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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-08-01T17:30:04+00:00</updated>
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            La Revolución de Mayo en Entre Ríos
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MIsAyRdUZ0cIYVzC_B9BGyjDKFA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2020/11/23_Artigas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>También teniendo a Entre Ríos por escenario, se preparaba la expedición del General Belgrano con rumbo al Paraguay, que tampoco había reconocido a la Junta, cuya jurisdicción alcanzaba al Paraguay, como parte del antiguo Virreinato del Río de la Plata.El gobierno de Montevideo advertía la importancia estratégica de nuestra provincia para oponerse al gobierno instalado en Buenos Aires e iniciar la contrarrevolución con su poderío naval.Entre el 6 y el 22 de noviembre de 1810, Michelena se apoderó de Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), Gualeguaychú y Gualeguay.Era Comandante General de los partidos de Entre Ríos el Dr. Díaz Vélez quien consiguió escapar hacia la Bajada (hoy Paraná) y oficiar al General Belgrano sobre la situación militar y solicitando órdenes. Belgrano desde la Bajada destacó en ayuda de Arroyo de la China una compañía de tropas de caballería al mando de Diego Balcarce.Díaz Vélez pasó a Santa Fe en busca de ayuda, pero era evidente que ni Santa Fe ni la Bajada del Paraná contaban con fuerzas ya que las que tenían se habían incorporado a la Expedición Auxiliadora de Belgrano.Entre tanto, desde las villas ocupadas, las tropas que respondían al Concejo de Regencia comenzaron a desplegar avanzadas en dirección a la Bajada. Fue así que el alcalde de la Bajada Juan Garrigó, junto a los vecinos comenzaron a adoptar disposiciones de resistencia. El patriotismo de los entrerrianos sin ayuda, comenzó a manifestarse en Nogoyá. Pascual Bergara reunió un contingente de vecinos y hombres de la campaña armados con lanzas y boleadoras. Un enviado por el patriota Pedro José de Ezeiza informaba a las autoridades de la Bajada, los movimientos de las fuerzas del enemigo en Gualeguaychú y Gualeguay. Otros se anticipaban a los movimientos de los españoles no dejándoles ningún medio de transporte ni de alimentos arreando vacas y caballos fuera del alcance de estos.El día 29 de noviembre de 1810 arribaban a Santa Fe para cruzar el río hacia Entre Ríos los primeros refuerzos enviados por la Junta. Eran los efectivos solicitados por Díaz Vélez y el coronel Ruiz. Eran doscientos cincuenta y seis hombres entre jefes, oficiales, clases y soldados del Regimiento de los Húsares del Rey al mando del coronel Martín Rodríguez. Solo que estos refuerzos no pudieron cruzar inmediatamente, porque los navíos de Montevideo dominaban los ríos y una escuadrilla bloqueaba el paso de Santa Fe a la Bajada.Sin embargo, el heroico Bartolomé Zapata había logrado producirles importantes reveses a los españoles, llevándoles la guerra a las villas ocupadas. El enemigo se encontraba paralizado en la costa del Gualeguay defendiéndose de los ataques fulminantes de los gauchos de Zapata con sus lanzas.Cuando la escuadra de Michelena capturó Concepción del Uruguay, el capitán José Rondeau era jefe de las fuerzas españolas. Refiere Rondeau en sus Memorias que ya entonces estaba dispuesto a pasarse a la causa de Buenos Aires. Quiso comunicarse con Díaz Vélez para preparar la insurrección, para lo que se valió “de un mozo del pueblo llamado Ramírez”. Aquel mozo Ramírez citado por Rondeau era Francisco (Pancho) Ramírez. Dentro de las fuerzas de ocupación de Concepción del Uruguay llegó también el capitán de “Blandengues” José Gervasio Artigas, es decir qué en diciembre de 1810, las circunstancias reunían en el mismo punto, aunque en el momento, en distintos frentes quienes años más tarde tendrían tanta importancia en la historia rioplatense,La Junta Gubernativa designó al coronel Martín Rodríguez como gobernador a fin de ir elaborando la guerra contra Montevideo, ya que estos mantenían su bloqueo contra Buenos Aires. Se comenzó por enviar a la Bajada del Paraná al regimiento 6° de infantería de Pardos y Morenos, del cual era segundo jefe el mayor Miguel Estanislao Soler bajo las órdenes del coronel Martín Rodríguez. Con fecha 19 de diciembre tomaron conocimiento de que había salido de Concepción del Uruguay, llegando el 16 a la estancia de Pablo José de Ezeiza, situada en el Paso de la Jacinta y que esa misma tarde había seguido rumbo a Nogoyá. Martín Rodríguez sospechó que la intención de esa fuerza podía ser la de sorprender al capitán Juan Ignacio Vera, al cual se le habían confiado los caudales que debía conducir para el ejército de Belgrano. La Junta informada de estos hechos entendió que ese movimiento tenía un propósito ofensivo y dispuso que el mayor Soler se aprestara a defender la Bajada a fin de que no se cortaran las comunicaciones de Buenos Aires con el ejército de Belgrano. El día 28 de diciembre, Martín Rodríguez informaba a la Junta que Artigas se había replegado a Concepción del Uruguay. Al parecer su misión se trataba de perseguir a quienes habían robado la estancia de Francisco García Petisco, alcalde de primer voto y comandante de la villa de Gualeguay. Agregaba el informe haber recibido algunos desertores de la tropa de Montevideo. Estos habían respondido a una gacetilla que un confidente de Martín Rodríguez había hecho llegar al capitán Rafael Ortiguera y una carta de Balcarce invitándolo a plegarse a la causa patriota.A mediados de diciembre de 1810 circuló en la población oriental de Mercedes la versión de que el coronel Martín Rodríguez se dirigía allí para tomarla. Alarmados los ciudadanos españoles se prepararon para la defensa y dispusieron cinco piezas de artillería, aunque no muy bien servidas. Establecieron centinelas nocturnos para evitar sorpresas. Se encontraba allí en Mercedes el alférez Justo Correa, quien, a pesar de estar enfermo, convocó en secreto a algunos desertores de su cuerpo y a paisanos conocidos para sorprender a los guardias, en cuanto supieran de la llegada de Martín Rodríguez. La noticia de que Correa aspiraba a apoderarse de Mercedes circuló en la campaña, por lo que en enero se presentó Pedro Viera, un brasileño vecino de Biscocho, diciéndole que contaba con treinta hombres para apoyarlo. Correa lo alentó a seguir reclutando gente. A mediados de enero Viera comunicó a Correa que ya contaba con cincuenta hombres para los aprestos.El 19 de enero de 1811, el gobernador De Elío declaró a Montevideo capital del virreinato y asumió allí como Virrey del Río de la Plata nombrado por el Concejo de Regencia el 31 de agosto de 1810.La soberbia de De Elío, rápidamente se puso de manifiesto ya que nada de lo hecho en el plano militar le pareció equivocado. Al alzamiento de la campaña oriental en su contra, lo atribuyó a la retirada de las tropas de Michelena del Arroyo de la China (Concepción del Uruguay). Dispuso concentrar sus fuerzas navales y terrestres en Colonia, desde donde mantendría el bloqueo de Buenos Aires y el dominio de los ríos.En su “Historia de Belgrano”, Mitre dice que el alzamiento se inició en Belén. En una comunicación al general Cabañas en Paraguay el 15 de marzo le dice “Mientras usted se prepara a atacarme, nuestros hermanos en la Capilla Nueva de Mercedes han sacudido el yugo de Montevideo; a ellos han seguido los del Arroyo de la China, Paysandú y hasta la Colonia” Vicente Fidel López dice que el movimiento lo inició Bartolomé Zapata. Es evidente que se trató de una acción combinada con elementos de las dos bandas del río Uruguay y que en su coordinación tuvieron parte José Díaz Vélez, que se encontraba en la Bajada del Paraná y el coronel Martín Rodríguez. En Entre Ríos sin duda los jefes eran López Jordán, su medio hermano Francisco Ramírez, en Arroyo de la China, Vicente Zapata en Nogoyá y Gregorio Samaniego en Gualeguaychú los cuales se pronunciaron el 12 de febrero de 1811. En este movimiento se había comprometido también el capitán José Rondeau quien abandonó a Michelena en Soriano, pasando a Belén para cruzar el río Uruguay y seguir hasta la Bajada del Paraná donde se unió a Díaz Vélez y a Martín Rodríguez. También el mayor Estanislao Soler al frente del regimiento de Pardos y Morenos cruzó el Uruguay en apoyo de los patriotas de la Banda Oriental, los cuales el 27 de febrero se sublevaron y tomaron la Capilla Nueva de Mercedes.</p><p>JOSÉ ARTIGAS SE UNE A LA CAUSA DE BUENOS AIRES &nbsp;&nbsp;Al frente de la plaza de Colonia, el virrey Elío colocó al brigadier Vicente María Muesas, hombre incapaz para afrontar los problemas del cargo. Muesas confió al capitán José Artigas la tarea de reunir el gauchaje de los departamentos de Uruguay y Rio Negro. Era el indicado ya que contaba con un extraordinario prestigio en la Banda Oriental. Pero Artigas tenía un acuerdo con Rondeau, de eso no cabe duda pues tuvo consecuencias terribles para la causa de Montevideo.Decía Rafael Zufriátegui, natural de Montevideo en una exposición en Cádiz: &nbsp;” Para comisiones en la campaña por sus dilatados conocimientos de vagos, ladrones y contrabandistas e indios Charrúas y Minuanes, que la infectan y causan males irreparables, e igualmente para contener a los portugueses que en tiempos de paz, acostumbran a usurpar nuestros ganados y avanzar impunemente sus establecimientos dentro de nuestras líneas”. En esas labores su serenidad, su profunda capacidad de arbitrios y su valentía le fueron ganando la admiración de los paisanos.Fue sin duda la primera personalidad vigorosa que pudo mostrar toda su valía como consecuencia de la Revolución de Mayo, como lo demuestra el hecho de que aún hoy interesa vivamente conocer y estudiar.Escribía el teniente de milicias Francisco Doblas a Manuel Ruiz gobernador de Santa Fe. “Acaba de llegar el capitán de Blandengues de Montevideo D. José Artigas, el capitán graduado de Blandengues de Buenos Aires D. Rafael Ortiguera y el Sr. José María de la Peña. Cura de Colonia de donde saliera el 15 del corriente con destino a la capital de Buenos Aires quienes han comunicado la declaración de guerra que Montevideo ha hecho a la capital, como que por un soldado que mandó el capitán Artigas a Ibirapitá y en Santa Tecla se hallan situado las tropas portuguesas, en el primero como 1,500 y en el segundo hasta 4.000 hombres, con su correspondiente artillería y se ignora su destino. Que en la Colonia quedaban cinco buques de guerra, entre grandes y chicos con la mira de pasar a ayudar al Paraguay; también se me ha informado el dicho capitán Artigas el descontento general de los vecinos de la campaña, y que desde luego emigrarían infinitos si estos tuvieran un apoyo en Arroyo de la China que nos podrían lograr muchas ventajas si estuviéramos apoderados de aquel punto”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MIsAyRdUZ0cIYVzC_B9BGyjDKFA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2020/11/23_Artigas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras se desarrollaban en el Alto Perú los acontecimientos ya relatados, en Montevideo (que no había reconocido a la Junta de Buenos Aires) se preparaba el comandante Juan Ángel Michelena y la flota a su cargo para tomar posesión de las villas de la costa del Uruguay en Entre Ríos.]]>
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                <published>2026-08-01T17:30:00+00:00</published>
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            El Alto Perú se desintegra
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HZG07aztSvOW5RbnASLOk0VnkHo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garayalde_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Dispuesto a avanzar sobre Potosí, Castelli despachó al capitán Martín Güemes con ciento cincuenta hombres para la provincia, a la vez que dispuso la persecución y detención de todos los enemigos de la Junta huidos de Potosí y Chuquisaca. El ejército patriota ocupó Cotagaita el 12 de noviembre de 1810 Desde Tupiza Castelli escribe a la Junta “Vamos a Potosí, no a oprimir a un pueblo con el peso de las armas victoriosas, no a saquearlo ni horrorizarlo como los antiguos tiranos y déspotas de estas desgraciadas provincias. Vamos a terminar el plan de unidad sostenido por el gran pueblo de Buenos Aires, a radicar la paz y tranquilidad y coronar la obra de serenidad, felicidad y estabilidad general”Entretanto la retaguardia de la Expedición Auxiliadora llegaba a Jujuy con Ortiz de Ocampo y Borges. Desde este punto Borges escribió a Castelli acusando a Ortiz de Ocampo de la desaparición de cinco fardos de tela de lana tejida que conducía por su cuenta y cargo en una carreta. Los términos violentos en los que se expresara sobre el Jefe de la Expedición hicieron que el 23 de noviembre Castelli lo destituyera del ejército, calificando con dureza al contingente santiagueño de su mando, del que dijo era más una “tropa de salteadores que un ejército”. En la oportunidad separó de todo mando a Ortiz de Ocampo y designó general en jefe de la expedición a Antonio González Balcarce, segundo jefe al sargento mayor Juan José Viamonte y tercero a Eustoquio Díaz Vélez; ordenó a Chiclana anular la elección de capitulares hecha en Santiago del Estero el 6 de noviembre y que nombrara en lugar de los electos a los integrantes de una lista que mandó.La Junta de Buenos Aires, por su parte, acordó que los jefes y oficiales que habían participado del combate de Suipacha, usaran un escudo en el brazo derecho, con fondo de paño blanco, con la leyenda “La Patria a los vencedores de Tupiza”. Es que no se podía haber recibido en Buenos Aires una noticia más auspiciosa que el triunfo de Suipacha, ya que en aquellos días el capitán realista Juan Ángel Michelena ocupaba en Concepción del Uruguay, mientras que la Expedición Auxiliadora destacada al Paraguay al mando de Manuel Belgrano marchaba hacia lo incierto.En tanto en el Alto Perú ante el avance de las fuerzas patriotas y la firme determinación de los alto peruanos de seguir la suerte de Buenos Aires, los focos de resistencia se deshacían por si solos.A lo único que atinaron fue a poner bajo la dirección del mayor general José de Córdova las pocas fuerzas que lograron reunir. Cuando el 9 de noviembre se supo en Potosí lo ocurrido el Suipacha, el gobernador Francisco de Paula Sanz reunió una junta para considerar las medidas a adoptarse, pero “el pueblo pidió con insistencia su total separación. El gobernador Sanz intentó resistir y las fuerzas de Arequipa bajo su mando dispararon contra el pueblo, que respondió enfurecido poniendo preso al gobernador y constituyó una junta local de gobierno. El primer acto de este cuerpo fue reconocer a la Junta de Buenos Aires y despachar dos delegados para dar la bienvenida a Castelli y González Balcarce. Estos entraron en la Villa Imperial el 25 de noviembre. Justamente a los pocos días, previendo los hechos, la Junta de Buenos Aires había resuelto (3 de diciembre) que Feliciano Chiclana pasara de Salta a hacerse cargo de la gobernación intendencia de Potosí.Escribía Mariano Moreno: “Potosí es el pueblo más delicado del Virreinato y es preciso usar con él un tono más duro que el que se ha usado en Salta. Mire Vd. Que todo europeo en el momento de una convulsión ha de ser nuestro enemigo; que todos los empleos se pongan en manos de hombres del país, y entonces los verá Vd. empeñados en sostener la nueva obra”. Y agregaba Moreno “Perezca Indalecio González Icaza, y no le valgan antiguas relaciones con el buen patriota Alcaraz: la Patria lo exige y esto basta para que lo ejecute su mejor hijo Chiclana” En nota aparte informaba que Alcaraz era nacido en Buenos Aires, hermano de la esposa de Chiclana y acaudalado minero de Potosí, donde trabajaba en sociedad con Indalecio González Icaza, español de origen, cuya muerte ordenaba Moreno.El pronunciamiento de Cochabamba, seguido por el de Oruro produjeron considerable impresión en Chuquisaca, donde el brigadier Vicente Nieto no se había hecho querer, de manera que al recibir la noticia del triunfo de los patriotas en Suipacha, el 12 de noviembre se reunió el Ayuntamiento y resolvió llamar a Cabildo Abierto para el día siguiente, resolviendo enviar a la Junta de Buenos Aires como diputados a José Eugenio de Portillo y Garay mostrando su adhesión a la Junta y también al canónigo F.J. de Orihuela. A la vez el Ayuntamiento le pedía a Goyeneche “diera órdenes a las tropas que hubieran descendido del Perú se replegaran a la banda occidental del río Desaguadero, se suspendieran las actividades hostiles, sin avanzar un paso sobre la línea de demarcación de las provincias del Río de la Plata”Días después de Suipacha, los patriotas de Cochabamba obtenían en Aroma un nuevo triunfo para la causa de Buenos Aires.Fuerzas del Ejército del Perú, al mando del coronel Juan Ramírez habían avanzado hasta Viacha con el propósito de ocupar Oruro y dejar liberado el camino para que los auxilios que el virrey Abascal había despachado llegaran a destino.De acuerdo con Domingo Tristán gobernador intendente de La Paz. Ramírez hizo avanzar sobre Oruro a una columna de tropa veterana al mando del coronel Fermín Piérola. Oruro había sido tomado por fuerzas patriotas de Cochabamba al mando de Esteban Arce y Bartolomé Guzmán, pero resolvieron no esperar a Piérola y salir a su encuentro; y así lo hicieron seguidos por dos mil hombres, casi todos de caballería apoyados por dos pequeños cañones. Fuerza poderosa pero indisciplinada carente de armas y de oficiales expertos, qué si bien iba a enfrentar a unos quinientos enemigos, se trataba de soldados instruidos y bien armados y con oficialidad capaz al frente. El 14 de noviembre tuvo lugar el choque de ambas fuerzas en los llanos de Aroma. El ataque de los patriotas de Cochabamba fue puro coraje. Sin orden, sin plan, sin disposición de combate, avanzando bajo el rigor del fuego enemigo con tal empuje que lo dispersaron y persiguieron hasta Sicasica. En este punto Piérola intentó reorganizarse, pero el pueblo los acometió con palos y piedras, obligándolo a huir hacia el departamento de Santa Cruz.</p><p>LA PAZ SE PLIEGA A LA CAUSA PATRIOTA&nbsp;El coronel Juan Ramírez supo al día siguiente la derrota sufrida por Piérola y desde Viacha informó a Tristán qué si La Paz no le era adicto, se replegara con sus fuerzas de la guarnición hacia Viacha. Ya había llegado además la noticia de lo ocurrido en Suipacha y que tanto Chuquisaca como Potosí se habían pronunciado a favor de la causa patriota. Domingo Tristán reunió al cabildo y luego publica un Bando desacreditando a Nieto y a Paula Sanz y además expresaba su apoyo a la Junta de Buenos Aires. Goyeneche recibió una intimación del Cabildo de Chuquisaca y contestó que se retiraría, siempre que no se amenazase con atacar territorio del Perú.La Expedición Auxiliadora prosiguió su avance, aunque con gran retraso hasta llegar a Potosí donde se detuvo dos meses, mientras Castelli y González Balcarce con la vanguardia avanzaron hasta Chuquisaca.Al iniciar Castelli su marcha rumbo a Potosí, la guerra podía darse por terminada. El viaje fue una marcha triunfal a cuyo paso recibió la adhesión de los pueblos y la noticia de los sucesivos pronunciamientos del resto de las gobernaciones intendencias que integraban el Virreinato del Río de la Plata.Pero el éxito envaneció a Castelli en lugar de comprender que había llegado el momento de ser prudente y ser benevolente con el vencido, pero tenía la convicción de que había enemigos emboscados en todas partes, fomentó los resentimientos y dividió al Alto Perú en bandos y terminó por envolverlo en una guerra que habría podido evitar o por lo menos postergar con una conducta más prudente.Ni bien se instaló en Potosí comenzó por deportar a Salta a cincuenta y tres vecinos sospechosos de deslealtad, gente valiosa y de prestigio, por lo que la medida se hizo impopular.En la Casa de la Moneda se encontraban detenidos Nieto, Sanz y Córdova, a los cuales inició proceso, acusados de alta traición, usurpación y perturbación pública. Tenía Instrucciones redactadas lejos del lugar de los acontecimientos, por simple implicancia de lo ocurrido en Córdoba, olvidando que ninguno de los tres podía ser considerado un caudillo peligroso, como tal vez lo hubiera sido Santiago de Liniers, fusilado en Córdoba.La sentencia de muerte que entregó el teniente coronel Eustoquio Díaz Vélez y el ayudante capitán Matías Zamudio para ser notificada a los reos que la recibieron de rodillas. El 15 de noviembre los reos fueron fusilados en el centro de la plaza de Potosí, ante el estupor del pueblo.La crónica dice que el mariscal Nieto pidió se le quitara la venda para ver la bandera bajo la cual moría “¡Son las del Rey! ¡Muero contento!!” gritó al divisar las insignias reales.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HZG07aztSvOW5RbnASLOk0VnkHo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garayalde_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Luego de la batalla de Suipacha, vale decir el primer triunfo del ejército argentino, provocó el derrumbe del régimen colonial en el Alto Perú.]]>
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            Los primeros combates
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ErjDF-YAvAyUwCyGAiaJNRRk99Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garayalde_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La primera reacción contra ella fue la de desarmar al cuerpo de Patricios de Buenos Aires que había llevado el gobernador y presidente de Charcas, Mariscal Vicente Nieto. Estos fueron recluidos a las minas de Potosí como castigo por haber hecho “un brindis por su antiguo jefe del regimiento de Patricios don Cornelio Saavedra”De los gobernadores intendentes, Vicente Nieto fue el que más activo se mostró. Expulsó a los oidores de la Real Audiencia y al fiscal José Antonio Álvarez de Arenales, a Bernardo Monteagudo, y a J. Zudañez, apresuró la requisa de armas e invitó a los gobernadores de las provincias alto peruanas a enviar representantes a una especie de congreso para planear la estrategia para aniquilar a la Junta de Buenos Aires. Solo contestó el gobernador de Potosí, Francisco de Paula Sanz. En la reunión, se acordó solicitar que las cuatro provincias del Alto Perú sean incorporadas al virreinato de Lima. Por su parte, el virrey Abascal encomendó al gobernador del Cuzco, Goyeneche que facilitara a Nieto el armamento y equipo necesario para dos o tres mil infantes y mil o dos mil soldados de caballería y los concentrara en el río Desaguadero. Nieto ya había avanzado con alguna tropa y movilizado las milicias de Arequipa, Puno y Oruro.Mientras tanto Cochabamba se pronunciaba reconociendo a la Junta de Buenos Aires y reunió dos mil hombres de caballería para la toma de Oruro, por lo que Nieto quedó aislado de los refuerzos que esperaba del Perú. El 24 de septiembre, Santa Cruz de la Sierra se pronunciaba en apoyo de la Junta.En tanto, las tropas de Buenos Aires al mando de González Balcarce, había recibido el apoyo del salteño Martín Miguel de Güemes y el 4 de octubre tomaron y ocuparon Yaví.</p><p>COTAGAITAEl grueso de las tropas que respondían al Consejo de Regencia de España, establecieron el Cuartel General en Santiago de Cotagaita, sobre la margen del rio que pasa a la vera de dicha población. El 27 de octubre de 1810 la avanzada de la Expedición Auxiliadora llegó al lugar. Ninguno de los dos ejércitos superaba los dos mil hombres. Gonzáles Balcarce les intimó la rendición. Córdova contestó que “un militar de honor, con las armas en la mano no contestaba una intimación”. La posición del Mariscal Nieto estaba defendida por fosos y parapetos que unían los reductos. La artillería consistía en diez piezas de artillería colocadas entre las tropas de infantería. González Balcarce inició el ataque a las 10 de la mañana. No tenía para batir los reductos más que un cañón y un obús, confiando más en el valor de sus tropas con repetidas cargas sobre el ala derecha del enemigo, hasta lograr saltar las trincheras y atravesando una quebrada, desalojarlos de una altura que ocupaban. También atacaron el centro y el ala izquierda, pero fueron rechazados. Después de cuatro horas de combate sin resultados, ante el temor de sufrir una derrota, Balcarce optó por retirarse ordenadamente.El factor del fracaso del ataque fue sin duda alguna, fue la paridad de fuerzas en un campo en el que el enemigo ocupaba posiciones defensivas bien planeadas.Pero también y muy espacialmente la conducta del capitán de artillería Juan Ramón Urien que huyó del frente con la pieza puesta bajo su mando. González Balcarce informó a la Junta que “El atolondrado y cobarde comandante de artillería D. Juan Ramón Urien divulgando la voz de hallarse herido, desamparó la pieza que mandaba en medio de la acción, y sin darme el más mínimo conocimiento emprendió una vil y vergonzosa fuga, viniendo por toda la carrera vociferando que todo el ejército se había perdido (las víctimas fueron tres muertos y seis heridos) y que quedaba el río Santiago cubierto de nuestros cadáveres. Son incalculables los males que ha traído este procedimiento al que no puedo encontrarle principio: los pueblos se intimidaron y salieron muchas familias fugitivas, los auxilios que me venían, y que con tanta urgencia necesito: los hizo retroceder; y cuando podía yo contar en el día con toda la artillería y refuerzos reunidos… aún me veo constituido a tener que sostener algún ataque con notable desigualdad”La noticia de lo acontecido en Cotagaita llegó a Buenos Aires tan deformada que confundió a la Junta, pues se creyó que los patriotas habían sufrido una gran derrota. Moreno redacta para Castelli violentas instrucciones el 18 de noviembre. Se decía en ella que confiaba en que el ejército sería reorganizado, incitando a Castelli que con golpes de genio desorientara al enemigo. Se le ordenaba pasar por las armas al capitán Urien; una vez obtenida la victoria, sacar de Potosí a todos los europeos hasta no dejar uno solo y disponer que sean ellos los que paguen los uniformes nuevos para todo el ejército.El contraste de Cotagaita también alarmó al gobernador de Córdoba Juan Martín de Pueyrredón, quien con la premura del caso preparó un convoy y milicianos de guerra que fuese al mando de José María Paz, para conducirlo al norte. A unas treinta leguas de Córdoba, Paz entró en la historia en este pequeño episodio, encontró al mayor Ramón Roque Tollo, quien conducía el parte de la victoria de Suipacha. Paz no se detuvo y pudo cumplir con su comisión al encontrarse con el general Ortiz de Ocampo en San Salvador de Jujuy, hecho lo cual regresó a Córdoba, para proseguir sus estudios en la Universidad.</p><p>SUIPACHAEn su lenta retirada de Cotagaita hacia Tupiza, González Balcarce consideró conveniente dirigirse a Suipacha, para no dejar que este pueblo cayera en manos del enemigo.El 6 de noviembre al atardecer acampó en el pueblo de Nazareno, río por medio de la Villa de Suipacha. A medianoche recibió un refuerzo de doscientos hombres y dos cañones que Castelli hizo avanzar a marcha forzada desde Cangrejos, donde se encontraba reuniendo elementos.Mientras tanto el enemigo (digo enemigo y no realistas porque los dos bandos eran realistas en ese momento) recibió instrucciones del virrey José Abascal que Vicente Nieto debía unir sus fuerzas con Francisco de Paula Sanz y juntos se adelantaran hasta Tupiza, pero Nieto desoyó la orden, debido al pronunciamiento de Cochabamba por la Junta, que era el preanuncio de que también lo hiciera Oruro y Chuquisaca.&nbsp;Pero el enemigo creía que los patriotas marchaban descontentos y mal armados por falsas informaciones que se les hacían llegar. El lugar donde ambas fuerzas iban a encontrarse a orillas del río Suipacha, este separa a las poblaciones de Nazareno y Suipacha; aquella sobre la ribera sur y este sobre la norte. En ese punto el río alcanza a veces un ancho de treinta cuadras de playa pedregosa, cuyo lecho recibe en verano los aluviones que bajan de la cordillera andina. La villa de Suipacha se alza en la falda de los cerros que la envuelven por el norte y por el este; instalado González Balcarce en la margen sur del rio citó a consejo de guerra, el que adoptó la opinión de Manuel Balbastro, de esperar el ataque enemigo hasta el momento en que este franqueara el río. El 7 de noviembre apareció la vanguardia de Córdova ocupando posiciones en la playa, y algunas alturas sobre el flanco izquierdo del Ejército de Buenos Aires. González Balcarce había ocultado gran parte de la infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas. Largo rato, permanecieron ambas fuerzas sin actuar. González Balcarce adelantó entonces doscientos hombres con dos cañones para provocar la lucha. El enemigo adelantó entonces guerrillas ante las cuales los patriotas iniciaron una retirada en aparente desorden, al punto que hizo creer a Córdova que huían sin presentar lucha. Imprudentemente dio orden de perseguirlos avanzando con toda su fuerza hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. En este punto los patriotas volvieron la cara, a tiempo en que las fuerzas ocultas salían de su escondite para atacar inesperadamente. La infantería cargó con gran valor y tal brío que desordenó completamente al enemigo y este, se dio a la fuga por cerros y caminos, arrojando banderas, armas y equipo. Media hora duró la Batalla de Suipacha. Nieto que había quedado en Cotagaita, emprendió la fuga ni bien supo del desastre.El diario “La Gazeta” de Buenos Aires del 3 de diciembre después de detallar el desarrollo de la batalla, concluye que el ejercito patriota le había tomado dos banderas al enemigo, ciento cincuenta prisioneros y que, aunque los patriotas los persiguieron no pudieron dar con Córdova, pero volvieron cargados con las armas y municiones que los fugados abandonaron. Las víctimas patriotas se limitaron a un soldado de Tarija, muerto; dos oficiales heridos: el alférez de las milicias de Salta Eduardo Gaona, y el abanderado de Tarija, Manuel Álvarez, más diez soldados heridos de distintos escuadrones. &nbsp;Sería Suipacha el primer triunfo de los revolucionarios rioplatenses en Sudamérica sobre el Ejército Español el 7 de noviembre de 1810 .</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ErjDF-YAvAyUwCyGAiaJNRRk99Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garayalde_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Las noticias sobre la destitución del virrey Cisneros y su remplazo por una Junta Provisional Gubernativa se supieron en Potosí el 17 de junio y Chuquisaca (Charcas) en día 20.]]>
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            El fusilamiento de Liniers
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4WUUC0amKKVyRvSnm2dRZEUMpfU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garayalde.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esta fuerza se integró con las compañías existentes. Se tomaron dos de Patricios, sacadas de los regimientos 1° y 2°, una del regimiento 2° de Arribeños; dos de los batallones 4° y 5° (antiguos Montañeses y Andaluces) y del de Pardos y Morenos; esto es diez compañías con un total de seiscientos hombres. Se agregaron cuarenta artilleros y sesenta más de la artillería volante del regimiento de la Unión, cincuenta hombres del “Fijo” y otros tantos de Dragones y Húsares y cien Blandengues.Cuando se pasó revista antes de la partida el 25 de junio, sumaban mil hombres, tal como se dispuso.Esta expedición fue denominada Auxiliadora, ya que iba en auxilio de los cabildos que deseaban apoyar a la Junta, y fue puesta al mando del coronel del cuerpo de Arribeños Francisco Antonio Ortiz de Ocampo y como segundo jefe al teniente coronel Antonio González Balcarce. También acompañaban a la expedición, una comisión que representaba a la Junta, integrada por Hipólito Vieytes, Feliciano Chiclana como auditor y como secretario Vicente López y Planes.El 7 de julio partió de Buenos Aires la expedición que tenía por objeto subordinar a la Provincia de Córdoba a la autoridad de la Junta y remitir detenidas a las autoridades de esa provincia.El día 14 la columna se encontraba en Luján, donde recibieron la orden de apresar a Liniers, Gutiérrez de la Concha, Rodríguez, Allende, Moreno, García de la Piedra y el obispo Orellana y remitirlos a Buenos Aires.&nbsp;Sin embargo, el 27 de julio les llegó una resolución que significaba la pena de muerte y que debía aplicarse sin dilación “en el momento que todos y cada uno de ellos sean pillados, sean cuales fueran las circunstancias…sin dar lugar a minutos que proporcionasen ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumplimiento de esta orden y el honor de V.A.”. La terrible sentencia fue firmada por todos los miembros de la Junta, con la excepción del Pbro. Manuel Alberti, que por su carácter sacerdotal, se negó a hacerlo.</p><p>HUIDA DE LOS REACCIONARIOS DE CORDOBAEn cuanto la Expedición Auxiliadora se encontraba a poca distancia de Córdoba, el presidente del Cabildo Juan Gutiérrez de la Concha, español de nacimiento se preparaba junto a Liniers para huir con las pocas fuerzas que logró reunir y que al parecer le eran adictos.Tenían el propósito de unirse en el norte a las tropas que reunía el mariscal Nieto en la región alto peruana.En la noche del 1° de agosto, a las puertas de Córdoba Ortiz de Ocampo supo por Faustino Allende que los jefes de la resistencia y sus cómplices se habían adueñado de la ciudad.El día 3 de agosto en Corral de Bustos, un sargento de su confianza fue disfrazado de arriero y había entrado en Córdoba con ese atuendo. Por él supo que los prófugos llevando nueve piezas de artillería volante del calibre 4, 6 y 8, además de algunos carros y cuatrocientos hombres con fusiles y lanzas se dirigían al Alto Perú, pero su marcha era lenta por la impedimenta. Ortiz de Ocampo convino en que debía procurar su captura y a tal fin destinó 300 hombres montados, al mando del mayor general Antonio González Balcarce, el cual por falta de caballos y avisado del desorden en el que los rebeldes se retiraban resolvió perseguirlos con solo setenta y cinco hombres. La retirada era realmente lamentable, con deserciones continuas que mermaron sus filas. Entre Totoral y Tulumba se encontraban casi solos. Casi todos habían huido.Tan lenta era la marcha, que no llevaban más que un da de ventaja a sus perseguidores, tal como lo previó Ortiz de Ocampo.El día 5 de agosto, Vieytes informaba que Chiclana había tomado rumbo a Salta siguiendo a los prófugos y que González Balcarce había apostado fuerzas en el camino. Ese día, el grueso de la Expedición Auxiliadora, que iba “a pie, sin caballos”, cruzó el Rio Segundo y Vieytes anunciaba que al siguiente día estarían en la capital cordobesa.Los prófugos acordaron dividirse y emprender la huida a caballo dejando las armas y toda la impedimenta. Así lo hicieron llevando cada grupo sus mulas de carga: Liniers con su ayudante Lavin y el canónigo Llanos tomó por la izquierda en dirección a la sierra; el obispo Orellana y su capellán Jiménez, se dirigió rumbo opuesto a la casa de un cura amigo; en tanto Gutiérrez de la Concha, Rodríguez y los demás siguieron por el camino de las postas, por lo que fatalmente caerían en poder de las partidas perseguidoras, pues González Balcarce había enviado varias partidas sobre esas rutas.González Balcarce dispuso que el coronel José León Domínguez con parte de las tropas, se encaminara a tomar la entrada de la travesía. El, por su parte, abandonó el camino principal para ir reconociendo los ranchos del camino. Ya en plena noche, avistó una luz que “encontró que la sostenían dos hombres a la puerta de una cerca de ramas de árboles” estos paisanos estaban guardando las mulas que eran de Santiago de Liniers, quien se encontraba escondido en un rancho en un monte cercano. Dice Groussac: el delator era un negro, peón de la estancia, que había recibido dinero de Liniers para ocultarle: sirvió de guía para descubrirle”Se encargó el ayudante de campo José María Urien aprehender a Liniers, lo que hizo a medianoche, sorprendiendo también al canónigo Llanos y a dos mozos y a un criado que dormían sin vigilancia alguna. Urien trató a Liniers con una crueldad innecesaria, luego de un intento de resistencia de este, después de saquear su equipaje y despojarle del dinero y las joyas que llevaba. Aquella misma noche, el coronel Domínguez debió abandonar la marcha por causa de una indisposición, pero su gente siguió tras los fugitivos y donde el graduado Manuel Rozas pudo detener al obispo Orellana a unas ocho leguas de donde fue hallado Liniers. Por su parte, el teniente Albariño logró detener al gobernador Gutiérrez de la Concha, al coronel Allende, al asesor Rodríguez, al ministro Moreno y a algunos oficiales. Desde la posta de Pozo del Tigre, el 7 de agosto envió su parte a Ortiz de Ocampo. Este tenía la intención de enviarlos directamente a Buenos Aires tal como se le había ordenado. Pero luego llegó la resolución de la Junta de que debían ser fusilados. La noticia causó honda consternación en Córdoba, ya que algunos de ellos pertenecían a viejas familias cordobesas. El deán Funes y muchas otras personalidades lograron influir sobre Ortiz de Ocampo y Vieytes, al punto que el día 10 comunica a la Junta que la mayor parte del pueblo se cubriría de luto si los prisioneros eran ejecutados. Mariano Moreno contestó el 18 de agosto, haciéndole notar que “la primera virtud de un general era la obediencia, que era a su vez la mayor lección que podía dar a su Ejército, y lo que debe exigirle en el acto de un combate”Cuando la Junta entró a considerar la actitud de Ortiz de Ocampo, Moreno exhibió un pasquín arrojado la noche anterior en el zaguán de su casa, que decía: “Si no muere Liniers, ¡Que viva!” La disyuntiva era clara: o moría o entraba triunfante en Buenos Aires. La Junta resolvió que uno de sus miembros partiese a cumplir la orden de ejecución. Fueron designados Castelli y Larrea. Castelli aceptó llevando consigo a Nicolás Rodríguez Peña como secretario y una escolta de cincuenta hombres (25 oficiales y 25 soldados) seleccionados de los regimientos América y Húsares al mando de Domingo French.En sentido opuesto viajaba hacia Buenos Aires la caravana de los prisioneros que en la madrugada del 25 de agosto llegó a Cruz Alta donde se encontró con un cuerpo de tropa al mando de Juan Ramón Balcarce. Notificados los prisioneros de la decisión de la Junta, Liniers y Gutiérrez de la Concha pidieron al capellán de la expedición, Pbro. Lázaro Gadea, para su consuelo espiritual y a la par, que se les permitiera testar, lo que les fue concedido. En la mañana del domingo 26 llegaron a un lugar llamado Monte de los Papagayos, donde se encontraba Castelli, el cual les leyó la sentencia de la Junta, liberando de la sentencia de muerte al obispo Orellana, por el carácter de su investidura.A las siete y media de la mañana de ese día, fueron ejecutados los demásPrisioneros. Liniers quedó con vida, y toco al coronel French efectuarle el tiro de gracia en la sien. Los cadáveres conducidos en una carretilla a Cruz Alta, sepultados al lado de la iglesia en una fosa común. Al otro día el cura separó los cuerpos y los sepultó con una identificación. Medio siglo más tarde, pedidos por el gobierno español, los restos de Liniers y Gutiérrez de la Concha fueron expatriados y depositados en el panteón de los marinos ilustres de San Carlos “Juntos en la gloria, como lo fueron en el infortunio”. &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4WUUC0amKKVyRvSnm2dRZEUMpfU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garayalde.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En una nota pasada al Cabildo, el 25 de Mayo “en nombre del pueblo”, se solicitó que en el término de 15 días se enviara una Expedición Auxiliadora de quinientos hombres, destinada a garantizar a los cabildos del interior, la libre expresión de su voluntad. La actitud de Montevideo, que igual que Córdoba, no reconocieron a la Junta Provisional Gubernativa convenció a los miembros de la Junta, especialmente a Azcuénaga y Saavedra, que cabía esperar una resistencia mayor de algunos cabildos, pues acordó enviar mil hombres.]]>
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            REVOLUCION 4 DE JUNIO DE 1943. El espionaje alemán
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Q2VdbKPSfqPAhhhOnv63JE7x_5U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/gou_patria_y_honor.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Le había tocado asumir el cargo de presidente por el fallecimiento del Dr. Roberto M. Ortiz, en momentos en que el mundo estaba estremecido por el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.Pero en esta oportunidad, era difícil mantener uno de los basamentos de la diplomacia argentina de mantener la neutralidad, como en la Primera Gran Guerra. Ahora en nuestro país, como en muchas otras partes, había neutrales, había pro Aliados y pro Italo Germanos.Castillo pretendía ser neutral en un mundo convulsionado que exigía definiciones, debiendo soportar presiones de EEUU para que rompamos relaciones con Alemania. La neutralidad era cosa del pasado.</p><p>EL G O UPor otra parte, tampoco los Jefes Militares compartían el criterio del presidente, y eran frecuentes las reuniones para tratar el tema que debía ser resuelto. A tal fin se creó una logia militar secreta, la que sería denominada GOU. (Grupo Oficiales Unidos) el día 10 de marzo de 1943 y que sería la inspiradora y organizadora del golpe de Estado del 4 de junio de 1943.Potash Robert “El ejército y la política en la Argentina” Hyspamerica 1985 pág. 311 a 313.No se puede entender la Revolución del 43 sin otorgar al GOU el papel principalísimo que tuvo esta logia militar y el gobierno posterior a la destitución del Dr. Ramón S. Castillo.El GOU nace en una reunión realizada en el Hotel Conte. La presidían dos tenientes coroneles, Miguel A. Montes y Urbano de la Vega para tratar la situación mundial y las divisiones que reinaban en las filas castrenses. Al grupo inicial fue invitado el teniente coronel Juan Perón, luego de una conferencia secreta en la que mostro el rumbo que tomaban los acontecimientos mundiales, que Perón analizó prolijamente. La conferencia de Perón fue brillante y allí mismo se comienza a hablar de la toma del poder.Gradualmente el GOU se fue nutriendo de nuevos integrantes formado en principio 19 miembros: Teniente coronel Domingo Mercante, Teniente coronel Severo Eizaguirre, Mayor Raúl O. Pizales, Mayor León Justo Bengoa, Cap. Francisco Filippi, Teniente Coronel Juan Carlos Montes, Teniente Coronel Julio A. Lagos, Mayor Mario Villagrán, Mayor Fernando González, Tte 1° Eduardo Arias Duval, Teniente coronel Agustín de la Vega, Teniente coronel Arturo Saavedra, Teniente coronel Bernardo Guillenteguy, Teniente coronel Héctor Ladvocat, Teniente coronel Bernardo Menéndez, Teniente coronel Urbano de la Vega Aguirre, Teniente coronel Enrique P. Gonzalez , Coronel Emilio Ramirez , Coronel Juan PerónOtros Jefes Militares, como los generales Arturo Rawson, Edelmiro J. Farrell y Pedro Pablo Ramírez integraron el nuevo gobierno, aunque no eran miembros de la logia del GOU. En los primeros tres días asumió el general Arturo Rawson, quien sería remplazado rápidamente por el general Pedro Pablo Ramírez.En el Ministerio de Guerra asumió el general Edelmiro Farrell quien nombró a su vez en un cargo al coronel Juan Perón.</p><p>LA SITUACIÓN COMIENZA A COMPLICARSEEn la reunión de consulta de los cancilleres americanos en 1942 en Río de Janeiro, convocada por los Estados Unidos en ocasión del ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor, donde la aspiración de la Casa Blanca era que todas las repúblicas americanas rompieran relaciones con Alemania, Italia y Japón. Rápidamente el Subsecretario de Estado Sumner Welles advirtió que, a pesar de las presiones, Argentina no lo haría, fue necesario cambiar entonces los términos de la declaración, para que el rompimiento fuera solo una recomendación a los cancilleres. Enrique Ruiz Guiñazú por Argentina y Juan Bautista Rossetti por Chile se apartaron de la recomendación y no rompieron relaciones con el Eje&nbsp;Pero los Altos Mandos Militares advirtieron en cambio que Brasil apoyaría la posición de EEUU. Eso significaba el rápido apoyo militar en armamento moderno a Brasil. También eran muy conscientes de lo obsoleto de nuestro armamento y la necesidad de renovación, pero dada la situación mundial era una aspiración imposible. Además, Brasil con nuevo armamento y el apoyo norteamericano podía aventurarse a un ataque a nuestro territorio. Era entonces preciso que los mandos militares hicieran un viraje completo a la política de neutralidad. No obstante, esa convicción, las divisiones persistían.“Todo el sistema defensivo del país era obsoleto y sin poder ser renovado por la guerra mundial en desarrollo. Sin pólvora, sin proyectiles, sin equipamiento ni uniformes para los soldados conscriptos”Hasta 1943 la República Argentina mantuvo su política de neutralidad. Pero veía con preocupación como Brasil recibía armamentos de Washington a cambio de permitir la operación de bases en Natal y otras localidades del Nordeste brasileño.</p><p>EL CASO HELLMUTHEn agosto de 1943, el general de brigada de las SS Walter Schellemberg, a cargo del servicio exterior de la inteligencia alemana- la Ausland SD- acudió al despacho de su jefe inmediato, Heinrich Himmler para informarle de un tema de importancia para el Reich: el arribo a Europa de uno de sus agentes secretos con un mensaje firmado por el presidente argentino, Pedro Ramírez quien pocos meses antes había derrocado al gobierno civil del Dr. Ramón CastilloEl tema debía ser tratado en secreto y por esa razón, no podía usarse el canal diplomático. El jerarca de la SD tenía conocimiento que el nuevo mandatario sudamericano, era miembro del sector de altos mandos que simpatizaban con el Eje estaba interesado en adquirir armamento alemán. El mencionado espía tenía facultades para coordinar el convenio. También debía gestionar la liberación de un buque tanque que permanecía retenido en el puerto de GotemburgoEsa persona ya se encontraba en un buque que había partido del Rio de la Plata hacia un puerto español. Enterado de este viaje, Himmler ordenó que un avión de la Luftwaffe esperara al viajero en Barcelona para su traslado a Berlin.Osmar Hellmuth había sido reclutado en Buenos Aires por otro agente, Hans Harnish, quien operaba bajo la cobertura de un respetable empresario alemán. Y él fue quien reparó en este joven germano- argentino de 35 años; sus antecedentes eran perfectos para la misión. Vendía seguros para una empresa norteamericana; era titular de una cuenta en el Banco de Londres. Tras abandonar sus estudios en el Liceo Naval, se dedicó a estudiar el idioma inglés y hablarlo con bastante fluidez.Pero lo que él ignoraba, era que la inteligencia británica, ya en 1942 había reparado en el joven Hellmuth, que ahora viajaba hacia Europa a bordo del buque “Cabo de Hornos”, fingiendo ser un joven diplomático argentino en viaje hacia su destino consular en Barcelona. Lo cierto es que los servicios Aliados habían logrado interceptar absolutamente todas las comunicaciones alemanas con la Argentina. De manera que estaban al tanto del viaje de Osmar Hellmuth, por lo que su destino estaba sellado.Al llegar a Puerto España, en la isla de Trinidad y Tobago, al norte de Venezuela, fue desembarcado por los ingleses. -¡Soy diplomático argentino, no alemán! Reclamó airadamente en la barrera policial donde fue detenido.Mientras tanto, el servicio secreto británico revisó prolijamente su equipaje, hallando en un doble fondo que contenía una carta de Ramírez al Reich.El prisionero fue trasladado por vía aérea a Barbados y de allí a Londres donde lo interrogaron con suma minuciosidad. Recién en 1946, los británicos lo enviaron a Buenos Aires. En Buenos Aires fue sometido a juicio por “traición a la patria”. Es que horas antes de la caída de Berlín, la Argentina le declaró la guerra a Alemania. Así fue que Hellmuth pasó otro año tras las rejas, antes de ser indultado.Vivía en el barrio de Palermo en Buenos Aires en la calle Malabia 3305 y falleció a mediados de 1976. Según el periodista de investigación Ricardo RogendorferOtras referencias: Uki Goñi – Perón y los alemanes- Editorial Paidos Buenos Aires 2002 (hay otras ediciones)</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Q2VdbKPSfqPAhhhOnv63JE7x_5U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/gou_patria_y_honor.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Ese día era destituido el Dr. Ramón S. Castillo de la Presidencia de la Nación.]]>
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            16 de junio de 1955: otra versión
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d2J4JdvruX5tlQ0GM1vvSd4aN6k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/16_de_junio_de_1955_otra_version.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La mayoría de la gente, especialmente los muy jóvenes o no tan jóvenes, creen o suponen que este movimiento militar, irrumpe en la tranquila vida nacional como un huracán de fuego sembrando muerte sin ningún motivo aparente. Permítaseme entonces, ya que fui contemporáneo de los sucesos, qué de mi versión de los mismos.</p><p>El fallido movimiento militar del 28 de septiembre de 1951 encabezado por el general Benjamín Menéndez, acrecentó el sistema opresivo instalado por el gobierno y que solo valoraba la sumisión y la obsecuencia, no solo por parte de los funcionarios del gobierno, sino también de los empleados públicos como jamás se había visto antes.</p><p>El gobierno había tomado disposiciones para estrechar aún más el cerco sobre la oposición. Se dieron directivas para suspender todo crédito bancario a quien no fuera ostensiblemente su partidario. Debían se exonerados o declarados cesantes todos los funcionarios, empleados y obreros que no estuviesen afiliados al partido oficial. El distintivo peronista en la solapa era credencial de ciudadano de la “nueva Argentina”.</p><p>Con respecto a las Fuerzas Armadas, además de las medidas del Consejo Supremo de las FFAA y los Tribunales Especiales, el presidente presionaba durante sus frecuentes reuniones con los ministros militares, a fin de que se tomasen medidas tendientes a asegurar el total “adoctrinamiento” de las mismas. Durante una de aquellas reuniones, cada uno de los ministros dio al presidente, las seguridades de que su institución después de aplicados los procedimientos de los Tribunales Especiales, había quedado depurada de elementos desafectos al gobierno. Cuando llegó el turno de informar sobre la Marina, el ministro de Marina Contralmirante Aníbal Olivieri dijo al presidente –“Señor, el 98% de los oficiales de Marina no es peronista. Por mi parte considero que no debo intentar hacerlos peronistas. Solo exigiré que sean prescindentes de toda política” – el presidente replicó.</p><p>“Señor ministro. Yo no quiero que sean peronistas, solo pretendo que se dediquen exclusivamente a sus funciones” ?El pensamiento del ministro de marina Aníbal Olivieri era, con respecto al presidente, que su conciencia le dirá si se equivocó con él o con quienes quemaron la Bandera Nacional, incluyendo en cambio, el 18 de octubre como “San Perón”. Quienes crearon la UES, desquiciaron la Justicia y la enseñanza, amordazaron las libertades de prensa y de palabra, los que hicieron ostentación de la impudicia de sus robos y de su degradación moral.</p><p>Sin embargo, a pesar de lo dicho por el presidente, el Plan de Adoctrinamiento fue preparado por un organismo del Estado y las directivas impartidas por el Ministerio de Defensa Nacional y siguieron adelante sin modificaciónEl ministro de Defensa, hasta el 16 de junio de 1955 había ordenado la difusión del conocimiento de la “doctrina nacional”, que por supuesto, no era sino el conocimiento de la “doctrina peronista”.</p><p>En su defecto, la Marina ordenó la difusión a los cadetes de la Constitución Nacional como elemento de Instrucción Cívica.&nbsp;La Marina de Guerra nunca ordenó ni permitió que en obra alguna de la Marina se colocara la leyenda “Perón Cumple”. Tampoco permitió que se colocara un cuadro del presidente en ninguna repartición naval. Cuando el Ministro del Interior interrogó al ministro del arma, este le respondió “La Marina de Guerra tiene una férrea unión, que es lo que se le exige a los Jefes, Oficiales, Suboficiales y tropa. No vamos a introducir ningún elemento que sea causa de divisiones y de alteración de la disciplina dentro del arma” El Ministro Ángel Borlenghi regañadientes aceptó el criterio de la fuerza naval. &nbsp;</p><p>Sin embargo, Perón comenzó a tomar conciencia cuando los ministros militares se trasladaron a Mendoza en 1953, a la celebración de la Batalla de Maipú. Era reunión permitió a los mandos militares tratar confidencialmente la situación nacional que era preocupante. Allí en la estación de ferrocarril se enteraron por el gobernador Evans, de la renuncia del Secretario Privado del presidente, Juan Duarte, que había seguido a la separación de su cuñado Osvaldo Bertolini en las funciones que desempeñaba en la Presidencia de la Nación. Así mismo se enteraron de la renuncia del Ministro de Trabajo y Previsión José María Freire. Era grave la situación al prescindir el presidente de dos colaboradores unánimemente desacreditados ante la opinión pública por su inconducta administrativa. El general León Justo Bengoa había sido designado juez para investigar el caso Duarte. Esta designación ponía en riesgo a todos quienes estuvieron vinculados a las maniobras de Duarte. Pocas horas después se comprobó este aserto. El general Bengoa había hecho veloz y profundo avance y sus conclusiones hacían peligrar la estabilidad del gobierno. Por eso fue retirado de sus funciones de investigador y se tendió un manto de silencio.</p><p>Pero, poco tiempo después, Perón citó a los jefes militares para comunicarles el suicidio de su cuñado, Juan Duarte. El presidente tuvo palabras elogiosas para su ex Secretario Privado por su bondad y honradez. Acababa de expresar, con fingida credulidad, la pobreza y austeridad del muerto, y a los ministros militares les constaba que el propio Presidente había visitado la estancia que aquel había adquirido en Monte, como testimonio de su cuantiosa y mal habida fortuna. Advertida su intención de abandonar el país, es posible que se lo hayan impedido. Los ministros militares tuvieron varias reuniones en el Ministerio de Ejército y de Defensa Nacional, cambiando ideas sobre el procedimiento para abordar al presidente, a fin de señalarle la impostergable necesidad de eliminar a gran parte de sus colaboradores. El Ministro de Ejército, general Lucero consideraba que el momento no era oportuno por la tensión reinante.</p><p>Un día del mes de octubre de 1954 tuvo lugar un hecho que fue el comienzo de un largo e insensato proceso sin precedentes en la vida nacional y que costaría caro al Presidente Perón. Se citó a una reunión a los ministros militares a la Residencia de Olivos. Gobernadores de provincias y Territorios, secretariado de la CGT, legisladores oficiales y ministro de Relaciones Exteriores. Todo el acto fue un cínico teatro con falsos e inconsistentes cargos contra unos sacerdotes (monseñores Tato y Novoa) a fin de crear entre los presentes, un estado anímico de repudio a la Iglesia Católica y sus ministros.Así se iniciaba una campaña anti religiosa, que terminaría con el acto salvaje de incendio de los templos de Buenos Aires la noche del 16 de junio de 1955. ¿Y todo por qué?</p><p>Por la simple razón de que la Iglesia, así como antes había influido con su acción desde el campo religioso apoyando a quien creyó un digno patriota y sincero católico, ahora se oponía, desde el mismo campo, a que se consumase desde el gobierno un plan de degradación moral. La Iglesia Católica rechazaba y enjuiciaba a quien le había defraudado y hacía apostasía de su fe, ofrecida solemnemente en función de hombre y de gobernante a la Virgen de Luján primero, y luego a la Virgen generala del Ejército Argentino, convirtiendo se, sin convicción solo por despecho en el paladín de la Ley de divorcio.</p><p>La campaña contra la Iglesia había saturado el ambiente argentino de odio y de división. Primero se quería terminar con una gran organización espiritual de los siglos, luego acabar con las Fuerzas Armadas, suplantándolas por las milicias obreras; así podía cumplirse el plan de incendiarios y demagogos; ya se vivían días similares a los de la Revolución Española. Los sacerdotes y las monjas habían cambiado sus hábitos por ropa civil para pasar desapercibidos. En infinidad de lugares se hacía acopio de armas. Los hombres se agrupaban en pequeñas organizaciones locales y se tomaban contactos nacionales. Por su parte el gobierno había lanzado, irresponsablemente la Alianza Libertadora Nacionalista a la calle y desde su comando central en la calle Corrientes y San Marín, se repartían armas e instruían jefes de brigadas de choque. A fines de mayo de 1955, ya estaba en la calle el clima de incendio, pillaje y sangre.</p><p>Mientras tanto el presidente, abiertamente mostraba su “enamoramiento” de una niña de 14 años, Nelly Haydee RivasLa celebración del 1º de Mayo fue dedicada especialmente para injuriar a la Iglesia y escarnecer a los sacerdotes. El presidente pronunció uno de sus más virulentos discursos no dejando de mentar a sus “legiones de incendiarios y colgadores” a los que él, toda vez que estaba iracundo, se refería amagando al Barrio Norte, cuyas casas, decía, haría incendiar con nafta a sus moradores, colgar de los faroles de Buenos Aires.</p><p>Allí estaba el Jefe del Estado incitando a parte de su pueblo, a violencias increíbles Nubes Negras se cernían sobre los cielos de la Patria? mientras tanto arreciaba la escasez. Habíamos tenido, por primera vez, que importar trigo ese año. Las huelgas ferroviarias y su posterior movilización y encarcelamiento de huelguistas habían dejado sus secuelas. Los comentarios de los vejámenes a los presos políticos en los institutos penales por el inefable Director Roberto Pettinato, habían creado un clima insoportable.Los más altos jefes militares estaban de acuerdo en llevarle un planteo al presidente, para solicitarle que se desprenda de algunos funcionarios de inaceptable conducta.</p><p>Sin embargo, los acontecimientos se precipitaron. En la Procesión de Corpus Christi que se celebró el 11 de junio, estuvo presidida por signos evidentes de que ocurrirían hechos graves. El gobierno hacía un tiempo había prohibido toda concentración católica fuera de los templos. Todo transcurrió normalmente, pero al día siguiente 12 de junio, se hablaba en las noticias que había habido disturbios frente al Congreso y la quema de una Bandera Nacional por grupos católicos. Se sabría después que la quemaron funcionarios del Ministerio del Interior. El jefe de guardia en el Comando de Operaciones Navales, capitán de fragata Rivolta, informa que frente a la Catedral estaban produciéndose disturbios y que un grupo numeroso amenazaba incendiarla. Desde el Comando se le ordenó que hiciese alistar a la Escuela de Mecánica y diese parte al Comando de Operaciones Navales, recordando que en la Catedral se encuentran los restos del General San Martín.</p><p>La situación era insostenible para todos. Ese estado de cosas no podía seguir.Algunos oficiales de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea decidieron tomar una drástica acción, que hoy, vista retrospectivamente, la vemos como una solución espantosa, pero es también difícil entender los momentos que se vivían y lo que a unos puede parecerles una atrocidad, digo que es también difícil retrotraernos a esos terribles días. El movimiento contó con mucha ayuda civil, concentrada en el Automóvil Club, en la Recova y algunos francotiradores desde el Banco Hipotecario.</p><p>No sé si la solución era matar al presidente, supongo que no, pero de todos modos este estaba desde temprano avisado del ataque aéreo y refugiado en los sótanos del Ministerio de Defensa. Desde allí convocaron a la CGT a “defender” al presidente.Cuando estos llegaron, el ataque había cesado y la Plaza de Mayo se llenó de manifestantes “defensores”. Así fue que cuando la segunda ola de ataques se produjeron 303 víctimas, que, si no hubieran sido convocadas, no habrían ocurrido.¿Pero quién puede saberlo? La historia es como es y nadie puede cambiarlo&nbsp;El jefe de la revuelta, el vicealmirante Benjamín Gargiulo se suicidó de un disparo, en su despacho en el Ministerio de Marina. Los contraalmirantes Aníbal Olivieri y Samuel Toranzo Calderón fueron detenidos y sometidos a juicio.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d2J4JdvruX5tlQ0GM1vvSd4aN6k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/16_de_junio_de_1955_otra_version.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Como se han cumplido en el día de ayer 71 años de este suceso, considero que es necesario recordarlo como una de esas cosas que no deben volver a suceder jamás entre nosotros.]]>
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                                                <category term="magazine" label="Magazine" />
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                <published>2026-06-20T17:30:00+00:00</published>
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            Enrique Santos Discépolo, el poeta de Buenos Aires
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Kal_W4oVMf1QrNgdgKYC-C85lsc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/enrique_santos_discepolo_el_poeta_de_buenos_aires.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Enrique Santos Discépolo había nacido en Buenos Aires, en el muy porteño barrio del Once el 27 de marzo de 1901, pero ya la vida le mostró su crudeza y que señalaría su vida cuando tenía apenas 11 años y quedó huérfano de padre y madre.Su hermano mayor, Armando se hizo cargo de su educación, pero también lo introdujo en el mundo artístico, ya que él era dramaturgo y se desenvolvía en ese medio con cierta solvencia, con algunas obras teatrales exitosas.Enrique Santos era un joven poco agraciado, muy delgadito, de baja estatura y nerviosos ademanes, siempre en movimiento, de carácter cambiante, de pronto parlanchín y chistoso y de pronto introvertido, silencioso y retraído.Tenía como pocos, un sentido trágico de la vida y sin embargo tenía también una veta humorística muy singular, producto de su notable talento.Habitante de la noche, su parada era el café, pero también el cabaret por la atracción que obraron sobre él los tangos y también el ambiente tanguero.Careció de paciencia para estudiar nada con regularidad. Sin embargo, la calle fue su escuela, que caló en su palpitante personalidad. Todo lo aprendió en esa Universidad que no otorga títulos, pero que él dejaría consignado en su canto al café porteño: “Como una escuela de todas las cosas/ ya de muchacho me diste entre asombros/ el cigarrillo, la fe en mis sueños/ y una esperanza de amor/…en tu mezcla milagrosa, de sabihondos y suicidas/ yo aprendí filosofía, dados, timba/ y la poesía cruel/ de no pensar más en mi” (Cafetín de Buenos Aires Tango)Fue un cronista de la vida y lo hizo magistralmente, con la angustia del que nada le es indiferente, sino por el contrario se revelaba contra la injusticia y tomó nota de todo lo que vio y vivió, sin ser sociólogo, con una agudeza superior a muchos llenos de sabiduría aprendida en los libros. Su forma de expresarse, que fue la música popular, a la que supo aportarle geniales descripciones de profunda comprensión de la realidad, que hoy llamarían “canciones de protesta”, cuando ya Discépolo las había elaborado sin tantos alardes intelectuales, con solo observar la injusticia de esa época y dándole forma con su genial manera de expresarlo.La década del 30 fue dibujada con su enorme talento expresivo. Fue un anticipo de lo que vendría, cuando en 1926 con cuatro años de antelación se expresaba visualizando el materialismo cínico de moda en ese tiempo entre los argentinos: “¿Pero no ves, gilito embanderado/ que la razón la tiene el de más guita?/ ¿Qué la honradez la venden al contado/ y que la moral la dan por moneditas?/¿Qué no hay ninguna razón que se resista/ frente a dos pesos moneda nacional?/ Vos resultás haciendo el moralista/ un disfrazao sin carnaval. (Que vachache”Tango)La crisis económica se abatía sobre la Argentina y otros países. El crack de la Bolsa de los EEUU arrastró al mundo entero en 1929. Nuestros puertos estaban vacíos y los campos llenos de cereales y vacas que nadie compraba.La desocupación y las ollas populares eran moneda corriente. La prostitución, el juego clandestino proliferaban junto a charlatanes vendedores de “negocios rápidos” explotando la situación. La mafia en Rosario hacía de las suyas y también en Avellaneda y se miraba con indiferencia la creciente pobreza.También recogió Discépolo con su aguda percepción del drama social que expresaba así: “Cuando no tengas ni fe/ ni yerba de ayer/ secándose al sol/ Cuando rajés los tamangos/ buscando ese mango/ que te haga morfar/ la indiferencia del mundo/ que es sordo y es mudo/ recién sentirás/ Verás que todo es mentira/ Verás que nada es amor/ que al mundo nada le importa,/ Yira …Yira/ Aunque te quiebre la vida/ aunque te muerda un dolor/ no esperes nunca una ayuda/ ni una mano/ ni un favor (Yira…Yira Tango)Discépolo, poeta del asfalto escribe sus tangos penetrados de siniestra amargura ¡Un canto a la desesperanza, un himno al fracaso!El peso es un “peso fuerte” sólido, pero exclusivo &nbsp;La palabra neumotórax es una palabra de los años 30. La tuberculosis hace estragos. Las maestras sin empleo, los analfabetos con el estómago vacío y los maestros que tienen trabajo, pero no cobran los sueldos.Las grandes familias venden sus palacios. La Quinta Unzué, El Palacio Paz, el Palacio Pereda, el Palacio Ortiz Basualdo, la Casa Del Solar Dorrego.En los diarios había avisos de manicuras, manicuras polacas, francesas, italianas se ofrecían. El éxtasis a precios módicos.La crisis arrojaba a la calle a las mantenidas de gente bien. También estaban las pupilas de las casas de lenocinio que buscaban clientes en la calle.De Tucumán, de Santiago del Estero, de Corrientes bajaban a la Capital, vestidas de negro, demacradas y tristes, de monedero vacío, a emplearse de sirvientas en las casas de clase media.Discépolo allá por el año 1935 lo sintetizó en una de sus obras más logradas, como un triste testimonio de nuestras tragedias: “Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor/ ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador…/ Todo es igual/ nada es mejor/ Lo mismo un burro que un gran profesor/ no hay aplazaos/ ni escalafón/ los inmorales nos han igualao/ si uno vive en la impostura/ y otro afana en su ambición/ da o mismo que sea cura/ colchonero, rey de bastos, caradura o polizón…/ no pienses más, sentate a un lao/ que a nadie le importa si naciste honrao/ Es lo mismo el que labura/ noche y día como un buey/ que el que vive de las minas/ el que mata, el que cura/ o está fuera de la ley”.&nbsp;La Década Infame culminaría con la espantosa hecatombe de la Segunda Guerra Mundial, donde colapsaron viejos conceptos hasta ayer indiscutidos.Discépolo no permaneció indiferente ante esa ordalía de la humanidad, y echando mano al ingenio de las palabras ante esa tragedia, escribió desnudando sus sentimientos estremecidos.En el año 1939, en Europa se desencadenaba la guerra de una magnitud colosal y Enrique Santos expresaba en tono patético: “Aullando entre relámpagos/ perdido en la tormenta/ de mi noche interminable/ Dios busco tu nombre/…no quiero que tu rayo/ me enceguezca entre el horror/ porque preciso luz, para seguir/ lo que aprendí de tu mano/¿No sirve para vivir?/ Yo siento que mi fe se tambalea/ que la gente mala, vive, Dios, mejor que yo/ si la vida es el infierno/ y el honrao vive entre lágrimas/ ¿cuál es el bien/ del que lucha en nombre tuyo/ limpio puro… para qué?/ Si hoy la infamia da el sendero/ y el amor mata en tu nombre, Dios/ lo que has besao/ el seguirte es dar ventaja/ y el amarte sucumbir al mal. ( Tormenta Tango)Desgarrado por un mundo consumido por el materialismo, abrazó la nueva política (el peronismo) que después también lo defraudó. Tuvo un programa de radio “Mordisquito”, que solo le sirvió para que muchos de sus amigos se alejaron de él, por peronista. Al extremo de que, en una oportunidad, compraron todas las entradas del teatro, a fin de que al salir a escena lo encontrara vacío, como ocurrióSu mujer durante muchos años, la cantante española Tania también lo abandonó.Se hizo de muchos enemigos con su programa radial y por su amistad con Raul Apold, Secretario de Prensa y Difusión. Era el encargado de leer todo lo que se iba a publicar y todos los libretos que se iban a leer.Las dudas que tenía sobre el peronismo se acentuaron entre 1950 y 1951. Hacía suya la política social, pero rechazaba casi todo lo demás, especialmente su totalitarismo. Hasta que comenzaron a censurarle su programa.&nbsp;Finalmente, triste y solo enfermo de cáncer, murió el 23 de diciembre de 1951 a los cincuenta años. Probablemente de tristeza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Kal_W4oVMf1QrNgdgKYC-C85lsc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/enrique_santos_discepolo_el_poeta_de_buenos_aires.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Enrique Santos Discépolo había nacido en Buenos Aires, en el muy porteño barrio del Once el 27 de marzo de 1901, pero ya la vida le mostró su crudeza...]]>
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                <published>2026-06-13T22:30:00+00:00</published>
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            El ultimo gobernador español de Malvinas, Pablo Guillén, segundo piloto de la Real Armada
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cWePKcWqsuP3B-5QBAsv4xKqb2Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/el_ultimo_gobernador_espanol_de_malvinas_pablo_guillen_segundo_piloto_de_la_real_armada.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Don Pablo Guillén era un “marino, nacido en España, que siguió la carrera naval. Pertenecía al Departamento Marítimo de El Ferrol, en 1808, y fue piloto del de Cartagena.</p><p>Vino a Montevideo a mediados de 1809 a bordo de la fragata “Proserpina” al mando del capitán de navío José M. Salazar, y allí fue nombrado comandante de la zumaca “Carlota”. Designado gobernador de las Islas Malvinas, marchó a ellas, siendo recibido por el gobernador saliente, don Guillermo Bordas.</p><p>Juró en nombre del rey Fernando VII el 14 de enero de 1810 en una ceremonia celebrada con pompa”.</p><p>Este día, el segundo piloto Pablo Guillén asume la gobernación de Malvinas en un acto llevado a cabo en Puerto Soledad, donde jura lealtad al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y al rey Don Fernando VII, sería entonces Guillén el último gobernador español del archipiélago, remplazó Guillermo Bordas que se había desempeñado desde abril de 1808. El mandatario entrante había ordenado que concurran a la ceremonia “todos los individuos del destino al Patio de la Iglesia en la cual juraré solemnemente con el Pendón levantado, la obediencia que justamente debemos a Nuestro Rey y Señor. A cuyo fin dará usted las ordenes convenientes a su tripulación para que concurran y se verifiquen disparando toda la Artillería de Puerto con salva triple”.</p><p>Bordas al ser sustituido pudo acceder a informaciones de las que estaba privado, como ser que el rey Carlos IV había abdicado su corona y había sido sucedido por su hijo Fernando VII.</p><p>El gobernador saliente lo ignoraba, según afirmó “pues nadie nos lo pudo comunicar en el dilatado tiempo de un año y medio que estoy aquí, por no haber entrado ninguna embarcación a este Puerto”</p><p>En ese medio inhóspito, Guillén se dedicó a efectuar inspecciones para prevenir la pesca y la caza ilegal de lobos marinos, cuidar el ganado, vigilar la disciplina de la gente, y fabricó 11 pipas de aceite de ballena.</p><p>La Revolución de Mayo trajo la escisión entre Buenos Aires y Montevideo, planteando las autoridades navales de esta última, la necesidad de evacuar las Islas Malvinas, lo que se le hizo saber a Guillén.</p><p>Dispuesto su regreso se construyó una placa de plomo, que se colocó en el campanario de la RealCapilla de Malvinas, con la siguiente inscripción: “Estas Islas con sus puertos, edificios, dependencias y cuanto contiene y pertenece a la soberanía de Sor. Fernando VII Rey de España y sus Indias, Soledad de Malvinas, 7 de Febrero de 1811, siendo gobernador Pablo Guillén.</p><p>Para mayor constancia se labró un acta que fue firmada el 13 de febrero por el gobernador, el capellán y vicario de las islas don Juan Canosa y el marino y Segundo Piloto Manuel Moreno que había viajado a bordo del bergantín &nbsp;“Gá lvez” a informar del retorno.</p><p>Se embarcaron cañones, pertrechos, armas, y todo elemento habiente.</p><p>Algunos historiadores dan cuenta de que las islas no quedaron totalmente deshabitadas durante el período 1811 a 1820, pues había quedado un grupo de españoles, criollos e indios, aquerenciados a la tierra, y aunque apenas conocidos, existen documentos por actos administrativos como constancia del 13 de enero de 1813, por lo que Enrique Torres, del bergantín inglés “El&nbsp; Rastrero”, solicita permiso para que esa embarcación pudiera viajar a las Islas Malvinas y Costas del Sur, con el fin de cazar lobos marinos” o también un oficio que remite el Comandante Antonio Beruti al General San Martín en 1816, pidiendo presidiarios para las islas para rehabilitarlos por medio del trabajo</p><p>Teniendo la tarea del cierre de edificios y aprovisionado con los materiales existentes en aquella, partieron ambas naves, “Carlota” y “Galvez” pero a poco de salir, fueron sorprendidos por un fuerte temporal, y perdieron contacto. Cada uno siguió navegando por su cuenta, hasta que arribó la “Carlota” de Guillén a Montevideo comandando su zumaca, hasta que en 1812 realizó una comisión a Río Grande, en el Brasil.</p><p>A mediados de 1813 fue enviado a Carmen de Partagones para relevar al bergantín “Belén”, salvandose de participar en la campaña naval de 1814 y combates entre Brown y los realistas de Montevideo. Regresó a la vecina orilla comandando la zumaca “Carlota” en ese año, y los patriotas intentaron apresarlo, pero Guillén consiguió convencerlos o burlarlos logrando zarpar hasta Río de Janeiro, y desde allí le puso proa al frágil velero hacia Cádiz, donde se encontraba en 1815. Posteriormente, en 1818 figuró en el escalafón de “Oficiales Generales” prosiguiendo su carrera naval. Fue el último gobernador español en las Malvinas</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cWePKcWqsuP3B-5QBAsv4xKqb2Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/el_ultimo_gobernador_espanol_de_malvinas_pablo_guillen_segundo_piloto_de_la_real_armada.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El 14 de enero de 1810, poco antes de la Revolución de Mayo, era nombrado el último gobernador español de las islas. Venía en remplazo de Guillermo Bordas.]]>
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                <published>2026-06-06T21:30:00+00:00</published>
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        <title>
            El presidente Ramón S. Castillo
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QlMtjRdjYgOfmQVEa6MNTknh4es=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/pte_ramon_castillo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Estudió la carrera de abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, siendo su especialidad el Derecho Constitucional. Su carrera transcurrió en el ámbito judicial, siendo nombrado juez y luego se desempeñó como profesor universitario.Castillo era un hombre de baja estatura, de ademanes pausados, una voz agradable y cabellos blancos impecablemente peinados.Tenía todo el aspecto de un docente y pertenecía a una familia provinciana que vivía pobre y decentemente&nbsp;Como vocal en la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional. Luego se dedicaría al Derecho Comercial. Como resultado de esa dedicación, nos quedó su “Tratado de Derecho Comercial”, verdadero clásico en el tema, magníficamente escrito y elaborado.Todo hacía suponer que culminaría en su jubilación, ya cumplidos los cincuenta años, sin mayores aspiraciones que retirarse en paz.Se interesó en la política incorporándose en la línea denominada “La Concordancia”, que agrupaba a los conservadores- siendo esa la filiación del Dr. Castillo- y los radicales denominados anti personalistas. Sería esta agrupación política la dominante en la etapa llamada por algunos autores “la Década Infame”, que en realidad fueron trece años.Como decía antes, Castillo pertenecía al Partido Conservador y era adversario del radicalismo, nunca había participado activamente en política.Cuando sobrevino la revolución del 30 al general José Félix Uriburu le recomendaron a este profesor y jurista de buenos antecedentes y el general lo mandó de interventor a Tucumán. Castillo ya tenía 57 años y sin embargo, comenzaba una carrera política que lo llevaría a ocupar los más altos cargos nacionales.Primero en el Senado de la Nación donde cumplió una destacada actuación.Después, durante la presidencia de Agustín P. Justo, fue designado Ministro de Instrucción Pública. Luego le fue ofrecida la cartera de Ministro del Interior.Se mostró como un hombre confiable dentro de la Concordancia y llegó el momento de acompañar al anti personalista Roberto Marcelino Ortiz como Vicepresidente de la Nación.En ningún momento se llevó bien con el Presidente Ortiz. Había una gran distancia entre ambos y esa distancia se agrandó cuando Ortiz resolvió terminar con el fraude, quería volver a la pureza del sufragio.Para Castillo, el regreso de los radicales significaba el desastre nacional.Y las circunstancias jugaron a su favor. Ortiz estaba enfermo, muy enfermo y debió delegar el mando en el Vicepresidente Castillo.Allí Ramón Castillo mostró una faceta desconocida de su personalidad. Ese hombre reposado, de suaves maneras se transformó en un hombre autoritario y de un carácter duro y firme. El rompimiento con Ortiz fue definitivo, cuando Ortiz en uno de sus últimos actos, intervino la Provincia de Catamarca y la de Buenos Aires, precisamente por el fraude escandaloso en ambas provincias que terminó con la renuncia del Gobernador de Buenos Aires Dr. Manuel Fresco elegido por el Partido Demócrata Nacional.Siendo Castillo un conservador convencido, nunca estuvo mezclado con los negociados que caracterizaron a la Década Infame, ni fue abogado de empresas extranjeras. Su honestidad era real, como también su nacionalismo.Su gobierno fue decididamente nacional. Mantuvo la neutralidad argentina en la Segunda Guerra Mundial contra todas las presiones.Inició un proceso de nacionalizaciones, dio un riguroso impulso a la Flota Mercante del Estado.Pero su apego al liberalismo formal en el que se había educado era políticamente inviable. No comprendió que su poder estaba manchado de ilegitimidad, puesto que no provenía del consenso popular, sino del fraude.No advirtió que el aparato político en el que se sustentaba la Concordancia, era solo una ficción y qué en último término, el árbitro de su poder era el Ejército. Un Ejército que no toleraba más fraudes.Con elecciones programadas para septiembre de 1943, el probable sucesor del Presidente Castillo, con la seguridad que el fraude imponía en la presidencia, al empresario azucarero salteño Robustiano Patrón Costas, torcería la victoria del radicalismo, como había ocurrido en 1937.La neutralidad de la República Argentina durante la Segunda Guerra Mundialk, fue sostenida con sólidos argumentos por el Canciller Dr. Enrique Ruiz Guiñazú.Dentro del Ejército se había constituido una Logia Militar denominada GOU (Grupo Oficiales Unidos) compuesta por el general Arturo Rawson, el coronel Juan D. Perón, el general Pedro Pablo Ramírez, el coronel Luis Cesar Perlinger. Eran 19 en total el número de altos jefes militares componentes del GOU, cuya finalidad era el derrocamiento del Dr. Castillo. Anoticiado de la inminencia de un golpe militar, el Dr. Castillo recorrió las guarniciones de Palermo para asegurarse lealtades y terminó instalándose en la Casa de Gobierno, junto al gabinete de Ministros en espera de los sucesos. Luego le avisaron que la Marina de Guerra permanecía leal, o por lo menos no se había pronunciado.Se refugió entonces en el Rastreador ARA Drummond surto en Puerto Nuevo con la intención de dirigirse por el río hacia la ESMA buscando protección de las fuerzas navales. El Rastreador ARA Drummond estaba acompañado por otras unidades de la Flota de Mar y se dirigieron al destino elegido por el Presidente, pero a poco de ponerse en marcha, las otras unidades se apartaron del Rastreador, seguramente anoticiados de la rendición de la Escuela de Mecánica de la Armada, hasta que quedó solo en la espera de fuerzas leales, que solo estaban en su imaginación.El movimiento había dado comienzo con la salida de una fuerza militar de 8.000 soldados, al mando de los generales Arturo Rawson y Elbio Carlos Anaya, los coroneles Emilio Ramírez, el teniente coronel Fortunato Giovannoni y el teniente coronel Tomás Ducó (Presidente del Club Huracán).Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Núñez, se entabló combate con las fuerzas de marina leales al gobierno. El resultado del combate fue de 30 muertos y 100 heridos. De la Marina murió un suboficial y dos marineros. Del Ejército, dos tenientes, dos cabos, dos soldados conscriptos y 10 aspirantes a suboficiales. &nbsp;El día 5 de junio, el Presidente desembarcó en el Puerto de La Plata y allí presentó su renuncia El Dr. Ramón Castillo fue arrestado y llevado a Martín Garcia donde permaneció varios meses. Luego pudo regresar a su domicilio alejándose de la política. Poco tiempo después falleció dejando en el banco 47 pesos con 25 centavos. Su sepelio costó 290 pesos de la época, que fue solventado por sus amigos y alumnosFin de la Presidencia de Castillo y de la Década Infame</p>]]>
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                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QlMtjRdjYgOfmQVEa6MNTknh4es=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/pte_ramon_castillo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El Presidente Ramón S. Castillo había nacido en Ancasti, Provincia de Catamarca el 20 de noviembre de 1873. En realidad, se llamaba Ramón Antonio Castillo y fue el quien colocó la “S” como inicial de un nombre que no existe. La inicial es la “A” de Antonio. En un pueblo chico como Ancasti, los otros niños le llamaban “Ramona”.]]>
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                                <updated>2026-05-30T19:30:05+00:00</updated>
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            El presidente Roberto M. Ortiz
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lH9pOsrJQEujbcOdcL4_-id5dP0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Decidió entonces estudiar derecho y se recibió de abogado en el año 1909 a los 23 años.&nbsp;Antes había participado en la revolución de 1905, siendo afiliado a la UCR desde que tenía 20 años.Ortiz era una persona de elevada estatura, con evidente sobre peso, corpulento, era el típico ejemplo de un cultor de la buena mesa, como buen hijo de vascos navarros. Su padre se llamaba Fermín Ortiz y su madre Josefa Lizardi.Decía antes que fue un militante del radicalismo, pero no fue atraído por la figura de don Hipólito Yrigoyen y por esa razón, su militancia fue en el anti personalismo o sea adverso al viejo caudillo. Concejal primero y luego diputado, su figura política era aún desconocida entre los hombres notables.Era de una personalidad silenciosa, poco dada a hacerse notar. Sin embargo, era un hombre simpático, trabajador eficiente y aplicado en la tarea encomendada. Por esa razón era respetado y apreciado en su círculo.Posiblemente esas razones le valieron para ser llamado por el Presidente Alvear para cubrir el cargo de Ministro de Obras Públicas en su gobierno, donde cumplió una tarea eficiente.Aunque fue adversario de don Hipólito, nunca estuvo de acuerdo con la división del radicalismo, y después del 6 de septiembre de 1930, trabajó con denuedo por la unión del partido. Si bien fracasó en su empeño, permaneció fiel al anti personalismo y decidió retirarse de la política cuando contaba con 45 años.Su prestigiado estudio jurídico asesoraba a importantes empresas británicas donde era estimada su asesoría. Ese factor supongo que fue importante para que el Presidente Agustín P. Justo lo sacara de su retiro para nombrarlo Ministro de Hacienda, haciéndolo regresar a la vida política de la que se había alejado.Cuando estaba finalizando el gobierno del General Justo se comenzaron a barajar nombres para la sucesión presidencial.En la Cámara de Comercio Británica se reunió el banquete anual y fue allí lanzado el nombre de Roberto M. Ortiz como candidato, lo que produjo la oposición de los sectores nacionales.Pero finalmente quedó Ortiz como candidato y seguro ganador, ya que con el fraude en manos del gobierno no había posibilidades para ningún otro.Durante la campaña, un incidente menor preanunciaba lo que tendría enorme trascendencia posterior: Ortiz sufrió un desmayo en un acto de campaña.Se ponía así de manifiesto, el proceso de hipertensión y diabetes en franca progresión del hombre que poco después asumiría la Presidencia de la Nación.Era un cultor de toda cosa dulce, especialmente las masas y tortas.Durante más de un año pasó poco o nada, aunque gradualmente se fue poniendo de manifiesto que el presidente deseaba volver a la verdad del sufragio y la anulación del fraude.Cuando intervino la Provincia de Catamarca con ese fin, se produjo la ruptura con el vicepresidente Ramón Castillo que era catamarqueño, y quedó claro que Ortiz haría valer su autoridad para lograr su propósito, lo que quedó confirmado con la intervención de la Provincia de Buenos Aires y la destitución de su fraudulento gobernador Manuel A. Fresco. Ello significaba el fin de la Concordancia y sus beneficiarios que por supuesto, movieron todas sus influencias contra el Presidente. Pero Ortiz estaba dispuesto a luchar, pero su salud no lo acompañó y finalmente tuvo que delegar el mando en Castillo.Debilitado, consumido por la diabetes, con la vista afectada por la grave enfermedad, debió soportar la campaña de calumnias, que culminó con el escándalo del negociado de El Palomar.Como en el aparecieron implicados varios funcionarios de su gobierno, Ortiz de inmediato dando pruebas de su honorabilidad presentó la renuncia. Le fue rechazada, pero el mal progresaba, alejando toda posibilidad de su regreso al poder. Ciego, delgado, con las mejillas colgantes, postrado ya en cama debió ver con creciente amargura, como el vicepresidente Castillo volvió a levantar toda la estructura fraudulenta que él quiso erradicar.Dimitió entonces definitivamente a la Presidencia con tremenda amargura y pocos días después falleció a los 55 años, mientras el país era llevado de nuevo al “fraude patriótico”.Queda para escribir entonces sobre la tristeza que debió sentir Ortiz en los últimos días de su vida, con la inteligencia intacta, pero reducido a la impotencia, viendo como se deshacía lo realizado y lo que no pudo hacer, la obra que se proponía realizar como su justificación ante la historia. Ese tremendo drama de frustración más grave que su temible enfermedad.La historia seguiría después sin él. Y no fue bueno lo que ocurrió…</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lH9pOsrJQEujbcOdcL4_-id5dP0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Roberto Marcelino Ortiz había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 24 de septiembre de 1886. Su vida estudiantil sufrió un drástico cambio, ya que comenzó estudiando medicina, pero en segundo año debió tomar otro rumbo, cuando la facultad se cerró por una huelga estudiantil.]]>
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                                <updated>2026-05-23T17:30:05+00:00</updated>
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            Presidente Agustín Pedro Justo. Las grandes obras públicas y el fraude patriótico
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wNpO6fEUnE0i_RnDgeTs8lAri4g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/presidente_agustin_pedro_justo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Toda su vida marcho en la dirección de los modelos elegidos, fusionados ambos en su propia figura de estos hombres admirados.En 1921, siendo Director del Colegio Militar de la Nación se cumplió el Centenario del nacimiento de Mitre. Siendo Presidente de la República don Hipólito Yrigoyen, conocido enemigo de Mitre, de modo que el aniversario llegó con riesgo de “ausencia de festejos”.El entonces coronel Justo sacó a los cadetes del Colegio Militar, los llevó a la casona de calle San Martín, los formó y arengó de manera vibrante, en un gesto casi de insubordinación, ruidosamente aplaudido por los opositores al gobierno. Don Hipólito optó por mirar para otro lado y no tomar medidas.El aspecto de Justo, no era nada marcial. Mediana estatura, con sobrepeso visible, una panza importante que se notaba por su rotundez, a pesar del correaje del uniforme y posible faja bajo el. Rostro relleno, de mejillas también salientes y una sólida papada, denunciaban al gran gourmet. Era calvo y con una sonrisa permanente en los labios, bajo un bigote gris. Parecía un abuelo bondadoso o un próspero comerciante y no un militar de carrera.Tenía impecables antecedentes militares con los que transitó brillantemente su carrera militar.Además, poseía el título de ingeniero civil, otorgado por la Facultad de Ciencias Exactas de Buenos Aires. Era hijo de un conocido abogado correntino.Justo tenía una inteligencia destacada, era astuto y audaz y se sabía capaz y superior al conjunto de sus camaradas.Detrás de su aspecto bonachón, tenía una sólida cultura y una poco frecuente capacidad intelectual.En 1922, el Presidente Marcelo T. de Alvear lo nombró Ministro de Guerra y su nombramiento fue considerado una excelente elección. Fue un Ministro eficiente y resuelto porque renovó y actualizó en un Ejército ya obsoleto tras la Primera Guerra Mundial. A través de la Logia San Martín procedió a dar de baja a los militares radicales dentro del Ejército, mediante la creación de listas negras y destinos lejanos, pero el aparentó no tener participación en esos destinos remotos del personal militar.Vio venir la revolución del 30, apoyándola bajo cuerda y le sugirió gente a Uriburu. Pero él se mantuvo en un segundo plano. Sabía que los revolucionarios de la primera hora son los primeros en caer. Dejó que Uriburu con un pequeño grupo de militares que controlaba y civiles nacionalistas, para que realizaran el trabajo duro.Después, con el apoyo de buena parte del Ejercito, condicionó el accionar de la revolución y el incinerado fue Uriburu.Tras el desastre de las elecciones del 5 de abril de 1931 que Uriburu había convocado para desalojar definitivamente a la UCR, sin embargo triunfó la formula radical de Honorio Pueyrredón- Mario Guido obteniendo la UCR casi el 50% de los votos. El gobierno de facto anuló los comicios por denuncia de “fraude”Pero allí la dictadura encontró la fórmula del “fraude patriótico”.Mientras tanto, la oposición al gobierno de facto conocía la picana eléctrica del comisario inspector Leopoldo “Polo” Lugones (h). el sótano de la Penitenciaría Nacional se transformó en sala de interrogatorios.Como era impensable permitir el retorno de os radicales no quedaba otro camino que recurrir al fraude y llevar un candidato grato al Ejercito y aceptable para los demás. Nadie mejor entonces que Agustín Pedro Justo, prestigioso general liberal indiscutido y además ingeniero. No era un improvisado. Ese acuerdo se denominó “La Concordancia”Fue Agustin P, Justo entonces Presidente de la República ante la abstención de los radicales.El conductor político del período fue el radical anti personalista, el entrerriano de Diamante Leopoldo Melo, y el conductor económico fue Federico Pinedo.Todo sobre la base de un Ejército “apolítico”. Los militares a los cuarteles dedicados a sus funciones específicas. Prohibido denunciar el fraude, el peculado, la corrupción, el endeudamiento económico, la burla a las instituciones que decían respetar.Claro que Justo supo reunir a un grupo de las más altas capacidades. Y es también cierto que se hicieron muchas cosas, aunque bajo un sometimiento colosal, pero supo darle al gobierno una impronta de gran solidez, tanto económica como política que recordaba a los buenos tiempos de la Republica.En ese período se construyó:El Puente Avellaneda, el Puente Uriburu y el Puente La Noria (Los tres sobre el RiachueloEl Obelisco de Buenos AiresLas Líneas C y D de subterráneos y se inicia la Línea ESe construye el edificio del Ministerio de Obras Públicas (en la Av. 9 de Julio)La Base Aérea de CórdobaEl Hospital Militar CentralModernización del Hospital FernándezConstrucción del Hospital Materno Infantil Ramón SardáLos edificios de la Facultad de Medicina, Bioquímica y Farmacia, Odontología, y la de Derecho de la Universidad de Buenos AiresEl Estadio Monumental de River PlateEl Estadio La Bombonera del Club Boca Juniors&nbsp;La pavimentación de la ruta a CórdobaLa pavimentación de la ruta a Mar del PlataEl Puente Internacional Agustín P, Justo- Getulio Vargas entre Paso de los Libres y UruguayanaLa Biblioteca Pública de la Universidad de La PlataEl Observatorio de Física Cósmica de San MiguelPero el electorado se cansó del “fraude Patriótica” que no era otra cosa que el fraude electoral, aceptado como sistema para que no vuelvan los radicales.Pero como decía, el elector no quiso prestarse más a la burla de la voluntad del ciudadano y que los escrutinios los arreglaran según conveniencia, y triunfó la fórmula Roberto Marcelino Ortiz- Ramón Castillo, que era la unión de los radicales anti personalistas y los conservadores disidentes. ¿Quién podía hacerle frente a don Agustín Justo? Lo que nos demuestra la habilidad del ex presidente, pero no contaba con que un derrame cerebral lo mató el 11 de enero de 1943 a los 67 años. Una época llegaba a su final.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wNpO6fEUnE0i_RnDgeTs8lAri4g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/presidente_agustin_pedro_justo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El General Agustín P. Justo había nacido en Concepción del Uruguay, el 26 de febrero de 1876. Liberal como su padre, su modelo de vida fue Bartolomé Mitre, por su prestigio intelectual y de Julio Argentino Roca por su picardía, su genio político y su visión de país.]]>
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                                <updated>2026-05-16T18:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-16T18:30:00+00:00</published>
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            Aquellos tiempos de esquila
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/K35h7AHTaFWlLpskORbtzIlXtkA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>—Bueno, si ustedes quieren gurises, mal no me vienen. Vengan por aquí veremos que pueden hacerCruzamos el patio donde había una división de palo a pique donde había un hombre con una oveja maneada entre las piernas, que en realidad eran varios y cada uno esquilaba moviendo las hojas de una tijera con rapidez. A un costado había un cuadrante de madera, de donde pendían con las bocas abiertas, largas bolsas, donde un criollo desde arriba de un cajón, echaba vellones de lana de la que estaban esquilando. Desde el fondo de las bolsas al suelo, había dos cuartas. Cuando llegamos allí nos preguntó el tío Cipriano ——¿Qué tal son ustedes para pisar lana?—Y más o menos. Nunca lo hicimos, dijo mi hermano mayor. Yo me quedé callado—Bueno muchachos. A sacarse las alpargatas y arremangarse los pantalones, porque hay que pisar descalzos.Nos sacamos las alpargatas con la alegría de poder hacer un trabajo “de grandes” y nos trepamos a la empalizada y nos metimos cada uno en una bolsa. Nos taparon las bolsas y empezamos a pisar lana, a medida que el hombre de arriba del cajón largaba los vellones que iba recibiendo en la boca de las bolsas.Oí que entre risas los esquiladores preguntaban— ¿Y los puebleros adonde fueron?—Parece que los han embolsado, contestó otro entre carcajadas.Cada tanto sentíamos que uno gritaba&nbsp;—¡Vellón y lata!&nbsp;Cuando los vellones ocupaban la mitad o más de las bolsas y asomamos la cabeza, nos miramos con mi hermano sonrientes y contentos, a pesar del cansancio demoledor.—Sacaron la cabeza los charabones. También fue festejado. Nosotros nos dedicamos a la tarea encargada, sin hacer caso a las bromas.Había peones de todo pelaje entre los esquiladores, pero ninguno tan joven como nosotros, y nuestro aspecto de puebleros no había caído bien.Un vientito impregnaba de olor a carne asada nos hizo comprender que ya estábamos cerca del mediodía. Mientras tanto ya habíamos cambiado varias bolsas de lana repletas y duras por las vacías.Dos peones musculosos les cosían la boca y las apilaban para luego llevarlas al galpón. Nosotros teníamos los pies y las piernas llenas de grasa de la lana gorda y además, me dolían los tobillos. Tocaron una campanada y la gente dejó de esquilar. Entonces nos dirigimos para donde habíamos dejado los aperos. Guardamos las alpargatas así arremangados, caminamos hacia los asadores. Mi hermano cortó una tira de carne de vacío. Yo me le prendí a un matambre que le chorreaba la grasa de gordo. Nos apartamos del grupo hacia la sombra de los eucaliptus. Comimos carne con galleta hasta tener que aflojar el cinto.Después me acerqué a un fogón y pregunté si podíamos ocupar el agua de una pava que estaba en las brasas. “Agarren lo que gusten” dijo un hombre joven que tenía en la cara una cicatriz en forma de arco.Toda la tarde pisamos lana. Por la noche caímos rendidos en la cama con la familia. Nosotros queríamos quedar con los peones, pero el tío Cipriano no nos dejó. —No gurises. Se sacaron el gusto de trabajar igual que los peones y por lo que me contaron, lo hicieron muy bien. Así que van a cobrar también igual que ellos.Al día siguiente nos pusimos de nuevo al lado de las bolsas vacías. Comenzó el ruido de las tijeras de esquilar y ya al rato comenzaron a traer los vellones uno tras otros y nosotros a pisar. Después vimos que a cada oveja esquilada le entregaban al esquilador una lata en forma de moneda. Yo pensaba ¿nos dará algo el tío Cipriano, que en realidad no era tío nuestro, sino de mamá. Pero como ella le llamaba tío, nosotros también.Pasaron varios días de ruda tarea. Ya el paisanaje se había acostumbrado a vernos trabajar sin meternos con nadie y sin ningún privilegio y optaron por respetarnos.Tal vez pensaron que aprovecharíamos el ser huéspedes allí, pero vieron que no.En la estancia había cientos de vacas y lindas manadas, aunque poca majada.Por eso terminamos rápido con la esquila. Los esquiladores abandonaron la estancia y solo quedaron el dueño, la peonada fija, los hijos y nosotrosEnsillaron caballos para nosotros y nuestra primera salida fue hasta el boliche del pago. Solo estaba a una legua de la estancia. Llegamos de un galope y dejamos los caballos en la sombra de unos algarrobos. Era una casa de material con techo de paja. Al frente tenía un largo enrejado, con un mostrador para el lado de adentro. Nadie entraba al negocio, porque lo que compraban se lo alcanzaban al cliente por entre las rejas. Nosotros compramos cigarros marca “Bandera” ¿Vamos a tomar un vino? Le dije a mi hermano. Pedimos los dos vasos de vino que sacó de una damajuana, pedimos salame y queso picado y allí nos quedamos mirando las cosas. El negocio era grande y tenía de todo. Desde géneros de toda clase y color, velas, faroles, mechas para faroles, tubos para lámparas y mechas no faltaban. También tenían cartuchos de todo calibre, monturas, cojinillos, estribos, cabezales y cabestros. Pero nada de esas cosas nos hacían falta.&nbsp;Lo que sí compramos fue una faja para cada uno. Vimos que a ningún peón le faltaba una.El sol iba haciendo sombra sobre el monte altoEmpezaron a llegar hombres barbudos, vestidos de guardamontes y botas. Todos los que llegaban saludaban de esta forma “Guaaaas tarde”Luego se echaban sobre las rejas, compraban cigarros y bebían caña. Nos miraban como forasteros, aunque entre ellos no se hablaban. Todo transcurría allí en silencio y solo los que atendían cambiaban palabrasAntes de entrarse el sol salimos al trote en dirección a la estancia.¿Viste cómo nos miraban como a bicho raro? Me dijo mi hermano, mientras íbamos rumbeando el camino de vuelta. “Son hijos del monte y por lo tanto ariscos”Pero seguramente que ahora se estarían preguntando quienes seriamos&nbsp;Al día siguiente, el canto de los pájaros nos anunció un amanecer entre rojo y lila. Va a hacer calor penséNos arrimamos a un rancho largo que hacía de cocina. En el medio estaba un fogón rodeado por una yanta de carro. Nos sentamos y nos alcanzaron dos jarros de leche de medio litro y cuatro galletas. Sin sentir nos bebimos la leche y nos comimos las galletas. Ya éramos uno de ellos.Lindos tiempos aquellos...</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/K35h7AHTaFWlLpskORbtzIlXtkA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Con mi hermano, no queríamos que nos trataran distinto por ser sobrinos del patrón, don Cipriano a quien le habíamos pedido algo para hacer. Veíamos que toda la gente andaba ocupada, mientras nosotros jugábamos con los perros. Es cierto que de las tareas del campo no era gran cosa lo que sabíamos hacer, me refiero a los oficios, pero, en definitiva, con voluntad todo se aprende.]]>
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            El catador de vinos
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Kyk3_wtH7pps8aMIyeqoifsezSQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esto que voy a contar, ocurrió de verdad con un catador de vinosEn una de esas tantas reuniones que realizan amigos y conocidos, habían invitado a un conocido catador qué, además, tenía una sólida cultura general y esa asombrosa cualidad de poder identificar la denominación de un vino, su origen y el año de cosecha.El dueño de casa había preparado todo para una gran cena: la plata resplandecía, tres copas de cristal completaban cada cubierto, y un aroma a carne asada que venía de la cocina, hacía agua la boca.Como yo me cuento entre quienes disfrutamos de un buen vino, así también confieso mi ignorancia sobre estos temas, aunque me gusta escuchar a quienes saben.Por esa razón, siendo incapaz de recordar los tipos de vino que mencionó, le pedí que por favor me los repitiera el narrador, porque es una buena historia, que vale la pena escribir y tomé apuntes de ellos.El dueño de casa se esforzaba por pasar por ser un hombre culto, y coleccionaba cuadros, libros y discos. Pero no lo era, a mi juicio.No hago una crítica de él, porque no sería justo hacerlo, ya que se trataba de una buena persona. Solo que procuraba no desentonar con el ambiente en el que desenvolvía su vida. Hecha esta aclaración diré que trajo a la mesa un vino Riesling “Geieslay Chligberg 1971” y dijo —Este es un excelente vino de entrada. Proviene de un pueblito llamado Geierslay del valle del Mosela. Casi desconocido fuera de Alemania.Se hicieron algunos comentarios sobre el vino, que no vale la pena transcribir aquí, por no ser el objeto de esta nota.Hasta que llegó el momento que todos esperaban y le trajeron al catador, cuyo apellido era Laporta para que hiciera su apreciación sobre el burdeos.Este se encontraba presentado en un cesto de mimbre con su etiqueta para abajo, para que no fuera visible ningún dato ni referencia.—Así que entonces proviene de un pequeño viñedo, dijo LaportaLa contestación fue, que, en efecto, así era—Por lo menos será de un buen año, verdad?—Si, eso se lo garantizo, dijo el anfitrión.—Entonces no será tan difícil.—Podemos apostar que sí.—Acepto apostar entonces, dijo Laporta—Muy bien. La apuesta, como siempre será una caja de este vino contra U$A &nbsp;500 de usted.El dueño de casa se sentía seguro, porque se puede determinar los datos cuando se trata de una gran cepa, como un Lafite o un Latour, con seguridad, o puede determinar su “terroir”. Puede también determinar la región de origen, podrá decir que es un Saint Emilión, un Pomerol, un Graves o un Médoc.Pero cada una de estas regiones tienen varios municipios y cada municipio tiene una gran cantidad de viñedos.No puede acertar, y si acierta lo que me maravillaría, solo le &nbsp;costaría una caja de ese vino, del que tenía varias.A continuación, sirvió un poco de vino en su propia copa y seguidamente llenó las copas de todos los participantes.Ahora, todos miraban a LaportaEl hombre representaba unos cincuenta años, de cara regordeta y una boca carnosa y húmeda bastante desagradable.Levantó la copa, metió la nariz dentro y aspiró su aroma muy concentrado en eso, como filtrando y analizando el mensaje del vino, lo que duró un tiempo excesivo, luego sorbió la mitad de la copa. Con la boca llena de líquido, paladeó el primer sorbo y dejó pasar algo, pero conservó en la boca una importante cantidad de vino. Contuvo la respiración y expulsó el aire por la nariz.El espectáculo era impactante y solemne y dijo. —Si, es un vino interesante. Grato al paladar. Normalmente diría, sin esperar más el nombre de un viñedo. Pero quiero tener una caja de él. Así que debo ser prudente…Por lo pronto, voy a empezar a eliminar. En primer lugar ¿De qué región de Burdeos se trata? Bien, eso es bastante fácil. Este vino no tiene cuerpo como para ser Saint Emilión o un Graves. Es un Médoc. Ahora ¿A que municipio pertenece? Tampoco es difícil ¿Un Margaux? No lo es. Tampoco un Pauillac. Tiene una sospecha de tanino en el regusto, solo una sospecha. Tiene esa cualidad reconfortante y femenina del Saint Julien. Es un Saint Julien. Ahora arribamos a un punto delicado. Estoy procurando identificar la clase de cepa. Este vino no es de una primera cepa, tampoco de una segunda. Tiene potencia, es entonces una tercera cepa de un buen año, como nos adelantó nuestro anfitrión. Bueno, ¿Cuáles son los viñedos de tercera cepa del municipio de Saint Julien? ¡Ya lo tengo!!! Es un chateau- branaire- ducru . En cuanto al año, es 1964.—¿Quiere repetir el nombre? Dijo el dueño de casa—Chateau- branaire- ducru. Un bonito viñedo, con un viejo castillo, con un puentecito, ahora cegado por la arena, donde no pueden entrar más los barcos.—Por favor, muestre la etiqueta. Sabía que había ganado. La caja del precioso vino era suya ante el estupor de todos.Así me lo contaron. Yo solamente lo repito con los datos que anoté. Una linda historia que merecía ser reconstruida. ¿Interesante verdad? &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Kyk3_wtH7pps8aMIyeqoifsezSQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Me lo contaron cómo cierto ¿Y porque no habría de serlo? Hay gente con habilidades insospechadas, casi milagrosas. Bástenos recordar por ejemplo a René Lavand, que había perdido un brazo, pero con el otro desarrolló una habilidad fantástica con cualquier mazo de barajas, tanto en la manera de entreverarlas, como en juegos de ilusionismo que asombran por su destreza y originalidad.]]>
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                <published>2026-05-02T19:30:00+00:00</published>
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            Cómo se fue poblando nuestra región
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/I-3LcOHkQjs68ENd1t9AOvlbykc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/garayalde_magazine.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Sin embargo, no habiendo autoridades cercanas y considerando la falta de control existente, el Cabildo de Yapeyú sustituyó a los jesuitas, usando los derechos de estos para regularizar la ocupación de las tierras por los habitantes de la campaña que la ocupaban de hecho, otorgando concesiones de tierras y permisos de ocupación, hasta donde se entendía como límite de la jurisdicción yapeyuana , el Arroyo Grande o del Pedernal establecido por la costumbre.Las autoridades oficiales solamente manifestaron su presencia en el siglo XIX y en cuanto a la Junta de Temporalidades, solo intervino con unos pocos interesados en lo que fueron las propiedades jesuiticas.Los que deseaban adquirir la posesión y uso de las tierras, recurrían al Cabildo de Yapeyú. O sea que el Cabildo, ante la falta de autoridades superiores, sustituyó a los jesuitas en la regularización de la ocupación de los campos que les habían pertenecido.Esos permisos que otorgó el Cabildo yapeyuano a fines del siglo XVIII al Sur del Mocoretá fueron otrogados, por ejemplo: a Bernardo Acevedo sobre el arroyo Tatutí; Santiago Miño, ubicado entre los arroyos Torres y Tatutí: Domingo y Silvestre Miño, quienes se establecieron sobre el Mocoretá.Según el Archivo de Entre Ríos, a todos estos se les concedió autorización con fecha 30 de junio de 1800.Así también y en las mismas condiciones, le fue concedida la posesión y uso de un campo en la costa del arroyo Toledo, al cura Fray Mariano José del Castillo, cura franciscano que años después sería Párroco de Mandisoví y luego el primer Cura de Concordia.“Al Sur del Mandisoví Grande, y a poca distancia de la barra del Uruguay, los jesuitas de Yapeyú construyeron las poblaciones de su estancia y Capilla denominada “La Concepción”. Fue sobre el caserío que aún existía en 1810, alrrededor de esta Capilla que fundó el General Belgrano el pueblo de Mandisoví, que subsistió hasta que fundada &nbsp;la ciudad de Federación, se despobló completamente” nos informa César Blas Pérez Colman.El campo era en el que estuvo la estancia, que se denominará posteriormente “Pueblo Viejo de Mandisoví” y que fue adquirido al promediar el siglo XIX, por el coronel Santiago Artigas, Jefe de la Division Concordia del Ejército entrerriano.Más al Sur, en el sitio denominado “Rincón del Salto” situado entre los arroyos Ayuí Grande y Yuquerí Grande, fue poblado por las familias indígenas, con la posesión y uso otorgado por el Cabildo de Yapeyú.Era jefe de estas familias indígenas en 1810, el cacique Domingo Manduré.&nbsp;Los sucesos ocurridos en nuestra provincia y particularmente en nuestra zona desde 1811 con el arribo del General Artigas conduciendo al Pueblo Oriental, dio lugar a que muchos indios acaudillados por Manduré, formaron una compañía de indios de Salto Chico, que sirvió a las órdenes de don José Artigas y Francisco Ramírez.&nbsp;Las taperas de donde vivía el cacique Mandure fueron localizadas por el agrimensor que hizo la prospección para la fundación de Concordia. Los ranchos de Manduré estaban ubicados al Este del Yuquerí donde todavía existía un monte de tunas e higueras.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/I-3LcOHkQjs68ENd1t9AOvlbykc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/garayalde_magazine.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El poblamiento de nuestra región, al Sur del río Mocoretá, que perteneciera a la Compañía de Jesús hasta su expulsión en 1767 por el rey Carlos III, y la consiguiente confiscación de sus posesiones, comenzó a producirse gradualmente por las familias indígenas y criollas que fueron ocupando los campos con buenas aguadas y pastos, donde fueron acopiando ganados cimarrones regularizando su explotación
Quienes estaban a cargo del otorgamiento de permisos de ocupación de esas tierras, eran el Cabildo de Yapeyú, el Virrey y la Junta de Temporalidades de Santa Fe, ya que pasaron a ser tierras realengas y el ganado se hizo silvestre.]]>
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                <published>2026-04-25T18:30:00+00:00</published>
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            La batalla de Arroyo Grande, a pocos kilómetros de Concordia (6 de diciembre de 1842)
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-OeXawGIP1zk8fpyYZMfBLFIzIA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Pero antes de relatar los detalles de esta batalla, creo necesario referirme a un detalle de gran influencia en este suceso.Adolfo Saldías cuenta una anécdota, oída de Antonino Reyes, quien fuera edecán del Gobernador de Buenos Aires.“Juan M. de Rosas lo llamó a Reyes y le dijo “Dentro de poco vendrá Mr. Mandeville; usted entrará a darme cuenta del ejército de Vanguardia y al ver al Ministro inglés se detendrá indeciso y seguirá mis instrucciones. Así lo hizo Reyes-Hable usted- dijo Rosas- Estamos ante el representante de un país amigo--Era sobre las caballadas que debíamos pasar al general Oribe.-¿Qué pasó con esas caballadas?- inquiere Rosas-Que se han “resabiado” dos veces Su Excelencia costando mucho más tiempo y trabajo de lo que creíamos--Estos inconvenientes cambian los planes del Presidente de los Orientales-dijo Rosas con cara de preocupaciónEl Ministro inglés permanecía atento a lo que allí se decía, aunque con expresión indiferente.-La posición del Presidente Oribe se hará ahora muy difícil- -¡Tiene suerte el “pardejón” Rivera! Hemos dejado sin caballadas al general Oribe ¿Qué hará ahora?-Sigue marchando sobre Rivera- expresó el edecán, pero en jornadas lentas, por no demorar las operaciones- Sigue esperando esos recursos-Salió de la reunión el Ministro inglés con rumbo a la legaciónUn rato después, el capitán del Puerto dio aviso a Rosas qué desde la escuadra inglesa, surta en la rada, se desprendía una ballenera en dirección a la Colonia.Se confirmaba entonces lo que había previsto Rosas. Entonces su excelencia soltó una estruendosa carcajada: -El muy pícaro mordió el anzuelo-Rosas sabía que los ingleses informarían a Rivera de esa falsa situación, motivada por la imposibilidad de lograr que Rivera presentara batalla.El 1° de diciembre de 1842, Rivera concentró sus fuerzas sobre las puntas del Arroyo Grande, tributario del río Uruguay en Entre Ríos, al sudoeste de Concordia, convencido de la superioridad de su caballería, de acuerdo a la información que le suministraron los inglesesEstaba integrado por orientales, correntinos y santafesinos.Unos 7.500 hombres que los componían 5.500 jinetes y 2.000 infantes con 16 piezas de artillería (14 cañones y dos obuses) El Jefe de Estado Mayor era el coronel Elías GalvánOribe por su parte reunía 9.000 hombres (2.500 infantes, porteños en su mayoría 6.500 jinetes porteños y entrerrianos y 18 piezas de artillería.De esos, unos 1.000 eran orientales. La caballería de Oribe era superior y su infantería era también superior que la de Rivera. El Jefe del Estado Mayor era Francisco Lasala, sobrino de Oribe. Remplazó al coronel Eugenio Garzón quien no participó por desacuerdos con Oribe.Rivera estaba preparado para una considerable espera, habiendo elegido un campo descubierto, pensando que allí podría maniobrar mejor con su caballería, cuando le avisaron que Oribe y sus ejercito estaba a una hora de marcha del campamento unitario.“¡No puede ser!!! Exclamó Rivera. Oribe recién debería estar pasando el Gualeguay, reorganizándose, reuniendo lo que quede disperso y moralizar si es posible a la gauchada de Urquiza”Sin embargo, el Jefe del Ejército de la Confederación había hecho el tramo hacia el norte de la provincia, como quien va a Concordia. El 5 de diciembre estaba situado a unos 10 kilómetros de las puntas del Arroyo Grande, a la vista de Rivera.El ejército de Oribe era, en su mayor parte de tropas regulares. Sujetos a una rigurosa disciplina y con oficiales inteligentes.Por su parte el de Rivera no tenía organización militar, ni disciplina, ni ninguna de aquellas cosas elementales que constituyen la fuerza de un ejército, excepto la voluntad y el valor. Era una masa heterogénea sin enlace mutuo y sin armonía en el conjunto.Las fuerzas de la Confederación tomaron posiciones frente a los colorados (unitarios uruguayos) que estaban también integrados por orientales y argentinos “las tropas de la Confederación especialmente de Buenos Aires y Entre Ríos era ligeramente superior en número a las tropas de Rivera) dice Efraím QuesadaEL COMBATE En la madrugada del 6 de diciembre de 1842, se enfrentaron los dos ejércitos. A las 9 de la mañana, las caballerías de ambos ejércitos se movieron en rápidas embestidas. Mientras Rivera se encontraba a caballo sobre un montículo un poco a la derecha, desde donde se podía contemplar todo el campo de batalla.Las tropas de Oribe se desplegaron en combate “La infantería y la artillería mandado por el general Ángel Pacheco; la derecha con fuerzas de caballería de Urquiza, a la que se agregó la columna “flanqueadora” de Ignacio Oribe; a la izquierda, tropas de caballería a las órdenes del general José María Flores y al extremo izquierdo, otra “flanqueadora” magníficamente montada. Además.Otra caballería de reserva”. El batallón riverista de José Gregorio Suarez (Goyo Jeta) fue prácticamente diezmada con lazos y boleadoras; con el resto bajó a toda prisa las barrancas del Uruguay. Poco antes, una montonera correntina había perseguido al coronel Luna, quien, sintiendo a sus espaldas el apremio de los federales, solo atinó para “zafarse”, desprenderse un cinto lleno de onzas de oro que tenía. Lo abrió y las fue dejando caer para entretenerlos y ponerse a salvo y llegar hasta el río.El mismo Fructuoso Rivera se vio en un gran aprieto. Estaba totalmente rodeado y no sabía cómo ponerse a salvo, cuando surgió el santafesino Juan Pablo López, abriendo una brecha por la que pudo escapar el caudillo oriental.“Empeñada la batalla escribe en sus Memorias el general Donato Álvarez- llegó un momento emocionante y fue aquel en el que el general Servando Gómez, cedió conmovido por el empuje de las cargas formidables que le llevó la caballería enemiga mandada por el bravo general Anacleto Medina. Al encuentro de este y para contenerlo, el general Urquiza lanzó parte de la caballería entrerriana, que cargó briosamente a fondo con feliz suceso. Me encontraba en ese momento a pocos pasos del general Urquiza e intercedía porque no se ultimara a un soldado enemigo a quien creía rendido, cuando este en un descuido mío, revolviose dándome una lanzada!”La infantería de Rivera quedó casi toda prisionera o muerta. Las infanterías de Buenos Aires y la Oriental comenzaron la victoria y las caballerías porteñas, entrerrianas y oriental precipitaron el desastre.Poco antes del mediodía, Urquiza informó a su hermano “A esta hora (11.30) hemos concluido completamente con el ejército del “pardejón” Rivera; la victoria ha sido esplendida, completa” Media hora después, Oribe daba cuenta a Rosas en su parte, de que el Ejército Aliado de Operaciones de Vanguardia, había logrado el más completo triunfo, sobre los salvajes unitarios.</p><p>LA HUIDAEn cuanto se produjeron los primeros encontronazos, Rivera previó la derrota y según documenta el Archivo de Entre Ríos se escabulló hacia el Saladero de Domingo Duarte Manzores, de donde extrajo cueros para armar “pelotas” y vadear el rio Uruguay. Anticipando su paso, hizo arriar ganado arrebatado en las estancias entrerrianas. Rivera- consigna Díaz- temía más el riesgo de su vida, que la tremenda responsabilidad de la de los soldados puestos a su cargo; y se separó de su ejército cuando todavía estaba indecisa la victoria, dejando en el campo de batalla masas enteras, que con menos cobardía, alguna serenidad y algunas ideas estratégicas, hubiera podido salvar o impedir cuanto menos, que fueran impunemente acuchillados, y haciéndose seguir de una docena de oficiales y soldados, pasó el mismo día el Uruguay por el punto del Naranjal.Desde el Salto se había oído claramente el cañoneo. Los vecinos salteños se preguntaban cuál sería el resultado de la batalla, cuando vieron llegar a grupos de gente armada a la costa de Entre Ríos y pasar enseguida en botes y “pelotas” a la costa uruguaya“¿Saquearán el pueblo?” se preguntaban los vecinos con preocupación.Mas el general Rivera, sentado en una silla en la costa del río, daba instrucciones a sus oficiales, dándoles ordenes, sobre todo, de respetar al vecindario” Luego abandonó el Salto con unos 400 hombres.Al llegar la noche, Urquiza quedó a descansar en la estancia de Juan Campbell sobre el arroyo Yeruá, donde fue informado qué en represalia, los unitarios habían incendiado el Salto. Urquiza vio las llamas de los ranchos y las casa desde Concordia“Destacaré un batallón en auxilio del vecindario” y lo hace inmediatamente “No te puedes imaginar- comentaba Urquiza- el placer que tuve al ver a mis entrerrianos, atravesar el majestuoso Uruguay, en veintidós minutos con el sable a la dragona y a la espalda la lanza”Mientras tanto, en el sitio de la batalla, por orden del general Manuel Oribe fueron ajusticiados por degüello todos los oficiales unitarios en la costa de un arroyito y hasta cabos y sargentos, dicen algunos. Los soldados rendidos fueron incorporados a sus tropas.Pasaron más de 50 años de esa gran batalla en un sitio en ese tiempo despoblado, hasta que arribaron los colonos inmigrantes suizos-franceses y rusos-judíos quienes se dedicaron a la explotación agropecuariaAlgunos comenzaron a arar la tierra para sus cultivos y pero también a encontrar restos humanos, especialmente a orillas de un arroyito que no tenía denominación.Pasando el “Arroyo Grande”, hay una flecha que indica el lugar de la batalla, donde hay un monolito en recordación. Luego hay un arroyito llamado “Calaveras”, que es donde quedaron los cuerpos insepultos de la batalla y los ajusticiados. El viento y el polvo de los años los fue cubriendo piadosamente, el sol y la lluvia también hicieron su parte.&nbsp;La batalla se libró, desde el Arroyo Grande, hasta la “Cañada Casafus”, que ahora, ha quedado dentro de la localidad de San Salvador.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-OeXawGIP1zk8fpyYZMfBLFIzIA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El combate de Arroyo Grande fue una de las batallas más grandes de las guerras civiles-  argentino-uruguayas.]]>
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            Los asesinatos de 1870 en Concordia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2UEG49DlBPWdITCphlJQd7PL-Po=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_garayalde_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>A su vez en Concordia, debían ser asesinados sus dos hijos: el coronel Justo Carmelo de Urquiza Sambrana, con ese grado militar fue Jefe del Regimiento Escolta, y se desempeñaba como Jefe Político de Concordia (hoy Intendente) y Waldino de Urquiza Calvento, Comandante de Milicias (Jefe de Policía) que era medio hermano de Justo Carmelo. El plan se fue desarrollando de acuerdo a lo previsto por los complotados.Si bien estos hechos han sido relatados muchas veces en distintas versiones, (incluso yo mismo lo he hecho) es bueno recordarlos en este nuevo aniversario, en una versión más actualizada y por un testigo contemporáneo de los sucesos.</p><p>Coronel Waldino de Urquiza (foto 2)</p><p>Tomaré en este caso, no la versión más conocida y difundida de don Antonio P. Castro, el que a su vez la recogió de don Wenceslao Gadea, sino la del periodista don Fernando Gabino Méndez, quien fue involuntario testigo de uno de ellos y que después de los sucesos de esa noche, se exilió en el Uruguay.&nbsp;Dice don Fernando Méndez que el general Urquiza había encontrado su continuador en Justo Carmelo por su buen juicio y por haber logrado hacerse respetar, sin necesidad de emplear violencia, gozando de general estima en la sociedad de entonces. Era una figura política con proyecciones y su nombre se mencionaba como futuro gobernador de la provincia.Era este un hombre de buen carácter y por gozar una reputación de ser muy honrado.&nbsp;El coronel Federico Aberasturi era un emigrado viviendo muy pobremente en Concordia (oriental y uno de los ilustres defensores y sobrevivientes de Paysandú durante el bombardeo, posterior ataque y crueldades cometidas por los brasileros sitiadores de la ciudad)Justo Carmelo se constituyó en protector de Aberasturi y le instaló el hotel que tenía por nombre “La Provincia” para que se fuera defendiendo, pero que en ese tiempo era el mejor hotel de la ciudad, protegiéndolo sin reservas. Y allí, en esa casa, colindante con lo que fuera el diario “El Litoral” en la calle Entre Ríos (hoy playa de estacionamiento) se reunían a jugar a las cartas y “matear” Justo Carmelo de Urquiza y varios amigos.Dice don Fernando G. Méndez, testigo del arribo del coronel Justo Carmelo al local del hotel “Esa noche jugaba yo una partida de carambolas con un señor Jiménez, empleado de la aduana, siendo las 11 de la noche pasadas, cuando cruzó por la sala de billares Justo Carmelo de Urquiza, preguntándole a Aberasturi por los camaradas. −Allí lo están esperando. en el cuarto− le respondió Aberasturi.Y a esa habitación fue sin demora saludándolo Jiménez y yo atentamente al cruzar, para que, del referido cuarto lo sacaran muerto y que es la última pieza, en el fondo del segundo patio, a mano izquierda entrando por el zaguán.Mariano Querencio dirigía la “operación” y era el hombre que representaría aquí en esta zona de Entre Ríos los planes del general Ricardo López Jordán.Justo Carmelo se sentó en una cama que había en la pieza, sentándose a su derecha el mayor Herrera, que fuera sorteado para darle la primera puñalada. Y sin más trámite, le ladeó la mano y el brazo izquierdo se la dio en el pecho, sumiendo el puñal hasta el cabo, apuñalándolo luego los demás circunstantes.Esta relación me la hizo en Corrientes- en Paso de los Libres- el mayor Herrera, con el que tuviera yo relaciones personales casualmente.Después se sacó del hotel de Aberasturi el cadáver, hotel que se llamó desde ese día del “Mate amargo”, metido en una bañadera, llevándose por un carrito a la costa del Yuquerí, ocultándose en las proximidades de la picada “Pancho Rosa” apareciendo pasados varios meses comprobándose por las autoridades respectivas su identidad, al que se le diera sepultura en nuestra necrópolis.En cuanto a Waldino de Urquiza se desempeñaba como Comandante de Milicias con el grado militar de coronel, quien vivía en su propia casa, donde hoy está el Café Cristóbal, contiguo al cuartel.No era de buen carácter Waldino, sino más bien autoritario y corajudo, había combatido en Concepción del Uruguay rechazando la invasión de los generales Manuel Hornos y Juan Madariaga en la formidable jornada del 21 de noviembre de 1852. Combatió también junto a los orientales contra las tropas de Venancio Flores en las cercanías de Paysandú y era un decidido protector de los emigrados uruguayos, a quienes ayudaba de todas las formas, incluso de su propio bolsillo.Por las razones antes expuestas, era necesario entonces eliminarlo primero a Waldino, antes que, a Justo Carmelo, por ser mucho menos dócil que su medio hermano. Dice el Oficial Ayudante Ramón Leiva muchos años después “que fue sacado con engaños de su casa y llevado a la Comisaría de Ordenes. Era Comisario de Ordenes el mayor Burgueño; este era un oriental que después del hecho se incorporó a las fuerzas revolucionarias en el vecino país, mandadas por el general Timoteo Aparicio, donde ascenderá hasta el grado militar de coronel, y ser persona muy conocida y de significativa importancia entre los suyos.Waldino fue entregado a la madrugada montado y amordazado a un asesino de apellido Chamorro, asesino de mentas sanguinarias en las fronteras de la vecina provincia quién con dos sujetos correntinos, también asesinos bien probados recibiéndolo para matarlo. Lo montaron a caballo y lo llevaron de tiro. Lo bajaron en la calle A. del Valle (hoy de ese nombre) antes Santa Fe y frente a un tunal que formaba parte del cerco en la mitad de la cuadra.&nbsp;Estaba parado en la esquina norte recostado en un poste, Elías Díaz, platero de oficio quien presenció todo y al día siguiente, atemorizado por su suerte se refugió en el Salto, donde refirió todo lo que vio y donde se radicaría definitivamente con su oficio de platero. Waldino fue lanceado por Chamorro y sus compañeros, le pusieron unos maneadores en los tobillos y lo arrastraron por la mitad de la calle a la cincha, ocultándolo detrás de la puerta del cementerio (Viejo). El cadáver de Waldino, degollado y lanceado apareció al día siguiente, allí donde sus asesinos lo dejaron y donde posteriormente le dieron sepultura, su esposa, sus hijos y demás familiares sin ceremonia alguna, dada la situación.Hoy su tumba se encuentra en el cementerio de Concepción del Uruguay, con una lápida de mármol que dice&nbsp;“Coronel Waldino Urquiza, asesinado en Concordia el 11 de abril de 1870” &nbsp;&nbsp;Las cenizas de Justo Carmelo se encuentran en la Basílica de Concepción del Uruguay, en una urna detrás del órgano italiano de 220 tubos en el interior del templo”Estos son los hechos de esa noche trágica en una versión distinta a la más conocida de don Antonio P. Castro, donde se puede señalar a don Fernando G. Méndez como relator de primera mano de esos sucesos. El otro drama se había desarrollado más temprano en el Palacio San José, con el alevoso crimen del General Justo José de Urquiza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2UEG49DlBPWdITCphlJQd7PL-Po=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/magazine_garayalde_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>No caben dudas de que aquel 11 de abril de 1870 se puso en marcha un golpe de estado de grandes proporciones y que incluían la muerte de los más ilustres ciudadanos de nuestra provincia, comenzando por quien marcó un antes y un después en Entre Ríos y en la República, Don Justo José de Urquiza, Primer Presidente Constitucional Argentino, y uno de los tres Padres Fundadores de la Nación Argentina
Este sería asesinado en el Palacio San José, por una partida de 104 hombres, que había salido de la estancia “Arroyo Grande”, ubicada a 10 kilómetros de la actual San Salvador, propiedad del General Ricardo López Jordán.]]>
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                <published>2026-04-11T19:30:00+00:00</published>
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            Farmacia Del Norte
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pzib_bW2QjRltmHcj54fBxUKPi4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/garayalde_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Don Jacobo Bilkis (Yaco para los amigos) se instaló con su farmacia en el local de la calle Vélez Sarsfield 517 &nbsp;el 17 de enero de 1957. Se recibió de farmacéutico en el Uruguay, en la Universidad de Montevideo en 1951. Ese mismo año revalidó el título en Santa Fe y con posterioridad se inició en su profesión en la ciudad de Mendoza compartiendo con dos colegas la propiedad de dos farmacias, aunque la experiencia fue absolutamente adversa a sus intereses y decidió no continuar.Sin embargo, sus amplios conocimientos profesionales lo acicatearon a persistir en su voluntad de dedicarse a la profesión que eligió y abrazó con juvenil entusiasmo y que mejor sitio para hacerlo que su ciudad de Concordia, la que lo vio nacer.Allí abrió entonces sus puertas la Farmacia del Norte que pasaría a ser un verdadero referente del barrio por su trato cortés que supo ganarse rápidamente el afecto y estima de sus vecinos.Conocí a Yaco en 1963 por razones comerciales, &nbsp;también a su señora, Zaida y con el correr del tiempo a sus hijos, Edgardo, Ruth y Horacio aunque mi vínculo lógicamente era con él por las razones expuestas, pero debo añadir que mis visitas se extendían en dilatadas charlas sobre los más variados temas, ya que siempre encontré en él a un interlocutor informado y culto transformando &nbsp;mi trabajo en un placentero paréntesis.Una vez me contaba que: cuando pudieron acceder a la corriente alternada en la farmacia, se apresuró a tener luces fluorescentes en abundancia e instaló un cartel luminoso al frente donde se destacaba una gran cruz verde, y recordaba que fue durante la campaña electoral donde resultó electo el Dr. Frondizi un atardecer de otoño se veía y sentía vuelos rasantes de una avioneta y un rato después una pareja se identificó como tripulantes del avión. Uno de los viajeros y por el fuerte viento se indispuso con náuseas &nbsp;y se acercaron a la farmacia en busca de un paliativo. Hablando con los viajeros se enteró que su destino era Chajarí, y entre las referencias que se les había dado era que cerca de la iglesia de Pompeya había una luz verde nítida y que orientándose por la aguja de la Pompeya y la luz de la cruz verde divisaría el campo del aeroclub donde podían descender. Y así lo hicieron y al poco rato de la compra del medicamento se volvió a sentir el sobrevuelo del avión.Poco tiempo después se produjo la gran inundación de 1959 y la creciente llegó por calle Urdinarrain al Parque Ferré y en una oportunidad cerca de un mediodía se presentaron algunas personas empapadas, aunque cubiertas con capas engomadas. Uno de ellos era manco, pues le faltaba el antebrazo. Solicitaron unas latas de leche para bebé marca Glaxo y relataron que vivían en el caserío formado en torno al frigorífico y que finalmente se decidieron a venir remando porque los bebitos no tenían alimento. Relataron que fue muy bravo sortear el cauce del Yuquerí que estaba hecho un verdadero torrente y ellos remaban esquivando troncos y animales muertos que traía la correntada.Conmovido por el relato de esa gente y por las peripecias corridas los reconfortó con café caliente para mitigar un poco el frio y la mojadura.Luego de un rato se fueron al centro a adquirir otras cosas . Mucho tiempo después los volvió a ver y conversando con ellos nunca hicieron alarde de esa verdadera hazaña de venirse remando desde all Lo que sí sabían era que la farmacia de Yaco era la más cercana.&nbsp;El local de la calle Vélez Sarsfield 517 le fue quedando chico y Yaco siempre tuvo el deseo de disponer de más espacio y también mejorar y modernizar su aspecto. Con buenas vidrieras y estanterías modernas adecuadas al local comercial al que apuntaba. Hacía ya un tiempo que venía en tratativas para la compra de un terreno que se ajustara a su propósito y que además quedaba a solo unos pocos metros de donde se inició y con el tiempo, construir allí también su vivienda hasta que finalmente pudo comprarlo con bastante esfuerzo, pero valió la pena, aunque mientras tanto vivían en una casa en la calle Pirovano 71 &nbsp;Fue así que en la esquina de Vélez Sarsfield &nbsp;y Perú, el 20 de mayo de 1961 abrió su nuevo local con todas las comodidades a las que aspiraba.Sin embargo, siguieron viviendo en Pirovano 71 ya que la casa vivienda todavía faltaba construir. Pero esa era otra etapa a cumplir. &nbsp;Hasta que luego de tanto empeño y esfuerzo, &nbsp;finalmente también pudieron cumplir con esa merecida aspiración.Creo que fue allí donde lo conocí, aunque yo pensaba que había sido en el viejo local, pero por las fechas que obtuve debió forzosamente ser en el nuevo.&nbsp;Aunque ya hoy en día en una tarea pasiva en la farmacia, y viéndolo bien, solo ha dejado de atender al público, el que está a cargo del matrimonio formado por Enrique y Marta Meza, (excelentes personas estas) pero también un poco por su fractura reciente y otro poco por sus 92 años que lo limitan en su desplazamiento, pero debo añadir también que lleva muy airosamente esta novena década de su vida.Me precio de que me haya distinguido con su amistad desde hace 56 años y aunque ya no represento a Bayer SA, sigo visitándolo periódicamente porque a ambos nos gusta recordar y contarnos sucedidos y debo decir que disfruto de su compañía. &nbsp; Aunque la realidad de nuestro país ocupa también buena parte de nuestras preocupaciones ya que hemos vivido lo suficiente como para juzgar con algún margen de certeza y con un escepticismo razonable cuanto sucede.Quisiera agregar el palpable reconocimiento de sus colegas a este decano de la profesión farmacéutica en la provincia y también el de sus clientes y vecinos.Recuerdo que cuando se retiró de su vida activa se publicó una muy linda y merecida nota del Sindicato de Obreros Panaderos de Concordia agradeciéndole las atenciones y buen trato bridadas a sus afiliados. Todo un ejemplo a seguir de un hombre honrado y solidario que es lo mejor que se puede decir de un profesional.El día 17 de septiembre de 2024 falleció mi buen amigo Yaco, aunque no he perdido el contacto, ya que ahora me comunico con su hijo Horacio que vive en La Plata, lugar donde también se había radicado este con su señora.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pzib_bW2QjRltmHcj54fBxUKPi4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/garayalde_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1859]]>
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                <published>2026-03-28T18:30:00+00:00</published>
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            Farmacia Cruz Azul
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XHGpycY41sYfZxbg4iBLgy8vWHs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Farmacia Cruz Azul fue fundada por el Sr. Aldo Abraham Fraylejer en la calle Entre Ríos 485 el 12 de septiembre de 1940&nbsp;El Sr. Aldo Freylejer era el cuñado del Dr. León Vinacur quien recientemente había inaugurado el “Sanatorio Entre Ríos”, junto a los Dres. José Ravasio, Carlos M. Del Cerro, Orlando Raggio, Mario García Maciel &nbsp;y José Ramón Larocca entre otros.&nbsp;Invitado por su cuñado, que anoticiado de que el local de enfrente al Sanatorio de reciente inauguración quedaría desocupado, transmitió la novedad a su cuñado Aldo, interesándolo de tal circunstancia.El Sr. Aldo Freylejer, farmacéutico nacional recibido en la ciudad de Rosario, aunque él era porteño, &nbsp;se trasladó a Concordia con su esposa Raquel Vinacur para iniciar tratativas por el local con su propietario.&nbsp;Anteriormente en el sitio que luego sería la farmacia, durante muchos años funcionaron el Almacén de Fernando Oriol, excelente persona que tenía una acreditada clientela en ese sitio, que cambiaría de ramo para transformarse en farmacia.El local en realidad pertenecía al señor Roque Degracia, igual que el local contiguo donde estaba la acreditada firma Cartoccio &amp; Collazo que vendían productos hortícolas, como fertilizantes, herbicidas y algunos de uso veterinario. La familia Degracia vivía en una casa muy grande, enfrente a la Unión Israelita, Entre Ríos 479. &nbsp;Cabe señalar que los señores Cartoccio y Collazo que además eran también martilleros, profesión a la que se dedicarían más adelante, aunque en otro local&nbsp;El Sr. Freylejer denominó a su farmacia “La Cruz Azul” y la dirección correcta era Entre Ríos &nbsp;485 porque no llegaba a la esquina como en la actualidad &nbsp;La reforma se realizaría muchos años después. La Cruz Azul logró conservar, al menos en parte, la clientela del barrio ofreciéndoles cuentas corrientes y un buen surtido de perfumería de moda en ese tiempo. Era común que la gente comprara a crédito por la gran estabilidad monetaria y porque, además, tanto las distribuidoras de perfumería como los laboratorios y droguerías daban generoso plazos de pago a sus clientes. &nbsp;La farmacia era atendida por su propietario, Aldo Freylejer y por el señor Nardo Jachuk que fue siempre su mano derecha y la vecindad del sanatorio influyó de manera decisiva en su rápida prosperidad. Por esa razón debieron incorporar en 1942 al Sr. Camilo Torres para realizar los envíos a domicilio, el que gradualmente fue aprendiendo el arte, al principio las preparaciones farmacéuticas más sencillas de usos externo y luego que adquirió mayor competencia las que requerían mayor cuidado tanto en las proporciones, como en la utilización y preparado de cápsulas, sellos, comprimidos, jarabes, elixires y finalmente inyectables y el cierre de ampollas. Cabe señalar que todo se podía fabricar en las farmacias.&nbsp;Las etiquetas que llevaban los medicamentos daba constancia de la farmacia que lo preparó, el contenido en gramos y miligramos y también el solvente. Esto era importante porque el paciente podía de esa forma hacerlo preparar donde lo creyera conveniente.Decía antes que todo podía hacerse en la farmacia y este dato no es menor porque en 1939 estallo la que sería la Segunda Guerra Mundialo sea que la farmacia debía adaptarse a las dificultades en cuanto a proveerse de medicamentos que dejaron de llegar al país y remplazarlo por formulaciones que indicaban los médicos. &nbsp;&nbsp;No fue este un inconveniente para Farmacia La Cruz Azul, dada la competencia técnica de su personal y del mismo propietario.Por otra parte, la vecindad del “Sanatorio Entre Rios” contribuyó grandemente a facilitarles fórmulas que pudieran preparar o de lo contrario, tratar de conseguir las drogas que en general eran de origen extranjero y muchas de ellas se conseguían en el Uruguay.&nbsp;Debo añadir que la Farmacia Cruz Azul siempre se vio favorecida por la presencia, calle por medio de la institución sanatorial. En la década del 60 el Sanatorio Entre Rios fue adquirido por la Federación Gremial de la Carne que agrupaba a los empleados del Frigorífico Yuquerí y sus familiares, gremio con el cual el Sr. Freylejer tenía un convenio de exclusividad. Otra de sus particularidades fue la de mantener un vínculo muy fructífero con los sindicatos, tanto en Concordia como en Buenos Aires. Fue así que también se hizo cargo de la dirección técnica de la farmacia del Policlínico Ferroviario que atendía a los empleados del Ferrocarril General Urquiza y sus familiares.&nbsp;A fin de atender esa demanda, el Sr. Freylejer creó la Droguería del Litoral, aunque en la realidad no lo fuera, ya que no era un distribuidor, sino que se beneficiaba con un mejor precio como mayorista, lo que facilitaba su relación comercial con algunos sindicatos. A tal fin adquirió un sitio en la calle Sáenz Peña del 7 al 9 y sin proponérselo, por lo menos en ese momento, estaba creando las bases de la futura reforma. Esta se realizó entre 1967 y 68 dándole un matiz único en su tipo para un local de farmacia todo vidriado.&nbsp;En 1963 se había incorporado a la farmacia el Sr. Alfredo Sánchez, siendo muy joven aún, pero que prontamente demostró su capacidad de trabajo y su vocación de aprender, al principio en tareas menores y luego las de mayor responsabilidad.También se incorporó la señorita Lila Britez como cajera, tarea en la que se desempeñó muchísimos años, hasta su jubilación. Pero quien batió el record de permanencia fue el propio Alfredo Sánchez ya que finalmente se jubiló habiendo cumplido ¡53 años como empleado de la Cruz Azul!!! Un caso no muy frecuente. &nbsp;&nbsp;El Sr. Aldo Freylejer fue una persona que supo cultivar amistades y moverse con soltura en los ámbitos sociales que frecuentaba. Su amistad con el Dr. Edmundo Giorgio y el Sr. Orlando Andreola le facilitó un desempeño social de importancia donde supo granjearse muchos amigos de relevancia, especialmente por ser un asiduo concurrente al Jockey Club.Ya sin la presencia del Sr. Jachuk que se había jubilado, le tocó manejar su farmacia en épocas muy difíciles en varias circunstancias, pero ya entonces con el acompañamiento de Alfredo Sánchez como hombre de confianzaAldo Freylejer &nbsp;era un hombre de correr riesgos y lo hacía sin dudarlo y por lo general con éxito.Pero nuevos tiempos difíciles vinieron, no solo para las farmacias sino para toda actividad comercial en los 90 y allí si debió resignarse finalmente a tener que vender la farmacia. El comprador fue la firma Alberto Grand e hijo, aunque Aldo Freylejer se siguió desempeñando como farmacéutico de los nuevos propietarios durante algún tiempo, igual que Alfredo Sánchez, hasta que este eficiente integrante de la Cruz Azul obtuvo su merecida jubilación en 2016. &nbsp;Aldo Freylejer posteriormente &nbsp;se radicó definitivamente en Buenos Aires y trabajo allí como regente de una farmacia hasta su fallecimiento. Su esposa la Sra. Raquel Vinacur lo sobrevivió algunos años y falleció en el mes de diciembre de 2007.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XHGpycY41sYfZxbg4iBLgy8vWHs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/magazine_garayalde_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1859]]>
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                <published>2026-03-21T19:30:00+00:00</published>
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            Farmacia Concordia
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                <![CDATA[Darío H. Garayalde]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IW_espkRlioGXJZPHRDCgPzHkyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/farmacia_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El cambio de la farmacia a su nuevo local se realiza en 1939, a una propiedad que era de Sucesores de. Gumersindo Villanueva, siendo el constructor el Sr. Luís Fonseca.El Sr. Pitashny compra el local de la farmacia y la casa de calle San Martín 104 contigua al local comercial.Conocí al Sr. Jacobo Pitashny siendo niño ya que yo vivía a media cuadra de la farmacia, por calle Sarmiento y lo recuerdo perfectamente, igual que a su señora y a su hija; además su hermano José, dueño de la Tienda Buenos Aires en Entre Ríos y A. del Valle vivía al lado de mi casa.El Sr. Pitashny no era farmacéutico. Su regente era la Sra. Agueda Turco Vesta de Caputo y lo fue durante muchos años, incluso después que la vendió&nbsp;Siendo ya propietario el Sr. Jacobo Pitashny, en 1942 hace construir un amplio sótano obra que realiza el Constructor Ciliberto.Este terreno fue originalmente un lote de los denominados “fundacionales” ya que se otorgaban a los primeros pobladores de la Villa de la Concordia en carácter gratuito o de “merced” como se denominaban.Este título de propiedad fue otorgado a Fermín Antonio Duque, hombre de raza negra en razón de exponer ante el Juez de Paz que “habiendo poblado y cercado el terreno baldío” se le otorgue el derecho de propiedad.&nbsp;La presencia de la Farmacia Concordia en un ámbito que ya he señalado con anterioridad, en lo referido a las placenteras costumbres y prácticas comerciales muy tradicionales, pero que hoy serían calificadas de arcaicas ya que había un fuerte movimiento de ventas en cuenta corriente, con grandes atrasos en la cancelación de esas cuentas. Era muy común surtir a las familias y a sus empleados y cobrar cuando se vendía la lana o la cosecha, pero en general, todo el comercio funcionaba así.&nbsp;El cobro era seguro, pero había que esperar. Enviar un cobrador era de mal gusto y hasta se podía ofender el cliente y perderlo como tal.Pero también los plazos de compra eran generosos, lo que le permitía a las farmacias desenvolverse sin dificultad y a sus dueños tener un buen nivel de vida y sin sobresaltos&nbsp;La estabilidad económica marcaba esas costumbres; recuerdo que inclusive en las librerías se compraba todo en cuenta corriente y se cancelaba al finalizar el año lectivo, claro está que en una ciudad en la que todos nos conocíamos.Decía que presencia de la Farmacia Concordia transformó ese ambiente que antes describí, surtiéndose de las marcas que se anunciaban en la radio y en las revistas y al que las farmacias locales se habían resistido denodadamente, tratando de hacerles frente con sus preparados de fabricación local.&nbsp;Jabón Lux, aquel de 9 de cada 10 estrellas de cine…Kolynos, Colgate, Max Factor, Helena Rubinstein, Palmolive llenaron sus estantes. Algunos fabricantes nacionales también compitieron con algún éxito como Jabón Federal y Manuelita, de claro sentido nacionalista. La Farmacia Concordia hizo grandes stocks de marcas consagradas y además se convirtió en proveedor de medicamentos a las instituciones-algo no explotado antes-Los medicamentos de “venta libre” y propaganda masiva como Linimento Sloan, Mejoral, Lysoform, Emulsión Scott, Pildoritas Reuter, Geniol, Untisal los vendía con sustanciales descuentos y se hizo rápidamente de fama de ser una farmacia “barata”El moderno local mostraba a las claras su disposición a disputar el terreno comercial a todos. En su interior se leía “Farmacia Concordia, la mayor de Entre Ríos” y otro cartel que decía “En esta farmacia no se dice no hay, salvo que el producto falte en plaza o no se fabrique más”Todos estos cambios, introducidos en un ambiente muy estable y de respeto profesional, &nbsp;como era de suponer, produjeron una verdadera convulsión con consecuencias desfavorables para quienes se aferraron a los viejos moldes.Además, un hecho adicional entró a jugar a favor de la confusión general producida en el ámbito farmacéutico: comienza la Segunda Guerra Mundial y con ella, todo tipo de escasez y no sólo en el ámbito farmacéutico.Sin embargo, Don Jacobo Pitashny había hecho contactos con importantes laboratorios y gracias a esos contactos, se proveía de drogas qué en el Uruguay, por ser país partidario de los aliados, nunca faltaron, mientras que en la Argentina por ser neutral dejaron de ingresar.Reinvertía todo en su farmacia, a la que agregó una droguería mayorista (Droguería Concordia) de accesorios y de perfumería con clientela en toda la zona y en el sur de Corrientes, contando para ello con un plantel de viajantes.Un recuerdo personal que me contó un farmacéutico, recién recibido en aquellos tiempos, al que Don Jacobo Pitashny le dijo que cualquier inconveniente que tuviera &nbsp; &nbsp;invocara su nombre en el Laboratorio Squibb, y al hacerlo, el mismo gerente &nbsp;lo atendió con total deferencia, tanta era su influencia&nbsp;El Sr. Pitashny hizo una enorme fortuna con la farmacia y la droguería y que, en 1956 vendió muy bien haciendo un formidable negocio, tanto la farmacia como la &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;droguería a una sociedad, propiedad de un médico oculista Cuesta Yáñez de Concepción del Uruguay y el, se radicó definitivamente en la Ciudad de Buenos Aires.Los nuevos propietarios contrataron un administrador, (Aarón Eskliar) que vivía en la casa de calle San Martín 104 y durante algún tiempo administró tanto la farmacia como la droguería. Sin embargo, por cuestionamientos importantes por diferencias de dinero, su situación con los propietarios se volvió insostenible y debió dejar su cargo de una manera bastante abrupta.Por sugerencia del antiguo propietario Sr. Pitashny, contrataron al Sr. Isaac Zipilivan, &nbsp;que era un antiguo empleado de confianza de la farmacia. El Sr. Zipilivan, cuando se retiró de la Concordia, se había iniciado con una Perfumería a la que denominó “Vergel” en la calle San Martín. Don Isaac Zipilivan aceptó el cargo en el que se desempeñó durante muchos años haciendo honor a la confianza que en él se depositó. &nbsp;Luego pasó a ser gerente de la Droguería Concordia. A cargo de la farmacia quedó la Srta. Dora Brodsky, también esta empleada de muchos años permaneciendo ambos en sus cargos hasta que tanto la droguería como la farmacia se vendieron a la Droguería Chajarí de Don Alberto Grand e Hijos.La Droguería Concordia siguió operando durante un tiempo con la gerencia del Sr. Carlos Tamaño, pero ya su participación fue declinante hasta su cierre.De la farmacia pasó a ser gerente un antiguo empleado, el Sr. José Chicco quien la supo llevar correctamente, (pero los tiempos del predominio de la Farmacia Concordia habían concluido) hasta que, contando con su experiencia adquirida en los muchos años en el ramo, puso su propia farmacia.Al decir de algunos farmacéuticos de Concordia, la de Jacobo Pitashny fue una verdadera escuela en cuanto a la forma de encarar los negocios ya que su modus operandi se trasladó a ex empleados, que abrieron sus propios locales. Ejemplo de ello fue Don Boris Petasne, primo de Jacobo Pitashny quien trabajaba en la preparación de recetas en el laboratorio de la Farmacia Concordia y luego se asocia con el Sr. Rodolfo M. Nolé, farmacéutico de nuestra ciudad y abren una farmacia en (aquellos tiempos) Villa Federal. Luego Boris Petashne regresaría a Concordia para abrir otra farmacia en la calle Guemes y San Luís a la que denomina Farmacia Güemes, teniendo como farmacéutico al Sr. Omar Alejandro Pusterla, luego se traslada a San Luís y Saavedra, ya con nuevo regente, en este caso su yerno, Germán Rafinet &nbsp;&nbsp;Otro caso fue el de un antiguo y eficiente empleado de la Concordia, el Sr. Ricardo Schurlein, con una gran simpatía y delicadeza en el trato con los clientes. Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que Ricardo Schurlein fue la cara visible de la Farmacia Concordia durante muchísimos años. Hasta que también el decide instalar su propia farmacia. En realidad, a mi manera de ver, tal vez sin proponérselo siempre estuvo trabajando para su futuro negocio. Y así fue que se llevó consigo los mejores clientes de la Farmacia Concordia. Se instaló en Velez Sarsfield y Brown y su farmacia se llamó Vélez Sarsfield, siendo su regente el Dr. Carlos SiburuYa he mencionado antes que el Sr. José Chicco, quien también fue gerente de la Concordia y resuelve intentar suerte con su propia farmacia, la que instala en la Av. Las Heras nº 720 con el nombre de “Farmacia Las Heras”. Como se puede advertir, esa especie de escuela y modus operandi se trasladó a ex empleados de la Farmacia Concordia que ni siquiera conocieron al Sr. Pitashny, ya que, por su edad, no pudieron haberlo conocido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IW_espkRlioGXJZPHRDCgPzHkyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/farmacia_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Esta farmacia fue fundada por Don Jacobo Pitashny en 1935 en la calle San Martín esquina Sarmiento (Tucumán en ese tiempo) aunque no donde hoy está sino en la vereda de enfrente, donde antiguamente estaba el local de apuestas del Jockey Club y hoy es una pizzería.]]>
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            LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1869: Farmacia San Martín
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/h35vq-wUxRTNOtiC6fT9Dr_6ZgI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Trabajaron juntos varios años, hasta que el Sr. Silva queda como único propietario. Era también Silva reconocido en el barrio por sus consejos y acertadas recomendaciones, como así también en la preparación de específicos para las más variadas afecciones.Al quedar solo el Sr. Silva, y como no era farmacéutico como decía al principio recurrió al Sr. Luís Novello que por haber vendido su farmacia quedó con su título vacante, por lo que pasó entonces a ser regente del Sr. Silva. Con posterioridad le cambió el nombre a la farmacia por el de San Martín. Estaba instalada en un barrio de gente de muy buenos recursos económicos. La mayoría de los apellidos vascos que habían hecho fortuna estaban en el barrio La Cuchilla.En 1937 se construye el puente sobre el Arroyo Concordia por calle Aristóbulo del Valle, mejorando la comunicación del centro con el barrio La Cuchilla. El puente existente sobre la calle San Martín (única vía de comunicación de entonces) fue construido en 1890 por el constructor Don Pedro Pusterla, por la necesidad de conectar el comercio de la ciudad y las tropas de carretas que se concentraban en la Tablada (Parque Ferré) e ingresaban a Concordia por la calle San Martín (hoy sería contramano)El Distrito Militar 30, que antes estaba en la calle Sarmiento 632 se traslada a San Martín y Alvear, frente a la Farmacia San Martín, lo que aumenta el movimiento comercial por la permanente presencia de gente realizando trámites, esto agregado a una dotación de personal militar permanente.Además, debemos agregar que el tranvía eléctrico, que funcionaba desde marzo de 1928 y que había estado 10 años paralizado por un conflicto con la Municipalidad, vuelve a funcionar en 1950, primero hasta Plaza España, y luego, cuando se construye el puente sobre Alvear y Güemes, se traen las vías de los tranvías de Paraná que allá estaban siendo retirados y se prolonga el recorrido hasta el Cementerio Nuevo.Cuando falleció el Sr. Luís Novello, el nuevo regente fue el Dr. Angel José Ava. &nbsp; &nbsp;. Luego de algún tiempo, por razones de edad y también de oportunidad, el Sr. Silva le vende la farmacia al Sr. Alberto Haberman. Lamentablemente, este señor carecía del trato al que los vecinos estaban acostumbrados, indispensable para mantener una clientela que requería un trato diferente, habituados a las maneras del Sr. Silva. A su inexperiencia en el ramo, se debía agregar sus maneras un tanto descorteses para la época y para las costumbres de nuestra ciudad. Muy porteño, decían algunos debido a su suficienciaEn poco tiempo dilapidó una clientela laboriosamente conseguida por el Sr. Silva a lo largo de muchos años con mucho esfuerzo y paciencia.Terminó vendiendo la farmacia en un tiempo muy corto, creo que no llegó a los dos años. El comprador fue el Sr. Naún Kunin que también desconocía el ramo ya que provenía de la actividad del transporte, sin embargo, supo dotar a la farmacia de personal oriundo del barrio y con una atención que mejoró notoriamente en comparación a la anterior.Surtió a la farmacia de los medicamentos que requería el cercano Sanatorio Garat, como anestésicos, sueros y soluciones y comenzó a recuperar la clientela perdida.Además, en el barrio había varios médicos como el Dr. Rubén Colombo, Horacio Scattone y Emilio Kremer cuyas recetas en gran medida iban a parar a Farmacia San Martín sin contar además con la cercanía del Instituto Medico Quirúrgico GaratVarios años trabajó el Sr. Kunin en su nueva actividad, y lo hizo bien, logrando estabilizar un negocio que parecía perdido, a pesar de su potencialidad.&nbsp;Finalmente, una situación ajena a las cuestiones comerciales lleva a la familia Kunin a la venta de la Farmacia San Martín al Sr. Santiago E. LagóEl nuevo dueño trasladó la farmacia a la calle 1º de Mayo y Colón primero (aunque por breve tiempo) y luego a 1º de Mayo y Presbítero del Castillo, frente al Sanatorio Concordia lugar donde le cambió el nombre por el de Farmacia Taito. Modernizó la farmacia y logró una muy buena clientela favorecido por la vecindad del Sanatorio Concordia y luego de varios años la vendió a sus dueños actuales los que le cambiaron el nombre por el de Farmacia Científica.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/h35vq-wUxRTNOtiC6fT9Dr_6ZgI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/magazine_garayalde.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Fue fundada con el nombre de Farmacia y Perfumería Siburu en la calle San Martín y Alvear por el Sr. Enrique Siburu que era farmacéutico y el Sr. Silva que era Idóneo de Farmacia, reconocimiento también otorgado en Paraná, igual que los Sres. Braga, Rebot y Braslavsky.]]>
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                <published>2026-03-07T13:00:00+00:00</published>
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