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    <title>El Heraldo</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            La  formación
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/r6VQTKtujLsgWvJq9WZKs6mWIV8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine_gorskin_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Habiendo dejado abierto el portón al potrero del rastrojo de maíz para que la hacienda coma las chalas, efectivamente encontró un novillito con una importante bichera en el pezcuezo, producto seguramente de haber querido pasar algún alambrado de púas, por lo que lo enlazó llevándolo hasta el alambrado con la presilla del lazo a la cincha, atándolo cortito en un poste para poder curarlo. No le dió mucho trabajo porque fué ternero de chiquero de una de las lecheras por lo que no era muy arisco. Tomándolo con una mano de la quijada introduciéndole el dedo pulgar en la boca torció la cabeza del animal volteándolo y mientras que con una rodilla le apretaba la cabeza procedió a echarle alcoluz en la bichera haciéndole voltear todos los gusanos, luego roció la herida con fluido para evitar que se asienten nuevas moscas.</p><p>Era una mañana de verano seco con calores inusuales ese año en que el sol pegaba fuerte, y mientras don Telmo hacía su recorrida revisando el resto de su hacienda, sintió que estaba transpirando mucho y que se había olvidado de ponerse su infaltable sombrero de paja de trigo, de ala ancha, y por momentos se le nublaba un poco la vista; sacó del bolsillo de la bombacha el pañuelito de mano haciéndole un nudito en cada punta, colocó dentro algunas hojas verdes de abrojo colocándoselo en la cabeza y decidió regresar a su casa.</p><p>Al llegar al corral se apeó para abrir el portón y llevando el caballo de tiro se aproximó al galpón para desensillar, pero no pudo, sentándose en el suelo recostado en la chapa. Desde el interior de la casa su señora observaba sus movimientos presintiendo que algo raro le sucedía, salió corriendo y al ver que tenía la cabeza caída hacia un costado, profiriendo fuertes gritos llamó a su hijo menor y entre los dos lo entraron a la casa, totalmente inconsciente.</p><p>Por instinto le sacaron la blusa y aflojándole toda la ropa lo recostaron en el catre de lona en la pieza del lado que no daba el sol, y mientras la señora le aplicaba toallas mojadas mojadas en la cabeza y le hacía viento con un cartón, su hijo salió en el caballo ensillado hacia la casa de doña Malena, distante unos mil metros, que era entendida en esas cosas pues había trabajado en la casa del médico en el pueblo hasta que se casó con el Juancho, habiendo aprendido algunas cosas que su empleador generosamente y con paciencia le fué enseñando.No tardaron en llegar de vuelta Nachito con doña Malena en su caballo. Ni bien lo vió se dió cuenta que se trataba de un típico cuadro de insolación, diagnosticando:</p><p>- Le agarró el mal del sol... ténganlo en lo fresquito, déle mucha agua lo mas fresca posible y póngale toallas mojadas en la cabeza, sacudiéndolas cada tanto para que adquieran frescura, sabe doña? Comida livianita nomás... y sobre todo, que no se ande haciendo el guapo por un par de días... Había sido cabezudo este don Telmo! Mire que salir sin sombrero con semejantes soles.... Dicen que vienen malos...- Gracias doña Malena... Usted siempre tan bien dispuesta! Ya le vamos a retribuir estas molestias.- No se haga problemas, doña.... Para eso estamos los vecinos. Hasta otro día! Y no se preocupe que en unas horas se va a empezar a reponer. No se me olvide: mucha agua fresca!El hijo desensilló el caballo, lo llevó hasta el bebedero del corral y mientras abrevaba le echó unos baldazos de agua en el lomo sudado largándolo en el piquete para que se revuelque a gusto.Gracias a los esmerados cuidados de su señora y de su hijo, en un par de días el episodio fué superado, pero no lo dejaban asomarse sin su sombrero de paja y si lo hacía era por breves períodos al patio, nada de desgranar maíz, trabajar en la huerta y mucho menos ir al campo por unos días más, tareas que realizaba su hijo con la responsabilidad y eficiencia que le había enseñado.Esa noche, a la hora de la cena, la charla se centró en el percance sufrido por el dueño de casa, haciendo un comentario, sin pretender herir su orgullo, el hijo le manifestó:- Papá, tiene que cuidarse... Si no lo hace por usted, hágalo por mamá, que ella lo ayudó siempre. De mi parte le agradezco todo lo que hizo por nosotros, pero... no se ofenda.... No se olvide que los años no vienen solos...- Miralo al hombrecito! Ahora es él quien me reta y me da consejos...- No lo tome así, papá. Usted siempre fué muy generoso conmigo, acépteme que ya no soy un chico. Otro día les voy a hablar de algunos proyectos que tengo, si me van a permitir...- Escuchaste vieja? Bien me decía hace años el de la cooperadora que lo mande a la escuela, que adquiriría formación... y yo por vergüenza no le pregunté qué es la formación. Míreme a mí, le dije, capataz sin saber leer ni escribir y felicitado por el patrón... varias veces! Y mis otros gurises? Sin ir a la escuela están todos bien ubicados...Después de cenar y ya en su dormitorio, a la hora de acostarse, don Telmo le comenta a su mujer:- Inteligente nos salió el gurí... Hasta me dió consejos y todo... Creo que voy entendiendo qué es eso de la formación... ¡Cómo lee libros y escribe!Y en un susurro... ya casi dormido, su señora le oye murmurar:- Mi gurí me dió un consejo...Poco a poco las cosas se fueron encaminando, retomando cada uno las distintas tareas a desempeñar en ese puesto del establecimiento rural, sin descuidar de atender el campito que con sus ahorros de años de trabajo y el consejo de su patrón, logró comprar para tener de qué vivir cuando la edad y la salud no le permitan seguir desempeñando tareas para terceros.Un atardecer, finalizadas las tareas diarias, sentados a la sombra del gran ciprés de grandes ramas extendidas, mientras l señora preparaba el mate luego de haber barrido el patio y de haberlo salpicado con sus manos y una palangana con agua para aplacar la tierra y refrescar el ambiente, don Telmo comenta que habría que cambiar la alambrilla de la fiambrera que pendía de una gruesa rama del árbol, dentro de la que en unos ganchitos, colgaban la carne y colocaban quesitos y otros comestibles que debían estar al aire para no echarse a perder, porque en algunos sectores estaba herrumbrada y si se agujereaba entrarían insectos arruinándolo todo.- Quisiera decirles algo, papá... a usted y a mamá.- Bueno m´ijo... Vieja!! Traé el mate que el Nachito nos quiere hablar!Sentados los tres en el patio, comenzando la rueda del mate cuando los primeros bichitos de luz aparecían a la distancia, en el bajito, cerca del arroyo, comenzó, con mucha timidez, a decirles el hijo:- Bueno... yo quisiera pedirles... quiero decirles que... Yo sé que ustedes saben que yo visito a la Beatriz, la hija de los Varela que viven en el puesto del otro lado del arroyo, a unas dos leguas de aquí... Ellos son gente decente y trabajadora, como vos me enseñaste, papá, y con la Beatriz nos queremos. Yo le hablé a los padres de ella y me aceptaron, creo que porque soy hijo de ustedes, lo que me pone muy orgulloso, y si ustedes están de acuerdo... pensamos ir a vivir juntos a un puesto en la estancia Los Alamos, al centro de la provincia. Yo fuí a hablar con el mayordomo que conociendo los antecedentes de ustedes y de los padres de Beatriz, me dijo que había vacante un puesto con bastante buena paga, buena casa y algún personal a cargo, y si ella quisiera, la patrona andaba buscando una asistenta recomendada. Como el puesto ese no queda lejos del casco principal, en una de esas podría ser.Se produjo un prolongado silencio entre los tres, en que sólo se escuchaba un lejano balido de una vaca lechera llamando a su ternero y por momentos el grito de los teros cerca del tajamar, alertando la aparición de alguna comadreja, seguramente.Don Telmo sorbía varias veces el mate que ya no tenía agua mientras su señora, con la vista baja, removía el suelo con un palito, esperando que hable el padre.- Escuchaste vieja?... El último pichón quiere formar su propio nido...Y dando un último chupón fuerte al mate se lo alargó a su mujer mientras se levanta de la silla dando una vuelta al grueso tronco del árbol, carraspeando fuerte como queriendo aclarar la voz, mientras la madre, con una sensación mezcla de desazón y alegría, mira fijamente a su hijo como descubriéndolo ya hombre, tan crecido! Cuánto hace que aprendía a gatear, que peleaba a sus hermanos, que lo mandaba a la escuela, que casi se muere de angustia cuando se lo trajeron desvanecido al caerse del paraíso grande buscando huevitos de pirincho... Y hoy les pide permiso para formar su hogar...- Bueno m’ijo... Si es tu decisión , nosotros la vamos a respetar. yo estuve pensando mucho en tu formación, y entendí que no era solo la escuela, es también la familia, con tu madre siempre tratamos que seas un hombre de bien, sin vicios, decente y trabajador... y sabíamos que llegaría un día en que levantarías vuelo, pero no pensamos que fuera tan pronto... Si elegiste esa muchacha, seguramente se han de merecer los dos, así que ahora los esperamos el sábado acá en casa. Vamos a carnear un corderito para celebrar, y si es de tu gusto, podés invitar también a tus suegros... Te.... Te das cuenta vieja? El Nachito ya tiene suegros!...Y sin tratar de reprimir tibias lágrimas, de esas que acarician el alma y ensanchan los corazones, Nacho abrazó a su padre primero, luego, largamente a su madre, sin decirse palabra alguna, no hacía falta, estaba todo dicho, y lo que las palabras, a veces , no pueden expresar, sólo el amor lo transmite.Don Telmo entró a la casa a prender el farol “sol de noche”, a la vez que le decía a su mujer:- Prepará la cena, vieja...Luego fué al aparador de la cocina y sacó la botella de vino que tenía guardada para alguna ocasión especial, murmurando:- Hoy hay algo muy especial que celebrar... El más chico crió alas....</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/r6VQTKtujLsgWvJq9WZKs6mWIV8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine_gorskin_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Habiéndole avisado el vecino que el día anterior al recorrer su campo, había visto un novillito que parecía abichado en el último potrero, en el rastrojo del maíz, por lo que luego de la ordeñada ensilló el picazo piquetero, ató a los tientos el lazo y una bolsita de lona con algunos remedios por si podía solucionar algún problema sin necesidad de arrear la hacienda al corral, llevando alcoluz, fluido, sin olvidar su cuchillo en la faja negra a la cintura que siempre le resultó muy útil para esos menesteres.]]>
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                <published>2025-12-27T21:30:00+00:00</published>
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            7 de diciembre de 1908 - Colonia Santa Isabel, origen de Pedernal
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TdfWH8vnZNR50n3tHhrdV1Ihr-E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La estancia donde se organizó la colonia Santa Isabel fue adquirida por la Jewish Colonization Association en 1901 a unos ingleses, quienes solicitaron se mantuviera su nombre original “Santa Isabel “. Abarca aproximadamente 12.000 has entre los arroyos Grande y Rabón.Los mismos fueron colonizados en 1908 con colonos provenientes de Lucienville y Clara a los que se sumaron diez familias provenientes de Transilvania y cuatro de Alemania.El ambiente geográfico abarca parte de la franja arenosa paralela a la margen derecha del río Uruguay. Las terrazas fluviales se han transformado en un paisaje ondulado. Los cursos de agua descienden rápidamente buscando el río.Totalmente diferentes a las restantes colonias de la J.C.A. con suelos arenosos aptos para la forestación y la fruticultura donde los colonos han obtenido con buen éxito: citrus, duraznos, melones, sandía y vid. Y sólo en aquellos suelos arenosos pardos se siembra cereales y lino o los dedican al pastoreo.A esta actividad sumaron la granja y la ganadería lechera. La producción permitía enviar diariamente leche a Concordia y la instalación de industrias simples como cremerías y queserías.Esta colonia como otras de la J.C.A. poseía una estación del ferrocarril “Pedernal” ubicada a 38 km de Concordia e inaugurada en 1915. El ferrocarril del Nordeste la recorría de sur a norte. El primer tren llegó en 1913&nbsp;Hasta 1940 se la conoció bajo el nombre de “Pedermar”, distinto al original “Pedernal”, posiblemente por deformación de su pronunciación por parte de los extranjeros. La misma dinamizó y actuó como polo de atracción para los colonos y funcionó como tal, hasta 1990Alrededor de la estación se fueron aglutinando familias e instalándose los edificios más importantes: sinagoga, dos escuelas, casas de comercios, sociedades de beneficencia, deporte y cultura. Destacándose una cooperativa “La Unión” fundada en 1917. Esta fue el centro de las transacciones comerciales de los colonos; el salón cultural “Max Nordeau” donde los vecinos se reunían para celebrar acontecimientos importantes y representaciones teatrales y estaba localizada allí la “Agencia de la Colonia” de la cual dependían las colonias vecinas (López, Berro, Curbelo, Walter Moss, Palmar YatayEn 1913 había en la colonia cuatro sinagogas, lo que demuestra la religiosidad de los ocupantes una de ellas fue la escuela hebrea conocida como “Del Rabón”.&nbsp;La primera escuela fue la “Baron Hisch creada por la JCA en 1909 por la mañana se enseñaba castellano y a la tarde idish. En 1920 paso al Estado NacionalActualmente se atiende la educación primaria del lugar en la escuela Primaria Nº 60 “Gral. Manuel Olazabal”y la secundaria Nº 26.&nbsp;Según un censo de 1939 había 99 familias judías viviendo en la zona rural y 62 en el área de la estación. Los últimos censos dan los siguientes datos: 315 habitantes (1991); 409 hab. (2001) y 648 hab. (2010)La junta de Gobierno fue creada antes del 27/07/84. Los límites jurisdiccionales de la misma, fueron fijados por decreto 2554/2001 MGJ del 24 de julio de 200, y fue elevada a la categoría II por decreto 2991/2001 MGJ del 21 de agosto de 2001. La comunidad eligió sus primeros integrantes en 2007Si se desea conocer los escasos testimonios que quedan del tiempo de la colonia se puede visitar: restos del salón Max Nordeau, casa del Administrador de la JCA; el cementerio, escuela “Barón Hirsch; Estación Ferroviaria; Cooperativa Unión Agrícola de Pedernal, Casa de Gorskin y la cremería.</p><p>Bibliografía:- “50 años de colonización judía en Argentina D.A.I.A.- 1939.Fuente: LÍNEAS DE TIEMPO: Entre Ríos, Departamento Concordia. Entre Ríos, Proceso de colonización agrícola1 - Escuela N° 60 de Pedernal2 - Sinagoga de Pedernal erigida en 1915/20 (foto: Adolfo Gorskin/facebook)Escuela N° 60 de Pedernal</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TdfWH8vnZNR50n3tHhrdV1Ihr-E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/12/magazine_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La estancia Santa Isabel fue adquirida por la Jewish Colonization Association en 1901 para la formación de una colonia que con el tiempo pasó a llamarse Pedernal.]]>
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                                <category term="magazine" label="Magazine" />
                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2025-12-20T22:30:00+00:00</published>
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            Del pasado cultural en una colonia de la J.C.A.
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4Rd5cxCOobFLzDm9Jixyrsf3aoQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/magazine_del_pasado.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Luego de varias reuniones, toda la comisión estuvo de acuerdo en organizar un gran festival danzante para conmemorar la llegada de la primavera.Las tareas rurales de la colonia estaban en su apogeo: todas las instituciones funcionando de manera organizada, buen rendimiento de la cosecha anterior y perspectivas de que la naturaleza siguiera siendo pródiga; buenas pasturas, tambos que producían (2.000 litros de leche diarios enviados a Concordia) y la cremería de la familia Postan obteniendo premios por la calidad de sus quesos en distintas exposiciones. La cooperativa local “La Unión”, donde yo trabajaba, tenía el galpón lleno de bolsas de cereal; el bañadero de hacienda funcionaba permanentemente, igual que el local de remate feria; y la estación del ferrocarril mantenía un movimiento constante de trenes, coche motor y las zorras del personal. Era un clima muy positivo.Al considerar la organización del festival, hubo consenso en que nuestro salón sería pequeño para albergar a la concurrencia esperada. Entonces resolvimos tomar el riesgo y realizar el evento en el galpón del ferrocarril. Se presentó una nota de pedido al jefe de estación —persona muy integrada a la comunidad—, quien no dudó en ceder el enorme galpón.De inmediato nos abocamos a la tarea: apilar en una estiba las pocas bolsas de cereal que aún quedaban (ya casi todo había sido enviado en los trenes), limpiar a fondo y comenzar a organizar la cantina, además de ubicar mesas y sillas, propias y prestadas por diversas entidades. El galpón era grande… pero el entusiasmo era mayor.Un miembro de la comisión viajó a Concordia para imprimir los volantes en Casa Fornes —que siempre cobraba después del evento— y contratar la orquesta. A su regreso informó: “Contraté la orquesta de Jazz de Rudy Varela y la Típica de Esteban de los Santos”, dos conjuntos muy populares en ese momento.Sería muy extenso detallar todo lo que implicó la organización. Se habilitaron dos puertas de entrada —apostando al éxito o al fracaso—, con dos personas cobrando entradas y dos agentes de policía custodiando el orden.Y llegó el día: 19 de septiembre de 1958. El tiempo acompañó con días templados. Hubo una gran publicidad en diarios y radios, incluso en CW31 Radio Salto, de Salto, ROU, cuyos programas bailables eran muy escuchados en la colonia.Toda la comisión y los jóvenes que colaboraban esperaban ansiosos el comienzo de la fiesta. Al atardecer llegaron dos vehículos desde Concordia con las orquestas. La cantina estaba muy bien provista de bebidas en bateas con hielo, muchos sándwiches y tortas. Con las primeras sombras comenzaron a llegar todo tipo de vehículos. El predio del ferrocarril y las calles adyacentes se colmaron.Antes de la medianoche fuimos a pedirle a don Pancho Migueles, dueño de un bar y billares, que nos facilitara todas sus mesas y sillas, porque las que teníamos ya estaban ocupadas. Las orquestas tocaban sin cesar. Llegaron colectivos de pueblos y ciudades vecinas y dos desde Concordia. La cantina pedía ayuda a los padres de los jóvenes. Los remates de tortas y pollos no daban abasto. Un colono flaco y alto, con su señora bajita, daba rienda suelta a su entusiasmo bailando un pasodoble a grandes zancadas…Y llegó el momento de elegir a la Reina de la Primavera. Se vendían boletas para votar, que luego se colocaban en una urna. El recuento, “muy fiscalizado”, dio como resultado:* Reina de la Primavera: señorita Ada Rosa Yankelevich* Vice Reina: señorita Aida Munich(En las fotos aparecen siendo coronadas, tomadas por el fotógrafo Foto “El Arte” de Concordia. Son las únicas que conservo).Aún recuerdo con emoción —como una postal— ver bailar un vals a mis padres y a tantos otros colonos con sus señoras, sonriendo, disfrutando, pidiendo a los jóvenes “mozos y mozas” otra bebida, otros pasteles… También asistieron abuelos ancianos que desde su silla aplaudían, como la madre de don Bernardo Taublib, que por insistencia de sus compañeros de mesa salió a bailar con su señora Dora Blatt.Fue la fiesta bailable más grande realizada en la colonia, hasta que comenzó a palidecer el lucero de la madrugada y las responsabilidades del campo llamaron a retomar la rutina.Lamentablemente, la mayoría de esas personas que tanto hicieron por nuestra patria chica —cada una desde su lugar— ya no están entre nosotros. Su descendencia hoy está dispersa por el país y el mundo.Y así transcurre la vida…</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4Rd5cxCOobFLzDm9Jixyrsf3aoQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/11/magazine_del_pasado.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Transcurría el año 1958 (¡hace 67 años!) y yo era secretario de la Comisión Directiva de la Sociedad Cultural Max Nordau de Pedernal, Colonia Santa Isabel, Entre Ríos. La institución estaba presidida en ese período por el señor Marcos Segal. Nos propusimos realizar algún evento para recaudar fondos y “remozar” la institución: cambiar el piso del salón, comprar un telón nuevo para el escenario, pintar el salón y la biblioteca, adquirir libros, pero sobre todo romper la monotonía campesina para los jóvenes —y no tan jóvenes— de esa segunda camada de hijos de inmigrantes ya perfectamente adaptados a la vida rural entrerriana.]]>
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            La nodriza
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VaxDRV1o1YIJ2cmcIpasmnz8Omk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/10/nodriza_maga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Al ingresar a la casa encontró a su señora, embarazada, atareada en los quehaceres domésticos tratando de encender el fogón de la cocina “económica” con marlos secos para preparar la cena para sus siete hijos, cuatro mujeres y tres varones, quien le manifestó que sentía algunas molestias, dolores en las caderas, lo que indicaría que el alumbramiento no tardaría en producirse.Era una noche clara de luna llena y don José le manifestó a su hijo mayor, un joven y fornido mozo forjado en las tareas rurales que atara el sulky con la yegua piquetera para ir a buscar la partera porque se aproximaba el momento en que nacería su hermanito. Sin pérdida de tiempo cumplió con el encargue paterno partiendo hacia la casa d la partera d la colonia, distante un par de leguas de su casa.&nbsp;Doña Amalia, la partera, que a tantos hijos de colonos trajo al mundo, era, como es de suponer, una mujer de contextura grande, de modales enérgicos cuando le tocaba actuar, pero con un carácter muy alegre y bonachón, con una sonrisa a flor de labios, siempre dispuesta de buen grado a dirigirse al lugar que fuere cuando sus servicios eran requeridos, y gustaba que le contaran cuentos “picantes” a los que retrucaba enseguida con picardía, burlándose a veces de los hombres de los que decía que si les tocaban situaciones difíciles no sabían enfrentarlas, diciendo: “En seguida se cagan todos...”, y por eso acudían a ella.Dada la distancia regresando con la partera apuraba a la yegua del sulky haciendo chasquear los labios a lo que el animal respondía acelerando el trote despidiendo nubes de vapor de sus ollares, mientras a la luz plateada de la luna los campos parecían nevados y brillaba la escarcha por la fuerte helada que estaba cayendo. Las riendas parecían más duras y frías, se congelaban los dedos de las manos y casi no intercambiaban palabras pues ambos estaban abrigados con gruesos sacos y gorras y envuelta la cara con sendos ponchillos. Antes de media noche llegaron a la casa donde a la luz de una lámpara de mecha a kerosén y en una cama con elástico de alambre bastante “panceado” estaba la parturienta. Como doña Amalia generalmente llevaba sus enseres para estos casos, de inmediato hizo salir a todos de la habitación y arremangándose sólo pidió la asistencia de la hija mayor, procedió a revisar a la mujer y dijo: “Todo va bien, todo está normal, no va a demorar mucho...”En la cocina esperaban ansiosos y espectantes don José y sus hijos, atentos a los suaves murmullos provenientes del dormitorio contiguo. Transcurrido poco tiempo, escucharon un agitado respirar y un fuerte quejido, seguido del llanto del bebé. Todos se pusieron de pié, el padre con inquietud y cierta sensación de angustia, muy cerca de la puerta, cuando asomándose la partera que sonriendo y casi gritando exclamó: “¡Macho1 ¡Es un machito! Todo está muy bien...”Generalmente a las parteras se las contrataba, aunque no era necesario especificarlo, para que se quedara en la casa donde se producía el alumbramiento alrrededor de una semana, tiempo en que la parturienta guardaba cama y ella se encargaba de organizar todo lo concerniente al bautismo, preparando para el festejo todo tipo de amasijos, tortas, dulces y los últimos días las comidas para lo que doña Amalia se pintaba sola, bajando su papada y sonriendo satisfecha probando todo lo que preparaba. Es de destacar que nunca tuvo un problema en ningún parto de los múltiples que asistió y se jactaba que los bautizos que ella organizaba eran un éxito asegurado. El pago que solía efectuarse por sus servicios rara vez consistía en dinero, generalmente era una bolsa de harina, de muñatos, un par de gansos, los que revisaba por si alguno tenía una pata quebrada, y que ella agradecía cuando se iba y desde el portón de la calle solía gritar: “Hasta la próxima... y ocúpense que no me falte trabajo!!...”Hasta los tres meses la madre amantaba al bebé normalmente, pero comenzó a notar que a intervalos cada vez menores lloraba, llenándola de preocupación, sin encontrar alguna motivación que provocara el llanto. Cierto día la puestera que concurría diariamente a ordeñar las vacas, terminada su tarea se acercó a la casa manifestándole a la señora: “Disculpe patrona, su nene llora de hambre. Pa´mí que su leche no lo llena... Si usté quiere yo se lo puedo amamantar... como mi gurisito va pal´año y ya come de todo...”Se hicieron los arreglos para que la puestera se instalara en la casa de don José en una habitación que se usaba como despensa, donde se improvisó un dormitorio y comenzó a amamantar al bebé, el que dejó de llorar y en pocas semanas era evidente el progreso en sus cachetitos rosados y gorditos.Pasaron los años, los hijos del colono se fueron casando y cada uno buscó su destino, vinieron nietos, y los tiempos fueron cambiando. El menor de los hijos quedó a vivir en el campo paterno asistiendo a sus ancianos padres. Los puesteros, ya mayores, al emigrar sus numerosos hijos del campo, se hicieron una casita en la periferia del pueblito cercano, falleciendo al poco tiempo el viejo puestero, habiendo compartido toda una vida de intenso trabajo en la chacra.El hijo que quedó en la casa paterna se convirtió en un joven alto, de anchos hombros, usaba espeso bigote siendo muy guapo en todos los trabajos del campo aprendidos de su padre y del puestero cuyas enseñanzas de doma, arada, soguero asimiló muy bien. En las fiestas, los picnics, los bailes de la colonia solía lucirse, concurría con un hermoso caballo malacara pasuco con un bien armado apero con adornos de plata, luciendo breches y botas con espuelines. Para las madres con hijas “casaderas” era un candidato ideal. Algunas jóvenes “en edad de merecer” solían provocarlo con miradas insinuantes. Cierta vez en un picnic de los tantos que se realizaban los veranos en los arroyos de la zona, al que concurrió sin sus espuelines, una muchacha, para provocarlo, burlándose le manifestó: “¿Cómo es eso, te viniste sin espuelas?” A lo que él, con picardía replicó en el acto: “Es que yo no sabía que ibas a venir vos...”En una colonia vecina encontró su compañera de toda la vida, formando su hogar en su colonia, la que abandonaron al fallecer sus padres, radicándose en otra provincia en busca de mejor fortuna. Siendo ya hombre mayor, y habiendo progresado económicamente, en un verano decide regresar a los viejos pagos y visitar el cementerio de la colonia donde descansan los restos de sus padres. Al llegar a las inmediaciones de lo que fuera la colonia donde nació y se crió, donde transcurrió su adolescencia y juventud, reconocía los caminos tántas veces transitados, los campos vecinos, alguna tranquera medio quebrada por el tiempo, los recuerdos y la nostalgia se agolpaban a su mente y su corazón comenzó a latir con más celeridad, ingresando con su moderno automóvil al pueblito donde concurrió a sus primeros bailes, donde sintió vibrar su alma con el primer amor...En un almacén del pueblo se detiene y desciende preguntando por el apellido de los que fueron los puesteros en el campo de su padre. Le indican una casa a orillas del pueblo. Accede a su automóvil que estaba rodeado de chiquillos curiosos y admirados ante el importante vehículo, y allí se dirige, deteniéndose ante una precaria casita con un jardincito al frente, en el patio un latón sobre un tronco, un par d arboles frutales, unos patos y gallinas picoteando el seco suelo bien barrido.Golpea las manos y se asoma un perrito lanudo ladrando como sin ganas, seguido por una pequeña ancianita encorvada con la tez muy arrugada por el paso del tiempo que se aproxima lentamente al portoncito del alambre tejido que bordea la casita, y levantando con dificultad la cabeza eleva sus ojos hundidos hacia el recién llegado.Sus ojos se encuentran luego de unos instantes en una intensa mirada, exclamando suavemente, como en un susurro, conmovida, reconociéndolo: “M´hijito...!!!” El hombre, parado junto a ella no puede articular palabra, un extraño nudo le aprieta la garganta, y con los ojos nublados sólo atina a abrazarla y a balbucear... “Máma vieja!!!”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VaxDRV1o1YIJ2cmcIpasmnz8Omk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/10/nodriza_maga.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Regresaba don José del campo, temprano aún, en la fría tarde invernal luego de terminar la segunda “muda” d la arada preparando la tierra para sembrar trigo, largando la caballada sudada antes de que empezara a caer la helada para que no se pasmara, arreándolos hasta el bebedero del corral para que abreven echándoles unos baldazos de agua en el lomo, dejando abierto el portón así salían al potrero a pastar y reponer energías, revolcándose algunos sobre la gramilla varias veces, tomando impulso cada vez con más fuerza, dándose vuelta en el suelo para el otro lado, incorporándose primero con las manos, parándose después con las patas encaminándose lentamente hacia el campo donde estaba la caballada y desde donde, a intervalos, se escuchaba el tintineo del cencerro de la yegua madrina.]]>
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            El toro pampa
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Zm9C7sNcCU_5NqwR4Xb7z6gbnRQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/magazine_gorskin.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El patrón no sólo accede a lo solicitado, sino que le ofrece que, al retirarse del puesto, elija, como atención a su trayectoria, el potro que más le guste y una lechera con cría de regalo, aparte de la liquidación completa de sus haberes, y mediante un sincero apretón de manos sellan el final de muchos años de trabajos compartidos y de innumerables situaciones de asistencia mutua en sus respectivos roles de patrón y puestero.De esa manera “el Piluncho”, en reemplazo de su padre, pasa a ser el nuevo mensual, haciéndise cargo de las tareas con el beneplácito del colono que lo vió crecer teniéndole un especial aprecio, por lo que le permitía licencias sobre las que el joven conocía sus limitaciones.En el vecindario se sabía que, con la peona del vecino, “la Mary”, había cierta simpatía. Algunas veces se los solía ver a la tardecita cuando el muchacho largaba su malacara echándole unos baldazos de agua en el lomo y el animal se revolcaba en el pasto, conversando a través del alambrado que dividía los patios linderos. Mary era una esbelta moza y por sus miradas y actitudes era evidente que el joven no le era indiferente.Piluncho tenía dos caballos propios, el malacara, animal de mucho aguante para el trabajo rudo, blando de boca y hábil para tropear, sabía pararse de costado cuando había que abrir una tranquera sin apearse o aparearse a un vacuno chúcaro cuando había que enlazarlo a campo abierto, y el zainito, caballito de poca alzada, muy caracolero y escarceador cuando lo montaba y con una tremenda fuerza en las cinchadas, obediente a la rienda y muy inquieto cuando lo “tocaba” con los espuelines. Diríase que era el preferido de los dos animales, sobre todo cuando iba al pueblo los fines de semana o a alguna cuadrera de la zona.En oportunidad en que el patrón compró en un remate de hacienda un toro para mejorar su plantel, les dio bastante trabajo arrearlo hasta la chacra pues continuamente buscaba volver, embistiendo los caballos negándose a marchar, por lo que entre los dos y ayudados por los perros que saben trabajar en el campo, lograron traerlo y largarlo al potrero donde estaba la hacienda vacuna. Era un animal colorado pampa, mocho, de buen desarrollo y muy nervioso; a diario balaba como enfurecido, escarbando la tierra echándola hacia atrás levantando la cabeza cuando le caía encima y tratando de topar al jinete que iba al campo a atajar los terneros o encerrar en el corral las vacas lecheras, a la nochecita, para ordeñarlas a la madrugada.En el campo de un vecino tenían un toro holandés, y a veces acercándose al alambrado lindero parecía que desafiaba al pampa, solíase escuchar tarde en las noches, en el profundo silencio del campo, cómo mugían roncamente, parecían rugidos de cada uno con su rebaño.Cansado de esas bravuconadas del toro pampa, Piluncho le pide permiso al patrón para hacerle frente y “sacarle las mañas”. No viendo mayor riesgo en ello, este accede. Al día siguiente sale el peón al campo montando su zainito llevando un arreador con trenza de 8 y un talero a la cintura, además del lazo atado a lo tientos del recado, se acerca al toro dando varias vueltas a su alrededor para provocarlo, hasta que el animal lo embiste furioso.Al ser el zaino más bien bajo, el toro no logra meter su cabeza bajo la panza, y ni bien se acerca el jinete le propina un fuerte talerazo en la trompa, frenando la embestida, pero al minuto vuelve enfurecido y ataca nuevamente, por lo que el peón “toca” con los talones al zainito girando y descargando fuertes chirlos en las ancas del toro, alejándose un poco, regresando al galope con las riendas tensas, conteniendo al excitado caballo. El toro ataca nuevamente y un potente talerazo lo frena y comienza a correr en retirada, por lo que poniendo al zainito a la par le propina una gran paliza al animal que sigue corriendo tratando de escapar de la golpiza, pero no le dan tregua, mientras el muchacho, con todo el vigor de su juventud y sabiendo que desde la casa del patrón todos lo miran, además de la Mary que se acercó al alambrado haciéndose sombra con la mano sobre la frente, dando un fuerte zapucay , sin dejar de castigar se le escucha gritar: Entregáte...’ijuna gran puta!!! Yo te vi’á enseñar a rispetar, carajo!!!Viendo que el animal comienza a babear y disminuye su carrera, se adelanta con el caballo atravesándolo delante del toro que se detiene jadeando, sacando la lengua al respirar agitadamente.Desata el lazo y armando diestramente una lazada le tira al pezcuezo enlazando a la bestia, pechándolo con el caballo en el anca obligándolo a volver hacia el corral mientras el perro le salta tranando de prenderse al hocico.El patrón sale a su encuentro abriendo el portón del corral felicitando al joven mensual que echando el chambergo hacia atrás con el mango del arriador y con una amplia sonrisa de triunfo estrecha la mano que le extiende quien desde siempre consideró como un amigo de su familia expresando:Vio patrón? No hay duro que no se ablande ni tiento que no se corte... Lo que le hacía falta era una buena chirleadura!Con la compra del toro pampa logró en el primer año una buena parición de robustos terneritos, todos con las caritas blancas. Era un placer para el colono y su familia verlos retozar en el campo, parecían todos sacados de un mismo molde.De esa manera mejoró mucho la calidad de su hacienda, ampliando también la explotación del tambo por la incorporación de vaquillas de primera parición, lo que, sumado al laboreo de la tierra en la siembra de forraje, cosecha fina y gruesa, era el fruto de muchos años de trabajo en la chacra que fuera asignada a su padre, inmigrante, cuando fué colonizado en 1908 en la colonia Santa Isabel.&nbsp; Transcurridos un par de años de haber incorporado el semental, en una recorrida de rutina por su campo controlando la hacienda, con pesar advierte que entre sus animales falta el toro pampa. No obstante haber hecho la denuncia policial, haber lonjeado cueros en las carnicerías de la zona, se sospechaba de algunos conocidos cuatreros, sin haber podido comprobar nada. En consecuencia, decidió dejar en la próxima yerra, un ternero entero, (sin castrar) para así tener un nuevo torito pampa en su hacienda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Zm9C7sNcCU_5NqwR4Xb7z6gbnRQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/magazine_gorskin.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Don Eugenio estaba de puestero en la misma chacra  desde que se casó,  allí nacieron todos sus hijos, siendo el hombre de confianza del patrón colaborando en todas las tareas rurales que surgían en las distintas temporadas de laboreo en el campo, ya sea como alambrador, ordeñador, domador, guapo para madrugar y atar el arado y buen padre de familia, orientando sus hijos a que fueran a la escuela y que respeten a sus patrones, pues algún día ocuparían un puesto, al igual que él, del que serían responsables.
Cierto día se apersona ante el patrón manifestándole que le ofrecieron ser capataz de una estancia cercana, por lo que pide permiso para retirarse, pero a su vez le solicita dejar en su lugar a su hijo mayor que acaba de salir del servicio militar, soltero, y a quien en los últimos años venía adiestrando en todas las actividades que se desarrollan en el desenvolvimiento de una chacra.]]>
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            4  de septiembre: Día del Inmigrante
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Dgdp1QlpUMZE_6b7ClqkMfAvOPw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/dia_del_inmigrante.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Solían reflexionar que se debe obtener el sustento de la tierra, como indica la biblia, y dignamente alimentar la familia.Trajeron su identidad, los rollos de la sabiduría y, entre las manos curtidas de tanto desesperar, unas semillas y los pasos de danza para alegrar las futuras cosechas.Llegaron al Mar Dulce como a un nuevo Ararat donde inventar la patria prometida en un camino de hombres.Sembraron la tierra y la ciudad con salmos y con buena letra, y fueron campesinos, obreros, cuentapropistas, visionarios de toda empresa, poetas, músicos, pioneros para nuestros tiempos.Y los pioneros no se apagan en un parpadeo de sol!!Siguen viviendo en la historia y el recuerdo de cada uno de nosotros, en la fe, en el humor, en el gesto solidario, y en la esperanza nuestra de cada día.&nbsp;Cito al premio Nobel de literatura del año 1950, Bertrand Russell:“Este tiene que ser un mundo en el cual el cariño pueda obrar libremente, el amor este purgado del instinto de la dominación; la crueldad y la envidia hayan sido disipadas por la alegría y el desarrollo ilimitado de todos los instintos constructivos de vida que la llenen de delicias espirituales. Un mundo así es posible. Espera solamente que los hombres quieran crearlo.”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Dgdp1QlpUMZE_6b7ClqkMfAvOPw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/09/dia_del_inmigrante.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Heredé la capacidad de soñar de mis abuelos INMIGRANTES de la lejana Ucrania, colonizados en agosto de 1908 en la colonia Santa Isabel, Entre Ríos. Ellos fueron: Paternos: Adolfo Gorskin y Rebeca Hiskin. Maternos: Isaac Nijamkin y Teresa Borisonik.]]>
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            Un movimiento surgido de las entrañas mismas del pueblo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dDLsMPdKI7d-xsE46_23b06sSq8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/pedernal.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Surge este movimiento en las entrañas mismas del pueblo, siendo sus iniciadores los famosos 28 tejedores de la ciudad de Rochdale (Inglaterra) basándose en los principios económicos y morales formulados por sociólogos y economistas de la época, entre los cuales descollaba el insigne Robert Owen, considerado el padre del cooperativismo. Sus razones y la idea fueron contrarrestar su desvalimiento frente a la carestía de la vida y la especulación. El cooperativismo al identificar los intereses de la producción y el consumo constituyó un sistema prescindente de la intermediación lucradora del régimen capitalista en cuyo seno se originó. Únicamente por obra de la concurrencia leal de todos y cada uno de sus adherentes podrá el cooperativismo fortalecerse ante la competencia que le impone la economía monopolista y cumplir sus objetivos de incidir positivamente en la regulación del mercado como se verifica en los países donde la cooperación ha alcanzado un alto grado de expansión. Este aserto general es particularmente válido para el cooperativismo argentino, el cual en un pasado fue reputado como uno de los más desarrollados del continente, hoy se encuentra limitado en sus posibilidades por las fuerzas de los monopolios.Yo puedo expresarlo con propiedad y conocimiento en tal sentido pues a los 14 años y por un período de 7 años me desempeñe en la que fue la Cooperativa Agrícola "La Unión " de Pedernal, una entidad de producción y consumo que marcó un hito en el desarrollo económico de la región, y es una forma de rendir homenaje a muchos hombres y mujeres idealistas que dedicaron sus afanes en consolidar y transmitir a las siguientes generaciones los principios y el sentido por el cual se agruparon y fundaron la cooperativa.Los integrantes del primer consejo de administración de la cooperativa "La Unión", todos inmigrantes colonizados por la Jewish Colonization Asiciation fueron: Adolfo Gorskin, Isaac Nijamkin, Nahum Lischinsky, Abraham Matzkin y Manuel Munitz. Sindicos: Rafael Komarovsky y León Ostrovsky.Esta cooperativa fue fundada en el año 1916 y por su intermedio fueron canalizadas todas las operaciones agrícolas y ganaderas de la colonia y la zona de influencia, y hoy, como tantas otras importantes instituciones, ya son historia, una historia relativamente reciente que fue formadora de muchos hombres y mujeres, que bajo ese ideal desarrollaron sus vidas plenamente.El cierre definitivo de esta cooperativa se produce en el año 1968, fueron 52 años de intensa actividad económica, social y cultural integrando a la mayoría de las familias de colonos de la región, y que en gran medida contribuyó para que nuestra patria chica, nuestra generosa y pródiga provincia de Entre Ríos, se la conociera como "La Granja de la República Argentina".</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dDLsMPdKI7d-xsE46_23b06sSq8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/07/pedernal.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Celebramos el día internacional de la Cooperación establecido por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) el primer sábado del mes de julio de cada año, creando como emblema la bandera con los colores del arco iris, movimiento este que se manifiesta en todos los rincones del mundo, hermanando a los hombres en la búsqueda de una convivencia justa y humana, basada en el apoyo mutuo y la libertad.]]>
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            Temple
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/79K8u0b1ErL8vpVL9T_s4xOhv4E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/06/temple_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Impaciente llamó Fabián a su hermano menor desde el carro ruso sujetando firmes las riendas de los dos caballos que tascaban los frenos impacientes por emprender la marcha hacia el pueblo, distante 15 kilómetros de su casa. Ambos jóvenes, hijos de un colono, que, a temprana edad, por determinadas circunstancias, debieron hacerse cargo del manejo de la chacra de 168 hectáreas y obtener el sustento de la familia y los gastos que originaba la explotación, además del pago de la hipoteca que debían abonar a la empresa colonizadora.- ¡Ya estoy, vamos!Trepó ágilmente al carro emprendiendo la marcha con el propósito de traer de la cooperativa la semilla de maíz para sembrar en un sector del campo, en ese caluroso 20 de septiembre, ventoso, cuyos remolinos el viento levantaba la arena del camino que se filtraba en la ropa y molestaba en los ojos y la boca.A poco de andar y antes de cruzar el camino real, donde finalizaba su campo, detuvieron la marcha, bajando uno de ellos para ver su sembradío de lino, que pintaba muy lindo, y comentó como hablando consigo mismo, muy esperanzado: “Está empezando a florecer... que bien vendría una lluviecita”... Y pasando por encima del alambrado de púas con la habilidad campesina, subió al carro reanudando la marcha, haciendo planes para el futuro, hasta el punto de discutir quien sería este año bolsero y quien manejaría los 12 caballos que conducían la cosechadora Massey Harris Nº 9, tan pesada, pero que hacía todo el trabajo en la cosecha.En el pueblo arribaron a la cooperativa de la cual era socio su padre, haciendo las gestiones retiraron el maíz, realizaron las compras en el almacén, luego carnicería, panadería, correo, beber un refresco en el barcito de un amigo y ya de tardecita emprender el regreso cantando una canción de moda, planeando concurrir el sábado próximo a una fiesta que habría en el salón social del pueblo, por lo que tendrían que tener en el piquete sus dos caballos preferidos y controlar sus aperos.Era casi la hora del crepúsculo, y en el aire notaron un olorcito raro, áspero, casi repugnante, que les llamó mucho la atención, y en el horizonte una franja oscura que se movía, que supusieron presagiaba mal tiempo, azuzando los caballos que marchaban a buen trote por el camino vecinal d la colonia.Un par de kilómetros antes de su casa había una lomada desde donde se divisaba bien claro el verdor de la parcela de lino, que se presentaba fuerte, brillante, y los árboles de la casa y el molino.Al llegar allí su estupor no tuvo límites al comprobar que el verde azulado que acostumbraban ver siempre desapareció, era todo marrón, gris, negro casi. Apuraron los caballos haciéndolos galopar parándose en el carro hasta muy cerca de su campo, y a medida que acortaban distancia su sorpresa iba convirtiéndose en angustia, en desesperación! Su lino estaba cubierto por una espesa manga de langostas que seguían descendiendo que lo devoraba todo. Era un hervidero, miles, millones de langostas... y no había ya nada que hacer. Bajaron del carro, las pisaron... las maldijeron una y mil veces... todo inútil! La cosecha de lino estaba perdida.Esa noche no pudieron conciliar el sueño. Amargas lágrimas mojaron sus almohadas, lágrimas que dolían, duras, lacerantes, de rabia, de impotencia ante el azote de la naturaleza. Sus uñas se hincaban en las palmas de sus manos por contener los sollozos que se les escapaban del pecho ante semejante desastre. Su cosecha, sus esperanzas, sus proyectos, sus ahorros... todo irremediablemente perdido!Al día siguiente, cabizbajos, acudieron a ver qué quedó de su cosecha... sólo terrones ennegrecidos y la tierra asolada... Regresando decidieron de común acuerdo, casi sin comentarlo, como en un convenio establecido, atar el arado y sembrar el maíz allí, el maíz amargo, al que tal vez no lo comerían las langostas si regresaban...Así los vieron, arando uno y rastreando el otro, sobre esa tierra en que una mañana anterior estaba por florecer su lino, mientras que en el campo del colono de al lado, por esos caprichos de la naturaleza, en que la manga de langostas no bajó, comenzaban a abrirse las primeras florcitas celestes de lino al calor del sol que estaba asomando se primer día de primavera.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/79K8u0b1ErL8vpVL9T_s4xOhv4E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/06/temple_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>- ¡Apurate, Daniel!]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2025-06-29T09:00:00+00:00</published>
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            Abril (Fragmento)
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/N3WISh7N9YHDakVmXCjw26IvtPQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/04/abril_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El mes de las pascuas. Por las noches estaba tan claro y había tantas estrellas que al transitar el camino vecinal en el sulky se lo divisaba perfectamente, con sus partes arenosas, sus alturas de tierra negras con una profunda zanja al costado producto de la erosión ocasionada por las lluvias, con una hondonada (el bajito) donde debía vadearse el arroyito y quizás por la humedad o la proximidad del agua, había mas bichitos de luz que en las alturas, y donde se percibía mas el frescor de la noche. Al pasar por los distintos grupos de casas de los colonos rara vez ladraba un perro y en algunas ventanas se divisaba una luz, eran las lámparas de mecha a kerosén de algún colono que se quedaba en su cocina , tarde, leyendo, o mas avanzada la noche, ya madrugada, se estaban levantando para ir al corral a ordeñar las vacas. Previamente se hacía fuego con marlos en el fogón de la cocina económica sobre las brasas que había entre las cenizas restantes de la cena anterior, para tomar unos mates antes del desayuno con leche fresca, para luego atar el arado y hacer dos mudas por día con los dóciles caballos, mientras amanecía, preparando la tierra para la siembra de estación.Abril... ese fantástico mes de las primeras lluvias otoñales, en que las amarillas hojas de los árboles caen formando doradas alfombras, solamente los paraísos conservan su eterno verdor.Abril... el mes en que se conmemoran las fiestas de la libertad. Durante las largas noches, después de la cena, los abuelos o padres relataban a los chicos la epopeya del éxodo de Egipto, del mar que se abría por designio divino permitiendo pasar a los que buscaban su libre albedrío.El mes en que en el salón social del pueblo se representaban obritas teatrales y luego se bailaba hasta que se debía regresar y retomar las tareas diarias de la vida campesina. Aquéllas veladas culturales de teatro aficionado en castellano o en la lengua materna! Abuelos y padres concurrían disfrutando al ver actuar a las nuevas generaciones en actividades que ellos habían realizado, era un volver a vivir, en la nueva tierra, y un lagrimón de emoción se escapaba al expetimentar tánto sentimiento y apego a la vida en la colonia entrerriana!Abril... el mes en que los fines de semana se ataba el sulky o el carro si la familia era numerosa para visitar algún familiar o amigos en la colonia, desatando los caballos al arribar, originándose alegres reuniones donde los mayores, acallando la algarabía de los chicos, recordaban las pascuas de la vieja Europa, bajo un manto de nieve. Sus hijos, primera generación de argentinos, debatían temas políticos, de producción y sus precios, haciendo planes para próximas temporadas, de las noticias de los últimos diarios recibidos, algo atrasados, y siendo ya noche cerrada, clarísima por la luna llena del mes de abril, la dueña de casa improvisaba una cena con muñatos fritos, huevos, pepinos salados, rabanitos y cebollas aderezadas con grasita de pollo y pan casero. Los hombre solían jugar a las cartas, mientras el dueño de casa sorprendía con una botella de grapa&nbsp;que era bien recibida por todos, hasta las señoras, en una copita “regalo de casamiento”, mojaban un trocito de torta... y se brindaba por la vida!&nbsp;Los adolescentes, plenamente consustanciados con su vida en la campaña entrerriana, disfrutaban con la música de una vitrola a cuerda con un enorme gramófono y discos de pasta, valses, tangos, shimis, shotis, mashisas y algún chamamé, y cuando se escuchaban los sones de un clarinete interpretando un kosachok, los mayores se levantaban intentando cabriolas y pasos de la música de su vieja patria...Se terminaba la cena con mandarinas que les faltaba una “buena halada” para estar dulces y maní tostado dejando montones de cascaras... terminando los chicos dormidos en la “cama grande” de los dueños de casa entre sacos, frazadas y almohadas de plumas, y tarde ya, se ataban los caballos que pastaban en el piquete cercano a la casa, y con las riendas firmes y a buen trote se regresaba al hogar.Abril... mes de recibir visitas. Era un mes de festejos permanentes en que llegaban parientes a la colonia para compartir la festividad de pascuas desde Buenos Aires, Concordia y de colonias vecinas. La jaula con los mejores pollos siempre preparada, una provisión de huevos, y con una huerta bien cultivada, no faltaban elementos para agasajarlos.La principal responsabilidad recaía en las amas de casa por la preparación de los manjares, el delantal de cocina no las abandonaba en esos días, debiendo ademas sacar a ventilar frazadas, colchones y almohadas de plumas, “asolearlos”, para armar camas, catres y sobre el piso de tablas donde todos siempre se acomodaban. Los caballos piqueteros no daban abasto para pasear los chicos puebleros en el campo del tío o del abuelo.Abril de aquellos años vividos en la colonia... hoy si un anciano, con profunda melancolía, intenta evocar, o añorar lo consideran tal vez ingenuo, o referente poco digno, pero si por un momento nos detenemos en rescatar vivencias, experiencias, reveces y placeres, sin dudas se anhela prolongar la vida que transcurre vertiginosamente...Todo pasa y todo cambia, las costumbres, los hábitos, las formas de vestir, las comidas, la tecnología, el progreso arrasa con vivencias y recuerdos que se esfuman, ya no hay noches largas para contar historias a los nietos... o nietos interesados en escuchar a abuelos ancianos.... Los cambios vertiginosos del diario vivir nos privan, a veces, de detenetnos a disfrutar del placer de gozar de las pequeñas cosas de la vida, en esa maravillosa época del año que transcurre en el mes de abril...</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/N3WISh7N9YHDakVmXCjw26IvtPQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/04/abril_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Abril... ese mes tan esperado por todos en la colonia entrerriana, desarrollándose plenamente en la década de 1940, cuando ya la segunda generación de argentinos irrumpía en la nueva patria.]]>
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                <updated>2026-04-03T21:20:02+00:00</updated>
                <published>2025-04-05T18:30:00+00:00</published>
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            El puchero
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/p-koI0x0Kltt54U2cgjiZh_aqmg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/03/el_puchero_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En casa de don David se reúne la peonada para recibir “la paga” correspondiente a la recolección de la cosecha de lino terminada el día anterior, con todas las bolsas acarreadas al galpón, desde donde habrá que llevarlas al pueblo, distante dos leguas, con el carro, y entregarlas al recibidor de la cooperativa para su posterior venta por intermedio de la misma. Los comentarios se suceden jocosos y el buen humor impera en esa reunión, luego de la tarea cumplida, bajo las casuarinas del patio del patrón, y cada uno de los peones comenta sus proyectos para el futuro. Uno se va a amansar un bagual, otro a arar para forrajes, un tercero tomará el acarreo de la leche de la colonia, así sucesivamente. El patrón les ofrece para refrescarse un poco de dulce casero, que su señora hiciera con frutas de su quinta, y agua fresca del molino, mientras ellos bajan la vista con timidez. Al cabo de varios desprecios, uno, el más corajudo, se manifiesta diciendo: “¿No tendría algo juerte, patrón?”, por lo que don David se puso a rebuscar en el aparador hasta que dió con una botella de coñac, por la mitad de contenido, sobrante sin duda de alguna reunión de invierno, de la que en su casa muy rara vez se hace uso, entregándosela con un: “¡Solamente tengo esto muchachos!” Grande fue el júbilo al divisar la botella y entre pullas y chanzas se fué terminando el rojizo líquido. “El dulce es pa´ las mujeres... Nos confundió con gurises el patrón... Se la tenía escondidita don Davi´...” Y así, con ese buen humor tan clásico de nuestro hombre de campo en esas ocasiones, se efectuó el pago por los distintos trabajos realizados.En eso llegó hasta allí un vecino de la colonia, don Jacobo, a pedir, por favor, que le “levanten” el lino del campo, pues la cosechadora contratada le avisó que no podía venir existiendo el temor de perderlo todo pues estaba muy maduro y por la radio se anunciaba “tiempo inestable”. Ofrecía sus caballos, si hiciera falta, pero... ¡Por favor! que fueran. Allí mismo se ofreció a la peonada la nueva changa y se convino en que al otro día bien temprano se iría con la cosechadora, una pesada Massey Harris Nº 9, tirada por dos hileras de seis caballos a su chacra distante 8 kilómetros de la casa de don David.A todo esto, el mayorcito de los dos hijos del dueño de la cosechadora, que a la sazón contaba con 11 años de edad -la segunda era una nena- miraba con gran expectación todo lo que sucedía, deseando intervenir apasionadamente, siendo su mayor aspiración ser bolsero algún día en una cosechadora, disfrutaba subir a la plataforma a dar una vuelta y ver cómo salían a chorros los granos cosechados, más limpios, menos limpios, sucios, de las bocas del cernidor que parecía el cuerno de la fortuna, vomitando lo que a través de tantos sacrificios y desvelos, inquietudes y miradas anhelantes al cielo, se obtenía, y el hábil bolsero recogía.Esa noche, antes de cenar, don David le propone a su “hombrecito”, que con insistencia le pide lo lleve también al otro día, una tarea, a efectos de que su viaje no carezca de responsabilidades. “Si tanto querés ir, te llevo, pero tendrás que hacer de cocinero”. La propuesta era tentadora, aunque no muy digna de un “hombre”, además, nunca lo había hecho, por lo que, luego de mucho cavilar durante la cena, al final se decide y se pronuncia: “Bueno papá, acepto, voy a ir”. Don David, con su paciencia tan personal y su bohonomía, le explica que él cuando era chico lo hizo con su padre, al igual que preparar el mate cocido para la tarde, que, si bien no es difícil, hay que saber hacerlo.&nbsp;Quedó pues todo concertado, y doña Raquel, su mamá, le preparó todos los elementos para llevar: olla de aluminio, platos, cucharas, tenedores, cuchillos, galletas, además de la carne, papas y demás verduras. Su hijo, que tomó tan tremenda responsabilidad que era cocinar para seis personas, le pide, muy nervioso, que le dé anotado en un papelito como proceder y las distintas horas en que debe echarse en la olla, la carne primero, las papas, el zapallo y demás. Doña Raquel encuentra los ojos de su esposo y sonríen, y tomando lápiz y papel anota: A las diez echar la carne a la olla previo lavado, pelar las papas y a las once echarlas también, etc. Muy satisfecho con su papelito y muy serio, va dejando todas juntas sus herramientas para el día siguiente; esa noche casi no pudo dormir por la “responsabilidad” del otro día.A primera hora estaba levantado, vistiendo sus bombachas y alpargatas fue a agarrar su petiza malacara para emprender el camino, lo que luego de tomar la leche se hizo, con la cosechadora, antes de que amanezca, por el aire fresco de esa hora, y se inició la marcha, cortando campos a fin de acortar camino, para lo que hubo que abrir algunos alambrados, y se llegó en lenta marcha al campo de don Jacobo para comenzar la trilla justo cuando el sol comenzaba a calentar y “levantaba” el rocío. Nuestro jovencito se acercó a la casa del dueño del campo, y debajo de un paraisal, detrás del galpón grande, se instaló con sus bagajes, dando comienzo a la tarea de prender el fuego para preparar su puchero. Segunda tarea fue la de buscar tres piedras grandes -recomendación de su papá- más o menos parejas, sobre las cuales apoyar la olla para cocinar. Una vez acomodadas, juntó agua en la olla de la bomba del patio y la colocó sobre el fuego con toda parsimonia calculando el equilibrio y arrimando unos marlos que encontró al fuego, yendo luego a preguntar la hora a la señora de don Jacobo, doña Berta, pues según la anotación de su mamá, rezaba que a las 10 debía poner la carne. Eran las nueve.A los 20 minutos más o menos fue nuevamente a preguntar la hora, temiendo excederse en el plan establecido, y ante la mirada inquisidoramente risueña de su anfitriona, le explicó con mucha seriedad que era por el puchero y que no debía excederse de las l0 horas. La señora le prometió avisarle a tiempo, por lo que regresó tranquilo. Pero al poco rato comenzó a ponerse nervioso. ¿Cómo es que no le avisaba? ¿Y si se hubiere olvidado? Además, si se iba a preguntarle nuevamente, tenía miedo por un perro que pareciera hubiese olfateado la comida y comenzaba a rondar su campamento, echándose a mirarlo desde un par de metros muy fijamente apoyando su cabeza sobre sus manos estiradas. Por fin oye un grito: “¡Son las diez!” De inmediato va a colocar la carne, pero comprueba que media olla de agua se evaporó de tanto hervir y la olla de negra que está y el vapor casi ni se distingue y como está muy caliente la manija hay que traer agua en otro recipiente para agregar, cosa que hace. Igual proceder para las once horas: las idas y venidas a lo de doña Berta hasta que llegó el momento de poner las papas que había pelado y demás verduras. Con una espumadera medio cachada en su enlozado saca muy seriamente la espuma que se forma al hervir y prueba con un tenedor si de “ablandan” los ingredientes, comprobando que sí y piensa que se parece “igual al que hace mamá”...Llegada la hora del almuerzo, acuden sudorosos los trabajadores entre los que está su papá, al que mira muy orgulloso, diciéndole: “Mirá... ¿qué te parece?, obteniendo como respuesta: “Vamos a ver... cuando lo probemos, te digo”Luego de lavarse y refrescarse en la bomba, dejando derramarse el agua sobre sus cabezas mojadas de transpiración, todos se sientan en rueda. En sus platos el cocinero, ceremoniosamente, va depositando trozos de carne, papa, zapallo, los que reciben comentarios muy elogiosos, pues ofrecen un aspecto muy prometedor al gusto. Y parece que su vanidad y su orgullo lo van a ahogar, pues de satisfacción se le hace un nudo en la garganta y su corazoncito acelera sus latidos. ¡Su primer puchero y todo un éxito! Luego se sirve su porción y se sienta a la rueda, comprobando que todos se miran unos a otros, alguno menea la cabeza, otro frunce la nariz, otro lo huele a ese “su primer puchero”, hasta que, comprobando su palidez y con una sonrisa contenida, don David le pregunta: “Decime... ¿le echaste sal a esto?”&nbsp;¿Sal?... ¿Había que echarle sal? No... Mamá no me anotó nada de la sal....Y ante un par de inocentes y defraudados ojos cuajados de lagrimones que no pudieron ser contenidos, don David fue a pedirle un poco de sal a doña Berta para poder comer el puchero.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/p-koI0x0Kltt54U2cgjiZh_aqmg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/03/el_puchero_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Tarde de verano, de esas típicas tardes de verano entrerriano en que aparte del calor hay una humedad alta que se percibe en el ambiente, y la tierra resquebrajada por la sequía parece un espejo que repele los rayos del sol, en que los árboles parecen llorar pidiendo agua, dejando caer lánguidamente sus hojas medio achicharradas, menos los paraísos, siempre verdes y brindando la sombra bienhechora, tan buscados por la hacienda, que a veces se conforma con un espinillo pelado, para guarecerse bajo ellos del sol abrasador y rumiar mansamente hasta que la noche traiga un poco de fresco para salir a pastar tranquilos.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
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            Aspectos y circunstancias de la inmigración a nuestro país, particularmente a Entre Ríos y sus implicancias
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/S7X1XV_7vXqPSFAovsmVQZWmYR8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/03/adolfo_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En 1891 llegó a la Argentina el vapor Pampa rentado por el Barón Hirsch que trajo 817 inmigrantes judíos desde Ucrania, Polonia, Lituania y Besarabia. Esta inmigración dio origen a las colonias de Carlos Casares y otras en la provincia de Entre Ríos.Estos inmigrantes judíos rusos, guiados por la utopía de una vida próspera para sus hijos partieron desde Estambul a Marsella en barco, de Marsella a Burdeos en tren, y de Burdeos hacia Argentina, en este famoso vapor francés ‘Pampa’.Los pasajeros arribaron a nuestro país el 15 de diciembre de 1891. Fueron enviados temporariamente a Mar del Sud, en la provincia de Buenos Aires, ya que las tierras en Entre Ríos aún no habían sido adquiridas.Para Mar del Sud este fue un hecho de gran importancia, ya que ese grupo fue quizás el primero que habitó las instalaciones del Hotel Boulevard Atlántico, donde fueron trasladados temporariamente entre enero y principios de abril de 1892, previo a su radicación definitiva en tierras entrerrianas.La llegada de estos inmigrantes a la provincia de Entre Ríos, se produjo recién cuando la empresa del Barón de Hirsch, la Jewish Colonization Association (JCA), compró las tierras de Colonia Clara, ubicadas en las cercanías de la actual Villa Domínguez, departamento Villaguay y las de Colonia San Antonio, en las cercanías del actual Pueblo Cazés, departamento Colón. Esto dio inicio a un modelo de colonización de características únicas en el país, marcando el origen de las primeras colonias judías agrícolas entrerrianasEn cada colonia la explotación agrícola se adaptó a las condiciones especiales de la zona donde se encontraba. La explotación era mixta, basada sobre la agricultura, la cría de ganado con sus derivados, apicultura, horticultura, etc. Los habitantes de estas colonias rurales judías son conocidos culturalmente bajo el nombre de los «gauchos judíos» a raíz de un libro con ese título de Alberto Gerchunoff.Sólo en Entre Ríos fueron establecidas las siguientes colonias judías:* El Departamento Colón: la Colonia San Antonio de 22 386 hectáreas, siendo su centro urbano el Pueblo Cazes (1892); en 1893 la Colonia Palmar-Yatay con centro urbano en torno a la estación Ubajay, de 11 368 hectáreas.* Entre los departamentos Uruguay y Gualeguaychú: de 40 630 hectáreas, con centro urbano en Basavilbaso (1894).* En el Departamento Villaguay: Colonia López y Berro 10 640 hectáreas (1907); la Colonia Clara (en 1892), de 80 625 hectáreas, con centros urbanos en La Capilla (hoy Ingeniero Sajaroff), Villa Domínguez y Clara.* En el Departamento Concordia: Colonia Santa Isabel de 12 970 hectáreas (1908).* En el Departamento Paraná: la Colonia Luis Oungre de 9239 hectáreas (1924). Esta colonia y la Colonia Leonardo Cohen, de 13 835 hectáreas en La Paz y Villaguay (1931) rodeaban la Villa Alcaraz.* Con judíos escapados de la Alemania nazi fue creada en el Departamento La Paz la Colonia Avigdor, de 17 175 hectáreas (1936).* En el actual Departamento San Salvador fueron creadas en 1908 las colonias Curbelo y Walter Moss, de 12 826 hectáreas.Entre los viajeros que llegaron a la Argentina en el PAMPA estaban los gauchos judíos de la cultura y la política nacional desarrollados en Entre Ríos: el diputado socialista Enrique Dickmann, los periodistas Israel David Finguerman y Jacobo Liachovitzky, la familia de Moisés y Sime Chajchir, cuyo hijo Mauricio escribió «Viaje al país de la esperanza: relato de un viajero del Pampa». Entre sus descendientes, es justo recordar a Samuel y Manuel Eichelbaum, a Paloma Efron (Blackie), Ángel Edelman (primer gobernador del Neuquén), el economista Benedicto Caplan (ex Viceministro de Economía de la Nación), a Juan Jacobo Liebermann (fundador del Diario El Heraldo de Concordia) y a su hermano José, naturalista y escritor, todos nacidos en Entre Ríos; el metrólogo Rafael Steinberg, los escritores Alicia Steinberg y Martín Grinstein y el actor Marcos Caplan, entre muchos otros que con sus apellidos trascendieron en el mundo de la cultura, la política, el periodismo y fueron claros ejemplos del valor de este barco para la historia de la inmigración judía argentina.Por todo lo expuesto, especialmente el valor histórico del acontecimiento que se recuerda y su impacto en el desarrollo de nuestro país</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/S7X1XV_7vXqPSFAovsmVQZWmYR8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/03/adolfo_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En 1890, la Argentina inició un profundo plan de inmigración que produjo la llegada masiva de alrededor de dos millones de extranjeros en sólo una década. En ese marco, 1891 y 1896 llegaron al país unos 20121 judíos provenientes de Rusia y Rumania, instalándose en su gran mayoría en Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe.]]>
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                <published>2025-03-08T20:30:00+00:00</published>
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            La monturita inglesa
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/53H_5zD-h9ZFtCS72bcyt78UFJk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/02/gorskin_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Habiendo cumplimentado las tareas que la rutina diaria imponía y que consistía en encerrar los terneros en el chiquero, mientras las vacas se acostaban cerca o en el corral a rumiar lentamente su alimento ingerido durante el día, esperando la mañana temprano para reunirse con sus crías luego de la ordeñada, juntar los huevos en los diversos nidales que a veces elegían las gallinas para poner y aunque se los destruyese, volvían al lugar, no siempre muy accesible, pues hubo nidales entre matas espinosas al que invariablemente retornaban, juntar leña o marlos para encender el fuego para la cena y cerrar la canilla del patio que mediante una canaleta llevaba el agua necesaria para que la tierra de la huerta se mantuviera húmeda y todas las verduras y hortalizas allí cultivadas no las quemaran los fuertes soles.&nbsp; Atareada en esos menesteres estaba la dueña de casa con su hijito de siete años que trataba de brindar ayuda, la que con toda paciencia su mamá aceptaba enseñándole cómo desempeñar esos elementales quehaceres domésticos, mientras esperaban el regreso de su papá del pueblo distante diez kilómetros donde concurría invariablemente una ó dos veces por semana pues integraba la comisión directiva de la cooperativa agrícola que nucleaba a todos los colonos que canalizaban toda su producción. Ya entrada la noche, el perro de la casa que dormitaba su aburrimiento en la puertita del patio, levanta la cabeza parando las orejas y sale corriendo hacia el portón de la calle moviendo alegremente la cola.&nbsp; - &nbsp;Ahí viene papá!!! &nbsp;- exclama entusiasmado el niño al ver la actitud del perro - ¡Voy a abrirle el portón!!&nbsp; - &nbsp; Bueno... tené cuidado que ya está oscuro...&nbsp; A los pocos minutos se oyó el trotar del caballo del sulky que al entrar por el portón se detuvo, mientras el pequeño lo cerraba y subía ágilmente al vehículo recibiendo de su papá las riendas para manejar “un poquito” desde la calle vecinal hasta el galpón donde desatarían al caballo y guardarían los arreos.&nbsp; A la luz de una luna llena que iluminaba el patio descendieron del sulky y mientras la señora descargaba las compras realizadas, su esposo llevaba el caballo hasta el bebedero del corral para que abreve y con un balde arrojaba agua en el lomo del sudoroso y manso animal antes de soltarlo, el que al sentirse libre se acostó y comenzó a revolcarse varias veces en el pasto del potrero. Así, entre los tres entraron a la casa donde el farol “sol de noche” brindaba una fuerte luz en la amplia cocina, con la bolsa del pan aún tibio u crocante despidiendo un característico aroma, la carne que fué colgada en la fiambrera en el patio en una rama del ciprés grande y los distintos artículos de almacén que habían sido traídos en el “cajón” del sulky, bajo la tabla del asiento, los periódicos y la correspondencia de familiares, entre las que había una carta del hermano mayor de la señora que vivía en la provincia de Corrientes y que hacía un par de años que no se veían. Sabían que en una colonia tenían un almacén de ramos generales, surtidos de combustible y acopiaba, generalmente en canje por artículos comestibles, lo que se denominaba “frutos del país”, consistente entre otras cosas, en cueros de animales de todo tipo, y en alguna oportunidad narrara de sus incursiones en el campo correntino y en zona denominada “el malezal”, anegadiza lindera a los esteros del Iberá por varios días.&nbsp; Esta carta fué leída en voz alta, con gran emoción, por la señora que con alegría pensaba que en un par de semanas podría abrazar a uno de sus siete hermanos que se alejó de la colonia al contraer matrimonio buscando, igual que el resto de sus hermanos, nuevos horizontes donde desarrollar su vida y formar su familia.&nbsp; La buena nueva de esa carta cambió el ritmo de la casa. Al otro día comenzaron los preparativos para recibir tan ansiadas visitas, despertando grandes expectativas en el pequeño y preguntas que no cesaban, sobre cómo eran esos tíos prácticamente desconocidos y los dos primos, uno de su edad y otro mayor.&nbsp; El dueño de casa decidió que había que blanquear las dos habitaciones que necesitaban pintura y que desde hacía un tiempo venía postergando, y reservar algún cordero de la majadita para agasajar a las visitas con un asado diferente del que de vez en cuando se hacía ante algún acontecimiento fuera de la rutina, y sería realmente bueno poder brindarles un vinito casero de su parra de uva “chinche”.&nbsp; Para la dueña de casa que se preciaba de hábil en la cocina era, de todos modos, la mayor responsabilidad de preparar los manjares diarios, por lo que encerró en la jaula los mejores pollos con la ayuda de los perros a los que sólo había que indicarles cuál debían agarrar y los tomaban, sin morderlos apretándolos con sus patas hasta retirarlos.&nbsp;&nbsp; Se dió a la tarea de hacer varios tipos de dulces con frutas de estación de los árboles del patio, higos, duraznos,y especialmente uno de pétalos de rosas muy suave y delicado. Además, masitas caseras y una torta que hacía en la olla “Portnoy” sobre el calentador “Primus”,&nbsp;&nbsp; Llegó el día indicado en la carta y desde temprano crecía la espectativa. A media mañana, mientras el chico se entretenía tratando de sacar alguna araña de su escondrijo con una piolita y una bolita de jabón en un extremo que introducía en el agujerito del suelo,moviéndolo hasta sentir que la araña enojada se prendía y con un tirón sacarla, comenzó a escuchar el ruido del motor de un automóvil, cosa nada habitual en los caminos vecinales de la colonia, exclamando:&nbsp; - ¡Mamá!!! Ya vienen!... -corriendo a abrir el portón del patio que daba a la calle.&nbsp; A los pocos minutos entraba el automóvil de los tíos, un enorme Chevrolet modelo cuarenta, negro, con muchos cromados...&nbsp;&nbsp; Grande fue la emoción y los abrazos del reencuentro tan ansiado! Hasta hubo lágrimas de alegría y regocijo al volver a tener el placer de compartir entre hermanos, tantas ausencias.&nbsp; Hubo regalitos para todos, habiendo dejado el automóvil dentro del galpón desalojando al sulky y al carro... Y fueron días compartidos intensamente, largas mateadas, en las que no faltaron las evocaciones de sus infancias compartidas, su juventud, los bailes y fiestas en la colonia y en algún momento la pregunta del hermano, confidencial, por alguna novia que fué...hacía tántos años! Se casó? Qué fue de su vida...?&nbsp; Los dos chicos visitantes trajeron en el auto una bicicletita con la que daban vueltas en el patio ante la mirada atónita de su primito, pues era la primera vez que veía una bicicleta. ¡Qué linda que es! &nbsp;¡Qué colores brillantes! No se animaba a tocarla siquiera. Una mañana salieron a dar un paseo por el camino vecinal, alejándose hacia una altura donde no había tanta arena, y mientras su primo pedaleaba, corría a su lado devorándola con los ojos. En un momento le ofreció:&nbsp; - ¿Querés dar una vuelta?&nbsp; - &nbsp; Quién, ¿yo?&nbsp; - &nbsp; Claro, sonso... probá!&nbsp; Saltar y montar en pelo a la petiza malacara era cosa de todos los días, si bien alguna vez un caballo lo volteó por tener la cincha floja, pero subir a una bicicleta...No había tiempo para dudas, la ansiedad lo devoraba, y tomando el manubrio con ambas manos levantó un pié dando un saltito, golpeándose donde no debía... &nbsp;pero apretando los labios y disimulando todo lo que pudo, trató de lograr equilibrio al poner ambos pies en los pedales, intentando varias veces, sin lograrlo, por lo que su primito lo tomó detrás del asiento, sosteniéndolo y así pudo recorrer un trecho bastante largo, hasta el bajito del arenal. No tuvo la precaución de preguntar cómo se frenaba, por lo que terminó en el suelo lleno de arena.&nbsp; Por las noches las tertuluias eran prolongadas, se hilvanaban recuerdos y comentaban logros y fracasos de sus respectivas actividades, de política, de la vida en las colonias, de la idiosincrasia de las personas de Corrientes, tan particular y diferente a las modalidades y costumbres entrerrianas, de su indumentaria y hábitos de vida. Relataba la tía como actitudes de destacar que cuando fallecía alguna persona en su colonia, s era común contratar lloronas, eran mujeres que concurrían a los velorios para “llorar al finado” con mucho énfasis y así lograr que “el Supremo” se apiade y reciba su alma, pero también para impresionar un poco a acompañantes y vecinos... Relató que cuando veían venir algún cortejo fúnebre que pasaría frente a su almacén, cerraban las puertas y se descubrían con mucho respeto hasta que pasaran. Había veces que gente muy humilde y sin otros recursos, depositaban el cuerpo del fallecido sobre un cuero seco de vacuno que atado a la cincha de un jinete era conducido al cementerio. Como la dueña del almacén era muy conocida en la zona, siendo clientes de “fiado” todas esas personas, era muy querida y respetada pues nunca negaba un favor cuando le fuera requerido, al enfrentar su negocio el cortejo con las lloronas en toda su estridencia, suspendían los llantos y muy alegremente la saludaban con las manos y pañuelos:&nbsp; - ¡Adiós doña Fermina!!...&nbsp; Prosiguiendo su marcha sumidas en llantos y alaridos de lo más acongojados y desgarrantes...&nbsp; Los días de estadía de las visitas, como todo en la vida toca a su fin, por lo que llegó el momento de aprontar todas las cosas y cargar el auto. El tío revisas el agua y el aceite, levantando medio capot a ambos lados del motor. Daba la sensación que eran un par de alas negras en la fantasía del chico campesino.&nbsp; El día de la partida todos se levantaron temprano, y al entrar el dueño de casa del corral de la ordeñada, ya estaba el auto cargado y en marcha para calentar el motor, y todos se preparaban para despedirse, cuando el tío Alejandro manifestó con potente vos un tanto imperativa:&nbsp; - &nbsp; Un momentito... antes de irnos, tengo algo para mi sobrino. Le traje de mi negocio un regalito que le dejaré como recuerdo.&nbsp; Y abriendo el baúl del auto, extrajo una monturita inglesa, de color suela, brillante, con estribos cromados que brillaron al sol... &nbsp;extendiéndosela al chico.&nbsp;Con los ojos muy abiertos, inmóvil, sin poder articular palabra miraba esa montura, esa maravilla que su tío le alcanzaba. ¿Era real? &nbsp;¿Era para él? &nbsp;No.… no lo podía creer... No atinaba a moverse, sentía como que sus pies se habían pegado al suelo del patio de su casa y que su corazoncito quería escapársele del pecho, que la emoción lo ahogaba...&nbsp; - &nbsp; Tomala, m’hijito... es para vos....&nbsp; Escuchó la voz de su tío como entre sueños. Tuvo que tomar la monturita su papá pues la emoción no le permitió levantar sus brazos. En su mente infantil surgían imágenes fugaces, se veía montando con “su”monturita inglesa, yendo a la escuela, ensillando y desensillando, ajustando la cincha blanquísima, comparándola con su bastito y cojinillo... Cuando lo vieran sus compañeros... sería el único con una monturita inglesa... ¡Y nuevita!&nbsp; Un lagrimón se deslizó por su mejilla, hasta que haciendo un esfuerzo abrazó la montura y apoyando su carita en ella se encaminó hacia la casa, sin despedirse, ante las sonrisas enternecidas de sus tíos y primos...</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/53H_5zD-h9ZFtCS72bcyt78UFJk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/02/gorskin_magazine.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En esas lánguidas tardes de fin de verano en que el sol comienza a ocultarse tiñendo el horizonte con una policromía de colores que se van apagando lentamente, en que se sienten los perfumes de las madreselvas que se expanden por todo el patio de tierra, recién regado para refrescar un poco el caldeado ambiente, con ese típico olorcito a tierra mojada, y empiezan a abrirse las grandes flores blancas de la enredadera que cubre parte del tejido que rodea la casa, las “dama de noche”, como grandes embudos a los que acuden mariposas nocturnas a libar el néctar desarrollando su larga lengua negra cual aguja que perfora el corazón de la flor.]]>
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            Decisiones
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/K-ycsxYjiEZ75bKK4g4dLaq68k0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/01/querencia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Luego de un invierno seco en que las pasturas mermaron considerablemente quedando los campos muy bajos, la primavera se presenta difícil para los animales, por lo que muchos colonos debieron arrendar campos en costas de arroyos donde llevar la hacienda para reponerla y que tengan buenas pasturas y aguada permanente.Papá tomó en arrendamiento 50 hectáreas a los dueños de la cremería de la colonia, los hermanos Postan, cuyo campo estaba ubicado en la confluencia de los arroyos Rabón y Grande, bien empastado, no siendo apto para cultivos pues tenía mucho monte virgen y abundantes cerros de piedra mora. Periódicamente lo recorría a caballo para controlar el estado de los animales, curar alguno abichado y traer de vuelta las vacas con avanzado estado de preñez, pero principalmente contarlos porque hubo veces en que faltaba algún animal, y si bien se hacían las denuncias correspondientes a la policía de la zona, difícilmente aparecían, muy rara vez, luego de lonjear los cueros en las carnicerías, alguna muy difusa marca del propietario.Para esa época yo tendría alrededor de once años y comenzaban las vacaciones escolares. Un domingo temprano papá me ofrece ir con él a controlar la hacienda, lo que de inmediato acepté ya que no era frecuente que me pidiera que lo acompañe para “ayudarlo” por si habría que arriar algunos animales. Agarré la petiza piquetera con la que iba a la escuela, la ensillé mientras los perros, al ver que ensillábamos los caballos para salir al campo, correteaban impacientes por acompañarnos. Ató el lazo a los tientos del recado y al costado una bolsita con sendas botellitas conteniendo alcoluz y fluido por si había que curar algún animal. &nbsp;Yo me calcé la boina por si encontraba algunos niditos con huevitos de alguna variedad que aún no tenía en mi colección, porque si los traía en los bolsillos de la bombacha seguro se romperían.Marchamos hasta el fondo de nuestro campo, atravesamos el campo del vecino Bolchinsky para acortar camino, siendo yo el encargado de abrir los portones que eran varios. Al llegar hasta la cremería que era un “enorme” establecimiento para mi visión infantil, nos detuvimos a saludar a los dueños, encontrando a uno de ellos en el local principal subido a una alta tarima revolviendo con una larga paleta de madera dentro de un gran tanque lleno de leche, preparándola sin duda para hacer quesos, que en una vasta región eran muy reconocidos por su calidad. Jaime Postan, una persona delgada que vestía camisa y bombachas arremangadas, al vernos llegar se acercó solícito a conversar con papá, con quien tenía una gran amistad que se remontaba a los primeros años de la fundación de la colonia. Después de un rato de amigable charla, seguimos hasta el campo arrendado, siendo dificultoso reunir la hacienda metida en el monte, por lo que mediante fuertes gritos y con la ayuda eficaz de los perros los pudo contar, comprobando que estaban todos, y controlaba el grado de preñez de las vacas, dando un rodeo alrrededor del animal, mientras yo me preguntaba cómo sabe calcular o saber cuáles estaban preñadas, pero me daba vergüenza abordar esos temas..., no obstante como cualquier chico criado en campaña, era muy natural ver el apareamiento de distintos animales, ya sean vacunos, equinos o aves de corral, o haber presenciado muchas veces cuando una vaca o una yegua estaba pariendo, inclusive más de una vez en que una vaca tenía dificultades para parir, ver cómo papá se arremangaba e introducía un brazo para acomodar el ternerito que no estaba en posición correcta para nacer.- Falta la vaca picaza, -me comenta papá- no me acordaba que también la traje hace unos mesesComenzamos a recorrer minuciosamente todo el campo, hasta que cerca del alambrado del fondo la divisamos.- Está recién parida, todavía no desprendió la placenta y puede abicharse, vamos a ver si encontramos el ternerito, vos andá por allá que yo voy por este otro lado.Es bien conocido que cuando pare una vaca en el campo, generalmente esconde la cría y no es fácil encontrarla. Por suerte los perros, a poco de andar comenzaron a ladrar, mirándonos y dando saltitos, cerca de un alto chircal, donde comenzaba la arboleda del monte, al lado de unas enormes piedras mora llenas de cuevas de vizcachas. Allí nos dirigimos con la recomendación de papá de que tenga cuidado y no vaya al galope por el peligro de una rodada. Arrollado entre las matas estaba el ternerito. Papá se apeó, lo revisó y lo alzó colocándolo atravesado sobre las cruces del caballo mientras la vaca se acercaba al trote mugiendo impaciente.- Yo lo llevo y vos arriá la vaca -me dijo-Y así emprendimos el regreso. Con la vaca no había problema porque no era de primera parición, era mansa pues había estado en el corral de la ordeñada, de todos modos, seguía de cerca al caballo que llevaba su cría, por momentos de un lado, por momentos del otro, mugiendo casi de continuo, en tanto que de su hinchada ubre escapaban chorritos de calostro.Hubo momentos en que estuve muy tentado de detenerme porque hacia dónde dirigiese la mirada estaba lleno de niditos, revoloteando entre la arboleda todo tipo de pajaritos comunes en nuestra campaña, viuditas, brasitas de fuego, calandrias, pirinchos, cardenales, además de los teros que tendrían nido cerca de donde pasábamos porque de tanto en tanto nos hacían vuelos rasantes profiriendo su clásico grito o salía volando una perdiz de entre los pastizales a medida que marchábamos, pero la responsabilidad y el compromiso contraído de “ayudar” en esta oportunidad y dadas las circunstancias no me animé a detenerme, además no podía fallarle a papá que me comprometió tan seriamente a prestar mi colaboración, pero a decir verdad, ganas no me faltaban, pues no sabía cuándo podría venir nuevamente.Atravesamos los portones que yo abría, parándome detrás de mi petiza siempre por temor a la vaca que nerviosa se acercaba al caballo de papá a olfatear el ternerito y cuando se le arrimaba alguno de los perros arremetía contra ellos amenazándolos con los cuernos.Poco antes de llegar a los corrales de nuestra casa, al atravesar el arroyito, escuchamos un fuerte barullo, como una gran pelea de perros, algunos gritos, lo que nos resultó sumamente extraño; papá apuró el trote del caballo, entramos al corral cerrando el portón, bajó el ternerito tratando de tranquilizar la vaca hablándole continuamente, acercándole la cría hasta que logró que empiece a mamar, mientras yo desensillaba los dos caballos largándolos en el piquete junto al molino donde estaba el bebedero.Volvimos a escuchar fuertes gritos y ladridos, ahora más nítidos y observo que papá, al comprobar que en nuestra casa no había nadie, se dirige presuroso, casi corriendo hacia la casa del vecino, siguiéndolo yo bastante asustado. Cuando ingresamos al patio observamos una escena conmocionante: la señora vecina corría desesperada por todo el patio de su casa llevando en alto con sus brazos a su hijito mayor, de unos cuatro años, como desvanecido, mientras gritaba con todas sus fuerzas:- Se me muere!!! &nbsp;Se me muere!!! Mi hijito se muere!!!!Estaban todos los vecinos, pero nadie atinaba a hacer nada, y entre el griterío los perros excitados ladraban y peleaban por lo anormal de la situación. Sin dudar un instante papá toma al chico exánime casi a la fuerza de los brazos de la madre, se pone en cuclillas, lo acuesta boca abajo bajándole el pantaloncito y comienza a darle palmadas en las nalgas con toda su energía, mientras la señora, parada detrás de papá, le tiraba los cabellos gritándole muy alterada:- No lo mate!!! &nbsp;No me lo mate!!!!Mi mamá que estaba al lado contenía como podía a la señora mientras papá no dejaba de darle fuertes palmadas. Pasados unos instantes lo dió vuelta, murmurando:- Movió los ojos!- Mentira!!!! Me engañan!!! &nbsp;Está muerto!!!! &nbsp;-gritaba la madre-Siguieron las enérgicas palmadas, y al volverlo nuevamente, abrió apenas la boquita, por lo que papá le introdujo el nudillo del dedo índice, volviendo a murmurar:- Creo que lo salvé!!Pero continuó con las palmadas enérgicas un tiempo que a mí me pareció larguísimo, dándolo vuelta varias veces, muy agitado, comprobando que el pequeño aflojó la mandíbula y comenzó a respirar en forma agitada abriendo y cerrando los ojitos extraviados.Tiempo después de este suceso, conversando con un vecino, escuché que papá le contaba que su abuelo inmigrante le había comentado en una oportunidad de que, en Europa, en la colonia en que vivían, había sucedido un caso en que un niño pequeño, cada vez que tenía un motivo que lo angustiara, en vez de llorar se desmayaba, por lo que procedían a desnudarlo y pasarle cepillos por todo el cuerpo con energía, hasta casi sangrar la piel, de esa manera lograban su recuperación.En circunstancias donde se producen situaciones límite, donde no se tiene la posibilidad de recurrir a un médico, en regiones de la campaña alejadas de un poblado, muchas veces se debe tener el coraje de tomar decisiones y acudir a recursos extremos, como en el presente caso, para tratar de salvar una vida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/K-ycsxYjiEZ75bKK4g4dLaq68k0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/01/querencia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Del libro “Querencia”]]>
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            Pieza de damas
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/F41KaAmrRjxJOnzKc7g0o_7QsY4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/01/pieza_de_damas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A veces se realizaban a continuación de la representación de alguna obrita teatral, generalmente en el “salón” del pueblo, y al no haber luz eléctrica, se iluminaban con faroles “sol de noche”, a los que continuamente había que darles “bomba” cuando comenzaba a disminuir la fuerza de la luz, o con un grupo electrógeno que generaba corriente haciendo bastante ruido, que solía restar sonoridad a la música, siempre ejecutada por conjuntos zonales o contratados en poblaciones cercanas. Eran equipos grandes que para que arranquen, debía enroscarse una cuerda a la que había que darle un fuerte tirón, generalmente varias veces, por lo que se turnaban varios jóvenes, y tener la precaución de que el tanquecito esté lleno de combustible, pues solía suceder que en el medio del baile empezaba a hacer algunas explosiones, disminuyendo rápidamente la potencia de los focos, hasta quedar a oscuras, debiendo movilizarse rápidamente los miembros de la comisión organizadora para cargar combustible y volver a ponerlo en marcha. Al quedar a oscuras, se encendían algunas linternas a pilas o encendedores de cigarrillos, “carucitas”, escuchándose algunas expresiones picarescas, como: ¡Dejen quietas las manos...! &nbsp;o quien fue el atrevido que osó robar un beso... Cuando se oía el ronquido del motorcito y al regresar la luz, no faltaba algún “sapucay” festejando la vuelta a la normalidad y no siempre estaban en su lugar las parejas que estaban bailando ... para desesperación de algunas madres que estirando sus cuellos y girando sus cabezas trataban de ubicarlas...En el salón estaban distribuidas mesitas alrededor de la pista, frecuentemente hechas de cajones fruteros con una hojas de papel de astrasa encima y sillas de madera o hierro plegadizas, bastante duras... Generalmente los grupos de señoritas eran acompañadas por alguna mamá para que no quede sola quien no era invitada a bailar y “planchaba”, ya que por no dejar sola a una compañera solía suceder que quien era invitada, mediante una inclinación de cabeza, no aceptaba, poniéndose de acuerdo dos caballeros, haciendo el “sacrificio” uno de ellos para favorecer al otro.Los integrantes de la comisión organizadora hacían de mozos, atendiendo la cantina y turnándose para servir los pedidos de las mesitas, generalmente las damas pedían anís o una Sacic que compartían, y los caballeros, en mesitas o en la cantina, Cubana Sello Rojo, y los que disponían de más capital, Cubana Sello Verde o una ginebra. Por lo general la moda de las jóvenes era lucir polleras “campana plato” con enaguas muy almidonadas, y al invitarlas a bailar se recomendaba al amigo que diese muchos giros así se regocijaban observando lindas piernas... También se daba el caso de que, por no haber, en la gran mayoría de esos lugares, sanitarios instalados, en algún intervalo de la orquesta se veía salir del salón a un grupo de damas, que luego de un rato regresaban, y alguna, con el mayor disimulo, trataba de rascarse una comezón producida por alguna planta de ortiga traviesa en la oscuridad...En esos bailes solían ponerse en práctica diversas formas de diversión, donde todos participaban, como “el baile de la escoba”... &nbsp;Correo volante...venta de cédulas con premios o para elegir “la reina del baile” o “la pieza de damas”. Esta última modalidad consistía en que el locutor, en un momento interrumpía la música para anunciar: “A continuación... ¡pieza de damas!!! Y arrancaba la orquesta con un pasodoble o un fox trot. A partir de ese momento las que debían invitar a bailar eran las damas a los caballeros, circunstancia que aprovechaban de inmediato todas las que “planchaban” o no habían sido invitadas a bailar por “diversos motivos”... dirigiéndose muy diligentes y rápidas hacia los caballeros más disputados. Por caballerosidad o buena educación, o para no herir la dignidad de la dama, generalmente aceptaban produciéndose situaciones comprometidas o de ribetes cómicos, pues las parejas no siempre eran “muy parejas”..., o se sacaba el candidato a aquéllas que tenían más éxito con el sexo opuesto, abundando las cargadas y risas suspicaces pues quedaban al descubierto las preferencias que de otra manera, eran disimuladas y más de uno que intentaba lograr alguna conquista veía frustradas sus intenciones puestas en evidencia por otra relación que se trataba de ocultar.También solía suceder que al anunciarse “pieza de damas”, algunos jóvenes, por no ponerse en evidencia o escapando a alguna situación embarazosa que se veía venir, se refugiaban en el “buffet” o cantina haciéndose los distraídos, mirando hacia cualquier lado, pero ciertas damas, de esas “que no perdonan”, hasta allí iban diligentes, y sin decir palabra tocando el hombro y mediante una seña con el dedo índice al elegido, regresaban a la pista muy erguidas y con una actitud de triunfo seguidas por su candidato que con la cabeza gacha y muy sonrojado sufría las cargadas de sus amigos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/F41KaAmrRjxJOnzKc7g0o_7QsY4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/01/pieza_de_damas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Seguramente para las generaciones actuales, sobre todo para las que viven en las ciudades, ciertas costumbres o hábitos de toda una época sean totalmente desconocidos, o las diversas formas en que debían ingeniarse los jóvenes para divertirse en los bailes de zonas rurales, donde cada vez que había un baile era todo un acontecimiento.]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2025-01-25T16:30:00+00:00</published>
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            Crepúsculo
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/F-sBFDOOjckPgCl19A6JkjvbrCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/01/crepusculo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el patio descansa el carro playero con sus varas hacia arriba, semejando dos brazos que se elevan como clamando por lluvia, apoyando su caja en el “muchacho” que descolgado del eje le sirve de sostén, y algún caballo recién desatado se revuelca en los pastos por la picazón que le produce el sudor, a pesar del par de baldazos de agua en el lomo, mientras el resto pasta tranquilamente junto a la yegua madrina, cuyo cencerro se escucha con mayor nitidez a medida que se apagan los rumores del día.Debajo del carro, el perro de la casa, fiel compañero de los trabajos rurales, estira su cuerpo sobre los yuyos con las manos hacia adelante y sus patas abiertas buscando algo de fresco, respirando agitado con la lengua colgando hacia un costado de la que caen gotitas de saliva, observa con atención cómo el patrón entra y acomoda los arreos en el galpón, húmedos por el traspirar de los animales de tiro.En el maizal ya maduro, a la distancia se divisa el “bendito” con el clásico color amarillento de las cañas y las chalas del maíz, del que comienza a elevarse una fina columna de humo, señal de que comienza el descanso de la diaria labor de la deschalada, hora de matear y engrasar las manos con sebo tibio derretido para sanar las heridas producidas por los cortes de los bordes filosos de las hojas secas, donde no faltan a veces visitas de peones de chacras vecinas, “golondrinas”, venidos de lejos para la zafra, que por las noches y aportando algo para comer ó beber, acuden a compartir el ocio y el descanso, con su típica parsimonia, compartiendo cuentos de fogón, sucedidos, y algunas otras distracciones, según las circunstancias, ya que también suelen haber deschaladoras...Hay veces en que en forma repentina comienzan a caer algunas gotas y en momentos se convierten en chaparrón que se desprende de alguna nube extraviada, de muy poca duración. Al mojar el polvo seco produce un agradable y típico olor a tierra mojada, que no logra refrescar el ambiente caluroso, provocando que en el cielo se forme como por arte de magia un arco iris, cuyos siete colores se observan nítidamente esfumándose en sus extremos. Al verse sorprendidas algunas gallinas que se encaminan hacia el galpòn ó algún árbol bajo para dormir, cruzan corriendo por el patio con sus cuerpos erguidos tratando de qu e en esa forma resbale el agua de lluvia por sus plumajes polvorientos.“Sol con lluvia... se casa una vieja...” murmura algún paisano sin sacar el cigarro de entre sus labios, cambiándolo de posición con la lengua, agregando algún palito seco al rescoldo para avivar el fuego bajo el trébedes, donde calienta el agua en la negra “caldera” para empezar a matear.A través de las ventanas del grupo de casas de la colonia comienzan a verse las primeras luces encendidas de las lámparas ó faroles, y en el cielo, para el lado del poniente, mientras se extingue el día y el sol se oculta, se forma en el horizonte un espectro de colores brillantes semejantes a un gran incendio que se refleja en las nubes multiformes, de rojos, anaranjados, amarillos, mientras que de las hojas de las ramas quietas de un sauce llorón se desprenden gotitas de lluvia brillando como pequeñas gemas preciosas con los últimos vestigios luminosos.Algunos pájaros, silenciosos, vuelan de árbol en árbol buscando refugio adecuado para pernoctar, sorprendiendo el canto tardío de algún hornero en la puerta de su casita de adobe como despidiendo el día, y aparecen miles de bichitos de luz en la penumbra como tratando de iluminar con sus diminutas e intermitentes lucecitas la incipiente noche.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/F-sBFDOOjckPgCl19A6JkjvbrCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/01/crepusculo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Unas pocas nubes se desplazan lentamente en el cielo diáfano, azul, infinito, que lentamente va adquiriendo un tono grisáceo al descender el sol hacia occidente y a esa hora sus rayos oblicuos ya no calientan en esa tarde tranquila de verano caluroso, cuando se calma toda actividad y la paz del crepúsculo invade la inmensidad del campo entrerriano.]]>
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            La estrella
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Wkw-wDAglC7Cq2oShJHo8qWZx20=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/01/adolfo_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Crecieron felices en familias numerosas, dedicándose a las tareas agrícolas colaborando desde muy pequeños, y adolescentes ya, concurrían al pueblito de Pedernal que se formó alrrededor de la estación de ferrocarril que comenzó a funcionar en 1915, a veladas literarias, bailes, ensayar obritas teatrales y por iniciativa del joven Jacobo Blatt crearon el primer periódico manuscrito en el que casi todos colaboraban publicando poemas, comentarios, algunos “picantes”, al que denominaron “El Faro”, y en los tórridos veranos organizaban picnics a orillas del arroyo Grande, donde había monte virgen y en un sitio en que había una cascada entre piedras mora donde el arroyo corría rumoroso. Allí nací cuando la colonia estaba en pleno desarrollo, los caminos vecinales muy transitados a toda hora por sulkys, carros cargados de cereal, tropas de hacienda, jinetes, y hasta donde alcanzaba la vista enormes extensiones de trigales y linares que la brisa mecía suavemente semejando un gran mar celeste.En el campo de cada colono había un rancho en el que vivía un criollo con su familia, habiéndose conformado una particular simbiosis entre unos y otros, integrándose ambos sin perder su identidad complementándose en casi todos los aspectos, trabajo y vida de relación.En el campo de mis abuelos maternos vivían don Secundino González, su mujer doña Fulgencia y su numerosa prole, criándonos los hijos de los colonos con los de los puesteros en plena naturaleza, sin estar contaminados por sentimientos discriminatorios, con las mentes infantiles puras e inocentes compartiendo correrías y juegos propios del ambiente.Por ser las 12.970 hectáreas en que fue fundada esta colonia una lonja de tierra alargada rodeada por los arroyos Rabón y Grande, y para no tener que viajar para concurrir al templo, fueron creadas 4 sinagogas, a una distancia de una legua una de otra. Cuando se debían encender las velas a la hora del crepúsculo, eran requeridos jóvenes gentiles que mientras duraban líos oficios, se entretenían jugando en los alrededores.En el mes de septiembre del año 2007 fue creado en Concordia el “Museo Judío de Entre Ríos” en una casona reciclada adquirida para tal fin por el que por muchos años fuera un destacado médico local ya fallecido, el Dr. Víctor Oppel, sobreviviente del Holocausto, con el propósito de dejar un legado cultural para la ciudad, la provincia y el mundo, con la asistencia de la empresa multinacional C.T.M. que generosamente colaboró para la puesta en marcha del mismo.Necesitaban un guía que conociera en profundidad la epopeya colonizadora y más precisamente la evolución de las colonias. Como ya no quedan muchas personas descendientes en segunda generación de entrerrianos, fui convocado para dicha tarea, por lo que acepté el desafío. El día de la inauguración se realizó un importante acto, cerrada la calle se erigió un escenario, con asistencia del gobernador de la provincia, autoridades, representantes políticos y de instituciones. Luego de los discursos de práctica y de cortar las cintas inaugurales, y con un numeroso público, comenzó un recorrido por las cuatro salas que lucían espléndidas. Una jovencita en la puerta de acceso controlaba el ingreso de grupos de personas que luego de una recorrida, ingresaba la siguiente. Los familiares del Dr. Oppel y yo, tratando de explicar los contenidos atendiendo a los visitantes. Concentrados en esas tareas como estábamos, se acerca a mí la joven de la puerta expresándome preocupada que en la entrada hay un hombre mayor que no quiere ingresar, pide hablar “con el patrón”. Invitalo a pasar, le digo. No quiere, me responde, le insistí, pero se niega. Me disculpo ante las personas que estaba atendiendo y me acerco a la puerta de calle. Allí veo a un hombre bajito, por la edad, y con la piel del rostro muy arrugada y oscura, indudablemente es el resultado de haber soportado muchos soles y vientos en los campos trabajados, muy anciano, y vestido para esta ocasión. Bombachas tableadas, alpargatas nuevas, cinto angosto con rastra y sombrero negro de ala ancha, sosteniendo un elemento que apretaba contra el cuerpo de regulares dimensiones.&nbsp;Al acercarme siento un escozor en todo el cuerpo y como en un torrente acuden a mi mente innumerables imágenes campesinas, familiares, vivencias! Reconozco en ese hombre a don Secundino, el puestero de mi abuelo materno. Me invade una intensa emoción y debo recomponerme para articular una palabra, no puedo decirle quién soy, que cuando era pequeño me llevaba a dar una vuelta a caballo por el patio, que me crié con sus hijos, que hablaba en idish con mi abuelo, hacían bromas y reían... ¿Me reconocería? No era el momento, las personas pugnaban por pasar, por lo que articulando un ¿qué desea? traté de recomponerme. ¿Usted es el patrón? me dijo. No.… le respondo, pero aguarde un momento. Vuelvo y le pido al titular, Dr. Sergio Oppel, hijo de Víctor, que me acompañe a la puerta de calle para recibir a una persona “especial”. Ante mi insistencia, se disculpa con las autoridades con las que departía y allí fuimos. Señor -le dije- este es el patrón. ¿Puedo pasar? -preguntó- Si... pase... Tomándose del marco de la puerta accedió a la entrada y sin descubrirse, tocando con la mano libre el ala del sombrero haciendo una leve reverencia, exclamó: Secundino González, pa´servirlo. Mucho gusto -le responde- y a continuación el visitante expresa: M´ijita que vive en Concordia me avisó que hoy se inaugura un museo judío, y yo vine a traer un presente.Bueno, demelo... No, primero quiero decirle de dónde lo saqué... Bueno... cuentemé. ¿Quiere que le cuente en castellano ó en idish? (Secundino González concurrió a la escuelita del Rabón junto a los primeros hijos de los colonos nacidos en la colonia, por lo que sin dudas tiene cien años de edad). Ante el estupor de varias personas que se acercaban a presenciar la escena, cuenta por sugerencia, en castellano: Yo nací y me crié en la colonia Santa Isabel, ¿sabe? Allí fuí a la escuela con todos los hijos de los colonos... Todos se fueron yendo del campo y quedan taperas nomás... En esa colonia había cuatro sinagogas que se fueron cayendo de viejas y abandonadas... Solamente quedaba una cerca de mi casa, y cada vez que yo iba al pueblito a hacer la provista con unas maletas que llevaba en las cruces de mi tordilla pasaba frente a la sinagoga cerrada, cada vez más rajada, toda inclinadita y decía pa´mí: en cualquier momento se va a caer nomás. Hasta que un día no estaba más! Se había rendido al tiempo... y unas vacas andaban caminando entre los ladrillos viejos. Me dió pena, sabe? Yo la respetaba porque de gurí chico me llamaban al anochecer para prender las velas... y algunas señoras me convidaban con cosas dulces... Me bajé de mi tordilla y descubriéndome me acerqué ... y ¿sabe lo que ví entre los ladrillos quebrados?La estrella de David que estaba en el frente de la sinagoga. Me acerqué, me santigüé, la levanté, porque eso es sagrado, ¿sabe? La llevé para mi casa y le dije a mi mujer: Vieja, tomá esto, envolvelo en una sábana vieja y guardalo sobre el ropero. Tal vez algún día la lleve donde debe estar. Mi mujer hace 20 años que es muerta, y como mi hijita me avisó lo del museo, aquí se la traigo para que ocupe el lugar que se merece...Esa es la estrella de David que luce en una de las paredes de la sala cuatro del Museo Judío de Entre Ríos. Su historia alberga un pasado rico de convivencias en esa simbiosis que se originó hace más de 100 años entre judíos y criollos labrando los campos entrerrianos, en paz y libertad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Wkw-wDAglC7Cq2oShJHo8qWZx20=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2025/01/adolfo_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando en la primera década del año 1900 se estaban estableciendo en la provincia de Entre Ríos las 10 colonias judías en tierras adquiridas por la Jewish Colonization Associatión (JCA) organización creada por el filántropo Barón Mauricio de Hirsch, en la colonia Santa Isabel, entre los primeros 51 colonos estaban mis dos abuelos, paterno y materno en 1908. Allí nacieron mis padres, concurrieron a la escuela, a la “del Rabón” mi papá hasta 3er grado, y a la Barón Hirsch (del pueblo) mi mamá, más no había.]]>
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            La  formación
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cVFgv3f0PfIfhy4HzEum1zNggio=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/12/la_formacion_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Habiéndole avisado el vecino que el día anterior al recorrer su campo, había visto un novillito que parecía abichado en el último potrero, en el rastrojo del maíz, por lo que luego de la ordeñada ensilló el picazo piquetero, ató a los tientos el lazo y una bolsita de lona con algunos remedios por si podía solucionar algún problema sin necesidad de arrear la hacienda al corral, llevando alcoluz, fluido, sin olvidar su cuchillo en la faja negra a la cintura que siempre le resultó muy útil para esos menesteres. Habiendo dejado abierto el portón al potrero del rastrojo de maíz para que la hacienda coma las chalas, efectivamente encontró un novillito con una importante bichera en el pezcuezo, producto seguramente de haber querido pasar algún alambrado de púas, por lo que lo enlazó llevándolo hasta el alambrado con la presilla del lazo a la cincha, atándolo cortito en un poste para poder curarlo. No le dió mucho trabajo porque fué ternero de chiquero de una de las lecheras por lo que no era muy arisco. Tomándolo con una mano de la quijada introduciéndole el dedo pulgar en la boca torció la cabeza del animal volteándolo y mientras que con una rodilla le apretaba la cabeza procedió a echarle alcoluz en la bichera haciéndole voltear todos los gusanos, luego roció la herida con fluido para evitar que se asienten nuevas moscas.Era una mañana de verano seco con calores inusuales ese año en que el sol pegaba fuerte, y mientras don Telmo hacía su recorrida revisando el resto de su hacienda, sintió que estaba transpirando mucho y que se había olvidado de ponerse su infaltable sombrero de paja de trigo, de ala ancha, y por momentos se le nublaba un poco la vista; sacó del bolsillo de la bombacha el pañuelito de mano haciéndole un nudito en cada punta, colocó dentro algunas hojas verdes de abrojo colocándoselo en la cabeza y decidió regresar a su casa.Al llegar al corral se apeó para abrir el portón y llevando el caballo de tiro se aproximó al galpón para desensillar, pero no pudo, sentándose en el suelo recostado en la chapa.&nbsp;Desde el interior de la casa su señora observaba sus movimientos presintiendo que algo raro le sucedía, salió corriendo y al ver que tenía la cabeza caída hacia un costado, profiriendo fuertes gritos llamó a su hijo menor y entre los dos lo entraron a la casa, totalmente inconsciente.Por instinto le sacaron la blusa y aflojándole toda la ropa lo recostaron en el catre de lona en la pieza del lado que no daba el sol, y mientras la señora le aplicaba toallas mojadas mojadas en la cabeza y le hacía viento con un cartón, su hijo salió en el caballo ensillado hacia la casa de doña Malena, distante unos mil metros, que era entendida en esas cosas pues había trabajado en la casa del médico en el pueblo hasta que se casó con el Juancho, habiendo aprendido algunas cosas que su empleador generosamente y con paciencia le fué enseñando.No tardaron en llegar de vuelta Nachito con doña Malena en su caballo. Ni bien lo vió se dió cuenta que se trataba de un típico cuadro de insolación, diagnosticando:- Le agarró el mal del sol... ténganlo en lo fresquito, dele mucha agua lo mas fresca posible y póngale toallas mojadas en la cabeza, sacudiéndolas cada tanto para que adquieran frescura, sabe doña? Comida livianita nomás... y sobre todo, que no se ande haciendo el guapo por un par de días... Había sido cabezudo este don Telmo! Mire que salir sin sombrero con semejantes soles.... Dicen que vienen malos...- Gracias doña Malena... Usted siempre tan bien dispuesta! Ya le vamos a retribuir estas molestias.- No se haga problemas, doña.... Para eso estamos los vecinos. Hasta otro día! Y no se preocupe que en unas horas se va a empezar a reponer. No se me olvide: mucha agua fresca! El hijo desensilló el caballo, lo llevó hasta el bebedero del corral y mientras abrevaba le echó unos baldazos de agua en el lomo sudado largándolo en el piquete para que se revuelque a gusto.Gracias a los esmerados cuidados de su señora y de su hijo, en un par de días el episodio fué superado, pero no lo dejaban asomarse sin su sombrero de paja y si lo hacía era por breves períodos al patio, nada de desgranar maíz, trabajar en la huerta y mucho menos ir al campo por unos días más, tareas que realizaba su hijo con la responsabilidad y eficiencia que le había enseñado.Esa noche, a la hora de la cena, la charla se centró en el percance sufrido por el dueño de casa, haciendo un comentario, sin pretender herir su orgullo, el hijo le manifestó:- Papá, tiene que cuidarse... Si no lo hace por usted, hágalo por mamá, que ella lo ayudó siempre. De mi parte le agradezco todo lo que hizo por nosotros, pero... no se ofenda.... No se olvide que los años no vienen solos...- Miralo al hombrecito! Ahora es él quien me reta y me da consejos...- No lo tome así, papá. Usted siempre fué muy generoso conmigo, acépteme que ya no soy un chico. Otro día les voy a hablar de algunos proyectos que tengo, si me van a permitir...- Escuchaste vieja? Bien me decía hace años el de la cooperadora que lo mande a la escuela, que adquiriría formación... y yo por vergüenza no le pregunté qué es la formación. Míreme a mí, le dije, capataz sin saber leer ni escribir y felicitado por el patrón... varias veces! Y mis otros gurises? Sin ir a la escuela están todos bien ubicados...Después de cenar y ya en su dormitorio, a la hora de acostarse, don Telmo le comenta a su mujer:- Inteligente nos salió el gurí... Hasta me dio consejos y todo... Creo que voy entendiendo qué es eso de la formación... ¡Cómo lee libros y escribe! Y en un susurro... ya casi dormido, su señora le oye murmurar:- Mi gurí me dio un consejo...Poco a poco las cosas se fueron encaminando, retomando cada uno las distintas tareas a desempeñar en ese puesto del establecimiento rural, sin descuidar de atender el campito que con sus ahorros de años de trabajo y el consejo de su patrón, logró comprar para tener de qué vivir cuando la edad y la salud no le permitan seguir desempeñando tareas para terceros. Un atardecer, finalizadas las tareas diarias, sentados a la sombra del gran ciprés de grandes ramas extendidas, mientras la señora preparaba el mate luego de haber barrido el patio y de haberlo salpicado con sus manos y una palangana con agua para aplacar la tierra y refrescar el ambiente, don Telmo comenta que habría que cambiar la alambrilla de la fiambrera que pendía de una gruesa rama del árbol, dentro de la que en unos ganchitos, colgaban la carne y colocaban quesitos y otros comestibles que debían estar al aire para no echarse a perder, porque en algunos sectores estaba herrumbrada y si se agujereaba entrarían insectos arruinándolo todo.- Quisiera decirles algo, papá... a usted y a mamá.- Bueno m´ijo... Vieja!! Traé el mate que el Nachito nos quiere hablar!Sentados los tres en el patio, comenzando la rueda del mate cuando los primeros bichitos de luz aparecían a la distancia, en el bajito, cerca del arroyo, comenzó, con mucha timidez, a decirles el hijo:- Bueno... yo quisiera pedirles... quiero decirles que... Yo sé que ustedes saben que yo visito a la Beatriz, la hija de los Varela que viven en el puesto del otro lado del arroyo, a unas dos leguas de aquí... Ellos son gente decente y trabajadora, como vos me enseñaste, papá, y con la Beatriz nos queremos.&nbsp;Yo le hablé a los padres de ella y me aceptaron, creo que porque soy hijo de ustedes, lo que me pone muy orgulloso, y si ustedes están de acuerdo... pensamos ir a vivir juntos a un puesto en la estancia Los Álamos, al centro de la provincia. Yo fui a hablar con el mayordomo que conociendo los antecedentes de ustedes y de los padres de Beatriz, me dijo que había vacante un puesto con bastante buena paga, buena casa y algún personal a cargo, y si ella quisiera, la patrona andaba buscando una asistenta recomendada. Como el puesto ese no queda lejos del casco principal, en una de esas podría ser.Se produjo un prolongado silencio entre los tres, en que sólo se escuchaba un lejano balido de una vaca lechera llamando a su ternero y por momentos el grito de los teros cerca del tajamar, alertando la aparición de alguna comadreja, seguramente.Don Telmo sorbía varias veces el mate que ya no tenía agua mientras su señora, con la vista baja, removía el suelo con un palito, esperando que hable el padre.- Escuchaste vieja?... El último pichón quiere formar su propio nido...Y dando un último chupón fuerte al mate se lo alargó a su mujer mientras se levanta de la silla dando una vuelta al grueso tronco del árbol, carraspeando fuerte como queriendo aclarar la voz, mientras la madre, con una sensación mezcla de desazón y alegría, mira fijamente a su hijo como descubriéndolo ya hombre, tan crecido!&nbsp;Cuánto hace que aprendía a gatear, que peleaba a sus hermanos, que lo mandaba a la escuela, que casi se muere de angustia cuando se lo trajeron desvanecido al caerse del paraíso grande buscando huevitos de pirincho... Y hoy les pide permiso para formar su hogar...- Bueno m'ijo... Si es tu decisión, nosotros la vamos a respetar. yo estuve pensando mucho en tu formación, y entendí que no era solo la escuela, es también la familia, con tu madre siempre tratamos que seas un hombre de bien, sin vicios, decente y trabajador... y sabíamos que llegaría un día en que levantarías vuelo, pero no pensamos que fuera tan pronto...&nbsp;Si elegiste esa muchacha, seguramente se han de merecer los dos, así que ahora los esperamos el sábado acá en casa. Vamos a carnear un corderito para celebrar, y si es de tu gusto, podés invitar también a tus suegros... Te.... Te das cuenta vieja? El Nachito ya tiene suegros!...Y sin tratar de reprimir tibias lágrimas, de esas que acarician el alma y ensanchan los corazones, Nacho abrazó a su padre primero, luego, largamente a su madre, sin decirse palabra alguna, no hacía falta, estaba todo dicho, y lo que las palabras, a veces, no pueden expresar, sólo el amor lo transmite.</p><p>Don Telmo entró a la casa a prender el farol "sol de noche", a la vez que le decía a su mujer:- Prepará la cena, vieja...Luego fue al aparador de la cocina y sacó la botella de vino que tenía guardada para alguna ocasión especial, murmurando:- Hoy hay algo muy especial que celebrar... El más chico crió alas....</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cVFgv3f0PfIfhy4HzEum1zNggio=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/12/la_formacion_gorskin.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Habiéndole avisado el vecino que el día anterior al recorrer su campo, había visto un novillito que parecía abichado en el último potrero, en el rastr...]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2024-12-28T16:30:00+00:00</published>
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            La cosecha
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                <![CDATA[Adolfo Gorskin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9URGiiPbaGQNd9WjFMFnsqRLWd4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/12/la_cosecha_magazine.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Después de casi un año de estar guardada la cosechadora, se ataban seis caballos y mediante cadenas y un balancín la sacaban hacia atrás, quedando en el patio. Era impresionante ver cómo se afirmaban los caballos haciendo un tremendo esfuerzo, tensando las cadenas, poniéndose de costado por momentos resoplando con fuerza por sus ollares, y lentamente movían la muy pesada máquina que asomaba emergiendo como un ser fantástico de una enorme cueva, y que luego de unos días nos acostumbrábamos a verla, trepándonos y haciendo como que la manejábamos.Papá limpiaba con esmero todas las partes, zarandas, sacapaja, cintas transportadoras, revisaba las cuchillas, engrasaba todos los engranajes y llevaba el magneto al pueblo para que el mecánico que lo ayudaba siempre, durante muchos años, su amigo Rino Migliora, lo dejase en condiciones de poner en marcha el motor que accionaba todo el sistema mecánico de la cosechadora. Generalmente una vez reparado, venía a casa trayendo el magneto y entre los dos lo ponían en marcha.Cuando arrancaba el motor venían los chicos de los vecinos a curiosear pues era una gran novedad; con ese barullo se espantaban las gallinas, los perros ladraban asustados y el caballo piquetero se alejaba al trote largo levantando la cola mirando de reojo hacia atrás. En el campo, todo era una rutina que anualmente se sucedía, pero evocada a través de los años, esta era una pequeña epopeya. Al momento de mover la palanca que accionaba todo el sistema de engranajes de la cosechadora daba la impresión de que la enorme máquina comenzaba a vibrar y a hacer todo tipo de contorsiones produciendo sonidos que nos conmocionaban.Generalmente dentro del galpón y debajo de la cosechadora, en el prolongado tiempo de su estacionamiento, hacían nido los ratones, por lo que encontrábamos niditos con ratoncitos recién nacidos, rosaditos y pelados moviéndose indefensos.En época de cosecha se llevaba la cosechadora al campo tirada por dos hileras de seis caballos, una detrás de otra, encadenados y manejados por una persona hábil que era la encargada de ese trabajo. Para ingresar al sector del campo a cosechar, debía abrirse una parte del alambrado porque el portón de acceso era angosto para que pase la cosechadora, e ingresar a un linar maduro era emocionante, un mar color sepia que apenas se mecía con la brisa pleno de bolillitas maduras henchidas de semillitas rojizas... y las esperanzas del colono a punto de concretarse, también lo era ver a papá vistiendo camisa de mangas largas, “la blusa”, pañuelo al cuello y sombrero de “trapo” con sus bombachas arremangadas hasta la rodilla, moverse inquieto controlando que todo funcionara. Con un enérgico movimiento a la manija se ponía en marcha el motor y comenzaba la trilla. Mientras roncaba el motor y avanzaba la cosechadora con su gran plataforma y las aspas impulsando las plantas secas de lino que era acarreado por la cinta al cilindro, largando por la cola la paja desgranada, surgiendo a chorros la semilla por distintas bocas, según la calidad.¡Eso era mágico!!! Ver cómo llovían semillas en torrente , mientras el “bolsero” parado en la plataforma, sacudía las bolsas de arpillera para que se llenaran bien, reemplazándola rápidamente por una vacía , cosiéndolas con gran agilidad con hilo de algodón y una aguja especialmente curvada dejándole dos “orejas” a los costados para asirlas cada vez que se debían mover, facilitando la tarea, depositándolas a un costado de la plataforma hasta que hubiese tres o cuatro llenas, accionaba con un pie una palanquita que volcaba las bolsas, volviendo la plataforma a su lugar.Qué sensación placentera experimentaba cuando me permitían dar unas vueltas al lado del bolsero, llenándome la nariz y el cuerpo con casullo, y el recuerdo que no se olvida del olor del lino recién trillado y de la paja seca que arrojaba, que luego los horquilleros juntaban haciendo parvas. ¡Es una sensación única llenarse los pulmones con ese olor al cereal recién cosechado!&nbsp;Como ya era época de vacaciones escolares, mamá ataba el sulky “chico” y yo llevaba el mate cocido para papá y los peones. Era una responsabilidad “tremenda”, pues como solía haber pozos y terrones que hacían sacudir el sulky, volcaba algo de mate cocido, pero nunca tanto como para que no alcanzara. Además, llevaba una bolsa con galletas que completaban la merienda en la pausa que se hacía.A veces se hacía el mate cocido en el mismo campo, llevando todos los enseres, yerba, azúcar, un cucharón enlozado cachado, varias tazas enlozadas y de aluminio, calentando el agua en una olla de aluminio medio abollada, a un costado del alambrado, sentándose a tomarlo a la sombra que proyectaba la cosechadora.&nbsp;Contaba papá que, en una oportunidad, nadie supo explicar cómo fue a caer un sapo dentro de la olla con el mate cocido hirviendo. Cuando el peón encargado de servirlo lo vio flotando inflado, lo tomó de una patita dejándolo escurrir y tirándolo a un costado, saborearon el mate cocido quebrando las galletas en el codo llenando las tazas sin preocuparse demasiado.Al medio día se largaban los caballos, haciendo un alto en las tareas para almorzar, generalmente un puchero, de vez en cuando un guiso. En los trabajos de cosecha colaboraba un señor de apellido Rey, vecino de la zona, amigo de papá, de hablar pausado, quedando un dicho después de un sabroso guiso que a Rey le satisfizo mucho que se repetía en diversas oportunidades: “Estaba liiindo el guiso.... dijo Rey”Después de almorzar se ataba la segunda “muda” de caballos continuando con la trilla, abandonando por esos días la tradicional siesta. Los primeros días se la extrañaba, hinchándose un poco los pies y los tobillos hasta acostumbrarse al ritmo del trabajo.Un carro “ruso” de cuatro ruedas seguía a la cosechadora levantando las bolsas llenas para llevarlas al galpón, previniendo el daño de una ocasional lluvia que podría ocasionar a lo recolectado. Se hacían varios viajes, y mientras una persona paraba las bolsas en el carro, otros las descargaban al hombro y con singular destreza las arrojaban a lo alto de la estiba. Si se tenía la suerte de que el mal tiempo no interrumpiera, se terminaba el trabajo en un par de días, llegando el momento de “la paga” en la casa del patrón, que convidaba a todos los que participaron con alguna botella de caña, que todos de buen grado aceptaban y se brindaba, entre bromas, hasta la próxima faena.Anécdotas de una época no tan lejana en el tiempo, pero que con la tecnología actual en que se utilizan cosechadoras automotrices, autopropulsadas, algunas con aire acondicionado en la cabina y cámaras teledirigidas, difieren mucho de las tareas rurales que desarrollaron hasta hace unos ochenta años atrás y que hicieron “grande” a nuestra patria, los “gringos” inmigrantes, que al decir de Emilio Castelar: “Hay razas de tal suerte unidas a su tierra, que al separarlas, separáis los dos términos de una entidad, el alma y el cuerpo”, pero esas personas que arribaron como muchos de nuestros padres y abuelos de ultramar, volcaron toda su sabiduría, fuerza y trabajo en plantar las semillas, profundizar sus raíces y cosechar los frutos. En la mudanza del tiempo se materializaron obras tangibles y una descendencia que toma un papel destacado en la comunidad argentina.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9URGiiPbaGQNd9WjFMFnsqRLWd4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/12/la_cosecha_magazine.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando promediaba la primavera, y maduraban los linares y trigales, era toda una ceremonia ver, con mis pocos años, cómo papá retiraba las chapas traseras del galpón de cinc para sacar la cosechadora Massey Harris Nº 9 para ponerla en condiciones de trillar el cereal sembrado, esperanza de todo un año de laboreo intenso y recurso para pagar deudas, hipotecas y si sobraba algo, hacer alguna inversión, cosa que no era muy frecuente. Recuerdo haberlo acompañado al campo a controlar el proceso de maduración del lino, solía arrancar una bolillita a medio madurar, desgranarla en la palma de la mano y contar cuántas semillitas tenía, de esa forma calculaba un rinde aproximado.]]>
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            Aspectos y circunstancias de la inmigración y sus implicancias en nuestro país, particularmente a Entre Ríos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UQxSkDojqiSCBxvWNZAGg3Yo1xA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/11/inmigracion_magazine.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En 1890, la Argentina inició un profundo plan de inmigración que produjo la llegada masiva de alrededor de dos millones de extranjeros en sólo una década. En ese marco, 1891 y 1896 llegaron al país unos 20121 judíos provenientes de Rusia y Rumania, instalándose en su gran mayoría en Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe.En 1891 llegó a la Argentina el vapor Pampa rentado por el Barón Hirsch que trajo 817 inmigrantes judíos desde Ucrania, Polonia, Lituania y Besarabia. Esta inmigración dio origen a las colonias de Carlos Casares y otras en la provincia de Entre Ríos.Estos inmigrantes judíos rusos, guiados por la utopía de una vida próspera para sus hijos partieron desde Estambul a Marsella en barco, de Marsella a Burdeos en tren, y de Burdeos hacia Argentina, en este famoso vapor francés ‘Pampa’.Los pasajeros arribaron a nuestro país el 15 de diciembre de 1891. Fueron enviados temporariamente a Mar del Sud, en la provincia de Buenos Aires, ya que las tierras en Entre Ríos aún no habían sido adquiridas.Para Mar del Sud este fue un hecho de gran importancia, ya que ese grupo fue quizás el primero que habitó las instalaciones del Hotel Boulevard Atlántico, donde fueron trasladados temporariamente entre enero y principios de abril de 1892, previo a su radicación definitiva en tierras entrerrianas.La llegada de estos inmigrantes a la provincia de Entre Ríos, se produjo recién cuando la empresa del Barón de Hirsch, la Jewish Colonization Association (JCA), compró las tierras de Colonia Clara, ubicadas en las cercanías de la actual Villa Domínguez, departamento Villaguay y las de Colonia San Antonio, en las cercanías del actual Pueblo Cazés, departamento Colón. Esto dio inicio a un modelo de colonización de características únicas en el país, marcando el origen de las primeras colonias judías agrícolas entrerrianasEn cada colonia la explotación agrícola se adaptó a las condiciones especiales de la zona donde se encontraba. La explotación era mixta, basada sobre la agricultura, la cría de ganado con sus derivados, apicultura, horticultura, etc. Los habitantes de estas colonias rurales judías son conocidos culturalmente bajo el nombre de los «gauchos judíos» a raíz de un libro con ese título de Alberto Gerchunoff.Sólo en Entre Ríos fueron establecidas las siguientes colonias judías:• El Departamento Colón: la Colonia San Antonio de 22 386 hectáreas, siendo su centro urbano el Pueblo Cazes (1892); en 1893 la Colonia Palmar-Yatay con centro urbano en torno a la estación Ubajay, de 11 368 hectáreas.• Entre los departamentos Uruguay y Gualeguaychú: de 40 630 hectáreas, con centro urbano en Basavilbaso (1894).• En el Departamento Villaguay: Colonia López y Berro 10 640 hectáreas (1907); la Colonia Clara (en 1892), de 80 625 hectáreas, con centros urbanos en La Capilla (hoy Ingeniero Sajaroff), Villa Domínguez y Clara.• En el Departamento Concordia: Colonia Santa Isabel de 12 970 hectáreas (1908).• En el Departamento Paraná: la Colonia Luis Oungre de 9239 hectáreas (1924). Esta colonia y la Colonia Leonardo Cohen, de 13 835 hectáreas en La Paz y Villaguay (1931) rodeaban la Villa Alcaraz.• Con judíos escapados de la Alemania nazi fue creada en el Departamento La Paz la Colonia Avigdor, de 17 175 hectáreas (1936).• En el actual Departamento San Salvador fueron creadas en 1908 las colonias Curbelo y Walter Moss, de 12 826 hectáreas.Entre los viajeros que llegaron a la Argentina en el PAMPA estaban los gauchos judíos de la cultura y la política nacional desarrollados en Entre Ríos: el diputado socialista Enrique Dickmann, los periodistas Israel David Finguerman y Jacobo Liachovitzky, la familia de Moisés y Sime Chajchir, cuyo hijo Mauricio escribió «Viaje al país de la esperanza: relato de un viajero del Pampa». Entre sus descendientes, es justo recordar a Samuel y Manuel Eichelbaum, a Paloma Efron (Blackie), Ángel Edelman (primer gobernador del Neuquén), el economista Benedicto Caplan (ex Viceministro de Economía de la Nación), a Juan Jacobo Liebermann (fundador del Diario El Heraldo de Concordia) y a su hermano José, naturalista y escritor, todos nacidos en Entre Ríos; el metrólogo Rafael Steinberg, los escritores Alicia Steinberg y Martín Grinstein y el actor Marcos Caplan, entre muchos otros que con sus apellidos trascendieron en el mundo de la cultura, la política, el periodismo y fueron claros ejemplos del valor de este barco para la historia de la inmigración judía argentina.Por todo lo expuesto, especialmente el valor histórico del acontecimiento que se recuerda y su impacto en el desarrollo de nuestro país</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UQxSkDojqiSCBxvWNZAGg3Yo1xA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/11/inmigracion_magazine.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En 1890, la Argentina inició un profundo plan de inmigración que produjo la llegada masiva de alrededor de dos millones de extranjeros en sólo una déc...]]>
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            Guacho
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BcMIzyWKQt8H4i13JBn_s5aYktw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2024/11/guacho.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Guacho me enseñó a ser paciente, leal, consecuente, cariñoso, discreto; también me enseñó a perdonar, a mirar fijo a los ojos, a jugar y disfrutar del libre albedrío, a compartir y a tener noción del espacio que a cada uno le pertenece o debe ocupar.A Guacho lo adopté al mes de nacer cuando yo tenía siete años. Su madre era una oveja que se crió en una majadita de mi padre, que tenía el berretín de cruzar los alambrados invadiendo huertas ajenas, que eran sus preferidas, con las lógicas protestas de sus dueños, y no obstante que recorríamos permanentemente los alambrados para verificar su estado, esta ovejita chacarera siempre encontrabas un lugar para pasar. Y era bien conocido el lugar en que lo hacía, pues dejaba jirones de lana en las púas del alambrado.Al no poder controlarla, le pusieron una canga en forma de horqueta (es un palo al cuello para trabar el paso por los alambrados que se coloca a los animales que tienen esas mañas).Esta oveja parió un corderito en época de esquila, y tratando de pasar un alambrado se enredó con la canga lastimándose el cuero esquilado, sin que se lo hubiera advertido, se abichó y cuando nos dimos cuenta ya era tarde, murió dejando el corderito guacho. Mi padre me preguntó si quería criarlo, lo que de inmediato acepté con gran regocijo, y desde ese día Guacho,, que así lo llamé, se incorporó a mi vida. Dos veces al día le daba la mamadera con una botella y una tetina de goma que papá me fabricó; era un montoncito de rulitos de lana blanca que como se había habituado con la madre a tomar su leche, se arrodillaba y meneaba con rápidos movimientos su colita engullendo su alimento que en su avidez, dejaba escapar algunas gotitas formándose en su boquita una blanca espuma.Al principio tenía a Guacho encerrado en un galponcito con alambre tejido al frente, donde le hice un lugar para dormir con paja de lino, muy mullido, y cada vez que me veía balaba de contento, lo largaba y salíamos a dar una vuelta por un potrero cerca de la casa, allí retozaba dando brincos y me incitaba a seguirlo, por lo que junto a él aprendí a disfrutar de la naturaleza, porque cuando me tiraba entre el trébol crecido como en un blando y fresco colchón mirando el cielo, saltaba a mi alrrededor haciendo cabriolas de un lado al otro, y cuando se cansaba, se acostaba junto a mí acurrucándose produciéndome con su cuerpito lanudo una agradable sensación. Ya más crecido aprendió a comer pasto, y andaba suelto en el patio entre los demás animales domésticos, que lo consideraban como a un igual.A veces Guacho se metía en el patio de la casa que tenía un alambre tejido perimetral y me daba cuenta de ello cuando oía rezongar a mi mamá por sus deposiciones que son como pequeñas aceitunitas, y era corrido con la escoba, por lo que como si supiera que hizo una travesura se refugiaba en el gaponcito, asomándose al rato mirando hacia todos lados y salía a pastar. Cada vez que lo llamaba, cuando no era la hora de su comida, demoraba desperezándose, primero estiraba su pezcuecito hacia arriba y luego sus patitas traseras de a una, luego acudía; de esa forma me enseñó a ser paciente, leal y consecuente, pues yo, solamente yo era su amigo en la casa y él no acudía a otro llamado. Me enseñó a ser cariñoso, a abrazarlo y amarlo, y me devolvía su cariño y su ternura apoyándose en mis piernas, era discreto y me miraba de reojo cada tanto, y debo confesar que hubo veces que enojado por algún motivo en que nada tenía que ver, descargaba mis enojos con él, siempre me perdonó, mirándome fijo a los ojos como diciendome; No te guardo rencor... Con Guacho aprendí a jugar, a disponer de mi libertad, a compartir con él momentos y que cada uno ocupaba su lugar.¿Cómo hacer para que entre tanto consumismo nuestros hijos no pierdan de vista el valor de las cosas naturales? Creo que una buena forma es permitirles a compartir con algún animalito vivo, pues muy diferente es que tengan una muñeca ó una pelota (que también los deben tener) ó recrearse con las maravillas que nos ofrece la naturaleza. Inducirlos a compartir ya sea con un perrito ó un pollito, que en su indefensión les transmiten una ternura, que bien utilizada contribuirá a la formación de una personalidad adulta más comprensiva y tolerante para desenvolverse en la vida, con el ritmo tan tecnificado de estos tiempos que nos toca vivir, donde se proporcionan juguetes “virtuales” como mascotas. Claro que en ambientes rurales no se conocían estas propuestas, ni computadoras ó juguetes electrónicos, pero ayudémoslos a establecer ciertas reglas que los orienten a desechar la violencia y la agresión por la agresión misma.</p>]]>
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                <updated>2026-03-26T12:40:16+00:00</updated>
                <published>2024-11-02T19:30:00+00:00</published>
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