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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Radio estatal: El falso debate sobre un problema que no debería existir
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                <![CDATA[Cristian Nahuel Centurión]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bedRaivM1wrUmiR2ZFY9ZnkeOGU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/radio_ciudadana_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Aquello que hace 6 meses era una propuesta de debate, hoy es un hecho político. &nbsp;La nota decía textualmente: Toda esta discusión sobre el despido de un periodista y la supuesta censura en Radio Ciudadana es una distracción de lo fundamental: ¿por qué existe una radio estatal en primer lugar? En Concordia, una de las ciudades con mayor índice de pobreza del país, donde cada centavo debería ser destinado a garantizar las funciones mínimas del Estado de Derecho, seguimos sosteniendo con dinero de los contribuyentes una radio municipal. ¿Para qué? ¿Para que los políticos de turno jueguen a los medios de comunicación con el dinero ajeno?&nbsp;El periodista Federico Odorisio denunció persecución política tras su despido, pero admitió que en el sector privado gana “varias veces más” de lo que cobraba en la radio pública. Este simple hecho demuestra que no se trata de un atentado contra la libertad de expresión, sino de una disputa por los privilegios del sector estatal. Si el mercado premia su trabajo con ingresos mucho mayores, ¿para qué se necesita una radio estatal? No hay ninguna razón válida para que los ciudadanos de Concordia, que ya enfrentan enormes dificultades económicas, financien con sus impuestos un medio que claramente no es indispensable ni para los propios periodistas afectados. Pero el problema va más allá de un despido.La existencia misma de un medio público es incompatible con la verdadera libertad de expresión, porque siempre estará sujeto a la influencia política de quienes lo administran. El PJ ahora en la oposición denuncia censura, pero cuando eran gobierno manejaban la radio como un instrumento de propaganda y precarizaban a sus propios trabajadores a través del monotributo. Entonces, ¿el problema es la censura o que perdieron el control del micrófono? El concejal Felipe Sastre también dejó en evidencia otro aspecto clave: los beneficios discrecionales que algunos periodistas recibían dentro del sistema estatal. Horarios flexibles, falta de controles en el uso del medio, conflicto de intereses con trabajos privados… todos estos privilegios solo refuerzan la pregunta central: ¿por qué los ciudadanos deben sostener con sus impuestos una radio que solo beneficia a una minoría vinculada al poder político?En la actual situación de emergencia fiscal, el intendente Francisco Azcué tiene la oportunidad de alinearse con la política de austeridad del gobierno nacional y tomar una decisión histórica: eliminar el financiamiento estatal a la radio y dejar que se sostenga con recursos privados. El presidente Javier Milei ya demostró que el Estado no tiene por qué financiar medios de comunicación y redujo al mínimo la pauta oficial.En Concordia, ese mismo principio debe aplicarse: el periodismo debe depender de la voluntad de su audiencia y no de los impuestos forzosos de los ciudadanos. Y si el oficialismo local realmente quiere demostrar que está comprometido con la responsabilidad fiscal, puede ir aún más lejos. ¿Por qué no suspender también la “dieta” de casi 3 millones de pesos de los concejales o fijarla en cero? En una ciudad donde los ciudadanos deben hacer sacrificios diarios, donde los comerciantes enfrentan tasas asfixiantes y donde los trabajadores no tienen acceso a los privilegios de la clase política, sería un gesto de coherencia y justicia. La política no debe ser un refugio de privilegios sino un servicio a la comunidad. Si los concejales consideran que el periodismo debe ser independiente del Estado, que den el ejemplo y renuncien a sus propios beneficios estatales. Este debate no se trata solo de una radio, sino de la hipocresía de la clase política local. Mientras los concejales discuten cómo se debe manejar un medio estatal, los ciudadanos no eligieron ni su creación ni su financiamiento. La radio pública no es más que otro botín de guerra entre facciones que buscan imponer su control sobre la narrativa local con dinero ajeno. Pero la libertad de expresión no se garantiza con radios estatales, sino con la existencia de un mercado libre de medios, donde cada ciudadano elige qué consumir y a quién financiar. Concordia tiene una amplia oferta de medios privados, que van desde radios hasta periódicos digitales con diversas líneas editoriales. No existe ninguna justificación para que una radio pública siga funcionando con dinero de los contribuyentes.Si realmente es un espacio de valor para la comunidad, que se sostenga con aportes voluntarios, publicidad privada o suscripciones. El verdadero debate aquí no es sobre un despido, sino sobre si seguimos permitiendo que el Estado maneje medios de comunicación con fondos públicos. Y la única respuesta correcta es: terminar con el subsidio estatal al periodismo y dejar que el mercado, es decir, los propios ciudadanos, decidan qué medios merecen existir.&nbsp;Cristian Nahuel Centurión &nbsp;Fuente: La Libertad Avanza Departamento Concordia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bedRaivM1wrUmiR2ZFY9ZnkeOGU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/radio_ciudadana_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El 30 de enero de este año, publicamos la opinión de Cristian Nahuel Centurión, Presidente Fundación Urquiza.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2025-07-28T03:00:00+00:00</published>
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            Cómo mueren los municipios: cuando gastar no es ayuda
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                <![CDATA[Cristian Nahuel Centurión]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hOFgppc-hEElEjgW0yX02Otr6Qs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/06/municipio_de_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los municipios no quiebran de un día para otro. Se descomponen en silencio. Bajo la superficie de la burocracia local —que rara vez ocupa los titulares— operan estructuras que nacen con funciones claras y terminan absorbidas por la lógica de su propia supervivencia.</p><p>Concordia no es una excepción. Lo que se está discutiendo hoy, en realidad, es si alguien debía finalmente cortar el circuito.</p><p>En una ciudad donde más del 50% de la población está bajo la línea de pobreza, la pregunta por el gasto social no es banal.</p><p>Es legítimo preguntarse si recortar programas que asisten a los sectores más vulnerables no implica una forma de crueldad política. Pero esa pregunta no puede formularse sin antes observar cómo estaban estructurados esos programas, qué resultados generaban, y cuánto costaban por cada impacto efectivo.</p><p>Porque gastar no es ayudar. Y gastar mucho, sin indicadores de mejora, es precisamente lo contrario: es sellar el fracaso con recursos públicos.</p><p>Tomemos el caso de los CDI. El gasto por niño superaba ampliamente el valor de una escolarización de calidad en el sector privado, incluyendo alimentación, transporte y materiales.</p><p>Sin embargo, los informes internos (cuando existen) mostraban niveles mínimos de seguimiento, problemas crónicos de gestión y una plantilla sobredimensionada, donde la duplicación de tareas administrativas competía en escala con la ausencia de personal técnico especializado. Se pagaban más sueldos, sí. Pero a cambio de menos resultados.</p><p>Frente a este tipo de ineficiencia, la reacción esperable de cualquier administración que aspire a algún grado de racionalidad es intervenir. No por dogma, sino por matemática simple.</p><p>El municipio de Concordia proyectaba, al ritmo de ejecución anterior, un déficit operativo creciente y estructural. Un punto de no retorno directo al colapso, en el que ya no se trataría de ajustar: se trataría de elegir qué servicio cerrar primero bajo riesgo de perder todo el sistema de asistencia y dejar sin protección social a sus beneficiarios.</p><p>El margen era nulo. Y cuando el margen desaparece, cada decisión pesa más.&nbsp;El rediseño que se está ejecutando no es lineal ni inocuo. Implica despidos, y eso exige una justificación detallada. Pero también exige un debate serio: ¿por qué había contratos temporales que se prorrogaban año tras año sin evaluación alguna? ¿Qué sentido tiene sostener estructuras completas si no producen impacto? ¿Cuántas áreas funcionaban con tareas solapadas, informes innecesarios o funciones vacías?</p><p>Despedir no es una virtud. Pero sostener lo insostenible tampoco lo es. La crítica más resonante sostiene que, mientras se recortan servicios sociales, se estarían incorporando nuevos funcionarios. Esa acusación merece ser diseccionada.</p><p>El problema no es el ingreso de personal, sino con qué propósito se lo hace. Si se reemplaza inercia por capacidad técnica, si se incorporan perfiles con competencias específicas para rediseñar sistemas, auditar programas o reordenar presupuestos, no se trata de sumar “casta”, sino de asumir que administrar también requiere talento.</p><p>El punto es este: un municipio con recursos escasos no puede darse el lujo de improvisar. Y tampoco puede seguir pagando por estructuras que solo existen porque nadie se atrevió a apagarlas.En ese marco, reorientar fondos —a salud primaria, infraestructura básica, programas de alimentación en coordinación con escuelas— no es un abandono de los más vulnerables.</p><p>Es, en todo caso, un intento por que el dinero llegue finalmente a ellos, sin intermediarios, sin capas inútiles, sin rituales administrativos que sólo alimentan a la propia máquina de impedir.Lo que se desactiva, en el fondo, no son programas sociales ni presupuestos esenciales.</p><p>Lo que se desarma es una red que funciona como sistema de retención política. Lo que se recorta no es el beneficio, sino el rodeo: los intermediarios, las capas administrativas que ralentizan o desviaban el impacto. Cuando la política administra la escasez como si fuera un botín, la prioridad ya no es solucionar, sino perpetuarse.</p><p>Incluso en el plano simbólico, la austeridad tiene un efecto político: rompe con la lógica del Estado como empleador de última instancia. Y al hacerlo, reconoce que no todo lugar debe ser ocupado, y que no toda ocupación es un servicio.</p><p>Por supuesto, esto requiere transparencia. Si el municipio no audita sus programas e informa sus resultados, si no se informa quién contrata, que función cumplen y por qué, entonces la discusión pierde sustancia.</p><p>Sin evidencia, toda defensa se convierte en sospecha. Pero con evidencia, el debate cambia de nivel: ya no se trata de si el ajuste es bueno o malo, sino de si había alternativa.</p><p>La respuesta, para quien haya revisado las cuentas, es clara: no la había. La única verdad es la realidad, el dilema nunca fue entre un municipio austero y uno generoso. Fue entre un municipio viable y uno en caída libre. Lo que se intenta ahora es redireccionar los escasos recursos públicos hacia donde generan valor. Es una reprogramación: menos gasto en estructura burocrática, más inversión efectiva. Y debo decir algo más: reducir el Estado es un objetivo en sí mismo.</p><p>El gobierno es una herramienta, sirve cuando se usa para recuperar cada centavo de gasto político para devolverlo al contribuyente mediante servicios básicos o eliminación de trámites e impuestos.</p><p>Solo de esta manera, el estado permite mejorar la vida de la gente, una acción medible a la vez. Lo otro —lo que había antes— era simplemente sostener el decorado. Y sostener el decorado, cuando todo alrededor se desmorona, también es una forma de abandono.&nbsp;Las Fuerzas del Cielo Entre Ríos&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hOFgppc-hEElEjgW0yX02Otr6Qs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/06/municipio_de_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>OPINIÓN]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2025-06-17T04:00:00+00:00</published>
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            Vamos por el milagro económico de Concordia
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                <![CDATA[Cristian Nahuel Centurión]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1sYaHCApTeh9GTZrXp4dBiXrbK4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/03/plaza_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nos dijeron que el mercado es cruel, que la competencia es injusta, que el lucro es inmoral. Y mientras tanto, ellos se enriquecieron con nuestros impuestos (algunos fueron a parar a Paraguay), con nuestros sueños frustrados, con nuestra pobreza.</p><p>Nada es gratis: cada vez que el Estado dice que te va a dar algo, te está quitando la libertad. Cada regulación, cada traba, cada “beneficio” que nos prometen es una cadena más que nos ata a la dependencia. Nos hicieron creer que necesitamos un salvador, alguien que decida por nosotros. Pero la realidad es que no hay plan social que reemplace la dignidad de ganarse la vida con esfuerzo propio.</p><p>Las sociedades ricas no lo son porque alguien repartió la riqueza, sino porque las personas la generaron. No hay atajos. No hay milagros estatales. Sólo hay creatividad, esfuerzo y la oportunidad de intercambiar valor con el otro. Cada emprendedor que se anima, cada comercio que abre, cada vecino que apuesta a su propio talento está empujando el verdadero milagro económico.</p><p>Nos dicen que emprender es difícil. Y lo es. Pero también lo es vivir en la dependencia, resignados a que el político de turno decida hasta dónde podemos llegar. La verdadera justicia social no es recibir un cheque del gobierno. Es tener oportunidades reales. Es saber que si trabajamos, si nos esforzamos, si innovamos, podemos quedarnos con el fruto de nuestro trabajo sin que nos frenen impuestos asfixiantes y regulaciones absurdas.</p><p>No somos pobres por falta de recursos. No somos pobres por mala suerte. Somos pobres porque nos gobiernan con ideas de subdesarrollo. Porque nos imponen un modelo económico basado en la envidia, el resentimiento y la desconfianza en la libertad. Nos dicen que el que gana dinero es un explotador, que la competencia es injusta, que el éxito ajeno es una amenaza. Así destruyen la cultura del esfuerzo y premian la mediocridad.</p><p>Cada traba burocrática es un obstáculo para que un emprendedor genere empleo. Cada regulación absurda es una piedra en el camino de alguien que quiere invertir. Cada peso que nos sacan en impuestos es un peso menos en el bolsillo de quienes quieren producir.</p><p>El problema no es que falte dinero: es que el Estado nos lo quita antes de que podamos elegir qué hacer con el resultado de nuestro esfuerzo.</p><p>Si abrazamos los valores del capitalismo de libre empresa, Concordia puede prosperar. No hay otro camino. La historia lo demuestra: las sociedades que crecen son las que dejan a las personas decidir, crear y comerciar libremente. Y sí, siempre habrá quienes prefieran seguir dependiendo, quienes tengan miedo a la libertad. Pero el futuro no se construye con miedo, sino con acción.</p><p>Es hora de dejar de pedir permiso y empezar a actuar. Es hora de mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿Qué podemos hacer hoy para ganar plata mañana? Sí, ganar dinero, efectivo. No hay nada de malo en ello. Al contrario: es la forma en que se genera prosperidad. En cada transacción libre y voluntaria, en cada negocio que nace, en cada servicio que se ofrece, hay un acto de creación de valor.</p><p>El estado no está para reemplazar al empresario. El empresario exitoso no es un enemigo.Es un benefactor social. Porque sólo tiene éxito si logra servir mejor a los demás. Si ofrece mejores productos, mejores precios, mejor atención. Esa es la verdadera solidaridad: la que nace del intercambio voluntario, no de la confiscación estatal.No necesitamos políticos que nos “salven”. No necesitamos subsidios que nos mantengan atados. Necesitamos libertad. Un marco jurídico claro, con reglas simples, estables y justas.Un Estado limitado, que no interfiera con quienes quieren trabajar y producir.</p><p>Por eso, invito a cada habitante de Concordia a dar un primer paso. No esperemos a que nos resuelvan la vida desde una oficina. Pensemos siempre en buscar oportunidades.Preguntémonos: ¿Qué puedo hacer hoy para generar valor mañana? La respuesta a esa pregunta es el comienzo de nuestro propio milagro económico.</p><p>De la crisis no se sale con discursos vacíos ni con promesas políticas. Se sale trabajando, creando, arriesgando. Cada pequeño negocio, cada nueva inversión, cada iniciativa privada es un paso hacia la prosperidad.&nbsp;Y cada uno de esos pasos es una victoria contra la pobreza Concordia puede volver a ser una ciudad próspera. Pero para lograrlo, debemos dejar atrás el modelo que nos condenó a la pobreza.&nbsp;Debemos abrazar la libertad económica, la cultura del esfuerzo y la dignidad del trabajo.&nbsp;El milagro económico está a nuestro alcance.&nbsp;No esperemos más.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1sYaHCApTeh9GTZrXp4dBiXrbK4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/03/plaza_concordia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Concordia no está condenada a la pobreza. No nacimos para depender, no estamos atados a la miseria. Pero durante décadas, una clase política decadente nos hizo creer lo contrario, que sin el “Estado presente” no podríamos sobrevivir. Que sin subsidios, sin planes, sin regulaciones, no tendríamos futuro. Y, sin embargo, acá estamos: cada vez más pobres, cada vez más atados, cada vez con menos oportunidades.]]>
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                <published>2025-03-05T13:00:00+00:00</published>
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