décadas. &nbsp;El cronista describe que, en los primeros años de la década de 1900, la Plaza 25 de Mayo tenía un aspecto muy distinto al actual. En lugar de los jardines y monumentos que hoy conocemos, la plaza estaba delimitada por una plantación de naranjos, cuyos contornos trazaban sus diagonales. Se creía que estos árboles tenían un origen remoto, posiblemente vinculado a la presencia jesuítica en la región. &nbsp;En el centro de la plaza se alzaba una columna con escalones de mármol y material sólido, coronada por una figura alegórica. Aproximadamente, en 1906 se decidió su demolición, iniciándose la construcción de la estatua del General San Martín, que sería inaugurada el 25 de mayo de 1910. &nbsp;Junto a la columna central, en dirección al edificio de la policía, se encontraba un mástil donde se izaba la bandera en actos cívicos. A su vez, en el lado opuesto, hacia el oeste, se había instalado el único foco eléctrico de la plaza, montado sobre una columna de hierro. La rutina diaria incluía encenderlo por la noche y retirarlo por la mañana, debido a la duración limitada de las lámparas. &nbsp;Otro elemento característico de la plaza era una estructura de madera, ubicada entre la zona central y la calle 1º de Mayo. Elevada sobre pilotes y rodeada por una baranda, este edificio albergaba en su parte baja una confitería y despacho de bebidas, era un punto de reunión para tertulias vespertinas de los vecinos. La iluminación, en ausencia de electricidad generalizada, se realizaba mediante lámparas y faroles a querosén. &nbsp;Con la demolición de la columna central, la estructura de madera fue trasladada a la Plaza Española, ubicada en el inicio de la calle Entre Ríos, al sur del Hospital Heras. Esta plaza, rodeada de eucaliptos, albergaba las tradicionales romerías españolas, eventos animados por jotas y fandanguillos. Como parte de esas celebraciones, se solía contratar orquestas provenientes de Buenos Aires para amenizar los festejos, que podían extenderse por toda una semana. &nbsp;Al norte de la Plaza 25 de Mayo, donde actualmente se erige el edificio de la Municipalidad, se encontraba el Mercado. A diferencia de la organización municipal actual, este mercado ocupaba media manzana y sus puestos de venta de carnes y verduras se distribuían en corredores laterales. En el centro del predio, un molino de viento alimentaba un tanque cilíndrico de aproximadamente dos mil litros, que proporcionaba agua a los comerciantes y vecinos que acudían regularmente en busca de este recurso. &nbsp;La entrada principal del mercado daba frente a la plaza, con un gran portón, aunque también había accesos por la calle Alberdi y dos laterales por Pellegrini. &nbsp;Mirar hacia el pasado nos permite comprender el desarrollo histórico de nuestra ciudad y valorar las iniciativas de quienes la forjaron. Rescatar estos fragmentos de historia nos invita a reflexionar sobre cómo seguimos avanzando y cómo podemos proyectarnos hacia un futuro donde la identidad y la memoria sean fundamentos esenciales en la construcción de una sociedad más solidaria y consciente de su legado.Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.</p><p>&nbsp;Museo Regional Palacio Arruabarrena &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pkZiEShdPco5mqJLLUvJqBnvZb0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/06/magazine_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCÓN DEL MUSEO]]>
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            La educación en Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/c--XrjmqfERYV05t2kDRfw2pmhY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/05/museo_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A principios del siglo XX, Concordia atravesaba un momento crucial de transformación. Tras los festejos del Centenario, la población esperaba la concreción de varios proyectos clave para el desarrollo educativo y cultural de la ciudad. Sin embargo, a pesar de las expectativas, muchas promesas y compromisos permanecían inconclusos. &nbsp;En este contexto, la publicación “Memorias de Concordia” menciona una nota del diario “El Litoral”, del 28 de enero de 1911, en la que se describen los diversos obstáculos que dificultaban la realización de estos planes y proyectos pendientes. En ella, el periodista detallaba cada una de las dificultades y conflictos existentes. &nbsp;Uno de los principales reclamos era la construcción de un nuevo teatro, considerado una necesidad urgente para la promoción artística local. La Municipalidad había proyectado su edificación e incluso contratado un empréstito para financiarla. Aunque los fondos estaban disponibles, el inicio de las obras seguía postergado, generando frustración en la comunidad. &nbsp;Otro aspecto clave era la construcción del edificio para la Escuela Nacional de Comercio, una institución fundamental para la formación técnica y profesional. A pesar de la promesa del Gobierno Nacional, las negociaciones sobre el terreno necesario para su edificación se estancaron por una diferencia de apenas 5.000 pesos. &nbsp;La situación de la Biblioteca Popular también reflejaba la falta de apoyo a la educación y la cultura en Concordia. Sin un edificio propio y con escasos recursos bibliográficos en buen estado, su impacto en la población era limitado. Como consecuencia, el número de suscriptores resultaba insuficiente para una ciudad del tamaño y la importancia de Concordia. &nbsp;Además, la educación primaria enfrentaba dificultades. Aunque el gobierno había prometido la construcción de nuevas escuelas en la zona urbana como compensación por la entrega del edificio de la Superior Mixta al Gobierno Nacional, estas instituciones aún no habían sido concretadas. &nbsp;Más de un siglo después de estos reclamos, Concordia sigue enfrentando desafíos en materia educativa y cultural. Si bien ha habido avances, la necesidad de infraestructura, el apoyo a las instituciones y espacios culturales, y el acceso equitativo a la educación siguen siendo temas de debate. La historia nos recuerda que el desarrollo de una ciudad no depende solo de promesas, sino de la ejecución efectiva de políticas que impacten la vida de sus ciudadanos. Todavía quedan desafíos y problemas por resolver para garantizar un futuro en el que el conocimiento y la formación sean accesibles para todos. &nbsp;Nos volveremos a encontrar en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.</p><p>&nbsp;Museo Regional Palacio Arruabarrena</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/c--XrjmqfERYV05t2kDRfw2pmhY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/05/museo_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>EL RINCÓN DEL MUSEO]]>
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