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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-05-09T17:30:08+00:00</updated>
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            Aquellos tiempos de esquila
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/K35h7AHTaFWlLpskORbtzIlXtkA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>—Bueno, si ustedes quieren gurises, mal no me vienen. Vengan por aquí veremos que pueden hacerCruzamos el patio donde había una división de palo a pique donde había un hombre con una oveja maneada entre las piernas, que en realidad eran varios y cada uno esquilaba moviendo las hojas de una tijera con rapidez. A un costado había un cuadrante de madera, de donde pendían con las bocas abiertas, largas bolsas, donde un criollo desde arriba de un cajón, echaba vellones de lana de la que estaban esquilando. Desde el fondo de las bolsas al suelo, había dos cuartas. Cuando llegamos allí nos preguntó el tío Cipriano ——¿Qué tal son ustedes para pisar lana?—Y más o menos. Nunca lo hicimos, dijo mi hermano mayor. Yo me quedé callado—Bueno muchachos. A sacarse las alpargatas y arremangarse los pantalones, porque hay que pisar descalzos.Nos sacamos las alpargatas con la alegría de poder hacer un trabajo “de grandes” y nos trepamos a la empalizada y nos metimos cada uno en una bolsa. Nos taparon las bolsas y empezamos a pisar lana, a medida que el hombre de arriba del cajón largaba los vellones que iba recibiendo en la boca de las bolsas.Oí que entre risas los esquiladores preguntaban— ¿Y los puebleros adonde fueron?—Parece que los han embolsado, contestó otro entre carcajadas.Cada tanto sentíamos que uno gritaba&nbsp;—¡Vellón y lata!&nbsp;Cuando los vellones ocupaban la mitad o más de las bolsas y asomamos la cabeza, nos miramos con mi hermano sonrientes y contentos, a pesar del cansancio demoledor.—Sacaron la cabeza los charabones. También fue festejado. Nosotros nos dedicamos a la tarea encargada, sin hacer caso a las bromas.Había peones de todo pelaje entre los esquiladores, pero ninguno tan joven como nosotros, y nuestro aspecto de puebleros no había caído bien.Un vientito impregnaba de olor a carne asada nos hizo comprender que ya estábamos cerca del mediodía. Mientras tanto ya habíamos cambiado varias bolsas de lana repletas y duras por las vacías.Dos peones musculosos les cosían la boca y las apilaban para luego llevarlas al galpón. Nosotros teníamos los pies y las piernas llenas de grasa de la lana gorda y además, me dolían los tobillos. Tocaron una campanada y la gente dejó de esquilar. Entonces nos dirigimos para donde habíamos dejado los aperos. Guardamos las alpargatas así arremangados, caminamos hacia los asadores. Mi hermano cortó una tira de carne de vacío. Yo me le prendí a un matambre que le chorreaba la grasa de gordo. Nos apartamos del grupo hacia la sombra de los eucaliptus. Comimos carne con galleta hasta tener que aflojar el cinto.Después me acerqué a un fogón y pregunté si podíamos ocupar el agua de una pava que estaba en las brasas. “Agarren lo que gusten” dijo un hombre joven que tenía en la cara una cicatriz en forma de arco.Toda la tarde pisamos lana. Por la noche caímos rendidos en la cama con la familia. Nosotros queríamos quedar con los peones, pero el tío Cipriano no nos dejó. —No gurises. Se sacaron el gusto de trabajar igual que los peones y por lo que me contaron, lo hicieron muy bien. Así que van a cobrar también igual que ellos.Al día siguiente nos pusimos de nuevo al lado de las bolsas vacías. Comenzó el ruido de las tijeras de esquilar y ya al rato comenzaron a traer los vellones uno tras otros y nosotros a pisar. Después vimos que a cada oveja esquilada le entregaban al esquilador una lata en forma de moneda. Yo pensaba ¿nos dará algo el tío Cipriano, que en realidad no era tío nuestro, sino de mamá. Pero como ella le llamaba tío, nosotros también.Pasaron varios días de ruda tarea. Ya el paisanaje se había acostumbrado a vernos trabajar sin meternos con nadie y sin ningún privilegio y optaron por respetarnos.Tal vez pensaron que aprovecharíamos el ser huéspedes allí, pero vieron que no.En la estancia había cientos de vacas y lindas manadas, aunque poca majada.Por eso terminamos rápido con la esquila. Los esquiladores abandonaron la estancia y solo quedaron el dueño, la peonada fija, los hijos y nosotrosEnsillaron caballos para nosotros y nuestra primera salida fue hasta el boliche del pago. Solo estaba a una legua de la estancia. Llegamos de un galope y dejamos los caballos en la sombra de unos algarrobos. Era una casa de material con techo de paja. Al frente tenía un largo enrejado, con un mostrador para el lado de adentro. Nadie entraba al negocio, porque lo que compraban se lo alcanzaban al cliente por entre las rejas. Nosotros compramos cigarros marca “Bandera” ¿Vamos a tomar un vino? Le dije a mi hermano. Pedimos los dos vasos de vino que sacó de una damajuana, pedimos salame y queso picado y allí nos quedamos mirando las cosas. El negocio era grande y tenía de todo. Desde géneros de toda clase y color, velas, faroles, mechas para faroles, tubos para lámparas y mechas no faltaban. También tenían cartuchos de todo calibre, monturas, cojinillos, estribos, cabezales y cabestros. Pero nada de esas cosas nos hacían falta.&nbsp;Lo que sí compramos fue una faja para cada uno. Vimos que a ningún peón le faltaba una.El sol iba haciendo sombra sobre el monte altoEmpezaron a llegar hombres barbudos, vestidos de guardamontes y botas. Todos los que llegaban saludaban de esta forma “Guaaaas tarde”Luego se echaban sobre las rejas, compraban cigarros y bebían caña. Nos miraban como forasteros, aunque entre ellos no se hablaban. Todo transcurría allí en silencio y solo los que atendían cambiaban palabrasAntes de entrarse el sol salimos al trote en dirección a la estancia.¿Viste cómo nos miraban como a bicho raro? Me dijo mi hermano, mientras íbamos rumbeando el camino de vuelta. “Son hijos del monte y por lo tanto ariscos”Pero seguramente que ahora se estarían preguntando quienes seriamos&nbsp;Al día siguiente, el canto de los pájaros nos anunció un amanecer entre rojo y lila. Va a hacer calor penséNos arrimamos a un rancho largo que hacía de cocina. En el medio estaba un fogón rodeado por una yanta de carro. Nos sentamos y nos alcanzaron dos jarros de leche de medio litro y cuatro galletas. Sin sentir nos bebimos la leche y nos comimos las galletas. Ya éramos uno de ellos.Lindos tiempos aquellos...</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/K35h7AHTaFWlLpskORbtzIlXtkA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Con mi hermano, no queríamos que nos trataran distinto por ser sobrinos del patrón, don Cipriano a quien le habíamos pedido algo para hacer. Veíamos que toda la gente andaba ocupada, mientras nosotros jugábamos con los perros. Es cierto que de las tareas del campo no era gran cosa lo que sabíamos hacer, me refiero a los oficios, pero, en definitiva, con voluntad todo se aprende.]]>
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                <updated>2026-05-09T17:30:08+00:00</updated>
                <published>2026-05-09T17:30:00+00:00</published>
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            El catador de vinos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Kyk3_wtH7pps8aMIyeqoifsezSQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esto que voy a contar, ocurrió de verdad con un catador de vinosEn una de esas tantas reuniones que realizan amigos y conocidos, habían invitado a un conocido catador qué, además, tenía una sólida cultura general y esa asombrosa cualidad de poder identificar la denominación de un vino, su origen y el año de cosecha.El dueño de casa había preparado todo para una gran cena: la plata resplandecía, tres copas de cristal completaban cada cubierto, y un aroma a carne asada que venía de la cocina, hacía agua la boca.Como yo me cuento entre quienes disfrutamos de un buen vino, así también confieso mi ignorancia sobre estos temas, aunque me gusta escuchar a quienes saben.Por esa razón, siendo incapaz de recordar los tipos de vino que mencionó, le pedí que por favor me los repitiera el narrador, porque es una buena historia, que vale la pena escribir y tomé apuntes de ellos.El dueño de casa se esforzaba por pasar por ser un hombre culto, y coleccionaba cuadros, libros y discos. Pero no lo era, a mi juicio.No hago una crítica de él, porque no sería justo hacerlo, ya que se trataba de una buena persona. Solo que procuraba no desentonar con el ambiente en el que desenvolvía su vida. Hecha esta aclaración diré que trajo a la mesa un vino Riesling “Geieslay Chligberg 1971” y dijo —Este es un excelente vino de entrada. Proviene de un pueblito llamado Geierslay del valle del Mosela. Casi desconocido fuera de Alemania.Se hicieron algunos comentarios sobre el vino, que no vale la pena transcribir aquí, por no ser el objeto de esta nota.Hasta que llegó el momento que todos esperaban y le trajeron al catador, cuyo apellido era Laporta para que hiciera su apreciación sobre el burdeos.Este se encontraba presentado en un cesto de mimbre con su etiqueta para abajo, para que no fuera visible ningún dato ni referencia.—Así que entonces proviene de un pequeño viñedo, dijo LaportaLa contestación fue, que, en efecto, así era—Por lo menos será de un buen año, verdad?—Si, eso se lo garantizo, dijo el anfitrión.—Entonces no será tan difícil.—Podemos apostar que sí.—Acepto apostar entonces, dijo Laporta—Muy bien. La apuesta, como siempre será una caja de este vino contra U$A &nbsp;500 de usted.El dueño de casa se sentía seguro, porque se puede determinar los datos cuando se trata de una gran cepa, como un Lafite o un Latour, con seguridad, o puede determinar su “terroir”. Puede también determinar la región de origen, podrá decir que es un Saint Emilión, un Pomerol, un Graves o un Médoc.Pero cada una de estas regiones tienen varios municipios y cada municipio tiene una gran cantidad de viñedos.No puede acertar, y si acierta lo que me maravillaría, solo le &nbsp;costaría una caja de ese vino, del que tenía varias.A continuación, sirvió un poco de vino en su propia copa y seguidamente llenó las copas de todos los participantes.Ahora, todos miraban a LaportaEl hombre representaba unos cincuenta años, de cara regordeta y una boca carnosa y húmeda bastante desagradable.Levantó la copa, metió la nariz dentro y aspiró su aroma muy concentrado en eso, como filtrando y analizando el mensaje del vino, lo que duró un tiempo excesivo, luego sorbió la mitad de la copa. Con la boca llena de líquido, paladeó el primer sorbo y dejó pasar algo, pero conservó en la boca una importante cantidad de vino. Contuvo la respiración y expulsó el aire por la nariz.El espectáculo era impactante y solemne y dijo. —Si, es un vino interesante. Grato al paladar. Normalmente diría, sin esperar más el nombre de un viñedo. Pero quiero tener una caja de él. Así que debo ser prudente…Por lo pronto, voy a empezar a eliminar. En primer lugar ¿De qué región de Burdeos se trata? Bien, eso es bastante fácil. Este vino no tiene cuerpo como para ser Saint Emilión o un Graves. Es un Médoc. Ahora ¿A que municipio pertenece? Tampoco es difícil ¿Un Margaux? No lo es. Tampoco un Pauillac. Tiene una sospecha de tanino en el regusto, solo una sospecha. Tiene esa cualidad reconfortante y femenina del Saint Julien. Es un Saint Julien. Ahora arribamos a un punto delicado. Estoy procurando identificar la clase de cepa. Este vino no es de una primera cepa, tampoco de una segunda. Tiene potencia, es entonces una tercera cepa de un buen año, como nos adelantó nuestro anfitrión. Bueno, ¿Cuáles son los viñedos de tercera cepa del municipio de Saint Julien? ¡Ya lo tengo!!! Es un chateau- branaire- ducru . En cuanto al año, es 1964.—¿Quiere repetir el nombre? Dijo el dueño de casa—Chateau- branaire- ducru. Un bonito viñedo, con un viejo castillo, con un puentecito, ahora cegado por la arena, donde no pueden entrar más los barcos.—Por favor, muestre la etiqueta. Sabía que había ganado. La caja del precioso vino era suya ante el estupor de todos.Así me lo contaron. Yo solamente lo repito con los datos que anoté. Una linda historia que merecía ser reconstruida. ¿Interesante verdad? &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Kyk3_wtH7pps8aMIyeqoifsezSQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Me lo contaron cómo cierto ¿Y porque no habría de serlo? Hay gente con habilidades insospechadas, casi milagrosas. Bástenos recordar por ejemplo a René Lavand, que había perdido un brazo, pero con el otro desarrolló una habilidad fantástica con cualquier mazo de barajas, tanto en la manera de entreverarlas, como en juegos de ilusionismo que asombran por su destreza y originalidad.]]>
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                <updated>2026-05-02T19:30:05+00:00</updated>
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            Cómo se fue poblando nuestra región
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/I-3LcOHkQjs68ENd1t9AOvlbykc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/garayalde_magazine.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Sin embargo, no habiendo autoridades cercanas y considerando la falta de control existente, el Cabildo de Yapeyú sustituyó a los jesuitas, usando los derechos de estos para regularizar la ocupación de las tierras por los habitantes de la campaña que la ocupaban de hecho, otorgando concesiones de tierras y permisos de ocupación, hasta donde se entendía como límite de la jurisdicción yapeyuana , el Arroyo Grande o del Pedernal establecido por la costumbre.Las autoridades oficiales solamente manifestaron su presencia en el siglo XIX y en cuanto a la Junta de Temporalidades, solo intervino con unos pocos interesados en lo que fueron las propiedades jesuiticas.Los que deseaban adquirir la posesión y uso de las tierras, recurrían al Cabildo de Yapeyú. O sea que el Cabildo, ante la falta de autoridades superiores, sustituyó a los jesuitas en la regularización de la ocupación de los campos que les habían pertenecido.Esos permisos que otorgó el Cabildo yapeyuano a fines del siglo XVIII al Sur del Mocoretá fueron otrogados, por ejemplo: a Bernardo Acevedo sobre el arroyo Tatutí; Santiago Miño, ubicado entre los arroyos Torres y Tatutí: Domingo y Silvestre Miño, quienes se establecieron sobre el Mocoretá.Según el Archivo de Entre Ríos, a todos estos se les concedió autorización con fecha 30 de junio de 1800.Así también y en las mismas condiciones, le fue concedida la posesión y uso de un campo en la costa del arroyo Toledo, al cura Fray Mariano José del Castillo, cura franciscano que años después sería Párroco de Mandisoví y luego el primer Cura de Concordia.“Al Sur del Mandisoví Grande, y a poca distancia de la barra del Uruguay, los jesuitas de Yapeyú construyeron las poblaciones de su estancia y Capilla denominada “La Concepción”. Fue sobre el caserío que aún existía en 1810, alrrededor de esta Capilla que fundó el General Belgrano el pueblo de Mandisoví, que subsistió hasta que fundada &nbsp;la ciudad de Federación, se despobló completamente” nos informa César Blas Pérez Colman.El campo era en el que estuvo la estancia, que se denominará posteriormente “Pueblo Viejo de Mandisoví” y que fue adquirido al promediar el siglo XIX, por el coronel Santiago Artigas, Jefe de la Division Concordia del Ejército entrerriano.Más al Sur, en el sitio denominado “Rincón del Salto” situado entre los arroyos Ayuí Grande y Yuquerí Grande, fue poblado por las familias indígenas, con la posesión y uso otorgado por el Cabildo de Yapeyú.Era jefe de estas familias indígenas en 1810, el cacique Domingo Manduré.&nbsp;Los sucesos ocurridos en nuestra provincia y particularmente en nuestra zona desde 1811 con el arribo del General Artigas conduciendo al Pueblo Oriental, dio lugar a que muchos indios acaudillados por Manduré, formaron una compañía de indios de Salto Chico, que sirvió a las órdenes de don José Artigas y Francisco Ramírez.&nbsp;Las taperas de donde vivía el cacique Mandure fueron localizadas por el agrimensor que hizo la prospección para la fundación de Concordia. Los ranchos de Manduré estaban ubicados al Este del Yuquerí donde todavía existía un monte de tunas e higueras.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/I-3LcOHkQjs68ENd1t9AOvlbykc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/garayalde_magazine.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El poblamiento de nuestra región, al Sur del río Mocoretá, que perteneciera a la Compañía de Jesús hasta su expulsión en 1767 por el rey Carlos III, y la consiguiente confiscación de sus posesiones, comenzó a producirse gradualmente por las familias indígenas y criollas que fueron ocupando los campos con buenas aguadas y pastos, donde fueron acopiando ganados cimarrones regularizando su explotación
Quienes estaban a cargo del otorgamiento de permisos de ocupación de esas tierras, eran el Cabildo de Yapeyú, el Virrey y la Junta de Temporalidades de Santa Fe, ya que pasaron a ser tierras realengas y el ganado se hizo silvestre.]]>
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                <updated>2026-04-25T18:30:04+00:00</updated>
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            La batalla de Arroyo Grande, a pocos kilómetros de Concordia (6 de diciembre de 1842)
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-OeXawGIP1zk8fpyYZMfBLFIzIA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Pero antes de relatar los detalles de esta batalla, creo necesario referirme a un detalle de gran influencia en este suceso.Adolfo Saldías cuenta una anécdota, oída de Antonino Reyes, quien fuera edecán del Gobernador de Buenos Aires.“Juan M. de Rosas lo llamó a Reyes y le dijo “Dentro de poco vendrá Mr. Mandeville; usted entrará a darme cuenta del ejército de Vanguardia y al ver al Ministro inglés se detendrá indeciso y seguirá mis instrucciones. Así lo hizo Reyes-Hable usted- dijo Rosas- Estamos ante el representante de un país amigo--Era sobre las caballadas que debíamos pasar al general Oribe.-¿Qué pasó con esas caballadas?- inquiere Rosas-Que se han “resabiado” dos veces Su Excelencia costando mucho más tiempo y trabajo de lo que creíamos--Estos inconvenientes cambian los planes del Presidente de los Orientales-dijo Rosas con cara de preocupaciónEl Ministro inglés permanecía atento a lo que allí se decía, aunque con expresión indiferente.-La posición del Presidente Oribe se hará ahora muy difícil- -¡Tiene suerte el “pardejón” Rivera! Hemos dejado sin caballadas al general Oribe ¿Qué hará ahora?-Sigue marchando sobre Rivera- expresó el edecán, pero en jornadas lentas, por no demorar las operaciones- Sigue esperando esos recursos-Salió de la reunión el Ministro inglés con rumbo a la legaciónUn rato después, el capitán del Puerto dio aviso a Rosas qué desde la escuadra inglesa, surta en la rada, se desprendía una ballenera en dirección a la Colonia.Se confirmaba entonces lo que había previsto Rosas. Entonces su excelencia soltó una estruendosa carcajada: -El muy pícaro mordió el anzuelo-Rosas sabía que los ingleses informarían a Rivera de esa falsa situación, motivada por la imposibilidad de lograr que Rivera presentara batalla.El 1° de diciembre de 1842, Rivera concentró sus fuerzas sobre las puntas del Arroyo Grande, tributario del río Uruguay en Entre Ríos, al sudoeste de Concordia, convencido de la superioridad de su caballería, de acuerdo a la información que le suministraron los inglesesEstaba integrado por orientales, correntinos y santafesinos.Unos 7.500 hombres que los componían 5.500 jinetes y 2.000 infantes con 16 piezas de artillería (14 cañones y dos obuses) El Jefe de Estado Mayor era el coronel Elías GalvánOribe por su parte reunía 9.000 hombres (2.500 infantes, porteños en su mayoría 6.500 jinetes porteños y entrerrianos y 18 piezas de artillería.De esos, unos 1.000 eran orientales. La caballería de Oribe era superior y su infantería era también superior que la de Rivera. El Jefe del Estado Mayor era Francisco Lasala, sobrino de Oribe. Remplazó al coronel Eugenio Garzón quien no participó por desacuerdos con Oribe.Rivera estaba preparado para una considerable espera, habiendo elegido un campo descubierto, pensando que allí podría maniobrar mejor con su caballería, cuando le avisaron que Oribe y sus ejercito estaba a una hora de marcha del campamento unitario.“¡No puede ser!!! Exclamó Rivera. Oribe recién debería estar pasando el Gualeguay, reorganizándose, reuniendo lo que quede disperso y moralizar si es posible a la gauchada de Urquiza”Sin embargo, el Jefe del Ejército de la Confederación había hecho el tramo hacia el norte de la provincia, como quien va a Concordia. El 5 de diciembre estaba situado a unos 10 kilómetros de las puntas del Arroyo Grande, a la vista de Rivera.El ejército de Oribe era, en su mayor parte de tropas regulares. Sujetos a una rigurosa disciplina y con oficiales inteligentes.Por su parte el de Rivera no tenía organización militar, ni disciplina, ni ninguna de aquellas cosas elementales que constituyen la fuerza de un ejército, excepto la voluntad y el valor. Era una masa heterogénea sin enlace mutuo y sin armonía en el conjunto.Las fuerzas de la Confederación tomaron posiciones frente a los colorados (unitarios uruguayos) que estaban también integrados por orientales y argentinos “las tropas de la Confederación especialmente de Buenos Aires y Entre Ríos era ligeramente superior en número a las tropas de Rivera) dice Efraím QuesadaEL COMBATE En la madrugada del 6 de diciembre de 1842, se enfrentaron los dos ejércitos. A las 9 de la mañana, las caballerías de ambos ejércitos se movieron en rápidas embestidas. Mientras Rivera se encontraba a caballo sobre un montículo un poco a la derecha, desde donde se podía contemplar todo el campo de batalla.Las tropas de Oribe se desplegaron en combate “La infantería y la artillería mandado por el general Ángel Pacheco; la derecha con fuerzas de caballería de Urquiza, a la que se agregó la columna “flanqueadora” de Ignacio Oribe; a la izquierda, tropas de caballería a las órdenes del general José María Flores y al extremo izquierdo, otra “flanqueadora” magníficamente montada. Además.Otra caballería de reserva”. El batallón riverista de José Gregorio Suarez (Goyo Jeta) fue prácticamente diezmada con lazos y boleadoras; con el resto bajó a toda prisa las barrancas del Uruguay. Poco antes, una montonera correntina había perseguido al coronel Luna, quien, sintiendo a sus espaldas el apremio de los federales, solo atinó para “zafarse”, desprenderse un cinto lleno de onzas de oro que tenía. Lo abrió y las fue dejando caer para entretenerlos y ponerse a salvo y llegar hasta el río.El mismo Fructuoso Rivera se vio en un gran aprieto. Estaba totalmente rodeado y no sabía cómo ponerse a salvo, cuando surgió el santafesino Juan Pablo López, abriendo una brecha por la que pudo escapar el caudillo oriental.“Empeñada la batalla escribe en sus Memorias el general Donato Álvarez- llegó un momento emocionante y fue aquel en el que el general Servando Gómez, cedió conmovido por el empuje de las cargas formidables que le llevó la caballería enemiga mandada por el bravo general Anacleto Medina. Al encuentro de este y para contenerlo, el general Urquiza lanzó parte de la caballería entrerriana, que cargó briosamente a fondo con feliz suceso. Me encontraba en ese momento a pocos pasos del general Urquiza e intercedía porque no se ultimara a un soldado enemigo a quien creía rendido, cuando este en un descuido mío, revolviose dándome una lanzada!”La infantería de Rivera quedó casi toda prisionera o muerta. Las infanterías de Buenos Aires y la Oriental comenzaron la victoria y las caballerías porteñas, entrerrianas y oriental precipitaron el desastre.Poco antes del mediodía, Urquiza informó a su hermano “A esta hora (11.30) hemos concluido completamente con el ejército del “pardejón” Rivera; la victoria ha sido esplendida, completa” Media hora después, Oribe daba cuenta a Rosas en su parte, de que el Ejército Aliado de Operaciones de Vanguardia, había logrado el más completo triunfo, sobre los salvajes unitarios.</p><p>LA HUIDAEn cuanto se produjeron los primeros encontronazos, Rivera previó la derrota y según documenta el Archivo de Entre Ríos se escabulló hacia el Saladero de Domingo Duarte Manzores, de donde extrajo cueros para armar “pelotas” y vadear el rio Uruguay. Anticipando su paso, hizo arriar ganado arrebatado en las estancias entrerrianas. Rivera- consigna Díaz- temía más el riesgo de su vida, que la tremenda responsabilidad de la de los soldados puestos a su cargo; y se separó de su ejército cuando todavía estaba indecisa la victoria, dejando en el campo de batalla masas enteras, que con menos cobardía, alguna serenidad y algunas ideas estratégicas, hubiera podido salvar o impedir cuanto menos, que fueran impunemente acuchillados, y haciéndose seguir de una docena de oficiales y soldados, pasó el mismo día el Uruguay por el punto del Naranjal.Desde el Salto se había oído claramente el cañoneo. Los vecinos salteños se preguntaban cuál sería el resultado de la batalla, cuando vieron llegar a grupos de gente armada a la costa de Entre Ríos y pasar enseguida en botes y “pelotas” a la costa uruguaya“¿Saquearán el pueblo?” se preguntaban los vecinos con preocupación.Mas el general Rivera, sentado en una silla en la costa del río, daba instrucciones a sus oficiales, dándoles ordenes, sobre todo, de respetar al vecindario” Luego abandonó el Salto con unos 400 hombres.Al llegar la noche, Urquiza quedó a descansar en la estancia de Juan Campbell sobre el arroyo Yeruá, donde fue informado qué en represalia, los unitarios habían incendiado el Salto. Urquiza vio las llamas de los ranchos y las casa desde Concordia“Destacaré un batallón en auxilio del vecindario” y lo hace inmediatamente “No te puedes imaginar- comentaba Urquiza- el placer que tuve al ver a mis entrerrianos, atravesar el majestuoso Uruguay, en veintidós minutos con el sable a la dragona y a la espalda la lanza”Mientras tanto, en el sitio de la batalla, por orden del general Manuel Oribe fueron ajusticiados por degüello todos los oficiales unitarios en la costa de un arroyito y hasta cabos y sargentos, dicen algunos. Los soldados rendidos fueron incorporados a sus tropas.Pasaron más de 50 años de esa gran batalla en un sitio en ese tiempo despoblado, hasta que arribaron los colonos inmigrantes suizos-franceses y rusos-judíos quienes se dedicaron a la explotación agropecuariaAlgunos comenzaron a arar la tierra para sus cultivos y pero también a encontrar restos humanos, especialmente a orillas de un arroyito que no tenía denominación.Pasando el “Arroyo Grande”, hay una flecha que indica el lugar de la batalla, donde hay un monolito en recordación. Luego hay un arroyito llamado “Calaveras”, que es donde quedaron los cuerpos insepultos de la batalla y los ajusticiados. El viento y el polvo de los años los fue cubriendo piadosamente, el sol y la lluvia también hicieron su parte.&nbsp;La batalla se libró, desde el Arroyo Grande, hasta la “Cañada Casafus”, que ahora, ha quedado dentro de la localidad de San Salvador.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-OeXawGIP1zk8fpyYZMfBLFIzIA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El combate de Arroyo Grande fue una de las batallas más grandes de las guerras civiles-  argentino-uruguayas.]]>
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                <updated>2026-04-18T23:30:05+00:00</updated>
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            Los asesinatos de 1870 en Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2UEG49DlBPWdITCphlJQd7PL-Po=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_garayalde_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>A su vez en Concordia, debían ser asesinados sus dos hijos: el coronel Justo Carmelo de Urquiza Sambrana, con ese grado militar fue Jefe del Regimiento Escolta, y se desempeñaba como Jefe Político de Concordia (hoy Intendente) y Waldino de Urquiza Calvento, Comandante de Milicias (Jefe de Policía) que era medio hermano de Justo Carmelo. El plan se fue desarrollando de acuerdo a lo previsto por los complotados.Si bien estos hechos han sido relatados muchas veces en distintas versiones, (incluso yo mismo lo he hecho) es bueno recordarlos en este nuevo aniversario, en una versión más actualizada y por un testigo contemporáneo de los sucesos.</p><p>Coronel Waldino de Urquiza (foto 2)</p><p>Tomaré en este caso, no la versión más conocida y difundida de don Antonio P. Castro, el que a su vez la recogió de don Wenceslao Gadea, sino la del periodista don Fernando Gabino Méndez, quien fue involuntario testigo de uno de ellos y que después de los sucesos de esa noche, se exilió en el Uruguay.&nbsp;Dice don Fernando Méndez que el general Urquiza había encontrado su continuador en Justo Carmelo por su buen juicio y por haber logrado hacerse respetar, sin necesidad de emplear violencia, gozando de general estima en la sociedad de entonces. Era una figura política con proyecciones y su nombre se mencionaba como futuro gobernador de la provincia.Era este un hombre de buen carácter y por gozar una reputación de ser muy honrado.&nbsp;El coronel Federico Aberasturi era un emigrado viviendo muy pobremente en Concordia (oriental y uno de los ilustres defensores y sobrevivientes de Paysandú durante el bombardeo, posterior ataque y crueldades cometidas por los brasileros sitiadores de la ciudad)Justo Carmelo se constituyó en protector de Aberasturi y le instaló el hotel que tenía por nombre “La Provincia” para que se fuera defendiendo, pero que en ese tiempo era el mejor hotel de la ciudad, protegiéndolo sin reservas. Y allí, en esa casa, colindante con lo que fuera el diario “El Litoral” en la calle Entre Ríos (hoy playa de estacionamiento) se reunían a jugar a las cartas y “matear” Justo Carmelo de Urquiza y varios amigos.Dice don Fernando G. Méndez, testigo del arribo del coronel Justo Carmelo al local del hotel “Esa noche jugaba yo una partida de carambolas con un señor Jiménez, empleado de la aduana, siendo las 11 de la noche pasadas, cuando cruzó por la sala de billares Justo Carmelo de Urquiza, preguntándole a Aberasturi por los camaradas. −Allí lo están esperando. en el cuarto− le respondió Aberasturi.Y a esa habitación fue sin demora saludándolo Jiménez y yo atentamente al cruzar, para que, del referido cuarto lo sacaran muerto y que es la última pieza, en el fondo del segundo patio, a mano izquierda entrando por el zaguán.Mariano Querencio dirigía la “operación” y era el hombre que representaría aquí en esta zona de Entre Ríos los planes del general Ricardo López Jordán.Justo Carmelo se sentó en una cama que había en la pieza, sentándose a su derecha el mayor Herrera, que fuera sorteado para darle la primera puñalada. Y sin más trámite, le ladeó la mano y el brazo izquierdo se la dio en el pecho, sumiendo el puñal hasta el cabo, apuñalándolo luego los demás circunstantes.Esta relación me la hizo en Corrientes- en Paso de los Libres- el mayor Herrera, con el que tuviera yo relaciones personales casualmente.Después se sacó del hotel de Aberasturi el cadáver, hotel que se llamó desde ese día del “Mate amargo”, metido en una bañadera, llevándose por un carrito a la costa del Yuquerí, ocultándose en las proximidades de la picada “Pancho Rosa” apareciendo pasados varios meses comprobándose por las autoridades respectivas su identidad, al que se le diera sepultura en nuestra necrópolis.En cuanto a Waldino de Urquiza se desempeñaba como Comandante de Milicias con el grado militar de coronel, quien vivía en su propia casa, donde hoy está el Café Cristóbal, contiguo al cuartel.No era de buen carácter Waldino, sino más bien autoritario y corajudo, había combatido en Concepción del Uruguay rechazando la invasión de los generales Manuel Hornos y Juan Madariaga en la formidable jornada del 21 de noviembre de 1852. Combatió también junto a los orientales contra las tropas de Venancio Flores en las cercanías de Paysandú y era un decidido protector de los emigrados uruguayos, a quienes ayudaba de todas las formas, incluso de su propio bolsillo.Por las razones antes expuestas, era necesario entonces eliminarlo primero a Waldino, antes que, a Justo Carmelo, por ser mucho menos dócil que su medio hermano. Dice el Oficial Ayudante Ramón Leiva muchos años después “que fue sacado con engaños de su casa y llevado a la Comisaría de Ordenes. Era Comisario de Ordenes el mayor Burgueño; este era un oriental que después del hecho se incorporó a las fuerzas revolucionarias en el vecino país, mandadas por el general Timoteo Aparicio, donde ascenderá hasta el grado militar de coronel, y ser persona muy conocida y de significativa importancia entre los suyos.Waldino fue entregado a la madrugada montado y amordazado a un asesino de apellido Chamorro, asesino de mentas sanguinarias en las fronteras de la vecina provincia quién con dos sujetos correntinos, también asesinos bien probados recibiéndolo para matarlo. Lo montaron a caballo y lo llevaron de tiro. Lo bajaron en la calle A. del Valle (hoy de ese nombre) antes Santa Fe y frente a un tunal que formaba parte del cerco en la mitad de la cuadra.&nbsp;Estaba parado en la esquina norte recostado en un poste, Elías Díaz, platero de oficio quien presenció todo y al día siguiente, atemorizado por su suerte se refugió en el Salto, donde refirió todo lo que vio y donde se radicaría definitivamente con su oficio de platero. Waldino fue lanceado por Chamorro y sus compañeros, le pusieron unos maneadores en los tobillos y lo arrastraron por la mitad de la calle a la cincha, ocultándolo detrás de la puerta del cementerio (Viejo). El cadáver de Waldino, degollado y lanceado apareció al día siguiente, allí donde sus asesinos lo dejaron y donde posteriormente le dieron sepultura, su esposa, sus hijos y demás familiares sin ceremonia alguna, dada la situación.Hoy su tumba se encuentra en el cementerio de Concepción del Uruguay, con una lápida de mármol que dice&nbsp;“Coronel Waldino Urquiza, asesinado en Concordia el 11 de abril de 1870” &nbsp;&nbsp;Las cenizas de Justo Carmelo se encuentran en la Basílica de Concepción del Uruguay, en una urna detrás del órgano italiano de 220 tubos en el interior del templo”Estos son los hechos de esa noche trágica en una versión distinta a la más conocida de don Antonio P. Castro, donde se puede señalar a don Fernando G. Méndez como relator de primera mano de esos sucesos. El otro drama se había desarrollado más temprano en el Palacio San José, con el alevoso crimen del General Justo José de Urquiza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2UEG49DlBPWdITCphlJQd7PL-Po=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_garayalde_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>No caben dudas de que aquel 11 de abril de 1870 se puso en marcha un golpe de estado de grandes proporciones y que incluían la muerte de los más ilustres ciudadanos de nuestra provincia, comenzando por quien marcó un antes y un después en Entre Ríos y en la República, Don Justo José de Urquiza, Primer Presidente Constitucional Argentino, y uno de los tres Padres Fundadores de la Nación Argentina
Este sería asesinado en el Palacio San José, por una partida de 104 hombres, que había salido de la estancia “Arroyo Grande”, ubicada a 10 kilómetros de la actual San Salvador, propiedad del General Ricardo López Jordán.]]>
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                <updated>2026-04-11T19:30:01+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T19:30:00+00:00</published>
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            Farmacia Del Norte
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pzib_bW2QjRltmHcj54fBxUKPi4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/garayalde_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Don Jacobo Bilkis (Yaco para los amigos) se instaló con su farmacia en el local de la calle Vélez Sarsfield 517 &nbsp;el 17 de enero de 1957. Se recibió de farmacéutico en el Uruguay, en la Universidad de Montevideo en 1951. Ese mismo año revalidó el título en Santa Fe y con posterioridad se inició en su profesión en la ciudad de Mendoza compartiendo con dos colegas la propiedad de dos farmacias, aunque la experiencia fue absolutamente adversa a sus intereses y decidió no continuar.Sin embargo, sus amplios conocimientos profesionales lo acicatearon a persistir en su voluntad de dedicarse a la profesión que eligió y abrazó con juvenil entusiasmo y que mejor sitio para hacerlo que su ciudad de Concordia, la que lo vio nacer.Allí abrió entonces sus puertas la Farmacia del Norte que pasaría a ser un verdadero referente del barrio por su trato cortés que supo ganarse rápidamente el afecto y estima de sus vecinos.Conocí a Yaco en 1963 por razones comerciales, &nbsp;también a su señora, Zaida y con el correr del tiempo a sus hijos, Edgardo, Ruth y Horacio aunque mi vínculo lógicamente era con él por las razones expuestas, pero debo añadir que mis visitas se extendían en dilatadas charlas sobre los más variados temas, ya que siempre encontré en él a un interlocutor informado y culto transformando &nbsp;mi trabajo en un placentero paréntesis.Una vez me contaba que: cuando pudieron acceder a la corriente alternada en la farmacia, se apresuró a tener luces fluorescentes en abundancia e instaló un cartel luminoso al frente donde se destacaba una gran cruz verde, y recordaba que fue durante la campaña electoral donde resultó electo el Dr. Frondizi un atardecer de otoño se veía y sentía vuelos rasantes de una avioneta y un rato después una pareja se identificó como tripulantes del avión. Uno de los viajeros y por el fuerte viento se indispuso con náuseas &nbsp;y se acercaron a la farmacia en busca de un paliativo. Hablando con los viajeros se enteró que su destino era Chajarí, y entre las referencias que se les había dado era que cerca de la iglesia de Pompeya había una luz verde nítida y que orientándose por la aguja de la Pompeya y la luz de la cruz verde divisaría el campo del aeroclub donde podían descender. Y así lo hicieron y al poco rato de la compra del medicamento se volvió a sentir el sobrevuelo del avión.Poco tiempo después se produjo la gran inundación de 1959 y la creciente llegó por calle Urdinarrain al Parque Ferré y en una oportunidad cerca de un mediodía se presentaron algunas personas empapadas, aunque cubiertas con capas engomadas. Uno de ellos era manco, pues le faltaba el antebrazo. Solicitaron unas latas de leche para bebé marca Glaxo y relataron que vivían en el caserío formado en torno al frigorífico y que finalmente se decidieron a venir remando porque los bebitos no tenían alimento. Relataron que fue muy bravo sortear el cauce del Yuquerí que estaba hecho un verdadero torrente y ellos remaban esquivando troncos y animales muertos que traía la correntada.Conmovido por el relato de esa gente y por las peripecias corridas los reconfortó con café caliente para mitigar un poco el frio y la mojadura.Luego de un rato se fueron al centro a adquirir otras cosas . Mucho tiempo después los volvió a ver y conversando con ellos nunca hicieron alarde de esa verdadera hazaña de venirse remando desde all Lo que sí sabían era que la farmacia de Yaco era la más cercana.&nbsp;El local de la calle Vélez Sarsfield 517 le fue quedando chico y Yaco siempre tuvo el deseo de disponer de más espacio y también mejorar y modernizar su aspecto. Con buenas vidrieras y estanterías modernas adecuadas al local comercial al que apuntaba. Hacía ya un tiempo que venía en tratativas para la compra de un terreno que se ajustara a su propósito y que además quedaba a solo unos pocos metros de donde se inició y con el tiempo, construir allí también su vivienda hasta que finalmente pudo comprarlo con bastante esfuerzo, pero valió la pena, aunque mientras tanto vivían en una casa en la calle Pirovano 71 &nbsp;Fue así que en la esquina de Vélez Sarsfield &nbsp;y Perú, el 20 de mayo de 1961 abrió su nuevo local con todas las comodidades a las que aspiraba.Sin embargo, siguieron viviendo en Pirovano 71 ya que la casa vivienda todavía faltaba construir. Pero esa era otra etapa a cumplir. &nbsp;Hasta que luego de tanto empeño y esfuerzo, &nbsp;finalmente también pudieron cumplir con esa merecida aspiración.Creo que fue allí donde lo conocí, aunque yo pensaba que había sido en el viejo local, pero por las fechas que obtuve debió forzosamente ser en el nuevo.&nbsp;Aunque ya hoy en día en una tarea pasiva en la farmacia, y viéndolo bien, solo ha dejado de atender al público, el que está a cargo del matrimonio formado por Enrique y Marta Meza, (excelentes personas estas) pero también un poco por su fractura reciente y otro poco por sus 92 años que lo limitan en su desplazamiento, pero debo añadir también que lleva muy airosamente esta novena década de su vida.Me precio de que me haya distinguido con su amistad desde hace 56 años y aunque ya no represento a Bayer SA, sigo visitándolo periódicamente porque a ambos nos gusta recordar y contarnos sucedidos y debo decir que disfruto de su compañía. &nbsp; Aunque la realidad de nuestro país ocupa también buena parte de nuestras preocupaciones ya que hemos vivido lo suficiente como para juzgar con algún margen de certeza y con un escepticismo razonable cuanto sucede.Quisiera agregar el palpable reconocimiento de sus colegas a este decano de la profesión farmacéutica en la provincia y también el de sus clientes y vecinos.Recuerdo que cuando se retiró de su vida activa se publicó una muy linda y merecida nota del Sindicato de Obreros Panaderos de Concordia agradeciéndole las atenciones y buen trato bridadas a sus afiliados. Todo un ejemplo a seguir de un hombre honrado y solidario que es lo mejor que se puede decir de un profesional.El día 17 de septiembre de 2024 falleció mi buen amigo Yaco, aunque no he perdido el contacto, ya que ahora me comunico con su hijo Horacio que vive en La Plata, lugar donde también se había radicado este con su señora.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pzib_bW2QjRltmHcj54fBxUKPi4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/garayalde_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1859]]>
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            Farmacia Cruz Azul
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XHGpycY41sYfZxbg4iBLgy8vWHs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Farmacia Cruz Azul fue fundada por el Sr. Aldo Abraham Fraylejer en la calle Entre Ríos 485 el 12 de septiembre de 1940&nbsp;El Sr. Aldo Freylejer era el cuñado del Dr. León Vinacur quien recientemente había inaugurado el “Sanatorio Entre Ríos”, junto a los Dres. José Ravasio, Carlos M. Del Cerro, Orlando Raggio, Mario García Maciel &nbsp;y José Ramón Larocca entre otros.&nbsp;Invitado por su cuñado, que anoticiado de que el local de enfrente al Sanatorio de reciente inauguración quedaría desocupado, transmitió la novedad a su cuñado Aldo, interesándolo de tal circunstancia.El Sr. Aldo Freylejer, farmacéutico nacional recibido en la ciudad de Rosario, aunque él era porteño, &nbsp;se trasladó a Concordia con su esposa Raquel Vinacur para iniciar tratativas por el local con su propietario.&nbsp;Anteriormente en el sitio que luego sería la farmacia, durante muchos años funcionaron el Almacén de Fernando Oriol, excelente persona que tenía una acreditada clientela en ese sitio, que cambiaría de ramo para transformarse en farmacia.El local en realidad pertenecía al señor Roque Degracia, igual que el local contiguo donde estaba la acreditada firma Cartoccio &amp; Collazo que vendían productos hortícolas, como fertilizantes, herbicidas y algunos de uso veterinario. La familia Degracia vivía en una casa muy grande, enfrente a la Unión Israelita, Entre Ríos 479. &nbsp;Cabe señalar que los señores Cartoccio y Collazo que además eran también martilleros, profesión a la que se dedicarían más adelante, aunque en otro local&nbsp;El Sr. Freylejer denominó a su farmacia “La Cruz Azul” y la dirección correcta era Entre Ríos &nbsp;485 porque no llegaba a la esquina como en la actualidad &nbsp;La reforma se realizaría muchos años después. La Cruz Azul logró conservar, al menos en parte, la clientela del barrio ofreciéndoles cuentas corrientes y un buen surtido de perfumería de moda en ese tiempo. Era común que la gente comprara a crédito por la gran estabilidad monetaria y porque, además, tanto las distribuidoras de perfumería como los laboratorios y droguerías daban generoso plazos de pago a sus clientes. &nbsp;La farmacia era atendida por su propietario, Aldo Freylejer y por el señor Nardo Jachuk que fue siempre su mano derecha y la vecindad del sanatorio influyó de manera decisiva en su rápida prosperidad. Por esa razón debieron incorporar en 1942 al Sr. Camilo Torres para realizar los envíos a domicilio, el que gradualmente fue aprendiendo el arte, al principio las preparaciones farmacéuticas más sencillas de usos externo y luego que adquirió mayor competencia las que requerían mayor cuidado tanto en las proporciones, como en la utilización y preparado de cápsulas, sellos, comprimidos, jarabes, elixires y finalmente inyectables y el cierre de ampollas. Cabe señalar que todo se podía fabricar en las farmacias.&nbsp;Las etiquetas que llevaban los medicamentos daba constancia de la farmacia que lo preparó, el contenido en gramos y miligramos y también el solvente. Esto era importante porque el paciente podía de esa forma hacerlo preparar donde lo creyera conveniente.Decía antes que todo podía hacerse en la farmacia y este dato no es menor porque en 1939 estallo la que sería la Segunda Guerra Mundialo sea que la farmacia debía adaptarse a las dificultades en cuanto a proveerse de medicamentos que dejaron de llegar al país y remplazarlo por formulaciones que indicaban los médicos. &nbsp;&nbsp;No fue este un inconveniente para Farmacia La Cruz Azul, dada la competencia técnica de su personal y del mismo propietario.Por otra parte, la vecindad del “Sanatorio Entre Rios” contribuyó grandemente a facilitarles fórmulas que pudieran preparar o de lo contrario, tratar de conseguir las drogas que en general eran de origen extranjero y muchas de ellas se conseguían en el Uruguay.&nbsp;Debo añadir que la Farmacia Cruz Azul siempre se vio favorecida por la presencia, calle por medio de la institución sanatorial. En la década del 60 el Sanatorio Entre Rios fue adquirido por la Federación Gremial de la Carne que agrupaba a los empleados del Frigorífico Yuquerí y sus familiares, gremio con el cual el Sr. Freylejer tenía un convenio de exclusividad. Otra de sus particularidades fue la de mantener un vínculo muy fructífero con los sindicatos, tanto en Concordia como en Buenos Aires. Fue así que también se hizo cargo de la dirección técnica de la farmacia del Policlínico Ferroviario que atendía a los empleados del Ferrocarril General Urquiza y sus familiares.&nbsp;A fin de atender esa demanda, el Sr. Freylejer creó la Droguería del Litoral, aunque en la realidad no lo fuera, ya que no era un distribuidor, sino que se beneficiaba con un mejor precio como mayorista, lo que facilitaba su relación comercial con algunos sindicatos. A tal fin adquirió un sitio en la calle Sáenz Peña del 7 al 9 y sin proponérselo, por lo menos en ese momento, estaba creando las bases de la futura reforma. Esta se realizó entre 1967 y 68 dándole un matiz único en su tipo para un local de farmacia todo vidriado.&nbsp;En 1963 se había incorporado a la farmacia el Sr. Alfredo Sánchez, siendo muy joven aún, pero que prontamente demostró su capacidad de trabajo y su vocación de aprender, al principio en tareas menores y luego las de mayor responsabilidad.También se incorporó la señorita Lila Britez como cajera, tarea en la que se desempeñó muchísimos años, hasta su jubilación. Pero quien batió el record de permanencia fue el propio Alfredo Sánchez ya que finalmente se jubiló habiendo cumplido ¡53 años como empleado de la Cruz Azul!!! Un caso no muy frecuente. &nbsp;&nbsp;El Sr. Aldo Freylejer fue una persona que supo cultivar amistades y moverse con soltura en los ámbitos sociales que frecuentaba. Su amistad con el Dr. Edmundo Giorgio y el Sr. Orlando Andreola le facilitó un desempeño social de importancia donde supo granjearse muchos amigos de relevancia, especialmente por ser un asiduo concurrente al Jockey Club.Ya sin la presencia del Sr. Jachuk que se había jubilado, le tocó manejar su farmacia en épocas muy difíciles en varias circunstancias, pero ya entonces con el acompañamiento de Alfredo Sánchez como hombre de confianzaAldo Freylejer &nbsp;era un hombre de correr riesgos y lo hacía sin dudarlo y por lo general con éxito.Pero nuevos tiempos difíciles vinieron, no solo para las farmacias sino para toda actividad comercial en los 90 y allí si debió resignarse finalmente a tener que vender la farmacia. El comprador fue la firma Alberto Grand e hijo, aunque Aldo Freylejer se siguió desempeñando como farmacéutico de los nuevos propietarios durante algún tiempo, igual que Alfredo Sánchez, hasta que este eficiente integrante de la Cruz Azul obtuvo su merecida jubilación en 2016. &nbsp;Aldo Freylejer posteriormente &nbsp;se radicó definitivamente en Buenos Aires y trabajo allí como regente de una farmacia hasta su fallecimiento. Su esposa la Sra. Raquel Vinacur lo sobrevivió algunos años y falleció en el mes de diciembre de 2007.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XHGpycY41sYfZxbg4iBLgy8vWHs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1859]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T19:30:00+00:00</published>
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            Farmacia Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IW_espkRlioGXJZPHRDCgPzHkyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/farmacia_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El cambio de la farmacia a su nuevo local se realiza en 1939, a una propiedad que era de Sucesores de. Gumersindo Villanueva, siendo el constructor el Sr. Luís Fonseca.El Sr. Pitashny compra el local de la farmacia y la casa de calle San Martín 104 contigua al local comercial.Conocí al Sr. Jacobo Pitashny siendo niño ya que yo vivía a media cuadra de la farmacia, por calle Sarmiento y lo recuerdo perfectamente, igual que a su señora y a su hija; además su hermano José, dueño de la Tienda Buenos Aires en Entre Ríos y A. del Valle vivía al lado de mi casa.El Sr. Pitashny no era farmacéutico. Su regente era la Sra. Agueda Turco Vesta de Caputo y lo fue durante muchos años, incluso después que la vendió&nbsp;Siendo ya propietario el Sr. Jacobo Pitashny, en 1942 hace construir un amplio sótano obra que realiza el Constructor Ciliberto.Este terreno fue originalmente un lote de los denominados “fundacionales” ya que se otorgaban a los primeros pobladores de la Villa de la Concordia en carácter gratuito o de “merced” como se denominaban.Este título de propiedad fue otorgado a Fermín Antonio Duque, hombre de raza negra en razón de exponer ante el Juez de Paz que “habiendo poblado y cercado el terreno baldío” se le otorgue el derecho de propiedad.&nbsp;La presencia de la Farmacia Concordia en un ámbito que ya he señalado con anterioridad, en lo referido a las placenteras costumbres y prácticas comerciales muy tradicionales, pero que hoy serían calificadas de arcaicas ya que había un fuerte movimiento de ventas en cuenta corriente, con grandes atrasos en la cancelación de esas cuentas. Era muy común surtir a las familias y a sus empleados y cobrar cuando se vendía la lana o la cosecha, pero en general, todo el comercio funcionaba así.&nbsp;El cobro era seguro, pero había que esperar. Enviar un cobrador era de mal gusto y hasta se podía ofender el cliente y perderlo como tal.Pero también los plazos de compra eran generosos, lo que le permitía a las farmacias desenvolverse sin dificultad y a sus dueños tener un buen nivel de vida y sin sobresaltos&nbsp;La estabilidad económica marcaba esas costumbres; recuerdo que inclusive en las librerías se compraba todo en cuenta corriente y se cancelaba al finalizar el año lectivo, claro está que en una ciudad en la que todos nos conocíamos.Decía que presencia de la Farmacia Concordia transformó ese ambiente que antes describí, surtiéndose de las marcas que se anunciaban en la radio y en las revistas y al que las farmacias locales se habían resistido denodadamente, tratando de hacerles frente con sus preparados de fabricación local.&nbsp;Jabón Lux, aquel de 9 de cada 10 estrellas de cine…Kolynos, Colgate, Max Factor, Helena Rubinstein, Palmolive llenaron sus estantes. Algunos fabricantes nacionales también compitieron con algún éxito como Jabón Federal y Manuelita, de claro sentido nacionalista. La Farmacia Concordia hizo grandes stocks de marcas consagradas y además se convirtió en proveedor de medicamentos a las instituciones-algo no explotado antes-Los medicamentos de “venta libre” y propaganda masiva como Linimento Sloan, Mejoral, Lysoform, Emulsión Scott, Pildoritas Reuter, Geniol, Untisal los vendía con sustanciales descuentos y se hizo rápidamente de fama de ser una farmacia “barata”El moderno local mostraba a las claras su disposición a disputar el terreno comercial a todos. En su interior se leía “Farmacia Concordia, la mayor de Entre Ríos” y otro cartel que decía “En esta farmacia no se dice no hay, salvo que el producto falte en plaza o no se fabrique más”Todos estos cambios, introducidos en un ambiente muy estable y de respeto profesional, &nbsp;como era de suponer, produjeron una verdadera convulsión con consecuencias desfavorables para quienes se aferraron a los viejos moldes.Además, un hecho adicional entró a jugar a favor de la confusión general producida en el ámbito farmacéutico: comienza la Segunda Guerra Mundial y con ella, todo tipo de escasez y no sólo en el ámbito farmacéutico.Sin embargo, Don Jacobo Pitashny había hecho contactos con importantes laboratorios y gracias a esos contactos, se proveía de drogas qué en el Uruguay, por ser país partidario de los aliados, nunca faltaron, mientras que en la Argentina por ser neutral dejaron de ingresar.Reinvertía todo en su farmacia, a la que agregó una droguería mayorista (Droguería Concordia) de accesorios y de perfumería con clientela en toda la zona y en el sur de Corrientes, contando para ello con un plantel de viajantes.Un recuerdo personal que me contó un farmacéutico, recién recibido en aquellos tiempos, al que Don Jacobo Pitashny le dijo que cualquier inconveniente que tuviera &nbsp; &nbsp;invocara su nombre en el Laboratorio Squibb, y al hacerlo, el mismo gerente &nbsp;lo atendió con total deferencia, tanta era su influencia&nbsp;El Sr. Pitashny hizo una enorme fortuna con la farmacia y la droguería y que, en 1956 vendió muy bien haciendo un formidable negocio, tanto la farmacia como la &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;droguería a una sociedad, propiedad de un médico oculista Cuesta Yáñez de Concepción del Uruguay y el, se radicó definitivamente en la Ciudad de Buenos Aires.Los nuevos propietarios contrataron un administrador, (Aarón Eskliar) que vivía en la casa de calle San Martín 104 y durante algún tiempo administró tanto la farmacia como la droguería. Sin embargo, por cuestionamientos importantes por diferencias de dinero, su situación con los propietarios se volvió insostenible y debió dejar su cargo de una manera bastante abrupta.Por sugerencia del antiguo propietario Sr. Pitashny, contrataron al Sr. Isaac Zipilivan, &nbsp;que era un antiguo empleado de confianza de la farmacia. El Sr. Zipilivan, cuando se retiró de la Concordia, se había iniciado con una Perfumería a la que denominó “Vergel” en la calle San Martín. Don Isaac Zipilivan aceptó el cargo en el que se desempeñó durante muchos años haciendo honor a la confianza que en él se depositó. &nbsp;Luego pasó a ser gerente de la Droguería Concordia. A cargo de la farmacia quedó la Srta. Dora Brodsky, también esta empleada de muchos años permaneciendo ambos en sus cargos hasta que tanto la droguería como la farmacia se vendieron a la Droguería Chajarí de Don Alberto Grand e Hijos.La Droguería Concordia siguió operando durante un tiempo con la gerencia del Sr. Carlos Tamaño, pero ya su participación fue declinante hasta su cierre.De la farmacia pasó a ser gerente un antiguo empleado, el Sr. José Chicco quien la supo llevar correctamente, (pero los tiempos del predominio de la Farmacia Concordia habían concluido) hasta que, contando con su experiencia adquirida en los muchos años en el ramo, puso su propia farmacia.Al decir de algunos farmacéuticos de Concordia, la de Jacobo Pitashny fue una verdadera escuela en cuanto a la forma de encarar los negocios ya que su modus operandi se trasladó a ex empleados, que abrieron sus propios locales. Ejemplo de ello fue Don Boris Petasne, primo de Jacobo Pitashny quien trabajaba en la preparación de recetas en el laboratorio de la Farmacia Concordia y luego se asocia con el Sr. Rodolfo M. Nolé, farmacéutico de nuestra ciudad y abren una farmacia en (aquellos tiempos) Villa Federal. Luego Boris Petashne regresaría a Concordia para abrir otra farmacia en la calle Guemes y San Luís a la que denomina Farmacia Güemes, teniendo como farmacéutico al Sr. Omar Alejandro Pusterla, luego se traslada a San Luís y Saavedra, ya con nuevo regente, en este caso su yerno, Germán Rafinet &nbsp;&nbsp;Otro caso fue el de un antiguo y eficiente empleado de la Concordia, el Sr. Ricardo Schurlein, con una gran simpatía y delicadeza en el trato con los clientes. Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que Ricardo Schurlein fue la cara visible de la Farmacia Concordia durante muchísimos años. Hasta que también el decide instalar su propia farmacia. En realidad, a mi manera de ver, tal vez sin proponérselo siempre estuvo trabajando para su futuro negocio. Y así fue que se llevó consigo los mejores clientes de la Farmacia Concordia. Se instaló en Velez Sarsfield y Brown y su farmacia se llamó Vélez Sarsfield, siendo su regente el Dr. Carlos SiburuYa he mencionado antes que el Sr. José Chicco, quien también fue gerente de la Concordia y resuelve intentar suerte con su propia farmacia, la que instala en la Av. Las Heras nº 720 con el nombre de “Farmacia Las Heras”. Como se puede advertir, esa especie de escuela y modus operandi se trasladó a ex empleados de la Farmacia Concordia que ni siquiera conocieron al Sr. Pitashny, ya que, por su edad, no pudieron haberlo conocido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IW_espkRlioGXJZPHRDCgPzHkyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/farmacia_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Esta farmacia fue fundada por Don Jacobo Pitashny en 1935 en la calle San Martín esquina Sarmiento (Tucumán en ese tiempo) aunque no donde hoy está sino en la vereda de enfrente, donde antiguamente estaba el local de apuestas del Jockey Club y hoy es una pizzería.]]>
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                <published>2026-03-14T09:00:00+00:00</published>
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            LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1869: Farmacia San Martín
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/h35vq-wUxRTNOtiC6fT9Dr_6ZgI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Trabajaron juntos varios años, hasta que el Sr. Silva queda como único propietario. Era también Silva reconocido en el barrio por sus consejos y acertadas recomendaciones, como así también en la preparación de específicos para las más variadas afecciones.Al quedar solo el Sr. Silva, y como no era farmacéutico como decía al principio recurrió al Sr. Luís Novello que por haber vendido su farmacia quedó con su título vacante, por lo que pasó entonces a ser regente del Sr. Silva. Con posterioridad le cambió el nombre a la farmacia por el de San Martín. Estaba instalada en un barrio de gente de muy buenos recursos económicos. La mayoría de los apellidos vascos que habían hecho fortuna estaban en el barrio La Cuchilla.En 1937 se construye el puente sobre el Arroyo Concordia por calle Aristóbulo del Valle, mejorando la comunicación del centro con el barrio La Cuchilla. El puente existente sobre la calle San Martín (única vía de comunicación de entonces) fue construido en 1890 por el constructor Don Pedro Pusterla, por la necesidad de conectar el comercio de la ciudad y las tropas de carretas que se concentraban en la Tablada (Parque Ferré) e ingresaban a Concordia por la calle San Martín (hoy sería contramano)El Distrito Militar 30, que antes estaba en la calle Sarmiento 632 se traslada a San Martín y Alvear, frente a la Farmacia San Martín, lo que aumenta el movimiento comercial por la permanente presencia de gente realizando trámites, esto agregado a una dotación de personal militar permanente.Además, debemos agregar que el tranvía eléctrico, que funcionaba desde marzo de 1928 y que había estado 10 años paralizado por un conflicto con la Municipalidad, vuelve a funcionar en 1950, primero hasta Plaza España, y luego, cuando se construye el puente sobre Alvear y Güemes, se traen las vías de los tranvías de Paraná que allá estaban siendo retirados y se prolonga el recorrido hasta el Cementerio Nuevo.Cuando falleció el Sr. Luís Novello, el nuevo regente fue el Dr. Angel José Ava. &nbsp; &nbsp;. Luego de algún tiempo, por razones de edad y también de oportunidad, el Sr. Silva le vende la farmacia al Sr. Alberto Haberman. Lamentablemente, este señor carecía del trato al que los vecinos estaban acostumbrados, indispensable para mantener una clientela que requería un trato diferente, habituados a las maneras del Sr. Silva. A su inexperiencia en el ramo, se debía agregar sus maneras un tanto descorteses para la época y para las costumbres de nuestra ciudad. Muy porteño, decían algunos debido a su suficienciaEn poco tiempo dilapidó una clientela laboriosamente conseguida por el Sr. Silva a lo largo de muchos años con mucho esfuerzo y paciencia.Terminó vendiendo la farmacia en un tiempo muy corto, creo que no llegó a los dos años. El comprador fue el Sr. Naún Kunin que también desconocía el ramo ya que provenía de la actividad del transporte, sin embargo, supo dotar a la farmacia de personal oriundo del barrio y con una atención que mejoró notoriamente en comparación a la anterior.Surtió a la farmacia de los medicamentos que requería el cercano Sanatorio Garat, como anestésicos, sueros y soluciones y comenzó a recuperar la clientela perdida.Además, en el barrio había varios médicos como el Dr. Rubén Colombo, Horacio Scattone y Emilio Kremer cuyas recetas en gran medida iban a parar a Farmacia San Martín sin contar además con la cercanía del Instituto Medico Quirúrgico GaratVarios años trabajó el Sr. Kunin en su nueva actividad, y lo hizo bien, logrando estabilizar un negocio que parecía perdido, a pesar de su potencialidad.&nbsp;Finalmente, una situación ajena a las cuestiones comerciales lleva a la familia Kunin a la venta de la Farmacia San Martín al Sr. Santiago E. LagóEl nuevo dueño trasladó la farmacia a la calle 1º de Mayo y Colón primero (aunque por breve tiempo) y luego a 1º de Mayo y Presbítero del Castillo, frente al Sanatorio Concordia lugar donde le cambió el nombre por el de Farmacia Taito. Modernizó la farmacia y logró una muy buena clientela favorecido por la vecindad del Sanatorio Concordia y luego de varios años la vendió a sus dueños actuales los que le cambiaron el nombre por el de Farmacia Científica.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/h35vq-wUxRTNOtiC6fT9Dr_6ZgI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Fue fundada con el nombre de Farmacia y Perfumería Siburu en la calle San Martín y Alvear por el Sr. Enrique Siburu que era farmacéutico y el Sr. Silva que era Idóneo de Farmacia, reconocimiento también otorgado en Paraná, igual que los Sres. Braga, Rebot y Braslavsky.]]>
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            Las antiguas farmacias de Concordia desde 1859: Farmacia Rivadavia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aD4ZgmQaipwvmGB33ZAhZSrFve0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/magazine_garayalde_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Trabajó un corto tiempo allí y luego fue animado por los hermanos Aranguren para que pusiera su propia farmacia, para lo cual le ofrecieron un local que era de propiedad de Justo A. Aranguren &nbsp;en la calle Rivadavia y Sáenz Peña (Jujuy en ese tiempo) que había quedado desocupado por su anterior inquilino, (la Casa Famularo, sastrería, camisería y sombrerería, negocio de propiedad de don Domingo Famularo desde 1919), donde por fin, cumpliendo su sueño se pudo instalar con su propia farmacia, gracias a ese &nbsp;ofrecimiento del Dr. ArangurenRecuerdo al Sr. Levín y también a su esposa llamada Myriam que era de nacionalidad francesa. La Sra. Myriam Levín era kinesióloga; ambos habían llegado con la colonización judía realizada por la JCA (Jewish Colonization Association) creada por el filántropo Barón Mauricio Hirsch y su esposa la Baronesa Clara Bischoffsheim. En homenaje a Clara Hirsch existe la localidad y estación de ferrocarril de Villa Clara.Hay una singular historia en el pasado del Sr. Israel Levín, a quien la Guerra Mundial o La Gran Guerra (1914-1918) lo encuentra como farmacéutico del Ejército Ruso. En el sector del frente en el que le tocó actuar no había médico, por lo que debió desempeñarse como tal haciendo suturas, curando heridos, lo que realizó como pudo. Dentro de los heridos había un oficial con el que tuvo una dedicación especial y a quién cuidó de tal manera, que salvó su vida, a pesar de las deplorables condiciones en las cuales se desenvolvía. Este tenía una fea herida en una pierna, con una infección extendida y don Levín, con los pocos antisépticos con los que contaba, que se reducían a ácido fénico y alcohol yodado, se aplicó a curarlo tres veces por día con alcohol yodado, drenaje y cambio de vendas salvando la pierna del oficial.Mientras tanto el frente ruso se derrumbaba por todos lados, no sólo por los reveses militares sino empujados también por los bolcheviques a abandonar las posiciones. La Revolución Rusa estaba en marcha.El sector del frente donde se desempeñaba desde hacía largo tiempo el Sr. Levín, también se unió al desbande general.Pero sucede que una patrulla captura a un grupo de desertores dentro de los que se encontraba Israel Levín. La deserción en el frente de batalla se castiga con la pena de muerte, con juicio sumario.Se le leyeron los cargos para disponer el fusilamiento, cuando el oficial que mandaba la patrulla, a pesar de la suciedad, la barba y los restos de uniforme reconoció en Don Levín a aquel que le había salvado la vida de manera tan abnegada, y por lo tanto, en mérito a tal circunstancia salvó la suya. Y esto es solo parte de su ajetreada vidaFinalmente encontró en Concordia un lugar donde vivir en paz y en armonía con sus vecinos y en esa esquina trabajó muchos años, en un barrio próspero en esos tiempos por la cercanía del puerto que aún estaba activo y de la estación del Ferrocarril Urquiza. Era un barrio con una gran cantidad de casas de comida y hoteles de las más diversas categorías, como el Hotel Comercio, Boby, Majestic, Hotel Londres, Restaurant Florida, El Cuyano, Anahí, todos ellos dentro de la influencia de la Farmacia Rivadavia, Lo que nos da una idea de lo intenso del movimiento del barrio.&nbsp;El Sr. Israel Levín fue padre y luego abuelo de destacados investigadores científicos; el hijo se llamaba Emmanuel Levín el que trascendió en el ámbito de la investigación química, radicándose luego en los EE.UU.Ya muy anciano decide vender la farmacia al Sr. Norberto Ibarguren el que aún pudo aprovechar de los prósperos tiempos de la actividad ferroviaria y de las barracas de lana y cuero de los alrededores, Molinos Río de la Plata y la instalación de una sucursal de la casa Bagley.&nbsp;El Sr. Ibarguren tenía además un convenio con la Droguería Chajarí de Alberto Grand, por el cual recibía los pedidos de las otras farmacias y los pasaba a la droguería por medio de un radiotransmisor.&nbsp;Su regente era el Sr. Osvaldo J. M. Cadario&nbsp;Sin embargo, el cese del ferrocarril de pasajeros significó para el barrio un lento pero persistente retroceso y toda la riqueza comercial que he mencionado se esfumó.Algunos se aferraron a la posibilidad de sobrevivir de todos modos, y así les fue…Don. Norberto Ibarguren decide trasladar la Farmacia Rivadavia a la Avenida Tavella con buen criterio, ya que la ciudad se extiende hacia ese lado y las posibilidades eran mayores. Su regente pasa a ser la Sra. Teresa Romero. Pero fallece Don Ibarguren y la farmacia, con poca mercadería y encima en época de recesión, comienza un período de declinación que se extiende durante varios años, en los que uno de sus hijos que había quedado a cargo de la farmacia, ensaya varias formas para sacarla a flote, hasta con el apoyo de la Droguería del Sur, pero no logra sostenerla hasta que finalmente cierra sus puertas definitivamente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aD4ZgmQaipwvmGB33ZAhZSrFve0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/magazine_garayalde_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Hacía poco tiempo que los hermanos Aranguren se habían hecho cargo de la Farmacia la Estrella cuando arribó a Concordia Don Israel Levín, farmacéutico de nacionalidad rusa, que ofreció sus servicios profesionales y fue entonces incorporado a La Estrella en la preparación de recetas.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Farmacia Otaño
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wFKo2Cg7d5wDjyU70_rYH29Euvo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Don José M. Otaño instaló en la esquina, donde está el Banco Santander el “Hotel París”, o “de Otaño” que en ese tiempo era el único que se podía denominar como tal, los demás eran pensiones o fondas. Después sería la Casa Gath &amp; Chaves antes de transformarse en entidad bancaria, que tuvo diferentes denominaciones y propietarios.El Sr. Justo M. Otaño, tal vez nieto del anterior, era farmacéutico y el local en el que instaló la farmacia lo hizo construir para ese fin, inaugurándolo el 03-05-1927&nbsp;La foto que muestra esta farmacia es del día de la inauguración, publicada en el Diario El Litoral. El Sr. Otaño es el que está a la derecha de la foto Obsérvese la ausencia de medicamentos en los estantes. Solamente hay algunos en la vitrina de la derecha o tal vez sean artículos de perfumería.Con posterioridad se traslada a la calle La Rioja y Santiago (hoy Estrada) que en ese tiempo era un barrio bastante suburbano. La calle Estrada se interrumpía a dos cuadras de la citada esquina, cortada por el brazo del arroyo Manzores al cual se lo pasaba por un badén y así se llegaba a la Iglesia del Sagrado Corazón. “Desde la calle Montevideo hasta Liniers, cuando llovía se hacía una gran laguna. Para ir más allá, por la vereda, teníamos que ir por calle La Rioja” y yo recuerdo que por calle 3 de Febrero corrían acequias y de la vereda a la calle todas las casas de esa zona tenían puentecitos para cruzar la zanja de agua que se hacía. “En el cerro que me acuerdo, que era toda esa zona que te cuento, desde Montevideo hasta Liniers, era como te digo una gran laguna y había un gran cerro, como toda esa zona, cerro de pedregullo, como también en La Rioja y Salta…” el resto eran canteras de piedra, con grades fosas llenas de agua y allí comenzaba un monte de espinillos que se extendía hasta el ríoEn 1941 se traslada con su farmacia a Chajarí y allí lo conocí a Don Justo Otaño con los mismos muebles que se ven en esa vieja foto. Farmacia Otaño estaba ubicada en Av. Belgrano 1101 junto a la vía del ferrocarril.&nbsp;Recuerdo al Sr. Otaño como una persona muy jovial, siempre estaba de buen humor. Tenía un hijo Bioquímico que tenía su laboratorio de análisis en un local contiguo a la farmacia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wFKo2Cg7d5wDjyU70_rYH29Euvo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Esta farmacia la funda don Justo M. Otaño en la calle Urquiza 676, (donde antiguamente estuvieron las oficinas de la Shell Mex y ahora es una perfumería y art. de limpieza) en terrenos que eran de su familia desde hacía muchísimo tiempo, ya que en el libro de los Primeros Asentamientos figura el lote con el nº 33 a nombre de Don José María Otaño, que lo adquiere el 10-02-1854.]]>
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                <published>2026-02-21T17:30:00+00:00</published>
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            LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1859: Farmacia inglesa
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H57cRly6_clM7b1s_7wVSKvIPFI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/magazine_farmacias.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esta farmacia, como las de todos los Telayna, se transformaría en una esquina tradicional de la ciudad, donde los clientes encontraban respuesta a sus dolencias, &nbsp;la atención y preparación de sus recetas en un ambiente de cordialidad y eficiente servicio. Posteriormente Pedro Telayna, que era soltero, invitó a su sobrino Jorge &nbsp;a sumarse a su emprendimiento y este aceptó con gusto.Pedro Telayna era un hombre de un singular buen humor, y había cultivado gracias a esta virtud y a su ingenio natural decenas de amigos con los que socializaba mientras atendía la farmacia.Era un hombre muy ingenioso y producto de su inteligencia como también de su experiencia en la preparación de recetas, había desarrollado productos que patentó, entre ellos un dentífrico muy vendido en ese tiempo, cremas dérmicas y para maquillaje y fijadores para el cabello. Al ingresar Jorge, sumó a la Farmacia Inglesa su propia experiencia en la preparación de recetas como también trajo sus propios amigos que pasaron a ser clientes de la farmacia los que se sumaron a los habituales contertulios.Algunos años después, don Pedro Telayna fallece dejándole en herencia la farmacia a su sobrino Jorge, que tanto lo había acompañado en la atención de la clientela y también en esas agradables y extensas tertulias que los distinguieron.Jorge Telayna le dio un empuje diferente a la &nbsp;farmacia, animado por su juventud y sus propios conocimientos del ramo.Su trato cordial y apropiadas maneras acrecentaron la clientela debiendo recurrir a los servicios de un conocido suyo, &nbsp;Héctor H. Challier quien lo acompañó siempre en la atención de la farmacia &nbsp;y posteriormente se sumó Alfredo Oñate a la atención de la misma.A Jorge le gustaba recordar que en esa nueva etapa de la farmacia que emprendía, ya sin la presencia de su tío Pedro, la primera cuenta corriente que le tocó abrir fue la de su tía doña Camila de Luque de Liebermann. Ella quiso ser la primera en ingresar a la farmacia y hacerle la primera compra a su sobrino y abrir una cuenta.&nbsp;Jorge tuvo una gran vocación por la farmacia, igual que toda esa estimada familia pero además, &nbsp;cultivó con igual pasión su interés por el teatro. &nbsp;Muchos de sus amigos compartían esa afición y habían creado junto al Dr. Manuel Cortina el teatro vocacional “La Carreta”, con un nombre tomado de la obra del salteño&nbsp;Enrique Amorim.En la foto algunos de sus amigos y colaboradores en “La Carreta” como (de derecha a izquierda) &nbsp;Dr. Manuel Cortina, Diego Rama y los señores Mega, De Mauricio y Pípolo.&nbsp;Esta foto se publicó con motivo de cumplir 75 años de existencia la Farmacia InglesaJorge y sus amigos marcaron toda una época &nbsp;tanto en el ámbito farmacéutico como el teatral.Jorge fue siempre un espíritu inquieto y desarrolló también su otra gran pasión que fue la pesca y a tal fin, tenía con su futuro suegro, don Juan Compá un rancho en la costa del río, en un sitio llamado “lo de Pasarella” que en ese tiempo era un sitio muy frecuentado por aficionados a la pesca deportiva y al que, naturalmente se sumaban sus amigos.Sin embargo Jorge fallecería siendo un hombre joven aún y proseguiría al frente de la “Farmacia Inglesa” su esposa, Marta Compá de Telayna. En 1982 a raíz de los sucesos militares por la recuperación de las Islas Malvinas, Marta resolvió cambiarle el nombre a la farmacia, la que pasó a llamarse “2 de Abril”.Junto a Marta colaboró su hija Jorgelina acompañando a su madre a llevar adelante la farmacia, en tiempos comerciales muy difíciles. Siendo joven aún, fallece Marta haciéndose cargo entonces a partir de fines de 1997 y principios de 1998 Jorgelina apoyada por su regente Dr. Juan José Orge y sus antiguos empleados Challier y Oñate, este último más bien encargado de tareas contables, aunque si era necesario también en la atención del público, a lo que se sumaban dos empleadas para la atención del mostrador y la misma Jorgelina, heredera no solo de la farmacia sino de toda una tradición, ya que ella sería la última en ejercer esa honrosa profesión como última representante de esos boticarios de raza.(*) Primeros Asentamientos en la Villa de la Concordia. Roberto Arena 1832-1869 Editores del Litoral.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H57cRly6_clM7b1s_7wVSKvIPFI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/magazine_farmacias.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La “Farmacia Inglesa” fue fundada por don Pedro Telayna el 1º de agosto de 1929. El Sr. Telayna iniciaba su actividad en un emprendimiento en un ramo que conocía con solvencia por haber trabajado en la farmacia “La Estrella” con sus hermanos, pero al desprenderse de ella su hermano Aurelio para dedicarse a sus propiedades rurales, debió buscar otros horizontes decidiendo entonces instalarse por su cuenta en la calle Entre Ríos y Carriego en un local ubicado en lo que fue un lote fundacional que llevaba el nº 11 adjudicado a Pablo Toñanes en 1833, pero con título de propiedad desde 1838 de dos solares entre Urquiza y Entre Rios ambas esquinas sobre calle Gualeguaychú (luego Carriego)   (*)]]>
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            “Farmacia La Franco”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ccwM8WjFUGLWqJK1W6BOe6HvW5E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La &nbsp;Farmacia La Franco fue fundada en 1928 por los socios Telayna &amp; García Cano, y bajo esa denominación giró durante más de 10 años. Luego &nbsp;por alejamiento del Sr. García Cano pasaría a desempeñarse como único propietario el Sr Ernesto Telayna en la calle Entre Ríos y Saavedra.Siempre fue ese un sitio privilegiado de nuestra ciudad en cuanto a sus posibilidades comerciales, teniendo en cuenta que reunía allí, en torno a la Plaza Nueva primero, Ituzaingó después y definitivamente, Plaza Urquiza a algunas de las familias más prósperas de la ciudad, casi todas ellas dedicadas a explotaciones rurales.No era extraño entonces que junto a su trabajo profesional de preparar recetas médicas y expender medicamentos, vendiera y asesorara también sobre productos de uso veterinario y agrícola, como garrapaticidas, antiparasitarios, cura semillas y fertilizantes.</p><p>GUIA DE CONCORDIA 1936Es así que en su publicidad del año 1936 ofrece matagusanos “Cicatrizol” , garrapaticida “Santa Catalina” y otros de usos veterinario.Ernesto Telayna era hermano de Aurelio. Al desprenderse este último de Farmacia La Estrella, tanto Ernesto como su otro hermano Pedro, buscaron nuevos horizontes en el ramo en el que habían trabajado siempre con destreza y solvencia profesional.El señor Ernesto Telayna atendía personalmente la farmacia, muy bien secundado por su señora a quienes recuerdo perfectamente. La farmacia tenía un sótano donde guardaban los supositorios y vacunas veterinarias que requerían una temperatura adecuada y constante.&nbsp;Luego se sumó a la atención una de sus hijas, María Teresa después señora de Squarzon.&nbsp;Siempre fue una de las farmacias reconocidas de Concordia por su antigüedad, pero también por el prestigio adquirido a través de los años y por su esmerada atención procurando mantenerse al día con los avances farmacológicos.&nbsp;Luego de más de 60 años en esa ubicación de Entre Ríos y Saavedra, se trasladaron (aunque siempre dentro del mismo barrio) a la calle 3 de Febrero 4. Trabajaron allí durante algunos años hasta el fallecimiento del Sr. Ernesto Telayna. Por esa razón finalmente la vendieron y el comprador, en este caso la compradora, la trasladó a la calle Velez Sarsfield y Humberto 1º y allí operó hasta su extinción.Donde ahora es una heladería era antes la Farmacia La Franco, de don Ernesto Telayna que se lo ve con guardapolvos en la vereda de su farmacia en Entre Ríos y Saavedera.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ccwM8WjFUGLWqJK1W6BOe6HvW5E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1859]]>
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            Las antiguas farmacias de Concordia desde 1859:  “Los Telayna”
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VProao2_ycvxJNJ2bj4P_Id268I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La historia de las farmacias de Concordia no se podría hacer excluyendo a “los Telayna”, que además tuvieron una larga y honrosa historia en la profesión, y una conducta intachable en lo comercial y social.He mencionado en otra nota que el Sr. Aurelio Telayna compró la “Farmacia Alemana” a Don Pedro Menchaca a la que luego le cambiaría en nombre por el de “Farmacia La Estrella”. Allí trabajó junto a sus hermanos, Juan, Pedro y Ernesto hasta el 1º de diciembre de 1927, año en el que se vende a Aranguren Hermanos, dedicándose de allí en adelante a las tareas rurales.De sus hermanos, Juan era el mayor y fue también quien el que el 5 de mayo de 1927, algunos meses antes de la venta de farmacia La Estrella, fundó la “Farmacia Argentina” “en la calle San Martín esq. San Luís (San Martín 53/57 era la dirección correcta de la farmacia, ya que la puerta de la esquina se hizo después) en un local que era de propiedad de Doña Josefa Lynch (en esa esquina fue luego durante muchos años la Librería San Martín fundada por don Julio Serebrinsky )&nbsp;El Sr. Juan Telayna fue una persona muy apreciada en nuestra ciudad, y profesionalmente también de una gran corrección. Posteriormente le cambió el nombre por el de “Farmacia Telayna”Trabajó algunos años en ese sitio, aunque luego decidió trasladarla a la calle Las Heras, a un sitio más apropiado donde no había ninguna otra farmacia y además, era un barrio próspero y con más posibilidades futuras. Inicialmente se estableció frente a Tienda Las Heras (donde hoy está el Autoservicio “Luna”)&nbsp;Algún tiempo después se trasladan a una cuadra de allí, a la calle Las Heras y Sarmiento, ya en un local propio. &nbsp;Al fallecer el señor Juan Telayna se hacen cargo de la farmacia sus hijos Carlos, Juan Antonio, Marta y Jorge. Este último (Jorge) acepta algún tiempo después un ofrecimiento de su tío Pedro para que lo ayude en otra farmacia que él había fundado también en 1927. La “Farmacia Inglesa”.Durante muchos años la Farmacia Telayna en manos de los tres hermanos fue un referente del barrio de la calle Las Heras, la que fue transformándose en un barrio populoso y de muy buena actividad comercial, no solo por la gente del barrio sino también de la gente proveniente de la zona rural y colonos en general. Sucedía que en general, a la gente del campo no le agradaba ir al centro de la ciudad a proveerse de los elementos que precisaban y que no se obtenían en los almacenes de campaña por lo que invariablemente, acudían a ese sector de la ciudad y allí conseguían casi todo lo que necesitaban. &nbsp;Enfrente a la farmacia por calle Las Heras había un acreditado comercio como la “Tienda El Gaucho” de don Adolfo Hendlin, mientras que enfrente, pero por calle Sarmiento se encontraba la Ferretería y Bazar El Gaucho de don Rubén Gumpel, pariente del anterior el que también tenía una buena clientela que hacía de esa una esquina de gran movimiento que, naturalmente, beneficiaba la farmacia que también llegó a tener una importante clientela. Todo el barrio era muy próspero ya que había allí, tiendas de ropa, bicicletería, zapatería, repuestos de auto, almacén, negocios de venta de carbón, leña, postes y de forrajes.Otro factor que favoreció su prosperidad fue la cantidad de recetas que allí se preparaban. Muchas de las cosas de farmacia que hoy vienen hechas y con marcas comerciales, en ese tiempo muchas se hacían en la farmacia: como la crema de diadermina y para prepararla se necesitaba un mortero muy grande y llevaba bastante tiempo de trabajo ya que la pomada debía quedar esponjosa y con una consistencia especial. Luego se colocaba en unos envases metálicos de aluminio para su venta al público. La limonada Rogé, y otros laxantes y purgantes, linimentos, cataplasmas, jarabes para la tos, champú anticaspa, Tintura de árnica, agua sedativa, Linimento Stockes o untura blanca, Extracto de Saturno o acetato de plomo, agua de Hammamelis.&nbsp;Además, la innumerable cantidad de recetas magistrales que los médicos recetaban a sus pacientes y que la farmacia preparaba. En el envase que la farmacia entregaba, en la etiqueta que llevaba pegada, además del nombre del paciente y del médico que la formulaba, la transcripción de los componentes y la cantidad en miligramos o gramos de cada uno de estos a fin de que, si le daba resultado, la farmacia pudiera repetirlo con las proporciones exactas allí o en cualquier otra farmacia. &nbsp;Recuerdo que Juan Antonio Telayna guardaba como un tesoro un cuaderno de aquellos de 500 hojas con las recetas formuladas por los más antiguos médicos de Concordia. Una verdadera reliquiaEl idóneo preparador de estas recetas se llamaba Augusto Zardi, el que era muy diestro en el manejo de todas estas sustancias, algunas de las cuales eran cáusticas como algunos ácidos o venenosas como la estricnina, pero que también se usaba como estimulante y energético, naturalmente que en las proporciones adecuadas.Haciendo memoria de las buenas personas que allí conocí, recuerdo a Hugo Cebrian, que hoy en día trabaja en la Farmacia Concordia y próximo ya a jubilarse, Rubén Sosa, gran colaborador y antiguo empleado de los hermanos Telayna, quien después del cierre de la farmacia tuvo un kiosco de revistas en San Martín y 25 de Mayo, Recuerdo a De Mauricio, Marta Ferla a Doris Esteybar que trabajó allí durante un tiempo y luego se hizo cargo de la farmacia interna del Sanatorio Concordia.Recuerdo muy bien también a Bayardo R. Caputo, que era esposo de la farmacéutica de la Farmacia Concordia. Había sufrido un ACV en Gualeguaychú siendo representante del Laboratorio Purissimus y perdió el habla a consecuencia del mismo. Cuando se recuperó parcialmente y con el auxilio de una fonoaudióloga y podía expresarse en frases elementales y quién no supiera de su discapacidad, no lo advertía porque las palabras que pronunciaba, las decía con total claridad. Se sumó a la Farmacia Telayna como uno más, aunque el pobre había perdido definitivamente la facultad de comunicarse y realizaba allí tareas menores, pero lo recuerdo siempre impecablemente vestido.La Farmacia Telayna era un punto obligado de los numerosos amigos de los hermanos, especialmente en los días en que estaban de turno. Allí se congregaban todos para acompañarlos en su guardia, pero se constituía también en una amena tertulia donde algunos jugaban al ajedrez, como el Dr. Nocetti o el Ing. Guinda, Carlitos Telayna y yo mismo.&nbsp;Como en el interior de la farmacia había un terreno de unos 5 x 5, Carlitos (Chichí), había plantado numerosas verduras, como cebollas de verdeo, morrones, cebollas comunes, repollos, apio, albahaca, orégano y otras que no recuerdo y Juan Antonio, cuando les tocaba estar de turno, hacía una sopa de verduras, a veces con carne de vaca y otras con gallina con verduras cosechadas de su quintita, otras veces estofados de la que participaban todos quienes estuvieran de la farmaciaComo decía al principio, la farmacia tuvo un crecimiento sostenido y acompañando esa prosperidad realizaron reformas en el local y agregaron nuevos mostradores.Sin embargo, ese crecimiento serían las últimas luces que mostraría la Farmacia Telayna. Ese emprendimiento familiar construido con tanto esfuerzo, primero por su padre Juan Telayna y continuado por Carlos, Juan Antonio y Marta tenía un destino inciertoPor esas cosas de la política, justo frente a la farmacia, el local que fue de la Tienda El Gaucho que mencioné al principio, fue vendido a un conjunto de sindicatos para la apertura de una “farmacia sindical” con fondos de las obras sociales. Y decía política, porque la Ley de Farmacias que regía en ese momento, impedía la “apertura de un local de farmacia a menos de 200 metros de alguna existente” Fue autorizada igual su apertura por la Inspección de Farmacias contraviniendo por “vía de excepción” su apertura, con esa manga ancha que existe para favorecer a quien convenga políticamente. Tampoco podía haber tenido puertas a la calle. La ley señalaba que debía funcionar en el interior de la Obra Social. Fue dotada de todas las comodidades y de un gran stock de medicamentos.Naturalmente el futuro de la Farmacia Telayna estaba sellado ya que estaba justo enfrente de ese gigantesco conglomerado y debo decir que, ante la indiferencia de sus colegas que, a mi modo de ver, debieron haber respaldado institucionalmente a los Telayna. La farmacia a pesar de todo, sobrevivió varios años gracias a la solidaridad de los amigos cosechados a través del tiempo y a los buenos vecinos que valoraron el honesto trabajo de toda una vida. Hasta el Gobernador de ese tiempo les jugó en contra y dispuso que la Obra Social IOSPER solo pudiera ser atendida por la Farmacia Sindical ADOSC.Para aliviar un poco esa desfavorable situación, Juan Antonio Telayna abrió un nuevo local de farmacia, que denominó “Farmacia San José” (actual San Roque) que en ese tiempo estaba en la esquina del Sanatorio Garat, donde atendió durante un tiempo. Sin embargo, ese emprendimiento no duraría mucho tiempo ya que su regente, el Dr. Miguel Clavería, que era bioquímico militar, fue trasladado a Curuzú Cuatiá. Finalmente, Juan Antonio urgido por esta situación, vende la farmacia a Liliam C. de Delaloye, regresando entonces a seguir la suerte de sus hermanos en Las Heras y Sarmiento.Para completar ese cuadro desolador para el futuro de la Farmacia Telayna, la salud de Carlitos le jugó una mala pasada y sufrió un ACV y una hemiplejia consecuente que lo dejó imposibilitado de seguir al frente de la farmacia. En sus últimas etapas y la necesidad de ordenar un poco la administración, se hicieron cargo de ella Alejandrina Telayna y su madre Celia C. de Telayna logrando equilibrar administrativamente la farmacia.Pero, la suerte estaba echada y Farmacia Telayna cerró sus puertas en noviembre de 1983, luego de tantos años de buena atención por parte de estos honorables caballeros de una conducta de una honradez fuera de toda duda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VProao2_ycvxJNJ2bj4P_Id268I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Encabezo esta parte con el título “los Telayna”, atendiendo a que ellos fueron varios; y todos ellos dedicados a esa verdadera y noble vocación: la farmacia.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            La Farmacia Entrerriana
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yok11vBVVy5gjlYqpBfw5oKpCEk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Posteriormente, el Sr. Riquelme vende su farmacia a la sociedad llamada, de Dacunda y Gelsi en 1918. Sus nuevos propietarios el Dr. Juan Dacunda y Tomás Gelsi se instalan en el mismo local en la calle Entre Ríos y Corrientes donde hoy está Color Lab, antes Bonato y Bonato y para los que lo recuerdan, Casa Rodríguez “La Casa de los Discos”, y aún antes, la Joyería Casa Tebus. Luego en 1926 se mudaron enfrente, Entre Ríos y Vélez Sarsfield donde estaban construyendo el nuevo local de la farmacia. (La obra de este nuevo local fue realizado por el arquitecto Alejo Martínez, de notable trayectoria en su profesión ya que desarrolló aquí en Concordia lo que se denominó arquitectura racionalista, en una época en la que predominaba el estilo francés o italianizante. Sus obras en Concordia, más de 60, figuran en catálogos nacionales como precursor de un estilo arquitectónico que en Europa daba sus primeros pasos con Le Corbusier y no era allá totalmente aceptado)El nuevo local, es donde está hoy Farma Full y que antes estuvo la sucursal de Firestone, en la calle Entre Ríos 802. Posteriormente fue allí la Optica Dacunda durante más de 20 años, hasta su cierre. En el piso alto, hoy vive su hija María Inés Dacunda de Estévez.- Anteriormente vivió la Sra. Soledad T. de Johnston (Mrs Johnston) y luego la familia del Dr. Scheinkerman.El Dr. Juan Dacunda fue el primer Doctor en Bioquímica y Farmacia de Concordia. Su socio el Sr.Tomás Gelsi, Idóneo de Farmacia colaboró activamente en las preparaciones de recetas, aunque falleció joven todavía y quedó a cargo de la Farmacia Entrerriana, como único propietario el Dr. Dacunda, quien ya era dueño de la casa y el localEl Dr. Juan Dacunda fue también uno de los socios fundadores del Centro de Propietarios de Farmacias, junto a los Sres. Juan Telayna, Pedro Telayna y Ernesto Braslavsky.En su fecunda trayectoria profesional, el Dr. Juan Dacunda incursionó en la investigación de la transformación de las sustancias orgánicas en inorgánicas para los procesos de la fabricación de abonos y fertilizantes con elementos que en general en el campo o en las quintas se desechan. Ya en el año 1946 había seguido con interés y publicado sus conclusiones sobre las descomposiciones orgánicas, simples y complejas de origen animal y vegetal a través de los microorganismos y los procesos enzimáticos contenidos en el detritus orgánico y en el terreno de cultivo.Cabe señalar la abnegada colaboración de su esposa Inés en la atención de la farmacia, quién había aprendido la preparación de las recetas magistrales, arte en el cual había adquirido una notable destreza y siempre acompañó a su marido, aún en las más difíciles circunstancias signadas por el deterioro de su salud. &nbsp;No puedo dejar de hacer una mención especial al lugar destacado que ocupó la Sra. Inés Massera de Dacunda dentro del ámbito familiar y social de nuestra ciudad, formando parte de cuanta obra de bien público requirió su colaboración.&nbsp;El agravamiento de las condiciones de salud del Dr. Dacunda se agudizó por lo que en 1952 resuelven el cierre de la Farmacia Entrerriana. Don Juan Dacunda falleció el 23 de diciembre de 1957&nbsp;Muchas vicisitudes dolorosas, debió soportar Doña Inés M de Dacunda a lo largo de su vida, Pues además de la ya relatada, debemos agregar el fallecimiento de su hijo Roberto a temprana edad, Óptico de profesión quién vino a ocupar el antiguo local de la farmacia con su moderna casa de óptica y fotografía, con el nombre de Óptica Dacunda, Hoy en manos de su nieto llamado Juan, igual que el abuelo.La Sra. Inés M. de Dacunda tuvo a pesar de todo, una larga y fecunda existencia en la que colaboró en la obra de LALCEC, quedando luego a cargo de “La Tiendita de Lalcec” arreglando ropa que llegaba en donación y tenía una notable habilidad manual para embellecer esa ropa usada. Antes había integrado la Comisión de Asilo de Ancianos y la del Hospital Felipe Heras. Realizaba todas estas tareas con sencillez y silenciosamente, lo que valoriza más aún su personalidad. Había enviudado siendo muy joven aún, ya que sólo tenía 42 años. Sin embargo, no se habría de arredrar por este desgraciado suceso y en cambio, volcaría todo su esfuerzo a las obras de solidaridad a la que dedicaría su alma bondadosa, mientras sus fuerzas se lo permitieron. Falleció a los 90 años dejando la huella de su generosa vida y de su ejemplar dedicación.</p><p>Farmacia Ituzaingó&nbsp;Esta farmacia fue fundada en el año 1909. La misma estaba ubicada en la calle Entre Ríos, frente a la Plaza Ituzaingó (hoy Plaza Urquiza, llamada también Plaza Nueva) y era esta, en realidad una sucursal de la Farmacia del Comercio del Sr Luis Novello.Tenía como regente y también atendía al público el Sr. Emilio R. Egger, Farmacéutico Nacional.Contaba la Farmacia Ituzaingó “con todos los elementos exigidos por el Petitorio del Consejo de Higiene Pública de la Provincia y con un servicio esmerado y escrupuloso”&nbsp;Esto último quiere decir que contaba con todas las drogas básicas exigidas por la ley: balanza de precisión y común, etiquetas donde constaba el nombre del farmacéutico y espacio para transcribir la composición y peso de cada componente, morteros de distintos tamaños, mesas de mármol y todas las drogas básicas para realizar los preparados, más los distintos elementos del laboratorio. Frascos blancos, otros de color caramelo y potes. No he podido obtener más datos sobre esta farmacia, lo que hace suponer que su existencia fue no muy extensa.</p><p>Farmacia del PuertoEsta farmacia era de propiedad de don Juan Mazzuchi instalada en la calle Buenos Aires y Colón. El diario El Litoral de 1910 muestra un aviso de propaganda de esta farmacia en el que señala: “Esta farmacia no hace competencia en precios, pero si garante la buena calidad de los artículos.Un especial esmero en la preparación en la preparación y despacho de recetas.Surtido general de drogas y productos químicos, farmacéuticos e industriales, aparatos ortopédicos etc.Sin lugar a dudas, esta fue una época de gran prosperidad de la ciudad y que nos muestra la instalación, casi al mismo tiempo de, por lo menos cuatro farmacias. Coincide también con el gran crecimiento argentino en general, la gran actividad portuaria que seguramente la Farmacia del Puerto aprovechó y también la cercanía del ferrocarril. Fue sin duda una época de gran progreso de Concordia, que se manifestó también en la construcción de las grandes mansiones, algunas de las cuales aún muestran su belleza arquitectónica, símbolo de la opulencia de una época.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yok11vBVVy5gjlYqpBfw5oKpCEk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Farmacia  Entrerriana de J.D. Riquelme, Farmacéutico Nacional. La propaganda que publicaba en 1910 en el Diario El Litoral decía “Atendida personalmente por su propietario, con Servicio Nocturno. Gran surtido de drogas y específicos”.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Las antiguas farmacias de Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KMaPnFJsEDSpPRyoI_wDADyuL6o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/garayalde_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>No he podido conseguir más antecedentes del Sr. González Rocha, a pesar de haber atendido su farmacia durante 20 años.</p><p>El 15-03-27 le vendió la farmacia al Sr. Schevar Grachinsky el que también era Farmacéutico Nacional.</p><p>Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre de una altura cercana a los dos metros y gran apostura física.</p><p>Estaba casado con Elena G de Grachinsky,1 primera dentista mujer que hubo en Concordia con consultorio en la calle 1º de Mayo 248, es decir en el local por el cual se accede hoy al hotel Federico 1º &nbsp; Tenían una única hija que era muy bella, en el recuerdo de la gente de aquel tiempo.</p><p>El Sr. Grachinsky era un gran deportista y estuvo dentro del plantel de remeros del Club de Regatas Concordia, pero para los tiempos que siguieron, tenía un apellido demasiado sonoro para el ambiente prejuicioso que se había creado, que no soportó el minucioso escrutinio discriminatorio de sus contemporáneos y lo borraron no sólo de hecho sino hasta su paso por la institución.</p><p>Este fue uno de los motivos que lo llevó a vender la farmacia y a alejarse de Concordia.</p><p>Schevar Grachinsky por las referencias que de él tengo, era un caballero en toda la extensión de la palabra. Víctima de una honda depresión, finalmente se suicidó en la &nbsp; &nbsp; &nbsp;ciudad de Buenos Aires.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Como en esta breve historia ya voy contando de dos suicidios en un ámbito muy chico y muy particular, también debo decir que eran años de una gran desesperanza que cubría al país y al mundo, como si se adivinara o se previera que sobrevendrían años terribles.</p><p>En la Argentina se vivía la Década Infame, detallada en toda bibliografía política en la que se relata el fraude electoral, los votos transeúntes en todas las provincias, la votación de difuntos, la doble, triple y cuádruple votación se coronaba con un mágico cambio del contenido de las urnas realizado en las oficinas de Correo &nbsp;y esa visualización de incertidumbre, casi en esos mismos años llevó al suicidio a personalidades como Horacio Quiroga, Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, Lisandro de la Torre, aunque por motivos distintos, sin embargo la situación nacional y personal indujo a muchos a esa determinación.</p><p>Si reducimos el suicidio a una estadística, con independencia de motivos, (económicos, sentimentales, de salud, honor mancillado) eso es sólo una estadística que en esos años aumentó. El problema es que esa estadística estaba formada por gente real.Farmacia Del Indio fue continuada por Don Santiago Latute, quién imprimió su sello personal a la farmacia, dotándola de cosméticos y perfumería y un buen servicio a domicilio. Gozaba de una muy buena clientela establecida en ese barrio, con gran solvencia económica.Como no era farmacéutico (y como en todos esos casos), la ley establecía que solamente podía ser propietario el farmacéutico, entonces se escrituraba la farmacia a nombre del regente transformándose en “falso propietario” lo que era considerado un verdadero pacto de caballeros ya que el propietario seguía siendo el mismo.</p><p>El farmacéutico del Sr. Santiago Latute era el Sr. Aquiles Bardengo.Cuando fallece el Sr. Bardengo, pasa a desempeñarse en la Dirección Técnica la Sra. Alejandra Morgante Cortés, esposa del farmacéutico militar que a su vez era regente del Policlínico Ferroviario</p><p>En 1976 resuelven trasladar la farmacia a la calle Rivadavia 672 modernizando el local con flamante mobiliario, a un barrio con menos competencia y conservando su muy buena clientela.&nbsp;Por razones del alejamiento de Concordia de la Sra. de Morgante pasa a desempeñarse como regente el Dr. Guillermo Brega.</p><p>Finalmente.,el matrimonio Latute decide afincarse, siguiendo a su hija única Blanca en Israel. El último propietario de la farmacia fue el Sr. Alberto Andrés Pattíni.</p><p>1 Guía de Concordia &nbsp;Año 1936 &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Editada por Talleres Gráficos&nbsp;Casa Seguí&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KMaPnFJsEDSpPRyoI_wDADyuL6o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/garayalde_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Farmacia Del Indio El fundador de esta farmacia fue el Sr. Atiliano González Rocha en 1907. Sólo sé que era farmacéutico.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Las antiguas farmacias de Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d6xNCdD8uvG9qsb3b4YlWXzkUjM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/garayalde_farmacias.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Farmacia Fernández fue fundada en 1910 por el Sr. Camilo Fernández, que como ya he mencionado antes, era farmacéutico, español y ex socio de Germán Somoza en la Farmacia del Pueblo. Teniendo ya su propia farmacia, cuya dirección era Bmé. Mitre 60. &nbsp;El Sr. Fernández vivía al fondo del local, al que se ingresaba por la puerta que está en el nº 64. En el nº 66 hay una escalera que lleva a la planta alta donde vivía el Dr. Aquiles Lorenzo, conocido abogado de esa época. (toda esta propiedad estaba ubicada donde está hoy la Dirección de Rentas Municipal) luego de algún tiempo decide asociarse con el Sr. Aurelio Luís Peirano, Idóneo de Farmacia y natural de Fray Bentos (ROU).</p><p>La Farmacia Fernández rápidamente se afianzó como un lugar muy elegante y de buen gusto. Cabe destacar su excelente mobiliario, así como la notable calidad de sus potes de porcelana y frascos color caramelo y verdes.Era realmente un establecimiento señorial sumado a la muy buena atención profesional de los Sres. Fernández y Peirano.Una vez finalizada la Guerra Civil Española, en marzo de 1939 el Sr. Camilo Fernández decide viajar a España a ver a su familia, o lo que quedaba de ella. El viaje lo realiza en barco en 1940.</p><p>Nadie sabe explicar que le sucedió al Sr. Fernández o que fue lo que vio en España, pero lo cierto es que a su regreso entró en un estado depresivo de tal magnitud al que sólo pudo poner fin quitándose la vida, acto que realizó con una inyección.Este trágico suceso cambió la situación de la sociedad y por esta razón, aconsejada por su abogado, la Sra. de Fernández vendió su parte al Sr. Peirano, poniendo como única condición que la farmacia siguiera llamándose Fernández, cosa que Don Aurelio Peirano respetó.</p><p>Farmacia Fernández mantuvo el prestigio logrado durante esos largos años, y el Sr. Peirano introdujo la innovación del “Servicio Nocturno”En esos tiempos las farmacias no cerraban por vacaciones y se trabajaba hasta los sábados de tarde. El Sr. Peirano, que tenía familiares en Fray Bentos, cada tanto iba a visitarlos con toda la familia. Entonces ponía un cartelito en la farmacia que decía: “Cerrado por Balance”, aunque en realidad, todos sabían que se habían ido a Fray Bentos o de vacaciones.&nbsp; &nbsp;&nbsp;En 1960 adquiere la Farmacia Fernández una sociedad formada por los Sres. Mario E. Quevedo, Marcos Sánchez y el Ing. Alberto Schatz. Ninguno de los tres era farmacéutico, sin embargo el Sr. Mario Quevedo conocía ampliamente la actividad por haber sido propietario de una farmacia en la localidad de San Ignacio (Misiones) y posteriormente, a raíz de que su señora era de Concordia, deciden trasladarse aquí e instalar una farmacia en sociedad con su cuñado, Marcos Sánchez. Esta farmacia se llamó “La Cantera” por estar instalada en ese barrio, concretamente en la calle Alvear esquina Sargento Cabral. Era un barrio en el que no había otra farmacia, lo que les permitió desenvolverse sin dificultades. Sin embargo, algún tiempo después surge la posibilidad de la compra de la Fernández, en pleno centro y deciden vender la Farmacia “La Cantera” a Liliam T. C. de Delaloye y su esposo Orlando y asociarse con el Ing. Schatz para comprar la Fernández. Como decía antes, esta operación se concretó en 1960 pasando a ser su director técnico el Sr. Juan Frascaroli.</p><p>La Farmacia “La Cantera” fue trasladada por los nuevos dueños a la calle Las Heras 450 a la que cambian el nombre por “Farmacia Avenida” con el que hoy continúa.Se continuó con la tradición de conservar el nombre de la farmacia “Fernández” y también con el “Servicio Nocturno”, modalidad esta que siempre funcionó bien por la clientela de última hora, especialmente de los paseantes de la plaza, ya que en esa época todavía se seguía con la costumbre los fines de semana de dar vueltas a la plaza.Luego de algunos años, el Ing. Schatz decide retirarse de la sociedad. Por ese motivo los Sres. Quevedo y Sánchez deciden vender también su parte adquiriendo la totalidad de la farmacia el Sr. Carlos Avilés que tampoco era farmacéutico ni conocía el ramo, ya que provenía del sector gastronómico, habiendo sido propietario anteriormente del local “Las Delicias” que primero fue rotisería y luego local bailable. “Las Delicias estaba ubicada donde hoy está el nuevo Juzgado de Paz, junto al Banco Santander Rio.</p><p>Carlos Avilés también conservó el nombre de la farmacia Fernández y el Sr. Juan Frascaroli siguió asistiendo a la farmacia con su dirección técnica.</p><p>Pero había dificultades para el nuevo propietario de muy difícil resolución.A su inexperiencia en el ramo se debían sumar la descapitalización derivada de la compra, más las cuotas pendientes, surtir las farmacia de medicamentos y perfumería el pago del alquiler, sueldo de un empleado con conocimientos de los cuales él carecía, los honorarios del director técnico, y de un cadete y además…las cuentas corrientes especialmente en una época en la que un porcentaje importante de las ventas se realizaban por ese medio; a las que por otra parte había que cuidar ya que en general eran buenos clientes.</p><p>Al cabo de poco tiempo, no más de tres años, imposibilitado de hacer frente a esta suma de dificultades finalmente vendió la farmacia al Sr. Natalio Embon y su Sra. Beatriz Levinzonas, siendo esta última farmacéutica. Los nuevos dueños cambiaron el nombre a la vieja Farmacia Fernández por el de Farmacia Mayo, por su ubicación frente a la plaza 25 de Mayo, y el Sr. Juan Frascaroli se retiró por no ser necesaria ya su Dirección Técnica.</p><p>La farmacia fue trasladada luego a su nuevo local, en la calle Urquiza nº 672 y sus nuevos propietarios tuvieron el buen gusto de conservar el suntuoso mobiliario, que luego de restaurado, está hoy prestando servicio habiendo superado ya los 100 años. &nbsp; &nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d6xNCdD8uvG9qsb3b4YlWXzkUjM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/01/garayalde_farmacias.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Farmacia Fernández fue fundada en 1910 por el Sr. Camilo Fernández, que como ya he mencionado antes, era farmacéutico, español y ex socio de Germán Somoza en la Farmacia del Pueblo. Teniendo ya su propia farmacia, cuya dirección era Bmé. Mitre 60.  El Sr. Fernández vivía al fondo del local, al que se ingresaba por la puerta que está en el nº 64. En el nº 66 hay una escalera que lleva a la planta alta donde vivía el Dr. Aquiles Lorenzo, conocido abogado de esa época. (toda esta propiedad estaba ubicada donde está hoy la Dirección de Rentas Municipal) luego de algún tiempo decide asociarse con el Sr. Aurelio Luís Peirano, Idóneo de Farmacia y natural de Fray Bentos (ROU).]]>
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            Las antiguas farmacias de Concordia
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xx4LDJwIrJe9pkrCrTrLDwkhmOY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esquina de Farmacia La Estrella a principios del siglo pasado</p><p>Los Telayna eran tres hermanos; Juan, que era el mayor, Pedro y Ernesto, pero quien la administraba era Aurelio. Luego de un tiempo, decide vender la farmacia, negocio que concreta vendiéndola a Aranguren Hnos. el 1º de diciembre de 1927 para dedicarse a las tareas agropecuarias.La sociedad de los Aranguren estaba constituida por los dos hermanos, Justo Andrés (Tito) que era bioquímico y su hermano Francisco (Pancho) –En tiempos de los Aranguren, todavía se conservaban los frascos de porcelana y potes con el nombre de “Farmacia Alemana” de Pedro Menchaca-La Farmacia La Estrella en aquellos tiempos pasó a ser la farmacia de moda por la muy buena atención de los Aranguren y se transformó en un sitio tradicional, donde la gente alternaba mientras esperaba que le prepararan su receta. Además tenían merecida fama por su seriedad, honestidad y don de gente.Como en otros casos que ya relaté, hacían (al decir de Jacobo Bilkis) proto especialidades. Eran medicamentos de su propia invención que estaban listos para la venta. Gozaban de gran fama sus jarabes antitusígenos y balsámicos a base de mentol y eucaliptol expectorantes, sus sellos antigripales su dentífrico “Pirucha” y el Champú de la misma marca “Pirucha”, seguramente en homenaje a la esposa de Tito Aranguren, Margarita Gallegos de Aranguren &nbsp;quién tenía ese apodo. 1 En 1941 hicieron construir un subsuelo-depósito, seguramente para guardar medicamentos que requerían un lugar fresco para su almacenamiento (supositorios, cremas, etc.)</p><p>Los tiempos que siguieron fueron difíciles, por la escasez producida por la Segunda Guerra Mundial y por algunas prácticas comerciales que ya se venían manifestando desde hacía un tiempo. Sin embargo, no todos estaban dispuestos a sumarse a esas actitudes que venían a alterar el plácido ambiente comercial y profesional que imperaba en la ciudad. Los hermanos Aranguren precisamente se habían destacado por su acción ética y caballeresca, no sólo en su actividad comercial y profesional sino también en la vida social y en la forma de relacionarse con la gente.Personas de esa categoría personal carecían de defensa frente a la inescrupulosidad. Más aún en tiempos en los que había una fraternidad ínter farmacias donde había cosas que no se estilaban. Los clientes también participaban de esa lealtad a su farmacia y era infrecuente que un vecino fuese a otro establecimiento que no fuese el tradicional, que era generalmente el de su barrio.</p><p>La Estrella sucumbió sin desviarse de sus normas de rectitud que no podían cambiar…y no lo hicieron.2</p><p>El 15 de julio de 1950 se vendió a una sociedad formada por Enrique Gabe, que era farmacéutico, Jacobo Gabe, que se encargaba de la administración de La Estrella (a la que no cambiaron el nombre) y Pedro Itzcovich, quien se desempeñaba en la atención al público.La nueva sociedad mantuvo la misma actitud ética de sus antecesores manteniendo la clientela que siguió fiel a la farmacia. Con capital propio mejoraron el stock, especialmente en la parte de perfumería, ya eran los tiempos de Kolynos, Colgate, Untisal, Glostora etc. cuya invasión los Aranguren habían resistido a pesar de tenerlos en sus estantes, seguían recomendando las virtudes de los preparados propios.&nbsp;Posteriormente el Sr. Enrique Gabe se retira de la sociedad en razón de su alejamiento de Concordia y compra su parte el Sr. Novidelsky. Por esa razón solicitaron al Dr. Justo Aranguren que se hiciera cargo de la regencia de la farmacia y este aceptó.</p><p>La firma Itzcovich y Gabe trabajó durante más de 2l años y fueron muy cuidadosos en cuanto a seguir las normas de convivencia a las que me referí antes, pero también exigían que los demás las cumplieran.En ese tiempo el horario de cierre de las farmacias era sagrado, igual que el respeto por el que estaba de turno, y era la policía la encargada de hacerlo cumplir.</p><p>Pero también recuerdo a Don Pedro Itzcovich recorriendo la ciudad en su Ford Falcon luego de la hora del cierre, para ver si los demás cumplían.Pedro Itzcovich falleció repentinamente y siendo soltero vivía en el Hotel Central, en una humilde habitación.</p><p>Los restantes socios, Novidelsky y Gabe resuelven vender la farmacia, no sólo porque Don Pedro Itzcovich era quien manejaba el mostrador sino porque nuevos tiempos asomaban en la actividad farmacéutica y era necesario adaptarse a los cambios que se avecinaban, por esa razón la alternativa adecuada era vender la farmacia antes de hacer las inversiones imprescindibles para seguir en carrera.</p><p>Los nuevos compradores fueron Ignacio Guinzburg y Santiago Kessler, ambos procedían de la ciudad de Santa Fé, con un gran conocimiento en el ramo por haberse desempeñado durante mucho tiempo en la Droguería Alberdi de esa localidad.&nbsp;Rápidamente se adaptaron a la ciudad y a su desenvolvimiento comercial por lo que resuelven hacer inversiones importantes y en 1975 amplían las vidrieras, hacen un entrepiso y modernizan el local destinando una parte sólo a perfumería. Traen además perfumería fina importada y dan mucha importancia a la compra directa a los laboratorios, accesorios y perfumerías. Cabe agregar que los señores Guinzburg y Kessler se integraron con bastante facilidad a Concordia y sus modalidades, logrando un numeroso grupo de amigos y destacándose ambos en la vida social de la ciudad y en alguna actividad deportiva. El Dr. Justo Aranguren siguió brindando la regencia a los nuevos dueños hasta el 23 de julio de 1984 en que falleció.En la tarea de la Dirección Técnica de Farmacia La Estrella pasó a desempeñarse entonces, en reemplazo del Dr. Aranguren la farmacéutica Srta. Irma Windels &nbsp;Algún tiempo después, el Sr. Ignacio Guinzburg se retira de la sociedad para instalarse como mayorista de perfumería.Santiago Kessler continúa con la Farmacia La Estrella ayudado ahora por su hijo Adolfo que agrega a la farmacia instrumental médico en lo que se denominó “Cirugía La Estrella”Este último emprendimiento comercial cobra importancia por haberse vinculado con la administración de las obras de Yacyretá como proveedores.</p><p>Sin embargo, Santiago Kessler se ve defraudado por un familiar, aunque por una cuestión ajena a la farmacia, circunstancia de la que no se pudo recuperar y su economía no pudo superar la situación, viéndose obligado a vender La Estrella a Alberto Grand e Hijos, siendo hoy de propiedad del Sr. Carlos Grand y la dirección técnica del farmacéutico Sr. Carlos Contis. Sería entonces la única farmacia del siglo XIX que permanece en el sitio original desde su fundación</p><p>1 Eran también fanáticos del automovilismo y en una ocasión compraron una Bugatti que era la envidia del pueblo (era más o menos como hoy tener una Ferrari), de dos plazas descapotable, blanca, y corrían carreras localmente. Por supuesto que eran el crédito de la ciudad. Una vez tuvieron un desafío del propietario de un Ford A “retocado” para correr una carrera en el hipódromo y se realizó un 25 de mayo del año 1933 ó 34.Pero lo que no tuvieron en cuenta los hermanos Aranguren era que si bien la Bugatti era muy potente, tenía en cambio las ruedas muy angostas y su rival llantas gruesas y la pista era ¡y es de arena!!! &nbsp;No fue carrera y el Ford A ganó sin atenuantes ante el estupor &nbsp;de los asistentes. – Mala suerte para los favoritos-El Dr. Justo Aranguren, siendo jovencito se desempeñaba en la ferretería de su pariente Camaño. Allí armaba las bicicletas que venían desarmadas y las ponía a punto para su venta. Con lo que ahorró se compró la primera motocicleta que hubo en Concordia. Jacobo Bilkis (a quien debo la mayoría de los datos que aquí consigno) cree recordar que la moto era una Royal Enfield inglesa a polea. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Sigue……Tanto llamaba la atención que trascendió que había sido desafiado por un motociclista del Salto, que tenía allí la primera máquina a cadena, más otros competidores que se fueron agregando.Se establecieron las condiciones de la carrera, la que se iniciaría desde el kilómetro seis o sea desde la vía a la entrada de la Pampa de Soler (donde está la Virgen), hasta el puerto.La carrera fue bastante larga, de aproximadamente una hora por los arenales del camino y ese día, una verdadera multitud se hizo presente para ver la singular carrera.&nbsp;Hasta se cruzaron apuestas entre la concurrencia.Se llevaron las motos en el tren hasta el apeadero de La Pampa y…se largó la carrera.Recorrieron la ruta de las carretas que traían a las barracas los frutos del país. Era en realidad lo que se denominaba camino de tropa. Y ganó Aranguren nomás y fue el ídolo del pueblo durante mucho tiempo, en el que cada uno tenía algo que contar sobre las múltiples caídas en los arenales y huellones, poner en marcha nuevamente las motocicletas y seguir. Ganó a pesar de correr en inferioridad de condiciones, ya que las motos a cadena tenían una superioridad indudable sobre las a polea, pero el decía que ganó “porque conocía bien el camino” &nbsp;Fue también el primero en hacer el viaje en moto desde Concordia a Gualeguaychú. Salió a la madrugada de Concordia, arribando a Gualeguaychú a la noche atronando con el escape.Mereció entonces elogios saliendo publicada su hazaña en el diario El Argentino de esa localidad. Tengamos en cuenta que esto sucedió antes de 1914.Con este logro se atrevió al siguiente desafío, que fue el de largarse a Paraná en la moto, pero ya tenía una &nbsp;nueva, a cadena.A falta de rutas iba al costado de las vías, cruzando los arroyos por los puentes ferroviarios y más de una vez, el herrero del &nbsp;pueblo le hizo alguna reparación de emergencia, pero finalmente llegó a destino. Una verdadera aventura en esos tiempos.</p><p>2 El Dr. Aranguren vivía de unas cátedras de química y de merceología en los colegios secundarios de Concordia y su hermano Francisco (Pancho), se fue a vivir a Santa Fé y trabajó como Visitador Médico en el Laboratorio Histol&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xx4LDJwIrJe9pkrCrTrLDwkhmOY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Farmacia La Estrella fue fundada por Don Pedro I. Menchaca en 1899 pero en ese tiempo se llamaba “Farmacia Alemana”. Desde un principio el centro comercial de la ciudad fue ese. No he podido obtener mayores datos sobre esta farmacia, sólo sé que tuvo un depósito enfrente, donde hoy está Carrefour y que siguió operando con esa denominación hasta 1912 en que la compra Aurelio Telayna. El Sr. Telayna decide cambiarle el nombre por “Farmacia La Estrella”]]>
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            Las antiguas farmacias
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/coUTmu4jg7w6FxyXUeNmSSvShrk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine_garayalde.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El señor Urtizberea fue una persona ampliamente conocida y comprometida con el quehacer ciudadano llegando a desempeñarse como concejal de Concordia entre 1900 y 1903, siendo uno de los propulsores de la construcción del busto del Gral. Urquiza que se encuentra hoy en la plaza, que antes se llamó Plaza Nueva, luego Ituzaingó y un poco más recientemente, Urquiza. &nbsp;El nombre de la farmacia se debe a que en el frente ostentaba un globo terráqueo que permaneció allí casi cincuenta años. Al año de instalado, Urtizberea se asocia con el Sr. Luís Maggia y ambos trabajaron juntos algunos años en forma exitosa en su amplio local de la calle 1º de Mayo 67-71 donde preparaban todas clases de recetas, como así también de productos de uso veterinario. Algún tiempo después el Sr. Urtizberea &nbsp;se vuelve al Salto de donde era oriundo y &nbsp;abre otra farmacia.Los diarios de ese tiempo promocionan para las “enfermedades secretas” como blenorragia, gonorrea, gota militar, todas las afecciones de la vejiga y riñones por crónicas que sean, cura radicalmente el “Antineón de Locher”, remedio vegetal inofensivo “Ovarín” se llama el remedio que cura las enfermedades de señoras y niñas, como la inflamación de los ovarios y de la matriz, flujos, menstruaciones dolorosas y desarregladas.&nbsp;El Sr. Luís Maggia decide formar sociedad con el Sr. Justo Siburu a quien agradaba más el trabajo de laboratorio, mientras que a Maggia le atraía más la atención al público y hacer las recomendaciones sobre el uso de los preparados.Esta farmacia siempre tuvo muy buena clientela si tenemos en cuenta además su ubicación estratégica frente a la plaza principal de la ciudad.Pero fue también famosa por las fórmulas y preparados. Algunos de su propia invención, pero también muy eficaces. Todos se rotulaban y etiquetaban. Si se deseaba repetir el medicamento, sólo había que llevar el frasco en cuya etiqueta estaban escritos los miligramos de cada componente.&nbsp;Se hacían también como ya hemos visto en otros casos, productos de uso veterinario para tratamiento de parásitos intestinales y también de uso externo como los garrapaticidas arsenicales y otros productos también de uso veterinario importados directamente de los Estados Unidos. Es decir que no sólo era farmacia sino también herboristería y droguería surtiendo también a toda la Mesopotamia.La importancia que tuvo esta farmacia la da el hecho de que trabajaban diez idóneos de farmacia en la preparación de recetas.Maggia &amp; Siburu fue una sociedad que duró hasta 1937, año en el que “Quiso el destino que en un solo día el comercio perdiera a sus dos puntales: fallecen a escasas horas uno de otro, los señores Maggia y Siburu. Un doble cortejo fúnebre pasó silenciosamente frente a la farmacia ese día. La viuda de Don Justo Siburu, Doña Ercilla Libarona de Siburu decidió continuar con la farmacia, haciéndose cargo de la misma su hijo el Dr. Carlos Siburu posteriormente actuó el Dr. Roberto Ángel Jermou. Ya para 1940 la farmacia era propiedad del Señor Miguel Pedro Rebot”&nbsp;El nuevo dueño, si bien no era farmacéutico, tenía sin embargo una gran experiencia en las tareas prácticas de la profesión, lograda a través de muchos años en los que se desempeñó al frente de la única farmacia existente en la localidad de Gilbert. Como en esa localidad tampoco había médico, todos recurrían a el, lo que le permitió un gran conocimiento de las enfermedades más comunes de niños y adultos en cuanto a su diagnóstico y tratamiento En 1925 se le otorgó el título de Idóneo de Farmacia Matriculado en la ciudad de Paraná.La regencia de la farmacia la ejerció el Dr. Roberto Ángel Jermou durante muchos años hasta su fallecimiento.Don Miguel P. Rebot tenía una sólida fortuna obtenida primero en Gilbert, donde sus actividades no se limitaron sólo a la farmacia, sino que tuvo la usina del pueblo, criadero de pollos, vendía el aceite para toda la maquinaria agrícola de la zona, y también hacía los seguros a todos los productores agrícolas. Entre su numerosa clientela de Gilbert se contaba todo el personal del establecimiento “La Centella” de Juan F. Morrogh Bernard. Aquí en Concordia tenía forestaciones y también numerosas casas de alquiler y terrenos.Don Miguel Pedro Rebot falleció en 1983, haciéndose cargo uno de sus hijos llamado también Miguel Antonio, quién decidió trasladar la farmacia a la calle San Luís y Quintana. En su nueva dirección en 1985 cumplió los 100 años la farmacia “Del Globo”. Miguel Rebot había trasladado todo el mobiliario de la vieja farmacia a su nueva dirección, teniendo como regente a la Dra. Victoria Franzolini de Pacharoni.El lugar en el cual se instaló era un viejo salón al que modernizó por completo, el que tenía una curiosa particularidad, para acceder al local se lo hacía descendiendo dos escalonesTrabajó allí durante varios años hasta que, por razones de salud y edad, la puso en venta.El 1º marzo de 2000 Farmacia del Globo fue adquirida por el Sr. Héctor Maíz y es su actual propietario.Un dato que merece ser destacado en la familia Rebot es el de haber tenido tres generaciones de propietarios de farmacia; Miguel P., Miguel A y Hugo C. Rebot, este último propietario de la Farmacia Salta. Para mayor relevancia de esta curiosa vocación, el primo de Hugo y sobrino de Miguel A. llamado Daniel Rebot era farmacéutico y propietario de la Farmacia Unión, (recientemente fallecido)&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/coUTmu4jg7w6FxyXUeNmSSvShrk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine_garayalde.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Farmacia Del Globo fue fundada el 17 de marzo de 1885 por el farmacéutico uruguayo Emilio Urtizberea en un local alquilado a la familia Carpanelli, de General Campos.]]>
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            Las antiguas farmacias de Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l81iCj5A6FNw7bliJcQe9izOrLc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/garayalde_magazine.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>En 1903 se asocia con un farmacéutico español llamado Camilo Fernández ya que esta farmacia llegó a tener varios empleados por la enorme cantidad de recetas que debían preparar y el Sr. Somoza no daba abasto ya que sólo él manejaba algunas cosas de la farmacia, por ejemplo, el cierre de ampollas, tarea que se realizaba con un pequeño soplete que emitía una llama muy azul. También la balanza de precisión para pesar miligramos la realizaba el. En ese tiempo todo se hacía en la farmacia: jarabes (estos eran con azúcar) elixires (estos con alcohol), comprimidos (había una prensa que comprimía el polvo y le daba esa consistencia) sellos (estos más fáciles de hacer ya que venían las dos tapitas, supositorios (también se hacían en la farmacia con glicerina mezclada con una cera especial y el producto recetado y se colocaban en un molde).Se preparaba la diadermina, linimentos (en los que la trementina y el alcanfor eran casi inevitables), purgantes como la limonada Rogé, la untura blanca era de uso diario, los jarabes para la tos y bronquitis con balsámicos y drogas antitusivas, antisépticos, antiespasmódicos como el Licor de las Hermanas, el láudano el que en ese tiempo se podía vender libremente y luego estaban las recetas de los médicos o fórmulas magistrales que se debían fabricar en la farmacia. Un producto de mucha venta era el Elixir Pectoral del Dr. WexlerEn el diario El Litoral de 1903 la Farmacia del Pueblo promociona el Elixir Antiasmático Martínez, para la cura radical del asma y la bronquitis crónica.Posteriormente, en 1910, el Sr. Camilo Fernández se retira de la sociedad para poner su propia farmacia.Luego, en 1918 la Farmacia del Pueblo es vendida por Germán Somoza al señor Tovy Podolsky quién era Idóneo de Farmacia (el título lo otorgaba la Escuela de Comercio de Paraná). Su empleado de confianza era el señor Andrés Braga Este último no era farmacéutico, pero adquirió fama rápidamente por lo acertado de sus consejos y su conocimiento sobre las más variadas enfermedades. Algunas personas, señores o damas solían esperar pacientemente a que se vaciara la farmacia para hacer su consulta en privado, y hasta eludían ir al médico en algunas circunstancias.El Sr. Andrés Braga fue luego socio de Tovy Podolsky, sociedad que posteriormente funda una droguería a la que llamaron Droguería del Pueblo, la que estaba establecida en un local contiguo a la farmacia, La Rioja 530 (en el local en el que funcionó la Agencia Marítima Galeano, Miguens &amp; Cía y luego Aerolíneas Argentinas).Sin embargo, inesperadamente falleció don Andrés Braga quien era soltero y no había testado a favor de sus familiares más directos, lo que trajo una situación litigiosa por la propiedad de la farmacia y de la droguería, pero, como consecuencia de esta imprevisión sus herederos fueron defraudados. Quedaron sin embargo con la propiedad de los locales que fueron alquilados al Sr. Nelson Delio Viceconte (antiguo empleado de la farmacia y conocedor del ramo, después de trabajar allí durante 45 años también había pasado a integrar la sociedad) Supo llevar adelante la farmacia, beneficiado en parte por la cercanía del Policlínico Ferroviario, que si bien este tenía farmacia propia, siempre tuvieron dificultades para tener un stock adecuado de medicamentos para sus afiliados, por esta razón la proximidad &nbsp;de la Farmacia del Pueblo beneficiaba a esta última con los faltantes del Policlínico.Tengo muy buen recuerdo del Sr. Nelson Viceconte, por ser un hombre recto y sin dobleces y muy apreciado por los concordienses, por haberse brindado con entusiasmo al bien común como por ejemplo al Hogar Escuela Juan XXIII, del que fue su director y dedicó muchas horas a los niños desamparados. Entusiasta del deporte “de los fierros” especialmente en la categoría Turismo de Carretera, inauguró el circuito semi- permanente para nuestra ciudad. Modesto en sus actos, pero generoso y activo también volcó su esfuerzo como miembro del Consejo de la Cooperativa Eléctrica de Concordia&nbsp;La farmacia funcionaba con la regencia de la farmacéutica Sra. Perla M. de Kilstein La Droguería por su parte siguió a nombre del Sr. Tovy Podolsky, y colaboraba en las tareas administrativas el Profesor Rafael Dikenstein con un administrador, el Sr. Jorge Arcusin sin mucha experiencia en el ramo, pero se defendía bastante bien, hasta que finalmente se cerró, más que nada por falta de interés en continuar.Cuando falleció el Sr. Nelson Viceconte, el cuidadoso equilibrio en que sostenía la Farmacia del Pueblo, cuando quedó en manos de sus familiares se perdió, debiendo cerrar sus puertas en 1986 cumplidos ya los 100 años de existencia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l81iCj5A6FNw7bliJcQe9izOrLc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/garayalde_magazine.png" class="type:primaryImage" /></figure>Farmacia del Pueblo fue fundada por el Sr. Germán Somoza en 1882. Esta farmacia llegó a tener una gran actividad y fue una de las más acreditadas de Concordia, también con un laboratorio químico y bacteriológico donde se practicaban esterilizaciones aplicadas a la cirugía y se producía oxígeno químicamente puro; tenía un seleccionado surtido de drogas y productos químicos, específicos nacionales y extranjeros, aguas minerales, perfumería fina y artículos para fotografía.]]>
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