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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-10-24T21:30:04+00:00</updated>
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            El Imperio que se derrumbó por un libro contable: la caída de Al Capone
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-itylCxyfy78r_AX9HGgDGxpoT8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/garasino_magazine_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>A 95 años de la histórica sentencia de octubre de 1931, la figura de Alphonse Gabriel Capone vuelve a emerger no como un simple criminal, sino como el síntoma más depurado y voraz del crimen organizado.La historia del hombre que dominó Chicago comenzó en Brooklyn en 1899. Nacido en el seno de una familia de inmigrantes napolitanos honestos y trabajadores —su padre era barbero y su madre, costurera—, el joven “Al” entendió prematuramente que el sueño americano tenía un precio y que los atajos se pagaban en efectivo o con sangre.Su primer sello de identidad fue una cicatriz. Ocurrió en el Harvard Inn de Coney Island, donde trabajaba como matón y mozo a las órdenes de Frankie Yale. Un comentario desmedido hacia la hermana de un matón de poca monta llamado Frank Gallucio terminó con tres tajos de navaja cruzándole la mejilla izquierda. Nació así el primer Scarface famoso, un apodo que Capone aborreció durante toda su vida. En público, intentaba maquillar la marca o atribuir la herida a un acto heroico durante su inexistente servicio en la Primera Guerra Mundial. Prefería que lo llamaran Snorky (“Elegante”), un término que aludía a su obsesión por los trajes de seda a medida, los sombreros de ala ancha y las sortijas de diamantes.El traslado de Nueva York a Chicago en 1919, bajo el ala de su mentor Johnny Torrio, marcó el punto de inflexión. Chicago no era simplemente una ciudad: era un gigantesco laboratorio de corrupción donde los límites entre la autoridad municipal, la policía y el hampa se disolvían al ritmo del jazz en los speakeasies clandestinos. (Años más tarde, en nuestras tierras, los criminales Chicho Grande y Chicho Chico intentarían emular este modelo en Rosario, la llamada “Chicago argentina”).</p><p>Cerveza, sangre y beneficenciaCuando la Decimoctava Enmienda prohibió la fabricación y venta de alcohol en Estados Unidos, la intención puritana del Estado creó involuntariamente el mercado negro más lucrativo de la historia de Occidente. Capone no inventó el contrabando, pero lo industrializó. Para 1925, tras el retiro forzoso de Torrio luego de sobrevivir a un atentado, el joven Capone, con apenas 26 años, asumió el mando absoluto del Chicago Outfit.Su red operativa combinaba la disciplina de una fuerza militar con la eficiencia de una corporación moderna. Controlaba destilerías clandestinas, cadenas de distribución con camiones blindados, casas de juego, prostíbulos y una red de protección política que alcanzaba hasta las oficinas del propio alcalde de Chicago, William Hale “Big Bill” Thompson. Se estimaba que la organización ingresaba cerca de 100 millones de dólares anuales de la época.Capone entendió antes que nadie la importancia de la acción psicológica y las relaciones públicas. Se proyectaba a sí mismo como un “empresario del entretenimiento” y un benefactor social. Durante el crudo invierno de la Gran Depresión de 1929, financió de su propio bolsillo uno de los primeros comedores comunitarios de Chicago, donde se servían tres comidas calientes al día a más de 2.200 desempleados (una estrategia de legitimación social imitada hasta la actualidad por grandes criminales y narcotraficantes). Mientras las ametralladoras silenciaban a sus competidores en las esquinas de la ciudad, en las calles el pueblo aplaudía al hombre que les daba de comer.Sin embargo, detrás del filántropo de traje cruzado y sonrisa amplia se escondía un estratega despiadado. El episodio que selló su destino mediático y moral ocurrió el 14 de febrero de 1929: la Masacre de San Valentín. En un garaje de Lincoln Park, hombres disfrazados de policías alinearon a siete miembros de la banda rival de “Bugs” Moran contra una pared de ladrillos y los ejecutaron a quemarropa con subfusiles Thompson. Aunque Capone disfrutaba de una oportuna coartada en su mansión de Palm Island en Miami, la opinión pública estadounidense entendió que se había rebasado el límite de la barbarie. Capone fue declarado oficialmente “Enemigo Público Número Uno”.</p><p>El libro contable y los IntocablesEl Estado federal, avergonzado por la impotencia de la justicia penal tradicional ante la red de sobornos de Chicago, decidió cambiar de estrategia. Mientras el Departamento de Justicia enviaba al intrépido agente Eliot Ness a asfixiar las rutas logísticas y las destilerías de Capone —creando el mito mediático de “Los Intocables”, inmortalizado en la pantalla grande por Kevin Costner y Sean Connery—, el verdadero golpe mortal se gestaba en las sombras de una oficina del Departamento del Tesoro.Bajo la dirección del agente especial Frank J. Wilson y mediante la aplicación de la doctrina sentada por el Tribunal Supremo en el caso United States v. Sullivan (la cual establecía que los ingresos ilegales también debían pagar impuestos), la Unidad de Inteligencia del Tesoro comenzó a rastrear los libros contables confiscados en un casino de Capone en 1926.La paradoja del destino fue perfecta: el hombre al que no pudieron atribuirle ni uno solo de los centenares de homicidios ordenados en las guerras de bandas cayó por la simple anotación de un contador. Un cuaderno con tapas de cuero donde figuraban pagos de dividendos y registros de ingresos sin declarar se convirtió en la prueba definitiva.El juicio, iniciado en octubre de 1931 en los tribunales federales de Chicago, fue un espectáculo de tensión institucional. Sabiendo que Capone había intentado sobornar a la totalidad del jurado convocado, el juez James H. Wilkerson realizó una maniobra magistral el mismo día del inicio de las audiencias: intercambió de golpe el panel completo de jurados con el de otro tribunal del mismo edificio. La red de corrupción de Capone quedó desactivada en un segundo.El 18 de octubre de 1931, el jurado emitió su veredicto de culpabilidad por varios cargos de evasión fiscal. Días después, se dictó una condena sin precedentes para un delito financiero: 11 años de prisión federal, abultadas multas y el pago de las costas correspondientes. El imperio de la pólvora caía rendido ante la contabilidad.</p><p>Alcatraz y el ocaso en FloridaEl traslado de Capone marcó el fin de una era. Primero fue enviado a la penitenciaría de Atlanta, donde aún lograba mantener ciertos privilegios gracias a su fortuna. Sin embargo, en 1934 fue trasladado a la recién inaugurada prisión de máxima seguridad en la isla de Alcatraz, “La Roca”. Allí, aislado de las ondas de radio, de los diarios y de toda red de mando, el número de registro 85 lo redujo a un recluso más. En Alcatraz, Capone tocó la guitarra en la banda de la prisión y sufrió agresiones de otros internos que no respetaban su antiguo linaje.Pero su enemigo más letal no llevaba uniforme ni navaja. La sífilis que había contraído en sus años de juventud en Brooklyn y que jamás se había tratado adecuadamente comenzó a deteriorar de forma irreversible su sistema nervioso central (neurosífilis). Para cuando fue puesto en libertad condicional en 1939, Capone era la sombra del hombre que una vez hizo temblar al Medio Oeste estadounidense.Retirado en su propiedad de Palm Island, en Miami, pasó sus últimos años recluido y golpeado por la demencia progresiva. Los informes médicos de la época llegaron a diagnosticarle la capacidad mental de un niño de 12 años. Murió el 25 de enero de 1947, tras sufrir un paro cardíaco a consecuencia de su debilitado estado de salud.A noventa y cinco años de aquella condena histórica, la figura de Al Capone permanece como el gran mito fundacional del crimen organizado en la cultura contemporánea. Su caída no solo demostró las grietas del sistema judicial de su tiempo, sino que inmortalizó una lección de física política: ningún imperio es tan sólido como para resistir la matemática y a los sabuesos del Estado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-itylCxyfy78r_AX9HGgDGxpoT8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/garasino_magazine_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Octubre suele ser un mes despiadado para los imperios construidos sobre la base de la sangre.]]>
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                <published>2026-10-24T21:30:00+00:00</published>
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            ¿Cómo se gestó la recuperación de Malvinas en 1982? (Nota 3)
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vaBG0Ql4WmfU2kusnWHC9T15nnA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/magazine_garasino_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Una cosa es el planeamiento, la previsión y el potencial enfrentamiento con un enemigo, y otra muy distinta es la ejecución de una operación militar con ciertos condicionantes por los cuales, si el nivel operacional y el táctico vulneraban o no cumplían con sus objetivos, podían afectar los planes y el margen de maniobra de la estrategia nacional.&nbsp;El 6 de marzo, el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Thomas Enders, realizó una visita oficial a la Argentina. Durante su estadía se reunió con el embajador británico en Buenos Aires, quien intentó persuadirlo para que comprometiese a los argentinos a continuar con las negociaciones, dado que percibían cierto hartazgo en el gobierno que ya se manifestaba en los medios de comunicación locales. Enders también entabló conversaciones con el canciller Costa Méndez; para el funcionario estadounidense, la prioridad era mantener el compromiso argentino en la lucha contra el comunismo en América Central, ya que las Malvinas no estaban en la agenda de Washington (Freedman &amp; Gamba, 1992).Las relaciones con el gobierno norteamericano habían tomado un nuevo impulso tras la asunción de Ronald Reagan, luego de que la administración anterior aplicara embargos a la venta de armas debido a las violaciones a los derechos humanos en el combate contra las organizaciones guerrilleras. En América Central, militares argentinos entrenaban a soldados nicaragüenses contrarrevolucionarios para combatir a la guerrilla sandinista. Cabe recordar que la situación geopolítica mundial se dividía en dos bloques: quienes se alineaban con Estados Unidos y quienes defendían las ideas marxistas soviéticas. En el marco de la Guerra Fría, las dos superpotencias se enfrentaban indirectamente a través de otros actores que asumían el rol protagónico, sin llegar nunca a la confrontación directa. Argentina estaba alineada bajo la tutela norteamericana, aunque siempre en un papel periférico y sin demasiada trascendencia.El canciller argentino indagó a Enders sobre la posición del gobierno estadounidense en caso de que la diplomacia continuase fracasando y el hartazgo del pueblo argentino alcanzara un límite. El subsecretario respondió que su gobierno se mantendría prescindente, respuesta que fue interpretada por la conducción argentina como una “luz verde” para el plan militar (Cardoso, Kirschbaum &amp; Kooy, 1992).El 18 de marzo se produjo el incidente en las islas Georgias del Sur con un grupo de obreros argentinos contratados por un empresario nacional para desmantelar una vieja factoría ballenera, abandonada desde que se prohibió la caza de ballenas en 1976. Se pretendía que los trabajadores firmaran un documento en Grytviken —el mismo sello que la autoridad británica estampaba a los ciudadanos argentinos en la capital de las Malvinas tras el acuerdo de comunicaciones de 1971—. El buque ARA Bahía Buen Suceso navegó con la radio apagada en las proximidades de las islas y desembarcó a los 39 obreros en Puerto Leith. Los argentinos se negaron a sellar sus pasaportes e izaron la bandera argentina. Ante las protestas diplomáticas pertinentes, comenzó la escalada del conflicto: una crisis inusual que resultaría determinante para desencadenar las operaciones militares de abril.La Armada Argentina envió un pequeño contingente de buzos tácticos al mando del teniente de fragata Alfredo Astiz para resguardar a los trabajadores. Gran Bretaña respondió advirtiendo que enviaría al buque HMS Endurance con un contingente de marines para desalojarlos. Poco después, la BBC informó que, dada la extrema gravedad de la situación, el gobierno de Su Majestad enviaría un submarino nuclear hacia el Atlántico Sur (Escudero, 1996). La escalada se dirigía de forma irreversible hacia la confrontación; la noticia sobre el submarino —nunca confirmada oficialmente por el Foreign Office— fue el factor determinante para que la Junta Militar decidiera, en la tarde del viernes 26 de marzo, ejecutar la recuperación por la vía militar, adelantando los plazos previstos en el plan esquemático. La oportunidad política adquirió mayor peso que los factores estrictamente militares; así, un rumor periodístico fue asumido como una certeza y la coyuntura política fue aprovechada mediante una acción armada antes de que las condiciones militares se volvieran desfavorables. En el ámbito de las ciencias económicas, esta manera de gestionar una decisión se conoce como costo de oportunidad.El adelanto de la fecha significó perder la posibilidad de contar con una posición ventajosa en el futuro desde el punto de vista militar, puesto que se sabía que la flota británica desafectaría al año siguiente varios buques de superficie, entre ellos el propio HMS Endurance, que cumplía funciones en la zona. Como sostuvo el almirante Carlos Büsser, comandante de las fuerzas de desembarco en la Operación Rosario: “Cuando pedimos una precisión sobre la fecha más próxima, nos dijeron que nunca sería antes del 15 de mayo y preferiblemente hacia fines del año” (Malvinas: la historia que pudo ser, 2007).Los planificadores argentinos siempre consideraron que la fecha probable del desembarco sería cercana al 25 de mayo, para coincidir con el aniversario de la Revolución de Mayo, o bien a fines de diciembre, con el inicio del verano austral. Sin embargo, el poder militar relativo, el planeamiento estratégico y la ejecución quedaron subordinados a las urgencias de la política interna y externa. El temor a la presencia de submarinos en aguas próximas a las islas y la actitud británica hacia los trabajadores argentinos en Georgias actuaron como el detonante del conflicto. Como observó el almirante Lombardo:“Si ellos se enteraban, podían hacer dos cosas: el refuerzo o la aparición de una fuerza naval considerable, sobre todo si estaba integrada por submarinos, frente a los cuales no teníamos capacidad de respuesta. El 21 de marzo se me preguntó cuándo podíamos estar listos para la operación. Viajé a Puerto Belgrano, hablé con mis comandantes subordinados y el día 23 llegamos a la conclusión de que podíamos zarpar el día 28 de marzo” (Guerra en el Atlántico Sur, 1999).Por su parte, el general británico Jeremy Moore reflexionó sobre el valor estratégico de los submarinos: “Lo maravilloso de los submarinos es que no se pueden ver y que los adversarios solo pueden especular sobre su ubicación real” (Malvinas: la historia que pudo ser, 2007).El 30 de marzo, el gobierno argentino enfrentó una jornada de protestas masivas en todo el país convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT), en la que se exigía un cambio en la política económica y el retorno a la democracia. En el día de mayor tensión social para la dictadura militar, la Operación Rosario ya estaba en marcha: el 28 de marzo había zarpado la fuerza conjunta desde Puerto Belgrano, la base naval más importante del país, ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vaBG0Ql4WmfU2kusnWHC9T15nnA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/magazine_garasino_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Marzo fue el mes decisivo, ya que los hechos se sucedieron de manera vertiginosa a través de versiones sesgadas, rumores y frustraciones que llevaron al último estadio a los decisores argentinos.]]>
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            Hace 157 años, Sarmiento creaba el Colegio Militar de la Nación
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sP_6bKbw3DQ99CQnlY_3c6ZF9oY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/garasino_magazine.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Habían transcurrido diecisiete años desde la caída de Juan Manuel de Rosas a manos de Justo José de Urquiza. La organización nacional marchaba sobre ruedas: el país comenzaba a recibir masas de inmigrantes para poblar las desoladas pampas y flujos de capitales extranjeros destinados a una infraestructura que en la actualidad persiste. Estos pilares dieron un fuerte impulso al crecimiento económico, aunque empezarían a mostrar señales de alarma con la crisis de 1890 bajo la gestión de Juárez Celman, hasta que el modelo agroexportador ingresó en una profunda crisis en 1930, dando lugar a un nuevo esquema económico-productivo.</p>¿Qué relación tienen Rosas, Urquiza y Sarmiento con el Colegio Militar de la Nación?<p>Los tres próceres, de manera directa o indirecta, forman parte de la historia del Colegio Militar, ya que Justo José de Urquiza venció a Juan Manuel de Rosas en la Batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852 —en los mismos terrenos de El Palomar donde hoy se emplaza la institución—. El vencido Rosas tenía su residencia en Palermo, sitio que años más tarde se convertiría en la primera sede del Colegio Militar cuando, en 1869, el presidente Domingo Faustino Sarmiento ejecutó su visión técnica y educativa para crearlo. Para Sarmiento, la educación no abarcaba sólo las primeras letras o la universidad, sino también la formación científica y profesional de los cuadros militares para consolidar la soberanía del Estado moderno. Los tres participaron así, desde distintos roles, en los campos de Caseros, la gesta que dio origen a la Organización Nacional.</p>El hito fundacional del Colegio Militar se puede encontrar en Curupaytí<p>La cruenta Batalla de Curupaytí, ocurrida el 22 de septiembre de 1866 en el marco de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, no solo constituyó una catástrofe táctica para las fuerzas aliadas, sino que cobró la vida de una generación de jóvenes oficiales y de hijos de personalidades de la política y de la historia nacional que se habían enrolado voluntariamente. Entre ellos se encontraba Domingo Fidel (“Dominguito”) Sarmiento, hijo adoptivo —y considerado biológico por muchos historiadores— del futuro presidente de la Nación.</p>La trágica muerte de “Dominguito”<p>Dominguito se había enrolado con apenas 20 años, ostentando el grado de capitán en el batallón 12 de línea al mando de Lucio V. Mansilla. Cayó mortalmente herido en el asalto a las trincheras paraguayas en Curupaytí, a muy pocos metros de las posiciones enemigas. Para Sarmiento, que se encontraba en los Estados Unidos cumpliendo funciones diplomáticas como embajador, enterarse de la noticia fue un golpe devastador que lo marcó hasta el último de sus días.</p>La conexión con la creación del Colegio Militar<p>La muerte de su hijo y la experiencia general de la Guerra del Paraguay expusieron una verdad dramática y urgente: la Argentina carecía de un cuerpo de oficiales profesionales formados científicamente para la guerra moderna. Hasta entonces, los ejércitos se improvisaban sobre la marcha con milicias, valor personal y coraje individual; sin embargo, el conflicto demostró que se necesitaba la enseñanza rigurosa de la ciencia militar, la táctica y la academia para evitar el desangramiento de la juventud en improvisaciones tácticas.La dolorosa pérdida de Dominguito cristalizó en la mente de Sarmiento la convicción de que el Estado moderno exigía la profesionalización de las fuerzas armadas. Como se mencionó precedentemente, en 1869 concretaría la fundación del Colegio Militar de la Nación, buscando que la espada y la pluma se unieran, y que los futuros oficiales, también se formarán en aulas y no solo en el rigor inflexible de los campos de batalla.</p>La influencia húngara en la formación militar argentina<p>La influencia húngara se canalizó a través de una figura fundacional: el coronel Juan F Czetz. El impacto de ese país europeo en nuestro país se concentró en la organización institucional y en la formación en ingeniería militar durante la segunda mitad del siglo XIX.Czetz, un militar con experiencia en el Estado Mayor Húngaro y veterano de las revoluciones europeas de 1848, llegó a la Argentina y fue seleccionado por Sarmiento para diseñar y dirigir la incipiente academia militar en 1870. Allí estructuró el primer plan de estudios formal del instituto. Su objetivo era transformar a las tropas de línea en un cuerpo de oficiales científico, técnico y disciplinado, introduciendo asignaturas que combinaban la táctica de combate con la formación teórica y rompiendo con la tradición de ascensos basados exclusivamente en acciones de campaña.</p>Las tres sedes a lo largo de su historiaPrimera sede (1869–1892): El Caserón de Palermo de San Benito<p>En los terrenos que hoy comprenden los Bosques de Palermo (cerca del arroyo Maldonado y el Río de la Plata) se encontraba el imponente y lujoso caserón que había pertenecido a Juan Manuel de Rosas. Al ser derrocado el Restaurador, el Estado nacional utilizó esa edificación colonial preexistente para instalar allí a los primeros cadetes —siendo Ramón Falcón el primer inscripto y cadete histórico, en 1870—. Funcionó allí durante 22 años, pero el crecimiento de la institución hizo que el espacio resultara insuficiente.</p>Segunda sede(1892–1937): San Martín<p>Se trasladó a la localidad de San Martín, a un edificio que no había sido concebido originariamente como academia militar, ya que funcionaba como un antiguo Colegio de Artes y Oficios (y que en la actualidad ocupa el Liceo Militar General San Martín). A pesar de los años que la institución pasó allí, las limitaciones edilicias hicieron imperiosa la necesidad de planificar una sede definitiva, moderna y diseñada exclusivamente desde cero para la formación de oficiales.</p>Tercera sede(1937–Presente): El Palomar<p>En los históricos terrenos de El Palomar (provincia de Buenos Aires), testigos de la emblemática Batalla de Caseros de 1852, se adquirieron aproximadamente 250 hectáreas para levantar el complejo definitivo que reflejara el poderío y la profesionalización del Ejército Argentino.Tras diversas interrupciones económicas y reformulaciones del proyecto, las obras monumentales cobraron un impulso definitivo a partir de 1935, bajo los planes de infraestructura impulsados fuertemente durante la presidencia del general Agustín P. Justo. El ex teniente coronel Néstor Cruces escribió en 1993 el libro “70 años para siete días: cómo recuperar el potencial inexplotado de las Fuerzas Armadas en la Argentina democrática”, donde refleja la vida diaria de los cadetes y detalla los materiales con los que fue construida la sede de El Palomar: “Los dormitorios tienen forma de enormes letras “H”, con cómodas habitaciones de piso de roble Eslavonia, recuerdo romántico de una Argentina que ya no existe y que podía darse estos lujos en la década de 1930”.El complejo actual, con sus imponentes pabellones, la capilla, el casino de oficiales (construido en 1969) y los campos de deportes, fue inaugurado de forma oficial el 23 de diciembre de 1937, coincidiendo con la ceremonia de egreso anual de oficiales de ese año.</p>El presente y futuro del Colegio Militar de la Nación<p>El Colegio Militar de la Nación avanza hacia los próximos años consolidándose como la institución fundamental en la formación de los líderes militares que la defensa nacional demanda. En un escenario global dinámico, donde los avances tecnológicos, la ciberdefensa y los nuevos paradigmas geopolíticos redefinen el arte militar, la exigencia académica, física y moral de los cadetes se mantiene tan firme como en sus orígenes, adaptándose a las demandas del siglo XXI sin perder sus valores esenciales.Sin embargo, detrás de la rutina de aulas, maniobras y adiestramiento constante subyace la paradoja más profunda de la profesión militar. Como bien supo señalar Néstor Cruces, las Fuerzas Armadas se preparan durante setenta años para combatir en un conflicto de solo siete días que no se sabe cuándo ocurrirá. Es precisamente esa incertidumbre la que dota de sentido supremo al Colegio Militar: formar a hombres y mujeres con una entrega silenciosa y permanente, cuya máxima victoria es sostener una disuasión tan eficaz que ese día decisivo jamás tenga que llegar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sP_6bKbw3DQ99CQnlY_3c6ZF9oY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/garasino_magazine.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Imagen del año 1937 de la construcción del Colegio Militar
En 1869, gobernaba nuestro país el padre de la educación argentina, el sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento.]]>
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            A 60 años del Operativo Cóndor, cuando dieciocho jóvenes plantaron bandera en Islas Malvinas
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/y0naOBQVbKryA75wmRfGp9PcXLE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/magazine_garasino.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El enigma del sobre y el vuelo 648Argentina era gobernada desde el 29 de junio por el general Juan Carlos Onganía, quien había desplazado al presidente constitucional Arturo Illia. A mediados de septiembre de 1966, a García le propusieron un juego sin reglas. Un joven de mirada incisiva y campera de fajina —Dardo Cabo, militante de la resistencia peronista e hijo del histórico dirigente metalúrgico Armando Cabo— lo había citado con hermetismo calcado a una película de espías.—García, si quiere la primicia de su vida, súmese al vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas. No haga preguntas. Lleve abrigo.García especuló con todo: ¿el regreso de Perón? ¿La aparición del cadáver de Evita? ¿El Che Guevara en el monte? Jamás imaginó que el avión Douglas DC-4, con 42 pasajeros a bordo (entre ellos el gobernador de Tierra del Fuego, contraalmirante José María Guzmán, que viajaba en misión oficial), cambiaría de rumbo sobre la negrura patagónica para trazar una línea directa hacia la «hermanita perdida», tal como reza la canción homónima compuesta en 1971 por Atahualpa Yupanqui.El plan, diagramado con precisión quirúrgica junto a la dramaturga y periodista Cristina Verrier —figura clave que relevó los movimientos en la Patagonia—, contemplaba una ocupación simbólica. Dieciocho comandos civiles (diecisiete hombres y una mujer) portaban borceguíes, camperas beige con un rombo y un cóndor bordado en el pecho, y una certeza inquebrantable: sabían que iban a terminar presos, pero querían obligar al mundo a mirar hacia las islas usurpadas por los invasores ingleses.</p><p>La pista clandestina y el frío de Puerto StanleyA las 09:57 de la mañana del 28 de septiembre, tras sortear ráfagas de viento polar y la desesperación de la tripulación en la cabina, el cuatrimotor tocó tierra en una pista de carreras de caballos en las afueras de Puerto Stanley, la capital de las islas.Años más tarde, en sus memorias tituladas Cien veces me quisieron matar, el propio García recordaría la crudeza y el vértigo de aquella llegada imprevista con una precisión cinematográfica: «Tuvimos que aterrizar en un camino muy peligroso porque las pistas estaban bloqueadas. Después de carretear unos 200 metros, a los saltos, el avión fue a parar a una zanja mientras un ala se incrustaba en la tierra. Tuvimos que salir por la puerta de emergencia».&nbsp;Los kelpers, acostumbrados al pacífico pastoreo de ovejas y al monótono clima de las islas, sintieron que el mundo se derrumbaba. En medio de la confusión, los jóvenes desplegaron siete banderas argentinas. El eco del Himno Nacional rompió el silencio austral. Dardo Cabo se enfrentó de manera decidida ante las autoridades británicas locales y bautizó al sitio como Puerto Rivero, en honor al gaucho rebelde que en 1833 había resistido la invasión inicial británica.¿Y García? El empresario periodístico alternaba entre el pánico de ver su destino atado a un delito federal de piratería aérea y la fascinación profesional de estar registrando con su propia cámara una escena que no tenía precedentes en la historia diplomática y militar del país. Disparaba rollos de fotos mientras evaluaba cómo iba a hacer para contrabandear los carretes de regreso a la redacción de la calle Riobamba.</p><p>El rol de Héctor Ricardo GarcíaLa presencia de García en el Operativo Cóndor convirtió la aventura en un fenómeno mediático sin igual. Para el gobierno de facto, el director de Crónica era un dolor de cabeza constante; para el público, un héroe popular de la información.En tierra malvinense, al quedar cercados por efectivos policiales británicos y voluntarios armados que amenazaban con abrir fuego, García experimentó el rigor del cautiverio. Los comandos se atrincheraron junto al fuselaje del avión. El gobernador inglés mandó un ultimátum tajante: «Están rodeados. Si intentan moverse, las fuerzas tienen orden de tirar. No respondemos por sus vidas».A pesar de identificarse como periodista y mantenerse al margen de los militantes argentinos, García compartió la intemperie, el frío y la tensión de las negociaciones con el sacerdote católico local, el padre Roel, quien actuó como mediador. Cuando los jóvenes aceptaron deponer las armas —bajo la condición de ser custodiados por la Iglesia y trasladados a un puerto argentino—, García fue detenido junto a ellos.Sin embargo, su paso por las celdas fue efímero en comparación con el destino de los 18 jóvenes. Mientras el operativo de repliegue comenzaba a gestarse, el aparato de inteligencia y las negociaciones diplomáticas especiales lograron liberar al empresario de prensa, quien regresó al continente con el botín más preciado: las fotos exclusivas, los testimonios en papel y la prueba categórica de que la bandera argentina había flameado, soberbia y desafiante, en el corazón usurpado. Al día siguiente, Crónica reventó los kioscos con títulos cataclísmicos que paralizaron al país.</p><p>El desenlaceEl final de la operación en las islas tuvo ribetes novelescos. Tras negociar la entrega de las banderas —en un emotivo pacto donde exigieron que no fueran pisoteadas—, los dieciocho argentinos fueron embarcados en una lancha carbonera que los derivó en alta mar al buque de la Armada Argentina ARA Bahía Buen Suceso. El destino final fue el penal de Ushuaia, en el extremo sur del continente, donde pasaron semanas de rigurosa prisión antes de ser sometidos a procesos judiciales bajo la órbita de la justicia federal argentina.Paradójicamente, los jueces que los interrogaron se encontraron con un bloque monolítico: ante cada pregunta sobre quién los mandaba o qué buscaban, la respuesta era unánime, casi un dogma castrense patriótico: «Fuimos a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía». Los 18 jóvenes fueron condenados a cumplir entre dos y tres años de prisión.A sesenta años de aquella osadía en un cuatrimotor de línea, el Operativo Cóndor sigue brillando como un destello de romanticismo político y audacia periodística insuperable. Fue el día en que un puñado de soñadores armados con convicciones y un cronista dispuesto a arriesgarlo todo —tal como lo inmortalizó García en sus memorias— secuestraron un avión para recordarle al mundo y al atropello británico que la soberanía no se negocia: se ejerce, aunque sea por unas horas, en los confines helados de la patria.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/y0naOBQVbKryA75wmRfGp9PcXLE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/magazine_garasino.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 28 de septiembre de 1966, dieciocho jóvenes desviaron un vuelo de Aerolíneas Argentinas hacia las Islas Malvinas para clavar la insignia patria en el suelo usurpado. A bordo viajaba, atónito y con su cámara colgada al cuello, Héctor Ricardo García, el empresario y periodista más audaz de la época, dueño del naciente y disruptivo diario Crónica.]]>
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                <published>2026-10-03T21:30:00+00:00</published>
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            ¿Cómo se gestó la recuperación de Malvinas en 1982? (Nota 2)
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ycw2Vb3Eig1kvhgLCvPVjB5Q0_o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/como_se_gesto_la_recuperacion_de_malvinas_en_1982_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En marzo de 1981, el general Roberto Eduardo Viola asumió la presidencia de la Nación en reemplazo de Jorge Rafael Videla. La conducción económica quedó en manos de Lorenzo Sigaut, quien pasó a la historia por una frase desafortunada que intentó llevar calma al mercado: «El que apuesta al dólar, pierde». La famosa «tablita» de su antecesor, José Alfredo Martínez de Hoz —que mantenía una pauta de devaluación controlada— colapsó de inmediato. El peso argentino sufrió una devaluación abrupta que disparó la inflación, profundizó la recesión e incrementó drásticamente la desocupación.</p><p>En octubre de ese mismo año, el comandante en jefe del Ejército, teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, viajó a los Estados Unidos. Allí fue recibido con honores por el establishment político y militar norteamericano, donde llegaron a calificarlo como un «general majestuoso» por un supuesto parecido físico con el héroe de la Segunda Guerra Mundial, el general George Patton. En realidad, la similitud atribuida a Galtieri remitía al actor George C. Scott, quien interpretó al célebre militar en el cine.</p><p>Este viaje fue clave para entender el desenlace de la historia: allí se profundizó el sesgo cognitivo del jefe militar, una distorsión en la percepción de la realidad que lo llevó a calcular erróneamente el nivel de respaldo que obtendría de la Casa Blanca si las Fuerzas Armadas actuaban en el Atlántico Sur.</p><p>Antes de emprender el regreso a Buenos Aires, Galtieri recibió una llamada telefónica en el aeropuerto: las otras dos fuerzas habían decidido que él sería el reemplazante de Viola. La grave crisis socioeconómica fue el verdadero detonante de la salida del segundo presidente del régimen militar, aunque formalmente se la disfrazó tras el eufemismo de una «afección cardíaca» (Yofre, 2012).</p><p>El anhelo naval y la percepción de Anaya</p><p>Por su parte, la recuperación de las islas Malvinas constituía un viejo anhelo de la Armada Argentina, dado que el entorno geográfico resultaba ideal para el despliegue de sus medios operacionales. Su principal impulsor era el almirante Jorge Isaac Anaya, quien mantenía una relación de estrecha confianza con Galtieri desde sus tiempos de cadetes en el Liceo Militar General San Martín.</p><p>Anaya estaba convencido de que el Imperio británico se encontraba en franca decadencia y percibía a su dirigencia como débil (Bicheno, 2006). A partir de su experiencia como agregado militar en Londres, el almirante asumía poseer un diagnóstico objetivo de la situación; sostenía que Londres no reaccionaría militarmente y que la respuesta se limitaría a una protesta diplomática, tal como había ocurrido en 1977 tras la instalación permanente de la Estación Científica Corbeta Uruguay en la isla Thule del Sur.</p><p>Diversos investigadores coinciden en que el apoyo de Anaya para que Galtieri llegara a la presidencia incluyó un acuerdo no escrito: ejecutar la recuperación de las islas antes de que se cumplieran 150 años de la usurpación británica, fecha que se cumpliría el 3 de enero de 1983. Por lo tanto, el año 1982 quedó marcado en el calendario operativo. Solo restaba definir la fecha exacta para desembarcar si fracasaban las negociaciones diplomáticas programadas para febrero en Nueva York.</p><p>Viola fue relevado finalmente en noviembre de 1981 y Galtieri asumió la presidencia el 22 de diciembre. En un movimiento inédito, Galtieri ignoró el propio estatuto del régimen y retuvo de forma simultánea el cargo de comandante en jefe del Ejército, una maniobra diseñada para blindar su poder interno y evitar un relevo anticipado como el de su antecesor.</p><p>El valor del testimonio directo</p><p>Existe un precepto jurídico fundamental que señala que «a confesión de parte, relevo de pruebas». Este princípio resulta de singular valor para reconstruir este período histórico: ante la destrucción sistemática de documentos oficiales durante la transición democrática, el testimonio directo de figuras clave —como el del vicealmirante Juan José Lombardo— se convierte en prueba fehaciente para comprender cómo se tomaron las decisiones en la cúpula militar.</p><p>La política interna como condicionante de la guerra</p><p>Para analizar este proceso es necesario observar cómo influyó la política interna en la planificación militar. La política puede entenderse como el mecanismo de regulación de la tensión social que adopta una comunidad; es ella la que determina cuándo y cómo emplear el instrumento militar. Las decisiones del poder político son obligatorias para toda la sociedad y se respaldan, en última instancia, en el monopolio de la fuerza.</p><p>Por esta razón, la política condiciona directamente a las acciones militares en los niveles estratégico, operacional y táctico. La célebre máxima de Carl von Clausewitz que concibe a la guerra como «la continuación de la política por otros medios» se cumple con exactitud en esta etapa.</p><p>Para finales de 1981, el Proceso de Reorganización Nacional acumulaba seis años en el poder tras el golpe de marzo de 1976. Afectado por un profundo desgaste político, cierres de bancos, pérdida de empleos formales, alta inflación y una devaluación sin freno, el gobierno militar necesitaba desesperadamente una medida de fuerte impacto político. La recuperación de las Malvinas se presentó como la causa capaz de unificar al país y devolverle legitimidad al régimen.</p><p>La orden para planificar la operación fue dada de forma verbal por el almirante Anaya al vicealmirante Lombardo el 15 de diciembre de 1981, lo que demuestra que la decisión de recuperar las islas ya estaba tomada incluso antes de que Galtieri asumiera formalmente la presidencia. El 28 de diciembre, Lombardo recibió la orden escrita (fechada el día 23) del jefe del Estado Mayor General de la Armada, vicealmirante Alberto Gabriel Vigo, donde se le encomendaba actualizar el plan operacional e incluir pautas para la administración posterior a la ocupación (Lombardo, 2002).</p><p>El 5 de enero de 1982, la Junta Militar mantuvo una reunión crucial en el Edificio Libertad de la cual no quedaron actas escritas. Allí se analizó el curso de las negociaciones con Gran Bretaña. El punto central del desacuerdo pasaba por el estatus de los habitantes: mientras la Argentina planteaba resguardar los intereses de la población insular, los británicos exigían respetar sus deseos, abriendo la puerta a la autodeterminación de los kelpers.</p><p>Ante este escenario, la junta acordó una estrategia de doble vía: reactivar al máximo las gestiones diplomáticas a cargo del canciller Nicanor Costa Méndez y, en forma paralela, avanzar con la planificación militar para usarla si fracasaba la vía diplomática (Freedman &amp; Gamba, 1992).</p><p>Sin embargo, las reuniones bilaterales en Estados Unidos confirmaron el estancamiento. La diplomacia británica, experta en dilatar los tiempos para frenar el ímpetu argentino, logró postergar los acuerdos sin sospechar que, en cuestión de semanas, la crisis derivaría en la ejecución de la Operación Rosario.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ycw2Vb3Eig1kvhgLCvPVjB5Q0_o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/como_se_gesto_la_recuperacion_de_malvinas_en_1982_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Continuación de la entrega anterior: la trama política interna, los sesgos de la cúpula militar y el inicio del planeamiento secreto.]]>
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            ¿Cómo se gestó la recuperación de Malvinas en 1982? (Nota 1)
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MmUQ00uL6V5AnyuJnDE9JWiJRoI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/como_se_gesto_la_recuperacion_de_malvinas_en_1982.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>De la chispa en las Georgias a la Operación Rosario</p><p>La recuperación de las islas Malvinas en abril de 1982 fue la consecuencia de una serie de factores convergentes que desencadenaron la acción militar argentina mediante la Operación Rosario. Apenas un día después, fuerzas de la Armada desembarcaron en las islas Georgias del Sur. Fue precisamente en aquel archipiélago donde se encendió la chispa inicial: en marzo, un grupo de chatarreros privados argentinos que había ido a desarmar una factoría ballenera abandonada fue intimado por las autoridades británicas al punto de amenazarlos con la expulsión.</p><p>Ante esta escalada, la Argentina alistó una fuerza de tareas para desalojar a las autoridades coloniales. El objetivo estratégico principal —al menos en la formulación inicial— consistía en recuperar las islas para luego negociar la soberanía desde una posición de fuerza, considerando la importancia superlativa del área, tanto por sus recursos naturales como por su proyección geopolítica hacia el continente antártico.</p><p>El estancamiento de las negociaciones diplomáticas en Nueva York durante febrero de 1982, sumado a los incidentes en las Georgias y a la intempestiva respuesta británica de desplegar unidades militares, fue apreciado en Buenos Aires como una amenaza directa a la influencia e intereses argentinos en el Atlántico Sur. Así, a fines de marzo se ordenó la ejecución de la operación militar. No obstante, el movimiento fue percibido de inmediato por los Estados Unidos y la Comunidad Europea como la invasión al territorio de un miembro clave de la OTAN.</p><p>El problema militar operativo</p><p>El problema militar operativo puede ser analizado a través de los factores del ambiente operacional previos al 2 de abril. Estas variables condicionaron de manera determinante el planeamiento y la posterior ejecución de la campaña en lo referente a la composición, magnitud, equipamiento, doctrina, procedimientos, reglas de empeñamiento y aptitud de las fuerzas empeñadas.</p><p>El tablero político interno y la Directiva 80</p><p>A finales de 1981, las tensiones internas en el seno del gobierno de facto derivaron en la salida del general Roberto Eduardo Viola y la asunción del general Leopoldo Fortunato Galtieri en diciembre de ese año. Galtieri, quien conservó la comandancia en jefe del Ejército, ya había fijado sus alineamientos estratégicos a través de la Directiva 80 (Concepción de la Estrategia Nacional para la Lucha contra la Subversión). En dicho documento se establecía que la lucha contra la subversión formaba parte de un fenómeno político que debía ser conducido como tal. Asimismo, resaltaba el rol del Ejército Argentino en la contención del comunismo en América Latina mediante el despliegue de influencia política, crediticia, comercial y alimentaria (Ejército Argentino, 1980).</p><p>Sin embargo, al despuntar la década de 1980, la prioridad del gobierno militar se centraba en la profunda crisis financiera doméstica, la creciente desocupación, el conflicto limítrofe latente con Chile por el Canal Beagle y la alineación anticomunista en el continente. Por entonces, la cuestión del Atlántico Sur no figuraba en el vértice de las preocupaciones oficiales.</p><p>Negociaciones frustradas y la génesis del plan de recuperación</p><p>Durante el breve mandato de Viola, el canciller Oscar Camilión había logrado el compromiso de Gran Bretaña para mantener reuniones periódicas orientadas a debatir la soberanía (Camilión, 2000). Aunque el primer encuentro estaba previsto para finales de 1981, el recambio institutional obligó a postergarlo hasta febrero de 1982 en Nueva York, ya con Nicanor Costa Méndez al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores.</p><p>El 23 de diciembre de 1981, con la nueva cúpula gubernamental asentada, se emitió una directiva desde la Armada hacia el comandante de Operaciones Navales, vicealmirante Juan José Lombardo, con el fin de elaborar un plan esquemático para la recuperación de las islas. Redactado de forma manuscrita entre el general García, el vicealmirante Lombardo y el brigadier Plessl, el documento fue presentado a los respectivos comandantes. Inicialmente, los proyectistas previeron que el plan terminaría archivado como tantos otros en el pasado (Lombardo, 2002); sin embargo, dos acontecimientos imprevistos precipitaron la crisis armada.</p><p>El primero fue el rotundo fracaso de las tratativas de febrero en Nueva York. La diplomacia británica, apelando a su tradicional estrategia de dilación indefinida, logró neutralizar la iniciativa argentina (Cardoso, Kirschbaum y Van der Kooy, 1992). El segundo fue el incidente en las islas Georgias del Sur el 19 de marzo, cuando los obreros argentinos fueron amedrentados con la expulsión a manos de un destacamento de marines enviado desde Malvinas, bajo la acusación de haber izado la bandera nacional y albergar entre sus filas a personal militar encubierto. Curiosamente, para el 23 de marzo, la inteligencia británica aún consideraba improbable un desembarco dispuesto por la Junta Militar (Informe Franks, 1985).</p><p>El ambiente operacional y sus condicionantes doctrinarios</p><p>La posterior recuperación militar de Malvinas y Georgias del Sur demandó una planificación detallada que conllevaba el análisis de factores complejos e disímiles dentro del ambiente operacional insular. Este escenario heterogéneo exigió a los mandos una comprensión sistémica para ofrecer una solución efectiva mediante un diseño operacional adaptado a los objetivos fijados y a los estrictos condicionantes políticos impuestos al componente militar (Yofre, 2011).</p><p>Desde la perspectiva doctrinaria del Ejército Argentino, el ambiente operacional comprende el conjunto de factores estables o semiestables de una región que inciden significativamente en la organización, equipamiento y empleo de la fuerza (Ejército Argentino, ROB 00-01, 2015). En este sentido, el teniente coronel Campos lo define como un sistema de condiciones, circunstancias y actores que condicionan las capacidades bélicas y la toma de decisiones en todos los niveles de comando (Campos, 2018). En el caso de Malvinas, esta planificación contó con un condicionante crítico: las severas restricciones impuestas por el poder político al uso de la fuerza para no viciar las futuras negociaciones de soberanía.</p><p>Entre la clave dictatorial y la clave heroica</p><p>A la hora de abordar el estado del arte sobre el conflicto, el capitán (R) Héctor Tessey retoma el análisis de la antropóloga Rosana Guber al señalar que la bibliografía suele bifurcarse en dos claves de lectura: la "clave dictatorial", que reduce el fenómeno a las decisiones de Galtieri y al terrorismo de Estado; y la "clave heroica", que atribuye la derrota exclusivamente a contingencias azarosas mientras exalta la actuación individual (Tessey, 2022).</p><p>La reconstrucción histórica de los meses previos, sustentada en documentos oficiales, testimonios de los protagonistas y una vasta producción bibliográfica a más de cuatro décadas de los hechos, sugiere que la Junta Militar tenía la decisión tomada de antemano, pero aguardaba la coyuntura propicia. El objetivo era articular una estrategia directa (el empleo del poder militar) con una estrategia indirecta (diplomacia, economía y política interna) para forzar un nuevo escenario en la disputa de soberanía con Gran Bretaña (Plan Esquemático 01/82, 1982).</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MmUQ00uL6V5AnyuJnDE9JWiJRoI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/como_se_gesto_la_recuperacion_de_malvinas_en_1982.webp" class="type:primaryImage" /></figure>De la chispa en las Georgias a la Operación RosarioLa recuperación de las islas Malvinas en abril de 1982 fue la consecuencia de una serie de factores...]]>
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                                <updated>2026-09-19T21:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-19T21:30:00+00:00</published>
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            Antonio Rivero, el gaucho entrerriano que recuperó las Islas Malvinas
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GCIJMVEa0cBPJXZYVuoRDKTMTIc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/magazine_garasino_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Los libros que consulté en algunas bibliotecas de Concordia fueron un fracaso absoluto: todos hablaban de la invasión inglesa, pero omitían un hecho que en ese momento me parecía de trascendental importancia. Lo poco que encontré fue una referencia en unos libros que había en el Seminario Menor de Villa Zorraquín.Con el paso de las décadas y el aluvión informativo pudimos acercarnos a la historia de un hombre olvidado a quien hoy debemos evocar, ya que marcó la vanguardia para recuperar la soberanía de “la hermanita perdida”, como bien cantaba el gran Atahualpa Yupanqui.El 26 de agosto de 1833, en las islas Malvinas, la tierra aún resonaba con el impacto de la usurpación británica ocurrida apenas ocho meses antes. Tras el despojo perpetrado por la corbeta de guerra HMS Clio y la complicidad de los sectores que prefirieron la rendición comercial a la soberanía, un grupo de criollos y aborígenes decidió romper el silencio de la sumisión. Encabezados por el gaucho Antonio Rivero, aquellos hombres alzaron sus facones para protagonizar la primera rebelión armada y patriótica en defensa de la soberanía argentina sobre el archipiélago austral.Comprender la figura de Antonio Rivero exige despojarlo de las lecturas superficiales que intentaron reducir su gesta a un simple conflicto campestre o a una revuelta de peones disconformes. La rebelión del Gaucho Rivero constituyó un acto genuino de restitución territorial y de dignidad patria en un territorio avasallado por la expansión imperialista británica.</p><p>Orígenes y trayectoria del gaucho entrerrianoAntonio Esteban Rivero nació el 27 de noviembre de 1791 en la localidad de Concepción del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos. Criado en el ambiente rural de la Mesopotamia argentina, adquirió desde joven un dominio excepcional en las faenas del campo, el manejo del caballo, el uso de las boleadoras y las destrezas propias de la vida a caballo que caracterizaban a los pobladores de la región litoral.Hacia finales de la década de 1820, atraído por las oportunidades de trabajo en el Atlántico Sur y la colonización emprendida por las Provincias Unidas, Rivero se trasladó a Buenos Aires. En 1827 se embarcó hacia las islas Malvinas formando parte de las expediciones organizadas por el empresario e impulsor de la soberanía argentina en el sur, Luis Vernet.En las islas, Rivero se desempeñó como peón de campo y capataz de ganado cimarrón. Durante años se dedicó a la difícil tarea de amansar ganado vacuno y equino en las hostiles tierras de la isla Soledad, conociendo minuciosamente la topografía insular, sus rincones, turbales y elevaciones. Su experiencia y carácter de líder lo convirtieron en una figura respetada entre los peones criollos y aborígenes (principalmente charrúas y tehuelches) que integraban la incipiente población civil establecida en Puerto Soledad bajo la administración de la Comandancia Política y Militar creada en 1829.</p><p>El contexto de la infamia: de la soberanía al despojoPara dimensionar la magnitud de la acción de Rivero, es fundamental analizar la situación de las Malvinas hacia comienzos de la década de 1830. El incipiente Estado nacional, a través de la Comandancia ejercida por Luis Vernet, administraba de manera efectiva el archipiélago desde 1820. La población desarrollaba actividades pecuarias, comerciales y de control marítimo, haciendo valer las leyes del estado bonaerense en el Atlántico Sur.Sin embargo, el equilibrio se quebró bruscamente en enero de 1833. La llegada intempestiva del capitán John Onslow al mando de la HMS Clio ejecutó una ocupación ilegítima, vulnerando el derecho internacional y desalojando por la fuerza a la guarnición criolla encabezada por el teniente José María Pinedo. Los británicos alteraron profundamente la vida cotidiana de las islas, reinstaurando una dinámica imperial donde los trabajadores locales quedaron desamparados y subordinados al control de capataces alineados con los intereses de las potencias extranjeras.En Puerto Soledad, las condiciones de trabajo se deterioraron con rapidez. Los peones criollos e indígenas fueron forzados a continuar sus tareas sin recibir una retribución justa. Se les prohibió cobrar en moneda de curso legal, obligándolos a aceptar vales desvalorizados emitidos por el capataz William Dickson, representante de los intereses comerciales vinculados a la administración británica. El descontento económico, no obstante, fue solo la chispa superficial: en el fondo latía el rechazo visceral a someterse ante una bandera extranjera en la propia tierra argentina.</p><p>La rebelión donde la bandera volvió a flamearEl 26 de agosto de 1833, el grupo sublevado integrado por Antonio Rivero, los peones Juan Brasido, José María Luna, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre tomó la decisión de actuar. Armados con facones, boleadoras y viejos trabucos, los rebeldes enfrentaron a las autoridades interinas impuestas por la ocupación británica en Puerto Soledad.Durante la acción cayeron el capataz William Dickson, el comerciante Simón Ventura y otros colaboradores de la presencia imperial. Los insurgentes tomaron el control estratégico de la colonia y procedieron a arriar la bandera británica para izar nuevamente la insignia patricia en el Atlántico Sur.Durante más de cinco meses, Antonio Rivero y sus compañeros mantuvieron el control territorial de las islas Malvinas. Sin apoyo oficial directo de Buenos Aires (imposibilitado por las luchas internas y la distancia insuperable), aquellos hombres ejercieron una soberanía de facto, resistiendo en condiciones climáticas adversas y bajo la permanente amenaza de la llegada de la Marina de Guerra británica. Aquella ocupación patriótica no fue una asonada caótica, sino un intento desesperado y heroico de mantener vivas las reivindicaciones soberanas de las Provincias Unidas en las islas.</p><p>Captura, proceso judicial en Inglaterra y retornoLa resistencia duró hasta principios de enero de 1834, cuando arribaron a las islas las naves británicas HMS Challenger y HMS Hopeful. Ante la aplastante superioridad militar enemiga, Rivero y sus hombres se replegaron hacia el interior del territorio (el “campito”), utilizando su superior conocimiento de la geografía insular para sostener una guerra de guerrillas o resistencia activa durante semanas.Finalmente, desprovistos de municiones, abrigo y provisiones, los sublevados fueron capturados por las fuerzas británicas en marzo de 1834. Tras su apresamiento, Antonio Rivero y sus compañeros fueron conducidos encadenados a Inglaterra para ser juzgados por un tribunal militar en Portsmouth bajo los cargos de rebelión y asesinato.Fue precisamente en el fuero judicial británico donde la gesta de Rivero adquirió una connotación jurídica trascendental. Los propios jueces y juristas británicos determinaron que el tribunal carecía de jurisdicción para juzgar a Rivero y sus hombres, argumentando que las islas Malvinas no eran legalmente un territorio de la Corona Británica y que los actos cometidos habían sido realizados por ciudadanos extranjeros en un territorio fuera del dominio soberano del Rey. Ante la paradoja legal en la que se veía envuelta la diplomacia británica (admitir la ilegalidad de su propia ocupación si juzgaba a los prisioneros), el gobierno británico decidió liberar a los rebeldes y enviarlos de regreso a Buenos Aires en 1835.</p><p>Ocaso y muerte en combateTras su regreso al continente, Rivero se reincorporó a la vida rural y a las luchas por la integridad de la patria en tiempos convulsionados para la Confederación Argentina.El epílogo de su vida mantuvo la misma coherencia patriótica que signó su acción en las Malvinas. Según documenta la tradición e historiografía patriótica argentina, Antonio Rivero encontró la muerte el 20 de noviembre de 1845 durante la Batalla de Vuelta de Obligado. En aquel sangriento combate contra la escuadra anglo-francesa que pretendía navegar impunemente los ríos interiores de la patria, Rivero formó parte de las fuerzas del ejército de la Confederación mandadas por el general Lucio Norberto Mansilla. Murió defendiendo la soberanía nacional ante la misma potencia invasora que había usurpado las islas años atrás.</p><p>De la epopeya de 1833 al reclamo irrenunciableLa gesta del Gaucho Rivero trasciende el acontecimiento histórico puntual para convertirse en un símbolo permanente de la resistencia contra la usurpación de las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes. Su figura personifica la continuidad histórica del derecho argentino sobre el archipiélago y demuestra que la ocupación británica nunca contó con el asentimiento de quienes habitaban la tierra patagónica e insular.El coraje de aquel grupo de peones criollos estableció un hito en la memoria colectiva de la Nación Argentina, recordando que la defensa del territorio nacional es un mandato indeclinable que cruza generaciones. Desde la toma de Puerto Soledad en 1833 hasta las gestas del siglo XX y los reclamos diplomáticos contemporáneos en los foros internacionales, la figura de Antonio Rivero permanece como la primera antorcha encendida en la restitución de nuestra soberanía insular.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GCIJMVEa0cBPJXZYVuoRDKTMTIc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/magazine_garasino_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La figura del gaucho entrerriano Antonio Rivero apareció en mi vida en mis años de adolescencia. Movido por un profundo sentir patriótico, busqué en enciclopedias de historia argentina información sobre los sucesos en los que, según me habían comentado, este personaje había recuperado las Islas Malvinas por un breve lapso en 1833.]]>
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                <published>2026-09-12T18:30:00+00:00</published>
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            El día en que el terror le ganó a la paz: la invasión nazi sobre Polonia
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/LumoFpCykZz4tAWkxcU-NmQTlAw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/magazine_garasino.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Con el ascenso del Partido Nacionalsocialista al poder en 1933, Adolf Hitler transformó el descontento en una política de expansión agresiva estructurada bajo el concepto de Lebensraum (espacio vital). Tras iniciar un rearme clandestino y restaurar el servicio militar obligatorio, el régimen nazi ejecutó una secuencia estratégica de anexiones que desafió la pasividad de las potencias occidentales:1936: Remilitarización de Renania.Marzo de 1938: Anschluss (anexión de Austria).Octubre de 1938: Anexión de los Sudetes tras los Acuerdos de Múnich.Marzo de 1939: Ocupación del resto de Checoslovaquia.Francia y Gran Bretaña optaron por la “política de apaciguamiento”, cediendo a las demandas del Tercer Reich con la expectativa de contener la contienda. Sin embargo, en agosto de 1939, el panorama geopolítico dio un giro definitivo con la firma del Pacto Ribbentrop-Molotov. Este acuerdo de no agresión entre la Alemania nazi y la Unión Soviética incluía una cláusula secreta que estipulaba el reparto del territorio polaco entre ambas potencias.</p><p>La Blitzkrieg y la desproporción de fuerzasEl 1 de septiembre de 1939, bajo el pretexto de un falso ataque polaco a la estación de radio de Gleiwitz, Alemania inició la invasión de Polonia.La contienda sirvió como escenario de prueba para la Blitzkrieg (guerra relámpago), una doctrina operativa basada en la velocidad, la concentración de fuerza y la coordinación táctica entre unidades blindadas (Panzer), aviación de ataque al suelo (Luftwaffe) e infantería motorizada. El objetivo prioritario consistía en desarticular las líneas de mando y comunicación enemigas antes de que la fuerza defensiva pudiera reorganizarse.</p><p>Parámetro de Fuerza&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alemania Nazi&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;República de PoloniaEfectivos desplegados&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;1.500.000 soldados&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;900.000 soldadosTanques / Blindados&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;2.700 unidades&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;880 (en su mayoría tanquetas ligeras)Aeronaves operativas&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;2.300 aviones de vanguardia&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;400 aviones (modelos obsoletos)Artillería y Apoyo&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Motorización masiva y piezas pesadas&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Movilidad limitada por tracción animal</p><p>La desproporción no radicaba únicamente en la superioridad numérica, sino en la disparidad tecnológica y de movilidad. Mientras la Luftwaffe obtenía el dominio aéreo en los primeros días bombardeando aeródromos y vías de transporte, las divisiones blindadas de Heinz Guderian avanzaban decenas de kilómetros diarios rodeando las defensas fronterizas polacas.</p><p>El mito de la caballería contra los tanquesDurante el avance alemán se gestó uno de los mitos propagandísticos más duraderos del conflicto: la supuesta carga inútil de la caballería polaca arremetiendo con sables y lanzas contra los tanques de la Wehrmacht.El origen de esta narrativa se sitúa en la Batalla de Krojanty, librada la tarde del 1 de septiembre de 1939. El 18.º Regimiento de Lanceros de Polonia detectó a un batallón de infantería alemana al descubierto y ejecutó una carga de caballería convencional para frenar su avance y permitir la retirada de las fuerzas propias. El ataque tomó por sorpresa a la infantería alemana; sin embargo, la repentina aparición de vehículos blindados de reconocimiento dotados de cañones automáticos obligó a los lanceros a retirarse tras sufrir numerosas bajas.Al día siguiente, corresponsales de guerra italianos y alemanes visitaron el campo de batalla. La maquinaria de propaganda nazi manipuló la escena para transmitir una idea de atraso técnico de las fuerzas polacas frente al avance alemán. La caballería polaca operaba como una especie de infantería montada utilizando los caballos para desplazarse con rapidez en terrenos difíciles, pero combatían a pie empleando fusiles antitanque Karabin przeciwpancerny wz. 35 y piezas de artillería ligera Bofors de 37 mm.</p><p>El cerco final y la postura de Argentina en el tablero internacionalEl destino defensivo de Polonia quedó sellado el 17 de septiembre, cuando la Unión Soviética invadió el país desde el este en cumplimiento del protocolo secreto germano-soviético. Cercadas en dos frentes, las fuerzas polacas resistieron en Varsovia hasta el 28 de septiembre y en puntos aislados hasta principios de octubre.El inicio del conflicto resonó en el ámbito diplomático de las Américas. El 3 de septiembre de 1939, Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania. Al día siguiente, el gobierno argentino encabezado por el presidente Roberto M. Ortiz formalizó mediante decreto la posición de estricta neutralidad de la República Argentina.Esta política exterior buscaba preservar los vínculos comerciales agropecuarios con Gran Bretaña (principal comprador de carne y granos argentinos) evitando involucrarse en las disputas de las potencias europeas. La postura de neutralidad se mantuvo como un eje de la diplomacia argentina durante la mayor parte de la contienda mundial, sirviendo como fuente de abastecimiento de materias primas para el bando aliado.La invasión de Polonia marcó la transición hacia un conflicto de escala global, transformando la geopolítica del siglo XX mediante la implantación de nuevas tácticas militares e ideologías de dominación territorial.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/LumoFpCykZz4tAWkxcU-NmQTlAw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/magazine_garasino.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El orden europeo nacido en 1919 con el Tratado de Versalles contenía el germen de su propia destrucción. La imposición de severas reparaciones, la pérdida de territorios fronterizos y la creación del “Corredor Polaco” (una franja de tierra que aislaba Prusia Oriental del resto del territorio alemán para dar a Polonia acceso al puerto de Danzig) sembraron en la Alemania de entreguerras un resentimiento profundo.]]>
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                                <updated>2026-09-05T17:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-05T17:30:00+00:00</published>
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            El eco ininterrumpido del sueño de Martin Luther King
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wc5qAsY7fNkNhykWu1VobdiGoVc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/garasino_magazine.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El discurso «Tengo un sueño» (I Have a Dream) del reverendo Martin Luther King Jr. no fue un mero ejercicio de oratoria. Fue un choque frontal contra más de tres siglos de opresión institucional, una lección magistral sobre cómo desmontar el extremismo sin empuñar una sola arma.</p><p>Una arquitectura social de opresiónPara dimensionar la fuerza de las palabras de King, es imprescindible retroceder en el tiempo. La discriminación racial en Estados Unidos no fue un accidente del destino, sino una estructura social cuidadosamente construida.* La era de la esclavitud (1619-1865): Durante más de dos siglos, millones de personas de origen africano fueron reducidas a propiedad privada, alimentando la economía agrícola del Sur. La Guerra de Secesión y la Proclamación de Emancipación abolieron legalmente la esclavitud, pero el prejuicio sistémico sobrevivió intacto.* Las leyes «Jim Crow» y el racismo de Estado (1877-1965): Tras el fracaso de la Reconstrucción, los estados del Sur codificaron la segregación bajo la falacia de «separados pero iguales». El resultado fue una infraestructura pública dividida: escuelas, transportes, baños y restaurantes donde la población negra era relegada a una ciudadanía de segunda clase.* La violencia impune: El extremismo supremacista, encarnado por organizaciones terroristas como el Ku Klux Klan, utilizó el linchamiento, la intimidación electoral y la violencia sistemática para mantener la hegemonía blanca.</p><p>El cobro del cheque sin fondosCuando Martin Luther King Jr. subió a la escalinata del Monumento a Lincoln, el movimiento por los derechos civiles se encontraba en una encrucijada crítica. La violencia policial en Birmingham y la represión sistemática amenazaban con empujar a parte de la juventud hacia la desilusión total.King arrancó su intervención apelando a la memoria histórica y a los textos fundacionales del país, articulando una metáfora financiera impecable:“Cien años después, el negro aún no es libre [...]. Hace cien años, un gran estadounidense firmó la Proclamación de Emancipación. Este glorioso decreto vino como un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros... Pero cien años después, el negro sigue sin ser libre. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestra nación a cobrar un cheque. Un cheque que ha devuelto marcado como “fondos insuficientes” “.Con este pasaje, King no atacaba los ideales fundacionales de Estados Unidos; al contrario, exigía que la nación fuera fiel a sus propias promesas escritas en la Declaración de Independencia.</p><p>El sueño como antídoto al extremismoEn un entorno polarizado donde el extremismo racial dominaba las leyes del Sur y la tentación de responder a la agresión con violencia crecía en el Norte, la estrategia de King ofreció una tercera vía: la resistencia no violenta.Inspirado en los principios de Mahatma Gandhi y en la fe cristiana, King entendió que el extremismo no se erradica adoptando sus mismas tácticas, sino elevando el debate moral por encima de la venganza:“No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y del odio. Debemos conducir siempre nuestra lucha en el alto plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física”.La trascendencia del discurso dio un giro inolvidable cuando la cantante de góspel Mahalia Jackson le gritó desde la multitud: “¡Háblales del sueño, Martin!”. King abandonó las notas preparadas e improvisó el pasaje más icónico de la historia moderna:“Tengo un sueño: que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales. Tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”.</p><p>Efectos en la desactivación del extremismoEl impacto del movimiento liderado por King y la resonancia de su discurso alteraron para siempre la estructura política y legal de Estados Unidos:Transformación legislativa: En 1964 se aprobó la Ley de Derechos Civiles, que prohibió la discriminación racial en lugares públicos y en el empleo. Un año después, la Ley de Derecho al Voto de 1965 eliminó las barreras que impedían votar a la población afroamericana en el Sur.Pérdida de legitimidad del supremacismo: La estrategia de la no violencia expuso la brutalidad del racismo institucional ante las cámaras de televisión nacionales e internacionales. El extremismo violento perdió sustento social y político frente a la opinión pública.Acceso a la esfera pública: El discurso abrió el camino para una mayor integración institucional y la llegada de minorías a los espacios de poder, un proceso que culminaría décadas después con hitos históricos en la política y la cultura del país.</p><p>Una tarea inconclusaMartin Luther King Jr. fue asesinado en 1968, pero la vigencia de su mensaje sigue interpelando a las sociedades contemporáneas. El racismo y el extremismo no desaparecieron por completo; mutaron en formas más sutiles y estructurales que siguen siendo materia de debate global.El discurso de Washington recuerda que la paz no es simplemente la ausencia de tensión, sino la presencia de justicia. El sueño de King sigue siendo una hoja de ruta para cualquier sociedad que aspire a erradicar el odio sin renunciar a la dignidad humana.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wc5qAsY7fNkNhykWu1VobdiGoVc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/garasino_magazine.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 28 de agosto de 1963, bajo la mirada impasible de la estatua de Abraham Lincoln en Washington D. C., más de 250.000 personas desafiaron el sofocante calor del verano para exigir lo que la Constitución estadounidense les prometía sobre el papel, pero les negaba en la vida cotidiana: igualdad. Aquella tarde no solo se pronunciaron palabras; se reconfiguró el compás moral de una nación.]]>
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                                <updated>2026-08-29T19:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-29T19:30:00+00:00</published>
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            El militar que perdonó a sus captores: vida, martirio y fe del coronel Argentino del Valle Larrabure
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sNZO1xg74x-CZuvmXxhKfQdn3hc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/magazine_garasino_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El hombre y el deberNacido en San Miguel de Tucumán el 6 de junio de 1932, Larrabure abrazó la vocación militar desde joven. Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 1 de marzo de 1950 y egresó como subteniente de Infantería el 1 de diciembre de 1952. Entre sus cualidades sobresalían las de carácter técnico e intelectual, por lo que, años después, se graduó como ingeniero militar en la Escuela Técnica del Ejército, especializándose en la rama química. Para sus compañeros y subordinados, el entonces mayor Larrabure era un hombre austero, profundamente creyente, apasionado por la ciencia militar y volcado por entero a su esposa, María Susana de Castro, y a sus dos hijos, María Susana y Arturo.El destino de la patria comenzó a oscurecerse aceleradamente a mediados de los setenta. La noche del 11 de agosto de 1974, un comando del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) asaltó la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María, Córdoba. En medio del tiroteo y la confusión, Larrabure fue secuestrado con el objetivo de obligarlo a brindar sus conocimientos técnicos para la fabricación de explosivos a gran escala. Ese instante marcó el fin de su vida pública y el inicio de su largo viacrucis.</p><p>El cautiverio:372 días en la penumbraDurante un año y siete días, Larrabure permaneció cautivo en lo que la organización guerrillera denominaba una «cárcel del pueblo», sumergido en un calabozo subterráneo de apenas dos metros de largo por uno de ancho, sin luz natural ni ventilación adecuada, ubicado debajo de una mercería en la ciudad de Rosario.A pesar del encierro brutal, la degradación física y la constante presión psicológica para que colaborara en la confección de armamento, el militar mantuvo una postura firme e inquebrantable: se negó rotundamente a que sus conocimientos científicos fueran utilizados para matar a otros compatriotas. La celda oscurecida se transformó gradualmente en su capilla personal, donde la oración diaria y la fe se convirtieron en su único refugio.</p><p>Un testamento de amor y perdónEn la penumbra de su encierro, Larrabure logró escribir una serie de cartas dirigidas a sus seres queridos. En esos manuscritos no hay espacio para la venganza ni para el odio acumulado; por el contrario, resplandece una serenidad sobrehumana. En su mensaje más emblemático, dejó grabado un legado de reconciliación que conmueve por su profundidad espiritual:“Físicamente estoy bien, de mi asma mejor, dispongo de todos los remedios y soy bien tratado [...]. A todos los extraño muchísimo, de noche, antes de dormirme hablo con todos Uds.Y a mis hijos y mis ahijados especialmente, que no olviden mi mensaje: “Aún suceda lo peor, no deben odiar a nadie, y devolver la bofetada poniendo la otra mejilla.A mis hijos y nietos para que no alienten el odio ni hagan del rencor la causa de sus vidas. Que mi muerte no sea motivo de venganza ni servilismo... Perdono a mis captores; no guardo rencor a nadie.Tengan fe en Dios y sigan adelante... Marisú querida: no descuides tu salud.A mi tierra argentina, ubérrima y acogedora, hoy escenario de luchas fratricidas. Para que cobije mi cuerpo y me dé paz.”Estas palabras, redactadas por alguien consciente de que enfrentaba un destino trágico, convirtieron su tragedia personal en una lección moral colectiva. Larrabure decidió no responder al odio con más odio, rompiendo interiormente la espiral de violencia que consumía al país.</p><p>El martirio y el desenlaceLas condiciones inhóspitas y el rechazo sistemático a cooperar sellaron su suerte. Tras meses de privaciones extremas, el estado de salud del oficial se deterioró irreversiblemente. La fecha formal atribuida a su fallecimiento por asfixia es el 19 de agosto de 1975, día en que se consumó su martirio. Su cuerpo sin vida fue hallado el 23 de agosto de ese mismo año en un zanjón en las afueras de Rosario, envuelto en una manta.Informes forenses determinaron que murió por estrangulamiento, mientras que la postura de sus captores sostuvo que se trató de un suicidio. No obstante, para la mirada de la fe y la memoria histórica de su causa, su vida fue entregada gradualmente día tras día al negarse a manchar sus manos con sangre. Tras su muerte, fue ascendido post mortem al grado de coronel.</p><p>Hacia los altaresAños más tarde, el testimonio de serenidad espiritual y el perdón explícito a sus victimarios impulsaron la idea de examinar su vida bajo la lupa del Evangelio. En 2016, el Obispado Castrense de la Argentina inició formalmente la investigación diocesana para evaluar la santidad de Larrabure.El proceso alcanzó un hito determinante el 14 de marzo de 2023, cuando el Vaticano, a través del Dicasterio para las Causas de los Santos, otorgó el nihil obstat («nada se opone»), concediéndole el título de Siervo de Dios.La causa fundamenta que Larrabure no solo fue víctima de la violencia política, sino que ofreció su vida por amor a Dios y al prójimo, muriendo in odium fidei (en odio a la fe) o viviendo las virtudes cristianas de forma heroica al perdonar a quienes lo privaron de la libertad.De concretarse la beatificación, el coronel Argentino del Valle Larrabure se convertiría en un hito histórico: el primer militar argentino elevado a los altares, no por sus hazañas en el campo de batalla, sino por la mayor de las victorias humanas y espirituales: haber vencido al odio a través del perdón.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sNZO1xg74x-CZuvmXxhKfQdn3hc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/magazine_garasino_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hay historias que se miden por la fuerza de sus convicciones y muertes que trascienden el dolor para convertirse en un testimonio inquebrantable de paz. La vida de Argentino del Valle Larrabure no es solo la crónica de uno de los episodios más oscuros de la violencia política argentina; es, fundamentalmente, la metamorfosis de un hombre de armas en un símbolo de perdón y fe que hoy roza los altares de la Iglesia católica.]]>
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            El robo del Sable Corvo de San Martín
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RJRGVlhgfgfzkBFRI41PjImAwOM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/magazine_garasino_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un plan concebido entre sombrasA comienzos de la década de 1960, la Argentina transitaba un periodo de profunda inestabilidad institucional. Con el peronismo proscripto y las Fuerzas Armadas ejerciendo un riguroso control sobre el poder político, diversas agrupaciones juveniles comenzaron a buscar golpes de efecto con alto impacto simbólico.Bajo la conducción de Manuel Eduardo “Lito” Besares y Osvaldo Agosto, la Juventud Peronista concibió una operación audaz: apropiarse de la espada con la que San Martín había liderado las campañas libertadoras de América del Sur. El objetivo no era económico ni militar, sino político: exigir la restitución del cuerpo de Eva Perón, el fin de la proscripción y el retorno del general Juan Domingo Perón del exilio.Cabe recordar que Evita había sido enterrada en 1957 en el Cementerio Mayor de Milán, Italia (sepultura 41, sector 86), bajo el falso nombre de María Maggi de Magistris. El cuerpo permaneció allí durante 14 años hasta su restitución a Perón en 1971.</p><p>La noche del asalto en Parque LezamaLa noche del 12 de agosto de 1963, el comando ingresó al Museo Histórico Nacional, ubicado en Parque Lezama (barrio de San Telmo). La custodia del edificio era escasa y no ofreció resistencia efectiva.En cuestión de minutos, los militantes redujeron al personal de turno, rompieron la vitrina de protección y tomaron el sable. Antes de emprender la huida, dejaron grabada en las paredes del recinto la consigna “Venceremos” junto a las siglas de la organización, ratificando la autoría política del hecho.</p><p>Persecución y destino de la reliquiaLa noticia conmocionó al país. Las fuerzas de seguridad desplegaron un operativo de búsqueda sin precedentes a nivel nacional. La presión policial y militar fue sofocante, lo que dificultó la custodia y el traslado del arma.El sable pasó por diversos escondites clandestinos en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. Para evitar su incautación o deterioro, los militantes debieron trasladar la reliquia en múltiples ocasiones. Finalmente, tras intensas negociaciones coordinadas por los mandos militares e intermediarios civiles, la pieza fue recuperada en la localidad de Quilmes a fines de agosto del mismo año, retornando a la custodia del Estado nacional.</p><p>El segundo robo (1965) y su impacto históricoAquel asalto de 1963 (al que seguiría una segunda sustracción el 12 de agosto de 1965 a manos de la misma agrupación) dejó al descubierto la fractura social y política de la Argentina del siglo XX. El sable, legado por el propio San Martín a Juan Manuel de Rosas y posteriormente entregado por sus herederos al Estado para custodia del pueblo argentino, se convirtió paradojalmente en un trofeo de guerra ideológico.La ejecución del segundo asalto, concretada el 19 de agosto de 1965, marcó un punto de inflexión. Si la acción de 1963 fue un movimiento sorpresivo de propaganda, la operación de 1965 representó una demostración de fuerza dirigida al gobierno constitucional de Arturo Illia y a las Fuerzas Armadas.En esta segunda ocasión, el comando de la JP, junto a militantes de la Juventud Revolucionaria Peronista (JRP), ingresó durante el horario de visita haciéndose pasar por visitantes comunes. A una hora convenida, redujeron a la guardia civil mediante amenazas con armas cortas, rompieron la vitrina principal, extrajeron la espada y pintaron consignas exigiendo la cancelación de las proscripciones.</p><p>Un cautiverio prolongado y la intervención de PerónA diferencia de la primera incursión, en la que la presión policial forzó la devolución en apenas dos semanas, el grupo mantuvo el sable oculto durante casi un año. La reliquia pasó por una compleja red de casas de seguridad en el Gran Buenos Aires, conservada temporalmente en envoltorios plásticos y trapos aceitados dentro de un baúl de madera para evitar la corrosión del acero.Durante este período, los captores hicieron llegar a Juan Domingo Perón una fotografía del sable junto a un periódico del día para certificar la posesión. La retención finalizó en julio de 1966, semanas después del golpe de Estado de la Revolución Argentina que derrocó a Illia.Ante la mediación de civiles y el temor a que un operativo provocara un enfrentamiento armado con bajas, el sable fue entregado secretamente a mandos de las Fuerzas Armadas mediante la intermediación del capitán de navío Francisco Manrique y el capitán de fragata Walter Vásquez.El desenlace generó molestia en Perón, quien consideraba que la reliquia no debía retornar a manos del Ejército sin concesiones políticas reales a cambio. Tras su recuperación en 1966, el presidente de facto Juan Carlos Onganía dispuso que el Sable Corvo fuera retirado del museo y entregado a la custodia exclusiva del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín. En 2015 fue trasladado nuevamente al Museo Histórico Nacional, hasta que el 7 de febrero de 2026, mediante el Decreto 81/2026, la pieza retornó de forma definitiva a la guarda y custodia permanente en la unidad militar creada por el Padre de la Patria en marzo de 1812.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RJRGVlhgfgfzkBFRI41PjImAwOM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/magazine_garasino_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 12 de agosto de 1963, un comando de la Juventud Peronista irrumpió en el Museo Histórico Nacional para sustraer una de las reliquias más sagradas de la nación: el Sable Corvo del General José de San Martín. Aquel episodio no solo sacudió la agenda política argentina de los años sesenta, sino que transformó un objeto de museo en un potente símbolo de disputa ideológica.]]>
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                                <updated>2026-08-15T17:30:04+00:00</updated>
                <published>2026-08-15T17:30:00+00:00</published>
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            Los gloriosos Blandengues en el Combate de Perdriel
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cgqxIlNcpOLYVTkrMw_70euFG5A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/magazine_garasino.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Sin embargo, la capitulación de las autoridades coloniales no fue aceptada por la mayoría de la población ni por los sectores criollos. Mientras el invasor pretendía consolidar su autoridad y ganarse el favor del comercio local jurando respeto a la religión y a la propiedad, en las sombras se comenzó a urdir la reconquista.En este escenario de tensión emergieron dos figuras clave: el capitán de navío Santiago de Liniers, quien viajó a Montevideo para organizar una tropa regular de rescate, y el joven comerciante criollo don Juan Martín de Pueyrredón, nombrado por el Cabildo Abierto clandestino como teniente de los voluntarios de la campaña. Este último asumió la tarea de recorrer el campo bonaerense (desde Luján hasta el Pago de las Cuarenta Leguas) reuniendo paisanos, peones de estancia, hacendados y hombres de armas. El objetivo central no era entablar una gran batalla campal en solitario, sino establecer un punto de reunión avanzado donde acumular víveres, monturas, lanzas y caballada para unirse al ejército expedicionario que Liniers traería desde la Banda Oriental.El sitio elegido para esta concentración fue la Chacra de Perdriel, un caserío y plantación estratégica situada a unos 20 kilómetros al noroeste de la ciudad (actualmente Villa Ballester, Partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires).</p><p>Dos bandos en pugnaEl 31 de julio de 1806, los espías británicos alertaron a Beresford de que en las inmediaciones de la Chacra de Perdriel se congregaba un contingente significativo de “rebeldes”. El comandante inglés comprendió que, si permitía que esa fuerza se consolidara y se enlazara con Liniers, su posición en Buenos Aires se volvería indefendible. Por ello, decidió asestar un golpe preventivo de rápida ejecución.Las dos fuerzas que se encontraron al amanecer del 1 de agosto de 1806 no podían ser más dispares:* Fuerza británica (Sir Denis Pack / Beresford): Unidades de infantería ligera pertenecientes al Regimiento 71º de Infantería Highlanders. Contaban con aproximadamente 600 veteranos altamente disciplinados, equipados con fusiles Brown Bess con bayoneta y apoyados por artillería ligera de campaña de 6 libras. Su táctica consistía en un avance disciplinado de infantería en línea con respaldo de fuego artillero.* Voluntarios criollos y milicianos (Pueyrredón): Integrados por paisanos, peones de estancia, jóvenes de la ciudad y el Regimiento de Blandengues. Sumaban aproximadamente 300 hombres al momento del ataque. Contaban con lanzas de tacuara, facones, unas pocas carabinas descalibradas y uno o dos cañones pequeños. La estrategia criolla se basaba en la sorpresa, la agilidad de las maniobras a caballo y la contención del enemigo hasta la llegada de Liniers.El desarrollo del combateDurante la noche del 31 de julio, una columna inglesa marchó sigilosamente bajo la llovizna y el barro. Al amanecer del 1 de agosto, la vanguardia británica se desplegó frente al casco de la chacra.La posición defensiva criolla padecía una vulnerabilidad crítica: muchos voluntarios se habían internado en la ciudad o diseminado en las cercanías realizando tareas de acopio, por lo que el contingente presente al momento del choque era sumamente reducido.</p><p>El fuego de artillería y la desorientación inicialEl combate se inició con un intercambio de fuego de artillería. Los británicos formaron en línea y abrieron fuego con sus piezas de campaña. Las piezas de la milicia patriota, operadas por hombres inexpertos y sin suficiente adiestramiento militar, pronto sufrieron la disparidad técnica. Los impactos del fuego invasor sembraron el desorden en la infantería improvisada y provocaron la dispersión de los servidores de las piezas patriotas.</p><p>La legendaria carga de caballería de PueyrredónViendo que la línea defensiva se desmoronaba bajo el devastador tiroteo del Regimiento 71º, Juan Martín de Pueyrredón tomó una decisión de extrema audacia: encabezó una carga directa sobre el centro del dispositivo enemigo con la escasa caballería que lo rodeaba (un grupo de no más de quince paisanos y gauchos).A pura lanza y sable, el pequeño grupo penetró las filas enemigas en un intento desesperado por silenciar la artillería británica. En medio del torbellino de la contienda, un proyectil certero abatió al caballo de Pueyrredón, haciéndolo rodar duramente contra el suelo.Rodeado de infantes ingleses y a punto de ser capturado o ejecutado a bayoneta, Pueyrredón fue salvado milagrosamente por la bravura de un gaucho voluntario (atribuido por la tradición oral y militar al paisano Lorenzo López o al miliciano Rodríguez), quien, irrumpiendo al galope entre las filas enemigas, lo alzó en ancas de su caballo y lo rescató bajo una lluvia de disparos.</p><p>El rol de los BlandenguesPara comprender el choque de Perdriel es fundamental analizar la actuación del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires, al mando del teniente coronel Antonio de Olavarría.</p><p>¿Quiénes eran los Blandengues?Los Blandengues constituían la única fuerza militar de caballería institucionalizada y con experiencia de combate regular en la provincia. Acostumbrados a la dura vida del fortín, a las incursiones fronterizas contra los malones y a las interminables jornadas a caballo, contaban con una destreza hípica superior y un manejo letal del sable y la lanza.Ante la falta de experiencia de la milicia urbana, los Blandengues de Olavarría se mantuvieron desplegados en el sector noroeste y en la retaguardia del dispositivo criollo, custodiando las vías de comunicación hacia el río de las Conchas. Pueyrredón le había encomendado a Olavarría la indicación explícita de intervenir si los británicos realizaban una maniobra de flanqueo o un avance destructivo.Cuando las filas de voluntarios se desorganizaron por el impacto de la artillería inglesa, la firme presencia de los Blandengues contuvo el desbande e impidió que el repliegue se transformara en una masacre a campo abierto. A diferencia de la retirada precipitada de los voluntarios inexpertos, el Cuerpo de Blandengues ejecutó un repliegue escalonado y en orden, presentando frente ante la vanguardia enemiga para disuadir a Beresford de una persecución en profundidad.Como citan las crónicas de la época: “Los Blandengues se retiran en orden y con prudencia, porque aún no están en estado de empeñarse con violencia”. Su intervención fue fundamental, pues preservó intacto el núcleo militar profesional que más tarde serviría de columna vertebral para organizar la caballería patria (origen de unidades célebres como los Húsares de Pueyrredón).</p><p>Desenlace y consecuenciasEn el plano estrictamente militar, el Combate de Perdriel concluyó como una victoria táctica británica. Las tropas invasoras ocuparon la chacra, dispersaron a los voluntarios criollos, capturaron la escasa artillería abandonada y tomaron algunos prisioneros.</p><p>Las bajas reflejan la escala del encuentro:* Fuerzas Patriotas: Aproximadamente 3 a 5 muertos, una docena de heridos y entre 7 y 10 prisioneros.* Fuerzas Británicas: Se estima un saldo de entre 10 y 20 bajas (entre muertos y heridos) provocadas por las descargas iniciales y la carga de caballería.</p><p>La victoria estratégicaAunque Denis Pack y Beresford festejaron la dispersión del contingente patriota, la operación representó un fracaso estratégico para Gran Bretaña, ya que no lograron destruir la fuerza viva de la campaña. Los gauchos y voluntarios se dispersaron en la inmensidad de la pampa para reunirse apenas horas después en puntos prefijados.La resistencia encarnizada en Perdriel distrajo y desgastó al mando británico, otorgando el tiempo crucial para que Santiago de Liniers desembarcara en Las Conchas (Tigre) con las tropas provenientes de Montevideo.Lejos de atemorizar a la población porteña, la noticia del choque demostró que los renombrados soldados del Imperio Británico podían ser atacados y heridos por paisanos sin uniforme. Las famosas cintas celestes y blancas (con la medida de la Virgen de Luján que los milicianos llevaban al cuello) se convirtieron en el símbolo de la inminente reconquista.Apenas once días después, el 12 de agosto de 1806, las tropas combinadas de Liniers, los sobrevivientes de Perdriel, los Blandengues y el pueblo porteño acorralaron a Beresford en el Fuerte de Buenos Aires, logrando la rendición incondicional de los invasores.</p><p>Significancia históricaEl Combate de Perdriel ocupa un lugar de honor en la historiografía argentina por múltiples razones: constituyó el primer enfrentamiento de milicias criollas, marcó el nacimiento de la Caballería Patria y representó la semilla del proceso revolucionario de mayo de 1810.En el predio donde ocurrieron los hechos funciona hoy el Museo Histórico José Hernández (Villa Ballester), donde se recuerda la jornada en que un puñado de valientes demostró que el fervor patriótico podía plantar cara al imperio más poderoso del mundo.</p><p>Dedicatoria:Quiero dedicar este artículo a dos suboficiales que sirvieron en el Regimiento de Caballería de Tanques 6 “Blandengues”, unidad militar que custodia las tradiciones de aquellos bravos soldados que erigieron el pilar fundamental de nuestra patria. Estos hombres son el Suboficial Principal Fernando Scheurmann, recordado por su inmensa generosidad y vocación de servicio en las filas del regimiento; y el Suboficial Mayor Eduardo Arce, quien continúa difundiendo incansablemente el legado de los Blandengues mediante la docencia y la preservación de nuestras más sagradas tradiciones.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cgqxIlNcpOLYVTkrMw_70euFG5A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/magazine_garasino.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En junio de 1806, la tranquilidad del Virreinato del Río de la Plata se quebró abruptamente. Una fuerza expedicionaria británica, al mando del mayor general William Carr Beresford y del comodoro Sir Home Popham, desembarcó en las costas de Quilmes y avanzó rápidamente sobre la ciudad de Buenos Aires. La escasa preparación militar del virrey Rafael de Sobremonte, sumada a la sorpresa estratégica, provocó una rendición casi inmediata. El virrey huyó hacia Córdoba con el tesoro real, dejando a la capital bajo el dominio de la Corona británica.]]>
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            Crónica, el diario que revolucionó a la prensa argentina
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EULlTY_BKrOr8loZWIVH8YZXTa8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garasino_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ese día, en una Buenos Aires que se debatía entre la incertidumbre política y la ebullición cultural, asomó en los kioscos un tabloide distinto, ruidoso, con letras de molde grotescas y un titular que pegaba de frente. Se llamaba Crónica.Su mentor no era un aristócrata de la imprenta ni un catedrático, y mucho menos un intelectual. Era Héctor Ricardo García, un fotógrafo y periodista de raza que entendía el lenguaje popular mejor que nadie. García intuyó algo simple pero revolucionario para la época: el lector masivo no quería ensayos solemnes sobre la macroeconomía ni prosas acartonadas; quería enterarse de lo que pasaba en el barrio, en la comisaría, en la cancha y en los camarines. Crónica nació con una consigna implícita: “Firme junto al pueblo”. Y durante décadas, esa promesa fue un contrato inquebrantable.</p><p>García, la revolución en tinta rojaGarcía no inventó el periodismo popular, pero le imprimió una identidad marcadamente argentina. Crónica introdujo el formato tabloide cuando los grandes diarios porteños insistían en el tamaño sábana, incómodo para leer en el colectivo o en el tren. Le dio espacio prioritario al deporte y al espectáculo, elevó el policial a la categoría de drama social y convirtió la inmediatez en su mayor obsesión.El secreto del estilo de Crónica no estaba únicamente en la elección de los temas, sino en la velocidad. Mientras las redacciones tradicionales debatían el adjetivo preciso para la edición de la mañana, García fue un innovador y un adelantado a internet al sacar tres y hasta cuatro ediciones diarias —matutina, vespertina (quinta y sexta) y nocturna— para informar primero. Si ocurría un asalto en Avellaneda o un crimen en Flores a las tres de la tarde, la edición vespertina de Crónica ya lo tenía en tapa a las cinco, con fotos en blanco y negro a sangre y titulares que chorreaban urgencia.Ese estilo, tildado de «amarillista» o «sensacionalista» por las élites de la época, guardaba en realidad un hallazgo técnico e innovador. Crónica combinaba el lenguaje llano de la calle con un sentido del espectáculo gráfico sin precedentes. Años más tarde, ese mismo impulso daría origen a la legendaria señal de cable y a sus inconfundibles placas rojas acompañadas por los acordes de la marcha Stars and Stripes Forever, instalando una narrativa visual que se transformó en marca registrada de la cultura popular nacional. García ya la había utilizado en la radio que era de su propiedad, Radio Colonia, que hizo famosa en estas tierras a la marcha militar norteamericana en los años 60 y 70, con la inconfundible voz de Ariel Delgado (“¡Hay más informaciones para este boletín!”), dando cuenta de las noticias que no se podían decir en Argentina por la censura de los gobiernos militares y democráticos.</p><p>Las primicias que hicieron historiaLa obsesión por llegar antes llevó al diario a firmar páginas doradas del periodismo argentino. En septiembre de 1966, un grupo de jóvenes militantes liderados por Dardo Cabo secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas y lo desvió a las islas Malvinas en la recordada “Operación Cóndor”. El único periodista a bordo era de Crónica. García no solo obtuvo la cobertura exclusiva desde las islas, sino que convirtió al diario en el gran relator de la soberanía popular.En el ámbito judicial y policial, Crónica fue el primero en narrar los grandes crímenes que conmocionaron al país, desde la saga de Carlos Robledo Puch hasta los casos más oscuros de la trastienda política y del hampa. En el espectáculo, nadie contaba las confidencias del ambiente como Crónica; en el deporte, el diario no solo informaba los resultados del domingo, sino que daba cuenta de la pasión de las tribunas, haciendo de la cobertura del fútbol del ascenso un culto propio.</p><p>Caídas, traspiés y el costo de la inmediatezSin embargo, el vértigo que alimentaba el éxito de Crónica también fue su principal enemigo. Buscar la primicia a cualquier costo, en una época sin verificación digital y con fuentes alocadas, abrió la puerta a errores insólitos y caídas estrepitosas.El diario Crónica fue clausurado en varias oportunidades a lo largo de su historia: en 1970, durante el gobierno de Juan Carlos Onganía, tras publicar detalles sobre la muerte de un estudiante en los incidentes del Cordobazo; en 1974, bajo la presidencia de Isabel Perón, al ser sancionado y cerrado debido a una fuerte campaña en su portada que exigía la recuperación de las islas Malvinas; y en 1978, durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, cuando fue clausurado simultáneamente con el diario La Opinión a raíz de una nota titulada “Definiciones en el Ejército”, sobre la continuidad del presidente de facto en el poder.En el afán de no perder la carrera contra el reloj, la redacción cayó en múltiples ocasiones en falsas alarmas, datos sin contrastar y coberturas policiales al borde del límite ético, donde el morbo amenazaba con devorarse a la información. La delgada línea entre el impacto visual y la falta de rigor se cruzó más de una vez, generando fuertes polémicas sobre los límites del periodismo amarillo.</p><p>El ocaso del fundador y su legado&nbsp;Con el paso de los años, los problemas financieros, los embates judiciales y las deudas impositivas comenzaron a acorralar la estructura montada por García. En la década de 1990 y principios de los 2000, el grupo mediático sufrió profundas reestructuraciones que culminaron con la salida de su creador y la venta del medio al Grupo Olmos. García, el hombre que había construido un imperio a fuerza de flashes y titulares estridentes, se alejó del diario que había moldeado a su imagen y semejanza.Hoy, en la era de las redes sociales y las alertas en teléfonos móviles, el concepto de inmediatez que inventó Crónica parece cotidiano. Pero el mérito histórico del diario de la calle Garay reside en haber sido el pionero absoluto. Redefinió el lenguaje de los medios gráficos, le dio protagonismo a los sectores populares que la prensa tradicional ignoraba y construyó un estilo comunicacional irrepetible.Crónica demostró que el periodismo no solo se escribe desde las academias o los despachos de poder, sino también desde el barro de las calles. Con sus aciertos deslumbrantes, sus excesos imperdonables y su inconfundible estampa en el kiosco, el diario de Héctor Ricardo García se consolidó como un espejo imperfecto, estruendoso y fascinante de la Argentina profunda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EULlTY_BKrOr8loZWIVH8YZXTa8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garasino_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hay un instante, casi imperceptible pero contundente, en el que el diario deja de ser un fajo de papel entintado para convertirse en la voz de la calle. Pasó el 29 de julio de 1963.]]>
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                <published>2026-08-01T16:30:00+00:00</published>
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            Copa del Mundo 2026, cuando el resultado nos obliga a sacarnos la camiseta
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        <link rel="alternate" href="https://www.elheraldo.com.ar/noticias/opinion/copa-del-mundo-2026-cuando-el-resultado-nos-obliga-a-sacarnos-la-camiseta" type="text/html" title="Copa del Mundo 2026, cuando el resultado nos obliga a sacarnos la camiseta" />
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2tKPaJ_zAnqCrxfEr3JNM-3TQTw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_mundial_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La final de la Copa del Mundo de 2026 dejó un claro y justo campeón. España superó al seleccionado argentino sin atenuantes, exhibiendo una superioridad incuestionable.</p><p>En las notas previas al decisivo juego, habíamos remarcado que la Albiceleste llegaba a esta instancia en circunstancias muy parecidas a las de 1993: con futbolistas agotados en lo físico, con el aval de ser campeona de América y ganando partidos a fuerza de jerarquía individual, pero con severas deficiencias en el juego colectivo.</p><p>Aquella vez, el límite fue Colombia con el contundente 5-0 en el Monumental. Un resultado que se definió por la efectividad cafetera, aunque el equipo de Basile al menos generó situaciones que chocaron contra Oscar Córdoba.&nbsp;En esta oportunidad, en Nueva Jersey, Argentina no pateó al arco en noventa minutos ni generó juego. De no haber sido por la falta de contundencia de los ibéricos, el 1-0 final habría sido aún más abultado. España ganó por demolición; si esto fuera boxeo, se habría llevado la pelea por decisión unánime.</p><p>La trampa del exitismo y la intolerancia al fracaso</p><p>En 1990, durante mi paso por el colegio Capuchinos, una profesora de Geografía (Isabel, esposa del Dr. Gallegos y madre de un compañero) nos habló sobre un rasgo profundamente arraigado en la sociedad argentina: el exitismo.</p><p>Con el paso de los años, aquella enseñanza no solo permaneció en mi memoria, sino que vi cómo ese fenómeno se profundizaba en nuestro entorno.</p><p>Lo observamos a diario en las competiciones deportivas (particularmente en el fútbol), donde el éxito efímero se contrapone a una marcada intolerancia y a una “cultura del descarte” ante el primer traspié. No sabemos perder porque solo validamos el triunfo.</p><p>El mito de la victimización y el “nos odian”</p><p>Existen evidentes puntos de contacto entre la final jugada en Italia 1990 y la que acabamos de presenciar.</p><p>El pilar común es la narrativa de la victimización: la idea preconcebida de que el mundo entero está en nuestra contra, las supuestas campañas antiargentinas (que en los noventa eran silbidos al himno y hoy se viralizan en redes) y las quejas hacia los fallos arbitrales.</p><p>En 1990 se culpó al árbitro Edgardo Codesal por sancionar un penal discutible a cinco minutos del final, soslayando que previamente no había cobrado dos penales claros, uno para cada lado.</p><p>Tanto en Italia como en Nueva Jersey perdimos porque jugamos mal.</p><p>No generamos opciones de gol ni juego colectivo, y el planteo se redujo a intentar aguantar para estirar la definición a la tanda de penales.</p><p>Cuando la suerte cambió, el argumento futbolístico quedó totalmente al desnudo.</p><p>Las actitudes en la&nbsp;derrota: el espejo&nbsp;de lo que fuimos</p><p>Sorprendió negativamente la actitud del plantel tras el silbato final: darle la espalda al justo ganador para enmascarar ese gesto bajo la premisa de agradecer al público.</p><p>Cuando a la Argentina le tocó ganar, abundaron las burlas y los ademanes hacia los vencidos. Esta vez tocó perder, y la frustración se tradujo en desmanes y agresiones inaceptables por parte de futbolistas como Paredes o Molina, e incluso de un integrante del cuerpo técnico como el “Ratón” Ayala, quien debería ser ejemplo para los integrantes del plantel profesional.</p><p>En esa misma línea se enmarcan actitudes como la de Messi en el partido, enfocado en el gesto de Marc Cucurella al taparse la boca.&nbsp;Nos lleva a plantearnos cómo podemos enmarcar la intención del mejor jugador del mundo para que lo expulsen: ¿ventajita, patrullaje moral o simple “buchoneada”?</p><p>Nos cuesta enormemente reconocer el éxito ajeno. Llegó a escucharse a periodistas calificados afirmar sobre la España campeona: “Yo no lo llamaría generación dorada”. Nos fascina que el mundo nos elogie, pero minimizamos sistemáticamente los logros de los demás.</p><p>En algún momento, para opinar con honestidad, hay que sacarse la camiseta.</p><p>El folclore, los medios&nbsp;y el foco extraviado</p><p>Los medios de comunicación han caído en una obsesión casi exclusiva alrededor de temas como los cánticos y el racismo.</p><p>En Brasil 2014 se popularizó el “Brasil, decime qué se siente...” como parte del folclore y la intensidad propia del hincha argentino.</p><p>Sin embargo, cuando las discusiones mediáticas se centran únicamente en la tribuna o en la polémica del momento, se termina invisibilizando el verdadero análisis táctico y deportivo de lo que ocurre en el campo de juego.</p><p>La sobriedad de Scaloni y la reconstrucción que viene</p><p>Dentro de este panorama, Lionel Scaloni ha sido el gran líder del proyecto. Un hombre sobrio, inteligente y medido. Un rasgo que sintetiza su calidad humana fue su actitud ante los miles de personas que se acercaron a saludarlo a su casa en Pujato, al salir a recibir a su gente con humildad, demostrando que el éxito jamás se le subió a la cabeza.</p><p>Es muy probable que estemos transitando los últimos días de Scaloni al frente de la Selección Mayor, marcando el inicio de un inevitable proceso de reconstrucción.&nbsp;Es una pena que su ciclo termine con un partido para el olvido, pero el saldo final exige gratitud absoluta.Salir segundo en un Mundial también es un mérito enorme.&nbsp;Ojalá en la vida cotidiana muchos de nosotros pudiéramos salir segundos en algo, cuando por lo general ni siquiera figuramos en el reparto de la película.&nbsp;Este logro debe valorarse en su justa medida, sin caer en el extremismo de creer que el fútbol es la patria.La patria no es la pelota: se nutre a diario del esfuerzo silencioso de millones de personas anónimas sin cuyo aporte la Argentina sería, simplemente, una construcción abstracta.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2tKPaJ_zAnqCrxfEr3JNM-3TQTw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_mundial_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Reflexiones sobre la final entre Argentina y España]]>
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                                <updated>2026-07-30T04:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-30T04:30:00+00:00</published>
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            El fracaso de Uruguay en el Mundial: decisiones, errores y el futuro (Nota 2 - final)
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YA42OfCsHPMNRznsrTC8Bin1Jcg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/uruguay_mundial.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La historia nos muestra millares de ejemplos de gobernantes o militares que debieron adoptar resoluciones fundamentales para sus países en tiempos de paz o de guerra. Si el desenlace fue adverso, pasaron a la posteridad como ejemplos de lo que no se debe hacer; si tuvieron éxito, quedaron inmortalizados como genios o audaces líderes.</p><p>El fútbol no escapa a esa misma lógica implacable. Y en este escenario, la máxima responsabilidad recae en los dirigentes, quienes tomaron la decisión de contratar a Marcelo Bielsa.</p><p>Se puede disentir rotundamente con su ideología política, cuestionar sus actitudes con el entorno, sus eventuales faltas de educación en el trato cotidiano a colaboradores o con la prensa. Sin embargo, hay que reconocerle una obsesión incuestionable por el trabajo, una búsqueda constante por mejorar y la honestidad intelectual de hacerse cargo de cada uno de sus fracasos (como ocurrió en 2002 con Argentina y en 2026 con Uruguay).</p><p>Aun así, la pregunta de fondo flotaba en el aire: ¿Era el técnico indicado para el momento de Uruguay post eliminación de la copa 2022? La dirigencia asumió ese riesgo y hoy debe asumir las consecuencias.</p><p>Una nómina discutible y el peso de la nostalgiaA Bielsa se le podían reprochar cuestiones tácticas a priori, pero sobre todo la confección de la lista. En un torneo donde la regla exige llevar tres arqueros, resulta incomprensible haber viajado con apenas tres delanteros. Sin embargo, la realidad de la materia prima es insoslayable: objetivamente, no había mejores jugadores en el medio local o internacional para citar.</p><p>Uruguay, al haber sido un grande en el pasado, convive desde hace décadas con el peligroso arte de vivir de la nostalgia. Insistir desde la prensa o el reclamo popular con nombres como Luis Suárez era aferrarse al pasado cuando el físico ya no le daba para la alta competencia de una Copa del Mundo. Del mismo modo, resulta insostenible la decisión de llevar a Fernando Muslera (un arquero sin minutos en las Eliminatorias) a afrontar semejante compromiso.</p><p>Falta de contundencia y fallas individualesA pesar de las críticas al estilo, Uruguay no quedó eliminado por un dominio avasallante de sus rivales. De hecho, frente a España, la Celeste llegó con más peligro y claridad de lo que lo hizo la propia Argentina en la final del mundial. Pero la ineficacia arriba y los fallos individuales abajo sepultaron cualquier aspiración.</p><p>Muslera pagó cara su inclusión, reeditando una zaga de errores que arrastra desde Sudáfrica 2010 (ante Alemania), Rusia 2018 (Francia) y que en 2026 tuvo sus capítulos fatales ante Cabo Verde y España (donde un remate cruzado le costó el gol y terminó pidiendo el cambio en el entretiempo). Uruguay quedó fuera, en gran medida, por errores puntuales de sus futbolistas en momentos determinantes.</p><p>El “veneno” de la generación de 2010 y las internasFuera de la cancha, el clima tampoco ayudó. Es para reprochar abiertamente la actitud de varios referentes de la generación de 2010, quienes desde la previa y durante todo el Mundial no hicieron más que tirar veneno en los medios y en el entorno de la Selección. &nbsp;Esas opiniones desmedidas, sumadas a las actitudes de ciertos jugadores del plantel actual que hicieron tambalear la autoridad del director técnico en momentos críticos, terminaron por minar la estabilidad de la delegación.Se olvida con facilidad la escala real del país: Uruguay tiene poco más de tres millones de habitantes, acumula 76 años sin salir campeón del mundo a nivel mayor y cuenta con una historia llena de ausencias mundialistas. La estabilidad que logró el proceso de Tabárez se ve amenazada cada vez que el ego de las glorias pasadas pretende marcar la agenda del presente.</p><p>El futuro: la peligrosa receta de apostar a los ídolosEl horizonte cercano tampoco transmite tranquilidad. La conducción dirigencial parece tropezar de nuevo con la misma piedra al recurrir a la figura de Diego Forlán para el banco de suplentes.&nbsp;Se repite un error conceptual frecuente en las dirigencias sudamericanas: asumir que un ídolo de la época de jugador tiene automáticamente las credenciales para ser un técnico o un dirigente probo.</p><p>El paso de Forlán por Peñarol demostró que la chapa de referente no garantiza gestión ni lectura táctica desde la raya de cal.&nbsp;Salvo que la experiencia lo transforme, la dirigencia vuelve a apostar al golpe de efecto mediático antes que, a un proyecto sustentable, dejando abierta la puerta para que la historia reciente de tropiezos vuelva a repetirse.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YA42OfCsHPMNRznsrTC8Bin1Jcg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/uruguay_mundial.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El juicio implacable de las decisiones
Las personas toman decisiones que suelen ser juzgadas exclusivamente por sus resultados. Usted, amigo lector, las toma en su vida cotidiana: algunas veces salen bien y otras mal.]]>
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                                <updated>2026-07-29T04:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-29T04:30:00+00:00</published>
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            La manzana de Buenos Aires donde el futuro llegó antes: auge, vértigo y mito del Instituto Di Tella
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qNmrjNctgV9tdenWZ68K-4hoO-w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garasino_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>De las heladeras SIAM al laboratorio de ideasA finales de la década de 1950, la calle Florida no era solo el paseo elegante de la burguesía porteña; estaba a punto de convertirse en una bisagra temporal. Corría el año 1958 cuando los hermanos Guido y Torcuato Di Tella tomaron una decisión inusual: destinar una parte de la fortuna industrial generada por su padre (el inmigrante italiano Torcuato Di Tella, creador del imperio SIAM) a la fundación de un centro de investigación e innovación sin antecedentes en la región.El Instituto Torcuato Di Tella (ITDT) no nació como un museo ni como una galería mercantil. Surgió con la ambición de ser una incubadora de pensamiento crítico y experimentación artística, financiada por el superávit de una fábrica que producía desde surtidores de nafta y heladeras hasta las populares motonetas Siambretta.Para los jóvenes de la época, cruzar la puerta de Florida 936 significaba salir del gris de la burocracia institucional y entrar a una dimensión paralela donde convivían la sociología, la economía teórica, la música electroacústica y las artes plásticas más disruptivas.“El Di Tella no fue solo un lugar: fue un estado de ánimo colectivo, un permiso para equivocarse y una convicción de que Buenos Aires dialogaba mano a mano con París y Nueva York.”</p><p>La arquitectura del talentoEl genio del Di Tella residió en su estructura descentralizada. No se limitó a las artes visuales; construyó una verdadera red interdisciplinaria agrupada en centros especializados:* Centro de Artes Visuales (CAV): Dirigido por el polémico y brillante crítico Jorge Romero Brest, quien abandonó la dirección del Museo Nacional de Bellas Artes para comandar la vanguardia. Romero Brest dictaminó que el cuadro de caballete había muerto y abrió la puerta al happening, las instalaciones y el arte conceptual.* Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM): Conducido por el maestro Alberto Ginastera, se convirtió en el faro de la composición contemporánea en América Latina. Allí se instalaron los primeros laboratorios de música electroacústica y estudiaron figuras como Gerardo Gandini y Cifuentes.* Centro de Experimentación Audiovisual (CEA): Encabezado por Roberto Villanueva, revolucionó el teatro argentino montando obras de Samuel Beckett y Griselda Gambaro, y dando espacio a espectáculos donde la comedia y la música rompían la cuarta pared (germen inicial de lo que más tarde sería Les Luthiers).* Centros de Investigaciones Económicas (CIE) y Sociales (CIS): Espacios donde intelectuales como Torcuato S. Di Tella, Mario Brodersohn y Ezequiel Gallo debatían la modernización de la economía argentina y las teorías del desarrollo.</p><p>Rostros, provocaciones y la “Manzana Loca”Si la calle Florida entre Paraguay y Charcas pasó a la historia como la “Manzana Loca”, fue por la fauna de creadores que caminaban con ropa estridente, cabelleras alborotadas y proyectos insólitos bajo el brazo.Entre sus figuras más emblemáticas destacaron:* Marta Minujín y Rubén Santantonín, quienes en 1965 conmovieron a la opinión pública con La Menesunda, un recorrido laberíntico de 16 habitaciones donde el visitante caminaba entre neones, parejas acostadas en una cama, olores a fritura y una cámara frigorífica. Más de 30.000 personas hicieron fila para vivir la experiencia.* Roberto Jacoby y Oscar Masotta, pioneros del arte de los medios de comunicación y el estructuralismo en la Argentina. Masotta introdujo las lecturas de Jacques Lacan y la semiología francesa, mientras Jacoby teorizaba sobre el arte que no necesitaba objetos, solo información.* León Ferrari, quien presentó en 1965 La civilización occidental y cristiana, una escultura de un Cristo crucificado sobre un avión de combate estadounidense F-105; una denuncia directa a la Guerra de Vietnam que fue censurada y retirada de la sala por Romero Brest para proteger al instituto.* Edgardo Giménez, Jorge de la Vega y Antonio Berni, diseñadores y pintores que fusionaron el Pop Art internacional con la identidad cotidiana de las calles porteñas.</p><p>La clausura, la censura y la llama que no se apagaEl éxito del Di Tella encendió las alarmas de los sectores conservadores y de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía (1966-1970). La libertad creativa del centro chocaba de frente con la doctrina de “moral e higiene pública” promovida por el régimen.El punto de inflexión ocurrió durante Experiencias 68. La obra El baño, de Roberto Plata, permitía a los asistentes escribir grafitis en las paredes de un sanitario simulado. Cuando la policía clausuró la obra por considerar ofensivos los mensajes políticos contra Onganía, el resto de los artistas participantes retiró sus producciones en solidaridad y las destruyó en la vía pública, frente a los transeúntes de Florida.Sitiado por la asfixia financiera de la empresa SIAM y la persecución ideológica, el Instituto cerró las puertas de sus centros artísticos en 1970.</p><p>El legado: una huella que no se borraEl Di Tella duró apenas un suspiro en términos institucionales, pero su impacto reorganizó la cultura argentina para siempre. Enseñó que el arte podía ser una pregunta abierta, que la música contemporánea no pertenecía solo a las academias europeas y que Buenos Aires podía dialogar de igual a igual con las capitales del pensamiento global.Años más tarde, el espíritu universitario del Di Tella resurgiría en la década de 1990 con la creación de la Universidad Torcuato Di Tella, manteniendo viva la vocación académica. Sin embargo, aquella mística de Florida 936 (la de la libertad absoluta, la provocación estética y la juventud dispuesta a inventar el mundo de nuevo) permanece intacta como el mito fundacional de nuestra modernidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qNmrjNctgV9tdenWZ68K-4hoO-w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garasino_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Una travesía por los pasillos de Florida 936, el epicentro modernista que transformó a Buenos Aires en la capital del arte experimental de los sesenta y desafió las fronteras de lo posible.]]>
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            Carlos Pellegrini, el cirujano de la crisis
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uUC8i5F32fBlTMs6WUnFcjzFHds=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garasino_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando el 6 de agosto de 1890 Pellegrini cruzó el umbral de la Casa Rosada para asumir la presidencia tras la ruidosa renuncia de Miguel Juárez Celman, el panorama no admitía discursos de ocasión. Los episodios sucedidos en los meses previos habían conmovido los cimientos del gobierno. La crisis se había desencadenado cuando la administración argentina notificó a la banca Baring Brothers (su agente financiero en Londres) la suspensión de los pagos de la deuda. Esto generó el primer gran default de la deuda externa del país y provocó una corrida bancaria masiva que quebró al Banco Nacional y al Banco de la Provincia de Buenos Aires. Aquellas inversiones fallidas en el suelo local dejaron a la mítica casa británica al borde de la quiebra, requiriendo un rescate de urgencia liderado por el propio Banco de Inglaterra.El otro suceso que marcó el fin del juarismo fue la Revolución del Parque. La Argentina de la opulencia agroexportadora se descubría a sí misma endeudada, sin moneda fiable y al borde de la disolución institucional. Fue allí donde emergió la estatura del Pellegrini gestor, un hombre que entendía que la soberanía no se declamaba, sino que se financiaba.</p><p>La audacia del piloto en la tempestadEl mote de “piloto de tormentas” suele usarse a la ligera, pero en su caso describe una praxis política precisa. Pellegrini no apeló a manuales rígidos ni a recetas importadas. Su primera gran jugada no fue técnica, sino política y de un altísimo pulso patriótico: convocó a los principales banqueros, comerciantes y estancieros locales al Salón Blanco de la Casa Rosada. No fue a pedirles apoyo moral; fue a exigirles que suscribieran un empréstito interno de quince millones de pesos para pagar los vencimientos más urgentes de la deuda externa. Con esa inyección de realismo, el nuevo presidente demostró que el país estaba dispuesto a salvarse a sí mismo antes de rogar clemencia en Londres.De aquella audacia pragmática nacieron las dos herramientas que reordenaron el caos macroeconómico: la Caja de Conversión, ideada para estabilizar una moneda desbocada por la emisión descontrolada de la gestión anterior, y el Banco de la Nación Argentina. La fundación del Banco Nación no fue un mero capricho burocrático; fue la respuesta soberana para otorgar crédito al sector productivo genuino, desplazando la timba financiera de los bancos garantizados que habían detonado la crisis del 90.A la par de estas reformas, su mirada estratégica lo llevó a nacionalizar los servicios esenciales, convirtiendo a Obras Sanitarias de la Nación en un resguardo del patrimonio público, en tiempos donde la salud de las urbes era sinónimo de civilización.</p><p>El industrialista olvidadoExiste una contradicción flagrante en la memoria colectiva que encasilla a los hombres del Partido Autonomista Nacional (PAN) en un único molde liberal y pastoril. Había otros matices, un pluralismo de ideas en el que Carlos Pellegrini sobresalió como un hombre disruptivo que rompió el molde con creces. Mucho antes de su presidencia, en los célebres debates parlamentarios de la Ley de Aduanas de 1875, su vozarrón ya retumbaba con una premisa que hoy suena asombrosamente moderna: “¡Sin industria no hay Nación!”.Para don Carlos, el destino de la Argentina no podía limitarse a ser la estancia del mundo. Comprendía que una nación sin manufacturas propias quedaba condenada a la vulnerabilidad externa. Desde su gestión impulsó la instrucción pública y promovió la creación de la Escuela Superior de Comercio (hoy Escuela Carlos Pellegrini), convencido de que el desarrollo industrial requería de cuadros técnicos y de una burguesía nacional con mentalidad científica.</p><p>El estadista por encima de la facciónEl Pellegrini gestor se complementaba con el Pellegrini político. Sabía que la estabilidad económica era estéril sin pacificación social. Por eso, una de sus primeras medidas políticas de peso fue dictar la Ley de Amnistía para los civiles y militares que se habían alzado en armas durante la Revolución del Parque. No buscaba la impunidad, sino restañar las heridas de una sociedad fracturada para poder gobernar.Su salida de la presidencia en 1892, entregando el poder en los plazos constitucionales a Luis Sáenz Peña, agigantó su figura. Se retiró habiendo evitado la quiebra nacional, devolviéndole la respetabilidad al crédito argentino y demostrando que el Estado podía y debía ser el gran articulador de las crisis nacionales.Carlos Pellegrini falleció el 17 de julio de 1906 en Buenos Aires a los 59 años, tras una lenta agonía provocada por una afección cardíaca y un cuadro de neurastenia que arrastraba desde hacía tiempo.En perspectiva, el legado de Carlos Pellegrini no reside únicamente en las instituciones que fundó y que aún hoy estructuran nuestra vida pública. Su verdadera lección fue de carácter y de método: frente al abismo de la quiebra y la desunión, opuso audacia política, pragmatismo económico y una fe inquebrantable en las fuerzas productivas de la patria. Dejó un verdadero manual de supervivencia institucional escrito con el pulso firme de quien no le temió a la tormenta. Quizás el último gran homenaje popular para mantener viva su memoria ocurrió casi un siglo después, cuando su rostro ilustró el billete de diez mil australes y, poco más tarde, se convirtió en la cara del peso argentino de 1992 (el símbolo de la “Convertibilidad”), aquel que equivalía a un dólar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uUC8i5F32fBlTMs6WUnFcjzFHds=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garasino_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Nuestra sociedad suele enamorarse de los próceres de bronce, aquellos que lucen impecables en los óleos del siglo XIX. Sin embargo, hay figuras cuya verdadera dimensión solo se comprende cuando se les quita el brillo del mito y se los observa en el fango de la realidad. Carlos Pellegrini es, sin dudas, el caso más paradigmático. No fue el teórico de una Argentina ideal, sino el cirujano que debió operar de urgencia a una república que se desangraba. Perteneció a la recordada “Generación del 80”, que buscaba impulsar a la joven república mediante la educación de las masas, la inversión extranjera para generar desarrollo y una fuerte corriente inmigratoria que poblara las desoladas tierras del fin del mundo.]]>
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                <published>2026-07-18T19:30:00+00:00</published>
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            La última batalla por la corona. Radiografía de España, el rival más difícil de la Scaloneta
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GN-xO8dgvwpxZ_BUf0x3GF5XPp0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_espana.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este domingo, en la gran final de la Copa del Mundo, la Selección Argentina defenderá su título frente al rival más maduro, estético y aceitado del planeta: la selección de España.</p><p>Si nos midiéramos únicamente por la chapa y el oficio en finales recientes, la balanza se inclinaría hacia nuestro bando. Sin embargo, el terreno de juego ignora los pergaminos y las estadísticas. El choque definitivo nos pondrá frente a frente con una estructura que ha hecho del fútbol de posición un culto a la precisión matemática.</p><p>Un historial parejo</p><p>Lejos de lo que dictan las distancias geográficas, los duelos entre la Albiceleste y la Furia Roja exudan una paridad asombrosa.</p><p>Hasta la fecha, ambas selecciones se han enfrentado en 14 oportunidades, dibujando una simetría estadística perfecta: 6 victorias para Argentina, 6 triunfos para España y apenas 2 empates.</p><p>El desglose de los enfrentamientos expone que la inmensa mayoría de estos partidos se efectuaron bajo el marco de la preparación, acumulando 13 compromisos de carácter amistoso donde cada bando supo defender su localía y alternar golpes históricos. El último antecedente, todavía fresco en el recuerdo táctico, se remonta al duro cachetazo de marzo de 2018 en Madrid, un 6-1 a favor de los europeos que hoy sirve como combustible de revancha para la vieja guardia nacional. Ese partido fue el principio del fin del ciclo Sampaoli y el origen del período ganador más grande de nuestra selección.</p><p>El único antecedente en Copas del Mundo</p><p>A pesar de la rica historia de ambas selecciones, el libro de los Mundiales guarda una sola página en común. Para encontrarla, hay que viajar al 13 de julio de 1966, en el césped del Villa Park de Birmingham, Inglaterra. Aquella tarde, por la fase de grupos, la Argentina dirigida por Juan Carlos Lorenzo obtuvo un sólido triunfo por 2-1 con dos goles del inefable Luis Artime, mientras que Pirri descontó para los españoles. Sesenta años después de aquel cruce fundacional, el destino vuelve a cruzarlos en la máxima cita, pero esta vez, sin red de contención y con la gloria eterna en disputa.</p><p>El camino de la Furia en la Copa del Mundo</p><p>La selección europea llega a la cita máxima ratificando un proceso cuya principal virtud es la regularidad colectiva. España no arribó a la final por ráfagas de lucidez individual, sino por la imposición sistemática de su idea de juego, un libreto que maduró a lo largo del certamen y que tuvo su punto de inflexión táctico al sortear el cerrojo de los bloques más densos del torneo, incluido aquel empate sin goles ante Cabo Verde en la fase de grupos donde chocó contra una pared.</p><p>A partir de allí, el conjunto ibérico encadenó una progresión de juego sumamente sobria, demostrando una notable capacidad para adueñarse del balón y desgastar psicológicamente a sus adversarios mediante posesiones largas y asfixiantes. En las instancias decisivas, su madurez conceptual se impuso ante potencias de fuste como Francia o Portugal, consolidando un registro táctico impecable que obliga a la Argentina a jugar el partido perfecto en el plano de la concentración.</p><p>Radiografía táctica: Presión tras pérdida y amplitud total</p><p>Bajo la batuta de Luis de la Fuente, España despliega un sistema base 4-3-3 de alta elasticidad, donde los laterales fungen como constructores internos y los extremos fijan la amplitud del campo.</p><p>Puntos fuertes: La orquesta descentralizada</p><p>La mayor virtud de España es su presión tras pérdida. No es un equipo que corra hacia atrás cuando pierde la pelota; por el contrario, activa un enjambre de tres o cuatro futbolistas en la zona de gestación rival para ahogar la salida y recuperar el balón en tres cuartos de cancha. Su circuito de pases es dinámico, de orientación vertical y busca permanentemente generar superioridades numéricas en los pasillos internos.</p><p>Otros aspectos importantes de España</p><p>El eje del mediocampo: El termómetro absoluto del equipo. Es el encargado de dictar las alturas de la presión, asegurar el primer pase limpio y sostener el equilibrio táctico para que el bloque no se fracture.</p><p>La zaga central: El pilar de la resistencia defensiva. Destaca por su solvencia para anticipar lejos de su arco y una notable calidad técnica para iniciar la fase de ataque desde el fondo.</p><p>Los extremos de vértigo: La llave de la amplitud. Futbolistas indescifrables en el mano a mano, dueños de un cambio de ritmo tremendo que estira las defensas rivales y genera los espacios indispensables para la ruptura de los interiores.</p><p>El guardián del arco: Un arquero moderno que no solo responde con reflejos bajo los tres palos en situaciones límite, sino que actúa como el primer eslabón del juego asociado, ofreciendo siempre una opción de pase atrás.</p><p>Puntos débiles: El retroceso a campo abierto</p><p>El reverso de su ambición posicional es el espacio que concede a las espaldas de su línea defensiva. Al plantar su última línea casi en la mitad de la cancha, España sufre de manera notable cuando el rival logra saltar la primera línea de presión con pases quirúrgicos. Si la Argentina logra conectar recepciones limpias en la zona de transición, la zaga central española se verá obligada a retroceder en velocidad y sin coberturas, un escenario donde la jerarquía individual de nuestras transiciones puede ser letal.</p><p>¿Qué podemos esperar del partido?</p><p>Frente a la Selección Argentina, España no va a negociar su identidad. Disputará la posesión del balón desde el primer minuto y buscará congestionar los carriles centrales para incomodar los circuitos creativos de Lionel Messi.</p><p>Para la Scaloneta, el encuentro demandará una paciencia absoluta y, fundamentalmente, una rigurosa templanza defensiva.</p><p>Como bien advirtió Carlo Ancelotti a mitad del torneo, las licencias y desatenciones físicas en el retroceso se pagan con la eliminación. Argentina deberá alternar entre momentos de repliegue compacto (bloqueando los pasillos interiores para forzar a España a tirar centros intrascendentes) y fases de presión agresiva para activar réplicas a máxima velocidad.</p><p>Será una dura batalla de noventa minutos (o quizás más) donde se enfrentarán dos escuelas de futbol maduras y campeonas.</p><p>Por un lado, el automatismo de una orquesta joven y voraz; por el otro, el orgullo, el amor propio y el oficio competitivo del campeón vigente.&nbsp;</p><p>El desafío final será demostrar que el volumen de juego se traduce en efectividad y que la mística de este equipo, conformado por Scaloni y compañía, está lista para bordar otra página dorada en la historia del fútbol mundial. ¡Vamos Argentina!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GN-xO8dgvwpxZ_BUf0x3GF5XPp0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_espana.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace unas semanas, en el amanecer de las fases de eliminación directa, el análisis riguroso nos obligaba a mirar el camino con desconfianza. El fútbol, fiel a esa “dinámica de lo impensado” que resuena en cada rincón de nuestra historia, nos puso a prueba en noches de dientes apretados. Sufrimos la resistencia física de Cabo Verde, caminamos por la cornisa absoluta ante el planteo letal de Egipto y tuvimos que picar piedra para derribar el muro alpino de Suiza. Pero las licencias se terminaron.]]>
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                                <updated>2026-07-18T04:45:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-18T04:45:00+00:00</published>
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            Argentina finalista; el triunfo del potrero sobre el león mezquino y amarrete
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IlidDQWV8bQdIEqIL-d0vaVJe6c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_mundial_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El fútbol, en su esencia más pura, suele ser un detector de fraudes, versos y de los vendedores de humo. Cuando la pelota y las papas queman, la especulación en un mata-mata se paga con la eliminación. La semifinal entre Argentina e Inglaterra fue la prueba de esta máxima. Tras una primera parte donde los nervios y las fricciones congelaron el juego, el complemento se transformó en una obra de arte táctica y emocional. Argentina, herida en su orgullo, sacó una vez más a relucir su chapa de campeona defensora para dar vuelta el resultado en una ráfaga electrizante.</p><p>Primeros escarceos&nbsp;La rivalidad histórica sobrevoló Atlanta desde el silbatazo inicial. El primer tiempo fue trabado, físico y áspero, con escaramuzas constantes; un cruce caliente entre Lionel Messi y Jude Bellingham marcó el pulso de las pulsaciones elevadas. Lionel Scaloni sorprendió de inicio con Giuliano Simeone para darle recorrido a la banda, pero el circuito de juego argentino no fluía con comodidad ante una Inglaterra sólida con su 4-2-3-1.Aun así, Argentina mostró pasajes positivos en la primera etapa en el mediocampo con Leandro Paredes como eje distribuidor; Enzo Fernández buscó desde afuera y aportó muchísimo en la contención; Alexis Mac Allister insinuó romper la última línea inglesa con algún pase entrelíneas (como lo hacía en el anterior mundial) y colaboró en la recuperación, mientras que Messi intentó algunas apiladas bajo la mirada de un juez estricto que no cobra algunas caídas del astro argentino. Lo mejor de ese primer periodo estuvo en la firmeza de Cristian Romero, Lisandro Martínez y Nicolás Tagliafico. Por el contrario, Nahuel Molina estuvo impreciso en la marca y no logró lastimar cuando se proyectó al ataque.</p><p>A los 55 minutos llegó el golpe británico. Anthony Gordon definió tras una desatención defensiva (a Molina le ganaron la espalda y quedó estático mirando el balón) para poner el 1-0. En ese instante, donde muchos habrían entrado en pánico, Argentina decidió rebelarse y jugar al fútbol.</p><p>El gol de Gordon, trajo de vuelta el buen juego&nbsp;argentino: posesión&nbsp;y asedioA partir del gol inglés, el partido cambió de dueño de manera absoluta. El segundo tiempo de la selección argentina rozó la perfección conceptual. Se adueñó de la pelota con una posesión que superó el 65% en ese tramo, ensanchó la cancha y acorraló a su rival a base de triangulaciones rápidas.Las llegadas al arco de Jordan Pickford comenzaron a sucederse en ráfagas: remates de media distancia de Mac Allister (2 pelotas en los palos), desbordes profundos y un Messi que, flotando entre líneas, empezó a resquebrajar el bloque bajo inglés. Fue un monólogo celeste y blanco ante una multitud que empujaba desde las tribunas. La estadística de los últimos 35 minutos del encuentro es elocuente: Argentina registró un 68% de posesión frente a un mezquino 32% de Inglaterra.</p><p>Scaloni vs. Tuchel:&nbsp;El ajedrez de los DTLa remontada no se explica únicamente desde el temperamento; se comprende desde las decisiones tácticas de los DT Aquí es donde Lionel Scaloni le dio una lección de lectura de juego a Thomas Tuchel.</p><p>* Los aciertos de Scaloni: Viendo que el equipo necesitaba recuperar la intensidad en la presión alta y poblar el área rival, mandó a la cancha a Rodrigo De Paul para morder en la salida y a Lautaro Martínez para fijar a los centrales ingleses. El ingreso de Nico González por izquierda rompió la monotonía táctica. (Debo confesar que, en el momento, la salida de Paredes me generó dudas y no terminó de gustarme. Sin embargo, comente con quienes mire el partido que el DT convive a diario con los jugadores, conoce su estado físico y mental, y las decisiones le terminaron dando la razón por completo).</p><p>* El suicidio de Tuchel: El DT alemán pecó de conservador de manera alarmante. Tras ponerse en ventaja, retiró al goleador Anthony Gordon para meter al defensor Ezri Konsa, plantando una línea de cinco mentirosos —que por momentos se convertía en un bloque de siete defensores— y entregándole por completo la iniciativa a la Argentina. Renunciar al ataque para colgarse del travesaño frente a los campeones del mundo fue una invitación a la tragedia que el equipo inglés terminó pagando cara.</p><p>La justicia llegó en el final del encuentroEl fútbol hizo justicia sobre el final. Al minuto 85, Enzo Fernández, erigido como el verdadero termómetro del mediocampo, frotó la lámpara: encontró un espacio fuera del área grande y sacó un latigazo inapelable de media distancia que dejó sin opciones a Pickford. Era el 1-1 y la clara sensación de que el alargue le iba a quedar chico al hambre de gloria argentino.Con Inglaterra todavía grogui y desorientada por el planteo temeroso de su propio técnico, llegó la estocada final al minuto 92. Tras un centro quirúrgico de Messi, Lautaro “El Toro” Martínez se elevó por encima de los espigados centrales británicos para meter un cabezazo letal de goleador de raza. Fue el 2-1 definitivo, desatando la locura ensordecedora en el estadio y el desahogo de cuarenta y cinco millones de argentinos.</p><p>La final contra España y la búsqueda de la cuarta estrellaEl domingo espera un examen de máxima exigencia en el MetLife Stadium de Nueva Jersey contra la España de la juventud y el vértigo. Será un choque de estilos fascinante.</p><p>La Furia Roja llega mostrando un juego dinámico, rápido por las bandas, de alta precisión estratégica y con un mediocampo de lujo.</p><p>Para Argentina, la final significará controlar el ritmo físico, adormecer las transiciones rápidas de los españoles y volver a exhibir esa madurez táctica que el equipo de Scaloni suele sacar a relucir en las grandes citas.</p><p>La Scaloneta está a solo 90 minutos de conseguir su cuarta estrella mundial y, a juzgar por el fútbol y el corazón mostrados ante Inglaterra, hay motivos de sobra para creer.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IlidDQWV8bQdIEqIL-d0vaVJe6c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_mundial_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El Mercedes-Benz Stadium de Atlanta fue testigo de otra página excepcional de la Selección Argentina, que borró de la cancha a Inglaterra en un segundo tiempo grandioso para ganarle 2-1 y sacar boleto a la final de la Copa del Mundo contra España.]]>
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                                                <category term="mundial-2030" label="Mundial 2030" />
                                <updated>2026-07-17T04:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-17T04:30:00+00:00</published>
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            ¿Leones carnívoros o leones herbívoros? Radiografía de Inglaterra, el rival que separa a la Selección de la final
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                <![CDATA[Juan Ignacio Garasino]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/trJQKDYLL1rioFIaQjET6Gn-iOo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_mundial_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Sin embargo, el destino, que rara vez carece de sentido poético, ha querido que el último escollo antes del partido decisivo sea nuestro rival más clásico, complejo y cargado de narrativa histórica: la selección de Inglaterra.Este miércoles a las 16 horas, el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta se transformará en el epicentro del planeta fútbol.</p><p>Del otro lado no habrá un cerrojo modesto ni una sorpresa de grupo, sino dos planteles de futbolistas tasados en millones de dólares que, pese al descontento de sus entrenadores por los errores en los partidos anteriores, se metieron entre los cuatro mejores del mundo.</p><p>El historial de amistososFuera de la máxima presión que imponen los puntos de un Mundial, la rivalidad entre argentinos e ingleses sumó capítulos inolvidables en el terreno de los encuentros amistosos. El balance general de 10 partidos amistosos arroja una ventaja británica en el desglose final: 3 victorias para Inglaterra, 2 triunfos para Argentina y 5 empates.</p><p>Esos duelos que mantuvieron encendida la llama de un clásico eterno fueron:* 1951 (Wembley - Londres): Inglaterra 2 - Argentina 1. El primer enfrentamiento de la historia entre ambas selecciones mayores. En la mítica “Catedral del Fútbol”, la Albiceleste dio batalla ante los inventores del juego, abriendo el marcador gracias a Mario Boyé, aunque los locales terminaron dándolo vuelta sobre el final.* 1953 (Estadio Monumental - Buenos Aires): Argentina 3 - Inglaterra 1. Argentina ganó 3-1 con el legendario gol “imposible” de Ernesto Grillo. A raíz de ese gol se estableció el Día del Futbolista Argentino el 14 de mayo, día en que se disputó el partido. &nbsp;* 1953 (Estadio Monumental - Buenos Aires): Argentina 0 - Inglaterra 0. Tres días después, se llevó a cabo un encuentro sumamente cerrado que fue suspendido a los 22 minutos por una lluvia quedando el juego 0-0, un resultado que en la estadística solo cuentan los ingleses.* 1964 (Estadio Maracaná - Río de Janeiro): Argentina 1 - Inglaterra 0. En el marco de la “Copa de las Naciones” disputada en Brasil, la Selección conducida por José María Minella obtuvo su primer triunfo oficial frente a los ingleses. El único gol del partido lo marcó Alfredo “Tanque” Rojas.* 1974 (Wembley - Londres): Inglaterra 2 - Argentina 2. Un partidazo vibrante en el que la Selección dirigida por Vladislao Cap rescató un empate histórico tras ir perdiendo por dos goles. El gran héroe de la noche londinense fue Mario Alberto Kempes, autor de un doblete estelar.* 1977 (La Bombonera - Buenos Aires): Argentina 1 - Inglaterra 1. En la antesala de la consagración del 78, el equipo de César Luis Menotti midió fuerzas en un ambiente sumamente hostil y físico. El gol argentino fue obra de Daniel Bertoni de tiro libre.* 1980 (Wembley - Londres): Inglaterra 3 - Argentina 1. Un partido recordado por una joya que no fue: un jovencísimo Diego Armando Maradona gambeteó a media defensa inglesa pero su definición se fue rozando el palo. Esa jugada, según el propio Diego, fue el ensayo general para su obra de arte seis años más tarde en el Azteca. El descuento nacional lo marcó Daniel Passarella de penal.* 1991 (Wembley - Londres): Inglaterra 2 - Argentina 2. Por la Copa Challenge, la Selección dirigida por Alfio Basile logró remontar una desventaja de dos goles en el templo de Wembley. Los cabezazos de Claudio García y Darío Franco firmaron una igualdad épica con sabor a victoria.* 2000 (Wembley - Londres): Inglaterra 0 - Argentina 0. Un choque táctico, áspero y de dientes apretados en el que la Argentina de Marcelo Bielsa plantó cara y dominó las acciones frente a la Inglaterra de Kevin Keegan. Fue el último partido de la Selección en el viejo estadio de Wembley antes de su demolición.* 2005 (Estadio de Ginebra - Suiza): Inglaterra 3 - Argentina 2. El último antecedente oficial de este clásico a nivel mayor. En un terreno neutral helvético, la Selección de José Pékerman ganaba con goles de Hernán Crespo y Walter Samuel. Sin embargo, en una ráfaga sobre el final del partido, Michael Owen amargó la noche argentina con un doblete letal de cabeza para sellar el triunfo inglés.</p><p>El Historial en Mundiales&nbsp;El historial mundialista entre argentinos e ingleses está marcado por la paridad, la épica, la polémica y el dolor. En total, se han visto las caras en 5 ocasiones en Copas del Mundo, con un saldo sumamente equilibrado:* Mundial 1962 (Chile - Fase de Grupos): Inglaterra 3 - Argentina 1.* Mundial 1966 (Inglaterra - Cuartos de Final): Inglaterra 1 - Argentina 0. El recordado y polémico partido de la expulsión de Antonio Rattín en Wembley.* Mundial 1986 (México - Cuartos de Final): Argentina 2 - Inglaterra 1. La tarde eterna de Diego Armando Maradona, el gol del siglo y la “Mano de Dios”.* Mundial 1998 (Francia - Octavos de Final): Argentina 2 - Inglaterra 2. Clasificación argentina por penales (4-3) tras un cruce eléctrico recordado por el golazo de Michael Owen y la expulsión de David Beckham.* Mundial 2002 (Corea-Japón - Fase de Grupos): Inglaterra 1 - Argentina 0. Victoria inglesa con un penal ejecutado por Beckham que heriría de muerte el mundial dirigido por Marcelo Bielsa.</p><p>El espinoso camino de los “Tres Leones” en 2026Bajo la estricta conducción del DT alemán Thomas Tuchel (quien asumió el cargo con la pesada misión de romper una sequía de sesenta años), Inglaterra ha transitado este torneo caminando sobre una delgada línea entre la jerarquía individual y el vacío colectivo.</p><p>Su andar en la fase de grupos fue de mayor a menor: debutaron con un contundente 4-2 sobre Croacia en Dallas, empataron sin goles en un pálido encuentro ante Ghana y cerraron la zona venciendo 2-0 a Panamá.</p><p>En la fase de eliminación directa, el libreto se tornó dramático. En la ronda de 16vos se deshicieron de la República Democrática del Congo con un ajustado 2-1. Luego, debieron batallar en la altura del Estadio Azteca para vencer a México por 3-2 en octavos de final. Pero su verdadera prueba de carácter ocurrió en los cuartos de final ante la durísima Noruega de Erling Haaland. Tras empezar perdiendo, un doblete salvador de Jude Bellingham (el segundo en la prórroga) selló el angustioso 2-1 definitivo.</p><p>Pese a la clasificación, el propio Tuchel fue categórico: “Nos complicamos la vida solos. El resultado es fantástico, pero no estoy contento con el rendimiento. Tuvimos suerte”.</p><p>Puntos fuertes: Estrellas de élite y el estilo de juego de Tuchel* Jerarquía en las áreas: Inglaterra cuenta con futbolistas capaces de resolver un partido sin necesidad de jugar bien. La sola presencia de sus atacantes exige un severo nivel de atención de las defensas contrarias.* El estilo de juego del DT: Tuchel ha dotado al equipo de una estructura pragmática, capaz de alternar momentos de posesión con transiciones veloces al estilo vertiginoso de la Premier League.</p><p>Puntos débiles: Ausencias de figuras y problemas ante la presión* Dudas en la salida y retroceso: El conjunto inglés ha sufrido horrores cuando los rivales le proponen una presión alta. Les cuesta generar juego limpio desde el fondo y suelen partirse en el mediocampo.* Polémica por las ausencias: Las llamativas decisiones de Tuchel de dejar fuera de la lista final a figuras de la talla de Phil Foden y Cole Palmer siguen siendo un foco de tensión y debate en el entorno británico.</p><p>Las figuras que vigilar con lupa* Jude Bellingham: El alma del equipo. Con 22 años, el mediocampista del Real Madrid carga con el peso creativo y llega encendido tras su doblete ante Noruega y México. Registra 6 goles en el torneo y es el termómetro emocional de los ingleses.* Harry Kane: El infatigable capitán y goleador histórico. Al igual que Bellingham, suma 6 gritos en esta Copa del Mundo. Es el eje del ataque, dada su capacidad para retrasarse y generar espacios.* Declan Rice: El equilibrio absoluto. El volante del Arsenal es el encargado de dar balance táctico, morder en la recuperación y tapar los baches defensivos.* Jordan Pickford: Historia pura bajo los tres palos. En el último partido se convirtió en el arquero inglés con más presencias mundialistas (18 partidos), superando al legendario Peter Shilton. Es un guardameta temperamental y sumamente sólido en las citas límite.</p><p>La batalla táctica: Quitar el freno de manoNo debemos esperar una Inglaterra mezquina que se abroquele atrás como Cabo Verde o la Suiza de Yakin. Tuchel buscará disputar el protagonismo, pero su principal preocupación radica en la consistencia defensiva. Intentarán tapar los carriles interiores de la Scaloneta y exprimir las espaldas de nuestros laterales con la velocidad de Bukayo Saka y Marcus Rashford.&nbsp;Para la Argentina, este partido representa el examen de madurez definitivo. Si contra Suiza y Egipto pagamos caro las desatenciones defensivas en transiciones aisladas, ante la jerarquía de Bellingham o Kane esas licencias significarán la eliminación directa. La Selección necesitará recuperar la frescura del traslado, evitar el ritmo cansino que por momentos nos adormece y, por sobre todas las cosas, mantener la templanza en un desarrollo de altísima tensión física y psicológica.&nbsp;El partido está abierto. Noventa minutos (o tal vez más) separan a nuestra selección de otra final histórica. El desafío ya no es solo resistir o proponer; el desafío es vencer a un coloso que, aun herido en su juego, conserva intacta el poder de su rugido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/trJQKDYLL1rioFIaQjET6Gn-iOo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/garasino_mundial_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El fútbol, ese indescifrable laboratorio de emociones, nos ha traído hasta aquí. Después del agónico y milagroso desenlace contra Egipto y de haber sorteado con el pulso al límite el pragmatismo del muro helvético en Kansas City, la Selección Argentina se encuentra a las puertas de la gloria absoluta.]]>
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